sábado, 21 de agosto de 2021

Estrategia

 

Si te piden el pasaporte Covid




Hola.

-Hola, mesa para dos, por favor.

-Muy bien, y su nombre?

-Nikki 

-Genial. ¿Usted y su invitado tienen sus tarjetas de vacunación?

-Bueno, primero... ¿Puede decirnos quién será nuestro camarero?

-Um, parece que Brad será su servidor esta noche.

-Genial. ¿Puede mostrarnos la tarjeta de vacunación de Brad?

-Um...

-Y también, ¿puede proporcionarme una prueba de que Brad no es portador de VIH, Hepatitis A o B, o cualquier otra enfermedad contagiosa? Lo mismo para usted y el personal de la cocina. 

-Um...

-Además, preferiríamos que no nos sirviera alguien que consuma drogas recreativas como marihuana, cocaína, metanfetaminas, fentanilo, etc., así que si pudiera proporcionarnos el análisis toxicológico más reciente de Brad, sería estupendo. De hecho, necesito ver todo el historial médico de su empleado. 

-Déjeme llamar al gerente.

-Eso sería genial, gracias. Asegúrese de que tiene su tarjeta de vacunas y su historial médico, por favor. 

Esto es lo que pasa: nadie necesita restaurantes. Ni otros locales. Pero ellos nos necesitan a nosotros. Empieza a defender tu posición. 🦠 

Copiado y transmitido. No importa la opinión de nadie sobre este tema, estas son las situaciones  reales en las que se encuentra nuestra sociedad ahora mismo. Nuestra libertad está en juego 🔥🔥.

https://t.me/NicholasVeniamin

viernes, 20 de agosto de 2021

La reforma del alma

 

La reforma del alma comienza así




La reforma del alma comienza en el autoconocimiento y la confianza en Dios. 

Nuestro autoconocimiento nos hará saber que tenemos muchas cosas que corregir y reformar y que no podemos hacerlo con nuestros propios esfuerzos. 

La confianza en Dios nos permitirá esperar en Él, saber que todo lo podemos hacer en Él, y que con su gracia todo es posible y fácil. 


Santa Juana Francisca de Chantal

Amor a Jesús Sacramentado...

 

Amor a Jesús Sacramentado



Preparaste la mesa delante de mí.... ¡Qué alegría pensar que el Señor nos da tantas facilidades para recibirle! ¡Qué alegría saber que Él desea que le recibamos!

La Confesión frecuente es un gran medio de preparar la Comunión frecuente. También podemos siempre aumentar los deseos de purificación y de tratar cada vez con más fe y con más delicadeza a Jesús presente en este santo sacramento. Nos ayuda a comulgar con más amor la lucha por vivir en presencia de Dios durante el día y el hecho mismo de procurar cumplir lo mejor posible nuestros deberes cotidianos; sintiendo, cuando cometemos un error, la necesidad de desagraviar al Señor; llenando la jornada de acciones de gracias y de comuniones espirituales, de tal modo que cada vez sea más continuo vivir el trabajo, la vida en familia y todo cuanto hacemos, con el corazón puesto en el Señor.

Al terminar la oración, podemos hacer nuestra esta plegaria que una noche dirigiera el Papa Juan Pablo II al mismo Jesús presente en la Hostia Santa: «¡Señor Jesús! Nos presentamos ante Ti sabiendo que nos llamas y que nos amas tal como somos. Tú tienes palabras de vida eterna y nosotros hemos creído y conocido que Tú eres el Hijo de Dios (Jn 6, 69). Tu presencia en la Eucaristía ha comenzado con el sacrificio de la Última Cena y continúa como comunión y donación de todo lo que eres. Aumenta nuestra fe (...). Tú eres nuestra esperanza, nuestra paz, nuestro Mediador, hermano y amigo. Nuestro corazón se llena de gozo y de esperanza al saber que vives siempre intercediendo por nosotros (Heb 7, 25). Nuestra esperanza se traduce en confianza, gozo de Pascua y camino apresurado contigo hacia el Padre.

