En La Montaña De Dios ; tiene morada propia La Santa Trinidad,,llí viven,Oran Trabajan Los Ermitaños Eucarísticos Del Padre Celestial,
comunidad Franciscana, esta en Pie de Cuesta Santander, Colombia ;Soy un Hijo espiritual del Apa Antonio Lootens Su Fundador q.e.p.d . La Comunidad no es responsable de lo que acá se expresa son mis opiniones Personales ,en respaldo de nuestra Sagrada Iglesia Católica Tradicional.
La Virgen es la única que consigue unir a los españoles
Regina Hispaniae.
Nuestra historia está sembrada de santuarios marianos que nacieron mucho antes de que existiera el Estado moderno. Ermitas escondidas entre montañas, imágenes aparecidas junto a un río, vírgenes encontradas por un pastor o veneradas tras una batalla
María sigue siendo, para millones de personas, el camino más tierno hacia Jesucristo y la Madre que, desde la Cruz, recibió la misión de cuidar de todos nosotros. Y una madre así nunca deja de acompañar a sus hijos.
España es mariana. España es tierra de María. Basta recorrer nuestro país para descubrir que, casi sin excepción, cada pueblo, cada ciudad y cada valle tiene una advocación mariana que constituye el corazón de su identidad. La Virgen del Pilar, de Covadonga, de Montserrat, de los Desamparados, del Rocío, de Begoña, de la Fuensanta, de la Almudena… y decenas de miles más. No son “muchas vírgenes”. Es una sola Madre contemplada desde el cariño de generaciones enteras.
Hace unos años, un buen amigo mío, Pedro, cristiano ortodoxo rumano, me hizo una pregunta que me sorprendió: «¿Por qué vosotros tenéis tantas vírgenes?». Por un momento me quedé parado, pero enseguida le respondí con un ejemplo muy sencillo: «Pasa algo parecido contigo, unos te llaman “Pedro el rumano” otros, “Pedro el constructor”; otros, “Pedro el alto”. Son formas distintas de identificarte por cariño, cercanía o alguna circunstancia de tu vida. Pero todos se refieren a ti. Pues con la Virgen ocurre exactamente igual. Es la misma María, la Madre de Dios, a la que cada pueblo llama con el nombre que la historia, un milagro, una aparición o, sin más, el afecto. Sonrió: “Ahora lo entiendo”.
Y creo que esa explicación resume una verdad profundamente española, que no hemos multiplicado a María, hemos multiplicado nuestro amor hacia ella.
No es casualidad que san Juan Pablo II afirmara que «María está presente en el misterio de Cristo y de la Iglesia». Tampoco que san Bernardo escribiera aquella frase que ha acompañado durante siglos a millones de cristianos: «Nunca se oyó decir que ninguno de los que han acudido a tu protección haya sido abandonado.» Son palabras que nacen de la experiencia de quien sabe que una madre nunca permanece indiferente ante el sufrimiento de sus hijos.
También santa Teresa de Jesús tenía una confianza absoluta en la Virgen. Para ella, María era el camino más seguro hacia Cristo. Y san Maximiliano Kolbe, enamorado de la Inmaculada, llegó a afirmar en la milenaria oración de Acordaos, que «jamás se temerá amar demasiado a María, porque nunca se la amará más de lo que la amó Jesucristo». En esa frase se resume toda una espiritualidad, porque el amor a María nunca sustituye a Cristo; conduce siempre hasta Él.
España comprendió esta verdad desde muy pronto. Nuestra historia está sembrada de santuarios marianos que nacieron mucho antes de que existiera el Estado moderno. Ermitas escondidas entre montañas, imágenes aparecidas junto a un río, vírgenes encontradas por un pastor o veneradas tras una batalla. La fe popular fue levantando un mapa invisible que une a todos los españoles mucho más profundamente que muchas leyes o constituciones.
Y es que esta devoción no se quedó dentro de nuestras fronteras. Cuando los españoles cruzaron el Atlántico, llevaron consigo la cruz, el idioma, las leyes… y también a la Virgen María. Por eso la evangelización de América fue también, en cierto modo, la conquista del corazón por medio de la Madre.
