jueves, 27 de agosto de 2026

San Jose Oraciones...

Antigua Oración a San José «Conocida por no fallar nunca»


 Rezarla por nueve mañanas consecutivas por lo que usted desea(no olvidar rezar también por los que no rezan). Jamás o raramente ha fallado.

Esta oración fue encontrada en el año 50 de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. En el siglo XVI envió el Papa esta Oración al Emperador Carlos. El emperador recibió esta oración al prepararse para emprender la batalla.

«Los que leyesen esta oración serán premiados. Igualmente se premiará a los que la escuchasen al ser leída o si la llevasen en su persona. A todas estas almas se les promete que no morirán repentinamente; ni se ahogarán; ni serán afectados por el veneno («vacunas») . No caerán en manos de sus enemigos; ni serán consumidos en ningún incendio; ni aun derrotados en la batalla

Oh san José, cuya protección es tan grande, tan fuerte y tan inmediata ante el trono de Dios, a ti confío todas mis intenciones y deseos.

Ayúdame, san José, con tu poderosa intercesión, a obtener todas las bendiciones espirituales por intercesión de tu Hijo adoptivo, Jesucristo Nuestro Señor, de modo que, al confiarme, aquí en la tierra, a tu poder celestial, Te tribute mi agradecimiento y homenaje.

Oh san José, yo nunca me canso de contemplarte con Jesús adormecido en tus brazos. No me atrevo a acercarme cuando Él descansa junto a tu corazón. Abrázale en mi nombre, besa por mí su delicado rostro y pídele que me devuelva ese beso cuando yo exhale mi último suspiro.

¡San José, patrono de las almas que parten, ruega por mi!

Amén

Haced esfuerzos para que se conozca esta oración, y propagadla en todas partes.

Imprimatur
Rvdsmo. Jorge W Ahr
Obispo de Trenton

Santa Teresa de Ávila sobre San José:

Tenía Santa Teresa de Ávila 27 años, se encuentra postrada en la cama, no podía andar, a veces se arrastraba por el suelo. Está viviendo en el monasterio de la Encarnación. Sale de la clausura para ser curada. Se recurre a todos los medios posibles en aquella sociedad. Regresa a Ávila. Se llega a tal extremo de gravedad que se la da por muerta. Varios años en el lecho, no se podía mover, tenía que ser ayudada por las enfermeras. En estas circunstancias recurre a san José y su vida va volviendo a la normalidad poco a poco. Desde este momento la devoción a san José y su familiaridad con él, va a marcar un hito en su vida. Partiendo de esta realidad escribe Teresa:

Tomé por abogado y señor al glorioso san José, y encomendéme mucho a él. Comencé a hacer devociones de Misas y cosas muy aprobadas de oraciones, y tomé por abogado a san José…; y él hizo, como quien es, que pudiese levantarme y andar y no estar tullida” (Libro de la Vida 6).

Partiendo de esta experiencia que ha sido tan decisiva en su vida, ella va a recomendar la devoción a san José y su poderosa intercesión. El Esposo de María va a ser un abogado e intercesor en todos los contratiempos. San José será un personaje familiar y entrañable en el hogar teresiano. Los textos que transcribo tienen una fuerza de convicción que han sido citados por muchos predicadores.

No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer”.

Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado Santo, de los peligros que me ha librado, así de cuerpo como de alma”.

A otros parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad; a este glorioso Santo tengo experiencia que socorre en todas”.

Querría yo persuadir a todos fuesen muy devotos de este glorioso Santo, por la experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios. No he conocido persona que de veras le sea devota y haga particulares servicios que no la vea más aprovechada en la virtud, porque aprovecha en gran manera las almas que a él se encomiendan”.

Sólo pido por amor de Dios, que lo pruebe quien no me creyere y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso Patriarca y tenerle devoción”.

Himno a San Joséanta Teresa de Ávila sobre San José:

Tenía Santa Teresa de Ávila 27 años, se encuentra postrada en la cama, no podía andar, a veces se arrastraba por el suelo. Está viviendo en el monasterio de la Encarnación. Sale de la clausura para ser curada. Se recurre a todos los medios posibles en aquella sociedad. Regresa a Ávila. Se llega a tal extremo de gravedad que se la da por muerta. Varios años en el lecho, no se podía mover, tenía que ser ayudada por las enfermeras. En estas circunstancias recurre a san José y su vida va volviendo a la normalidad poco a poco. Desde este momento la devoción a san José y su familiaridad con él, va a marcar un hito en su vida. Partiendo de esta realidad escribe Teresa:

Tomé por abogado y señor al glorioso san José, y encomendéme mucho a él. Comencé a hacer devociones de Misas y cosas muy aprobadas de oraciones, y tomé por abogado a san José…; y él hizo, como quien es, que pudiese levantarme y andar y no estar tullida” (Libro de la Vida 6).

