jueves, 29 de octubre de 2026

Sagradas lecturas jueves 29..

 

Lecturas del Jueves de la XXX Semana del Tiempo Ordinario

Señor, purifica mi corazón para que tu Palabra caiga en él y dé el ciento por uno

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 6, 10-20

Buscad vuestra fuerza en el Señor y en su invencible poder.    Poneos las armas de Dios, para poder afrontar las asechanzas del diablo,  porque nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso sino contra los principados, contra las potestades,  contra los dominadores de este mundo de tinieblas, contra los espíritus malignos del aire.

Por eso, tomad las armas de Dios para poder resistir en el día malo y manteneros firmes después de haber superado todas las pruebas.

 Estad firmes; ceñid la cintura con la verdad, y revestid la coraza de la justicia; calzad los pies con la prontitud para el evangelio de la paz.    Embrazad el escudo de la fe, donde se apagarán las flechas incendiarias del maligno. Poneos el casco de la salvación y empuñad la espada del Espíritu que es la palabra de Dios.

Siempre en oración y súplica, orad en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con constancia, y suplicando por todos los santos.    Pedid también por mí, para que cuando abra mi boca, se me conceda el don de la palabra,  y anuncie con valentía el misterio del Evangelio,  del que soy embajador en cadenas, y tenga valor para hablar de él como debo.

Palabra de Dios

Salmo

Salmo 143, 1bcd. 2. 9-10 R/. ¡Bendito el Señor, mi alcázar!

Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea. R/.

Mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y refugio,
que me somete los pueblos. R/.

Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David, tu siervo, de la espada maligna. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 13, 31-35

En aquel día, se acercaron unos fariseos a decir a Jesús:
«Sal y marcha de aquí, porque Herodes quiere matarte».

Jesús les dijo:
«Id y decid a ese zorro: “Mira, yo arrojo demonios y realizo curaciones hoy y mañana, y al tercer día mi obra quedará consumada.    Pero es necesario que camine hoy y mañana y pasado, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén”.

¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían!

Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas, y no habéis querido.

Mirad, vuestra casa va a ser abandonada.

Os digo que no me veréis hasta el día en que digáis: “¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”».

Palabra del Señor

COMENTARIO DE BENEDICTO XVI

En estas frases se manifiesta ante todo el amor profundo de Jesús por Jerusalén, su lucha apasionada para lograr el “sí” de la Ciudad Santa al mensaje que Él ha de transmitir, y con el cual se pone en la gran línea de los mensajeros de Dios en la historia precedente de la salvación.

La imagen de la gallina protectora y preocupada proviene del Antiguo Testamento: Dios «encontró (a su pueblo) en tierra desierta… Y le envuelve, le sustenta, le cuida como a la niña de sus ojos. Como uno que vela por su nidada, revolotea sobre sus polluelos, así despliega él sus alas y le toma, lo lleva sobre sus plumas». Al lado de este texto puede ponerse la hermosa expresión del Salmo 36,8: «¡Qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios! Los hombres se acogen a la sombra de tus alas».
Jesús aplica aquí la bondad poderosa de Dios mismo a su propio obrar y a su intento de atraer a la gente. No obstante, esta bondad que protege a Jerusalén con las alas desplegadas se dirige al libre albedrío de los polluelos, y éstos la rechazan: “Pero no habéis querido”»

(Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, segunda parte, p. 13). 

Ejército Remanente 

martes, 27 de octubre de 2026

Humildad verdadera...

 

Armas espirituales de combate: ¿cómo adquirir humildad ?

Es Santa Teresa de Jesús quien nos da algunos consejos para poder ir creciendo en humildad y presenta tres formas de adquirir humildad:

Humildad verdadera

 ¿Cómo adquirir humildad?  ¿Cómo ser más humilde?

Es Santa Teresa de Jesús quien nos da algunos consejos para poder ir creciendo en humildad.  Ella trata esto en Camino de Perfección, y Fray Gabriel de Santa María Magdalena lo expone en una obra que complementa muy bien Intimidad Divina, titulada El Camino de la Oración,  basada en charlas que dio a las Carmelitas Descalzas de Roma entre 1945 y 1947.

Santa Teresa presenta tres formas de adquirir humildad:

1.      Huir de las mayorías (de la pre-eminencia,
es decir, de los primeros puestos de que nos habla el Señor):

Hay que evitar cualquier manera de anteponerse a los demás.

