En La Montaña De Dios ; tiene morada propia La Santa Trinidad,,llí viven,Oran Trabajan Los Ermitaños Eucarísticos Del Padre Celestial,
comunidad Franciscana, esta en Pie de Cuesta Santander, Colombia ;Soy un Hijo espiritual del Apa Antonio Lootens Su Fundador q.e.p.d . La Comunidad no es responsable de lo que acá se expresa son mis opiniones Personales ,en respaldo de nuestra Sagrada Iglesia Católica Tradicional.
Señor, purifica mi corazón para que Tu Palabra caiga en él y dé el ciento por uno.
Primera Lectura
Hch 15, 7-21.
A mi parecer, no hay que molestar a los gentiles que se convierten a Dios.
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.
EN aquellos días, después de una larga discusión, se levantó Pedro y dijo a los apóstoles y a los presbíteros: «Hermanos, vosotros sabéis que, desde los primeros días, Dios me escogió entre vosotros para que los gentiles oyeran de mi boca la palabra del Evangelio, y creyeran. Y Dios, que penetra los corazones, ha dado testimonio a favor de ellos dándoles el Espíritu Santo igual que a nosotros. No hizo distinción entre ellos y nosotros, pues ha purificado sus corazones con la fe. ¿Por qué, pues, ahora intentáis tentar a Dios, queriendo poner sobre el cuello de esos discípulos un yugo que ni nosotros ni nuestros padres hemos podido soportar? No; creemos que lo mismo ellos que nosotros nos salvamos por la gracia del Señor Jesús». Toda la asamblea hizo silencio para escuchar a Bernabé y Pablo, que les contaron los signos y prodigios que Dios había hecho por medio de ellos entre los gentiles. Cuando terminaron de hablar, Santiago tomó la palabra y dijo: «Escuchadme, hermanos: Simón ha contado cómo Dios por primera vez se ha dignado escoger para su nombre un pueblo de entre los gentiles. Con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito: “Después de esto volveré y levantaré de nuevo la choza caída de David; levantaré sus ruinas y la pondré en pie, para que los demás hombres busquen al Señor, y todos los gentiles sobre los que ha sido invocado mi nombre: lo dice el Señor, el que hace que esto sea conocido desde antiguo”. Por eso, a mi parecer, no hay que molestar a los gentiles que se convierten a Dios; basta escribirles que se abstengan de la contaminación de los ídolos, de las uniones ilegítimas, de animales estrangulados y de la sangre. Porque desde tiempos antiguos Moisés tiene en cada ciudad quienes lo predican, ya que es leído cada sábado en las sinagogas».
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Sal 95.
R/. Contad las maravillas del Señor a todas las naciones.
O bien:
Aleluya.
Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre. R/.
Proclamad día tras día su victoria. Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones. R/.
Decid a los pueblos: «El Señor es rey, él afianzó el orbe, y no se moverá; él gobierna a los pueblos rectamente». R/.
Aclamación antes del Evangelio
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya, aleluya. Mis ovejas escuchan mi voz —dice el Señor—, y yo las conozco y ellas me siguen. Aleluya, aleluya, aleluya.
Evangelio
Jn 15, 9-11.
Permaneced en mi amor, para que vuestra alegría llegue a plenitud.
✠ Lectura del santo Evangelio según san Juan.
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud».
Palabra del Señor
COMENTARIO DE BENEDICTO XVI
En cualquier necesidad y aridez, Él es la fuente de agua viva, que nos nutre y fortalece. Él en persona carga sobre sí el pecado, el miedo y el sufrimiento y, en definitiva, nos purifica y transforma misteriosamente en vino bueno. En esos momentos de necesidad nos sentimos a veces aplastados bajo una prensa, como los racimos de uvas que son exprimidos completamente. Pero sabemos que, unidos a Cristo, nos convertimos en vino de solera. Dios sabe transformar en amor incluso las cosas difíciles y agobiantes de nuestra vida. Lo importante es que «permanezcamos» en la vid, en Cristo. En esta breve perícopa, el evangelista usa la palabra «permanecer» una docena de veces. Este «permanecer-en-Cristo» caracteriza todo el discurso. En nuestro tiempo de inquietudes e indiferencia, en el que tanta gente pierde el rumbo y el fundamento; en el que la fidelidad del amor en el matrimonio y en la amistad es frágil y efímera; en el que desearíamos gritar, en medio de nuestras necesidades, como los discípulos de Emaús: «Señor, quédate con nosotros, porque anochece, porque las tinieblas nos rodean»; el Señor resucitado nos ofrece aquí un refugio, un lugar de luz, de esperanza y confianza, de paz y seguridad.
