Cuando una oración no es escuchada


Dice Jesús:

«La esperanza vive donde vive la fe. La desesperación que hoy conduce a la muerte a tantas almas tiene como presupuesto la falta de una fe verdadera. Efectivamente, quien tiene fe verdadera pide con tal insistencia que obtiene. Pero cuando veis que una oración no es escuchada, pensad también que está viciada en la petición o viciada en la fe. Si está viciada en la petición, entonces Yo, que lo sé, no os concedo lo que os daría la felicidad de un instante y el dolor para todo el resto de la vida terrena, e incluso podría procuraros también penas en la otra, por el mal uso que podríais hacer de mi don. Si está viciada en la fe, entonces Yo no la oigo y no la escucho.

El mundo ya no tiene fe y por eso ya no tiene esperanza. El mundo no cree que Dios es Padre omnipotente. El mundo no cree que Dios es Padre amoroso. ¡Si el mundo supiera cuán doloroso me es el no poderos ayudar siempre y el no poder haceros siempre felices!

Yo quisiera que mis hijos fueran tan míos que sólo tuvieran pensamientos santos y santas peticiones que hacer al Padre, quien entonces las escucharía siempre, siempre, siempre. No las concedería siempre, pero las escucharía siempre, y cuando no pudiese dar a un hijo lo que un hijo pide, sustituiría el don no dado por motivos de la inteligencia divina, con otros centenares de consuelos aún mayores.

Tú sabes algo de esto, tú que has llegado a la Fe verdadera en tu Dios y Padre. Pero si piensas bien cual sea la causa que está a la base de la muerte de la fe y de la esperanza, verás que ésta es la falta de caridad.

Dios no es amado. No por los cristianos que lo son sólo de nombre, sino por aquellos que parecen ser cristianos fervientes. Lo parecen pero no lo son. Muchas prácticas religiosas, muchas oraciones, pero unas y otras superficiales, hechas y cumplidas más por superstición que por religión. Muchos temen que si no dicen un determinado número de oraciones, que si no hacen determinadas funciones, Dios les castigue, más aún -dejan a Dios aparte- no vayan bien sus asuntos. Egoísmo también en esto.

No han entendido lo que es el amor del Padre hacia los hijos y de los hijos hacia el Padre. Dios existe, creen que exista. Pero tan lejano, abstracto... que es como si no existiera. No sólo creen que Dios esté lejano, sino que sea hosco y avaro. Creen que Dios sea un sem- brador de castigos.

No. Vuestro Dios está siempre cerca de vosotros. No es Él quien se aleja, sois vosotros. No es Él el hosco y avaro, lo sois vosotros. No es Él quien cierra las puertas de las gracias, sois vosotros. Las cerráis con vuestro no tener fe, amor y esperanza en Él.

Pero venid, pobres hijos, venid a Mí que ardo en el deseo de haceros felices. Venid a Mí que me aflijo al no poderos estrechar contra mi seno y enjugar vuestro llanto. Venid al Único que os dé bien, paz y amor verdadero y eterno.

Vivir junto a Mí es alegría incluso en el dolor. Morir conmigo cerca es pasar en la alegría. Quien se confía a Mí no debe temer nada en esta tierra y nada en la eternidad, porque para quien me es verdadero hijo Yo abro un corazón de verdadero Padre lleno de comprensión y de perdón»

Cuadernos Valtorta, julio 1943