domingo, 22 de febrero de 2026

identificar a Satanás y vencer las tentaciones...

Jesús tentado por Satanás en el desierto 

María Valtorta

 Excepcional enseñanza de Jesús que narra cómo fue tentado por Satanás en el desierto y nos enseña a identificar a Satanás y vencer las tentaciones.

Jesús tentado por Satanás en el desierto. Cómo se vencen las tentaciones.

Ante mí la soledad pedregosa que había contemplado a mi izquierda en la visión del bautismo de Jesús en el Jordán. Pero debo haberme adentrado mucho en ella, porque no veo en absoluto el hermoso río lento y azul, ni la vena de hierba que sigue su curso por las dos orillas, como alimentada por aquella arteria de agua. Aquí, sólo soledad, pedruscos, tierra tan abrasada, que ha quedado reducida a polvo amarillento que de vez en cuando el viento levanta en pequeños remolinos que parecen hálito de boca febril por lo seco y calientes que están; muy molestos por el polvo que con ellos penetra en la nariz y en la faringe. Muy raros, algún pequeño matorral espinoso, que ha resistido — quién sabe por qué — en aquella desolación: parecen los restos de mechones de cabellos en la cabeza de un calvo. Arriba, un cielo despiadadamente azul; abajo, el terreno árido; en torno, rocas y silencio. Esto es lo que veo, por lo que a la naturaleza se refiere.

Apoyado en una roca que, por su forma, crea una covacha, y sentado en una piedra que ha sido arrastrada hasta la oquedad, está Jesús. Se resguarda así del sol ardiente. Y el interno consejero me indica que esa piedra, en la que ahora está sentado, es también su reclinatorio y su almohada cuando descansa breves horas envuelto en su manto bajo la luz de las estrellas y el aire frío de la noche. Ahí cerca está la bolsa que le vi tomar antes de salir de Nazaret: todo su haber; por lo flácida que aparece, comprendo que está vacía de la poca comida que en ella había puesto María.

Jesús está muy delgado y pálido. Está sentado, con los codos apoyados en las rodillas y los antebrazos hacia fuera, con las manos unidas y entrelazadas por los dedos. Medita. De vez en cuando, levanta la mirada y la dirige a su alrededor y mira al Sol, que está alto, casi a plomada, en el cielo azul. De vez en cuando, y especialmente después de dirigir la mirada en torno a sí y alzarla hacia la luz solar, como con vértigo, cierra los ojos y se apoya en la peña que le sirve de cobijo.

Veo aparecer el feo hocico de Satanás. No se presenta de la forma con que nos lo imaginamos: con cuernos, rabo, etc. etc. Parece un beduino envuelto en su vestido y en su gran manto, que se asemeja a un disfraz de dominó. En la cabeza, el turbante, cuyas faldas blancas caen sobre los hombros y a ambos lados de la cara para protegerlos. De manera que, de la cara, puede verse un pequeño triángulo muy moreno, de labios delgados y sinuosos, de ojos negrísimos y hundidos, llenos de destellos magnéticos. Dos pupilas que te leen en el fondo del corazón, pero en las que no lees nada o una sola palabra: misterio. Lo opuesto del ojo de Jesús, también muy magnético y fascinante, que te lee en el corazón, pero en el que tú lees también que en su corazón hay amor y bondad hacia ti. El ojo de Jesús es una caricia en el alma. Este es como un doble puñal que te perfora y quema.

Se acerca a Jesús:
-¿Estás sólo?
Jesús lo mira y no responde.
-¿Cómo es que estás aquí? ¿Te has perdido?.
Jesús vuelve a mirarlo y calla.
– Si tuviera agua en la cantimplora, te la daría, pero yo también estoy sin ella. Se me ha muerto el caballo y me dirijo a pie al vado. Allí beberé y encontraré a alguien que me dé un pan. Sé el camino. Ven conmigo. Te guiaré. Jesús ya ni siquiera alza los ojos.

