martes, 23 de junio de 2026

 

Pecados de la lengua

Sí, aunque por la gracia de Dios uno puede conquistar muchos pecados, los asociados con la palabra suelen ser los últimos en ser superados.

Casi parece como si hubiera una parte separada y más baja de nuestro cerebro que controla nuestro habla. Podemos estar a medio camino de decir algo antes de darnos cuenta de lo estúpidos y pecaminosos que somos. Las Escrituras hablan muy artísticamente de la lengua pecaminosa. Aquí hay una lista de diez pecados de la lengua: 

-La lengua silenciosa – no hablar cuando deberíamos advertir a la gente del pecado, llamarlos al Reino y anunciar la Verdad de Jesucristo. En nuestra época, el triunfo del mal y de los malos comportamientos han sido ayudados por nuestro silencio como pueblo cristiano. Los profetas deben hablar la Palabra de Dios.

-La lengua mentirosa – dice cosas falsas con la intención de engañar

El Señor detesta los labios mentirosos, pero se deleita en las personas que son dignas de confianza (Proverbios 12:22).

-La lengua lisonjera – exagerar las buenas cualidades de los demás para congraciarse con ellos, una forma de mentir

Que el Señor haga callar a todos los labios lisonjeros y a toda lengua jactanciosa (Salmo 12:4).

-La lengua orgullosa –La lengua orgullosa es jactanciosa y está demasiado segura de lo que dice. Los de lengua orgullosa no se corrigen fácilmente y no califican o distinguen sus comentarios como deberían.

Los que dicen: «Por nuestras lenguas prevaleceremos; nuestros propios labios nos defenderán…» ¿Quién puede dominarnos? (Salmo 12:5) serán condenados.

La lengua `sobreutilizada´ – habla demasiado, especialmente en lo que se refiere a cosas sobre las que sabemos poco

… la voz del necio [viene] junto con una multitud de palabras (Eclesiastés 5:2).

La lengua rápida – hablar antes de que debamos hacerlo, antes de que tengamos toda la información

No te precipites con tu boca, y no dejes que tu corazón se apresure a decir algo ante Dios (Eclesiastés 5:1).

Todos deben ser rápidos para escuchar y lentos para hablar (Santiago 1:19).

La lengua que «muerde la espalda» – hablar de los demás a sus espaldas, la secreta lesión del buen nombre de una persona. La calumnia es una mentira descarada sobre otra persona. La difamación es llamar innecesariamente la atención sobre las faltas de los demás para dañar sus reputaciones.

Así como el viento del norte trae la lluvia, así la lengua chismosa provoca la ira (Proverbios 25:23).

-La lengua chismosa – difundir información innecesaria (a menudo hiriente) sobre los demás, información personal sobre los demás que no debería ser compartida.

-La lengua malediciente – desea que el daño llegue a otros, que sean condenados

-La lengua penetrante – habla con innecesaria dureza y severidad

Proclamad el mensaje; perseverad en él a tiempo y fuera de tiempo; reprended, corregid y animad con gran paciencia y enseñanza (2 Timoteo 4:2).

No reprendas duramente a un anciano, sino exhórtalo como si fuera tu padre. Traten a los hombres más jóvenes como hermanos, a las mujeres mayores como madres, y a las mujeres más jóvenes como hermanas, con absoluta pureza (1 Timoteo 5:1-2).(…)

Ser muy conscientes de las palabras que salen de nuestra boca, porque seremos juzgados por cada una de ellas. «Mas yo os digo, que toda palabra ociosa que hablaren los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio» (Mt 12,36)

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Sagradas lecturas martes 23...

  Martes, 23 de junio .


Señor, purifica mi corazón para que tu Palabra caiga en él y dé el ciento por uno

Primera Lectura

2 Re 19, 9b-11.14-21.31-35a.36.

Yo haré de escudo a esta ciudad para salvarla, por mi honor y el de David.

Lectura del segundo libro de los Reyes. 