Señor, purifica mi corazón para que tu Palabra caiga en él y dé el ciento por uno
Primera Lectura
hechos 15, 1-6.
Se decidió que subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre la controversia.
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.
EN aquellos días, unos que bajaron de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban conforme al uso de Moisés, no podían salvarse. Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más de entre ellos subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre esta controversia. Ellos, pues, enviados por la Iglesia provistos de lo necesario, atravesaron Fenicia y Samaría, contando cómo se convertían los gentiles, con lo que causaron gran alegría a todos los hermanos. Al llegar a Jerusalén, fueron acogidos por la Iglesia, los apóstoles y los presbíteros; ellos contaron lo que Dios había hecho con ellos. Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían abrazado la fe, se levantaron, diciendo: «Es necesario circuncidarlos y ordenarles que guarden la ley de Moisés». Los apóstoles y los presbíteros se reunieron a examinar el asunto.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Sal 121.
R/. Vamos alegres a la casa del Señor.
O bien:
Aleluya.
¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»! Ya están pisando nuestro pies tus umbrales, Jerusalén. R/.
Jerusalén está fundada como ciudad bien compacta. Allá suben las tribus, las tribus del Señor. R/.
Según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor; en ella están los tribunales de justicia, en el palacio de David. R/.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya, aleluya. Permaneced en mí, y yo en vosotros – dice el Señor–; el que permanece en mí da fruto abundante. Aleluya, aleluya, aleluya.
Evangelio
Jn 15, 1-8.
El que permanece en mi y yo en él, ése da fruto abundante.
✠ Lectura del santo Evangelio según san Juan.
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».
Palabra del Seño
COMENTARIO DE BENEDICTO XVI
La vid y los sarmientos (Regina Coeli)
¡Queridos hermanos y hermanas!
El evangelio de hoy, se inicia con la imagen de la viña. Jesús dijo a sus discípulos: «Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viñador» (Jn. 15,1). A menudo, en la biblia, a Israel se le compara con la viña fecunda cuando le es fiel a Dios; pero si se aleja de Él, se vuelve estéril, incapaz de producir aquel «vino que recrea el corazón del hombre», como canta el salmo 104 (v. 15). La viña verdadera de Dios, la vida verdadera, es Jesús, quien con su sacrificio de amor nos da la salvación, nos abre el camino para ser parte de esta viña.Y como Cristo permanece en el amor de Dios Padre, así los discípulos, sabiamente podados por la palabra del Maestro (cf. Jn. 15,2-4), si están profundamente unidos a Él, se convierten en sarmientos fecundos, que producen cosechas abundantes. San Francisco de Sales escribe: «La rama unida y articulada al tronco rinde fruto no por su propia virtud, sino en virtud de la cepa: nosotros estamos unidos por el amor a nuestro Redentor, como los miembros a la cabeza; por eso es que las buenas obras, portando el valor de Él, merecen la vida eterna» (Trattato dell’amore di Dio, XI, 6, Roma 2011, 601).
