viernes, 19 de junio de 2026

Sagradas lecturas Viernes 19...

 Lecturas del Viernes de la XI Semana del Tiempo Ordinario

Hoy, viernes, 19 de junio...

Señor, purifica mi corazón para que tu Palabra caiga en él y de el ciento por uno

Primera Lectura

2 Re 11, 1-4. 9-18. 20.

Ungieron y gritaron: «¡Viva el rey!».

Lectura del segundo libro de los Reyes.   

EN aquellos días, cuando la madre del rey Ocozías, Atalía, vio que su hijo había muerto, se dispuso a eliminar a toda la estirpe real. Pero Josebá, hija del rey Jorán y hermana de Ocozías, tomó a Joás, hijo de Ocozías, de entre los hijos del rey que estaban siendo asesinados, lo escondió y lo instaló, a él y a su nodriza, en su dormitorio, manteniéndolo oculto a la vista de Atalía y así no lo mataron. Estuvo seis años con ella, escondido en el templo del Señor, mientras Atalía reinaba en el país.
El séptimo año, el sacerdote Yehoyadá mandó buscar a los centuriones de los carios y de los guardias y los condujo junto a sí al templo del Señor para establecer un pacto con ellos y hacerles prestar juramento. Luego les presentó al hijo del rey.
Los centuriones cumplieron cuanto Yehoyadá les ordenó. Cada uno tomó sus hombres, los que entraban y los que salían de servicio el sábado, y se presentaron ante el sacerdote. Yehoyadá entregó a los centuriones las lanzas y escudos del rey David que había depositados en el templo del Señor.
Los guardias se apostaron, arma en mano, desde el extremo sur hasta el extremo norte del templo, ante el altar y el templo, en torno al rey, por un lado y por otro.
El sacerdote hizo salir al hijo del monarca y le impuso la diadema y las insignias reales. Luego lo proclamaron rey y lo ungieron. Aplaudieron y gritaron:
    «¡Viva el rey!».
Cuando Atalía oyó el griterío de los guardias y del pueblo, se fue hacia la muchedumbre que se hallaba en el templo del Señor. Miró y vio al rey de pie junto a la columna, según la costumbre: los jefes con sus trompetas con él, y a todo el pueblo de la tierra en júbilo, tocando sus instrumentos.
Atalía rasgó entonces sus vestiduras y gritó:
    «¡Traición!, ¡traición!».
Entonces el sacerdote Yehoyadá dio orden a los jefes de las tropas:
    «Hacedla salir de entre las filas. Quien la siga será pasado a espada» (pues el sacerdote pensaba: «No debe ser ejecutada en el templo del Señor»).
Le abrieron paso y, cuando entró en el palacio real por la puerta de los Caballos, fue ejecutada.
Luego Yehoyadá hizo una alianza entre el Señor, el rey y el pueblo, por la que el pueblo se convertía en pueblo del Señor; hizo también una alianza entre el rey y el pueblo.
Y todo el pueblo de la tierra acudió al templo de Baal para derribarlo. Hicieron pedazos sus altares e imágenes, y ejecutaron a Matán, sacerdote de Baal, frente a los altares.
El sacerdote puso entonces centinelas en el templo del Señor. Todo el pueblo de la tierra exultaba de júbilo y la ciudad quedó tranquila: Atalía ya había muerto a espada en palacio.

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

Sal 131.

R/. El Señor ha elegido Sión, para vivir en ella.

El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
«A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono».   R/.

«Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu trono».   R/.

«Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema».   R/.

Aleluya, aleluya, aleluya.
Bienaventurados los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Aleluya, aleluya, aleluya.

Evangelio

Mt 6, 19-23.

Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No atesoréis para vosotros tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen y donde los ladrones abren boquetes y los roban. Haceos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que los roen, ni ladrones que abren boquetes y roban. Porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón.
La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; pero si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Si, pues, la luz que hay en ti está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!».