EN aquellos días, Senaquerib, rey de Asiria, envió mensajeros a Ezequías a decirle:
«Así hablaréis a Ezequías, rey de Judá: “Que tu Dios, en el que confías, no te engañe diciendo: ‘Jerusalén no será entregada en manos del rey de Asiria’. Tú mismo has oído cómo han tratado los reyes de Asiria a todos los países entregándolos al anatema, ¿y vas a librarte tú solo?”».
Ezequías tomó la carta de manos de los mensajeros y la leyó. Subió al templo del Señor y abrió la carta ante el Señor. Y elevó esta plegaria ante él:
«Señor, Dios de Israel, entronizado sobre los querubines:
Tú solo eres el Dios para todos los reinos de la tierra.
Tú formaste los cielos y la tierra.
Inunda tu oído, Señor, y escucha!
¡Abre tus ojos, Señor, y mira!
Escucha las palabras de Senaquerib enviadas
para insulto del Dios vivo.
Es verdad, Señor, los reyes asirios han exterminado las naciones, han arrojado sus dioses al fuego y los han destruido.
Pero no eran dioses, sino hechura de mano humana,
de piedra, de madera.
Pero ahora, Señor, Dios nuestro, líbranos de sus manos
y sepan todos los reinos de la tierra
que solo tú eres Señor Dios».
Entonces Isaías, hijo de Amós, envió a Ezequías este mensaje:
«Así dice el Señor, Dios de Israel: “He escuchado tu plegaria acerca de Senaquerib, rey de Asiria”.
Esta es la palabra que el Señor pronuncia contra él:
“Te desprecia, se burla de ti la doncella, hija de Sion,
menea la cabeza a tu espalda la hija de Jerusalén.
Ha de brotar de Jerusalén un resto,
y supervivientes del monte Sion.
El celo del Señor del universo lo realizará.
Por eso, esto dice el Señor acerca del rey de Asiria:
‘No entrará en esta ciudad,
no disparará contra ella ni una flecha,
no avanzará contra ella con escudos,
ni levantará una rampa contra ella.
Regresará por el camino por donde vino
y no entrará en esta ciudad —palabra del Señor—.
Yo haré de escudo a esta ciudad para salvarla,
por mi honor y el de David, mi siervo’”».
Aquella misma noche el ángel del Señor avanzó y golpeó en el campamento asirio a ciento ochenta y cinco mil hombres.
Senaquerib, rey de Asiria, levantó el campamento y regresó a Nínive, quedándose allí.

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

Sal 47.

R/. Dios ha fundado su ciudad para siempre.

Grande es el Señor
y muy digno de alabanza
en la ciudad de nuestro Dios,
su monte santo, altura hermosa,
alegría de toda la tierra.   R/.

El monte Sion, confín del cielo
ciudad del gran rey;
entre sus palacios,
Dios descuella como un alcázar.   R/.

Oh, Dios, meditamos tu misericordia
en medio de tu templo:
como tu nombre, oh, Dios,
tu alabanza llega al confín de la tierra.
Tu diestra está llena de justicia.   R/.

Aleluya, aleluya, aleluya.
Yo soy la luz del mundo —dice el Señor—;
el que me sigue tendrá la luz de la vida.
Aleluya, aleluya, aleluya.

Evangelio

Mt 7, 6. 12-14.

Lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo con ellos.

Lectura del santo Evangelio según San Mateo.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; no sea que las pisoteen con sus patas y después se revuelvan para destrozaros.
Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas.
Entrad por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos.
¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos».

Palabra del Señor

COMENTARIO DE BENEDICTO XVI

¿Qué significa esta «puerta estrecha»? ¿Por qué muchos no logran entrar por ella? ¿Acaso se trata de un paso reservado sólo a algunos elegidos?
Si se observa bien, este modo de razonar de los interlocutores de Jesús es siempre actual: nos acecha continuamente la tentación de interpretar la práctica religiosa como fuente de privilegios o seguridades. En realidad, el mensaje de Cristo va precisamente en la dirección opuesta: todos pueden entrar en la vida, pero para todos la puerta es «estrecha». No hay privilegiados. El paso a la vida eterna está abierto para todos, pero es «estrecho» porque es exigente, requiere esfuerzo, abnegación, mortificación del propio egoísmo. (…)La salvación, que Jesús realizó con su muerte y resurrección, es universal. Él es el único Redentor, e invita a todos al banquete de la vida inmortal. Pero con una sola condición, igual para todos: la de esforzarse por seguirlo e imitarlo, tomando sobre sí, como hizo él, la propia cruz y dedicando la vida al servicio de los hermanos. Así pues, esta condición para entrar en la vida celestial es única y universal. 

