sábado, 24 de enero de 2026

Prepararnos para una buena Confesión ...

 Prepararnos para una buena Confesión...



Haz ante todo una breve y devota oración para ponerte en la presencia de Dios e invocar su ayuda.   Reza un Padrenuestro, Ave y Gloria, el Acto de contrición, o bien esta oración al Espíritu Santo:
Oh Espíritu Santo, luz sobrenatural de mi entendimiento y ardor de mi voluntad, ayúdame a conocer el verdadero estado de conciencia y a hacer una buena y provechosa confesión.

¿Cuánto tiempo hace que no te confiesas? ¿Cumpliste con la penitencia que te impusieron?.. ¿Lo has hecho bien? ¿Has recibido la absolución?
 ¿En las confesiones anteriores, has olvidado algún pecado grave? 
¿Has callado voluntariamente, disminuido y falseado la acusación de algún pecado mortal? ¿Has tenido dolor de los pecados? 
¿Has recordado y puesto en práctica los consejos recibidos y los propósitos hechos?

AMAR A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS

¿Has estudiado el catecismo y te has instruido sobre las verdades de la fe? ¿Has rehusado creer o has admitido dudas voluntarias sobre alguna de ellas? ¿Las has comunicado a otros? ¿Has hablado mal de la religión y has tomado parte con gusto en conversaciones que otros tenían contra la fe, contra la Iglesia y contra los sacerdotes fieles?
 ¿Has leído libros o folletos contrarios a la religión; protestantes, espiritistas, comunistas u otros? 
¿Has desconfiado de la misericordia de Dios? ...¿Has desesperado de tu salvación o de la corrección de tus defectos o malas costumbres?
 ¿Te ha faltado la resignación a la voluntad de Dios en las pruebas o has murmurado de la Divina Providencia? ¿Te has expuesto temerariamente a las ocasiones de pecado?
 ¿Has cometido pecados pensando que luego te confesarías?
 ¿Has sentido fastidio por las cosas de piedad o de religión, o por la palabra de Dios? ¿Has hecho algún acto de fastidio contra Dios? 
¿Te has dejado vencer por el respeto humano, avergonzándote de mostrarte cristiano delante de los demás? 
¿Te has apegado a las criaturas, anteponiendo su amor al amor de Dios? ¿Has sido supersticioso, dando crédito a los sueños a las cartas, a las brujerías o a las adivinas? 
¿Has maltratado, despreciado, insultado o te has burlado de las personas consagradas a Dios?
 ¿Has faltado de respeto a los lugares sagrados?
 ¿Has comulgado sin las debidas disposiciones? ¿O lo has hecho sacrílegamente en pecado mortal que no has confesado con contrición y propósito de enmienda?
¿Has profanado alguna cosa sagrada, o recibido indignamente algún sacramento?
 ¿Has dicho regularmente tus oraciones de la mañana y de la noche? ¿Las has dejado por negligencia?
 ¿Has tentado a Dios exponiéndote a peligros para el alma o para el cuerpo?
Reflexiona seriamente sobre la advertencia de Jesús:
“Si alguno se avergüenza de Mí delante de los hombres, también Yo me avergonzaré de él delante de mi Padre”.

NO TOMAR EL NOMBRE DE DIOS EN VANO

¿Has pronunciado el santo nombre de Dios sin respeto? ¿Lo has pronunciado con rabia?
 ¿Has dicho blasfemias o palabras injuriosas contra Dios, la Santísima Virgen o contra los Santos? ¿Las has dicho en presencia de otros o has permitido que otros las dijeran en tu presencia?
 ¿Has dicho imprecaciones contra ti mismo, contra otras personas? 
¿Has hecho algún juramento malo o falso? ¿Has hecho algún juramento o promesa sin intención de cumplirla? ¿Has hecho juramento sin necesidad o con daño de otro?
 ¿Has confirmado con juramento alguna calumnia?
 ¿Has cumplido tus promesas, votos o juramentos? 
¿Tienes la costumbre de jurar sin necesidad?
 ¿Has proferido maldiciones?
Medita las palabras de la Sagrada Escritura (Tob., 13, 16):
“Serán maldecidos los que te desprecian, condenados todos aquellos que te blasfeman.
¿Has faltado culpablemente a Misa los domingos o fiestas de guardar? ¿La has escuchado con la debida atención y con respeto? 
¿Has llegado tarde por tu culpa, o por tu culpa otros han faltado o han llegado tarde?
 ¿Has descuidado la palabra de Dios, la explicación del Santo Evangelio o las instrucciones catequísticas? 
¿Has trabajado los domingos o días festivos, sin necesidad y por un tiempo considerable? ¿Has hecho trabajar a otros?
“Es necesario orar siempre. Rezad para no caer en la tentación”.

