domingo, 7 de junio de 2026

Sagradas lecturas domingo 07...

Domingo, 7 de junio .

Lecturas del Cuerpo y la Sangre de Cristo

Señor, purifica mi corazón, para que Tu Palabra caiga en él, y dé el ciento por uno

Primera Lectura

Deut 8, 2-3. l4b-l6a.

Te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres.

Lectura del libro del Deuteronomio.

MOISÉS  habló al pueblo diciendo:
    «Recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto, para afligirte, para probarte y conocer lo que hay en tu corazón: si observas sus preceptos o no.
Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para hacerte reconocer que no solo de pan vive el hombre, sino que vive de todo cuanto sale de la boca de Dios.
No olvides al Señor, tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con serpientes abrasadoras y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres».

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

Sal 147.

R/. Glorifica al Señor, Jerusalén.

O bien:

Aleluya.

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión.
Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.   R/.

Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,

y su palabra corre veloz.   R/.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.   R/.

Segunda Lectura


1 Cor 10, 16-17.

El pan es uno; nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

HERMANOS:
El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo?
Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan.

Palabra de Dios.

Aleluya, aleluya, aleluya. 

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo —dice el Señor—;
el que coma de este pan vivirá para siempre.

Aleluya, aleluya, aleluya.  

Evangelio

Jn 6, 51-58.

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

 ✠ Lectura del santo Evangelio según san Juan.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
    «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».
Disputaban los judíos entre sí:
    «Cómo puede este darnos a comer su carne?».
Entonces Jesús les dijo:
    «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

Palabra del Señor.

Se dice Credo.

COMENTARIO DE BENEDICTO XVI

Queridos hermanos y hermanas:

En la víspera de su Pasión, durante la Cena pascual, el Señor tomó el pan en sus manos –como hemos escuchado hace poco en el Evangelio– y, tras pronunciar la bendición, lo rompió y lo dio a sus discípulos diciendo: «Tomad, este es mi cuerpo». Después tomó el cáliz, dio gracias, se lo dio y todos bebieron de él. Y dijo: «Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos» (Marcos 14, 22-24). Toda la historia de Dios con los hombres se resume en estas palabras. No sólo recuerdan e interpretan el pasado, sino que anticipan también el futuro, la venida del Reino de Dios en el mundo. Jesús no sólo pronuncia palabras. Lo que Él dice es un acontecimiento, el acontecimiento central de la historia del mundo y de nuestra vida personal.

Estas palabras son inagotables. Quisiera meditar con vosotros en este momento en un solo aspecto. Jesús, como signo de la presencia, escogió el pan y el vino. Con cada uno de los dos signos se entrega totalmente, no sólo una parte de sí. El Resucitado no está dividido. Él es una persona que, a través de los signos, se acerca a nosotros y se une a nosotros. Los signos, sin embargo, representan de manera clara cada uno de los aspectos particulares de su misterio y, con su manera típica de manifestarse, nos quieren hablar para que aprendamos a comprender algo más del misterio de Jesucristo. Durante la procesión y en la adoración, nosotros miramos a la Hostia consagrada, la forma más sencilla de pan y de alimento, hecho simplemente con algo de harina y de agua. La oración con la que la Iglesia durante la liturgia de la misa entrega este pan al Señor lo presenta como fruto de la tierra y del trabajo del hombre. En él queda recogido el cansancio humano, el trabajo cotidiano de quien cultiva la tierra, de quien siembra, cosecha y finalmente prepara el pan. Sin embargo, el pan no es sólo un producto nuestro, algo que nosotros hacemos; es fruto de la tierra y, por tanto, es también un don. El hecho de que la tierra dé fruto no es mérito nuestro; sólo el Creador podía darle la fertilidad. Y ahora podemos también ampliar algo esta oración de la Iglesia, diciendo: el pan es fruto de la tierra y al mismo tiempo del cielo. Presupone la sinergia de las fuerzas de la tierra y de los dones de lo alto, es decir, del sol y de la lluvia. Y el agua, de la que tenemos necesidad para preparar el pan, no la podemos producir nosotros. En un período en el que se habla de la desertización y en el que escuchamos denunciar el peligro de que los hombres y los animales mueran de sed en las regiones sin agua, volvemos a darnos cuenta de la grandeza del don del agua y de que no podemos proporcionárnoslo por nosotros mismos.