Palabra del Señor

COMENTARIO POR BENEDICTO XVI

Evangelio no es solamente una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación que comporta hechos y cambia la vida. La puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par. Quien tiene esperanza vive de otra manera; se le ha dado una «vida nueva». Abraham se adentra con corazón confiado en la esperanza que Dios le abre: la promesa de una tierra y de una «descendencia numerosa», y sale «sin saber a dónde iba», confiando sólo en Dios. Y Jesús en el Evangelio de hoy —mediante tres parábolas- ilustra cómo la espera del cumplimiento de la «bienaventurada esperanza», su venida, debe impulsar todavía más a una vida intensa, llena de obras buenas: «Vended vuestros bienes y dad limosna. Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni la polilla». Se trata de una invitación a usar las cosas sin egoísmo, sin sed de posesión o de dominio, sino según la lógica de Dios, la lógica de la atención a los demás, la lógica del amor: como escribe sintéticamente Romano Guardini, «en la forma de una relación: a partir de Dios, con vistas a Dios» 

Benedicto XVI, 8 de agosto de 2010.

Ejército Remanente...

martes, 16 de junio de 2026

Sagradas lecturas martes 16...

Martes, 16 deJunio

Señor, purifica mi corazón para que tu Palabra caiga en él y dé el ciento por uno


Lecturas del Martes de la XI Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

1 Re 21, 17-29.

Has hecho pecar a Israel.

Lectura del primer libro de los Reyes.

DESPUÉS que hubo muerto Nabot, la palabra del Señor llegó a Elías tesbita para decirle:
    «Levántate, baja al encuentro de Ajab, rey de Israel, que está en Samaría. Ahora se encuentra en la viña de Nabot, adonde ha bajado para tomar posesión de ella. Le hablarás diciendo: “Así habla el Señor: ‘¿Has asesinado y pretendes tomar posesión?’ Por esto, así habla el Señor: ‘En el mismo lugar donde los perros han lamido la sangre de Nabot, lamerán los perros también tu propia sangre’”».
Entonces Ajab se dirigió a Elías diciendo:
    «Así que has dado conmigo, enemigo mío».
Respondió Elías:
    «He dado contigo. Así, por haberte vendido, haciendo el mal a los ojos del Señor, yo mismo voy a traer sobre ti el desastre. Barreré tu descendencia y exterminaré en Israel a todos los varones de la familia de Ajab, del primero al último. Dispondré de tu casa como de la de Jeroboán, hijo de Nebat, y de la de Baasá, hijo de Ajías, por la irritación que me has producido y por haber hecho pecar a Israel. También contra Jezabel ha hablado el Señor diciendo: «Los perros devorarán a Jezabel en el campo de Yezrael”, y los perros devorarán a los de Ajab que mueran en la ciudad y las aves del cielo a los que mueran en el campo».
No hubo otro como Ajab que, instigado por su mujer Jezabel, se vendiera para hacer el mal a los ojos del Señor. Actuó del modo más abominable, yendo tras los ídolos, procediendo en todo como los amorreos a quienes el Señor había expulsado frente a los hijos de Israel.
Ajab, al oír estas palabras, rasgó sus vestiduras, se echó un sayal sobre el cuerpo y ayunó. Con el sayal puesto se acostaba y andaba pesadamente.
Llegó a Elías tesbita la palabra del Señor:
    «Has visto cómo se ha humillado Ajab ante mí? No traeré el mal en los días de su vida, por haberse humillado ante mí, sino en vida de su hijo».

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

Sal 50.

R/. Misericordia, Señor, hemos pecado.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.   R/.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado.
Contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad en tu presencia.   R/.

Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.
Líbrame de la sangre, oh, Dios,
Dios, Salvador mío,
y cantará mi lengua tu justicia. R/.

Aleluya, aleluya, aleluya.
Os doy un mandamiento nuevo —dice el Señor—:
que os améis unos a otros, como yo os he amado. 
Aleluya, aleluya, aleluya.

Evangelio

Mt 5, 43-48.

Amad a vuestros enemigos.

✠ Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«¿Habéis oído que se dijo: “‘Amarás a tu prójimo’ y aborrecerás a tu enemigo”. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».

Palabra del Señor

COMENTARIO DE BENEDICTO XVI

«Sed perfectos» había dicho el Maestro a sus discípulos; y ahora el Apóstol exhorta a vivir según esta alta medida de la vida cristiana que es la santidad. Puede hacerlo porque los hermanos a los que se dirige son «elegidos de Dios, santos y amados». También aquí, en la base de todo está la gracia de Dios, está el don de la llamada, el misterio del encuentro con Jesús vivo. Pero esta gracia exige la respuesta de los bautizados: requiere el compromiso de revestirse de los sentimientos de Cristo: compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, magnanimidad, perdón recíproco y, sobre todo, como síntesis y coronamiento, el ágape, el amor que Dios nos ha donado mediante Jesús y que el Espíritu Santo ha derramado en nuestro corazón. Y para revestirse de Cristo es necesario que su Palabra habite entre nosotros y en nosotros con toda su riqueza, y en abundancia. En un clima de constante acción de gracias, la comunidad cristiana se alimenta de la Palabra y eleva hacia Dios, como canto de alabanza, la Palabra que él mismo nos ha donado. 