HONRAR AL PADRE Y A LA MADRE

¿Has respetado y obedecido prontamente a tus padres?
 ¿A tus superiores? ¿Los has odiado o les has guardado rencor? ¿Has dicho imprecaciones contra ellos o les has deseado algún mal? 
¿Los has amenazado? ¿Los has insultado? ¿Has murmurado contra ellos? ¿Te has rebelado con palabras o con gestos? 
¿Los has ayudado en caso de necesidad? 
¿Has rezado por ellos? ¿Los has puesto al tanto de tus amistades, de tus lecturas, diversiones y salidas?
 ¿Te has avergonzado de ellos? ¿Los has hecho enojar o blasfemar? 
¿Has maltratado u odiado a tus hermanos? ¿Los has amenazado, golpeado o les has dado malos ejemplos? 
¿Los has ayudado? 
¿Has faltado de respeto a tus maestros, superiores, ancianos, sacerdotes y religiosos? 
¿Has cumplido con tus deberes escolares, de casa o de trabajo?
 ¿Has sabido guardar con prudencia los secretos de familia? 
¿Has perdido el tiempo?
 ¿Si eres padre de familia, has procurado a tus hijos la instrucción religiosa y que reciban los sacramentos a la edad debida y con la frecuencia necesaria? 
¿Los reprendes, cuando es conveniente, y les das formación moral? ¿Les das la debida preparación y el mantenimiento económico?
 ¿Si eres patrón, tratas bien, pagas el justo salario y ves por la formación moral y religiosa de tus empleados?
Jesús, dice el Santo Evangelio, fue a Nazaret y allí estuvo sujeto a María y a José. ¡Fue obediente hasta la muerte y muerte de cruz!
¿Has guardado odio o rencor al prójimo? 
¿Has procurado atentar contra la vida, la salud o la integridad física de alguien? ¿Lo has despreciado o insultado? 
¿Le has deseado algún mal o has dicho imprecaciones contra alguien? ¿Le has deseado la muerte?
 ¿Le has negado el saludo o la palabra? ¿Le has negado algún favor que podías nacerle? 
¿Has peleado con tus compañeros? ¿Los has ofendido gravemente con insultos, golpes o malos tratos? ¿Has tomado parte en peleas? 
¿Has secundado aversiones naturales, despreciando a alguien ?
 ¿Has sido envidioso, prepotente, maligno? 
¿Has exagerado con tus bromas ofendiendo a los compañeros?
 ¿Has propagado el mal que has escuchado decir de otro?
 ¿Te has alegrado del mal ajeno?
 ¿Has sembrado discordias con chismes o murmuraciones?
 ¿Te has causado algún daño a tu vida o a tu salud? ¿Te has drogado?
¿Has hecho las limosnas que podías hacer?
 ¿Has sabido perdonar al prójimo? ¿Has dado escándalo con palabras, gestos, diarios, figuras?
 ¿Has inducido a otros a cometer el mal? 
¿Has ayudado a otros a hacer el mal? ¿Has cometido el pecado de aborto o ayudado a otros a cometer este crimen (es necesario saber qué sacerdote está facultado para perdonar este pecado y levantar la excomunión)? 
¿Has prestado, regalado, conservado o vendido libros, revistas o películ malas? 
¿Has apartado a alguien del cumplimiento del deber? 
¿Has tratado de impedir la difusión de los escándalos entre tus compañeros? ¿Te has deseado la muerte por impaciencia?
 ¿Te has dejado llevar por la ira, por el mal genio o por el orgullo? 
¿Te has excedido en la comida o en la bebida?
 ¿Has dañado de alguna manera a la vida del prójimo?
“Si amáis tan solo a los amigos, ¿qué hacéis más de lo que hacen los paganos? ...Este es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros como yo os he amado “. “Perdonad al que os hace mal”.

