martes, 1 de septiembre de 2026

.Madre Nuestra Purisima Lideranos...


La Virgen María es la clave esencial

Nuestra Santísima Madre es la clave esencial para la victoria sobre el Anticristo


Nuestra Santísima Madre es la clave esencial para la victoria sobre el Anticristo.
“A este nivel universal, si llega la victoria, la traerá María. Cristo vencerá a través de ella porque quiere que las victorias de la Iglesia, ahora y en el futuro, estén ligadas a ella…”, escribió San Juan Pablo II en Cruzando el Umbral de la Esperanza.
En su homilía de la Fiesta de La Asunción de 1977 centrándose en Apocalipsis 12, Juan Pablo II dijo nuevamente: “Y en esta lucha espiritual su ayuda a la Iglesia es decisiva para lograr la victoria definitiva sobre el mal”.

la Beata María de Ágreda tuvo la revelación de que en los últimos días, “el Señor difundirá de manera especial el renombre de su Madre. María inició la salvación, y por su intercesión se completará. Antes de la segunda venida de Cristo, María, más que nunca, debe brillar en misericordia, poder y gracia para atraer a los incrédulos a la fe católica. El poder de María en los últimos días será muy conspicuo. María extenderá el reinado de Cristo sobre los paganos y los musulmanes, y será un tiempo de gran alegría cuando María sea entronizada como Señora y Reina de Corazones”.
Esta es sólo una de las razones por las que Montfort subrayó que “la devoción a María es especialmente necesaria en los últimos tiempos”.

De Montfort explicó desde el Génesis (3:16) que Dios ya le dio a María, aún no nacida, el ingenio para desenmascarar y el poder para derrotar y aplastar al diablo rebelde.
Por eso, “Satanás la teme no solo más que a los ángeles y a los hombres, sino, en cierto sentido, más que a Dios mismo. Esto no significa que la ira, el odio y el poder de Dios no sean infinitamente mayores que los de la Santísima Virgen, ya que sus atributos son limitados. Simplemente significa que Satanás, siendo tan orgulloso, sufre infinitamente más al ser vencido y castigado por una humilde sierva de Dios, pues su humildad lo humilla más que el poder de Dios”.

De Montfort entra en gran detalle, rebosante de esperanza y victoria en todos los tiempos. Subraya que en todas las persecuciones presentes y futuras, “la humilde María siempre triunfará sobre Satanás, el soberbio, y tan grande será su victoria que aplastará su cabeza, la misma sede de su orgullo. Desenmascarará la astucia de su serpiente y expondrá sus perversas maquinaciones. Dispersará a los cuatro vientos sus planes diabólicos y, hasta el fin de los tiempos, mantendrá a sus fieles siervos a salvo de sus crueles garras”.

¡Ave María Purísima!

Ejército Remanente...

Sagradas lecturas martes 01 de Septiembre...

Lecturas del Martes de la XXII Semana del Tiempo Ordinario

Señor, purifica mi corazón para que tu Palabra caiga en él y dé el ciento por uno

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (2,10b-16):

El Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios. ¿Quién conoce lo íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre, que está dentro de él? Pues, lo mismo, lo íntimo de Dios lo conoce sólo el Espíritu de Dios. Y nosotros hemos recibido un Espíritu que no es del mundo, es el Espíritu que viene de Dios, para que tomemos conciencia de los dones que de Dios recibimos. Cuando explicamos verdades espirituales a hombres de espíritu, no las exponemos en el lenguaje que enseña el saber humano, sino en el que enseña el Espíritu, expresando realidades espirituales en términos espirituales. A nivel humano, uno no capta lo que es propio del Espíritu de Dios, le parece una necedad; no es capaz de percibirlo, porque sólo se puede juzgar con el criterio del Espíritu. En cambio, el hombre de espíritu tiene un criterio para juzgarlo todo, mientras él no está sujeto al juicio de nadie. «¿Quién conoce la mente del Señor para poder instruirlo?» Pues bien, nosotros tenemos la mente de Cristo.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 144, 8-9. 10-11. 12-13ab. 13cd-14

R/. El Señor es justo en todos sus caminos

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R/.

Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad. R/.

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (4,31-37):

 En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. Se quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad.

Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo, y se puso a gritar a voces: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.»
Jesús le intimó: «¡Cierra la boca y sal!»
El demonio tiró al hombre por tierra en medio de la gente, pero salió sin hacerle daño. Todos comentaban estupefactos: «¿Qué tiene su palabra? Da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen.»
Noticias de él iban llegando a todos los lugares de la comarca.

Palabra del Señor

COMENTARIO DE BENEDICTO XVI

Jesús no sólo expulsa los demonios de las personas, liberándolas de la peor esclavitud, sino que también impide a los demonios mismos que revelen su identidad. E insiste en este «secreto», porque está en juego el éxito de su misma misión, de la que depende nuestra salvación. En efecto, sabe que para liberar a la humanidad del dominio del pecado deberá ser sacrificado en la cruz como verdadero Cordero pascual. El diablo, por su parte, trata de distraerlo para desviarlo, en cambio, hacia la lógica humana de un Mesías poderoso y lleno de éxito. La cruz de Cristo será la ruina del demonio; y por eso Jesús no deja de enseñar a sus discípulos que, para entrar en su gloria, debe padecer mucho, ser rechazado, condenado y crucificado (cf. Lc 24, 26), pues el sufrimiento forma parte integrante de su misión. Jesús sufre y muere en la cruz por amor. De este modo, bien considerado, ha dado sentido a nuestro sufrimiento, un sentido que muchos hombres y mujeres de todas las épocas han comprendido y hecho suyo, experimentando profunda serenidad incluso en la amargura de duras pruebas físicas y morales.

(Benedicto XVI – Ángelus del 1° de febrero de 2009)

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