-¿No respondes? ¿Sabes que si te quedas aquí mueres? Ya se levanta el viento. Va a haber tormenta. Ven».
Jesús aprieta las manos en muda oración.
-¡Ah, entonces eres Tú! ¡Hace mucho que te busco! Y hace mucho que te vengo observando. Desde el momento en que fuiste bautizado. ¿Llamas al Eterno? Está lejos. Ahora estás en la tierra, entre los hombres. Y sobre los hombres reino yo. Pero, me das pena y quiero ayudarte, porque eres bueno y has venido a sacrificarte por nada. Los hombres te odiarán por tu bondad. No entienden más que de oro, comida y sensualidad. Sacrificio, dolor, obediencia, son para ellos palabras más muertas que esta tierra que tenemos a nuestro alrededor. Son aún más áridos que este polvo. Sólo la serpiente y el chacal pueden esconderse aquí, esperando morder o despedazar a alguno. Vámonos. No merece la pena sufrir por ellos. Los conozco más que Tú.

Satanás se ha sentado frente a Jesús, lo escudriña con su mirada tremenda y sonríe con su boca de serpiente. Jesús sigue callado y ora mentalmente.

Tú desconfías de mí. Haces mal. Yo soy la sabiduría de la Tierra. Puedo ser maestro tuyo para enseñarte a triunfar. Mira: lo importante es triunfar. Luego, cuando uno se ha impuesto, cuando ha engatusado al mundo, puede conducir a éste a donde quiera. Pero primero hay que ser como les gusta a ellos, como ellos. Seducirlos haciéndoles creer que los admiramos y seguimos su pensamiento.

Eres joven y atractivo. Empieza por la mujer, Siempre se debe comenzar por ella. Yo me equivoqué induciendo a la mujer a la desobediencia. Debería haberla aconsejado de otra forma. Habría hecho de ella un instrumento mejor y habría vencido a Dios. Actué precipitadamente. ¡Pero Tú…! Yo te enseño porque un día deposité en tí mi mirada con júbilo angélico y aún me queda un resto de aquel amor, escúchame y usa mi experiencia: búscate una compañera. Adonde Tú no llegues, ella llegará. Eres el nuevo Adán, debes tener tu Eva.

Además, ¿cómo podrás comprender y curar las enfermedades de la sensualidad si no sabes lo que son? ¿No sabes que es ahí donde está el núcleo del que nace la planta de la codicia y del afán de poder? ¿Por qué el hombre quiere reinar? ¿Por qué quiere ser rico, potente? Para poseer a la mujer. Ésta es como la alondra. Tiene necesidad de algo que brille para sentirse atraída. El oro y el poder son las dos caras del espejo que atraen a las mujeres y las causas del mal en el mundo. Mira: detrás de mil delitos de distinta naturaleza, hay al menos novecientos que tienen raíz en el hambre de posesión de la mujer o en la voluntad de una mujer consumida por un deseo que el hombre aún no satisface, o ya no satisface. Ve a la mujer, si quieres saber qué es la vida. Sólo después sabrás atender y curar los males de la Humanidad.

¡Es bonita la mujer! No hay nada más hermoso en el mundo. El hombre tiene el pensamiento y la fuerza. ¡Pero la mujer!… Su pensamiento es un perfume, su contacto es caricia de flores, su gracia es como vino que entra, su debilidad es como madeja de seda o rizo de niño en las manos del hombre, su caricia es fuerza que se vierte en la nuestra y la enciende. El dolor, la fatiga, la aflicción, quedan anulados cuando se está junto a una mujer y ella entre nuestros brazos como un ramo de flores.

Pero, ¡qué tonto soy! Tú tienes hambre y te hablo de la mujer. Tu vigor está exhausto Por ello, esta fragancia de la Tierra, esta flor de la creación, este fruto que da y suscita amor, te parece sin importancia. Pero, mira estas piedras: ¡qué redondeadas son y qué pulidas están, doradas bajo el Sol que cae!; ¿no parecen panes? Tú, Hijo de Dios, no tienes más que decir «quiero», para que se transformen en oloroso pan como el que ahora están sacando del horno las amas de casa para la cena de sus familiares. Y estas acacias tan secas, si Tú quieres, ¿no pueden llenarse de dulces pomos, de dátiles de miel? ¡Sáciate, oh Hijo de Dios! Tú eres el Dueño de la Tierra. Ella se inclina para ponerse a tus pies y quitarte el hambre.

