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En La Montaña De Dios ; tiene morada propia La Santa Trinidad,,llí viven,Oran Trabajan Los Ermitaños Eucarísticos Del Padre Celestial, comunidad Franciscana, esta en Pie de Cuesta Santander, Colombia ;Soy un Hijo espiritual del Apa Antonio Lootens Su Fundador q.e.p.d . La Comunidad no es responsable de lo que acá se expresa son mis opiniones Personales ,en respaldo de nuestra Sagrada Iglesia Católica Tradicional.
miércoles, 13 de noviembre de 2013
domingo, 10 de noviembre de 2013
Creo en la Santa Iglesia Católica…La Comunión de los Santos…
By Paty Martinez on Enero 11, 2013
La palabra Iglesia significa sociedad o congregación
La Iglesia de Jesucristo es la sociedad visible fundada por nuestro Señor Jesucristo. Es militante, purgante y triunfante.
La Iglesia militante. La forman las que están en este mundo.
Iglesia purgante: La forman los que están en el purgatorio.
Iglesia triunfante: La forman los que Están en el cielo.
El noveno artículo del Credo se refiere especialmente a la Iglesia militante. Jesucristo la fundó para que todos los hombres puedan hallar siempre en ella todos los medios necesarios para su salvación. Estos medios son: la verdadera fe, el sacrificio y los sacramentos; además los mutuos auxilios espirituales, como la oración, el consejo y el ejemplo.
La Iglesia de Jesucristo es perpetua e infalible.
Perpetua significa que ha de durar hasta el fin del mundo. Inefable significa que no puede errar. Jesucristo dijo las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Yo estaré con vosotros hasta el fin de los siglos.
La Iglesia Católica es la sociedad de los fieles cuya cabeza es el santo Papa.
Para pertenecer a la Iglesia católica es necesario: Estar bautizado, Creer todas las verdades de la fe, Reconocer al Papa como cabeza de la Iglesia. No pertenecen a la Iglesia: los infieles, herejes, cismáticos, apóstatas y excomulgados.
Infiel es el que no está bautizado, Hereje es el cristiano que niega con pertinacia alguna verdad de la fe. Cismático es el cristiano que no reconoce al Papa como cabeza de la Iglesia. Apóstata es el que niega con acto externo la fe católica que antes profesaba, Excomulgado es el cristiano que ha sido privado por la Iglesia de los bienes espirituales comunes a todos los fieles.
La verdadera Iglesia militante de Jesucristo es la Iglesia católica, llamada también Romana, porque el Jefe de ella es el Sumo Pontífice de Roma. Las notas o señales por las cueles se reconoce la verdadera Iglesia militante de Jesucristo son: una, santa, católica y apostólica.
Una: porque Jesucristo fundó una sola. Porque siempre ha tenido y tiene en todas partes una misma fe, unos mismos sacramentos y una misma cabeza. Santa: porque Jesucristo es Santo y la fundó para santificarnos. Porque su cabeza es Jesucristo, el Santo de los santos, sus sacramentos son santos, su doctrina es santa y hace santos a los que la practican. Católica: la palabra católica significa universal: Jesucristo fundó su Iglesia para todos los hombres hasta el fin del mundo. Apostólica: Jesucristo confió su propagación y gobierno a los apóstoles y a sus legítimos sucesores.
Sólo la Iglesia Católica tiene santos, esto es, personas de virtudes tan extraordinarias que el mismo Dios da testimonio de ellas con hechos sobrenaturales. La doctrina Católica ha sido siempre la misma, sin cambio alguno. Por razón de tiempo. La Iglesia Católica existe desde que la fundó Jesucristo.
Las demás religiones, que se llaman cristianas, cuentan su existencia desde varios años y aún siglos después de Jesucristo. Los fundadores de estas religiones: casi todos fueron católicos que se rebelaron contra la Santa Madre Iglesia. Por razón de Lugar. La Iglesia Católica es para todos los hombres y está extendida en toda la tierra.
Es Apostólica porque viene de los apóstoles y tiene la doctrina que ellos enseñaron.
Sólo la Iglesia Católica tiene el sello divino que es el milagro. Milagro es un hecho sensible, superior a todas las fuerzas y leyes de la naturaleza. Por consiguiente el milagro solo puede venir de Dios. Nuestro Señor Jesucristo probó con milagros su divinidad. El Papa es el Romano Pontífice, sucesor de San Pedro. Vicario de Cristo en la tierra. Jesucristo dijo a San Pedro:
“Tú eres Pedro y sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia, las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”
“Y a ti te daré las llaves de los cielos; y todo lo que ligares en la tierra, ligado será en los cielos y todo lo que desatares en la tierra será también desatado en los cielos” Mt 18,18 Con estas palabras Jesucristo instituye a Pedro cimiento y jefe supremo de su Iglesia. Donde están Pedro y sus sucesores allí está la Iglesia.
Legítimos Pastores de la Iglesia son el Papa y los Obispos unidos a él.
El Papa es el obispo de Roma, sucesor de San Pedro. Los Obispos son los sucesores de los Apóstoles. Jesucristo es el jefe principal o cabeza invisible de la Iglesia. Mas la Iglesia, como sociedad perfecta y visible, debe tener un jefe visible. El jefe visible es el papa que representa a Jesucristo en la tierra. El Obispo, con dependencia del Papa, es el jefe de su diócesis. El Obispo en la cura de almas se ayuda de los sacerdotes, principalmente de los párrocos. El Párroco con dependencia del Obispo, es el jefe de su Parroquia.
El Papa y los Obispos unidos a él, constituyen la Iglesia docente. La Iglesia docente ha recibido de Jesucristo la misión de enseñar las verdades y las leyes divinas a todos los hombres. El Papa solo, sin los Obispos, es infalible, cuando, como Maestro de todos los cristianos, define doctrinas acerca de la fe y costumbres. En todas las demás cosas el Papa no es infalible ni impecable. La infalibilidad del Papa no consiste en una revelación particular, ni en una inspiración profética, sino en una asistencia divina que preserva al Papa de todo error, cuando define las verdades reveladas. Sin la autoridad infalible de la Iglesia hubiera sido imposible la unidad de fe y creencias.
En la Iglesia de Jesucristo se debe distinguir el cuerpo y el alma. El cuerpo consiste en lo que tiene de visible y externo. El alma de la Iglesia consiste en los que tiene de interno y espiritual, especialmente en la gracia de Dios.
Miembros vivos de la Iglesia son todos los fieles que están en gracia de Dios. Miembros muertos de la Iglesia son los fieles que están en pecado mortal. Toda persona que está en gracia de Dios pertenece al alma de la verdadera Iglesia de Jesucristo.
Los fieles católicos que están en pecado mortal pertenecen al cuerpo de la Iglesia católica, pero no al alma.
Los que no son católicos externamente, sin culpa suya, por no conocer la religión católica, pero aman a Dios y le sirven como saben y pueden, tienen la gracia de Dios, y pertenecen al alma de la Iglesia Católica. No hay salvación para quien muere sin pertenecer al alma de la Iglesia Católica.
Este artículo del Credo es en cierta manera el más importante de todos.
La autoridad infalible de la Iglesia es a que nos asegura que las Sagradas Escrituras, el Evangelio y las verdades contenidas en el símbolo, son reveladas por Dios. La Sagrada Escritura puede ser entendida de maneras muy diversas, por eso la necesidad de que haya una autoridad infalible que las interprete rectamente. Creemos en la Santa Iglesia católica, porque ella tiene todos los caracteres necesarios que demuestran su divina institución. Por eso ella es nuestra maestra y guía para que podamos alcanzar la eterna salvación. Debemos pues obedecer a la Iglesia. Nuestro Señor Jesucristo dijo a sus Apóstoles:
“El que a vosotros oye, a Mi me oye; el que a vosotros desprecia, a Mi me desprecia. El que no oye a la Iglesia, sea tenido como gentil y publicano”
La Comunión de los Santos…
La Comunión de los Santos es la comunicación de los bienes espirituales entre los fieles que están en gracia de Dios. La palabra comunión significa comunicación. La palabra santos significa los fieles que están en gracia de Dios.