¿Por qué somos tan inclinados a preferirnos a los demás?  Porque en el fondo de nosotros mismos creemos que valemos más.

Al creer que somos más capaces, buscamos que nuestro deseo, nuestra idea, nuestro parecer, sea reconocido por bueno.  Y en vez de reservarlo, lo exponemos.  Y a veces lo exponemos hasta con arrogancia.

Esto es exactamente lo contrario a lo que hizo Jesús.  El que era la Luz Eterna, se opacó, se ocultó, no dejó traslucir su poder.  El no hizo alarde de su categoría de Dios, apareciendo como cualquiera de nosotros y rebajándose hasta la muerte, y muerte de cruz.  (Flp 2, 6-8)

En la práctica de la humildad hay que desear ser relegado a los últimos puestos (y no se trata del último puesto en la cola), sino del menos importante, menos necesario, menos apreciado, menos tomado en cuenta.  A esto se refería el Señor sobre los últimos puestos en los banquetes (cf. Lc 14, 7-11), pero se refiere a cualquier situación que en el diario vivir se pueda presentar.

Mientras esté vivo el amor propio, no estamos en humildad.  Así que si no mortificamos esa tendencia espontánea a la preeminencia (“mayorías” las llama Santa Teresa), no llegaremos a ser humildes.  Tampoco llegaremos a la unión con Dios, mientras persistamos en esta forma de orgullo.

Como la humildad se adquiere con el abajamiento, cuando nos asalte algún pensamiento de inclinación a la preeminencia, hay que combatirlo enseguida.  Orando, pidiendo ayuda.   Y meditando:   ¿qué hizo Jesús que era Dios?  ¿qué haría Jesús en mi lugar?

2.      Practicar la renuncia de nuestros pequeños derechos:

Enfatiza esto Santa Teresa:  huir de  “razón tuve”, “hiciéronme sinrazón”, “no tuvo razón quien esto hizo conmigo”.   No hay que pensar así, ¡mucho menos decirlo!

Es normal que uno se sienta ofendido.  No somos de piedra.  Pero que no pase de allí.  Si le damos curso a tales ideas y pensamientos, vamos mal.  Santa Teresa los llama “malas razones”.  Malas porque no estamos actuando con diligencia para adquirir humildad, no estamos siendo humildes.

El que no quiere llevar sino la cruz que cree merecida y rechaza las que considera injustas, ¿cómo va a progresar en la humildad?

Y la verdad es que ¿qué más podemos esperar de las relaciones interpersonales entre seres humanos imperfectos y pecadores?  ¿Cómo vamos a esperar siempre ser tratados con perfecta justicia?

En las relaciones inter-personales siempre podremos conseguir ocasiones para ceder nuestros legítimos derechos.  Prueba y verás…

Adicionalmente, podemos comprobar que la humildad es virtud que debe estar presente en cualquier relación interpersonal.

La primerísima relación es con Dios.  Luego con sus representantes en la tierra, desde el Papa hasta los Sacerdotes.   Pero también en la familia, con quienes trabajamos, sean superiores, pares o subalternos.  Tratar a todos como Cristo los trataría, como El quiere que los tratemos.

No se trata de pensar que no tenemos esos derechos.   Se trata de no exigirlos y no estar –como solemos estar- en permanente estado de alerta para defenderlos.  Se trata de dejarlos pasar, de no darnos por enterados, de evitar roces y conflictos por ello.

Porque suele suceder -¿no es cierto?- que uno podrá creer que tiene la razón, mientras el otro o los otros piensan que uno se equivoca.

Este “dejarlo pasar” nos va preparando para la tercera proposición de Santa Teresa:  “no excusarnos”, la cual veremos enseguida.

¿Queremos crecer en humildad?  ¿Queremos santificarnos?  Si es así, ese dejar pasar puede ofrecerse al Señor.  Entonces las cosas pequeñas del diario vivir se van convirtiendo en peldaños de humildad y santidad.

En el tejido de las relaciones humanas es cierto que hay derechos de unos y de otros.  Unas veces pueden herirnos o disgustarnos a nosotros.  Pero muchas veces nosotros podemos ser causa de dolor y desagrado de otros.