¿Ves cómo te pones pálido y te tambaleas con solo oír nombrar el pan? ¡Pobre Jesús! ¿Estás tan débil, que ya no puedes ni siquiera dominar el milagro? ¿Quieres que lo haga yo en tu lugar? No estoy a tu altura, pero algo puedo. Me quedaré falto de fuerzas durante un año, las reuniré todas, pero te quiero servir porque Tú eres bueno y siempre me acuerdo que eres mi Dios, aunque me haya hecho indigno de llamarte tal. Ayúdame con tu oración para que pueda….

– Calla. No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que viene de Dios.

El demonio siente una sacudida de rabia. Le rechinan los dientes y aprieta los puños; de todas formas, se contiene y transforma su mueca en sonrisa.

– Comprendo, Tú estás por encima de las necesidades de la Tierra y te da repugnancia el servirte de mí. Me lo he merecido. ‘Ven, entonces, y ve lo que hay en la Casa de Dios, ve cómo incluso los sacerdotes no rehúsan hacer transacciones entre el espíritu y la carne; porque, al fin y al cabo, son hombres y no ángeles. Cumple un milagro espiritual. Yo te llevo al pináculo del Templo, Tú transfigúrate en belleza allí arriba, y luego llama a las cohortes de ángeles y di que hagan de sus alas entrelazadas alfombra para tus pies y te porten así al patio principal. Que te vean y se acuerden de que Dios existe. De vez en cuando es necesario manifestarse, porque el hombre tiene una memoria muy frágil, especialmente en lo espiritual. Tú sabes qué dichosos se sentirán los ángeles de proteger tu pie y servirte de escalera cuando bajes.

-«No tientes al Señor tu Dios», está escrito.

– Comprendes que tu aparición tampoco mudaría las cosas y el Templo continuaría siendo un mercado y un lugar de corrupción. Tu divina sabiduría sabe que los corazones de los ministros del Templo son un nido de víboras, que se devoran, y devoran, con tal de aumentar su poder. Sólo los doma el poder humano.

Ven entonces. Adórame. Yo te daré la Tierra. Alejandro, Ciro, Cesar, todos los mayores dominadores pasados o vivos serán semejantes a jefes de mezquinas caravanas respecto a tí, que tendrás a todos los reinos de la Tierra bajo tu cetro, y con los reinos todas las riquezas, todas las cosas bellas de la tierra, y mujeres y caballos y soldados y templos. Podrás poner en alto en todas partes tu Signo, cuando seas Rey de los reyes y Señor del mundo. Entonces te obedecerá y venerará el pueblo y el sacerdocio. Todas las castas te honrarán y servirán, porque serás el Poderoso, el Único, el Señor.

¡Adórame aunque sólo sea un momento! ¡Quítame esta sed que tengo de ser adorado! Es la que me ha perdido, pero ha quedado en mí y me quema. Las llamaradas del infierno son aire fresco de la mañana respecto a este ardor que me quema por dentro. Es mi infierno, esta sed. ¡Un momento, un momento sólo, Cristo, Tú que eres bueno! ¡Un momento, aunque sólo sea, de gozo, al eterno Atormentado! Hazme sentir lo que quiere decir ser dios, y me tendrás devoto, obediente como siervo, durante toda la vida, en todas tus empresas. ¡Un momento! ¡Un solo momento, y no te atormentaré más!

Satanás cae de rodillas, suplicando.

Jesús, por el contrario, se ha levantado. Ha adelgazado en estos días de ayuno y parece aún más alto. Su rostro tiene un terrible aspecto de severidad y potencia, sus ojos son dos zafiros abrasadores, su voz es un trueno que resuena en la oquedad de la roca y se esparce por el pedregal y el llano desolado cuando dice:

– Vete, Satanás. Está escrito: «Adorarás al Señor tu Dios y a Él sólo servirás».

