sábado, 11 de julio de 2026

Sagradas lecturas sábado 11 deJulio

Lecturas del Sábado de la XIV Semana del Tiempo Ordinario

Señor, purifica mi corazón para que tu Palabra caiga en él y dé el ciento por uno.

Primera Lectura

Prov 2, 1-9.

Abre tu mente a la prudencia.

Lectura del libro de los Proverbios.

HIJO mío, si aceptas mis palabras,
si quieres conservar mis consejos,
si prestas oído a la sabiduría
y abres tu mente a la prudencia;
si haces venir a la inteligencia
y llamas junto a ti a la prudencia;
si la procuras igual que el dinero
y la buscas lo mismo que un tesoro, 
comprenderás lo que es temer al Señor
y alcanzarás el conocimiento de Dios.
Porque el Señor concede sabiduría,
de su boca brotan saber e inteligencia;
atesora acierto para el hombre recto,
es escudo para el de conducta intachable;
custodia la senda del honrado,
guarda el camino de sus fieles.
Entonces podrás comprender
justicia, derecho y rectitud,
el camino que lleva a la felicidad.

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

R/. Bendigo al Señor en todo momento.

O bien: 

R/. Gustad y ved qué bueno es el Señor.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R/.

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor, él lo escuchó
y lo salvó de sus angustias. R/.

El ángel del Señor acampa en torno a quienes lo temen
y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R/.

Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que lo temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada. R/.

Aleluya, aleluya, aleluya. 
Bienaventurados los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Aleluya, aleluya, aleluya.

Evangelio

Mt1 9, 27-29.

Vosotros, los que me habéis seguido, recibiréis cien veces más.

 Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, dijo Pedro a Jesús:
«Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?».
Jesús les dijo:
«En verdad os digo: cuando llegue la renovación y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.
Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna».

Palabra del Señor

COMENTARIO DE BENEDICTO XVI

Queridos hermanos y hermanas:

Se celebra la fiesta de san Benito abad, patrono de Europa, un santo al que aprecio de forma especial, como se puede intuir por haber elegido su nombre. Benito, que nació en Nursia alrededor del año 480, hizo los primeros estudios en Roma, pero, defraudado por la vida de la ciudad, se retiró a Subiaco, donde permaneció cerca de tres años en una cueva —el célebre «sacro speco»—, dedicándose totalmente a Dios. En Subiaco, utilizando las ruinas de una ciclópea villa del emperador Nerón, construyó, junto con sus primeros discípulos, algunos monasterios, dando vida a una comunidad fraterna fundada en el primado del amor a Cristo, en la que la oración y el trabajo se alternaban armoniosamente para alabanza de Dios. Algunos años después, en Montecassino, dio forma definitiva a este proyecto, y lo puso por escrito en la «Regla», la única obra suya que ha llegado hasta nosotros.

Entre las cenizas del Imperio romano, Benito, buscando ante todo el reino de Dios, sembró, quizá sin darse cuenta, la semilla de una nueva civilización, que se desarrollaría integrando los valores cristianos con la herencia clásica, por una parte, y con las culturas germánica y eslava, por otra.

Hay un aspecto típico de su espiritualidad, que hoy quisiera destacar en particular. Benito no fundó una institución monástica destinada principalmente a la evangelización de los pueblos bárbaros, como otros grandes monjes misioneros de su época, sino que indicó a sus seguidores como objetivo fundamental de la existencia, más aún, el único, la búsqueda de Dios:  «Quaerere Deum». Pero sabía que, cuando el creyente entra en relación profunda con Dios, no puede contentarse con vivir de modo mediocre según una ética minimalista y una religiosidad superficial.

Desde esta perspectiva se comprende mejor la expresión que Benito tomó de san Cipriano y que sintetiza en su Regla (IV, 21) el programa de vida de los monjes:  «Nihil amori Christi praeponere», «No anteponer nada al amor de Cristo». En esto consiste la santidad, propuesta que vale para todo cristiano y que es una verdadera urgencia pastoral en nuestra época, en la que se siente la necesidad de arraigar la vida y la historia en sólidas referencias espirituales.

María santísima, que vivió en constante y profunda comunión con Cristo, es modelo sublime y perfecto de santidad. Invoquemos su intercesión, junto con la de san Benito, para que el Señor aumente también en nuestra época el número de hombres y mujeres que, a través de una fe iluminada, testimoniada en la vida, sean en este nuevo milenio sal de la tierra y luz del mundo.

Benedicto XVI 10 de julio de 2005

viernes, 3 de julio de 2026

Papa Dios...

El Padre Nuestro

 No es solo una oración… es una guía de vida. ¿Conoces su verdadero significado o lo repites solo de memoria? Cada palabra tiene un propósito, cada línea puede transformar tu vida. Analicemos a detalle… la oración que Jesús mismo nos enseñó.

El Padre Nuestro

No es solo una oración… es una guía de vida.

Conoces su verdadero significado o lo repites solo de memoria?

Cada palabra tiene un propósito, cada línea puede transformar tu vida.

Analicemos a detalle… la oración que Jesús mismo nos enseñó.

El Padre Nuestro es la única oración que Jesús nos enseñó directamente (Mateo 6:9-13, Lucas 11:2-4).

Es un modelo perfecto de cómo hablar con Dios.

Cada palabra está llena de significado teológico, arraigado en la Escritura y la Tradición.

Esta oración desciende de lo celestial a lo terrenal.

Empieza en el cielo: el Padre, su nombre y su reino…

Y  termina aquí, en nuestra lucha diaria: nuestras necesidades, tentaciones y el mal.