Si uno no se va olvidando de sus propios derechos y quiere estar defendiéndolos en todo momento, acabará por ser uno quien ofenda a los demás.

Pueda que nos sintamos agredidos, insultados, perseguidos y hasta calumniados con alguna humillación.  No somos de piedra, así que vamos a sentir la turbación y el dolor que causa la humillación.  Pero eso no significa que no podamos sufrir estas pruebas con verdadera humildad, sometiendo nuestros sentimientos a la razón y sacrificando nuestro amor propio por el amor de Dios.  Todo esto con miras a crecer en humildad.

Si me siendo agredido por alguna palabra ofensiva que se me ha dicho, o por alguna descortesía, ¿de dónde proviene el sentimiento de dolor, de perturbación?  No viene sino de mi orgullo.  Si fuera verdaderamente humilde, no me quitarían la paz, ni la calma, sino que quedaría tranquilo.  ¿Cómo es posible permanecer impasible ante una injusticia y un ataque inmerecido?  Por la promesa de Jesús:  “Aprendan de Mí que soy manso y humilde de corazón, y sus almas encontrarán descanso”.  (Mt 11, 29)

Y si no sucede así, tenemos que preguntarnos:  ¿Por qué te afliges, alma mía, por qué te quejas? Espera en Dios, que aún he de alabarlo, salud de mi rostro, Dios mío. (Sal 42, 12)

Y cuando pensamos en los derechos de Jesús que El no defendió, rebajándose hasta lo indecible, ¿qué son las pequeñas cosas que tenemos que obviar para renunciar a nuestros derechos?  “Completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo” (Col 1, 24).

Y cuando se nos acuse sin merecerlo, podemos pensar cuántas cosas buenas recibimos del Señor sin tampoco merecerlas.

3.      Aceptar las humillaciones – No excusarse:

La humildad no llega a afianzarse de verdad en el alma, sino cuando Dios la afianza.  Y ¿cómo la afianza?  Por medio de humillaciones.  Así de simple, así de arduo:  simple para decirlo y arduo para soportarlo, pero no imposible.

Esta actitud de aceptación de las humillaciones está respaldada por aquéllas palabras de Jesús:  todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado (Lc 14, 11).

La humillación es cosa difícil de aceptar.  “Comida dura y amarga para el alma, pero sumamente nutritiva”, dice Santa Teresa.  Así que si de veras queremos humildad, aceptemos y –más aún- amemos las humillaciones, aunque nos sean muy duras.

Podemos buscar nosotros mismos algún tipo de humillación.  Según el autor de la Imitación de Cristo, sería muy provechoso para nosotros y para nuestra humildad, por ejemplo, que otras personas conozcan nuestras faltas y puedan reprochárnoslas.

Sin embargo, hay que tener cuidado, porque las humillaciones que nos buscamos nosotros mismos pueden ser peligrosas, ya que la vanidad nos las puede presentar como práctica de humildad y podrían ser todo lo contrario:  más alimento para la vanidad.

Así que preferible es pedirlas al Señor y aceptarlas cuando vengan, que vendrán.  El Señor no nos dejará vacíos de humillaciones, si de veras se las pedimos para progresar en humildad.

Y cuando vengan,  en vez de huir de las humillaciones, hay que aceptarlas y abrazarlas.  Es que convienen mucho a nuestra vida espiritual.

Un ejercicio espiritual altamente provechoso es éste de aceptar las humillaciones que nos vienen de fuera. Esas humillaciones tienden a rebajar nuestra vanidad y amor propio, porque al sacrificar algo tan preciado, como son nuestros legítimos derechos, aceptando ciertas humillaciones, podemos ir creciendo en humildad.

Y esas humillaciones involuntarias que nos envía la Providencia Divina, y que podemos soportar con paciencia,  sí que nos santifican.

Así nos aconseja el Espíritu Santo en la Sagrada Escritura:  Todo lo que te sobrevenga, acéptalo, y en los reveses de tu humillación sé paciente. Porque en el fuego se purifica el oro, y los aceptos a Dios (se purifican) en el horno de la humillación. (Sir 2, 4-5)

Dice Santa Teresa que es bueno “verse condenar sin culpa”.  Esto es una maravillosa práctica de humildad “que trae consigo grandes ganancias”.