Los bienes espirituales son la gracia, oraciones y demás buenas obras.
Los miembros que están en gracia de Dios son miembros vivos de un mismo cuerpo místico, del cual es cabeza nuestro Señor Jesucristo. En un cuerpo la cabeza deja sentir su influencia en todos los miembros, y los bienes de uno son bienes de los demás.
La comunión de los Santos se extiende también a la Iglesia triunfante y purgante. Los santos del cielo ruegan a Dios por nosotros y por las almas del purgatorio. Los que están en pecado mortal participan solamente de los bienes externos del culto y de las plegarias de los justos para obtener el perdón.
El tesoro de la Iglesia está formado por la parte propiciatoria, impetratoria y satisfactoria de las obras buenas hechas por los justos. Toda obra buena hecha en gracia de Dios es meritoria, propiciatoria, impetratoria y satisfactoria: Meritoria: Hace ganar meritos y premios para el cielo. Propiciatoria: aplaca la divina Justicia. Impetratoria: Consigue gracias del Señor. Satisfactoria: Satisface la pena temporal debida por los pecados.
La parte meritoria es del que práctica la obra buena: no se puede ceder. Las otras partes se pueden ceder con ellas, se forma el tesoro de la Iglesia.
Las buenas obras por razón del mérito pueden ser vivas, muertas y mortificadas. Vivas, son las que se hacen en gracia de Dios. Mientras dura la gracia de Dios son dignas de merito y de premio eterno. Muertas, son las que se hacen en pecado mortal. Nunca tendrán merito ni premio. ¡Cuán triste es vivir en pecado mortal! En tal estado, aunque se hagan obras muy buenas, no se conseguirá por ellas premio alguno en la eternidad. No obstante, cuantas más obras buenas hace un pecador, más fácil es que consiga la gracia de la conversión. Mortificadas, son las buenas obras hechas en gracia de Dios, si sobreviene el pecado mortal. Mientras dura el pecado mortal son como muertas; pero, si se recobra la gracia de Dios, son de nuevo vivas. Para que las obras sean meritorias deben hacerse con la intención de agradar a Dios. Las buenas obras no todas tienen el mismo merito, sino unas son mucho más meritorias que otras; y aún puede suceder que una sola tenga más mérito que muchas otras juntas. Las buenas obras pueden ser obligatorias y no obligatorias o supererogatorias. Obligatorias, son las que están mandadas bajo pena de culpa, como oír Misa en los días festivos. Supererogatorias, las que no son de obligación, como el oír Misa diariamente.
Las buenas obras más recomendadas por Dios en la Sagrada Escritura son:
- La oración, o sea los actos relativos al culto divino, como por ejemplo la santa Misa…
- El ayuno o las obras de mortificación.
- La limosna, o las obras de caridad y misericordia.
Las verdaderas riquezas son las buenas obras hechas en gracia de Dios.
Las buenas obras y los actos de virtud procuran la gloria del Criador.
¡Qué alientos infunde en las almas buenas para practicar todas aquellas obras que pueden contribuir a la Gloria de Dios! ¡Qué fervor en todos los ejercicios de piedad! ¡Qué desprecio de todo lo que no es de Dios!
No quedará sin premio toda buena obra hecha para Gloria de Dios
Poco después de haber muerto una persona muy piadosa, se apareció radiante de gloria a otra, y le dijo:
“Soy sumamente feliz; pero, si algo pudiera desear, sería el volver a la vida y padecer mucho, a fin de merecer más gloria”, añadiendo que quisiera padecer hasta el día del juicio todo los dolores que había padecido durante su última enfermedad, para lograr solamente la gloria que corresponde al mérito de una sola Ave María.
Adoremos y demos gracias a nuestro Padre Santo por nuestra Santa Iglesia, que él fundó y roguémosle nos ayude a ser obedientes para cumplir su ley y a crecer cada día más en la fe.
Padre Bueno y Eterno ayúdanos a mantener nuestra alma en estado de gracia para que nuestras obras sean siempre agradables a Ti, regálanos la perseverancia en la oración, a mortificar nuestro cuerpo y a crecer en generosidad, para así algún día gozar de la vida eterna.
¡¡¡Unidos en la Eucaristía!!!
Un hereje : es un bautizado que rechaza un dogma de la Iglesia Católica Romana.
Un cismático :es quien niega estar en comunión con el Papa verdadero o con los verdaderos católicos.
Un apóstata : es quien rechaza por completo la fe cristiana. Todos los herejes, cismáticos y apóstatas, se separan automáticamente de la Iglesia Católica (Pío XII, encíclica Mistici corporis, 29 de junio de 1943).
Por lo tanto, quien es hereje no es católico (Papa León XIII, encíclica Satis cognitum, 29 de junio de 1896). Y la mayoría de los herejes están convencidos que no niegan dogma alguno, cuando en realidad sí lo hacen.
By Paty Martinezlunes, 28 de octubre de 2013
Para los que creemos tengamos en cuenta esta devocion tradicional de Nuestra Santa Madre Iglesia......
SAN
MIGUEL ARCÁNGEL,
DEFIÉNDENOS
EN LA BATALLA
LA ORACIÓN A SAN MIGUEL
ARCÁNGEL:
El Papa Leon XIII recomendaba a los obispos y los
sacerdotes que rezaran a menudo ese exorcismo en sus diócesis parroquiales. El,
por su parte, lo rezaba con mucha frecuencia a lo largo del día.
San Miguel
Arcángel, defiéndenos en la batalla sé
nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas
del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes,
y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno
con el divino poder a Satanás y a los demás espíritus
malignos que andan dispersos por el mundo
para la perdición de las almas.
nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas
del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes,
y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno
con el divino poder a Satanás y a los demás espíritus
malignos que andan dispersos por el mundo
para la perdición de las almas.
¿CÓMO NACIÓ ESTA ORACIÓN?:
El padre
Domenico Pechenino escribe:
“No
recuerdo el año exacto. Una mañana el Sumo Pontífice León XIII había celebrado
la santa misa y estaba asistiendo a otra de agradecimiento, como era habitual.
De pronto, le vi levantar enérgicamente la cabeza y luego mirar algo por encima
del celebrante. Miraba fijamente, sin parpadear, pero con un aire de terror y
de maravilla, demudado. Algo extraño, grande, le ocurría.
Finalmente, como volviendo en sí, con un ligero pero enérgico ademán, se levanta. Se le ve encaminarse hacia un despacho privado. Los familiares le siguen con premura y ansiedad. Le dicen en voz baja: “Santo Padre, ¿no se siente bien? ¿Necesita algo?” Responde: “Nada, nada”. Luego comentaría: «Vi demonios y oí sus crujidos, sus blasfemias, sus burlas. Oí la espeluznante voz de Satanás desafiando a Dios, diciendo que él podía destruir la Iglesia y llevar a todo el mundo al infierno si se le daba suficiente tiempo y poder. Satanás le pidió permiso a Dios de tener 100 años para influenciar al mundo como nunca antes había podido hacerlo». Pudo ver también a San Miguel Arcángel aparecer y lanzar a Satanás con su legiones en el abismo del infierno.