Satanás, con un alarido de condenado desgarro y de odio indescriptible, sale corriendo (tremendo ver su furiosa, humeante persona). Y desaparece con un nuevo alarido de maldición.

Jesús se sienta cansado, apoyando hacia atrás la cabeza contra la roca. Parece exhausto. Suda. Pero seres angélicos vienen a mover suavemente el aire con sus alas en el ambiente de bochorno de la cueva, purificándolo y refrescándolo. Jesús abre los ojos y sonríe. No lo veo comer. Yo diría que se nutre del aroma del Paraíso, obteniendo así nuevas fuerzas.

El Sol desaparece por el poniente. Jesús toma su vacío talego y, acompañado por los ángeles que producen una tenue luz suspendidos sobre su cabeza mientras la noche cae rapidísima, se dirige hacia el este, mejor dicho, hacia el nordeste. Ha recuperado su expresión habitual, el paso seguro. Sólo queda, como recuerdo del largo ayuno, un aspecto más ascético en su rostro delgado y pálido y en sus ojos, absortos en una alegría que no es de esta Tierra.

Dice Jesús (a María Valtorta):

– Ayer estabas sin tu fuerza, que es mi voluntad; eras, por tanto, un ser semivivo. He permitido reposar a tus miembros, te he sometido al único ayuno que te pesa: el de mi palabra. ¡Pobre María! Has pasado el Miércoles de Ceniza. En todo sentías el sabor de la ceniza, porque estabas sin tu Maestro. No se me sentía, pero estaba.

Esta mañana, puesto que el ansia es recíproca, te he susurrado en tu duermevela: «Agnus Dei qui tollis peccata mundi, dona nobis pacem» (Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, danos la paz), y te lo he hecho repetir muchas veces y muchas te lo he repetido. Has creído que iba a hablar sobre esto. No. Primero estaba el punto que te he mostrado y que te voy a comentar. Luego, esta noche, te ilustro este otro.

Has visto que Satanás se presenta siempre con apariencia benévola, con aspecto común. Si las almas están atentas y, sobre todo, en contacto espiritual con Dios, advierten ese aviso que las hace cautelosas y las dispone a combatir las insidias demoníacas. Pero si las almas no están atentas a lo divino, separadas por una carnalidad oprimente y ensordecedora, sin la ayuda de la oración que une a Dios y vierte su fuerza como por un canal en el corazón del hombre, entonces difícilmente se dan cuenta de la celada, y caen en ella, y luego es muy difícil liberarse.

Las dos vías más comunes que Satanás toma para llegar a las almas son la sensualidad y la gula. Empieza siempre por la materia; una vez que la ha desmantelado y subyugado, pasa a atacar a la parte superior: primero, lo moral (el pensamiento con sus soberbias y deseos desenfrenados); después, el espíritu, quitándole no sólo el amor — que ya no existe cuando el hombre ha substituido el amor divino por otros amores humanos — sino también el temor de Dios. Es entonces cuando el hombre se abandona en cuerpo y alma a Satanás, con tal de llegar a gozar de lo que desea, de gozar cada vez más.

Has visto cómo me he comportado Yo. Silencio y oración. Silencio. Efectivamente, si Satanás lleva a cabo su obra de seductor y se nos acerca, se le debe soportar sin impaciencias necias ni miedos mezquinos. Pero reaccionar: ante su presencia, con entereza; ante su seducción, con la oración.

Es inútil discutir con Satanás. Vencería él, porque es fuerte en su dialéctica. Sólo Dios puede vencerlo. Entonces, recurrir a Dios, que hable por nosotros, a través de nosotros. Mostrar a Satanás ese Nombre y ese Signo, no tanto escritos en un papel o grabados en un trozo de madera, cuanto escritos y grabados en el corazón. Mi Nombre, mi Signo. Rebatir a Satanás únicamente cuando insinúa que es como Dios, rebatirle usando la palabra de Dios; no la soporta.