Existe un símbolo especialmente hermoso que es la Virgen de Guadalupe de Extremadura, que era uno de los grandes centros de peregrinación de España cuando comenzó el descubrimiento del Nuevo Mundo. Décadas después, en el Tepeyac mexicano, la Virgen quiso presentarse al indígena san Juan Diego bajo el mismo nombre de Guadalupe. No fue una casualidad histórica. Aquella advocación unió espiritualmente dos continentes y dio origen a una de las mayores devociones marianas del mundo. La patrona de Extremadura se convirtió, providencialmente, en la Reina de América. No es sin querer que, desde California hasta la Patagonia, resulte difícil encontrar una nación hispanoamericana donde María no ocupe un lugar central en la vida del pueblo.
Vivimos tiempos en los que muchos intentan borrar las raíces culturales y religiosas de las naciones. Sin embargo, basta asistir a la procesión de la patrona de cualquier pequeño municipio para descubrir que todavía existe algo capaz de reunir a creyentes y alejados, jóvenes y ancianos, personas de cualquier condición. Muchos quizá no entren en la iglesia el resto del año, pero sienten que esa Virgen “es la suya”, porque pertenece a su historia, a su familia y a los recuerdos más queridos. Y, en el fondo, quizá sea precisamente eso lo que hace una madre: permanecer. Esperar. Acoger. No imponer nunca su amor, pero tampoco retirarlo.
España podrá cambiar en muchas cosas. Cambiarán las costumbres, la política y hasta las formas de vivir. Pero mientras en un solo pueblo siga encendiéndose una vela ante una imagen de María, mientras una abuela enseñe a un nieto a rezar un Avemaría o un marinero mire al cielo antes de hacerse a la mar invocando a su patrona, seguirá latiendo una parte esencial del alma de nuestra nación.
María no pertenece al pasado de España. María sigue siendo, para millones de personas, el camino más tierno hacia Jesucristo y la Madre que, desde la Cruz, recibió la misión de cuidar de todos nosotros. Y una madre así nunca deja de acompañar a sus hijos. El punto 495, del ya clásico libro de espiritualidad Camino, escrito por san Josemaría Escrivá, es ese que dice: “A Jesús siempre se va y se ‘vuelve’ por María”. No se puede decir más claro.
Carta a Pusey (Encuentro), de san John Henry Newman. En esta breve pero intensa obra, san John Henry Newman responde a las críticas de su amigo Edward Pusey defendiendo el lugar de la Virgen María en la teología católica. Apoyándose en los Padres de la Iglesia, muestra que doctrina y vida espiritual son inseparables y fundamenta, desde la tradición cristiana primitiva, la legitimidad de la devoción mariana.
El secreto de la Virgen de Guadalupe (Sekotia), de Santiago Mata. Ambientada en el México de 1531, esta novela recrea con rigor histórico las circunstancias que rodearon las apariciones de la Virgen de Guadalupe a san Juan Diego y el impacto que transformó las relaciones entre indígenas y españoles. A través de una narración cercana, invita a reflexionar sobre la fe, los prejuicios y las lecciones que aquel acontecimiento sigue ofreciendo a nuestra sociedad.
El evangelio secreto de la Virgen María (Edaf), de Santiago Martín. Los Evangelios apenas ofrecen algunos datos sobre la Virgen María, pero suficientes para despertar numerosas preguntas sobre su vida y su experiencia humana. Este libro explora, con sensibilidad y profundidad, cómo pudo afrontar los momentos decisivos de su existencia, acercando al lector a una María más cercana, capaz de comprender el sufrimiento, la esperanza y las alegrías de toda persona.
ESPAÑA, LA NACIÓN QUE MÁS HA VENERADO A MARÍA
España Mariana 15 de Agosto:
«Si un día se perdiera el mapa de este pueblo, si la historia borrara el nombre de todas sus ciudades, podría reescribirse rastreando santuarios. Porque allí donde hubo un grupo de españoles tuvo un templo María. Allí donde latió un corazón, latió por Ella, por Ella y por su Hijo, en un único amor y diez mil nombres, en un solo cariño y cien advocaciones.»