Benedicto XVI, 26 de agosto de 2007.

Ejército Remanente...

domingo, 14 de junio de 2026

El protagonismo...

 

El vicio del protagonismo

El aplauso del mundo y la voz del tentador: dos rostros del protagonismo que amenazan el alma cristiana.

Por Magíster Yousef Altaji Narbón

Oscar Wilde enuncia la siguiente frase, por la cual ejemplifica el lugubre pensamiento de hoy en breves palabras: “Hay solamente una cosa en el mundo peor que hablen de ti, y es que no hablen de ti.” Pauperrima, nefasta y terrible manera de concebir nuestra aspiración en esta vida. Protagonismo: este concepto propagado por todas partes sin que uno se dé cuenta es un mal actual que ataca en particular, dentro del seno de la Santa Iglesia, a los laicos zarandeados con los afanes del mundo. Wilde evoca la  necesidad del protagonismo como meta general de vida, plantea que si no eres protagonista ante la sociedad, significa que es el castigo supremo que puede vivir una persona. Es agobiante la necedad del mundo que insiste con esta temática que solo provoca angustia en el católico piadoso de tener que ser alguien importante para poder significar algo ante las masas impias. El enfoque que se ha de contemplar a continuación no es particularmente del protagonismo en los diversos entornos de la vida cotidiana, sino de conocer la gravedad de este vicio cuando ingresa a nuestra alma y cómo termina destruyendo el apostolado en conjunto con las convicciones necesarias para dar el verdadero combate cristiano.

Ante el protagonismo, lo primero que se puede observar es la rapidez con la que se transforma en un vicio. El Catecismo Mayor de Papa San Pío X define el vicio como: “una mala disposición del ánimo a huir el bien y hacer el mal, causada por la frecuente repetición de los actos malos.” El momento que uno saborea el protagonismo, por nuestra concupiscencia y facilidad de optar por el mal, se convierte en algo que uno no quiere soltar; ergo, se convierte en un vicio. Esto empata bien con la soberbia que yace en nuestra alma por el pecado original, la alimenta para que siga creciendo. La dopamina que engendra es gasolina que nos hace ciegos a los consejos de los santos de apartarnos por completo de aquellas cosas que provocan en nosotros el incendio de nuestras pasiones y malas inclinaciones. Es como una droga que, una vez que se obtiene el aplauso de la gente o, inclusive, solo el buen comentario de una o dos personas, es suficiente para empezar a provocar la adicción al reconocimiento y de ser alguienEn suma, no es algo de una sola vez, sino actos repetidos fomentados por el respectivo entorno eclesial donde nos desarrollamos con el fin de vendernos una ilusión de nuestra importancia indispensable para la labor que ejercemos.

Lo otro que se puede señalar sobre este vicio funesto es su utilidad terrible como artificio del demonio para seducirnos hacia un camino que corroe hasta el fondo de nuestra alma. Con gran facilidad entra el engaño del maligno por medio del protagonismo por la sencilla razón de que nos hace creer que somos más de lo que en realidad somos. Las calamidades y desolación que plagan la cotidianidad secular pueden hacernos sentir solos, sin algún rumbo en específico. Cada vez hay menos personas que llegan a la grandeza en el mundo, así que hay varios que tornan a la Iglesia porque la ven como un escenario fértil para cultivar el culto a la personalidad. Viendo esto, seduce la serpiente perversa al alma piadosa con delirios de grandeza en su entorno eclesial, hacerle pensar que puede crear su nombre ante las personas que estima en la jerarquía de la Iglesia, ponderar la posibilidad de ser tomado como una referencia para la edificación de todos. ¡Oh! ¡Engaños y más engaños! Se puede disfrazar con sutileza esta tentación del protagonismo por medio de las buenas intenciones que simulan las personas que proponen posibilidades magníficas ante nuestros ojos con apostolados gigantes, empresas loables o trabajos apostólicos que -como ellos dicen- “no tienen nada de malo ya que es con un fin bueno”.