En el día de nuestro bautismo, la Iglesia nos injerta como sarmientos en el misterio pascual de Jesús, en su propia persona. De esta raíz recibimos la preciosa savia para participar en la vida divina. Como discípulos, también nosotros, con la ayuda de los pastores de la Iglesia, crecemos en la viña del Señor unidos por su amor.«Si el fruto que debemos portar es el amor, su premisa es este «permanecer”, que tiene que ver profundamente con aquella fe que no abandona al Señor» (Jesús de Nazaret, Milán 2007, 305). Es indispensable permanecer siempre unidos a Jesús, depender de Él, porque sin Él no podemos hacer nada (cf. Jn. 15,5). En una carta escrita a Juan el profeta, que vivió en el desierto de Gaza en el siglo V, un creyente hacía la pregunta: ¿Cómo es posible tener el hombre la libertad, y a la vez no poder hacer nada sin Dios? Y el monje responde: Si el hombre inclina su corazón hacia el bien y pide ayuda de Dios, recibe la fuerza necesaria para llevar a cabo su trabajo. Por eso es que la libertad humana y el poder de Dios van juntos. Esto es posible porque el bien viene del Señor, pero se realiza gracias a sus fieles (cf. Ef. 763, SC 468, París 2002, 206). El verdadero «permanecer» en Cristo garantiza la eficacia de la oración, como dice el beato cisterciense Guerrico de Igny: «Oh Señor Jesús, … sin ti no podemos hacer nada. Porque tú eres el verdadero jardinero, creador, cultivador y custodio de tu jardín, que plantas con tu palabra, riegas con tu espíritu y haces crecer con tu fuerza» (Sermo ad excitandam devotionem in psalmodia, SC 202, 1973, 522).
Queridos amigos,cada uno de nosotros es como un sarmiento, que vive solo si hace crecer cada día con la oración, con la participación a los sacramentos y con la caridad, su unión con el Señor. Y quien ama a Jesús, la vid verdadera, produce frutos de fe para una abundante cosecha espiritual. Supliquémosle a la Madre de Dios, para que permanezcamos injertados de forma segura en Jesús, y que toda nuestra acción tenga en Él su principio y su final.
Por qué decidió escribir un libro titulado «Vivir en el asombro», un manual para la disidencia cristiana? –Rod Dreher
Creo que la supervivencia de la fe cristiana en este mundo desencantado depende de que los cristianos recuperen el asombro.
Rod Dreher es un prestigioso periodista y escritor estadounidense. Es autor de éxitos como La opción benedictina o No vivas de mentiras, y un manual para la disidencia cristiana.
El periodista Javier Navascués le entrevista donde analiza la secularización occidental, abogando por la resistencia cultural cristiana y la defensa de la verdad frente a lo que denomina un totalitarismo «soft». Por su interés reproducimos dicha entrevista
¿Por qué decidió escribir un libro titulado Vivir en el asombro?
Porque en mi propia vida he experimentado cosas maravillosas: milagros y señales de que el mundo es mucho más misterioso de lo que creemos, y quería despertar en otros esta dimensión de la realidad. Más aún, antes del mundo moderno, el cristianismo nos enseñaba a experimentar el mundo como algo maravilloso, como un don sacramental de Dios. Solíamos creer que podíamos conocer a Dios con nuestro cuerpo, no solo con nuestra mente. Si bien tanto la Iglesia Católica como la Ortodoxa aún lo enseñan oficialmente, esta ya no es la experiencia cotidiana de muchos cristianos en el mundo moderno. Creo que la supervivencia de la fe cristiana en este mundo desencantado depende de que los cristianos recuperen el asombro.
Además, el antiguo paradigma materialista de la Ilustración se está desmoronando. Esto se observa especialmente en los jóvenes de hoy. Pero eso no significa que estén interesados en el cristianismo. Buscan significado, propósito y trascendencia, pero muchos no creen poder encontrarlo en el cristianismo, porque no lo han visto. Esto es una tragedia, pero tenemos las herramientas para solucionarlo, arraigadas en nuestras propias tradiciones. Solo tenemos que recuperar lo que las generaciones anteriores olvidaron o reprimieron: especialmente la dimensión mística de la fe.
¿Hasta qué punto es una continuación de sus obras anteriores, La Opción Benedictina y No vivas de mentiras, un manual para la disidencia cristiana? ¿Podría decirse que forman una trilogía compacta?
