lunes, 28 de septiembre de 2026

las tres Avemarías



La hermosa devoción de las tres Avemarías

Quien rece diariamente las tres Ave Marías, recibirá su auxilio durante la vida y una especial asistencia al momento de su muerte.

Por: Redacción de GaudiumPress | Fuente: GaudiumPress.org


Entre las devociones a Nuestra Señora existe una muy especial: la de orar todos los días las tres Avemarías. Pero ¿dónde nace esta devoción? Su origen data del siglo XIII y está ligado con Santa Matilde de Hackeborn, monja alemana benedictina, a quien Nuestra Señora le revela un modo de elevar una acción de gracias a la Santísima Trinidad por los privilegios concedidos a la Virgen María

La Virgen prometió a Santa Matilde, asistir en la muerte a quien rece diariamente las tres Avemarías.

Santa Matilde pensando en su muerte, suplicó con gran fervor a la Madre de Dios que la asistiera en los últimos instantes de su vida. Ella escuchó que Nuestra Señora le decía:

"Sí que lo haré; pero quiero que por tu parte me reces diariamente tres Avemarías. La primera, pidiendo que así como Dios Padre me encumbró a un trono de gloria sin igual, haciéndome la más poderosa en el cielo y en la tierra, así también yo te asista en la tierra para fortificarte y apartar de ti toda potestad enemiga. Por la segunda Avemaría me pedirás que así como el Hijo de Dios me llenó de sabiduría, en tal extremo que tengo más conocimiento de la Santísima Trinidad que todos los Santos, así te asista yo en el trance de la muerte para llenar tu alma de las luces de la fe y de la verdadera sabiduría, para que no la oscurezcan las tinieblas del error e ignorancia. Por la tercera, pedirás que así como el Espíritu Santo me ha llenado de las dulzuras de su amor, y me ha hecho tan amable que después de Dios soy la más dulce y misericordiosa, así yo te asista en la muerte llenando tu alma de tal suavidad de amor divino, que toda pena y amargura de muerte se cambie para ti en delicias".

Cristianismo

Ésta no sería la única revelación que tendría una santa en relación con la devoción de las tres Avemarías. Otra religiosa contemporánea a Matilde, Santa Gertrudis, conocida como "La Grande", tuvo una hermosa visión que confirmaría la otra revelación. Así ocurrió: eran las vísperas de la fiesta de la Anunciación, y al cantar el Avemaría, Gertrudis vio de repente cómo emergían del Corazón del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo como tres fuentes de agua que penetraban en el Corazón de María Santísima. Al instnate escuchó una voz que le dijo

"Después del Poder del Padre, la Sabiduría del Hijo y la Ternura Misericordiosa del Espíritu Santo, nada se compara al Poder, Sabiduría y Ternura Misericordiosa de María".

Religióny creencias

A Santa Matilde la Virgen le prometió que quien rece diariamente las tres Ave Marías, recibirá su auxilio durante la vida y una especial asistencia al momento de su muerte, presentándose la Virgen con un brillo y una belleza tal que con sólo verla recibirá consuelo y las alegrías del cielo.

Además de estas dos santas, otros santos fueron especiales difusores de esta devoción, como San Alfonso María de Ligorio, quien aconsejaba con frecuencia esta bella práctica; o San Juan Bosco, quien la recomendaba a los jóvenes. San Pío de Pietrelcina dijo también que muchos se convertirían con solo practicar esta devoción.

Modo de rezar las tres Avemarías:

María Madre Mía; líbrame de caer en pecado mortal.

Por el poder que te concedió el Padre Eterno.
Avemaría...

Por la sabiduría que te concedió el Hijo.
Avemaría...

Por el Amor que te concedió el Espíritu Santo.
Avemaría...

Se finaliza con un Gloria... y la jaculatoria "María, por tu Inmaculada Concepción, purifica mi cuerpo y santifica mi alma" (La cual concede Indulgencia parcial otorgada por 

San Pío X).

Sagrado Corazón de Jesús...

 

Hay una imagen del Sagrado Corazón en tu pared, o en la de tu abuela. Un exorcista dice que una antigua costumbre, hecha frente a esa imagen, le dice al infierno: no estás invitado aquí.

Al P. Reehil le preguntaron cómo puede una familia mantener a los demonios fuera de su hogar. Parte de su respuesta:

"VE Y CONSIGUE UNA IMAGEN DEL SAGRADO CORAZÓN Y DEL CORAZÓN INMACULADO Y ENTRÓNASELOS EN TU HOGAR."

Entrónalas. No las cuelgues, no las decores. Significa decir en voz alta, como familia, que Jesús no es un invitado en esta casa. Él es el Rey de ella.

"ESTO ES ALGO QUE DESAPARECIÓ HACE UNOS 50 AÑOS..."

Así que en muchas paredes la imagen es amada, limpiada del polvo, rezada frente a ella, y nunca entronada. Si tu abuela tenía una, probablemente aún puedes ver exactamente dónde colgaba.

Aquí está lo que dice la entronización, en sus palabras. Primero, al cielo:

"LE ESTÁS DICIENDO AL CIELO, TÚ POSEES MI HOGAR."