Como la humildad no se consigue sino con la humillación, Santa Teresa considera de gran bien ser culpados aún en cosas graves e importantes y ser condenados injustamente.

Santa Teresa observa que a veces nos acusan de cosas falsas sin que haya razón.  Pero ¿cuántas veces a pesar de haber faltado nadie nos dice nada?   Una cosa por la otra, especie de justicia compensatoria muy ingeniosa.

Y otra observación ingeniosa de la Santa:  preferible es ser condenados de faltas que no hemos cometido, a ser condenados de faltas realmente cometidas.

Y cuando el Señor lo considera oportuno, El sale en defensa de las personas que no se excusan.  Recordemos cuando en el episodio con Marta y María, ésta no tuvo que defenderse, porque Jesús lo hizo por ella.

San Bernardo distingue entre ser humillado y ser humilde.

Es que no es la humillación misma lo que hace crecer en humildad, sino el acto interior por medio del cual esa humillación es aceptada como una manera de imitar a Cristo humilde.

Se está siendo humilde, entonces, cuando se convierten las humillaciones en humildad, cuando interiormente se piensa:  “es bueno para mí que me hayas humillado, Señor”.

HAY EXCEPCIONES:  

No hay que caer en extremos.  La misma Santa Teresa advierte que hay casos en que es necesario disculparse.  Pueda ser que por caridad haya que justificarse.  Habría que hacerlo cuando callar sería causa de disgustos o de escándalo, o ser causa de algún perjuicio a terceras personas.  Por ejemplo, si otra persona pudiera ser movida a la ira, o sufrir por eso, o ser motivo de escándalo, esas consideraciones nos exigirían disculparnos.

Si aceptar una humillación sin excusarse, afectara a terceros, hay que optar por la excusa.  Pero hay que cuidar que cuando hubiera que justificarse, debe hacerse con sobriedad y caritativamente, para no perder el beneficio de la humillación.

Primera excepción:   debe responderse si la acusación no sólo afecta personalmente, sino que también involucra a terceros, y el no excusarse les causaría daño a éstos.  

Segunda excepción: debe responderse si es evidente que la persona que causa el conflicto o el daño queda afectada espiritualmente y el responder la ayuda a ubicar su error.

Tercera excepción:  casos conyugales y familiares hay que analizarlos individualmente, dado que las relaciones más cercanas y permanentes son, como sabemos por experiencia, bastante complicadas.

En todos los casos hay que pedir la luz del Espíritu Santo, para reaccionar y responder como Dios desea, y siempre en forma sobria y caritativa.

Buena Nueva

domingo, 25 de octubre de 2026

El Amor verdadero...

 

                    SEÑOR JESÚS.  

            En medio de las tareas de hoy —la ocupaciones , la casa y las prisas—, ayúdame a amarte con todo lo que soy: con mi corazón cansado, mi mente distraída y mis fuerzas limitadas. Que no te ame solo en palabras ni en esos ratos sueltos, sino en lo concreto de cada momento.    

Dóname un corazón atento para amar al prójimo que tengo cerca: el de mi casa, el del trabajo, el que me incomoda. Que hoy mi manera de tratarlos sea mi forma de amarte.

                     AMÉN 🙏🏼  

Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu... Amarás a tu prójimo como a ti mismo >>. Mt 22, 34 – 40*

¡Oh Señor! A pesar de que con amor infinito me creaste y me diste la vida, la soberbia insiste en que debo negarte. Y a pesar de eso, como me amaste primero, te muestras vivo y presente en cada uno de mis prójimos, pero el egoísmo me ciega para que en ellos no te encuentre.

Señor, enséñame a amarte como Tú me amas, con todo el corazón, el alma y las fuerzas, para amar también lo que Tú amas.

Contigo en oración  🙏🏼

jueves, 15 de octubre de 2026

Santa Teresa de Avila...

 

10 grandes aportaciones espirituales de Santa Teresa de Jesús a la Iglesia y al camino de santidad

El padre Ed Broom rinde homenaje a Santa Teresa de Jesús destacando diez de sus grandes contribuciones a la Iglesia y a todo católico como un modelo de santidad.

El 15 de octubre la Iglesia celebra la fiesta de una de las grandes santas de la Iglesia y también de España de la que es copatrona, junto a Santiago Apóstol. Se trata de Santa Teresa de Ávila, reformadora del Carmelo, mística y autora de grandes tratados de espiritualidad.