Lecturas del Jueves de la XX Semana del Tiempo Ordinario
Señor, purifica mi corazón para que tu Palabra caiga en él y dé el ciento por uno
Primera Lectura
Lectura de la profecía de Ezequiel (36,23-28):
Así dice el Señor: «Mostraré la santidad de mi nombre grande, profanado entre los gentiles, que vosotros habéis profanado en medio de ellos; y conocerán los gentiles que yo soy el Señor –oráculo del Señor–, cuando les haga ver mi santidad al castigaros. Os recogeré de entre las naciones, os reuniré de todos los países, y os llevaré a vuestra tierra. Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar. Y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos. Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres. Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios.»
Palabra de Dios
Salmo
Sal 50,12-13.14-15.18-19
R/. Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará de todas vuestras inmundicias
Oh Dios, crea en mi un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu. R/.
Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso: enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti. R/.
Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias.R/.
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (22,1-14):
En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: «Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda.» Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: «La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.» Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?» El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: «Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.» Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»
Palabra del Señor
COMENTARIO DE BENEDICTO XVI
Cómo es posible que este comensal haya aceptado la invitación del rey y, al entrar en la sala del banquete, se le ha abierto la puerta, pero no se ha puesto el vestido de bodas? ¿Qué es este vestido de bodas? En la Misa in Coena Domini de este año, hice referencia a un bello comentario de san Gregorio Magno a esta parábola. Él explica que ese comensal ha respondido a la invitación de Dios a participar en su banquete, tiene, en cierto modo, la fe que le ha abierto la puerta de la sala, pero le falta algo esencial: el vestido de bodas, que es la caridad, el amor. Y san Gregorio añade: «Cada uno de vosotros, por tanto, que en la Iglesia tiene fe en Dios ya ha tomado parte en el banquete de bodas, pero no puede decir que lleva vestido de bodas si no custodia la gracia de la Caridad». Y este vestido está tejido simbólicamente por dos leños, uno arriba y el otro abajo: el amor de Dios y el amor del prójimo. Todos nosotros somos invitados a ser comensales del Señor, a entrar con la fe en su banquete, pero debemos llevar y custodiar el vestido de bodas, la caridad, vivir un profundo amor a Dios y al prójimo.
«No existen objetos mágicos. La medalla ‘sirve’ en cuanto tienes fe en Jesucristo». Así se explica el sacerdote y autor del libro de investigación teológica El Diablo y los demonios. Un estudio a la luz de santo Tomás de Aquino, Raúl Medina. Uno de los peligros a los que se puede sucumbir con los objetos religiosos es caer en la superstición. Sin embargo, no hay que despreciar su utilidad.
Uno de los más extendidos y apreciados es la medalla de san Benito. El monje santo «luchó durante su vida contra Satanás y las influencias diabólicas», comenta Medina. Por ello, es patrono de los exorcistas, aquellos obispos y sacerdotes (los que han recibido el nombramiento expreso por su obispo, tal y como manda el Código de Derecho Canónico) que dedican su ministerio a «expulsar al diablo y los demonios de la vida o los cuerpos de las personas que sufren su influencia».
La medalla aparece como un «sacramental de especial protección en la lucha contra el mal», cuenta el sacerdote. Cualquiera puede portarla, incluidos laicos y consagrados, aunque es necesario que esté bendecida y exorcizada «para gozar de una especial fuerza de Jesucristo».
Colocada en cimientos y puertas de edificios, en el centro de cruces o en llaveros, el origen del objeto proviene de la vida del santo abad. Según cuenta el papa san Gregorio, en el Libro II de los Diálogos, san Benito hacía el signo de la cruz como signo de salvación, verdad y purificación, reconociendo que Cristo, a través de ella, ha vencido a la muerte y al mal. Narra que, con solo hacer la señal de la cruz sobre un vaso que contenía veneno, se rompió. El mismo gesto mandó hacer a sus monjes sobre su corazón cuando el maligno los perturbaba.