Se encierra en su despacho, y al cabo de media hora hace llamar al secretario de la Congregación de Ritos y, dándole un folio, le manda imprimirlo y enviarlo a todos los obispos diocesanos del mundo. ¿Qué contenía? La oración que rezamos al final de la misa junto con el pueblo, con la súplica a María y la encendida invocación al príncipe de las milicias celestiales, implorando a Dios que vuelva a lanzar a Satanás al infierno”.
En aquel escrito se ordenaba también rezar esas oraciones de rodillas. Lo antes escrito, que también había sido publicado en el periódico La settimana del clero el 30 de marzo de 1947, no cita las fuentes de las que se tomó la noticia. Pero de ello resulta el modo insólito en que se ordenó rezar esa plegaria, que fue expedida a los obispos diocesanos en 1886. Como confirmación de la que escribió el padre Pechenino tenemos el autorizado testimonio del cardenal Nasalli Rocca que, en su carta pastoral para la cuaresma, publicada en Bolonia en 1946, escribe:
Finalmente, como volviendo en sí, con un ligero pero enérgico ademán, se levanta. Se le ve encaminarse hacia un despacho privado. Los familiares le siguen con premura y ansiedad. Le dicen en voz baja: “Santo Padre, ¿no se siente bien? ¿Necesita algo?” Responde: “Nada, nada”. Luego comentaría: «Vi demonios y oí sus crujidos, sus blasfemias, sus burlas. Oí la espeluznante voz de Satanás desafiando a Dios, diciendo que él podía destruir la Iglesia y llevar a todo el mundo al infierno si se le daba suficiente tiempo y poder. Satanás le pidió permiso a Dios de tener 100 años para influenciar al mundo como nunca antes había podido hacerlo». Pudo ver también a San Miguel Arcángel aparecer y lanzar a Satanás con su legiones en el abismo del infierno.
Se encierra en su despacho, y al cabo de media hora hace llamar al secretario de la Congregación de Ritos y, dándole un folio, le manda imprimirlo y enviarlo a todos los obispos diocesanos del mundo. ¿Qué contenía? La oración que rezamos al final de la misa junto con el pueblo, con la súplica a María y la encendida invocación al príncipe de las milicias celestiales, implorando a Dios que vuelva a lanzar a Satanás al infierno”.
En aquel escrito se ordenaba también rezar esas oraciones de rodillas. Lo antes escrito, que también había sido publicado en el periódico La settimana del clero el 30 de marzo de 1947, no cita las fuentes de las que se tomó la noticia. Pero de ello resulta el modo insólito en que se ordenó rezar esa plegaria, que fue expedida a los obispos diocesanos en 1886. Como confirmación de la que escribió el padre Pechenino tenemos el autorizado testimonio del cardenal Nasalli Rocca que, en su carta pastoral para la cuaresma, publicada en Bolonia en 1946, escribe:
“León
XIII escribió él mismo esa oración. La frase [los demonios] “que vagan por
el mundo para perdición de las almas” tiene una explicación histórica, que
nos fue referida varias veces por su secretario particular, monseñor Rinaldo
Angeli. León XIII experimentó verdaderamente la
visión de los espíritus infernales que se concentraban sobre la Ciudad Eterna
(Roma); de esa experiencia surgió la oración que quiso hacer rezar
en toda la Iglesia. El la rezaba con voz vibrante y potente: la oímos muchas
veces en la basílica vaticana. No sólo esto, sino que escribió de su puño y
letra un exorcismo especial contenido en el Ritual romano (edición de 1954,
tít. XII, c. III, pp. 863 y ss.). El recomendaba a los obispos y los sacerdotes
que rezaran a menudo ese exorcismo en sus diócesis parroquiales. El, por su
parte, lo rezaba con mucha frecuencia a lo largo del día”.
domingo, 28 de julio de 2013
VIVA EL PAPA FRANCISCO..........
Nuestro Santo Padre el Papa Francisco ,nos da una lección a todos los Católicos del Mundo ; tenemos un gran Papa que cree en la transformación de la santa Iglesia es estos nuevos tiempos de industrialización, ciencia , pluralidades, y diversión desenfrenada : nos manda a cada uno de nosotros a ir .Evangelizae
r,servir pero ....sin miedo , comprometámonos.
Larga vida a francisco Pastor, que si conoce a su rebaño.
JAG
RÍO DE JANEIRO, 28 Jul. 13 / 09:13 am (ACI/EWTN Noticias).- Ante un mar humano de casi cuatro millones de jóvenes que colmaban la playa de Copacabana, el Papa Francisco cerró la Jornada Mundial de la Juventud 2013 con un llamado a llevar el Evangelio “a todos”, sin límites ni fronteras.
“Jesús se dirige a cada uno de ustedes diciendo: ‘Qué bonito ha sido participar en la Jornada Mundial de la Juventud, vivir la fe junto a jóvenes venidos de los cuatro ángulos de la tierra, pero ahora tú debes ir y transmitir esta experiencia a los demás’”, dijo el Pontífice al iniciar una homilía emotiva, interrumpida por aplausos e interacciones con los jóvenes.
“¿Qué nos dice hoy el Señor? Tres palabras: Vayan, sin miedo, para servir”, sintetizó el Pontífice, quien antes del inicio de la Misa recibió como obsequio un cáliz, de manos del Arzobispo de Río de Janeiro, Mons. Orani Tempesta.
“¡Cuidado! Jesús no ha dicho: ‘si quieren, si tienen tiempo, sino: ‘Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos’”, explicó el Papa Francisco. “Compartir la experiencia de la fe, dar testimonio de la fe, anunciar el evangelio es el mandato que el Señor confía a toda la Iglesia, también a ti”, agregó.
“¿Adónde nos envía Jesús? No hay fronteras, no hay límites: nos envía a todos. El Evangelio no es para algunos sino para todos. No es sólo para los que nos parecen más cercanos, más receptivos, más acogedores. Es para todos”.
“No tengan miedo de ir y llevar a Cristo a cualquier ambiente, hasta las periferias existenciales, también a quien parece más lejano, más indiferente” remarcó el Papa, ante la respuesta entusiasmada de los jóvenes.
Luego preguntó “¿Saben cuál es el mejor medio para evangelizar a los jóvenes?”“Otro joven. Éste es el camino que hay que recorrer”, respondió.
“Sin miedo. Puede que alguno piense: ‘No tengo ninguna preparación especial, ¿cómo puedo ir y anunciar el evangelio?’. Querido amigo, tu miedo no se diferencia mucho del de Jeremías (…), cuando fue llamado por Dios para ser profeta”, dijo el Papa. “Jesús no deja solo a nadie. Nos acompaña siempre”, les aseguró.
"Quiero agradecer de corazón a la pastoral juvenil, a los movimientos y nuevas comunidades por su apostolado con los jóvenes ¡tan creativos y audaces!", expresó el Papa, que también se dirigió a los obispos y les pidió acompañar a los jóvenes con alegría y ayudarlos en su compromiso.
“Queridos jóvenes, sientan la compañía de toda la Iglesia, y también la comunión de los santos, en esta misión”, dijo luego el Papa; al remarcar que “cuando juntos hacemos frente a los desafíos, entonces somos fuertes, descubrimos recursos que pensábamos que no teníamos”.
Respecto del llamado a servir, el Santo Padre recordó que “la vida de Jesús es una vida para los demás”. “Evangelizar es dar testimonio en primera persona del amor de Dios, es superar nuestros egoísmos, es servir inclinándose a lavar los pies de nuestros hermanos como hizo Jesús”, explicó.
“Jesucristo cuenta con ustedes. La Iglesia cuenta con ustedes. El Papa cuenta con ustedes. Que María, Madre de Jesús y Madre nuestra, les acompañe siempre con su ternura”, concluyó la homilía.