»Queremos sentir como Tú y valorar las cosas como las valoras Tú. Porque Tú eres el centro, el principio y el fin de todo. Apoyados en esta esperanza, queremos infundir en el mundo esta escala de valores evangélicos, por la que Dios y sus dones salvíficos ocupan el primer lugar en el corazón y en las actitudes de la vida concreta.

»Queremos amar como Tú, que das la vida y te comunicas con todo lo que eres. Quisiéramos decir como San Pablo: Mi vida es Cristo (Flp 1, 21). Nuestra vida no tiene sentido sin Ti. Queremos aprender a “estar con quien sabemos nos ama”, porque “con tan buen amigo presente todo se puede sufrir” (...).

»Nos has dado a tu Madre como nuestra, para que nos enseñe a meditar y adorar en el corazón. Ella, recibiendo la Palabra y poniéndola en práctica, se hizo la más perfecta Madre»

meditaciondiaria.aspx

Mensajes Marianos.....


 

La Santa Comunión...

 

Preparar bien la Comunión; huir de la rutina

                                        

Ante el Señor no podemos presentarnos de cualquier manera. Entró el rey para ver a los comensales, y se fijó en un hombre que no vestía traje de bodas; y le dijo: amigo, ¿cómo has entrado aquí, sin llevar el traje de bodas?.


Nos llega la invitación –cada día– para acercarnos al banquete eucarístico, con tanto esmero preparado. Conocemos hábitos, actitudes, errores, facetas de nuestro carácter, que tal vez no se corresponden con el alto honor que Jesucristo nos hace.


Hemos de hacer examen; no vayamos a presentarnos ante el Señor vestidos de harapos, porque tenemos el peligro de disfrazar los defectos y justificar las acciones. «Para acoger en la tierra a personas constituidas en dignidad hay luces, música, trajes de gala. Para albergar a Cristo en nuestra alma, ¿cómo debemos prepararnos? ¿Hemos pensado alguna vez en cómo nos conduciríamos, si solo se pudiera comulgar una vez en la vida?». Pasaríamos la noche en vela, sabríamos bien qué le diríamos, qué peticiones le formularíamos..., todos los preparativos nos parecerían pocos... Así debemos recibirle todos los días.


El convidado que no tenía el vestido nupcial ciertamente escuchó la invitación, fue a las bodas con alegría, pero no tuvo en cuenta lo que exigía esta llamada. Al Señor no le podemos recibir de cualquier manera: distraídos, sin atención, sin saber bien lo que hacemos. Toda buena Comunión supone en primer lugar recibir al Señor en gracia. Nuestra Madre la Iglesia nos enseña y nos advierte que «nadie debe acercarse a la Sagrada Eucaristía con conciencia de pecado mortal, por muy contrito que le parezca estar, sin preceder la Confesión sacramental».


Tan alto don requiere además que nos preparemos lo mejor que podamos en el alma y en el cuerpo: la Confesión frecuente, aunque no existan faltas graves; fomentar los deseos de purificación; aumentar los actos de fe, de amor y humildad en el momento de recibir al Señor, etc.


«Amor con amor se paga... Amor, en primer lugar, al propio Cristo. El encuentro eucarístico es, en efecto, un encuentro de amor». Comulgar con frecuencia nunca debe significar comulgar con tibieza. Y cae en la tibieza, el que no se prepara, quien no pone lo que está de su mano para evitar que el Señor lo encuentre distraído cuando venga a su corazón. Significaría una gran falta de delicadeza acercarse a la Comunión con la imaginación puesta en otras cosas. Tibieza es falta de amor, no ir con las debidas disposiciones a comulgar. Sabemos que nunca estaremos lo suficientemente dispuestos para recibir como se merece a Aquel que viene a nuestra alma, pues nuestra pobre morada no da para más; pero sí espera el Señor esos detalles que están a nuestro alcance. «Si cualquier persona distinguida o que ocupe algún alto puesto, o algún amigo rico y poderoso nos anunciara que iba a venir a visitarnos a nuestra casa, ¡con qué solicitud limpiaríamos y ocultaríamos todo aquello que pudiera ofender la vista de esta persona o amigo! Lave primero las manchas y suciedades que tiene el que ha ejecutado malas obras, si quiere preparar a Dios una morada en su alma

meditaciondiaria.aspx

miércoles, 18 de agosto de 2021

La muerte que Yo reservo a quien Me ama (Valtorta)..