(Benedicto XVI, 10 de marzo de 2012). 

Ejército Remanente...

domingo, 14 de junio de 2026

El protagonismo...

 

El vicio del protagonismo

El aplauso del mundo y la voz del tentador: dos rostros del protagonismo que amenazan el alma cristiana.

Por Magíster Yousef Altaji Narbón

Oscar Wilde enuncia la siguiente frase, por la cual ejemplifica el lugubre pensamiento de hoy en breves palabras: “Hay solamente una cosa en el mundo peor que hablen de ti, y es que no hablen de ti.” Pauperrima, nefasta y terrible manera de concebir nuestra aspiración en esta vida. Protagonismo: este concepto propagado por todas partes sin que uno se dé cuenta es un mal actual que ataca en particular, dentro del seno de la Santa Iglesia, a los laicos zarandeados con los afanes del mundo. Wilde evoca la  necesidad del protagonismo como meta general de vida, plantea que si no eres protagonista ante la sociedad, significa que es el castigo supremo que puede vivir una persona. Es agobiante la necedad del mundo que insiste con esta temática que solo provoca angustia en el católico piadoso de tener que ser alguien importante para poder significar algo ante las masas impias. El enfoque que se ha de contemplar a continuación no es particularmente del protagonismo en los diversos entornos de la vida cotidiana, sino de conocer la gravedad de este vicio cuando ingresa a nuestra alma y cómo termina destruyendo el apostolado en conjunto con las convicciones necesarias para dar el verdadero combate cristiano.

Ante el protagonismo, lo primero que se puede observar es la rapidez con la que se transforma en un vicio. El Catecismo Mayor de Papa San Pío X define el vicio como: “una mala disposición del ánimo a huir el bien y hacer el mal, causada por la frecuente repetición de los actos malos.” El momento que uno saborea el protagonismo, por nuestra concupiscencia y facilidad de optar por el mal, se convierte en algo que uno no quiere soltar; ergo, se convierte en un vicio. Esto empata bien con la soberbia que yace en nuestra alma por el pecado original, la alimenta para que siga creciendo. La dopamina que engendra es gasolina que nos hace ciegos a los consejos de los santos de apartarnos por completo de aquellas cosas que provocan en nosotros el incendio de nuestras pasiones y malas inclinaciones. Es como una droga que, una vez que se obtiene el aplauso de la gente o, inclusive, solo el buen comentario de una o dos personas, es suficiente para empezar a provocar la adicción al reconocimiento y de ser alguienEn suma, no es algo de una sola vez, sino actos repetidos fomentados por el respectivo entorno eclesial donde nos desarrollamos con el fin de vendernos una ilusión de nuestra importancia indispensable para la labor que ejercemos.

Lo otro que se puede señalar sobre este vicio funesto es su utilidad terrible como artificio del demonio para seducirnos hacia un camino que corroe hasta el fondo de nuestra alma. Con gran facilidad entra el engaño del maligno por medio del protagonismo por la sencilla razón de que nos hace creer que somos más de lo que en realidad somos. Las calamidades y desolación que plagan la cotidianidad secular pueden hacernos sentir solos, sin algún rumbo en específico. Cada vez hay menos personas que llegan a la grandeza en el mundo, así que hay varios que tornan a la Iglesia porque la ven como un escenario fértil para cultivar el culto a la personalidad. Viendo esto, seduce la serpiente perversa al alma piadosa con delirios de grandeza en su entorno eclesial, hacerle pensar que puede crear su nombre ante las personas que estima en la jerarquía de la Iglesia, ponderar la posibilidad de ser tomado como una referencia para la edificación de todos. ¡Oh! ¡Engaños y más engaños! Se puede disfrazar con sutileza esta tentación del protagonismo por medio de las buenas intenciones que simulan las personas que proponen posibilidades magníficas ante nuestros ojos con apostolados gigantes, empresas loables o trabajos apostólicos que -como ellos dicen- “no tienen nada de malo ya que es con un fin bueno”.