Luego al otro lado:

"LO QUE LE ESTÁS DICIENDO AL INFIERNO ES, NO ESTÁS INVITADO AQUÍ Y SI INTENTAS ENTRAR, TODO EL CIELO TE APLASTARÁ. NO ESTÁS PERMITIDO. Y ELLOS ACATAN ESTAS REGLAS."

Lee esa última línea de nuevo. Un hombre que enfrenta demonios en su trabajo dice que ellos respetan esas reglas.

Usualmente un sacerdote hace la entronización, dijo, pero él cree que el padre de la familia también puede hacerlo cuando no hay sacerdote. Así que pregunta primero a tu párroco. Y si eres una madre o abuela por tu cuenta esta noche, la oración de abajo es tuya para decirla.

La imagen no es un amuleto. Lo que le da peso es el sí que tu familia dice frente a ella.

Puedes decir ese sí esta noche, antes de cualquier ceremonia. Ponte frente a la imagen con quienquiera que esté en casa, pon una mano en tu corazón, y di esto en voz alta. Quince segundos:

"Sagrado Corazón de Jesús, esta casa es Tuya. Cada habitación, cada persona, cada noche. Reina aquí. Corazón Inmaculado de María, mantennos cerca de Él. Todo lo que no sea de Dios no tiene lugar aquí. 

Amén."

Sagradas lecturas lunes 28 de Septiembre...

Señor, purifica mi corazón para que Tu Palabra caiga en él y dé el ciento por uno.

Lecturas del Lunes de la XXVI Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del libro de Job (1,6-22):

Un día, fueron los ángeles y se presentaron al Señor; entre ellos llegó también Satanás.
El Señor le preguntó: «¿De dónde vienes?»
Él respondió: «De dar vueltas por la tierra.»
El Señor le dijo: «¿Te has fijado en mi siervo Job? En la tierra no hay otro como él: es un hombre justo y honrado, que teme a Dios y se aparta del mal.»
Satanás le respondió: «¿Y crees que teme a Dios de balde? ¡Si tú mismo lo has cercado y protegido, a él, a su hogar y todo lo suyo! Has bendecido sus trabajos, y sus rebaños se ensanchan por el país. Pero extiende la mano, daña sus posesiones, y te apuesto a que te maldecirá en tu cara.»
El Señor le dijo: «Haz lo que quieras con sus cosas, pero a él no lo toques.»
Y Satanás se marchó.
Un día que sus hijos e hijas comían y bebían en casa del hermano mayor, llegó un mensajero a casa de Job y le dijo: «Estaban los bueyes arando y las burras pastando a su lado, cuando cayeron sobre ellos unos sabeos, apuñalaron a ¡os mozos y se llevaron el ganado. Sólo yo pude escapar para contártelo.»
No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo: «Ha caído un rayo del cielo que ha quemado y consumido tus ovejas y pastores. Sólo yo pude escapar para contártelo.»
No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo: «Una banda de caldeos, dividiéndose en tres grupos, se echó sobre los camellos y se los llevó, y apuñaló a los mozos. Sólo yo pude escapar para contártelo.»
No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo: «Estaban tus hijos y tus hijas comiendo y bebiendo en casa del hermano mayor, cuando un huracán cruzó el desierto y embistió por los cuatro costados la casa, que se derrumbó y los mató. Sólo yo pude escapar para contártelo.»
Entonces Job se levantó, se rasgó el manto, se rapó la cabeza, se echó por tierra y dijo: «Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré a él. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor.»
A pesar de todo, Job no protestó contra Dios.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 16,1.2-3.6-7

R/. Inclina el oído y escucha mis palabras

Señor, escucha mi apelación,
atiende a mis clamores,
presta oído a mi súplica,
que en mis labios no hay engaño. R/.

Emane de ti la sentencia,
miren tus ojos la rectitud.
Aunque sondees mi corazón,
visitándolo de noche,
aunque me pruebes al fuego,
no encontrarás malicia en mí. R/.

Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;
inclina el oído y escucha mis palabras.
Muestra las maravillas de tu misericordia,
tú que salvas de los adversarios
a quien se refugia a tu derecha. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,46-50):

En aquel tiempo, los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante.
Jesús, adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: «El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más importante.»
Juan tomó la palabra y dijo: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir.»
Jesús le respondió: «No se lo impidáis; el que no está contra vosotros está a favor vuestro.»

Palabra del Señor

COMENTARIO DE BENEDICTO XVI

La clave para descubrir el fundamento interno de esa singular experiencia […], de ese estar abiertos a la participación en el conocimiento del Hijo: «Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios». La pureza de corazón es lo que nos permite ver. Consiste en esa sencillez última que abre nuestra vida a la voluntad reveladora de Jesús. Se podría decir también: nuestra voluntad tiene que ser la voluntad del Hijo. Entonces conseguiremos ver. Pero ser hijo significa existir en una relación; es un concepto de relación. Comporta abandonar la autonomía que se encierra en sí misma e incluye lo que Jesús quería decir con sus palabras sobre el hacerse niño. De este modo podemos comprender también la paradoja que se desarrolla ulteriormente en el Evangelio de Juan: que Jesús, estando sometido totalmente al Padre como Hijo, está precisamente por ello en total igualdad con el Padre, es verdaderamente igual a El, es uno con El»

Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, primera parte, p. 136

Ejército Remanente...