Entonces, al contemplar más de cerca este pequeño pedazo de Hostia blanca, este pan de los pobres, se nos presenta como una síntesis de la creación. Se unen el cielo y la tierra, así como actividad y espíritu del hombre. La sinergia de las fuerzas que hace posible en nuestro pobre planeta el misterio de la vida y de la existencia del hombre nos sale al paso en toda su maravillosa grandeza.

De este modo, comenzamos a comprender por qué el Señor escoge este pedazo de pan como su signo. La creación con todos sus dones aspira más allá de sí misma hacia algo que es todavía más grande. Más allá de la síntesis de las propias fuerzas, más allá de la síntesis de naturaleza y espíritu que en cierto sentido experimentamos en el pedazo de pan, la creación está orientada hacia la divinización, hacia los santos desposorios, hacia la unificación con el Creador mismo.

Pero todavía no hemos explicado plenamente el mensaje de este signo de pan. El Señor hizo referencia a su misterio más profundo en el Domingo de Ramos, cuando le presentaron la petición de unos griegos que querían encontrarse con Él. En su respuesta a esta pregunta, se encuentra la frase: «En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto» (Juan 12, 24). En el pan, hecho de granos molidos, se esconde el misterio de la Pasión. La harina, el grano molido, presupone el morir y el resucitar del grano. El ser molido y cocido manifiesta una vez más el mismo misterio de la Pasión. Sólo a través del morir llega el resurgir, llega el fruto y la nueva vida. Las culturas del Mediterráneo, en los siglos anteriores a Cristo, habían intuido profundamente este misterio. Basándose en la experiencia de este morir y resurgir, concibieron mitos de divinidades, que muriendo y resucitando daban nueva vida. El ciclo de la naturaleza les parecía como una promesa divina en medio de las tinieblas del sufrimiento y de la muerte que se nos imponen. En estos mitos, el alma de los hombres, en cierto sentido, se orientaba hacia ese Dios que se hizo hombre, que se humilló hasta la muerte en la cruz y que de este modo abrió para todos nosotros la puerta de la vida. En el pan y en su devenir, los hombres han descubierto una especie de expectativa de la naturaleza, una especie de promesa de la naturaleza de que esto habría tenido que existir: el Dios que muere de este modo nos lleva a la vida.

Ha sucedido realmente con Cristo lo que en los mitos era una expectativa y lo que el mismo grano esconde como signo de la esperanza de la creación. A través de su sufrimiento y de su muerte libre, Él se convirtió en pan para todos nosotros y, de este modo, en esperanza viva y creíble: Él nos acompaña en todos nuestros sufrimientos hasta la muerte. Los caminos que Él recorre con nosotros y a través de los cuales nos conduce a la vida son caminos de esperanza.

Al contemplar en adoración a la Hostia consagrada, nos habla el signo de la creación. Entonces nos encontramos con la grandeza de su don; pero nos encontramos también con la Pasión, con la Cruz de Jesús y su resurrección. A través de esta contemplación en adoración, Él nos atrae hacia sí, penetrando en su misterio, por medio del cual quiere transformarnos, como transformó la Hostia.

La Iglesia primitiva encontró en el pan un signo más. La «Doctrina de los doce apóstoles», un libro redactado en torno al año 100, refiere en sus oraciones la afirmación: «Que así como este pan partido estaba esparcido sobre las colinas y es reunido en una sola cosa, del mismo modo tu Iglesia sea reunida desde los confines de la tierra en tu Reino» (IX, 4). El pan, hecho de muchos granos de trigo, encierra también un acontecimiento de unión: el convertirse en pan de granos molidos es un proceso de unificación. Nosotros mismos, de los muchos que somos, tenemos que convertirnos en un solo pan, en su solo cuerpo, nos dice san Pablo (1 Corintios 10, 17). De este modo, el pan se convierte al mismo tiempo en esperanza y tarea.

De manera semejante también nos habla el signo del vino. Ahora bien, mientras el pan hace referencia a lo cotidiano, a la sencillez y a la peregrinación, el vino expresa la exquisitez de la creación: a través de este signo menciona la fiesta de alegría que Dios quiere ofrecernos al final de los tiempos y que anticipa ahora, siempre de nuevo. Pero el vino también habla de la Pasión: la vid tiene que ser podada repetidamente para poder purificarse; la uva tiene que madurar bajo el sol y la lluvia y tiene que ser pisada: sólo a través de esta pasión madura un vino apreciado.