Las consecuencias brutales de este vicio son tantas que se pueden resumir en la autodestrucción del apostolado y del buen combate que tenemos la obligación de llevar. Este protagonismo evita que uno pueda salir de un ambiente eclesial contaminado por la desviación doctrinal y espiritual, ya que se hacen disponibles muchas formas de poder sobresalir dentro de la comunidad; hace que la persona se encasille en una función que aparenta enorme potencial para que de esa forma quede encerrada en la celda de su orgullo, menoscabando la causa de Dios. Si no hay un espacio disponible, pues se le crea uno, inventando espacios para que cada persona conforme a sus gustos pueda ostentar el título no oficial de hacer X o Y dentro de la parroquia. De esta manera se ata a la persona a su responsabilidad u oficio, obviando los problemas de fondo que se manifiestan por doquier y que pululan su entorno, poco a poco carcomiendo la vida espiritual del afectado hasta el fin ruinoso de convertirlo en partidario del error. El afán de querer mostrar los talentos, habilidades o destrezas de uno dentro de su parroquia (para seguir con la misma figura) es propio del protagonismo. No se puede no ser alguien o no hacer algo dentro de la estructura eclesial, esto no es compatible con lo que se vende. El momento en que uno queda atado a estos ambientes, uno es influenciado por la contaminación doctrinal avasallante; hacerse el inmune a esto es solamente una ilusión temporal; cae en el ejemplo directo del sindrome de la rana hirviendo, aceptando o haciendo caso omiso del mal crítico para evitar perder su lugar en todo.

En vez de clamar con la verdad por de frente, lo que ocasiona el protagonismo es el silencio cómplice a cambio de un puestito en medio de las actividades o ministerios disponibles. Devasta el deber de luchar contra el mal porque en el momento en que uno decide abrir la boca para si acaso cuestionar lo que sucede, de inmediato toma acción el Sanedrín Parroquial que termina misericordiando a quien evocó su duda o disconformidad. Vuelve a ser un nadie, pero justo eso es algo que el hombre moderno no soporta. Siente la necesidad de formar parte del grupo de personas que arreglan las flores, organizan el consejo parroquial, cantan en el coro, son los encargados de la sacristía, entre otra amplitud de encargos que otorgan el sello de buen feligrés a quien participa en esto. Lo único que pide como pago este protagonismo es el silencio ante un mar de elementos que componen la parroquia moderna que atentan contra el magisterio perenne de la Iglesia, y si no te gusta, pues por lo menos guarda tus comentarios para ti mismo, provocando el torbellino de argumentos internos y el debate moral, que devora la conciencia paulatinamente.

Es aterrador contar el número de personas bien intencionadas que han caído presa de este protagonismo que se ofrece tácitamente por todas partes. Lo peor del caso es el hecho de que las personas no se dan cuenta de que han caído en dicho vicio, sino que lo ven como normal o como una oportunidad que Dios ha puesto en su camino. Les cuesta rendir su lugar adquirido como miembros del coro, consejero del sacerdote, o laico de referencia, por lo bien que se siente estar en el escenario como un personaje principal en una obra de teatro. En resumen, el protagonismo desarma a las personas, las seda con un opio de complacencia en su ambiente contaminado, provoca ser cómplice de la debacle moderna, y conlleva al triste final de abandonar las pretensiones de luchar por la verdad cueste lo que cueste.

La contraposición católica:

Para saltarnos las trampas y seducciones plantadas por nuestro enemigo mortal, hay una solución simple que se puede aplicar en cualquier circunstancia. Un beato fraile de la orden capuchina llamado Fray Innocenzo da Berzo nos reveló la clave en una sola frase compuesta por el mismo que dice: “Haz el bien y desaparece” . No hay nada más que agregar a una premisa inspiradora como la del Beato Innocenzo. Justo a eso estamos llamados, a desaparecer para que Cristo con su verdad pueda brillar. El acto de intercambiar el ánimo de lucha con los principios que sabemos que son ciertos para ser suplantados por los aplausos o felicitaciones de un grupo reducido es ser víctima de un engaño atroz que sólo busca neutralizar a la mayor cantidad de personas posible.