Larga vida a francisco Pastor, que si conoce a su rebaño.
A los Cardenales Obispos y Sacerdotes les da una nueva ruta y misión : salir a de sus parroquias y ser del pueblo y para el pueblo de Dios ,a muchos de estos prelados les toca agachar obedientemente la cabeza.... o sus fieles les pedirán cuentas . Ellos están para ser soporte local de la nueva doctrina de La iglesia dada por el Papa.
RÍO DE JANEIRO, 28 Jul. 13 / 09:13 am (ACI/EWTN Noticias).- Ante un mar humano de casi cuatro millones de jóvenes que colmaban la playa de Copacabana, el Papa Francisco cerró la Jornada Mundial de la Juventud 2013 con un llamado a llevar el Evangelio “a todos”, sin límites ni fronteras.
“Jesús se dirige a cada uno de ustedes diciendo: ‘Qué bonito ha sido participar en la Jornada Mundial de la Juventud, vivir la fe junto a jóvenes venidos de los cuatro ángulos de la tierra, pero ahora tú debes ir y transmitir esta experiencia a los demás’”, dijo el Pontífice al iniciar una homilía emotiva, interrumpida por aplausos e interacciones con los jóvenes.
“¿Qué nos dice hoy el Señor? Tres palabras: Vayan, sin miedo, para servir”, sintetizó el Pontífice, quien antes del inicio de la Misa recibió como obsequio un cáliz, de manos del Arzobispo de Río de Janeiro, Mons. Orani Tempesta.
“¡Cuidado! Jesús no ha dicho: ‘si quieren, si tienen tiempo, sino: ‘Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos’”, explicó el Papa Francisco. “Compartir la experiencia de la fe, dar testimonio de la fe, anunciar el evangelio es el mandato que el Señor confía a toda la Iglesia, también a ti”, agregó.
“¿Adónde nos envía Jesús? No hay fronteras, no hay límites: nos envía a todos. El Evangelio no es para algunos sino para todos. No es sólo para los que nos parecen más cercanos, más receptivos, más acogedores. Es para todos”.
“No tengan miedo de ir y llevar a Cristo a cualquier ambiente, hasta las periferias existenciales, también a quien parece más lejano, más indiferente” remarcó el Papa, ante la respuesta entusiasmada de los jóvenes.
Luego preguntó “¿Saben cuál es el mejor medio para evangelizar a los jóvenes?”“Otro joven. Éste es el camino que hay que recorrer”, respondió.
“Sin miedo. Puede que alguno piense: ‘No tengo ninguna preparación especial, ¿cómo puedo ir y anunciar el evangelio?’. Querido amigo, tu miedo no se diferencia mucho del de Jeremías (…), cuando fue llamado por Dios para ser profeta”, dijo el Papa. “Jesús no deja solo a nadie. Nos acompaña siempre”, les aseguró.
"Quiero agradecer de corazón a la pastoral juvenil, a los movimientos y nuevas comunidades por su apostolado con los jóvenes ¡tan creativos y audaces!", expresó el Papa, que también se dirigió a los obispos y les pidió acompañar a los jóvenes con alegría y ayudarlos en su compromiso.
“Queridos jóvenes, sientan la compañía de toda la Iglesia, y también la comunión de los santos, en esta misión”, dijo luego el Papa; al remarcar que “cuando juntos hacemos frente a los desafíos, entonces somos fuertes, descubrimos recursos que pensábamos que no teníamos”.
Respecto del llamado a servir, el Santo Padre recordó que “la vida de Jesús es una vida para los demás”. “Evangelizar es dar testimonio en primera persona del amor de Dios, es superar nuestros egoísmos, es servir inclinándose a lavar los pies de nuestros hermanos como hizo Jesús”, explicó.
“Jesucristo cuenta con ustedes. La Iglesia cuenta con ustedes. El Papa cuenta con ustedes. Que María, Madre de Jesús y Madre nuestra, les acompañe siempre con su ternura”, concluyó la homilía.
viernes, 15 de marzo de 2013
En esta epoca tan critica para todo el mundo.....
Sancte Michael Archangele
Oración a San
Miguel (León XIII)

Sancte Michael Archangele,
defende nos in praelio.
Contra nequitiam et insidias diaboli esto praesidium.
Imperet illi Deus, supplices deprecamur.
Tuque princeps militiae caelestis, Satanam aliosque spiritus malignos,
qui ad perditionem animarum pervagantur in mundo divina virtute in
infernum detrude.
Amen.
San Miguel Arcángel,
defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las
acechanzas del demonio. Que Dios le reprima, pedimos suplicantes; y tú,
Príncipe de la Milicia Celestial, ayudado del poder divino, precipita en el
infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que para perdición de las
almas, vagan por el mundo. Amén.
Aclaraciones necesarias........
Un
hereje es un bautizado que rechaza un dogma de la Iglesia
Católica Romana.
Un cismático es quien niega estar en comunión con el Papa verdadero o con los verdaderos católicos.
Un cismático es quien niega estar en comunión con el Papa verdadero o con los verdaderos católicos.
Un
apóstata es quien rechaza por completo la fe cristiana.
Todos
los herejes, cismáticos y apóstatas se separan automáticamente de la Iglesia
Católica (Pío XII, encíclica Mistici corporis, 29 de junio de 1943).
Por lo tanto, quien es hereje no es católico (Papa León XIII, encíclica
Satis cognitum, 29 de junio de 1896).
Y la mayoría de los herejes están
convencidos que no niegan dogma alguno, cuando en realidad sí lo hacen
viernes, 1 de marzo de 2013
El Santo Padre Benedicto . todo lo tenia y lo tiene muy claro....
Ratzinger y el futuro de la Iglesia
Itaici, Brasil - A fines del año
litúrgico, cuando la Iglesia celebra la esperanza en la vida eterna, podría ser
útil releer el libro Fe y futuro (Petrópolis: Vozes, 1971), escrito a
fines de los años ‘60 por el teólogo Joseph Ratzinger, actualmente Papa
Benedicto XVI.El año 1968 fue un año emblemático, marcado por disturbios en las
Universidades y por fuerte contestación dentro de la Iglesia. En ese contexto,
el teólogo Joseph Ratzinger se cuestionaba acerca del futuro de la propia
Iglesia.En el periodo del inmediato post-Concilio Vaticano II, la crisis
eclesial que presenciaba, llevó a Ratzinger a acordarse de la gravísima
situación vivida por la Iglesia en la segunda mitad del siglo XVIII, el llamado
“Siglo de las Luces”. El racionalismo triunfante había declarado superados los
viejos dogmas religiosos. El propio arzobispo católico de París abandonó la fe
y rindió culto a la “diosa razón”, en la catedral de Notre-Dame. La crisis
social y religiosa del siglo XVIII desembocó en la Revolución Francesa, en la
cual el propio ex-arzobispo fue guillotinado, bajo el terror revolucionario.
Ratzinger en el tiempo del Concilio (1964)Frente a la crisis de los años ‘60, Ratzinger se preguntaba dónde podría
surgir un futuro para la Iglesia. En su opinión, el futuro de la Iglesia no
vendría de aquellos que, siguiendo eslóganes modernos, criticaban a los otros y
declaraban falso y superado todo lo que les resultaba exigente e incómodo; no
vendría de los que se acomodan en la dirección en que el viento sopla. El
futuro de la Iglesia sólo podría venir de los hombres y mujeres de fe, capaces
de renunciar a sí mismos y de entregarse al amor de Dios y del prójimo. El
futuro de la Iglesia estaría marcado, una vez más, por los santos.En la visión
del teólogo Ratzinger, la Iglesia del futuro (“la Iglesia del año 2000”) sería
una Iglesia pequeña y pobre, que no llenaría los grandes templos, construidos
en periodos de esplendor. Una Iglesia interiorizada y simplificada, que no
prevalecería por sus antiguos privilegios, ni simpatizaría con las ideologías
de moda, la izquierda o la derecha. Las pequeñas comunidades cristianas podrían
ser presididas por una nueva figura de sacerdote, que ejercería otra profesión.