 

La muerte que Yo reservo a quien Me ama (Valtorta)



11 de julio 1943, Cuadernos Valtorta

Dice Jesús:

«Quien mata el amor mata la paz. La paz es tanto más viva cuanto más vivo es el amor. ¿Quieres la medida de cómo un ser ame? Observa si tiene o no tiene la paz en sí. Quien ama actúa bien. Actuando bien no conoce turbación. Esto sirve para todas las formas de amor.

El amor natural no se distingue en ciertas facetas del amor espiritual. Ni se puede decir que se distinga en las reacciones. Cuando una criatura no ama o ama mal a otra criatura, está inquieta, recelosa y llevada a desconfiar y a acrecentar cada vez más sus agravios y automáticamente sus sospechas y sus inquietudes. Cuando, pues, una criatura no ama o ama malamente a su Dios, la inquietud aumenta infinitamente y ya no da paz. Como un viento de desventura, arrastra cada vez más lejos del puerto la pobre alma, que acaba pe- reciendo míseramente, si no interviene un milagro de divina bondad para salvarla. Es lógico que sea así.

Dios está sin culpa hacia vosotros, y vosotros tenéis la absoluta obligación de amarle porque Él os da amor, y amor pide amor. Cuando vosotros negáis a Dios amor, caéis, por natural consecuencia, en poder del príncipe del Mal. Dejáis la Luz, y las tinieblas os envuelven. Comienza entonces el tormento que es la fase preparatoria de las penas futuras. Pero el alma amante, segura de ser amante, está en la paz. El prójimo podrá acusarla de las cosas más malvadas, podrán las circunstancias tener apariencia de castigo celestial. Pero el alma no saldrá de la paz. Porque sabe que ama, no teme nada.

Mira a Juan. "Uno de vosotros me traicionará" dije. Y aquella frase fue como una chispa lanzada en una laboriosa colmena. Todos se resintieron. El culpable hasta llegó a denunciarse a sí mismo diciendo: "¿Soy yo acaso?", y obteniendo mi respuesta afirmativa que sólo la obtusidad de los demás no permitió que fuese comprendida. La culpa tiene estas imprudencias: ciega hasta el punto que conduce a la auto denuncia.

Pero Juan, el amante fiel, no movió la cabeza de mi pecho. Su paz permaneció sin estremecimientos. Él sabía que y cómo me amaba. Tenía como defensa, contra toda acusación y reproche, su caridad y su pureza. Ha permanecido, con la cabeza que no sabía traicionar, sobre el Corazón que no sabía traicionar.

Te doy a Juan como modelo. Hace años que te lo doy como intercesor. Recuerda. Antes intercedió, ahora te instruye sobre las dos cualidades que hacen de un discípulo un predilecto: la caridad y la pureza. Cuanto más crezcas en ellas más crecerá la paz en ti. Y con la paz el abandono total sobre mi Corazón.

La muerte de los amantes no es un cambio: es una perfección. Pasáis del reposo, obstaculizado por la materia, al libre reposo del espíritu en Dios. No es más que un estrecho abrazo en una luz más viva.

He ahí la muerte que Yo reservo a quien me ama. Muerte de paz después de una vida de paz. 'Y en mi Reino, la eterna Paz».

las brujas...

 

Diario del Exorcista: El poder de una bruja


Varios de nuestros pacientes están siendo atormentados por brujas de alto nivel.  Es un asunto horrible.  Algunos de sus atormentadores se autoidentifican como brujas, mientras que otros dicen practicar religiones orientales o espiritualidades paganas, como la Wicca.  Pero están maldiciendo y embrujando a nuestra gente, y los efectos son muy reales.