Puede salir a relucir una objeción que acusa este artículo de disuadir de hacer apostolado, lo cual sería rotundamente falso y una falacia grave. Aquí no se está disuadiendo de hacer e iniciar apostolado, aquí se está advirtiendo de una desviación gravísima proliferada en todas partes como una trampa mortal para el desarrollo del apostolado. Cuando el protagonismo entra a nuestra alma, los apostolados que llevamos se vuelven sobre nosotros, nuestra ganancia, nuestro desempeño, nuestras metas, nuestra imagen y todo lo que tenga que ver con el yo. Uno puede empezar o participar de un apostolado sin ningún problema; es más, hay que hacer apostolado para salvar a las almas. El problema radica cuando el hombre se cree superior y antepone sus gustos a la verdad pura; el momento que uno dice  a una ritmo de vida cristiana pacifista y blando dentro de un ambiente construido para favorecer al hombre revolucionario, uno ha caido en la artimaña mortifera que en escasas ocasiones hay marcha atrás.

Las enseñanzas de San Bernardo de Claraval sobre la humildad son iluminadoras para poder comprender la amenaza patente del protagonismo. En una sección vemos que el gran santo dice:

«La soberbia de la mente es esa viga enorme y gruesa en el ojo, que por su cariz de enormidad vana e hinchada, no real ni sólida, oscurece el ojo de la mente y oscurece la verdad. Si llega a acaparar tu mente, ya no podrás verte ni sentir de ti tal como eres o puedes ser; sino tal como te quieres, tal como piensas que eres o tal como esperas llegar a ser. ¿Qué otra cosa es la soberbia sino, como la define un santo, el amor del propio prestigio? Moviéndonos en el polo opuesto, podemos afirmar que la humildad es el desprecio del propio prestigio.”

Infovaticana.

viernes, 12 de junio de 2026

El triunfo eterno de Jesucristo en la Cru


In Hoc Signo Vinces

Con este Signo Vencerás

En este momento nos hacemos una pregunta: ¿cómo tienen obligación de presentar la obra de la Cruz los enemigos de Dios, infiltrados dentro de la Iglesia Católica?

El triunfo eterno de Jesucristo en la Cruz es un hecho consumado.
Así lo confirma la Sagrada Escritura cuando dice:
«Ha triunfado el León de la tribu de Judá, el retoño de David» (Ap 5, 5)

La Victoria de Jesucristo en la Cruz es eterna, definitiva e incuestionable, aunque su aplicación está aún en curso.

Nos unimos a aquellas palabras de San Pablo en la Sagrada Escritura:
«¡Gracias sean dadas a Dios, que nos lleva siempre en su triunfo, en Cristo, y por nuestro medio difunde en todas partes el olor de su conocimiento!»
(2 Cor 2, 14-15)

En este momento, en el que hay una gran infiltración masónica en el seno de la Iglesia Católica, debemos aspirar a este discernimiento de espíritus y pedir al Espíritu Santo, el Espíritu de la Verdad, que nos capacite para descubrir todo tipo de mentira y engaño:
«Pedid y se os dará»

Está en juego la salvación de muchas almas que corren el riesgo de ser arrastradas por el engaño y la mentira que predican los falsos apóstoles.

En este momento nos hacemos una pregunta:

¿cómo tienen obligación de presentar la obra de la Cruz los enemigos de Dios, infiltrados dentro de la Iglesia Católica?:

Lógicamente todos los afiliados a la masonería tienen la obligación de obedecer las órdenes que se les dicta desde la secta.

Los miembros de la masonería están obligados a obedecer por los juramentos que realizan, dentro de los rituales que practican en secreto,
bajo penas muy severas, en caso de desobediencia, como se muestran en los documentos pontificios que condenan a la masonería.

Por tanto, un elemento clave de discernimiento será detectar la obediencia a las órdenes dadas por el plan para la destrucción de la Iglesia Católica.
Ya que los juramentos obligan al miembro de la secta a obedecer bajo penas muy severas.

Según el Plan Masónico para destruir la Iglesia Católica desde adentro, que veremos en otro apartado, en su Orden número 17:

«…Desacreditad la predicación de la Cruz como una victoria, por el contrario, presentadla como un fracaso.»

El 31 de marzo de 2020 en Santa Marta, Bergoglio dijo lo siguiente:

En primer lugar:

Jesucristo no se hizo pecado.
Tal afirmación procede del siguiente texto:

(2 Cor 5, 21):
«A quien no conoció pecado, le hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.»

Sin embargo, ES UNA MALA TRADUCCIÓN que la masonería aprovechó para hacer daño, afirmando que Jesucristo se hizo pecado.

