sábado, 3 de septiembre de 2022

El principal efecto de la Eucaristia...

 


Jesús quiere de este modo entregarse completamente a nosotros y vivir así unido con nosotros. A fin de unirse a cada uno
No bastó a satisfacer su amor el haberse dado todo entero al género humano por su encarnación, y el haber muerto por  todos por su Pasión, sino que inventó el modo de darse del todo a cada uno de nosotros. Y por eso instituyó el sacramento del altar, a fin de unirse a cada uno de nosotros, como Él mismo dijo: Quien come mi carne, mora en Mí y Yo en él (Jn 6,57).En la sagrada comunión Jesús se une al alma y el alma se une a Jesús; y está unión no es de mero afecto, sino muy real y verdadera. «En ninguna otra acción –dice San Francisco de Sales– puede   considerarse   a   nuestro   Salvador   ni   más   tierno   ni   más amante que en ésta, en la cual se aniquila, por decirlo así, y se convierte en manjar nuestro deleitoso, a fin de entrar en nuestra almas y unirse estrechamente al corazón y hasta al cuerpo de sus hijos». Dice San Juan Crisóstomo que Jesucristo, por el ardiente amor   que   nos   profesaba,   que   quiso   de   tal   manera   unirse   con nosotros que no fuéramos más que una sola y misma cosa.Hablando San   Lorenzo   Justiniano con   Jesús   le   dice: «¡Oh Dios,   enamorado   de   nuestras   almas!,   por   medio   de   este sacramento dispusiste que tu corazón y el nuestro fueran un solo corazón inseparablemente unido». Y San Bernardino añade que «el dársenos Jesucristo en alimento fue el último grado de amor, porque unión más completa en el mundo no puede darse, cual es la unión que hay entre el manjar y quien lo come». Cuánto se complace Jesucristo en estar unido con nuestra alma. Él mismo lo dio a entender cierto día a su fiel sierva Margarita de Iprés: «Ya ves, hija mía –le dijo un día después de comulgar–, la hermosa unión   que   entre   los   dos   existe;   àmame,   y   en   adelante permanezcamos siempre unidos en el amor y no nos separemos ya más».

Siendo esto así, habíamos de confesar que el alma no puede hacer ni pensar cosa más grata a Jesucristo como hospedar en su corazón,   con   las   debidas   disposiciones,   a   huésped   de   tanta majestad, porque de esta manera se une a Jesucristo, que tal es el deseo de tan enamorado Señor. He dicho que hay que recibir a Jesús, no con las disposiciones dignas, sino con las disposiciones requeridas.   Porque   si   fuese   menester   ser   digno   de   este Sacramento, ¿quién jamás pudiera comulgar? Sólo un Dios podría ser   digno   de   recibir   a   un   Dios.   Por   disposiciones  requeridas  o necesarias   entiendo   vivir   en   gracia   de   Dios   y   con   encendidos deseos de crecer en el amor de Jesucristo. «Sólo por amor debe recibirse a Jesucristo en la sagrada comunión, ya que sólo por amor se nos da Él todo entero», dice San Francisco de Sales(…)


El sacramento de la Eucaristía inflama principalmente a las almas en el amor divino.  Dios es caridad  (I Jn 6,8) y es también  fuego consumidor,   que   consume   en   nuestros   corazones   los   afectos terrenos.   Pues   este   fuego   de   amor   vino   el   Hijo   del   hombre   a encender en la tierra: Yo he venido a prender fuego a la tierra, y ¿qué quiero, sino que arda?  (Lc 12, 49). ¡Qué llamas de amor divino enciende Jesucristo en cuantos lo reciben con devoción en este sacramento! Santa Catalina de Siena vio cierto día en manos de un sacerdote a Jesucristo en forma de globo de fuego, y quedó admirada la santa al ver cómo aquellas llamas no inflamaban y consumían en amor todos los corazones de los hombres. Santa Rosa de   Lima,  después de  comulgar,   despedía  tales rayos   del rostro, que deslumbraba la vista; y desprendía tal calor de su boca, que parecía abrasar la mano de quien se la acercaba. Según San Juan Crisóstomo, «la Eucaristía es una hoguera que de tal manera inflama a los que a ella se acercan, que como leones que echan fuego por la boca debemos levantarnos de aquella mesa, hechos fuertes y terribles contra los demonios».

San   Gregorio   Niseno,  comentando  aquellas   palabras  de   la esposa de los Cantares: Me condujo dentro de la bodega secreta del vino, enarbolando sobre mí la bandera del amor (Cant 2,4), dice que la santa Comunión es la bodega donde el alma, de tal manera queda embriagada de amor, que la hace como enloquecer y perder de vista todas las cosas criadas; que esto significa aquel languidecer de amor del que a continuación nos habla la Esposa: Reanimadme con manzanas, porque estoy enferma de amor.

Pero   dirá   alguno:   si   no   comulgo   con   más   frecuencia,   es porque me siento frío en el amor de Dios. ¡Menuda manera de pensar! Y porque te sientes frío, ¿por eso te separas del fuego? Ciertamente, porque sientes helado tu corazón, con mayor motivo debes acercarte a este Sacramento, siempre que alimentes sincero deseo de amar a Jesucristo. «Acércate al sagrado banquete —te dice   San  Buenaventura—,   aun  cuando   te  sientas   tibio,   fiándolo todo en la misericordia divina; porque cuanto más enfermo se halla uno, tanta mayor necesidad tiene del médico». «Dos  clases  de personas —dice San Francisco de Sales— deben comulgar: los perfectos, por hallarse bien dispuestos y para conservarse en la perfección, y los imperfectos, para que puedan alcanzarla» (pero no los que no han confesado sus pecados mortales).

San Alfonso..