En la fiesta del Corpus Christi contemplamos sobre todo el signo del pan. Nos recuerda también la peregrinación de Israel durante los cuarenta años en el desierto. La Hostia es nuestro maná con el que el Señor nos alimenta, es verdaderamente el pan del cielo, con el que Él verdaderamente se entrega a sí mismo. En la procesión, seguimos este signo y de este modo le seguimos a Él mismo. Y le pedimos: ¡guíanos por los caminos de nuestra historia! ¡Vuelve a mostrar a la Iglesia y a sus pastores siempre de nuevo el camino justo! ¡Mira a la humanad que sufre, que vaga insegura entre tantos interrogantes; mira el hambre física y psíquica que le atormenta! ¡Da a los hombres el pan para el cuerpo y para el alma! ¡Dales trabajo! ¡Dales luz! ¡Dales a ti mismo! ¡Purifícanos y santifícanos a todos nosotros! Haznos comprender que sólo a través de la participación en tu Pasión, a través del «sí» a la cruz, a la renuncia, a las purificaciones que tú nos impones, nuestra vida puede madurar y alcanzar su auténtico cumplimiento. Reúnenos desde todos los confines de la tierra. ¡Une a tu Iglesia, une a la humanidad lacerada! ¡Danos tu salvación! ¡Amén!

(Homilía de Benedicto XVI en el Corpus Christi 2006)

Ejército Remanente...

jueves, 14 de mayo de 2026

Fatima y el Santo Rosario familiar...

 

La Virgen de Fátima nos pidió seis veces el rezo del Rosario

La importancia del Rosario Familiar…

De OLRL.org:

Este artículo está tomado del folleto «Nuestra Gloriosa Fe y Cómo Perderla» escrito por el P. Hugh Thwaites, S.J.:

Me parece que una de las principales causas de la pérdida de la fe es el abandono de la práctica del rosario familiar.

En Austria, después de la Segunda Guerra Mundial, hubo un completo colapso de las vocaciones. Un año, aparentemente, nadie entró en los seminarios. Así que los obispos celebraron un sínodo, para averiguar cómo podía ser que esto hubiera sucedido. La conclusión a la que llegaron fue que la guerra había perturbado tanto la vida familiar que la práctica centenaria del rosario en el hogar se había detenido y no había vuelto a empezar. Esta es mi experiencia, también; cuando el rosario se va, la fe pronto se derrumba.

Recuerdo que alguien me habló de un amigo suyo, un gran católico, el pilar de la parroquia, cuyos hijos se habían alejado de los sacramentos y de la asistencia a la misa. Así que le dije: «Seguro que tu amigo fue educado con el rosario familiar cuando era un niño, y sus hijos no». La siguiente vez que lo vi, me dijo que eso era cierto. Su amigo había recitado el rosario familiar en casa cuando era un niño, y cuando se casó y fundó su propia familia todos rezaron el rosario. Pero entonces, una noche cuando estaban a punto de empezar el rosario, uno de los niños encendió la televisión, y eso fue todo. La costumbre del rosario familiar fue abandonada, y a su debido tiempo, dejaron de practicar la fe.

Después de esta vida, se verá que esa acción no repetida ha afectado a la eternidad de muchas personas. Dios envió a su Madre a Fátima para decirnos que teníamos que rezar el rosario todos los días, no otras oraciones. Por lo tanto, debemos hacer lo que Ella nos pidió.

Un laico que conocí una vez y que no rezaba su rosario me dijo que leía el breviario todos los días. Eso está bien. Es lo que tienen que hacer los sacerdotes. Es la oración de la Iglesia. Así que en cierto modo es mejor que el rosario. Pero no es lo que la Virgen pidió. Ella pidió el rosario. Si una madre envía a su hijo a la tienda por una botella de leche, y él regresa en cambio con un helado, ¿se alegra? En cierto modo, el helado es mejor que la leche, pero no es lo que ella pidió.

En la santísima casa de Nazaret, ¿crees que la Virgen tuvo que pedir algo dos veces? Si queremos de alguna manera ser como Jesús, debemos hacer lo que su Madre pide. Si no lo hacemos, ¿podemos esperar que las cosas vayan bien? No podemos desobedecer impunemente a la Madre de Dios. Ella conoce mejor que nosotros los peligros de esta guerra espiritual. Ella ve más claramente que nosotros los peligros que nos acechan. Ella nos advierte: Debes rezar el rosario todos los días.