Por ejemplo, una de las víctimas padece intensos dolores inexplicables desde el punto de vista médico, y otros miembros de la familia también sufren física y mentalmente; todo ello mientras la bruja envía textos regodeándose.  Otra víctima escucha cada noche la voz amenazante de una bruja que le dice que será condenada al infierno.  Una tercera persona sufre visitas regulares de una bruja con diversas torturas y manifestaciones físicas. En cada caso, una bruja activa afirma estar atormentándoles y de forma verificable.  

En el proceso de liberación, varios de ellos han excretado de forma dramática por los orificios corporales una especie de "bolo", una masa o mancha utilizada por la bruja para maldecir al individuo.  Mientras el bolo permanezca en el interior, el proceso de liberación se verá obstaculizado.   Aunque la excreción es sucia y embarazosa, deshacerse de él es un gran alivio.  Si son fieles y perseverantes, el poder salvador de Jesucristo acabará por liberarlos de las garras de la bruja.  Pero el proceso de liberación puede, como en un caso de posesión total, llevar bastante tiempo.  

Lo que llama la atención en estos casos es el poder real de la bruja.  Algunas de estas brujas tienen un conocimiento intrincado y oculto de las personas a las que atormentan y se burlan de ellas.  Algunas de estas brujas manipulan objetos con el poder de los demonios.  Por ejemplo, una bruja materializó un objeto maldito dentro del coche cerrado de la víctima.  Y pueden hacer que la gente sufra verdaderas dolencias corporales.  

Durante el proceso de liberación, insistimos en que las víctimas deben aprender a confiar en Jesús. El poder de la bruja, como el de los demonios, es limitado.  Las brujas pueden acosar, atormentar e infligir sufrimientos, pero el poder de Cristo resucitado es supremo.    

¿De dónde sacan su poder las brujas?  Algunos de estas practicantes de magia afirman estar canalizando la energía natural del cosmos; otros dicen que están llamando a una "energía femenina"; y otros afirman tener el poder de las deidades paganas.  Pero todos están engañados.  La práctica de cualquier tipo de magia no proviene del único Dios verdadero y amoroso.

Lo que creen que son energías espirituales, poderes terrestres o deidades no son más que máscaras de Satanás. Todas estas "deidades" paganas son demonios bajo el control de Satanás.  Las brujas de alto nivel están profundamente sumergidas en este mundo oscuro del mal.  En verdad, su suerte sólo puede ser aumentar la oscuridad y la esclavitud del Príncipe de las Tinieblas.  Mientras amenazan a otros con el infierno, son ellas las que están en mayor peligro espiritual. 

Sin embargo, las personas que vienen a nosotros, si perseveran, pueden volver a encontrar la verdadera libertad, la luz y la paz en Jesús.  El camino comienza con el arrepentimiento por cualquier pecado que hayan cometido y que les haya hecho vulnerables al poder de la bruja. También incluye una limpieza espiritual y la santificación a través de los sacramentos y los sacramentales.  Debe añadir el perdón a la bruja que les atormenta, al igual que Jesús perdonó a los que le crucificaron.  Somos verdaderamente seguidores de Jesús cuando "bendecimos a los que os persiguen, bendecimos y no maldecimos" (Rm 12,14).   

Las maldiciones, los maleficios y la magia son las herramientas de Satanás y sus brujas.  Las herramientas del creyente son la fe en Dios, la confianza en Jesús y el amor al prójimo, incluidos los perseguidores.

https://www.catholicexorcism.org/

domingo, 15 de agosto de 2021

La Virgen, Arca de la Nueva Alianza

 

La Virgen, Arca de la Nueva Alianza



¡Qué pregón tan glorioso para Ti, Virgen María! Hoy has sido elevada por encima de los ángeles y con Cristo triunfas para siempre

La Primera lectura de la Misa, en la Vigilia de esta Solemnidad, nos recuerda el pasaje del Antiguo Testamento que narra el traslado del Arca de la Alianza a su lugar definitivo. David convocó a todo Israel, ordenó a los sacerdotes que se purificasen para el traslado, nombró cantores y músicos para que la procesión tuviera el mayor realce posible y, en medio de una alegría incontenible, el Arca fue trasladada y colocada en medio del Tabernáculo preparado para tal fin en la ciudad de David. Encontró su reposo en el monte Sión, que Dios mismo había elegido para su perpetua morada