Partiendo de esta experiencia que ha sido tan decisiva en su vida, ella va a recomendar la devoción a san José y su poderosa intercesión. El Esposo de María va a ser un abogado e intercesor en todos los contratiempos. San José será un personaje familiar y entrañable en el hogar teresiano. Los textos que transcribo tienen una fuerza de convicción que han sido citados por muchos predicadores.

No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer”.

Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado Santo, de los peligros que me ha librado, así de cuerpo como de alma”.

A otros parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad; a este glorioso Santo tengo experiencia que socorre en todas”.

Querría yo persuadir a todos fuesen muy devotos de este glorioso Santo, por la experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios. No he conocido persona que de veras le sea devota y haga particulares servicios que no la vea más aprovechada en la virtud, porque aprovecha en gran manera las almas que a él se encomiendan”.

Sólo pido por amor de Dios, que lo pruebe quien no me creyere y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso Patriarca y tenerle devoción”.

Himno a San José

 Hoy a tus pies ponemos nuestra vida;

hoy a tus pies, ¡Glorioso San José!
Escucha nuestra oración y por tu intercesión
obtendremos la paz del corazón.

En Nazaret junto a la Virgen Santa;
en Nazaret, ¡Glorioso San José!
cuidaste al niño Jesús pues por tu gran virtud
fuiste digno custodio de la luz.

Con sencillez humilde carpintero;
con sencillez, ¡Glorioso San José!
hiciste bien tu labor obrero del Señor
ofreciendo trabajo y oración.

Tuviste Fe en Dios y su promesa;
tuviste Fe, ¡Glorioso San José!
Maestro de oración alcánzanos el don
de escuchar y seguir la voz de Dios.

Bendito seas San José

¡Bendito seas San José, que fuiste testigo de la Gloria de Dios en la tierra. Bendito sea el Padre Eterno que te escogió. Bendito sea el Hijo que te amó y el Espíritu Santo que te santificó. Bendita sea María que te amó!

https://oracionesydevocionescatolicas.com/oracion_san_jose3.htm

Sagradas lecturas jueves 28 de julio...

 Señor, purifica mi corazón para que tu Palabra caiga en él y dé el ciento por uno

Lecturas del Jueves de la XXI Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Comienzo de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1,1-9):

Yo Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, escribimos a la Iglesia de Dios en Corinto, a los consagrados por Cristo Jesús, a los santos que él llamó y a todos los demás que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor de ellos y nuestro. La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros. En mi acción de gracias a Dios os tengo siempre presentes, por la gracia que Dios os ha dado en Cristo Jesús. Pues por él habéis sido enriquecidos en todo: en el hablar y en el saber; porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo. De hecho, no carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Él os mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de qué acusaros en el día de Jesucristo, Señor nuestro. Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo Señor nuestro. ¡Y él es fiel!

Palabra de Dios

Salmo

Sal 144,2-3.4-5.6-7

R/. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey

Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza. R/.

Una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus hazañas.
Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus maravillas. R/.

Encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tus victorias. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (24,42-51):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre. ¿Dónde hay un criado fiel y cuidadoso, a quien el amo encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas? Pues, dichoso ese criado, si el amo, al llegar, lo encuentra portándose así. Os aseguro que le confiará la administración de todos sus bienes. Pero si el criado es un canalla y, pensando que su amo tardará, empieza a pegar a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos, el día y la hora que menos se lo espera, llegará el amo y lo hará pedazos, mandándolo a donde se manda a los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.»

Palabra del Señor

COMENTARIO DE SAN AMBROSIO

Dichoso tú cuando Cristo llama a tu puerta. Nuestra puerta es la fe que, si es sólida, defiende toda la casa. Es por esta puerta que Cristo entra. Por eso la Iglesia dice en el Cantar de los Cantares: «Oigo la voz de mi hermano que llama a la puerta». Escucha al que llama, escucha al que desea entrar: «¡Ábreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, mi perfecta! Que mi cabeza está cubierta de rocío y mis bucles del relente de la noche». (Ct 5,2). Fíjate en qué momento el Dios Verbo llama a tu puerta: cuando tu cabeza está cubierta del rocío de la noche. Porque él se digna visitar a los que están sometidos a prueba y a tentaciones a fin de que ninguno sucumba, vencido por las dificultades. Su cabeza está cubierta de rocío o de gotas de agua cuando su cuerpo está penando.