«Vade retro Satanás»
Detalle de las caras de trasera y delantera de la medalla de san Benito
La medalla representa a san Benito con la cruz en la mano derecha y la Regla en la izquierda. De la misma forma, aparecen varias inscripciones tanto en la parte frontal como en la trasera.
En la parte delantera se puede leer el texto en latín: Crux sanci patris Benedicti. Eius in óbitu nostro presentia muniamur. Ex S.M. Cassino MDCCCLXXX. Esto significa «Cruz del Santo Padre Benito. A la hora de nuestra muerte seamos protegidos por su presencia. Del Santo Monte Casino, 1880».
En la parte posterior, aparecen unas «abreviaturas de unas oraciones contra el Maligno». Encontramos SMQLIVB, que significa «Malo es lo que me ofreces, bebe tú mismo tu veneno»; VRSNSMV, «Vade retro Satanás, no me aconsejes cosas vanas»; CSSML, «la santa Cruz sea mi luz»; NDSMD, que el Dragón infernal no sea mi guía; y, por último, CSPB, de nuevo «Cruz del santo Padre Benito». Está rematada en su parte superior con la palabra Paz.
«De aquí extraemos la oración de san Benito que nos ayuda en momentos de la lucha contra el diablo y los demonios», comentaba Raúl Medina. Esta rezaría: La santa Cruz sea mi luz. No sea el dragón mi guía. Es malo lo que me ofreces, bebe tú mismo tu veneno.
El origen de la medalla
Una de las medallas más difundidas entre los cristianos es la atribuida a San Benito, el santo abad y patrono de Europa, debido al vínculo que tiene en la lucha contra el mal.
Esto se debe a que en el siglo XVII hechiceras en Alemania dijeron que no tenían poder sobre la Abadía de Metten porque estaba bajo la protección de la cruz.
El uso de la medalla fue aprobado en marzo de 1742 por el papa Benedicto XIV. Aunque la versión final de la medalla es del 1880, año que aparece en la parte delantera, su origen es bastante anterior. Situados en Nattenberg –Baviera–, en el siglo XVII, algunas mujeres fueron acusadas de brujería contra el monasterio benedictino de Metten. Ellas confesaron que no habían podido influir en él al estar bajo el amparo de una cruz. Tras diversos estudios, se encontraron tapias del monasterio pintadas con varias cruces con unas siglas indescifrables.
Durante la investigación, se hallaron en las paredes del recinto varias cruces pintadas y rodeadas por las letras que se encuentran ahora en las medallas. Más adelante se encontró un pergamino con la imagen de San Benito y las frases completas que sirvieron para escribir esas abreviaturas.
Continuaron las investigaciones, y apareció el ansiado significado de las siglas dentro de un libro del siglo XIV. En él se veía una figura de san Benito con una cruz en la mano derecha, junto a parte del texto, representado con las letras iniciales de las palabras, en las astas cruzadas de las pinturas del monasterio. A la izquierda, una banderola con el resto del escrito. En otra abadía, esta vez en la de Wolfenbüttel, había un dibujo en un manuscrito de un monje defendiéndose del mal, ilustrado con una mujer que portaba una copa, repleta de las seducciones del mundo. El religioso levantaba una cruz, acompañado de la parte final del texto, por lo que se piensa que la creencia proviene de varios siglos anteriores.
Canto Fuerte contra los Poderes del mal:
Poderosa oración exorcista de la Medalla de San Benito
«Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas.» (Efesios, 6-12)
Coronilla de la Divina Misericordia y Promesas que contiene
“Me queman las llamas de la Misericordia, deseo derramarlas sobre las almas, y las almas no quieren creer en mi bondad. Oh, qué dolor me dan cuando no quieren aceptarlas (…) Dile a la humanidad doliente que se abrace a mi Corazón misericordioso y Yo la llenaré de paz”.
A continuación, podrán leer las promesas dictadas por Jesús a Santa Faustina Kowalska:
“La humanidad no encontrará la paz hasta que no se dirija con confianza a mi Misericordia”.