El padre “empleado social” sería sustituido por los psicólogos y otros
especialistas, pero el sacerdote dedicado por completo a la Iglesia seguiría
siendo necesario y dedicaría una atención prioritaria a los más pobres y
abandonados.El futuro predecía tiempos muy difíciles a la Iglesia. Los hombres
y mujeres de un mundo planificado, donde Dios puede parecer superfluo, se
sentirían muy solitarios. Entonces, podrían descubrir la novedad del Evangelio,
en las pequeñas comunidades de los que aún creen. La Iglesia se volvería una
patria que a todos ofrece vida y esperanza para después de la muerte.
__________________
Luís González-Quevedo, S.J.luisquevedosj@vilakostkaitaici.org.br .
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Luís González-Quevedo, S.J.luisquevedosj@vilakostkaitaici.org.br .
Bajo qué aspecto se presentara
la Iglesia en el año 2000? - Joseph Ratzinger
|
Hace poco más de cuarenta años y casi una década antes de ser nombrado
obispo por Pablo VI, el entonces sacerdote y profesor de teología en Tubinga
y luego Ratisbona, Dr. Joseph Ratzinger, emitía una serie de charlas en un
programa radiofónico de su país. La editorial Kösel-Verlag de München las
reunió en 1970 publicando con ellas un libro de cinco capítulos titulado
“Glaube und Zukunft”, traducido al año siguiente al español como “Fe y
futuro”. Gracias a una gentileza de Editorial Desclee de Brouwer, que ha
reeditado “Fe y futuro” de Joseph Ratzinger, reproducimos para los lectores
de Humanitas, por su riqueza y candente actualidad, el quinto capítulo del
mencionado libro.
El teólogo no es un adivino. Tampoco es un futurólogo que, a partir de factores calculables del presente, hace cálculos sobre el futuro. Su oficio escapa en gran parte al cálculo; sólo mínimamente podría llegar a ser objeto de la futurología, que no es tampoco un arte adivinatoria, sino que establece lo que es calculable, y tiene que dejar pendiente lo que no es calculable. Dado que la fe y la Iglesia se adentran hasta esa profundidad del ser humano de la que surge siempre lo nuevo creativo, lo inesperado y no planificado, de ello se deduce que su futuro permanece escondido para nosotros, también en la época de la futurología. ¿Quién hubiera podido predecir, al morir Pío XII, el concilio Vaticano II o la evolución posconciliar? ¿O quién se hubiera atrevido a predecir el Vaticano I cuando Pío VI, secuestrado por las tropas de la joven república francesa, murió prisionero en Valence en 1799? Ya tres años antes uno de los dirigentes de la república había escrito: «Este viejo ídolo será destruido. Así lo quieren la libertad y la filosofía… Es de desear que Pío VI viva todavía dos años, para que la filosofía tenga tiempo de completar su obra y de dejar a este lama de Europa sin sucesor»(1). Y pareció que realmente era así, hasta tal punto que se hicieron oraciones fúnebres por el papado, que se daba ya por definitivamente extinguido.
Seamos, por consiguiente, prudentes con los pronósticos. Aún es válida
la palabra de Agustín según la cual el ser humano es un abismo; nadie puede
observar de antemano lo que se alza de ese abismo. Y quien cree que la
Iglesia no está determinada sólo por ese abismo que es el ser humano, sino
que se fundamenta en el abismo mayor e infinito de Dios, tiene motivos más
que suficientes para abstenerse de unas predicciones cuya ingenuidad en el
querer-tener-respuestas podría revelar sólo ignorancia histórica. Pero
entonces ¿tiene algún sentido nuestro tema? Puede tenerlo si uno es
consciente de sus límites. Precisamente en tiempos de violentas convulsiones
históricas en las que parece desvanecerse lo que ha sucedido hasta ese
momento, y abrirse algo que es completamente nuevo, el ser humano necesita
reflexionar sobre la historia, que le hace ver en su justa medida el instante
irrealmente agrandado, y enmarca de nuevo ese instante en un acontecer que
nunca se repite, pero que tampoco pierde nunca su unidad y su contexto. Ahora
podrían ustedes decir: «¿Hemos oído bien? ¿Reflexionar sobre la historia?
Pero esto significa dirigir una mirada al pasado, cuando en realidad
esperábamos poner la vista en el futuro». Sí, han oído bien, pero pienso que
la reflexión sobre la historia, si es bien entendida, comprende ambas cosas:
una mirada retrospectiva a lo anterior y, desde ahí, la reflexión sobre las
posibilidades y las tareas de lo venidero, que sólo se pueden esclarecer si
se abarca con la mirada un tramo mayor de camino y uno no se cierra
ingenuamente en el hoy. La mirada retrospectiva no permite hacer predicciones
del futuro, pero limita la ilusión de lo que se presenta como completamente
único, y muestra cómo también en el pasado ha existido algo comparable,
aunque no lo mismo. En lo que hay de desigual entre entonces y hoy se
fundamenta la incertidumbre de nuestros enunciados y la novedad de nuestras
tareas; en lo que es igual se fundamenta la posibilidad de una orientación y
una corrección.
Nuestra situación eclesial actual es comparable ante todo al período del llamado modernismo, a finales del siglo XIX y principios del siglo XX y, en segundo lugar, al final del rococó, apertura definitiva de la época moderna con la Ilustración y la revolución francesa. La crisis del modernismo no se realizó por completo, sino que fue interrumpida por las medidas de Pío X y por el cambio de situación espiritual tras la primera guerra mundial; la crisis actual es sólo la reanudación, diferida durante mucho tiempo, de lo que empezó entonces. Así, queda la analogía con la historia de la Iglesia y de la teología en la Ilustración. Quien la analice más detenidamente se sorprenderá por el grado de semejanza entre lo que sucedió entonces y lo que sucede hoy. La «Ilustración» como época histórica no tiene hoy buena fama; incluso quien sigue tras sus huellas no quiere ser tenido por ilustrado, sino que se distancia del racionalismo de aquella época, demasiado simplista, a su juicio, si se toma la molestia de recordar una historia ya acontecida. Tendríamos ya aquí una primera analogía: el decidido rechazo de la historia, que sólo se considera válida como trastero de lo anterior, que no podría ser útil para un hoy completamente nuevo; la certeza, segura de su victoria, de que ahora no se debe actuar ya según la tradición, sino únicamente de modo racional; el papel en general de palabras como racional, transparente y otras semejantes… todo esto es sorprendentemente parecido entonces y hoy. Pero tal vez antes que estos datos, a mi juicio negativos, se debería contemplar esa extraña mezcla de unilateralidades e iniciativas positivas, que une a los ilustrados de entonces y de hoy y que ya no permite que el hoy aparezca como lo que es completamente nuevo y está fuera de toda comparación histórica.