Si el mecánico le advierte que su coche necesita una reparación o que se averiará, seguramente usted prestará atención a esa advertencia. Si el indicador de gasolina le advierte que necesita más gasolina, ¿no hace nada al respecto? Y si la Virgen viene a Fátima y nos dice, no sólo una sino seis veces, que debemos rezar el rosario todos los días, ¿descartamos esa advertencia? Si lo hacemos, sólo nos culparemos a nosotros mismos cuando descubramos que nuestros hijos han perdido la fe.

Sé que Fátima es sólo una revelación privada, pero sin embargo la Iglesia la ha aprobado, y eso hace que sea imprudente que la ignoremos. Si la Iglesia nos informa que Nuestra Señora realmente vino a Fátima y nos dijo estas cosas, entonces debemos escuchar sus palabras.

Así que creo que el abandono del rosario familiar es la razón principal por la que tantos católicos han perdido la fe. Me parece que la Iglesia del futuro va a consistir únicamente en aquellas familias que han sido fieles al rosario. Pero habrá un gran número de personas cuyas familias antes eran católicas.

En mi trabajo de visitar hogares, he visto esta conclusión confirmada una y otra vez. Los hogares pueden transformarse comenzando a recitar el rosario diario. 

Una razón, creo, por la que el rosario diario hace un hogar feliz, es esta. Por lo que algunos poseídos han dicho, y por lo que algunos santos han dicho, parece seguro que los demonios temen al rosario. Les pone los pelos de punta, por así decirlo. El agua bendita ciertamente los expulsa, pero vuelven de nuevo. El rosario diario los expulsa y los mantiene fuera. Y en una casa donde se reza el rosario todos los días, después de un tiempo los demonios se dan cuenta de que son impotentes ante la Virgen, y se van a otra parte.

Esta debe ser una de las razones por las que, como dicen, «la familia que reza junta se mantiene unida». En esa casa, completamente libre de espíritus malignos, hay una atmósfera que no se encuentra en el exterior. En una ciudad infestada de demonios como Londres, donde vivo, tal hogar es un oasis de la gracia de Dios, y la gente encuentra allí un consuelo y una paz que disfrutan enormemente. Los seres humanos no estamos hechos para vivir en compañía de demonios, sino con Dios y con los ángeles y santos del cielo.

Así que, tal y como yo lo veo, en este esfuerzo que estamos haciendo para mantener la fe y transmitirla, la práctica del rosario es absolutamente indispensable. Cualquier otra cosa que haga una persona, aunque vaya a misa todos los días, debe rezar el rosario en su casa. Es la medicina que nuestra Madre nos ha dicho que tomemos, para mantener nuestra fe fuerte y saludable.

https://www.tldm.org/default.htm

Ejército Remanente...

Secretos deFatima....

 

El Tercer Secreto de Fátima: ¿Un Papa con ojos de demonio?

La carta, fechada en 1944, habla del «tercer fragmento del secreto», y describe a un Papa, alabado por una multitud. Sin embargo, dice la carta, «había una diferencia con un verdadero Santo Padre, la mirada del demonio, éste tenía los ojos del mal».

Realizan un estudio pericial caligráfico a un documento que llevaba varios años en internet: Un texto que podría haber escrito la propia Sor Lucía de Fátima, revelando el auténtico tercer secreto de Fátima.

Quizá no todo lo que sabemos -o mejor dicho, lo que nos cuentan-, respecto a las apariciones de Fátima sea del todo cierto, al menos no en su totalidad.  José María Zavala lo cuenta en el libro «El secreto mejor guardado de Fátima. Una investigación 100 años después».

Una de las peritos judicial calígrafo más prestigiosas de nuestro país, realiza un estudio sobre un texto que llevaba varios años publicado en internet, y que podría contener el auténtico tercer secreto de Fátima.

Un Papa con ojos del demonio

La carta, fechada en 1944, habla del «tercer fragmento del secreto», y describe a un Papa, alabado por una multitud. Sin embargo, dice la carta, «había una diferencia con un verdadero Santo Padre, la mirada del demonio, éste tenía los ojos del mal».