Luego, después de la lucha, viene la victoria, y los ángeles sirven y defienden del odio de Satanás al vencedor; lo confortan con los rocíos celestes, con la gracia que vierten a manos llenas en el corazón del hijo fiel, con la bendición que acaricia al espíritu.

Hace falta tener la voluntad de vencer a Satanás, y fe en Dios y en su ayuda; fe en la fuerza de la oración y en la bondad del Señor. En ese caso Satanás no puede causar ningún daño

Religión, La Voz Libre

viernes, 13 de febrero de 2026

El Amor de pareja...

 

Test de San Valentín: 10 preguntas para saber si tu relación te acerca a Dios… atrévete a responder

Te ayudarán a ver si tu relación te acerca al Amor que no tiene fin, es decir a Nuestro Señor.

La fiesta de San Valentín es una ocasión para celebrar el amor en pareja. Como católicos, sabemos que el noviazgo no se trata solo de corazones y flores, sino de aprender a amar mejor a Dios y a la otra persona.

Te proponemos 10 preguntas que te ayudarán a ver si tu relación te acerca al Amor que no tiene fin, es decir a Nuestro Señor.

1. ¿Tu relación de pareja te ayuda a ser mejor persona?

¿Te anima a estudiar, trabajar, ser más responsable y ordenado en tu vida diaria?

Si tu relación te impulsa a crecer, es una buena señal; si te estanca o te distrae de todo, ojo.

2. ¿Crecen juntos en virtudes o en malas costumbres?

¿Esta persona te ayuda a ser más puro, honesto y paciente, o te lleva a mentiras, vicios y pecados? El verdadero amor te hace querer ser santo, no justificar el pecado.

3. Cuando discuten, ¿quieren ganar o amar?

Cuando no están de acuerdo, ¿buscan escucharse, comprenderse y perdonarse, o solo demostrar quién tiene la razón? Las crisis pueden ayudar a madurar, si se viven con humildad y amor.

4. Si se casaran mañana, ¿aceptarías su cruz y dejarías que cargue la tuya?

Amar no es solo sentir bonito, es estar dispuesto a cargar juntos el yugo de la vida. ¿Te ves caminando con esta persona en la enfermedad, las dificultades económicas y los momentos duros?

5. ¿Esta relación te ayuda a amar más a Jesús?

¿Rezas más, vas más a Misa, buscas más a Dios desde que estás con esta persona? ¿O están tan centrados el uno en el otro que se olvidan de que el centro de la relación debe ser el Señor y que juntos deben ayudarse uno al otro a ser más como Cristo?

6. ¿Pueden rezar juntos sin que se sienta raro?

¿Han intentado rezar un Padrenuestro, un Rosario o dar gracias juntos después de una cita? Si la oración compartida se siente imposible o siempre “incómoda”, de repente algo falta en el centro de la relación.

7. ¿Sueñan con un matrimonio y una familia con Cristo en el centro?

¿Hablan (aunque sea a futuro) de matrimonio, familia, apertura a la vida, vida de fe en común? Si solo buscan “pasarla bien” y cuesta mucho dar el paso a un mayor compromiso, quizá no van en la misma dirección.

8. ¿Esta relación te acerca más a los sacramentos?

¿Te confiesas más, vas más seguido a Misa y comulgas con más conciencia desde que estás con esa persona? O, por el contrario, ¿cada vez tienes más excusas para no ir a Misa ni confesarte?

9. Después de ver a tu pareja, ¿sientes paz o confusión?

Cuando vuelves a casa, ¿te sientes en paz, agradecido y más libre, o lleno de ansiedad, culpa y dudas? El amor verdadero trae serenidad, incluso cuando hay problemas.

10. ¿Tu sacerdote, director espiritual y amigos católicos apoyarían esta relación?

Si tus papás, tu confesor o tus amigos católicos de confianza supieran todo sobre la relación, ¿la verían como algo bueno para tu alma? El amor que viene de Dios no necesita esconderse.