La Ilustración tuvo su movimiento litúrgico, en el cual se intentó
simplificar la liturgia, reduciéndola a sus estructuras fundamentales y
originarias; había que eliminar los excesos del culto a las reliquias y a los
santos y, sobre todo, había que introducir en la liturgia la lengua
vernácula, especialmente el canto popular y la participación comunitaria. La
Ilustración tuvo su movimiento episcopal, que quería subrayar, frente a una
centralización unilateral de Roma, la importancia de los obispos; tuvo sus
componentes democráticos como, por ejemplo, el caso del vicario general de
Constanza, Wessenberg, que exigía sínodos diocesanos y provinciales
democráticos. Quien lee sus obras cree encontrarse con un progresista de
nuestros días: se pide la abolición del celibato, se admiten sólo formularios
sacramentales en lengua vernácula, se bendicen matrimonios mixtos sin el
compromiso de la educación de los hijos, etcétera. Que Wessenberg se
preocupara de predicar con regularidad y de elevar el nivel de instrucción
religiosa, que quisiera crear un movimiento bíblico y otras muchas
iniciativas semejantes, esto sólo demuestra una vez más que en aquellas
personas no actuaba sólo un racionalismo estrecho de miras. No obstante, la
impresión sigue siendo que su figura es contradictoria, porque a fin de
cuentas usa sólo la tijera de poda de la razón que construye, que puede hacer
algunas cosas buenas pero no es la única herramienta de un jardinero(2). Una
impresión semejante de incoherencia es la que produce la lectura del sínodo
de Pistoya, un concilio de la Ilustración en el que participaron 234 obispos,
que fue celebrado en el norte de Italia en 1786 y que trató de traducir las
ideas de reforma de aquel tiempo a la realidad eclesial, pero fracasó –y no
es ésta la razón menos importante– por una mezcla de auténtica reforma y
racionalismo ingenuo. De nuevo cree uno que está leyendo un libro
posconciliar cuando encuentra la tesis de que el ministerio sacerdotal no fue
instituido directamente por Cristo, sino que procede únicamente del seno de
la Iglesia, la cual es sacerdotal en su totalidad sin distinción alguna; o
cuando oye que una misa sin comunión no tiene sentido, o cuando se describe
el primado papal como algo puramente funcional o, a la inversa, cuando se
hace hincapié en el derecho divino del episcopado(3). Ya en 1794 fueron
condenadas por Pío VI una gran parte de las proposiciones de Pistoya; la
unilateralidad de este sínodo había desacreditado también sus buenos
planteamientos.
Para saber dónde se encuentran, y dónde no, los elementos portadores de futuro, me parece que lo más instructivo es reflexionar sobre las personas y sobre los grupos afines de aquella época. Sólo podemos elegir, claro está, algunos tipos característicos en los que se muestre la amplitud de posibilidades de entonces y, al mismo tiempo y una vez más, la asombrosa analogía con nuestro tiempo. En efecto, están los progresistas extremos, representados, por ejemplo, por la triste figura del arzobispo parisino Gobel, que siguió valientemente todos los pasos del progreso de su tiempo: primero, a favor de una Iglesia nacional constitucional; después, como si tampoco esto fuera ya suficiente, renunció solemnemente al sacerdocio, declarando que, desde el feliz inicio de la revolución, no había ya necesidad de más culto nacional que el de la libertad y la igualdad. Participó en la adoración de la diosa razón en Notre Dame, pero al final el progreso pasó también sobre él: bajo Robespierre, el ateísmo volvió a ser de pronto un delito y el ex arzobispo fue conducido a la guillotina como ateo, y ajusticiado(4). En Alemania la situación se presentó más tranquila. Habría que mencionar como progresista clásico, por ejemplo, al director del Georgianum de München, Matthias Fingerlos. En su obra Wozu sind Geistliche da? [Sacerdotes ¿para qué?] explica que el sacerdote debe ser ante todo un maestro del pueblo, que debe instruir al pueblo sobre la agricultura, la ganadería, el cultivo de la fruta, sobre los pararrayos, pero también sobre la música y el arte –hoy se diría: el sacerdote tiene que ser ante todo un trabajador social y debe ponerse al servicio de la construcción de una sociedad racional, purificada de los irracionalismos(5)–. En el centro, como progresista moderado, se podría situar la figura del ya mencionado vicario general de Constanza, Wessenberg, que de ningún modo habría participado en una simple reducción de la fe al trabajo social, pero que, por otro lado, mostraba muy poca comprensión por lo que es orgánico, lo vivo, lo que se sustrae a las puras construcciones de la razón. Un orden de valores completamente distinto lo encontramos en la figura del entonces obispo de Ratisbona, Johann Michael Sailer. Resulta difícil clasificarlo. Las categorías habituales de progresismo y conservadurismo fracasan ante él, como muestra ya el desarrollo de su vida: en 1794, acusado de racionalismo, le retiraron la cátedra de Dillingen; todavía en 1819 fracasó su nombramiento para obispo de Augsburgo, entre otras razones por la oposición de Clemens María Hofbauer, más tarde canonizado, que siempre lo tuvo por racionalista. Por otro lado, ya en 1806 su discípulo Zimmer fue alejado de la Universidad de Landshut, con el reproche de reaccionario; en esta universidad se hostigaba a Sailer y su círculo como auténticos enemigos de la Ilustración: el mismo hombre considerado siempre por Hofbauer como racionalista fue tenido por los verdaderos partidarios del racionalismo como su adversario más peligroso(6). Tenían razón. De este hombre y del amplio círculo de sus amigos y discípulos surgió un movimiento que tenía en sí mucho más futuro que la arrogante presunción de los racionalistas puros. Sailer era un hombre abierto a todas las cuestiones de su tiempo. La anticuada escolástica jesuítica de Dillingen, en cuyo sistema bien estructurado hacía bastante tiempo que ya no podía penetrar la realidad, debió parecerle insuficiente. Kant, Jacobi, Schelling y Pestalozzi son sus interlocutores: para él, la fe no está ligada a un sistema de enunciados, y no se debe mantener mediante la huida a lo irracional, sino que debe subsistir en abierto contraste con el hoy. Pero el mismo Sailer conocía la gran tradición teológica y mística de la Edad Media con una profundidad insólita en su tiempo, porque no reducía al ser humano al instante presente, sino que sabía que éste sólo consigue adentrarse en sí mismo si se abre con profundo respeto y atención a toda la riqueza de su historia. Y, sobre todo, Sailer no sólo pensaba, sino que vivía. Si buscaba una teología del corazón, no lo hacía por un sentimentalismo barato, sino porque le importaba el ser humano total, que llega a la unidad de su ser por la compenetración de espíritu y cuerpo, de las profundidades ocultas del sentimiento y de la visible claridad del entendimiento. «Sólo se ve bien con el corazón», dijo Antoine de Saint-Exupéry. Si se compara el progresismo sin vida de Matthias Fingerlos con la riqueza y la profundidad de Sailer, se puede comprobar palpablemente hasta qué punto es esto verdad. Sólo se ve bien con el corazón: Sailer veía en profundidad porque tenía corazón. De él podía surgir algo nuevo, portador de futuro, porque vivía de lo permanente y porque ponía a disposición de este fin su vida y su propio ser. Y con esto hemos llegado al punto decisivo: sólo quien se da a sí mismo crea futuro. Quien sólo quiere enseñar, quien sólo desea cambiar a los otros, permanece estéril. Mas así hemos llegado también a aquel otro hombre que fue adversario tanto de Sailer como de Wessenberg: Clemens Maria Hofbauer, el panadero bohemio que fue canonizado(7). Ciertamente este hombre era, en algunos aspectos, estrecho de miras e incluso un poco reaccionario. Pero era un hombre que amaba, que se ponía al servicio de los demás con toda su pasión intacta. Por un lado, pertenecieron a