Las consecuencias brutales de este vicio son tantas que se pueden resumir en la autodestrucción del apostolado y del buen combate que tenemos la obligación de llevar. Este protagonismo evita que uno pueda salir de un ambiente eclesial contaminado por la desviación doctrinal y espiritual, ya que se hacen disponibles muchas formas de poder sobresalir dentro de la comunidad; hace que la persona se encasille en una función que aparenta enorme potencial para que de esa forma quede encerrada en la celda de su orgullo, menoscabando la causa de Dios. Si no hay un espacio disponible, pues se le crea uno, inventando espacios para que cada persona conforme a sus gustos pueda ostentar el título no oficial de hacer X o Y dentro de la parroquia. De esta manera se ata a la persona a su responsabilidad u oficio, obviando los problemas de fondo que se manifiestan por doquier y que pululan su entorno, poco a poco carcomiendo la vida espiritual del afectado hasta el fin ruinoso de convertirlo en partidario del error. El afán de querer mostrar los talentos, habilidades o destrezas de uno dentro de su parroquia (para seguir con la misma figura) es propio del protagonismo. No se puede no ser alguien o no hacer algo dentro de la estructura eclesial, esto no es compatible con lo que se vende. El momento en que uno queda atado a estos ambientes, uno es influenciado por la contaminación doctrinal avasallante; hacerse el inmune a esto es solamente una ilusión temporal; cae en el ejemplo directo del sindrome de la rana hirviendo, aceptando o haciendo caso omiso del mal crítico para evitar perder su lugar en todo.

En vez de clamar con la verdad por de frente, lo que ocasiona el protagonismo es el silencio cómplice a cambio de un puestito en medio de las actividades o ministerios disponibles. Devasta el deber de luchar contra el mal porque en el momento en que uno decide abrir la boca para si acaso cuestionar lo que sucede, de inmediato toma acción el Sanedrín Parroquial que termina misericordiando a quien evocó su duda o disconformidad. Vuelve a ser un nadie, pero justo eso es algo que el hombre moderno no soporta. Siente la necesidad de formar parte del grupo de personas que arreglan las flores, organizan el consejo parroquial, cantan en el coro, son los encargados de la sacristía, entre otra amplitud de encargos que otorgan el sello de buen feligrés a quien participa en esto. Lo único que pide como pago este protagonismo es el silencio ante un mar de elementos que componen la parroquia moderna que atentan contra el magisterio perenne de la Iglesia, y si no te gusta, pues por lo menos guarda tus comentarios para ti mismo, provocando el torbellino de argumentos internos y el debate moral, que devora la conciencia paulatinamente.

Es aterrador contar el número de personas bien intencionadas que han caído presa de este protagonismo que se ofrece tácitamente por todas partes. Lo peor del caso es el hecho de que las personas no se dan cuenta de que han caído en dicho vicio, sino que lo ven como normal o como una oportunidad que Dios ha puesto en su camino. Les cuesta rendir su lugar adquirido como miembros del coro, consejero del sacerdote, o laico de referencia, por lo bien que se siente estar en el escenario como un personaje principal en una obra de teatro. En resumen, el protagonismo desarma a las personas, las seda con un opio de complacencia en su ambiente contaminado, provoca ser cómplice de la debacle moderna, y conlleva al triste final de abandonar las pretensiones de luchar por la verdad cueste lo que cueste.

La contraposición católica:

Para saltarnos las trampas y seducciones plantadas por nuestro enemigo mortal, hay una solución simple que se puede aplicar en cualquier circunstancia. Un beato fraile de la orden capuchina llamado Fray Innocenzo da Berzo nos reveló la clave en una sola frase compuesta por el mismo que dice: “Haz el bien y desaparece” . No hay nada más que agregar a una premisa inspiradora como la del Beato Innocenzo. Justo a eso estamos llamados, a desaparecer para que Cristo con su verdad pueda brillar. El acto de intercambiar el ánimo de lucha con los principios que sabemos que son ciertos para ser suplantados por los aplausos o felicitaciones de un grupo reducido es ser víctima de un engaño atroz que sólo busca neutralizar a la mayor cantidad de personas posible.