Sí, es una buena observación. No intenté escribir una trilogía, pero así fue. ¿Por qué? Lo que más me preocupa es cómo vivir como cristiano fiel en el mundo moderno y poscristiano. Cada uno de estos libros aborda esa cuestión fundamental, aunque de maneras diferentes.
¿Qué es para usted el asombro y por qué el hombre occidental ha perdido la capacidad de asombrarse?
El asombro es simplemente la sensación de maravillarse al enfrentarse a algo externo a nosotros, algo que intuimos que revela algo más profundo sobre la naturaleza de la realidad. Es la profunda, a menudo repentina, conciencia de que la realidad es más compleja de lo que creíamos. Todos experimentamos asombro, pero no todos respondemos adecuadamente. La lección que debemos aprender de un asombro es escucharlo decir: «Debes cambiar tu vida».
Hemos perdido la capacidad de asombro porque vivimos en un mundo que valora por encima de todo lo que se puede medir y hacer útil. Pero las cosas maravillosas casi siempre son cosas que no son «útiles» en el sentido común de la palabra. ¿Qué tiene de «útil» «Don Quijote»? ¿Qué tiene de «útil» la «Pasión según San Mateo» de Bach, las pinturas del Renacimiento italiano, un hermoso jardín, un acto de bondad sacrificial o la sonrisa de un bebé? Nada. Pero estas cosas tienen significado, porque nos invitan a salir de nosotros mismos y de la aburrida experiencia de lo cotidiano. Nos ayudan a ser plenamente humanos, no solo animales que consumen.
¿Qué factores nos han embrutecido para que no podamos ver fácilmente lo que es noble y la verdadera belleza de la vida?
Hay muchas cosas, pero la más importante es una mentalidad que nos lleva a tratar todo como si solo tuviera valor si podemos usarlo. Esta forma de pensar proviene de una idea que comenzó a surgir hace unos 600 años, la cual afirmaba que no existe una conexión intrínseca entre el espíritu y la materia. Esto permitió el desarrollo de la ciencia y la tecnología, y el avance del capitalismo. Gracias a ello, nos hemos vuelto ricos, poderosos y saludables, y podemos estar agradecidos por estos logros.
Pero también hemos perdido el sentido profundo de la vida. Podemos ser ricos, poderosos y saludables físicamente, pero si no podemos discernir el propósito de todo esto –es decir, cuál es el significado y el propósito de la vida–, entonces terminaremos como muchos de nosotros hoy: miserables y perdidos, vagando por la vida como hojas arrastradas por el viento.
La diferencia entre nosotros y quienes viven con asombro es la diferencia entre turistas y peregrinos.
¿Por qué es urgente redescubrir el sentido de la vida y profundizar en su misterio?
Si no experimentamos el asombro y permitimos que nos transforme, que nos convierta, llegaremos a creer que lo único que importa en la vida es ejercer poder y control sobre el mundo. Incluso quienes creen en la moralidad, en última instancia, no podrán defenderla ni permitir que guíe su conducta cuando se ponga a prueba. Nietzsche tenía razón: si Dios no existe y el mundo material no se fundamenta en una dimensión trascendente y jerárquica de la realidad, entonces el mundo pertenece a los fuertes y a los crueles. Nietzsche pensaba que esto era bueno. Yo no, y dudo que ninguno de sus lectores lo piense.
Pero si perdemos el sentido de la santidad de las cosas, de la presencia viva y activa de Dios en el mundo, entonces nuestra religión se convierte en poco más que mero moralismo y ritualismo. No me malinterpreten: ¡la moral y los rituales son importantes! Pero si no se fundamentan místicamente en la realidad trascendente –en última instancia, en el Dios vivo, no en el dios de los filósofos– entonces se convierten en cosas muertas.
¿Cómo nos lleva el olvido de lo divino al relativismo moral y al nihilismo?