El Arca era el signo de la presencia de Dios en medio de su Pueblo; en su interior se guardaba su Palabra, reseñada en las Tablas de la Ley. Se menciona hoy este pasaje porque María es el Arca de la Nueva Alianza, en cuyo seno habitó el Hijo de Dios, el Verbo, la Palabra de Dios hecha carne, durante nueve meses, y con su Asunción a los Cielos encontró su morada definitiva en el seno de la Trinidad Santísima. Allí, «llevada en medio de aclamaciones de alegría y de alabanza, fue conducida junto a Dios, colocada en un trono de gloria, por encima de todos los santos y ángeles del Cielo»

El Arca del Antiguo Testamento estaba construida con materiales preciosos, revestida de oro en su interior; en el caso de María, Dios la llenó de dones incomparables, y su belleza externa era reflejo de esta plenitud de gracia con que había sido adornada. Así correspondía a la nueva morada de Dios en el mundo.

No olvidemos hoy que el Arca era para los judíos un lugar privilegiado donde Dios escuchaba sus oraciones: mi Nombre estará allí, se lee en el Libro de los Reyes. María, Arca de la Nueva Alianza, es también el lugar privilegiado donde Dios escucha nuestras plegarias. Con la ventaja de que Ella suma su voz a la nuestra. Acudir a Nuestra Señora no solo es el mejor medio para ser atendidos por Dios, sino que Ella misma, desde el Cielo, intercede y endereza nuestras súplicas cuando no andan del todo bien encaminadas: «asunta a los Cielos (...), continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna», reafirma el Concilio Vaticano II.

«En cuerpo y alma ha subido a los Cielos nuestra Madre. Repítele que, como hijos, no queremos separarnos de Ella... ¡Te escuchará!». Madre nuestra, Tú que estás en cuerpo y alma tan cerca de Dios Padre, de Dios Hijo, de Dios Espíritu Santo, no nos dejes de tu mano... No me dejes... no los dejes, Madre mía. ¡Qué seguridad tan grande nos da en todo momento la devoción a la Virgen Santísima! Ella nos escuchará siempre en cualquier circunstancia en que nos encontremos


La Inmaculada Concepción....

 

Las ocho cosas que todo católico debe saber en la fiesta de la Inmaculada Concepción de María.

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«La Inmaculada de El Escorial», de Bartolomé Esteban Murillo. Museo del Prado.

 La Iglesia celebra la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, doctrina de origen apostólico que fue proclamada dogma por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854 con la bula Ineffabilis Deus.

 entenderlo mejor y saber cómo celebrarlo, te presentamos a continuación ocho cosas que necesitas saber:

1. ¿A quién se refiere la Inmaculada Concepción?
Hay una idea popular que se refiere a la concepción de Jesús por la Virgen María pero no es a este hecho al que se refiere esta solemnidad, sino a la manera especial en la cual fue concebida María. Esta concepción no fue virginal (es decir, que ella tuvo un padre humano y una madre humana), pero fue especial y única de otra manera…

2. ¿Qué es la Inmaculada Concepción?
La explicación está en el mismo Catecismo de la Iglesia Católica:

490.- Para ser la Madre del Salvador, María fue “dotada por Dios con dones a la medida de una misión tan importante”. El ángel Gabriel en el momento de la anunciación la saluda como “llena de gracia”. En efecto, para poder dar el asentimiento libre de su fe al anuncio de su vocación era preciso que ella estuviese totalmente conducida por la gracia de Dios.

491.- A lo largo de los siglos, la Iglesia ha tomado conciencia de que María “llena de gracia” por Dios (Lc 1, 28) había sido redimida desde su concepción. Es lo que confiesa el dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado en 1854 por el Papa Pío IX: “La bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda la mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano”.

3. ¿Significa esto que María nunca pecó?
Sí. Debido a la forma de redención que se aplicó a María en el momento de su concepción, ella no solo fue protegida del pecado original, sino también del pecado personal. El Catecismo lo explica:

493.- Los Padres de la tradición oriental llaman a la Madre de Dios “la Toda Santa” (Panaghia), la celebran “como inmune de toda mancha de pecado y como plasmada y hecha una nueva criatura por el Espíritu Santo”. Por la gracia de Dios, María ha permanecido pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida.