su círculo hombres como Schlegel, Brentano, Eichendorff; por otro, estaba incondicionalmente a disposición de los más pobres y abandonados, sin reservarse nada para sí, sino dispuesto a asumir cualquier ofensa si con ello podía ayudar a los demás. Y de este modo los otros podían descubrir a través de él de nuevo a Dios, como él mismo, desde Dios, había descubierto a los demás y sabía que necesitaban algo más que instrucción en el cultivo de la fruta y en la ganadería. En definitiva, la fe de este pobre panadero resultó ser más humanista y razonable que la racionalidad académica de los racionalistas puros. De hecho, lo que sobrevivió y lo que surgió como futuro de las ruinas de finales del siglo xviii fue algo completamente distinto de lo que habían supuesto Gobel o Fingerlos: fue una Iglesia que se había hecho más pequeña, que había perdido esplendor social, pero que al mismo tiempo se había hecho más fecunda por la nueva fuerza de su interioridad y que, a través de los grandes movimientos de laicos y en las numerosas y nuevas fundaciones de órdenes, que tuvieron lugar desde mediados del siglo xix, produjo nuevas fuerzas para la formación y la realidad social, hasta tal punto que no es posible imaginar nuestra historia más reciente sin ellas. Con esto hemos llegado a nuestro hoy y a la reflexión sobre el mañana. El futuro de la Iglesia puede venir y vendrá también hoy sólo de la fuerza de quienes tienen raíces profundas y viven de la plenitud pura de su fe. El futuro no vendrá de quienes sólo dan recetas. No vendrá de quienes sólo se adaptan al instante actual. No vendrá de quienes sólo critican a los demás y se toman a sí mismos como medida infalible. Tampoco vendrá de quienes eligen sólo el camino más cómodo, de quienes evitan la pasión de la fe y declaran falso y superado, tiranía y legalismo, todo lo que es exigente para el ser humano, lo que le causa dolor y le obliga a renunciar a sí mismo. Digámoslo de forma positiva: el futuro de la Iglesia, también en esta ocasión, como siempre, quedará marcado de nuevo con el sello de los santos. Y, por tanto, por seres humanos que perciben más que las frases que son precisamente modernas. Por quienes pueden ver más que los otros, porque su vida abarca espacios más amplios. La gratuidad que libera a las personas se alcanza sólo en la paciencia de las pequeñas renuncias cotidianas a uno mismo. En esta pasión cotidiana, la única que permite al ser humano experimentar de cuántas formas diferentes lo ata su propio yo, en esta pasión cotidiana y sólo en ella, se abre el ser humano poco a poco. Él solamente ve en la medida en que ha vivido y sufrido. Si hoy apenas podemos percibir aún a Dios, se debe a que nos resulta muy fácil evitarnos a nosotros mismos y huir de la profundidad de nuestra existencia, anestesiados por cualquier comodidad. Así, lo más profundo en nosotros sigue sin ser explorado. Si es verdad que sólo se ve bien con el corazón, ¡qué ciegos estamos todos!(8).
¿Qué significa esto para nuestra pregunta? Significa que las grandes
palabras de quienes nos profetizan una Iglesia sin Dios y sin fe son palabras
vanas. No necesitamos una Iglesia que celebre el culto de la acción en
«oraciones» políticas. Es completamente superflua y por eso desaparecerá por
sí misma. Permanecerá la Iglesia de Jesucristo, la Iglesia que cree en el
Dios que se ha hecho ser humano y que nos promete la vida más allá de la
muerte. De la misma manera, el sacerdote que sólo sea un funcionario social
puede ser reemplazado por psicoterapeutas y otros especialistas. Pero seguirá
siendo aún necesario el sacerdote que no es especialista, que no se queda al
margen cuando aconseja en el ejercicio de su ministerio, sino que en nombre
de Dios se pone a disposición de los demás y se entrega a ellos en sus
tristezas, sus alegrías, su esperanza y su angustia.
Demos un paso más. También en esta ocasión, de la crisis de hoy
surgirá mañana una Iglesia que habrá perdido mucho. Se hará pequeña, tendrá
que empezar todo desde el principio. Ya no podrá llenar muchos de los
edificios construidos en una coyuntura más favorable. Perderá adeptos, y con
ellos muchos de sus privilegios en la sociedad. Se presentará, de un modo
mucho más intenso que hasta ahora, como la comunidad de la libre voluntad, a
la que sólo se puede acceder a través de una decisión. Como pequeña
comunidad, reclamará con mucha más fuerza la iniciativa de cada uno de sus
miembros. Ciertamente conocerá también nuevas formas ministeriales y ordenará
sacerdotes a cristianos probados que sigan ejerciendo su profesión: en muchas
comunidades más pequeñas y en grupos sociales homogéneos la pastoral se
ejercerá normalmente de este modo. Junto a estas formas seguirá siendo
indispensable el sacerdote dedicado por entero al ejercicio del ministerio
como hasta ahora. Pero en estos cambios que se pueden suponer, la Iglesia
encontrará de nuevo y con toda la determinación lo que es esencial para ella,
lo que siempre ha sido su centro: la fe en el Dios trinitario, en Jesucristo,
el Hijo de Dios hecho hombre, la ayuda del Espíritu que durará hasta el fin.
La Iglesia reconocerá de nuevo en la fe y en la oración su verdadero centro y
experimentará nuevamente los sacramentos como celebración y no como un
problema de estructura litúrgica.
Será una Iglesia interiorizada, que no suspira por su mandato político y no flirtea con la izquierda ni con la derecha. Le resultará muy difícil. En efecto, el proceso de la cristalización y la clarificación le costará también muchas fuerzas preciosas. La hará pobre, la convertirá en una Iglesia de los pequeños. El proceso resultará aún más difícil porque habrá que eliminar tanto la estrechez de miras sectaria como la voluntariedad envalentonada. Se puede prever que todo esto requerirá tiempo. El proceso será largo y laborioso, al igual que también fue muy largo el camino que llevó de los falsos progresismos, en vísperas de la revolución francesa –cuando también entre los obispos estaba de moda ridiculizar los dogmas y tal vez incluso dar a entender que ni siquiera la existencia de Dios era en modo alguno segura(9)– hasta la renovación del siglo xix. Pero tras la prueba de estas divisiones surgirá, de una Iglesia interiorizada y simplificada, una gran fuerza, porque los seres humanos serán indeciblemente solitarios en un mundo plenamente planificado. Experimentarán, cuando Dios haya desaparecido totalmente para ellos, su absoluta y horrible pobreza. Y entonces descubrirán la pequeña comunidad de los creyentes como algo totalmente nuevo. Como una esperanza importante para ellos, como una respuesta que siempre han buscado a tientas. A mí me parece seguro que a la Iglesia le aguardan tiempos muy difíciles. Su verdadera crisis apenas ha comenzado todavía. Hay que contar con fuertes sacudidas. Pero yo estoy también totalmente seguro de lo que permanecerá al final: no la Iglesia del culto político, que fracasó ya en Gobel, sino la Iglesia de la fe. Ciertamente ya no será nunca más la fuerza dominante en la sociedad en la medida en que lo era hasta hace poco tiempo. Pero florecerá de nuevo y se hará visible a los seres humanos como la patria que les da vida y esperanza más allá de la muerte. |
No sé de que nos extrañamos,
ya lo dijo Ratzinger hace casi 40 Años
by "abrazados a la VERDAD"
«De la
Iglesia de hoy saldrá una Iglesia que ha perdido mucho. Se hará pequeña, deberá
empezar completamente de nuevo. No podrá ya llenar muchos de los edificios
construidos en la coyuntura más propicia. Al disminuir el número de sus
adeptos, perderá muchos de sus privilegios en la sociedad. Se habrá de
presentar a sí misma, de forma mucho más acentuada que hasta ahora, como
comunidad voluntaria, a la que sólo se llega por una decisión libre [...] Así
que me parece seguro que para la Iglesia vienen tiempos muy difíciles. Su
auténtica crisis aún no ha comenzado. Hay que contar con graves sacudidas».