Es sencillo: si Dios no existe, podemos hacer lo que queramos, si podemos salirnos con la nuestra. Además, si Dios no existe, nuestras vidas carecen de peso y propósito. Se vuelve difícil soportar el sufrimiento y la injusticia. Hay millones de personas hoy en día que jamás serían crueles ni infringirían la ley, pero sienten que sus vidas están vacías y sin sentido, y que la vida no vale la pena a menos que cumpla con cierto estándar de comodidad.
¿Por qué, como también se enseña en El Principito, lo esencial y lo bello a veces se vuelve invisible a los ojos?
No sé si hay una respuesta fácil a esta pregunta, pero lo sé por experiencia. Creo que tiene que ver con nuestro deseo de controlarlo todo. Lo que puedes controlar no tiene el poder de encantarte. El filósofo católico Joseph Pieper enseñó que el ocio es la base de la cultura. Quería decir que la contemplación –la capacidad de permanecer quietos y simplemente contemplar el mundo, en lugar de actuar sobre él para imponerle nuestra voluntad– es la raíz de la construcción de la cultura. Existe una conexión entre «culto» (religión) y «cultura». En última instancia, aquello que da sentido a nuestras vidas suele ser invisible y no puede ser encerrado en una jaula ni medido en un laboratorio. Debe abordarse desde una perspectiva religiosa, es decir, desde la fe.
Ninguno de nosotros puede mirar directamente al sol, pero sabemos que existe porque sentimos el calor de sus rayos en nuestra piel y vemos la belleza del sol en un prado. Creo que sucede lo mismo con Dios: no puede ser visto, pero podemos conocerlo a través de sus efectos. Nunca he visto a Dios, por supuesto, pero lo que me llevó a convertirme al cristianismo fue, primero, experimentar en mi adolescencia la sobrecogedora maravilla de la catedral de Chartres, construida por personas que realmente creían en Dios y querían edificar un hermoso templo digno de su gloria; y segundo, conocer a un anciano sacerdote cuya dulce santidad me hizo concluir que estaba tan lleno de Dios que probablemente era un santo. Ni la catedral de Chartres ni Monseñor Carlos Sánchez eran Dios, pero ambos fueron señales sumamente poderosas que me mostraron el camino hacia Él.
¿A qué atribuye que el cristianismo parezca tan insípido para el hombre superficial?
Bueno, para ser honesto, espero no ser superficial, pero gran parte del cristianismo moderno me parece insípido. En nuestra época, tratamos la fe como si fuera poco más que un programa de autoayuda y una guía para ser amables. El Dios de la Biblia no nos llama a ser amables; nos llama a ser santos. El cristianismo es mucho más que una terapia para la clase media acomodada. Hasta que vi la catedral de Chartres a los 17 años, pensaba que el cristianismo no era más que la clase media rezando, aprendiendo del pastor a ser felices y amables. No quería saber nada de eso; buscaba algo más profundo, algo con grandeza espiritual.
Vi ese tipo de cristianismo por primera vez en Chartres, y me transformó. Nada en mi vida hasta entonces me había preparado para la visión del cristianismo que se hizo visible en las piedras y vidrieras de esa catedral medieval. No salí de la catedral aquel día de verano de 1984 como cristiano, pero sí salí de allí en busca del Dios que había inspirado a los hombres ocho siglos antes a construirle un templo.
¿Qué debemos hacer para recuperar la capacidad de asombro y transformar nuestra vida y nuestra sociedad?
Primero, debemos cambiar nuestra mentalidad; es decir, debemos dejar de creer que lo que vemos en este mundo es toda la realidad.
Segundo, debemos recuperar la capacidad de concentrar nuestra atención. Esto es muy difícil en el mundo moderno, donde las pantallas exigen nuestra atención constantemente y la fragmentan.
Tercero, debemos buscar la belleza, la verdadera belleza, con la convicción de que el deseo de belleza nos llevará, en última instancia, a un encuentro con la fuente de toda belleza: Dios. La mayoría de la gente piensa instintivamente que la belleza carece de significado, que existe solo para el placer individual. Esto no es cierto. La verdadera belleza es una teofanía, una revelación, en cierto sentido, de lo divino. Todos creyeron esto hasta finales de la Edad Media.