San Valentín es una gran ocasión para mirar tu relación a la luz de Cristo.

Si estas preguntas te incomodan un poco, no es para asustarte, sino para ayudarte a amar mejor. La vida cristiana es un camino de aprendizaje continuo, nunca de miedo o justificaciones.

Un amor verdaderamente católico no es perfecto, pero siempre apunta a Dios, busca la santidad y se abre al sacramento del matrimonio como camino hacia la plena felicidad.

ChurchPop

Ejército Remanente...

martes, 10 de febrero de 2026

Los primeros viernes....

 

♥️ Las 12 promesas del Sagrado Corazón de Jesús


Las promesas de los primeros viernes del mes están asociadas a la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, basada en las revelaciones privadas que, según la tradición católica, Jesús hizo a Santa Margarita María de Alacoque en el siglo XVII. Jesús le prometió gracias especiales a quienes practicaran esta devoción con fe y amor.

Las 12 promesas del Sagrado Corazón de Jesús son:

1. Les daré todas las gracias necesarias para su estado de vida.
2. Estableceré la paz en sus familias.
3. Los consolaré en todas sus aflicciones.
4. Seré su refugio seguro durante la vida y especialmente en la hora de la muerte.
5. Derramaré abundantes bendiciones en todas sus empresas.
6. Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia.
7. Las almas tibias se volverán fervorosas.
8. Las almas fervorosas alcanzarán rápidamente gran perfección.
9. Bendeciré los hogares en los que la imagen de mi Sagrado Corazón sea expuesta y honrada.
10. Daré a los sacerdotes el don de mover los corazones más endurecidos.
11. Las personas que propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en mi Corazón y nunca será borrado.
12. La gran promesa: A todos los que comulguen los primeros viernes de mes, durante nueve meses consecutivos, les concederé la gracia de la perseverancia final; no morirán sin recibir los sacramentos y mi Corazón será su refugio seguro en la última hora.

¿En qué consiste esta devoción?

Para cumplir con esta práctica, se recomienda:

• Confesarse y estar en gracia de Dios (puede ser unos días antes o después del primer viernes).
• Asistir a Misa y recibir la Comunión el primer viernes de cada mes, durante nueve meses consecutivos, con la intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús.
• Tener un corazón contrito y un sincero deseo de reparación por los pecados propios y del mundo.

Esta devoción busca fomentar el amor, la reparación y la confianza en la misericordia infinita de Cristo.

viernes, 6 de febrero de 2026

El Agua Bendita...

 

Estudio científico: El Agua Bendita protege de las radiaciones

El Laboratorio científico del Instituto de Medicina Industrial y Naval analizó al agua, antes y después de ser bendecida. Los resultados demuestran que al hacerse la oración del Padre Nuestro y la Señal de la Cruz sobre el agua, la concentración de bacterias dañinas se reduce cientos de veces. La radiación electromagnética disminuye notablemente.

Si el agua bendita es tan poderosa contra los demonios en el mundo espiritual, de qué no será capaz en el mundo material

Entrevista a Maria Simma

—¿Cómo puede ayudarnos, a nosotros y a las almas del purgatorio, el agua bendita?

—Deberíamos tener agua bendita a mano en todos los hogares. Deberíamos usarla con frecuencia. En caso de que algo nos perturbe, o si se ha cometido un gran pecado, deberíamos rociar el lugar con agua bendita. Es una protección poderosa contra Satanás. Las almas del purgatorio piden que haya agua bendita en todas las tumbas, y se congregan y nos ayudan en cualquier lugar donde se utilice con frecuencia. También, para discernir si una actividad es demoníaca o no, el agua bendita contestará rápidamente la pregunta por nosotros. Los demonios escapan de ella y vuelve la paz cuando se utiliza.
Existen además estudios en la actualidad que prueban que el agua bendita es también una protección contra las radiaciones peligrosas.