Es entonces cuando hay que velar por temor a que, cuando el Esposo vendrá, no se vaya porque ha encontrado cerrada la puerta de la casa. En efecto, si tú duermes y tu corazón no está en vela (Ct 5,2), él se aleja antes de llamar; si tu corazón está en vela, llama y te pide le abras la puerta. Nosotros, pues, disponemos de la puerta de nuestra alma, y disponemos también de las puertas sobre las cuales se ha escrito: «¡Portones, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria!»

San Ambrosio . Estad en vela

Ejército Remanente...

jueves, 20 de agosto de 2026

España, tierra de María


La Virgen es la única que consigue unir a los españoles

Regina Hispaniae.

Nuestra historia está sembrada de santuarios marianos que nacieron mucho antes de que existiera el Estado moderno. Ermitas escondidas entre montañas, imágenes aparecidas junto a un río, vírgenes encontradas por un pastor o veneradas tras una batalla

María sigue siendo, para millones de personas, el camino más tierno hacia Jesucristo y la Madre que, desde la Cruz, recibió la misión de cuidar de todos nosotros. Y una madre así nunca deja de acompañar a sus hijos.

España es mariana. España es tierra de María. Basta recorrer nuestro país para descubrir que, casi sin excepción, cada pueblo, cada ciudad y cada valle tiene una advocación mariana que constituye el corazón de su identidad. La Virgen del Pilar, de Covadonga, de Montserrat, de los Desamparados, del Rocío, de Begoña, de la Fuensanta, de la Almudena… y decenas de miles más. No son “muchas vírgenes”. Es una sola Madre contemplada desde el cariño de generaciones enteras.

Hace unos años, un buen amigo mío, Pedro, cristiano ortodoxo rumano, me hizo una pregunta que me sorprendió: «¿Por qué vosotros tenéis tantas vírgenes?». Por un momento me quedé parado, pero enseguida le respondí con un ejemplo muy sencillo: «Pasa algo parecido contigo, unos te llaman “Pedro el rumano” otros, “Pedro el constructor”; otros, “Pedro el alto”. Son formas distintas de identificarte por cariño, cercanía o alguna circunstancia de tu vida. Pero todos se refieren a ti. Pues con la Virgen ocurre exactamente igual. Es la misma María, la Madre de Dios, a la que cada pueblo llama con el nombre que la historia, un milagro, una aparición o, sin más, el afecto. Sonrió: “Ahora lo entiendo”.

Y creo que esa explicación resume una verdad profundamente española, que no hemos multiplicado a María, hemos multiplicado nuestro amor hacia ella.

No es casualidad que san Juan Pablo II afirmara que «María está presente en el misterio de Cristo y de la Iglesia». Tampoco que san Bernardo escribiera aquella frase que ha acompañado durante siglos a millones de cristianos: «Nunca se oyó decir que ninguno de los que han acudido a tu protección haya sido abandonado.» Son palabras que nacen de la experiencia de quien sabe que una madre nunca permanece indiferente ante el sufrimiento de sus hijos.

También santa Teresa de Jesús tenía una confianza absoluta en la Virgen. Para ella, María era el camino más seguro hacia Cristo. Y san Maximiliano Kolbe, enamorado de la Inmaculada, llegó a afirmar en la milenaria oración de Acordaos, que «jamás se temerá amar demasiado a María, porque nunca se la amará más de lo que la amó Jesucristo». En esa frase se resume toda una espiritualidad, porque el amor a María nunca sustituye a Cristo; conduce siempre hasta Él.

España comprendió esta verdad desde muy pronto. Nuestra historia está sembrada de santuarios marianos que nacieron mucho antes de que existiera el Estado moderno. Ermitas escondidas entre montañas, imágenes aparecidas junto a un río, vírgenes encontradas por un pastor o veneradas tras una batalla. La fe popular fue levantando un mapa invisible que une a todos los españoles mucho más profundamente que muchas leyes o constituciones.

Y es que esta devoción no se quedó dentro de nuestras fronteras. Cuando los españoles cruzaron el Atlántico, llevaron consigo la cruz, el idioma, las leyes… y también a la Virgen María. Por eso la evangelización de América fue también, en cierto modo, la conquista del corazón por medio de la Madre.

Existe un símbolo especialmente hermoso que es la Virgen de Guadalupe de Extremadura, que era uno de los grandes centros de peregrinación de España cuando comenzó el descubrimiento del Nuevo Mundo. Décadas después, en el Tepeyac mexicano, la Virgen quiso presentarse al indígena san Juan Diego bajo el mismo nombre de Guadalupe. No fue una casualidad histórica. Aquella advocación unió espiritualmente dos continentes y dio origen a una de las mayores devociones marianas del mundo. La patrona de Extremadura se convirtió, providencialmente, en la Reina de América. No es sin querer que, desde California hasta la Patagonia, resulte difícil encontrar una nación hispanoamericana donde María no ocupe un lugar central en la vida del pueblo.