4. ¿Significa que María no necesitaba que Jesús muriera por ella en la cruz?

No. Lo que hemos citado es que María fue concebida inmaculadamente como parte de su ser “llena de gracia” y así “redimida desde el momento de su concepción” por “una singular gracia y privilegio de Dios Todopoderoso y por virtud de los méritos de Jesucristo, salvador de la raza humana”. El Catecismo afirma:

492.- Esta “resplandeciente santidad del todo singular” de la que ella fue “enriquecida desde el primer instante de su concepción”, le viene toda entera de Cristo: ella es “redimida de la manera más sublime en atención a los méritos de su Hijo“. El Padre la ha “bendecido […] con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo” más que a ninguna otra persona creada. Él la ha “elegido en él antes de la creación del mundo para ser santa e inmaculada en su presencia, en el amor”.

508.- De la descendencia de Eva, Dios eligió a la Virgen María para ser la Madre de su Hijo. Ella, “llena de gracia”, es “el fruto más excelente de la redención“; desde el primer instante de su concepción, fue totalmente preservada de la mancha del pecado original y permaneció pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida.

5. ¿Cómo se ve entonces a María en paralelo a Eva?
Adán y Eva fueron creados inmaculados, sin pecado original o su mancha. Ambos cayeron en desgracia y a través de ellos la humanidad estaba destinada a pecar.

Cristo y María fueron también concebidos inmaculados. Ambos permanecieron fieles y a través de ellos la humanidad fue redimida del pecado.

Jesús es por tanto el Nuevo Adán y María la Nueva Eva.

El Catecismo señala:

494.- “Ella, en efecto, como dice San Ireneo, ‘por su obediencia fue causa de la salvación propia y de la de todo el género humano’. Por eso, no pocos Padres antiguos, en su predicación, coincidieron con él en afirmar ‘el nudo de la desobediencia de Eva lo desató la obediencia de María. Lo que ató la virgen Eva por su falta de fe lo desató la Virgen María por su fe’. Comparándola con Eva, llaman a María ‘Madre de los vivientes’ y afirman con mayor frecuencia: ‘la muerte vino por Eva, la vida por María’”.

6. ¿Cómo se hace María un icono de nuestro destino?
Aquellos que mueren en la amistad con Dios y así para ir al Cielo serán liberados de todo pecado y mancha de pecado. Seremos así todos vueltos “inmaculados” (Latin, immaculatus = “intachable”) si permanecemos fieles a Dios.

Incluso en esta vida, Dios nos purifica y prepara en santidad y, si morimos en su amistad pero imperfectamente purificados, él nos purificará en el purgatorio y nos volverá inmaculados. Al dar a María esta gracia desde el primer momento de su concepción, Dios nos muestra una imagen de nuestro propio destino.

Él nos muestra que esto es posible para los seres humanos a través de su gracia. San Juan Pablo II señaló: “En contemplación de este misterio en una perspectiva mariana, podemos decir que ´María, al lado de su Hijo, es la imagen más perfecta de la libertad y de la liberación de la humanidad y del cosmos. La Iglesia debe mirar hacia ella, Madre y Modelo, para comprender en su integridad el sentido de su misión´… Fijemos, por tanto, nuestra mirada en María, icono de la Iglesia peregrina en el desierto de la historia, pero orientada a la meta gloriosa de la Jerusalén celestial, donde resplandecerá como Esposa del Cordero, Cristo Señor”.

7. ¿Era necesario para Dios que María fuera inmaculada en su concepción para que pudiera ser Madre de Jesús?
No. La Iglesia sólo habla de la Inmaculada Concepción como algo que era “apropiado”, algo que hizo que hizo de María una “morada apropiada” (es decir, una vivienda adecuada) para el Hijo de Dios, no algo que era necesario.