«De todas Mis llagas, como de arroyos, fluye la misericordia para las almas, pero la herida de Mi Corazón es la Fuente de la Misericordia sin límites, de esta fuente brotan todas las gracias para las almas».
“El alma que confíe en mi Misericordia no perecerá, ya que todos sus asuntos son míos. El alma más feliz es la que confía en mi Misericordia, pues Yo mismo la cuido”.
«Proclama que ningún alma que ha invocado Mi misericordia ha quedado decepcionada ni ha sentido confusión».
«Hija Mía, escribe que cuanto más grande es la miseria de un alma tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia e invita a todas las almas a confiar en el inconcebible abismo de Mi misericordia, porque deseo salvarlas a todas. En la cruz, la Fuente de Mi Misericordia fue abierta de par en par por la lanza para todas las almas, no he excluido a ninguna».
«Que los más grandes pecadores pongan su confianza en Mi misericordia. Ellos más que nadie tienen derecho a confiar en el abismo de Mi misericordia. Hija Mía, escribe sobre Mi misericordia para las almas afligidas. Me deleitan las almas que recurren a Mi misericordia. A estas almas les concedo gracias por encima de lo que piden. No puedo castigar aún al pecador más grande si él suplica Mi compasión, sino que lo justifico en Mi insondable e impenetrable misericordia. Escribe: Antes de venir como juez justo abro de par en par la puerta de Mi misericordia. Quien no quiere pasar por la puerta de Mi misericordia, tiene que pasar por la puerta de Mi justicia…»
«Prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá. También prometo ya aquí en la tierra la victoria sobre el enemigo y sobretodo a la hora de la muerte, Yo mismo la defenderé como a mi propia gloria… Ofrezco a los hombres el vaso con el que han de venir a recoger las gracias a la fuente de la Misericordia».
«A las almas que difunden el culto de mi Misericordia, las protejo a lo largo de su vida como una madre cariñosa protege a su niño todavía lactante. A la hora de su muerte, no seré para ellas su juez sino su Salvador misericordioso. En aquella última hora no hay para el alma más que una sola protección: MI MISERICORDIA»…
«Yo preservaré a las ciudades y casas en las cuales se encontrase esta imagen».
«Yo también protegeré a aquellas personas que veneren esta Imagen y tengan confianza en mi Misericordia».
HORA DE LA DIVINA MISERICORDIA: LAS TRES DE LA TARDE
Oración para recibir vigor y valentía a la hora de dar a conocer los Mensajes
Lléname ahora, Oh Señor, con el Don del Espíritu Santo para llevar Tu Santísima Palabra a los pecadores que debo ayudar a salvar en Tu nombre.
Ayúdame a cubrirlos, a través de mis oraciones, con Tu Preciosa Sangre, para que así ellos puedan ser atraídos a Tu Sagrado Corazón.
Dame el Don del Espíritu Santo para que así estas pobres almas puedan deleitarse en Tu Nuevo Paraíso.
Amén
Digan esta oración todos los días, después de recitar Mi Divina Misericordia y ustedes, por su lealtad a Mí, ayudarán a salvar a Mis hijos.
La oración de las tres dictada por Jesús a Santa Faustina Kowalska es la siguiente:
Expiraste, Jesús, pero Tu muerte hizo brotar un manantial de vida para las almas y el océano de Tu misericordia inundó todo el mundo. Oh, Fuente de Vida, insondable misericordia divina, anega el mundo entero derramando sobre nosotros hasta Tu última gota.
Oh, Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús, manantial de misericordia para nosotros, en Ti confío.