Puede salir a relucir una objeción que acusa este artículo de disuadir de hacer apostolado, lo cual sería rotundamente falso y una falacia grave. Aquí no se está disuadiendo de hacer e iniciar apostolado, aquí se está advirtiendo de una desviación gravísima proliferada en todas partes como una trampa mortal para el desarrollo del apostolado. Cuando el protagonismo entra a nuestra alma, los apostolados que llevamos se vuelven sobre nosotros, nuestra ganancia, nuestro desempeño, nuestras metas, nuestra imagen y todo lo que tenga que ver con el yo. Uno puede empezar o participar de un apostolado sin ningún problema; es más, hay que hacer apostolado para salvar a las almas. El problema radica cuando el hombre se cree superior y antepone sus gustos a la verdad pura; el momento que uno dice  a una ritmo de vida cristiana pacifista y blando dentro de un ambiente construido para favorecer al hombre revolucionario, uno ha caido en la artimaña mortifera que en escasas ocasiones hay marcha atrás.

Las enseñanzas de San Bernardo de Claraval sobre la humildad son iluminadoras para poder comprender la amenaza patente del protagonismo. En una sección vemos que el gran santo dice:

«La soberbia de la mente es esa viga enorme y gruesa en el ojo, que por su cariz de enormidad vana e hinchada, no real ni sólida, oscurece el ojo de la mente y oscurece la verdad. Si llega a acaparar tu mente, ya no podrás verte ni sentir de ti tal como eres o puedes ser; sino tal como te quieres, tal como piensas que eres o tal como esperas llegar a ser. ¿Qué otra cosa es la soberbia sino, como la define un santo, el amor del propio prestigio? Moviéndonos en el polo opuesto, podemos afirmar que la humildad es el desprecio del propio prestigio.”

Infovaticana.

viernes, 12 de junio de 2026

El triunfo eterno de Jesucristo en la Cru


In Hoc Signo Vinces

Con este Signo Vencerás

En este momento nos hacemos una pregunta: ¿cómo tienen obligación de presentar la obra de la Cruz los enemigos de Dios, infiltrados dentro de la Iglesia Católica?

El triunfo eterno de Jesucristo en la Cruz es un hecho consumado.
Así lo confirma la Sagrada Escritura cuando dice:
«Ha triunfado el León de la tribu de Judá, el retoño de David» (Ap 5, 5)

La Victoria de Jesucristo en la Cruz es eterna, definitiva e incuestionable, aunque su aplicación está aún en curso.

Nos unimos a aquellas palabras de San Pablo en la Sagrada Escritura:
«¡Gracias sean dadas a Dios, que nos lleva siempre en su triunfo, en Cristo, y por nuestro medio difunde en todas partes el olor de su conocimiento!»
(2 Cor 2, 14-15)

En este momento, en el que hay una gran infiltración masónica en el seno de la Iglesia Católica, debemos aspirar a este discernimiento de espíritus y pedir al Espíritu Santo, el Espíritu de la Verdad, que nos capacite para descubrir todo tipo de mentira y engaño:
«Pedid y se os dará»

Está en juego la salvación de muchas almas que corren el riesgo de ser arrastradas por el engaño y la mentira que predican los falsos apóstoles.

En este momento nos hacemos una pregunta:

¿cómo tienen obligación de presentar la obra de la Cruz los enemigos de Dios, infiltrados dentro de la Iglesia Católica?:

Lógicamente todos los afiliados a la masonería tienen la obligación de obedecer las órdenes que se les dicta desde la secta.

Los miembros de la masonería están obligados a obedecer por los juramentos que realizan, dentro de los rituales que practican en secreto,
bajo penas muy severas, en caso de desobediencia, como se muestran en los documentos pontificios que condenan a la masonería.

Por tanto, un elemento clave de discernimiento será detectar la obediencia a las órdenes dadas por el plan para la destrucción de la Iglesia Católica.
Ya que los juramentos obligan al miembro de la secta a obedecer bajo penas muy severas.

Según el Plan Masónico para destruir la Iglesia Católica desde adentro, que veremos en otro apartado, en su Orden número 17:

«…Desacreditad la predicación de la Cruz como una victoria, por el contrario, presentadla como un fracaso.»

El 31 de marzo de 2020 en Santa Marta, Bergoglio dijo lo siguiente:

En primer lugar:

Jesucristo no se hizo pecado.
Tal afirmación procede del siguiente texto:

(2 Cor 5, 21):
«A quien no conoció pecado, le hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.»

Sin embargo, ES UNA MALA TRADUCCIÓN que la masonería aprovechó para hacer daño, afirmando que Jesucristo se hizo pecado.

La traducción correcta de
(2 Cor 5,21) es:
«A quien no conoció pecado, le hizo sacrificio-victima por el pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.»