Así, en preparación para definir el dogma, el Papa Pío IX declaró: “Y por eso afirmaron [los Padres de la Iglesia] que la misma santísima Virgen fue por gracia limpia de toda mancha de pecado y libre de toda mácula de cuerpo, alma y entendimiento, y que siempre estuvo con Dios, y unida con Él con eterna alianza, y que nunca estuvo en las tinieblas, sino en la luz, y, de consiguiente, que fue aptísima morada para Cristo, no por disposición corporal, sino por la gracia original”.

“Pues no caía bien que aquel objeto de elección fuese atacado, de la universal miseria, pues, diferenciándose inmensamente de los demás, participó de la naturaleza, no de la culpa; más aún, muy mucho convenía que como el unigénito tuvo Padre en el cielo, a quien los serafines ensalzan por Santísimo, tuviese también en la tierra Madre que no hubiera jamás sufrido mengua en el brillo de su santidad”.

8. ¿Por qué celebramos la Inmaculada Concepción hoy?
En el rito latino de la Iglesia Católica la Solemnidad de la Inmaculada Concepción  en muchos países es una fiesta de guardar; por tanto el fiel católico debe asistir a Misa.

Publicado en National Catholic Register.
Traducido por Eduardo Berdejo para ACI Prensa.07

sábado, 14 de agosto de 2021

purgatorio...

 

Dios nos purifica para evitarnos más Purgatorio



Hijos de Dios, no podéis ni siquiera imaginar lo que Dios Todopoderoso tiene preparado para aquellos que Le aman y que Le amarán hasta el último instante; porque, hijos, Dios que es amor, es un Ser que paga como no podéis suponer, ya que Él da el ciento por uno y aún mucho más. Yo, Espíritu de Dios, os hablo.

Pero aquellos que rechazaron la Gracia Divina, aquellos que dedicaron su vida a amarse a sí mismos, aquellos que no quisieron sacrificarse y buscaron siempre sus deleites, aquellos tuvieron ya su recompensa, porque el que desoye la Voz del Espíritu, rechaza su bien, puesto que nadie como Dios puede otorgar una dicha inmensa al alma, más que El mismo. Yo, Espíritu de Dios, os hablo.

Hijos de Dios, que padecéis toda clase de tribulaciones, unos en la salud, otros en la economía, otros en el afecto, no os preocupéis y aguantad hasta el final, que la dicha que os espera es inmensa si os mantenéis firmes en la prueba y no perdéis ni la fe, ni la confianza en Dios Todopoderoso. Él os purifica aquí en la Tierra para aliviaros en la otra vida de purificaciones peores, y todo lo que soportéis con paciencia y amor será recompensado con creces, porque os ayudará a crecer en la virtud y a reparar vuestros pecados. Yo, Espíritu de Dios, os hablo. Hijos de Dios, procurad el bien para vuestros hermanos, todos los de vuestro entorno, ayudadles en sus pruebas, aquellos que están débiles en la fe, ayudadles vosotros, habladles del Amor de Dios y de lo efímera que es esta vida, y aunque parezca que lo que le decís no les sirve para nada, en su momento esa semilla fructificará y dará su fruto, pero ayudad a los que sufren compartiendo sus padecimientos, rezando por ellos, sacrificándoos por ellos, ofreciendo por ellos Misas y Rosarios, que tanto bien les harán si los ofrecéis por amor a Dios y a las almas. Yo, Espíritu de Dios, os hablo.

Así, pues, hijos, no os desalentéis, no perdáis la esperanza, vuestros padecimientos son fructíferos, el Cielo los toma para ayudar a la Iglesia Santa de Dios, a las almas que están indecisas a la hora de partir, a los que aún no saben de Jesucristo, a los que aún no aman a María. Sed generosos en aceptarlos y ofrecerlos siempre, para que no se pierdan y para que aprovechen a otras almas, no sólo a la vuestra. Yo, Espíritu de Dios, os hablo y os instruyo. Paz a todo aquel que leyendo este Mensaje lo cree y lo pone en práctica.


A Dios lo que es de Dios

La Penitencia....