Precisamente justo ahora con el Covid-19, se ha prohibido absolutamente el agua bendita en todas las iglesias y capillas, siendo sustituida por el infame y demoníaco gel hidroalcólico. Recordar que también se ha prohibido bañarse en el agua de Lourdes, de propiedades comprobadamente curativas.

Estos siervos de Satanás que gobiernan la Iglesia en la actualidad saben muy bien donde atacar para servir a su jefe y dejar al rebaño a merced de los lobos.

EFECTOS CIENTÍFICOS OBSERVADOS AL BENDECIR Y ORAR

Científicos rusos han descubierto y demostrado el mecanismo “material” del fenómeno divino de bendecir y orar (1). “Una oración es un medicamento poderosísimo”, afirma Valeri Slezin, jefe del Laboratorio de Neuropsicofisiología del Instituto de Investigación y Desarrollo Psiconeurológico Bekhterev de San Petersburgo. “La oración no solo regula todos los procesos del organismo humano, sino que también repara la estructura de la conciencia más afectada” (2).

El profesor Slezin hizo algo que resulta difícil de creer: medir el poder de la oración. Registrando los electroencefalogramas de algunos monjes al momento de orar, logró captar un fenómeno extraordinario, la desconexión completa del córtex cerebral.

Este estado puede observarse solo en bebés de tres meses, cuando la cercanía de su mamá les provoca una sensación de completa seguridad. A medida que la persona crece, tal sensación desaparece, la actividad cerebral aumenta y el ritmo de las bio-corrientes cerebrales raramente se manifiesta, salvo en las horas de sueño profundo o al orar, como ha demostrado el científico mencionado.

Valeri Slezin ha llamado a este estado desconocido “leve vigía, al orar” y ha demostrado que tiene una importancia vital para cada persona.

Es un hecho conocido que las enfermedades son provocadas también por situaciones difíciles y sucesos que nos quedan grabados en la mente. Al orar, sin embargo, las preocupaciones quedan en un plano secundario e incluso desaparecen totalmente. De esta manera se hace posible el restablecimiento psíquico, emocional y físico.

Los oficios de la Iglesia también tienen un importante rol en la recuperación de la salud. La ingeniera y electrofísica Angelina Malakovskaia, del Laboratorio de Tecnología Médica y Biológica, ha dirigido numerosos estudios para medir las diferencias en la salud de las personas, antes y después de asistir a algún oficio religioso. Los resultados han demostrado que participar de los servicios litúrgicos hace que se normalice la presión sanguínea y también determinados valores medibles en la sangre.

Parece que las oraciones pueden incluso neutralizar las radiaciones

Se sabe que después de la explosión de Chernobyl, los instrumentos para medir la radiación demostraron valores que llegaban a sobrepasar el límite cuantificable. Sin embargo, en el área en donde se encuentra la Iglesia del Arcángel Miguel, a 4 km de los reactores nucleares, el valor de la radiación se mantuvo normal.

Agua bendita, campanas y la señal de la cruz

Los científicos de Petersburgo también han confirmado, basándose en distintos experimentos efectuados, que el agua bendita (aghiasma), la Señal de la Cruz e incluso el repique de las campanas pueden tener propiedades sanadoras. Por eso, en Rusia, las campanas siempre se han hecho sonar en épocas de epidemia.

La frecuencia emitida por las campanas podría eliminar los agentes que provocan enfermedades como la gripe, la hepatitis o el tifus. Según Malakovskaia, las proteínas de los virus parecieran volverse incapaces de portar tales infecciones cuando las campanas emiten sonidos.

La Señal de la Cruz tiene un efecto aún más significativo: es capaz de eliminar microbios patógenos, no solo en el agua corriente, sino también en los ríos y lagos. Es más eficiente incluso que los más recientes aparatos de desinfección con radiación magnética.

El poder de la bendición

El Laboratorio científico del Instituto de Medicina Industrial y Naval analizó al agua, antes y después de ser bendecida. Los resultados demuestran que al hacerse la oración del Padre Nuestro y la Señal de la Cruz sobre el agua, la concentración de bacterias dañinas se reduce cientos de veces. La radiación electromagnética disminuye notablemente.