La traducción correcta de
(2 Cor 5,21) es:
«A quien no conoció pecado, le hizo sacrificio-victima por el pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.»

La palabra original hebrea hatta’t puede tener 2 significados:
‘pecado’ o ‘sacrificio-victima por el pecado’.
Y este último es el significado correcto en este texto.
(Ver: Lv 4,1 al 5,13)

Como confirmación de lo que explicamos, 2 textos:

(Hb 10, 12):
«Él, [Jesucristo] habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio, se sentó a la diestra de Dios para siempre.»

(1 Pe 2, 22…24):
«El que no cometió pecado, y en cuya boca no se halló engaño [Jesucristo]… el mismo que, sobre el madero, llevó nuestros pecados en su cuerpo, a fin de que, muertos a nuestros pecados, viviéramos para la justicia; con cuyas heridas habéis sido curados.»

En segundo lugar:
Después de ver que la primera premisa es falsa, llegar a decir que:

«En Jesucristo hecho pecado,
(¡falso!, ya lo hemos explicado)
vemos la derrota total de Cristo»,
es la mayor blasfemia y desprecio por la obra de la Cruz que se puede llegar a pronunciar:

Si, según dice Bergoglio:
Jesucristo fue derrotado totalmente en la Cruz,
su sacrificio, por tanto, no sirvió para nada, la redención no tuvo lugar, los Sacramentos no servirían para nada y la Misa tampoco tendría ningún valor, ni siquiera se reviviría en ella el sacrificio de la Cruz.
En definitiva, si, como dice Bergoglio,
Jesucristo fue derrotado totalmente en la Cruz,
el sacerdocio, el ministerio de obispo, y hasta el mismo papado,
no valdrían para nada y
serían también un absoluto fracaso por entregar la vida al servicio de un dios vencido y derrotado totalmente en la Cruz. Y la misma Iglesia Católica sería una religión falsa y llena de derrotados… (y ojo que muchas veces parece que caminamos así muchos católicos, porque no sabemos vivir y caminar en victoria)

Ya le gustaría al Diablo y a sus demonios que fuese así… ¡Ja!

Así el Diablo y sus demonios no tendrían que trabajar en perseguir a las almas que aman verdaderamente a Dios, porque ellas solas caminarían hacia su destrucción por seguir a un dios derrotado.

El Diablo y sus demonios fueron derrotados en la Cruz y tratan de separar a los hombres de los beneficios que vienen de la obra de la Cruz…
Y los servidores del Diablo, infiltrados  en la Iglesia Católica, también hacen lo mismo, y para ello presentan la obra de la Cruz como un fracaso según les ordena la directriz n°17 del plan para la destrucción de la Iglesia Católica dirigido a…  ¡obispos católicos afiliados a la masonería!

Ciertamente, presentar la cruz como un fracaso, es pisotear la Cruz de Jesucristo con las palabras, como están obligados a hacer física y realmente en alguno de sus rituales secretos.

Conozca el ritual del GRADO 29 dedicado al demonio. Alberto Bárcena

A los masones de grado 29 se les obliga a pisar un crucifijo con los pies y consagrarse al demonio

Alberto Bárcena es contundente al afirmar que «en la masonería se adora a Lucifer. Antes o después; de una manera más o menos consciente; como `símbolo´ o realidad personal; con mayor o menor implicación».

Y escribe como los papas han denunciado a lo largo de la Historia la esencia luciferina de la masonería y, en particular, Pío VIII se refiere a esta organización secreta como «secta satánica que tiene por única ley la mentira, por su dios al demonio, y por culto y religión lo que hay de más vergonzoso y depravado sobre la faz de la tierra«.

Fijémonos en esto:

El masón iniciado en el rito 29 debe «ahora escoger entre la cruz cristiana, símbolo de muerte y destrucción´ y la de ´la Luz y la Vida´, en forma de X, asociada a Baphomet, dios de la Luz».

«La elección se manifiesta pisando la cruz (cristiana) con el pie izquierdo y con el derecho en este orden´. (…) A continuación, el candidato recita la fórmula del juramento ´con los brazos en forma de X sobre el pecho, el derecho sobre el izquierdo´».

Con los brazos en forma de X… 🤔

¿¿Que cruz lleva Bergoglio colgada??
¿Lleva a Jesucristo crucificado?

Veamos…

Así mismo se le han visto cruces con la cabeza de Baphomet incrustada en ellas.


Verdades Globales