La carta menciona el pontificado de «Juan Pablo «, estando fechada sin embargo más de 30 años antes de que el cardenal polaco se sentara en el trono de Pedro, convirtiéndose en uno de los papas más grandes de la historia de la Iglesia. Por último, la carta profetiza que «la Catedral de Roma debe ser destruida y una nueva construida en Fátima».

A continuación, lean el texto íntegro:

Ahora voy a revelar la tercera parte del secreto: Esta parte es la apostasía en la Iglesia!

Nuestra Señora nos mostró una visión de un individuo que yo describo como el «santo Padre» frente a una multitud que lo vitoreaba.

Pero había una diferencia con un verdadero santo Padre, la mirada del demonio, éste tenía los ojos del mal.

Entonces, después de algunos momentos vimos al mismo Papa entrando en una iglesia, pero esta Iglesia era la iglesia del infierno; no hay manera de describir la fealdad de ese lugar. Parecía como una fortaleza hecha de cemento gris con ángulos quebrados y ventanas similares a ojos; tenía un pico en el tejado del edificio.

Enseguida levantamos la vista hacia Nuestra Señora que nos dijo: Visteis la apostasía en la Iglesia; esta carta puede ser abierta por el Santo Padre, pero debe ser publicada después de Pío XII y antes de 1960.

En el reinado de Juan Pablo II la piedra angular de la tumba de Pedro debe ser removida y llevada a Fátima. Porque el dogma de la fe no ha sido conservado en Roma, su autoridad será removida y entregada a Fátima. La catedral de Roma debe ser destruida y una nueva construida en Fátima.

Si 69 semanas después de que esta orden se publique, Roma sigue su abominación, la ciudad será destruida. Nuestra Señora nos dijo que esto está escrito en Daniel 9:24-25 y Mateo 21:42-44

Daniel 9

24 Setenta semanas han sido fijadas sobre tu pueblo y tu Ciudad santa, para poner fin a la transgresión, para sellar el pecado, para expiar la iniquidad, para instaurar la justicia eterna, para sellar la visión y al profeta, y para ungir el Santo de los santos.

25 Tienes que saber y comprender esto:Desde que salió la orden de reconstruir a Jerusalén, hasta que aparezca un Jefe ungido, pasarán siete semanas;luego, durante sesenta y dos semanas, ella será reconstruida con la plaza y el foso, pero en tiempos de angustia.

Mateo 21

42 Jesús agregó: «¿No han leído nunca en las Escrituras: «La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos»?

43 Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos».

44 [El que caiga sobre esta piedra quedará destrozado, y aquel sobre quien caiga será aplastado].

Capilla de Santa Marta, residencia de Francisco

Vemos la Capilla de Santa Marta llena de ángulos quebrados como refiere el Tercer Secreto


¿Se trata realmente del Tercer Secreto de Fátima, o simplemente es una burda falsificación?

La experta concluyó que el manuscrito había sido «realizado por la misma mano que el documento correspondiente a la Primera y Segunda Parte del Secreto de Fátima, redactado de puño y letra por Sor Lucía dos Santos».

Apostasía de la Iglesia

Este documento habla de la apostasía de la Iglesia, que coincide con lo que el padre Pío dijo al padre Amorth -exorcista de la diócesis de Roma-, sobre el Tercer Secreto de Fátima. Amorth explicó en una ocasión a José María Zavala que trataba «de la apostasía y de un Papa bajo el control de Satanás».

¿Por qué no se reveló antes de 1960?

El Tercer Secreto debería haber sido revelado por el Papa Juan XXIII antes de 1960, sin embargo no fue sacado a la luz hasta el año 2000. ¿Por qué? ¿Cuál es la razón?

Además, existen dos documentos distintos sobre la última revelación de las apariciones de Fátima. Uno, de tan sólo una página, se encuentra en los aposentos papales. Y otro, de cuatro páginas (que fue el que salió a la luz en el año 2000) se encuentra en el depósito en el Santo Oficio.

InfoVaticana habla con Begoña Slocker

Desde InfoVaticana nos ponemos en contacto la perito calígrafo judicial Begoña Slocker, que ha trabajado en multitud de procesos penales en España, también para la Audiencia Nacional.

«Nosotros trabajamos con originales, y como no tengo esos datos me he basado sobre todo en la velocidad, inclinación y gestos tipo, que significa que cuando superpongo las letras, si fueran idénticas, sería una falsificación, pero no son idénticas», explica Begoña a InfoVaticana.