Ahora debemos luchar, de forma constante y contracultural, para recuperar esta verdad que era evidente para nuestros antepasados. Saben, realmente debemos rechazar el mito del progreso, que nos dice que con cada año que pasa nos acercamos más a la Verdad. No cabe duda de que hemos logrado un progreso científico y tecnológico inmenso, y también material. Todos preferiríamos vivir en una sociedad rica que en una pobre. Pero esto ha tenido un precio insoportable: la pérdida del sentido de lo divino, de lo trascendente. Sabemos mucho más de ciencia y economía que un campesino católico medieval de Aragón, pero ese hombre pobre y sin educación probablemente sabía mucho más sobre la realidad espiritual que nosotros.
¿Cree que, ante la crisis de la modernidad y el desorden del libertinaje, puede haber un retorno al orden y a la belleza de los valores tradicionales?
Dios nos ha dado libre albedrío, por lo tanto, todo es posible. Estamos empezando a ver a más y más jóvenes llegar a la conclusión de que las promesas de este mundo son falsas. Como me dijeron los jóvenes que entrevisté el verano pasado al inicio de la peregrinación anual de tres días desde París a Chartres: «La generación de nuestros padres no nos dio nada. Buscamos sentido, buscamos propósito, buscamos trascendencia, buscamos comunidad… y buscamos a Dios».
Su número crece, así que hay esperanza. Pero se enfrentan a una fuerte oposición de los estilos de vida modernos. Si uno quiere vivir verdaderamente para Dios, en la fe tradicional, debe cultivar una fuerte sensibilidad contracultural. Si uno quiere ser verdaderamente cristiano en un mundo que odia a Dios o que lo ha olvidado, debe luchar por ello y estar dispuesto a sacrificarse. La mayoría de la gente hoy prefiere la comodidad a la verdad. Prefieren vivir en la Matrix. Pero estamos llamados a algo mucho más noble y hermoso. Estamos llamados a vivir en el asombro: el asombro de la gloria de Dios.
BOMBA: Jefe de toxicología de Pfizer declara miles de muertes por la vacuna Covid-19
Declara en una comisión parlamentaria en el Bundestag que: entre 20.000 y 60.000 personas murieron en Alemania a causa de la vacuna contra el COVID-19 de Pfizer y que fue así en todo el mundo. ¿Por qué no es noticia de portada en todos los medios?
¡¡Noticia bomba!! ¡No te lo pierdas!
El Dr. Helmut Sterz, exjefe de toxicología de Pfizer BOMBA: Jefe de toxicología de Pfizer declara miles de muertes por la vacuna Covid-19
, declaró ante la Comisión de Investigación sobre el Coronavirus en el Bundestag el 19 de marzo de 2026:
«Se sacrificaron estudios esenciales de toxicidad en aras de la rapidez, sin razones aceptables. La aprobación condujo a ensayos clínicos en humanos prohibidos».
El 7 de julio de 2021 publicamos una carta dirigida a los ministros australianos, la cual fue presentada como prueba. En ella se incluyó un extracto de una solicitud de información a la TGA (Administración de Productos Terapéuticos de Australia) que indicaba que no se habían realizado pruebas para detectar efectos genotóxicos, cancerígenos ni sobre la fertilidad.
¡No existía lógica ni base científica para tratar a las personas de esta manera!
Años después, la verdad sale a la luz, ¡demasiado tarde para muchos!
Los heridos y las familias de los fallecidos se encuentran sumidos en el sufrimiento.
Los trabajadores despedidos se defendían mientras luchaban contra quienes los ridiculizaban.
¡Teníamos razón!
La integridad institucional está en juego, ya que las decisiones se basaron en suposiciones vacías de una campaña de marketing para vender veneno a los contribuyentes.
¡La verdad es conocimiento silenciado por el poder!