SEXTO Y NOVENO MANDAMIENTOS
NO FORNICAR - NO DESEAR LA MUJER DE TU PRÓJIMO

¿Has mortificado los ojos, no mirando figuras o cosas indecentes? ¿Has asistido a espectáculos, cines, teatros, televisión, internet, etc. no aptos para ti o malos?
 ¿Has consentido pensamientos o deseos malos contrarios a la pureza? ¿Has recordado con gusto pecados de la vida pasada? 
¿Has dicho o escuchado voluntariamente malas palabras, o maliciosas? ¿Has cantado o escuchado cantos malos o provocativos?
 ¿Has enseñado el mal a otros?
 ¿Has faltado a la delicadeza y respeto hacia tu cuerpo que es templo del Espíritu Santo, con miradas o acciones? ¿Te has juntado con malas compañías? ¿Te has permitido conversaciones, gestos, bromas, acciones inconvenientes o gravemente malas, impuras con otras personas?
 ¿Eres prudente en el trato con tu novi@? ¿Con tu poca mortificación, has dado motivo a pensamientos, deseos o fantasías malas?
 ¿Has leído o visto libros, revistas, folletos o sitios de internet inmorales? ¿Has asistido a diversiones malas (espectáculos, sitios, bailes, etc.)? 
¿Has escrito o dibujado algo malo? 
¿Has vestido con decencia? ¿Has contraído amistades peligrosas? ¿Rezas para conservar la pureza? 
¿Empleas métodos anticonceptivos artificiales (todos son pecado grave)? ¿Cuáles (pues muchos son peores, al ser abortivos)? ¿Empleas métodos naturales sin motivo justo?
 ¿Guardas la castidad conforme a tu estado (solteros = castidad perfecta, casados = fidelidad conyugal y obediencia a las leyes morales)? ¿Acudes a Dios en las tentaciones?
“Si tu ojo es puro, todo serás puro; pero si tu ojo es impuro, toda tu persona será impura.. Bienaventurados los puros porque verán a Dios”.

SÉPTIMO Y DÉCIMO MANDAMIENTOS
NO HURTAR - NO CODICIAR LOS BIENES AJENOS

¿Has causado daño en los bienes del prójimo? ¿Has tomado lo ajeno? ¿En casa? ¿Fuera de ella? ¿Cuánto? ¿Te has guardado lo ajeno? ¿Has restituido lo robado? ¿Has reparado los daños causados al prójimo? 
¿Has sido infiel con tus padres cuando te han confiado dinero u otras cosas? ¿Has ayudado o aconsejado a robar? ¿Conservas en tu poder cosas que no te pertenecen?
 ¿Has devuelto lo que has encontrado? ¿Has hecho trampas o engaños en las relaciones de compras o de pequeñas ventas? 
¿Has malgastado el dinero, los alimentos o los vestidos?
¿Qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si luego pierde el alma?

NO LEVANTAR FALSO TESTIMONIO NI MENTIR

¿Has dicho mentiras? ¿Con ellas has dañado a alguien?
 ¿Has sido desleal, simulador, engañando a tus compañeros y al prójimo? 
¿Has hablado mal o difamado al prójimo? ¿Has causado daño a su honra o a su reputación? ¿Has propalado sus defectos? ¿Has calumniado o maldecido al prójimo?
 ¿Has faltando a la discreción revelando secretos o leyendo cartas ajenas?
 ¿Has ultrajado con injurias, desprecios o bromas pesadas al prójimo?
 ¿Has abusado de la confianza que se te ha concedido?
 ¿Has tratado de reparar los daños causados al honor y al buen nombre del prójimo?
“Vuestro modo de hablar sea simple y sincero: Sí, sí; no, no”.
¿Has confesado y comulgado en el tiempo prescripto por la Iglesia?
 ¿Has comido carne los días prohibidos y has guardado el ayuno mandado por la Iglesia? ¿Estás suficientemente instruido sobre estos preceptos?
 ¿Has escuchado la Misa entera y en la forma debida (tercer mandamiento)? ¿Has tratado de hacer alguna limosna para el sostenimiento de la Iglesia, para las obras de culto y para sostener las obras de beneficencia parroquiales?