Vivimos tiempos en los que muchos intentan borrar las raíces culturales y religiosas de las naciones. Sin embargo, basta asistir a la procesión de la patrona de cualquier pequeño municipio para descubrir que todavía existe algo capaz de reunir a creyentes y alejados, jóvenes y ancianos, personas de cualquier condición. Muchos quizá no entren en la iglesia el resto del año, pero sienten que esa Virgen “es la suya”, porque pertenece a su historia, a su familia y a los recuerdos más queridos. Y, en el fondo, quizá sea precisamente eso lo que hace una madre: permanecer. Esperar. Acoger. No imponer nunca su amor, pero tampoco retirarlo.

España podrá cambiar en muchas cosas. Cambiarán las costumbres, la política y hasta las formas de vivir. Pero mientras en un solo pueblo siga encendiéndose una vela ante una imagen de María, mientras una abuela enseñe a un nieto a rezar un Avemaría o un marinero mire al cielo antes de hacerse a la mar invocando a su patrona, seguirá latiendo una parte esencial del alma de nuestra nación.

María no pertenece al pasado de España. María sigue siendo, para millones de personas, el camino más tierno hacia Jesucristo y la Madre que, desde la Cruz, recibió la misión de cuidar de todos nosotros. Y una madre así nunca deja de acompañar a sus hijos. El punto 495, del ya clásico libro de espiritualidad Camino, escrito por san Josemaría Escrivá, es ese que dice: “A Jesús siempre se va y se ‘vuelve’ por María”. No se puede decir más claro.

Carta a Pusey (Encuentro), de san John Henry Newman. En esta breve pero intensa obra, san John Henry Newman responde a las críticas de su amigo Edward Pusey defendiendo el lugar de la Virgen María en la teología católica. Apoyándose en los Padres de la Iglesia, muestra que doctrina y vida espiritual son inseparables y fundamenta, desde la tradición cristiana primitiva, la legitimidad de la devoción mariana.

El secreto de la Virgen de Guadalupe (Sekotia), de Santiago Mata. Ambientada en el México de 1531, esta novela recrea con rigor histórico las circunstancias que rodearon las apariciones de la Virgen de Guadalupe a san Juan Diego y el impacto que transformó las relaciones entre indígenas y españoles. A través de una narración cercana, invita a reflexionar sobre la fe, los prejuicios y las lecciones que aquel acontecimiento sigue ofreciendo a nuestra sociedad.

El evangelio secreto de la Virgen María (Edaf), de Santiago Martín. Los Evangelios apenas ofrecen algunos datos sobre la Virgen María, pero suficientes para despertar numerosas preguntas sobre su vida y su experiencia humana. Este libro explora, con sensibilidad y profundidad, cómo pudo afrontar los momentos decisivos de su existencia, acercando al lector a una María más cercana, capaz de comprender el sufrimiento, la esperanza y las alegrías de toda persona.

ESPAÑA, LA NACIÓN QUE MÁS HA VENERADO A MARÍA

España Mariana 15 de Agosto:

«Si un día se perdiera
el mapa de este pueblo,
si la historia borrara el nombre de todas sus ciudades,
podría reescribirse rastreando santuarios.
Porque allí donde hubo un grupo de españoles
tuvo un templo María.
Allí donde latió un corazón, latió por Ella,
por Ella y por su Hijo,
en un único amor y diez mil nombres,
en un solo cariño y cien advocaciones.»

¡Feliz día de la Virgen...

Hispanidad.com

lunes, 17 de agosto de 2026

«Vade retro Satanás

 

La Medalla de San Benito, uno de los objetos más eficaces para combatir al Maligno

El monje santo «luchó durante su vida contra Satanás y las influencias diabólicas»

Por Ángel Lara Tébar

«No existen objetos mágicos. La medalla ‘sirve’ en cuanto tienes fe en Jesucristo». Así se explica el sacerdote y autor del libro de investigación teológica El Diablo y los demonios. Un estudio a la luz de santo Tomás de Aquino, Raúl Medina. Uno de los peligros a los que se puede sucumbir con los objetos religiosos es caer en la superstición. Sin embargo, no hay que despreciar su utilidad.