La palabra original hebrea hatta’t puede tener 2 significados:
‘pecado’ o ‘sacrificio-victima por el pecado’.
Y este último es el significado correcto en este texto.
(Ver: Lv 4,1 al 5,13)

Como confirmación de lo que explicamos, 2 textos:

(Hb 10, 12):
«Él, [Jesucristo] habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio, se sentó a la diestra de Dios para siempre.»

(1 Pe 2, 22…24):
«El que no cometió pecado, y en cuya boca no se halló engaño [Jesucristo]… el mismo que, sobre el madero, llevó nuestros pecados en su cuerpo, a fin de que, muertos a nuestros pecados, viviéramos para la justicia; con cuyas heridas habéis sido curados.»

En segundo lugar:
Después de ver que la primera premisa es falsa, llegar a decir que:

«En Jesucristo hecho pecado,
(¡falso!, ya lo hemos explicado)
vemos la derrota total de Cristo»,
es la mayor blasfemia y desprecio por la obra de la Cruz que se puede llegar a pronunciar:

Si, según dice Bergoglio:
Jesucristo fue derrotado totalmente en la Cruz,
su sacrificio, por tanto, no sirvió para nada, la redención no tuvo lugar, los Sacramentos no servirían para nada y la Misa tampoco tendría ningún valor, ni siquiera se reviviría en ella el sacrificio de la Cruz.
En definitiva, si, como dice Bergoglio,
Jesucristo fue derrotado totalmente en la Cruz,
el sacerdocio, el ministerio de obispo, y hasta el mismo papado,
no valdrían para nada y
serían también un absoluto fracaso por entregar la vida al servicio de un dios vencido y derrotado totalmente en la Cruz. Y la misma Iglesia Católica sería una religión falsa y llena de derrotados… (y ojo que muchas veces parece que caminamos así muchos católicos, porque no sabemos vivir y caminar en victoria)

Ya le gustaría al Diablo y a sus demonios que fuese así… ¡Ja!

Así el Diablo y sus demonios no tendrían que trabajar en perseguir a las almas que aman verdaderamente a Dios, porque ellas solas caminarían hacia su destrucción por seguir a un dios derrotado.

El Diablo y sus demonios fueron derrotados en la Cruz y tratan de separar a los hombres de los beneficios que vienen de la obra de la Cruz…
Y los servidores del Diablo, infiltrados  en la Iglesia Católica, también hacen lo mismo, y para ello presentan la obra de la Cruz como un fracaso según les ordena la directriz n°17 del plan para la destrucción de la Iglesia Católica dirigido a…  ¡obispos católicos afiliados a la masonería!

Ciertamente, presentar la cruz como un fracaso, es pisotear la Cruz de Jesucristo con las palabras, como están obligados a hacer física y realmente en alguno de sus rituales secretos.

Conozca el ritual del GRADO 29 dedicado al demonio. Alberto Bárcena

A los masones de grado 29 se les obliga a pisar un crucifijo con los pies y consagrarse al demonio

Alberto Bárcena es contundente al afirmar que «en la masonería se adora a Lucifer. Antes o después; de una manera más o menos consciente; como `símbolo´ o realidad personal; con mayor o menor implicación».

Y escribe como los papas han denunciado a lo largo de la Historia la esencia luciferina de la masonería y, en particular, Pío VIII se refiere a esta organización secreta como «secta satánica que tiene por única ley la mentira, por su dios al demonio, y por culto y religión lo que hay de más vergonzoso y depravado sobre la faz de la tierra«.

Fijémonos en esto:

El masón iniciado en el rito 29 debe «ahora escoger entre la cruz cristiana, símbolo de muerte y destrucción´ y la de ´la Luz y la Vida´, en forma de X, asociada a Baphomet, dios de la Luz».

«La elección se manifiesta pisando la cruz (cristiana) con el pie izquierdo y con el derecho en este orden´. (…) A continuación, el candidato recita la fórmula del juramento ´con los brazos en forma de X sobre el pecho, el derecho sobre el izquierdo´».

Con los brazos en forma de X… 🤔

¿¿Que cruz lleva Bergoglio colgada??
¿Lleva a Jesucristo crucificado?

Veamos…

Así mismo se le han visto cruces con la cabeza de Baphomet incrustada en ellas.


Verdades Globales