San Cipriano de Cartago dijo que el Padre Nuestro es “una compendio breve de toda la doctrina celestial” y “la oración perfecta”

Santo Tomás de Aquino dijo que contiene “todo lo que podemos desear”.

Para entender su profundidad y poder, vamos línea por línea…

“Padre Nuestro, que estás en los Cielos.”

• En latín: Pater noster, qui es in caelis
• En griego: Pater hemon ho en tois ouranois

Jesús nos enseña a llamar a Dios “Abba,” un término íntimo, como “papá.”

Estas palabras rompen barreras

No hablamos a un juez distante, sino a un Padre que nos ama profundamente.

Decimos “nuestro,” no “mío,” porque esta oración nos une como una familia espiritual.

Miramos juntos al cielo, recordando que nuestra fe es comunidad… no aislamiento.

“Santificado sea tu nombre.”

• En latín: Sanctificetur nomen tuum
• En griego: Hagiastheto to onoma sou

No pedimos que Dios sea más santo, porque Él es la Santidad misma.

Pedimos que Su nombre sea reverenciado, glorificado y amado en el mundo.

En la Biblia, el nombre de Dios no es solo un título, es su esencia y presencia.

Santificar Su nombre significa reflejar Su gloria en nuestras vidas.

Es un recordatorio de que todo lo que hacemos debe ser por Él, para Él y con Él.

“Venga a nosotros tu reino.”

• En latín: Adveniat regnum tuum
• En griego: Eltheto he basileia sou

No solo anhelamos el Reino celestial al final de los tiempos, sino que pedimos que su presencia transforme nuestra realidad aquí y ahora.

Es una súplica para que Dios reine primero en nuestros corazones.

Guiando nuestras acciones, y luego en el mundo, trayendo amor, justicia y paz.

Al decir estas palabras, nos comprometemos a ser colaboradores activos, anticipando la plenitud de su Reino.

“Hágase tu voluntad como en el Cielo, así en la Tierra.”

• En latín: Fiat voluntas tua, sicut in caelo, et in terra
• En griego: Genetheto to thelema sou, hos en ourano kai epi ges

Decir esto es un acto de rendición y confianza absoluta.

Reconocemos que la voluntad de Dios es perfecta, incluso cuando choca con nuestros deseos o no la entendemos.

En el cielo, Su voluntad se cumple con armonía y amor.

Pedimos que esa misma obediencia se extienda a la tierra.

Empezando por nosotros mismos… que nuestras vidas sean un reflejo vivo de Su plan divino.

“Danos hoy nuestro pan de cada día.”

• En latín: Panem nostrum quotidianum da nobis hodie
• En griego: Ton arton hemon ton epiousion dos hemin semeron

La palabra griega epiousios es única, y su significado abarca dos dimensiones.

– El pan físico.

Representa lo necesario para sustentar nuestra vida diaria.

Es un llamado a confiar en que Dios proveerá, como lo hizo con el maná en el desierto.

– El pan espiritual

Cristo mismo, el Pan de Vida (Juan 6:35), que recibimos en la Eucaristía, alimento del alma.

Con estas palabras, reconocemos nuestra dependencia total de Dios.

Pedimos no para acumular, sino para vivir el presente con fe, confiando en que cada día trae su provisión.

“Perdona nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores .”

• En latín: Dimitte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris
• En griego: Aphes hemin ta opheilemata hemon, hos kai hemeis aphekamen tois opheiletais hemon

Esta es una súplica y un compromiso.

Reconocemos nuestra fragilidad y pedimos la infinita misericordia de Dios.

Pero hay una condición desafiante… debemos perdonar a otros para ser perdonados.

Jesús nos enseña que el perdón no es opcional, es la clave para romper las cadenas del resentimiento y la amargura.

Al perdonar, reflejamos el corazón de Dios y abrimos el nuestro a Su gracia.

“No nos dejes caer en la tentación.”

• En latín: Et ne nos inducas in tentationem
• En griego: Kai me eisenegkes hemas eis peirasmon

No pedimos que Dios elimine las pruebas de nuestra vida… las pruebas son inevitables y necesarias para nuestro crecimiento.

Lo que imploramos es fortaleza para resistirlas y no sucumbir al pecado.

La palabra griega peirasmon puede traducirse como “prueba” o “tentación.”

Jesús nos enseña que la verdadera victoria no es evitar las dificultades, sino permanecer fieles a Dios en medio de ellas.

Es un grito de humildad.

“Señor, no puedo solo. Dame fuerza en mis momentos de debilidad.”

“Y líbranos del mal.”

• En latín: Sed libera nos a malo
• En griego: Alla rysai hemas apo tou ponerou

La palabra griega ponerou puede significar tanto el mal en general como el maligno, Satanás.

No solo pedimos ser liberados de las consecuencias del mal, sino también de su influencia en nuestras vidas.

Reconocemos que la lucha contra el mal no es solo nuestra, sino que Dios está con nosotros.

Nos recuerda que el mal existe, pero también que el poder de Dios es infinitamente superior.

Reafirmamos nuestra confianza en que Dios nos guiará hacia la luz y nos protegerá del mal en todas sus formas.

El Padre Nuestro es un camino para vivir.

Nos enseña a confiar en Dios como Padre, a buscar Su voluntad, a perdonar como hemos sido perdonados, y a enfrentarnos al mal con Su fuerza.

Revela el plan de Dios y nos invita a participar en él.

La próxima vez que reces el Padre Nuestro, hazlo con el corazón abierto.

Porque no es solo un rezo… es una conversación con el Padre que te ama infinitamente y desea cambiar tu vida con Su gracia.

Y acá Juan Pablo ll cantándolo en latín

Enrique Valtierra

@elcaminodelogos