Apenas 15 días separan su fiesta de la de otra gran santa religiosa, Santa Teresita de Lisieux, también carmelita. ¿Qué tienen en común ambas además de ser mujeres santas y religiosas? Las dos son Doctoras de la Iglesia, honor que comparten sólo otras dos mujeres, Santa Catalina de Siena y Santa Hildegarda de Bingen.

Las dos Teresas fueron grandes contemplativas, y sobre todo grandes amantes de Cristo… y ambas tienen mucho que enseñar al pueblo de Dios y al mundo entero.

El padre Ed Broom, oblato de María Inmaculada y autor prolífico de temas devocionales y de evangelización, rinde homenaje a Santa Teresa de Jesús en Catholic Exchange destacando diez de sus grandes contribuciones a la Iglesia y a todo católico como un modelo de santidad.

1. Oración

Una de las señas de identidad clave de las alturas espirituales de Santa Teresa de Ávila es la importancia de la oración. Una de las lecciones que nos deja es precisamente la perseverancia en la oración. «Debemos tener la determinación decidida de nunca dejar de orar”, dijo la santa española.

Jesús enseñó esta verdad de suma importancia en la parábola de la insistente viuda y el juez. Esta viuda, debido a su obstinada y tenaz insistencia, finalmente ganó la ayuda de este juez de corazón frío. (Lucas 18: 1-8). Santa Teresa insiste en que nunca hay que rendirse en la oración. Una analogía: lo que el aire es para los pulmones, también lo es la oración para el alma. Los pulmones sanos necesitan aire puro y constante; el alma sana debe respirar constantemente a través de la oración: ¡el oxígeno del alma!

2. Definición de oración

Santo Tomás de Aquino ofrece un consejo sencillo pero muy sólido: define el tema antes de empezar a hablar de él. Al hacer esto se puede evitar mucha confusión. Santa Teresa de Jesús da una de las mejores definiciones clásicas de oración en la historia del catolicismo. «La oración no es más que pasar mucho tiempo a solas con la persona que sé que me ama». “¿Un breve resumen? ¡Dos amigos se aman! Jesús mismo llamó amigos a los apóstoles, ¡así que tú estás llamado a ser amigo de Jesús!”, explica el padre Broom.

Santa Teresa de Ávila

3. Amor por Jesús

Santa Teresa ofrece una pista para el crecimiento de la oración. Esta doctora de la Iglesia dijo que encontró muchas gracias meditando sobre la humanidad de Jesús. Pasar tiempo con Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre y entablar un coloquio con Él es un camino seguro para crecer en la oración. “¡Inténtalo!”, pide este sacerdote oblato.

San Ignacio de Loyola, en los Ejercicios Espirituales, insiste en pedir esta gracia: “Conocimiento íntimo de Jesús para que lo amemos más ardientemente y lo sigamos más de cerca”.

4. Amor por Jesús en sus sufrimientos

Parece ser un denominador común en muchos santos —la llamada a contemplar el amor de Jesús a través de su dolorosa Pasión— Padre Pío, Santa Catalina de Siena, Santa Faustina y Teresa de Ávila. Teresa tuvo una experiencia mística del Ecce Homo. Ella vio a Jesús con Su Cabeza coronada y esto la movió a un mayor amor por Jesús.

5. Espíritu Santo: el divino maestro en oración

En una ocasión la santa estaba realmente luchando con la oración y habló con un sacerdote jesuita para pedirle consejo sobre cómo superar su lucha. Su consejo fue simple y directo, ¡pero cambió su vida! El sacerdote insistió en rezar al Espíritu Santo. A partir de ese momento, siguiendo este gran consejo de confiar en el Espíritu Santo, la vida de oración de Teresa mejoró notablemente.

San Pablo a los Romanos reitera el mismo punto:  “De la misma manera, también el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad; porque no sabemos orar como conviene, pero el Espíritu mismo intercede con gemidos inefables ”. (Romanos 8:26). Por ello, el religioso oblato aconseja dejarse guiar por el mejor de todos los maestros, el Maestro Interior de la oración, el Espíritu Santo.