No
obstante,
«En todos
estos cambios que se pueden conjeturar, la Iglesia habrá de encontrar de nuevo
y con toda decisión lo que es esencial suyo, lo que siempre ha sido su centro:
la fe en el Dios trinitario [...] Será una Iglesia interiorizada, sin reclamar
su mandato político y coqueteando tan poco con la izquierda como con la
derecha. Será una situación difícil. Porque este proceso de cristalización y
aclaración le costará muchas fuerzas valiosas. La empobrecerá, la transformará
en una Iglesia de los pequeños. El proceso será tanto más difícil porque habrán
de suprimirse tanto la cerrada parcialidad sectaria como la obstinación
jactanciosa. Se puede predecir que todo esto necesitará tiempo. El proceso
habrá de ser largo y penoso».
(Joseph
Ratzinger, Fe y futuro, 1973)
miércoles, 13 de febrero de 2013
A proposito curioso de la noticia del Santo Padre
PROFECÍAS PRIVADAS ¿PRÓXIMAS A CUMPLIRSE TRAS LA ABDICACIÓN DE BENEDICTO XVI?
Si bien las profecías privadas (esto es, las que no están en la Biblia) no exigen un asentimiento de fe para el católico, es importante considerarlas y conocerlas siempre que estén sustentadas por la autoridad moral de quien las realiza y tengan congruencia con el dogma católico o al menos no vayan contra él. Así, si bien es lamentable que muchos se conviertan en crédulos seguidores de cuanto vidente -generalmente falso- diga recibir mensajes del Cielo, también es erróneo despreciar las profecías de personas a las que la Iglesia ha elevado a los altares y gozan de credibilidad, tanto porque sus mensajes no contravienen el dogma católico, como por ser verosímiles y porque se vislumbra o se ha comprobado, en parte, su cumplimiento.
Entre éstas, ofrecemos al lector algunas profecías privadas cuyo cumplimiento pudiera estar próximo ante los acontecimientos que se derivarán de la renuncia al Pontificado por parte del papa Benedicto XVI. Ciertamente la interpretación de ellas y del cómo, cuándo y dónde son asuntos opinables, sin embargo es importante señalar la congruencia que guardan entre sí. No pretendemos establecer un juicio definitivo de interpretación, sino dar a conocer al lector su existencia a fin de estar prevenidos y alertas para cuando todo esto pueda llegar a suceder.
DIVERSAS PROFECÍAS PRIVADAS:
desicion
“En la persecución final contra la Santa Iglesia Romana reinará Pedro Romano, quien pastoreará a su grey en medio de muchas tribulaciones. Después de esto, la ciudad de las siete colinas será destruida y el Juez justo volverá para juzgar a su pueblo”.
Profecía atribuida a San Malaquías(1), obispo irlandés que tuvo una revelación sobre la sucesión de romanos pontífices desde Celestino II hasta el último Papa de los tiempos actuales. La profecía está compuesta de lemas descriptivos correspondientes a cada uno de esos 112 Papas. El nombre de Pedro Romano corresponde al Pontífice posterior a Benedicto XVI. A Roma se le conoce como la ciudad de las siete colinas. Algunos consideran que el Papado podría volver a ser ejercido desde Jerusalén, como lo fue en los inicios.
San Francisco de Asís: “Habrá un Papa electo no canónicamente que causará un gran cisma. Se predicarán diversas formas de pensar que causarán que muchos duden, aún aquellos en las distintas órdenes religiosas, hasta estar de acuerdo con aquellos herejes que causarán que mi Iglesia se divida. Entonces habrá tales disensiones y persecuciones a nivel universal que si esos días no se acortaran, aún los elegidos se perderían”*.
La beata Ana Catalina Emmerick, religiosa Agustina, en 1820: “Vi una fuerte oposición entre dos Papas (NOTA DE CATOLICIDAD: Naturalmente uno de ellos sería un falso Papa, es decir: un Antipapa), y vi cuan funestas serán las consecuencias de la falsa iglesia, vi que la Iglesia de Pedro será socavada por el plan de una secta. Cuando esté cerca el reino del Anticristo, aparecerá una religión falsa que estará contra la unidad de Dios y de su Iglesia. Esto causará el cisma más grande que se haya visto en el mundo”.
Lo anterior recuerda mucho las declaraciones de Mons. Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, contrarias a la unidad de Dios con su única Iglesia, así como los actos de falso ecumenismo.
Papa San Pío X: “He tenido una visión terrible: no sé si seré yo o uno de mis sucesores, pero vi a un Papa huyendo de Roma entre los cadáveres de sus hermanos. Él se refugiará incógnito en alguna parte y después de breve tiempo morirá una muerte cruel”**.
Sor Lucía dos Santos, revelando el tercer secreto de Fátima: "...el Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, iba orando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la Cruz había dos Angeles cada uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los Mártires y con ella regaban las almas que se aproximaban a Dios".
(1) NOTA DE CATOLICIDAD: San Malaquías, existió. Lo que ha sido discutible es si esas profecías son realmente de él. Existen muchas opiniones a favor y también en contra. Por ello, nuestro post señala que es una "profecía ATRIBUIDA a San Malaquías", pues no hay absoluta seguridad de ella y hay criterios diversos sobre su autenticidad. Fue hecha pública en el Lignum vitæ, ornamentum, & decus Ecclesiae (‘El árbol de la vida, el ornamento y la gloria de la Iglesia’),1 en 1595, publicado por el monje benedictino belga Arnoldo Wion (quien era historiador de su orden). Wion dedicó este libro al rey de España Felipe II. El Lignum vitae es una biografía colectiva de los benedictinos elevados a la dignidad episcopal. Lo curioso es que coincide con otras profecías privadas en cuanto a la destrucción de Roma.* Culleton, Gerald, El Reino del Anticristo.
**Thompson, Damian, Das Ende der Zeiten, Hildesheim, 1997, p. 240. Y Vacquié, Jean, Benedictions et Maledicions, Paris, 1987.
Papa San Pío X: “He tenido una visión terrible: no sé si seré yo o uno de mis sucesores, pero vi a un Papa huyendo de Roma entre los cadáveres de sus hermanos. Él se refugiará incógnito en alguna parte y después de breve tiempo morirá una muerte cruel”**.
Sor Lucía dos Santos, revelando el tercer secreto de Fátima: "...el Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, iba orando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la Cruz había dos Angeles cada uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los Mártires y con ella regaban las almas que se aproximaban a Dios".
(1) NOTA DE CATOLICIDAD: San Malaquías, existió. Lo que ha sido discutible es si esas profecías son realmente de él. Existen muchas opiniones a favor y también en contra. Por ello, nuestro post señala que es una "profecía ATRIBUIDA a San Malaquías", pues no hay absoluta seguridad de ella y hay criterios diversos sobre su autenticidad. Fue hecha pública en el Lignum vitæ, ornamentum, & decus Ecclesiae (‘El árbol de la vida, el ornamento y la gloria de la Iglesia’),1 en 1595, publicado por el monje benedictino belga Arnoldo Wion (quien era historiador de su orden). Wion dedicó este libro al rey de España Felipe II. El Lignum vitae es una biografía colectiva de los benedictinos elevados a la dignidad episcopal. Lo curioso es que coincide con otras profecías privadas en cuanto a la destrucción de Roma.* Culleton, Gerald, El Reino del Anticristo.
**Thompson, Damian, Das Ende der Zeiten, Hildesheim, 1997, p. 240. Y Vacquié, Jean, Benedictions et Maledicions, Paris, 1987.
Citas tomadas del Mensaje de Fátima y de Petrus Romanus by Thomas Horn and Cris Putnam
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