El Señor le dijo a Santa Faustina Kowalska lo siguiente:
Un látigo poderoso para usar contra las próximas amenazas (tormentas, terremotos,erupciones volcánicas, tsunamis, etc.) Dos casos aparecen en el Diario de Santa María Faustina que envuelven tormentas, #1731 y# 1791, y en ellos ella usa la Coronilla de la Divina Misericordia como un látigo poderoso:
“Hoy me despertó una gran tormenta, el viento estaba enfurecido y llovía como si hubiera un huracán, a cada rato caían rayos. Me puse a rogar que la tempestad no causara ningún daño; de repente oí estas palabras: Reza la coronilla que te he enseñado y la tempestad cesará. Enseguida he comenzado a rezar la coronilla y ni siquiera la he terminado cuando el temporal ha cesado y oí estas palabras: A través de ella obtendrás todo, si lo que pides está de acuerdo con mi voluntad.” (1731)
“Cuando se acercaba una gran tormenta me puse a rezar la coronilla. De repente oí la voz de un ángel: no puedo acercarme con la tempestad, porque el resplandor que sale de su boca me rechaza a mí y a la tormenta. Se quejaba el ángel con Dios. De súbito conocí lo mucho que habría de devastar con esa tempestad, pero conocí también que esa oración era agradable a Dios y lo potente que es la coronilla.” (1791)
Historia y más promesas:
En 1935, Santa Faustina recibió la visión de un ángel enviado por Dios para amenazar cierta ciudad. Ella comenzó a orar por misericordia, pero sus oraciones no tuvieron poder. De repente, vio a la Santísima Trinidad y sintió el poder de la gracia de Jesús en ella. Al mismo tiempo, se encontró a ella misma abogando a Dios por misericordia con palabras que escuchó interiormente. “Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero; por Su dolorosa pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.” (Diario, 476)
“Mientras ella continuó diciendo esta oración inspirada, el ángel se quedó sin ayuda y no pudo llevar a cabo el castigo merecido” (ver Diario, 474, 475)
Al día siguiente, mientras entraba a la capilla, escuchó de nuevo esta voz interior, instruyéndola cómo recitar la oración que Nuestro Señor más tarde llamaría “la Coronilla”. Desde ese momento, ella recitó esta forma de oración casi constantemente, ofreciéndola especialmente por los moribundos.
En posteriores revelaciones, el Señor hizo claro que la Coronilla no era sólo para ella, sino para todo el mundo. Él también atribuyó promesas extraordinarias a su recitación. “Anima a las almas a rezar la Coronilla que te he dado” (Diario, 1541) “Quienquiera que la rece recibirá gran misericordia a la hora de la muerte” (Diario, 687) “Cuando recen esta coronilla junto a los moribundos, Me pondré ante el Padre y el alma agonizante no como Juez justo sino como el Salvador Misericordioso.” (Diario, 1541) “Los sacerdotes se la recomendarán a los pecadores como la última tabla de salvación. Hasta el pecador mas empedernido, si reza esta coronilla una sola vez, recibirá la gracia de Mi misericordia infinita.” (Diario, 687) “A través de ella obtendrás todo, si lo que pides está de acuerdo con Mi voluntad” (Diario, 1731) “Deseo conceder gracias inimaginables a las almas que confían en Mi misericordia” (Diario 687)
En relación a los últimos tiempos»
«Prepararás al mundo para Mi última venida.» (Diario 429) «Habla al mundo de mi Misericordia… Es señal de los últimos tiempos. Después de ella vendrá el día de la justicia. Todavía queda tiempo para que recurran, pues, a la Fuente de Mi Misericordia.» (Diario 848) «Habla a las almas de esta gran misericordia Mía, porque está cercano el día de Mi justicia.» (Diario 965) «Estoy prolongándoles el tiempo de la misericordia, pero ay de ellos si no reconocen este tiempo de Mi visita.» (Diario 1160) Antes del Día de la justicia envío el día de la misericordia». (Diario 1588) «Quien no quiera pasar por la puerta de Mi misericordia, tiene que pasar por la puerta de Mi justicia». (Diario 1146)
Además de estas palabras de Nuestro Señor, la hermana Faustina nos da las palabras de la Madre de Misericordia, la Santísima Virgen María. «Tú debes hablar al mundo de Su gran misericordia y preparar al mundo para Su segunda venida. Él vendrá, no como un Salvador Misericordioso, sino como un Juez Justo. Oh qué terrible es ese día. Establecido está ya el día de la justicia, el día de la ira divina. Los ángeles tiemblan ante este día. Habla a las almas de esa gran misericordia, mientras sea aún el tiempo para conceder la misericordia.» (Diario 635)