6. Dirección espiritual

Para lograr un crecimiento constante en la vida espiritual hay que tener alguna forma de dirección espiritual. Todo el mundo puede experimentar la ceguera espiritual. El diablo puede disfrazarse o camuflarse como ángel de luz. Y cuanto más alto se escala en la vida espiritual más sutiles son las tácticas y las seducciones del diablo, “que nos busca como un león rugiente listo para devorarnos” (I Pedro 5: 8-9).

Santa Teresa y San Juan de la Cruz
Junto a San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús emprendió la reforma del Carmelo

Durante el transcurso de su vida, Santa Teresa de Ávila recurrió a varios directores espirituales y algunos de ellos son ahora santos canonizados: San Juan de la Cruz (carmelita), San Francisco de Borja (jesuita), San Pedro de Alcántara (franciscano), y, finalmente, Jerónimo Gracián, un conocido erudito y teólogo dominico. “Es cierto que todos no podemos tener tres santos canonizados y un brillante teólogo dominico para guiarnos, pero todos podemos y debemos encontrar alguna forma de dirección espiritual periódica”, afirma Ed Broom.

7. Conversión y reforma

Un hito importante en la vida de Santa Teresa de Ávila fue todo el concepto de conversión o reforma. Con San Juan de la Cruz ella fue el principal instrumento que Dios eligió para reformar la Orden Carmelita. Sin embargo, Teresa era muy consciente de esta verdad: para convertir a los demás se debe comenzar por uno mismo, ¡en esto trabajó durante todo el curso de su vida en la tierra!

8. Obras maestras espirituales: sus escritos

Sin duda una de las mayores contribuciones a la Iglesia y al mundo en general son los escritos u obras maestras espirituales de Santa Teresa de Ávila. Uno de sus temas básicos es el de la importancia de la oración y el esfuerzo por profundizar cada vez más en la oración hasta llegar a la Unión Mística con Jesús.

Cualquiera que se tome en serio su vida de oración debería conocer los escritos de Teresa y dedicar algún tiempo a leer algunos de ellos. ¿Cuáles son sus clásicos? Aquí están: Vida de la Madre Teresa de Jesús, Camino de la Perfección, Las moradas del Castillo Interior o Fundaciones, Además de estos textos también escribió muchas cartas inspiradoras. “¿Quieres convertirte en santo? ¡Lee y bebe de los escritos de los santos, especialmente de los Doctores de la Iglesia!”, recomienda el padre Broom.

9. La cruz como puente al cielo

Jesús dijo: «Cualquiera que quiera ser mi seguidor debe negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme».  Otro denominador común en la vida de los santos es la realidad de la cruz. San Luis Grignion de Montfort bendeciría así a sus amigos: «¡Que Dios los bendiga y les dé muchas cruces pequeñas!»

Santa Teresa vivió con un amigo constante: la cruz de Jesús. Su salud siempre fue muy frágil; casi muere cuando era muy joven. Además, para que Santa Teresa de Ávila llevara a cabo la Reforma del Carmelo sufrió constantes ataques y persecuciones por parte de muchas monjas del convento que preferían un estilo de vida más cómodo, de sacerdotes (carmelitas) y de otros eclesiásticos. En lugar de desanimarse confiaba aún más en el Señor con gozo.

10. Nuestra Señora y San José

Durante el transcurso de su vida religiosa, Santa Teresa de Ávila amó a la Santísima Virgen María, como es común en la vida de los santos. El título de su devoción mariana específica era Nuestra Señora del Monte Carmelo. Una forma de mostrar este amor a la Virgen es llevar el Escapulario del Carmen..

Además, Santa Teresa de Ávila cultivó un amor tierno y filial por San José. Atribuyó su recuperación de una enfermedad que casi acaba con su vida a la poderosa intercesión de San José. Además, a  cada nuevo convento que ella estableció le dio el nombre de  San José.

“Que la gran mujer Doctora de la Iglesia, Doctora en oración, Santa Teresa de Ávila, sea una inspiración constante para ti en tu propia peregrinación espiritual al cielo. ¡Que ella os anime a orar más y con mayor profundidad, a llegar a una conversión más profunda de corazón, y finalmente amar a Jesús en el centro y manantial mismo de vuestra vida!”, exhorta el padre Ed Broom.

Película Santa Teresa de Jesus:

https://gloria.tv/post/3aPc6hydewk83YDc6ubVm1ekZ

Ejército Remanente...