«Mi conclusión claramente es que está hecho por la misma mano y lo he repasado con el Presidente de la Sociedad Española de Caligrafía, que lo ha corroborado, y con Tomás Alonso de Corcuera, número uno en España como perito que ha sido profesor y conferenciante en la Policía Científica de Madrid».

«Es una pericia hecha a conciencia, a la que le he dedicado muchos días y noches», concluye la perito.

¿Realmente está completo el tercer secreto de Fátima?, ¿Habló Sor Lucía de un Papa bajo el control de Satanás? 

https://www.google.es/amp/s/infovaticana.com/2017/03/29/el-tercer-secreto-de-fatima-un-papa-con-ojos-de-demonio/amp/

Ejército Remanente...

jueves, 30 de abril de 2026

El Cristianismo moderno...

 

Por qué decidió escribir un libro titulado «Vivir en el asombro», un manual para la disidencia cristiana? –Rod Dreher

Creo que la supervivencia de la fe cristiana en este mundo desencantado depende de que los cristianos recuperen el asombro.

Rod Dreher es un prestigioso periodista y escritor estadounidense. Es autor de éxitos como La opción benedictina No vivas de mentiras, y un manual para la disidencia cristiana.

El periodista Javier Navascués le entrevista donde analiza la secularización occidental, abogando por la resistencia cultural cristiana y la defensa de la verdad frente a lo que denomina un totalitarismo «soft». Por su interés reproducimos dicha entrevista

¿Por qué decidió escribir un libro titulado Vivir en el asombro?

Porque en mi propia vida he experimentado cosas maravillosas: milagros y señales de que el mundo es mucho más misterioso de lo que creemos, y quería despertar en otros esta dimensión de la realidad. Más aún, antes del mundo moderno, el cristianismo nos enseñaba a experimentar el mundo como algo maravilloso, como un don sacramental de Dios. Solíamos creer que podíamos conocer a Dios con nuestro cuerpo, no solo con nuestra mente. Si bien tanto la Iglesia Católica como la Ortodoxa aún lo enseñan oficialmente, esta ya no es la experiencia cotidiana de muchos cristianos en el mundo moderno. Creo que la supervivencia de la fe cristiana en este mundo desencantado depende de que los cristianos recuperen el asombro.

Además, el antiguo paradigma materialista de la Ilustración se está desmoronando. Esto se observa especialmente en los jóvenes de hoy. Pero eso no significa que estén interesados en el cristianismo. Buscan significado, propósito y trascendencia, pero muchos no creen poder encontrarlo en el cristianismo, porque no lo han visto. Esto es una tragedia, pero tenemos las herramientas para solucionarlo, arraigadas en nuestras propias tradiciones. Solo tenemos que recuperar lo que las generaciones anteriores olvidaron o reprimieron: especialmente la dimensión mística de la fe.

¿Hasta qué punto es una continuación de sus obras anteriores, La Opción Benedictina y No vivas de mentiras, un manual para la disidencia cristiana? ¿Podría decirse que forman una trilogía compacta?

Sí, es una buena observación. No intenté escribir una trilogía, pero así fue. ¿Por qué? Lo que más me preocupa es cómo vivir como cristiano fiel en el mundo moderno y poscristiano. Cada uno de estos libros aborda esa cuestión fundamental, aunque de maneras diferentes.

¿Qué es para usted el asombro y por qué el hombre occidental ha perdido la capacidad de asombrarse?

El asombro es simplemente la sensación de maravillarse al enfrentarse a algo externo a nosotros, algo que intuimos que revela algo más profundo sobre la naturaleza de la realidad. Es la profunda, a menudo repentina, conciencia de que la realidad es más compleja de lo que creíamos. Todos experimentamos asombro, pero no todos respondemos adecuadamente. La lección que debemos aprender de un asombro es escucharlo decir: «Debes cambiar tu vida».

Hemos perdido la capacidad de asombro porque vivimos en un mundo que valora por encima de todo lo que se puede medir y hacer útil. Pero las cosas maravillosas casi siempre son cosas que no son «útiles» en el sentido común de la palabra. ¿Qué tiene de «útil» «Don Quijote»? ¿Qué tiene de «útil» la «Pasión según San Mateo» de Bach, las pinturas del Renacimiento italiano, un hermoso jardín, un acto de bondad sacrificial o la sonrisa de un bebé? Nada. Pero estas cosas tienen significado, porque nos invitan a salir de nosotros mismos y de la aburrida experiencia de lo cotidiano. Nos ayudan a ser plenamente humanos, no solo animales que consumen.