Así, la práctica común entre ortodoxos de hacer la Señal de la Cruz sobre todo alimento y bebida no tiene solamente un valor espiritual, sino también preventivo.

El agua bendita (aghiasma) no solamente se purificó, sino que también cambió su estructura, volviéndose completamente inofensiva y capaz de sanar. Todo esto ha sido demostrado científicamente.

El espectrógrafo muestra una densidad óptica más grande en el agua bendita, como si hubiera entendido el sentido de las oraciones sobre ella y las hubiera guardado en su memoria. Esta es la causa del poder curativo que tiene la aghiasma. El único limitante es, en todo caso, que sana solamente a quienes tienen fe.

En palabras de A. Malenkovskaia: “el agua distingue el nivel de fe de las personas”. Cuando un sacerdote bendice el agua, la densidad óptica de esta es 2.5 veces más grande. Cuando la bendición la hace un laico creyente, la densidad crece solamente 1.5 veces, pero cuando la bendición la realiza alguien que no ha sido bautizado o que no cree o ni siquiera lleva consigo una pequeña cruz, los cambios operados en el agua son completamente insignificantes.

Incluso la oración protege de la radiación nuclear por lo que aconsejo a todos los sometidos a radiaciones y a los vacunados rezarlo diariamente y usar agua bendita.

El Milagro de Hiroshima: Jesuitas sobrevivieron a la bomba atómica gracias al Rosario

Frente al 75 aniversario de los ataques atómicos a las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, la Iglesia recuerda un episodio documentado por historiadores y médicos que es conocido como el Milagro de Hiroshima.

El 6 de agosto de 1945, fiesta de la Transfiguración, cuatro sacerdotes jesuitas alemanes sobrevivieron al impacto de la bomba nuclear “Little Boy” en Hiroshima durante la Segunda Guerra Mundial.

Los jesuitas Hugo Lassalle, superior en Japón, Hubert Schiffer, Wilhelm Kleinsorge y Hubert Cieslik, se encontraban en la casa parroquial de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, uno de los pocos edificios que resistió a la bomba. En el momento de la explosión, uno de ellos se encontraba celebrando la Eucaristía, otro desayunaba y el resto en las dependencias de la parroquia.

Según escribió el propio P. Hubert Cieslik en su diario, únicamente sufrieron daños menores producto de cristales rotos, pero ninguno a consecuencia de la energía atómica liberada por la bomba. 

Los médicos que los atendieron tiempo después les advirtieron que la radiación recibida les produciría lesiones graves, así como enfermedades e incluso una muerte prematura.

El pronóstico nunca se cumplió. No desarrollaron ningún trastorno y en 1976, 31 años después del lanzamiento de la bomba, el P. Schiffer acudió al Congreso Eucarístico de Filadelfia (Estados Unidos) y relató su historia, donde confirmó que los cuatro jesuitas estaban aún vivos y sin ninguna dolencia.

Fueron examinados por decenas de doctores unas 200 veces a lo largo de los años posteriores y no se halló en sus cuerpos rastro alguno de la radiación.

Los cuatro religiosos nunca dudaron de que habían gozado de la protección divina y de intercesión de la Virgen: “Vivíamos el mensaje de Fátima y rezábamos juntos el Rosario todos los días”, explicaron.

(1) De hecho, fueron capaces de medir algunos efectos, demostrando científicamente lo que sabían los Santos Padres en casi 2,000 años de experiencia, pero tal “mecanismo”, divino en su esencia, no puede ser explicado en términos humanos. (Nota de J. Bulighina)

(2) Este poder sanador en lo físico, lo moral y lo espiritual, del Padre Nuestro dicho con fe, se puede apreciar en el programa 12 Pasos para Alcohólicos Anónimos y para familias afectadas por el alcoholismo. Algunas personas que estaban a un paso de morir o pacientes de hospitales para problemas mentales han experimentado transformaciones milagrosas.

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