Uno de los más extendidos y apreciados es la medalla de san Benito. El monje santo «luchó durante su vida contra Satanás y las influencias diabólicas», comenta Medina. Por ello, es patrono de los exorcistas, aquellos obispos y sacerdotes (los que han recibido el nombramiento expreso por su obispo, tal y como manda el Código de Derecho Canónico) que dedican su ministerio a «expulsar al diablo y los demonios de la vida o los cuerpos de las personas que sufren su influencia».

La medalla aparece como un «sacramental de especial protección en la lucha contra el mal», cuenta el sacerdote. Cualquiera puede portarla, incluidos laicos y consagrados, aunque es necesario que esté bendecida y exorcizada «para gozar de una especial fuerza de Jesucristo».

Colocada en cimientos y puertas de edificios, en el centro de cruces o en llaveros, el origen del objeto proviene de la vida del santo abad. Según cuenta el papa san Gregorio, en el Libro II de los Diálogos, san Benito hacía el signo de la cruz como signo de salvación, verdad y purificación, reconociendo que Cristo, a través de ella, ha vencido a la muerte y al mal. Narra que, con solo hacer la señal de la cruz sobre un vaso que contenía veneno, se rompió. El mismo gesto mandó hacer a sus monjes sobre su corazón cuando el maligno los perturbaba.

«Vade retro Satanás»

Detalle de las caras de trasera y delantera de la medalla de san Benito

La medalla representa a san Benito con la cruz en la mano derecha y la Regla en la izquierda. De la misma forma, aparecen varias inscripciones tanto en la parte frontal como en la trasera.

  • En la parte delantera se puede leer el texto en latín: Crux sanci patris Benedicti. Eius in óbitu nostro presentia muniamur. Ex S.M. Cassino MDCCCLXXX. Esto significa «Cruz del Santo Padre Benito. A la hora de nuestra muerte seamos protegidos por su presencia. Del Santo Monte Casino, 1880».
  • En la parte posterior, aparecen unas «abreviaturas de unas oraciones contra el Maligno». Encontramos SMQLIVB, que significa «Malo es lo que me ofreces, bebe tú mismo tu veneno»; VRSNSMV, «Vade retro Satanás, no me aconsejes cosas vanas»; CSSML, «la santa Cruz sea mi luz»; NDSMD, que el Dragón infernal no sea mi guía; y, por último, CSPB, de nuevo «Cruz del santo Padre Benito». Está rematada en su parte superior con la palabra Paz.

«De aquí extraemos la oración de san Benito que nos ayuda en momentos de la lucha contra el diablo y los demonios», comentaba Raúl Medina. Esta rezaría: La santa Cruz sea mi luz. No sea el dragón mi guía. Es malo lo que me ofreces, bebe tú mismo tu veneno.

El origen de la medalla

Una de las medallas más difundidas entre los cristianos es la atribuida a San Benito, el santo abad y patrono de Europa, debido al vínculo que tiene en la lucha contra el mal.

Esto se debe a que en el siglo XVII hechiceras en Alemania dijeron que no tenían poder sobre la Abadía de Metten porque estaba bajo la protección de la cruz.

El uso de la medalla fue aprobado en marzo de 1742 por el papa Benedicto XIV. Aunque la versión final de la medalla es del 1880, año que aparece en la parte delantera, su origen es bastante anterior. Situados en Nattenberg –Baviera–, en el siglo XVII, algunas mujeres fueron acusadas de brujería contra el monasterio benedictino de Metten. Ellas confesaron que no habían podido influir en él al estar bajo el amparo de una cruz. Tras diversos estudios, se encontraron tapias del monasterio pintadas con varias cruces con unas siglas indescifrables.

Durante la investigación, se hallaron en las paredes del recinto varias cruces pintadas y rodeadas por las letras que se encuentran ahora en las medallas. Más adelante se encontró un pergamino con la imagen de San Benito y las frases completas que sirvieron para escribir esas abreviaturas.

Continuaron las investigaciones, y apareció el ansiado significado de las siglas dentro de un libro del siglo XIV. En él se veía una figura de san Benito con una cruz en la mano derecha, junto a parte del texto, representado con las letras iniciales de las palabras, en las astas cruzadas de las pinturas del monasterio. A la izquierda, una banderola con el resto del escrito. En otra abadía, esta vez en la de Wolfenbüttel, había un dibujo en un manuscrito de un monje defendiéndose del mal, ilustrado con una mujer que portaba una copa, repleta de las seducciones del mundo. El religioso levantaba una cruz, acompañado de la parte final del texto, por lo que se piensa que la creencia proviene de varios siglos anteriores.

Canto Fuerte contra los Poderes del mal:

Poderosa oración exorcista de la Medalla de San Benito

«Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas.» (Efesios, 6-12)

El Debate

Ejército Remanente...