¿Qué factores nos han embrutecido para que no podamos ver fácilmente lo que es noble y la verdadera belleza de la vida?

Hay muchas cosas, pero la más importante es una mentalidad que nos lleva a tratar todo como si solo tuviera valor si podemos usarlo. Esta forma de pensar proviene de una idea que comenzó a surgir hace unos 600 años, la cual afirmaba que no existe una conexión intrínseca entre el espíritu y la materia. Esto permitió el desarrollo de la ciencia y la tecnología, y el avance del capitalismo. Gracias a ello, nos hemos vuelto ricos, poderosos y saludables, y podemos estar agradecidos por estos logros.

Pero también hemos perdido el sentido profundo de la vida. Podemos ser ricos, poderosos y saludables físicamente, pero si no podemos discernir el propósito de todo esto –es decir, cuál es el significado y el propósito de la vida–, entonces terminaremos como muchos de nosotros hoy: miserables y perdidos, vagando por la vida como hojas arrastradas por el viento.

La diferencia entre nosotros y quienes viven con asombro es la diferencia entre turistas y peregrinos.

¿Por qué es urgente redescubrir el sentido de la vida y profundizar en su misterio?

Si no experimentamos el asombro y permitimos que nos transforme, que nos convierta, llegaremos a creer que lo único que importa en la vida es ejercer poder y control sobre el mundo. Incluso quienes creen en la moralidad, en última instancia, no podrán defenderla ni permitir que guíe su conducta cuando se ponga a prueba. Nietzsche tenía razón: si Dios no existe y el mundo material no se fundamenta en una dimensión trascendente y jerárquica de la realidad, entonces el mundo pertenece a los fuertes y a los crueles. Nietzsche pensaba que esto era bueno. Yo no, y dudo que ninguno de sus lectores lo piense.

Pero si perdemos el sentido de la santidad de las cosas, de la presencia viva y activa de Dios en el mundo, entonces nuestra religión se convierte en poco más que mero moralismo y ritualismo. No me malinterpreten: ¡la moral y los rituales son importantes! Pero si no se fundamentan místicamente en la realidad trascendente –en última instancia, en el Dios vivo, no en el dios de los filósofos– entonces se convierten en cosas muertas.

¿Cómo nos lleva el olvido de lo divino al relativismo moral y al nihilismo?

Es sencillo: si Dios no existe, podemos hacer lo que queramos, si podemos salirnos con la nuestra. Además, si Dios no existe, nuestras vidas carecen de peso y propósito. Se vuelve difícil soportar el sufrimiento y la injusticia. Hay millones de personas hoy en día que jamás serían crueles ni infringirían la ley, pero sienten que sus vidas están vacías y sin sentido, y que la vida no vale la pena a menos que cumpla con cierto estándar de comodidad.

¿Por qué, como también se enseña en El Principito, lo esencial y lo bello a veces se vuelve invisible a los ojos?

No sé si hay una respuesta fácil a esta pregunta, pero lo sé por experiencia. Creo que tiene que ver con nuestro deseo de controlarlo todo. Lo que puedes controlar no tiene el poder de encantarte. El filósofo católico Joseph Pieper enseñó que el ocio es la base de la cultura. Quería decir que la contemplación –la capacidad de permanecer quietos y simplemente contemplar el mundo, en lugar de actuar sobre él para imponerle nuestra voluntad– es la raíz de la construcción de la cultura. Existe una conexión entre «culto» (religión) y «cultura». En última instancia, aquello que da sentido a nuestras vidas suele ser invisible y no puede ser encerrado en una jaula ni medido en un laboratorio. Debe abordarse desde una perspectiva religiosa, es decir, desde la fe.

Ninguno de nosotros puede mirar directamente al sol, pero sabemos que existe porque sentimos el calor de sus rayos en nuestra piel y vemos la belleza del sol en un prado. Creo que sucede lo mismo con Dios: no puede ser visto, pero podemos conocerlo a través de sus efectos. Nunca he visto a Dios, por supuesto, pero lo que me llevó a convertirme al cristianismo fue, primero, experimentar en mi adolescencia la sobrecogedora maravilla de la catedral de Chartres, construida por personas que realmente creían en Dios y querían edificar un hermoso templo digno de su gloria; y segundo, conocer a un anciano sacerdote cuya dulce santidad me hizo concluir que estaba tan lleno de Dios que probablemente era un santo. Ni la catedral de Chartres ni Monseñor Carlos Sánchez eran Dios, pero ambos fueron señales sumamente poderosas que me mostraron el camino hacia Él.