ANALIZAR LOS PECADOS CAPITALES

Es necesario recordar que no basta saber cuáles son los pecados graves cometidos, sino que es necesario también recordar y acusar el número de los mismos, así como los pecados de omisión (analiza que deberes de estado -como hijo, herman@, padre, cónyuge, alumno, trabajador, empleado, patrón, creyente, etc.-, no has cumplido). Aquí puedes leer un artículo sobre los pecados de omisión: http://www.catolicidad.com/2016/04/y-tu-te-examinas-de-los-pecados-de.html
Hecho el examen de conciencia con el cuidado que se pone para los asuntos de importancia, es necesario, como ya se dijo, pedir perdón a Dios, para lo cual se rezará de todo corazón el acto de contrición.
ACTO DE CONTRICIÓN (SEÑOR MÍO JESUCRISTO)

"Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, me pesa de todo corazón haber pecado, porque he merecido el infierno y perdido el cielo, y sobre todo, porque te ofendí a ti, que eres bondad infinita, a quien amo sobre todas las cosas. Propongo firmemente, con tu gracia, enmendarme y alejarme de las ocasiones de pecar, confesarme y cumplir la penitencia. Confío me perdonarás por tu infinita misericordia. Amén."
SONETO A JESÚS CRUCIFICADO:
EL MÁS PERFECTO ACTO DE CONTRICIÓN

No me mueve, mi Dios, para quererte,
el cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una Cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera. 
No me tienes que dar porque te quiera;
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero, te quisiera

Catolicidad.com

Aprender de Maria Virgen...


Aprender de la Virgen a servir al prójimo


El primero entre vosotros sea vuestro servidor, nos dice el Señor. Para eso hemos de dejar nuestro egoísmo a un lado y descubrir esas manifestaciones de la caridad que hacen felices a los demás. Si no lucháramos por olvidarnos cada vez más de nosotros mismos, pasaríamos una y otra vez al lado de quienes nos rodean y no nos daríamos cuenta de que necesitan una palabra de aliento, valorar lo que hacen, animarles a ser mejores y servirles.

El egoísmo ciega y nos cierra el horizonte de los demás; la humildad abre constantemente camino a la caridad en detalles prácticos y concretos de servicio. Este espíritu alegre, de apertura a los demás, y de disponibilidad es capaz de transformar cualquier ambiente. La caridad cala, como el agua en la grieta de la piedra, y acaba por romper la resistencia más dura. «Amor saca amor», decía Santa Teresa, y San Juan de la Cruz aconsejaba: «Donde no hay amor, pon amor y sacarás amor».

Os tratamos con delicadeza, como una madre cuida de sus hijos. Os teníamos tanto cariño que deseábamos entregaros no solo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas, manifestaba San Pablo a los cristianos de Tesalónica. Si le imitamos, tendremos frutos parecidos a los suyos.

De modo particular hemos de vivir este espíritu del Señor con los más próximos, en la propia familia: «el marido no busque únicamente sus intereses, sino también los de su mujer, y esta los de su marido; los padres busquen los intereses de sus hijos y estos a su vez busquen los intereses de sus padres. La familia es la única comunidad en la que todo hombre “es amado por sí mismo”, por lo que es y no por lo que tiene (...).

»El respeto de esta norma fundamental explica, como enseña el mismo Apóstol, que no se haga nada por espíritu de rivalidad o por vanagloria, sino con humildad, por amor. Y este amor, que se abre a los demás, hace que los miembros de la familia sean auténticos servidores de la “iglesia doméstica”, donde todos desean el bien y la felicidad a cada uno; donde todos y cada uno dan vida a ese amor con la premurosa búsqueda de tal bien y tal felicidad».

Si actuamos así no veremos, como en tantas ocasiones sucede, la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el propio19. Las faltas más pequeñas del otro se ven aumentadas, las mayores faltas propias tienden a disminuirse y a justificarse.

Por el contrario, la humildad nos hace reconocer en primer lugar los propios errores y las propias miserias. Estamos en condiciones entonces de ver con comprensión los defectos de los demás y de poder prestarles ayuda. También estamos en condiciones de quererles y aceptarlos con esas deficiencias.

La Virgen, Nuestra Señora, Esclava del Señor, nos enseñará a entender que servir a los demás es una de las formas de encontrar la alegría en esta vida y uno de los caminos más cortos para encontrar a Jesús. Para eso hemos de pedirleolimimimim que nos haga verdaderamente humildes.

Hablar con Dios