¿A qué atribuye que el cristianismo parezca tan insípido para el hombre superficial?

Bueno, para ser honesto, espero no ser superficial, pero gran parte del cristianismo moderno me parece insípido. En nuestra época, tratamos la fe como si fuera poco más que un programa de autoayuda y una guía para ser amables. El Dios de la Biblia no nos llama a ser amables; nos llama a ser santos. El cristianismo es mucho más que una terapia para la clase media acomodada. Hasta que vi la catedral de Chartres a los 17 años, pensaba que el cristianismo no era más que la clase media rezando, aprendiendo del pastor a ser felices y amables. No quería saber nada de eso; buscaba algo más profundo, algo con grandeza espiritual.

Vi ese tipo de cristianismo por primera vez en Chartres, y me transformó. Nada en mi vida hasta entonces me había preparado para la visión del cristianismo que se hizo visible en las piedras y vidrieras de esa catedral medieval. No salí de la catedral aquel día de verano de 1984 como cristiano, pero sí salí de allí en busca del Dios que había inspirado a los hombres ocho siglos antes a construirle un templo.

¿Qué debemos hacer para recuperar la capacidad de asombro y transformar nuestra vida y nuestra sociedad?

Primero, debemos cambiar nuestra mentalidad; es decir, debemos dejar de creer que lo que vemos en este mundo es toda la realidad.

Segundo, debemos recuperar la capacidad de concentrar nuestra atención. Esto es muy difícil en el mundo moderno, donde las pantallas exigen nuestra atención constantemente y la fragmentan.

Tercero, debemos buscar la belleza, la verdadera belleza, con la convicción de que el deseo de belleza nos llevará, en última instancia, a un encuentro con la fuente de toda belleza: Dios. La mayoría de la gente piensa instintivamente que la belleza carece de significado, que existe solo para el placer individual. Esto no es cierto. La verdadera belleza es una teofanía, una revelación, en cierto sentido, de lo divino. Todos creyeron esto hasta finales de la Edad Media.

Ahora debemos luchar, de forma constante y contracultural, para recuperar esta verdad que era evidente para nuestros antepasados. Saben, realmente debemos rechazar el mito del progreso, que nos dice que con cada año que pasa nos acercamos más a la Verdad. No cabe duda de que hemos logrado un progreso científico y tecnológico inmenso, y también material. Todos preferiríamos vivir en una sociedad rica que en una pobre. Pero esto ha tenido un precio insoportable: la pérdida del sentido de lo divino, de lo trascendente. Sabemos mucho más de ciencia y economía que un campesino católico medieval de Aragón, pero ese hombre pobre y sin educación probablemente sabía mucho más sobre la realidad espiritual que nosotros.

¿Cree que, ante la crisis de la modernidad y el desorden del libertinaje, puede haber un retorno al orden y a la belleza de los valores tradicionales?

Dios nos ha dado libre albedrío, por lo tanto, todo es posible. Estamos empezando a ver a más y más jóvenes llegar a la conclusión de que las promesas de este mundo son falsas. Como me dijeron los jóvenes que entrevisté el verano pasado al inicio de la peregrinación anual de tres días desde París a Chartres: «La generación de nuestros padres no nos dio nada. Buscamos sentido, buscamos propósito, buscamos trascendencia, buscamos comunidad… y buscamos a Dios».

Su número crece, así que hay esperanza. Pero se enfrentan a una fuerte oposición de los estilos de vida modernos. Si uno quiere vivir verdaderamente para Dios, en la fe tradicional, debe cultivar una fuerte sensibilidad contracultural. Si uno quiere ser verdaderamente cristiano en un mundo que odia a Dios o que lo ha olvidado, debe luchar por ello y estar dispuesto a sacrificarse. La mayoría de la gente hoy prefiere la comodidad a la verdad. Prefieren vivir en la Matrix. Pero estamos llamados a algo mucho más noble y hermoso. Estamos llamados a vivir en el asombro: el asombro de la gloria de Dios.

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