 

Por eso instituyó el sacramento de la Penitencia



Jesús conoce bien nuestra flaqueza y debilidad. Por eso instituyó el sacramento de la Penitencia. Quiso que pudiéramos enderezar nuestros pasos, cuantas veces fuera necesario; tenía el poder de perdonar los pecados y lo ejerció repetidas veces: con la mujer sorprendida en adulterio, con el buen ladrón suspendido en la cruz, con el paralítico de Cafarnaún... Vino a buscar y salvar lo que estaba perdido4, también ahora, en nuestros días.


Los Profetas habían preparado y anunciado esta reconciliación del todo nueva, del hombre con Dios. Así se refleja en las palabras de Isaías: Venid y entendámonos –dice Yahvé–. Aunque vuestros pecados fuesen como la grana, quedarán blancos como la nieve. Aunque fuesen rojos como la púrpura, llegarán a ser como la blanca lana. Fue esta también la misión del Bautista, que vino a predicar un bautismo de penitencia para la remisión de los pecados6. ¿Cómo se extrañan algunos de que la Iglesia predique la necesidad de la Confesión?


Jesús muestra su misericordia, de modo especial, en su actitud con los pecadores. «Yo tengo pensamientos de paz y no de aflicción (Jer 29, 11), declaró Dios por boca del profeta Jeremías. La liturgia aplica esas palabras a Jesús, porque en Él se nos manifiesta con toda claridad que Dios nos quiere de este modo. No viene a condenarnos, a echarnos en cara nuestra indigencia o nuestra mezquindad: viene a salvarnos, a perdonarnos, a disculparnos, a traernos la paz y la alegría». Y no solo quiso que alcanzasen el perdón aquellos que le encontraron por los caminos y ciudades de Palestina, sino también cuantos habrían de venir al mundo a lo largo de los siglos. Para eso dio la potestad de perdonar los pecados a los Apóstoles y a sus sucesores a lo largo de los siglos. De modo solemne prometió el Señor a Pedro el poder de perdonar los pecados, cuando este le reconoció como Mesías8. Poco tiempo después –se lee en el Evangelio de la Misa de hoy– lo extendió a los demás Apóstoles: Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el Cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el Cielo. La promesa se hizo realidad el mismo día de la Resurrección: Recibid el Espíritu Santo; a quienes perdonéis los pecados les serán perdonados, a quienes se los retuviereis les serán retenidos. Fue el primer regalo de Cristo a su Iglesia.

El sacramento de la Penitencia es una expresión portentosa del amor y de la misericordia de Dios con los hombres. «Porque Dios, aun ofendido, sigue siendo Padre nuestro; aun irritado, nos sigue amando como a hijos. Solo una cosa busca: no tener que castigarnos por nuestras ofensas, ver que nos convertimos y le pedimos perdón». Demos gracias al Señor en nuestra oración de hoy por el don tan grande que significa poder ser perdonados de errores y miserias; ahora, en la oración ante Él, podemos preguntarnos: ¿son hondas y bien preparadas nuestras confesiones? 

jueves, 12 de agosto de 2021

La Confesion....

 

Solo el sacerdote puede perdonar los pecados



 La potestad de perdonar los pecados fue entregada a los Apóstoles y a sus sucesores

 Solo tiene facultad de perdonar los pecados quien haya recibido el Orden sacramental. San Basilio comparaba la Confesión con el cuidado a los enfermos, comentando que así como no todos conocen las enfermedades del cuerpo, tampoco las enfermedades del alma las puede curar cualquiera20. Pero, a diferencia de los médicos, al sacerdote no le viene su poder de su ciencia, ni de su prestigio, ni de la comunidad, sino que le llega directa y gratuitamente de Dios, a través del sacramento del Orden.


Por disposición divina, para mejor ayudar al penitente a ser sincero y a profundizar en las raíces de su conducta, así como para defender la pureza del Cuerpo Místico de Cristo, el confesor, que hace las veces de Cristo, debe juzgar las disposiciones del pecador –el dolor y propósito de la enmienda– antes de admitirle por la absolución a una más plena comunión con la Iglesia. Por eso, el sacramento de la Penitencia es un verdadero juicio al que se somete el pecador; pero es un juicio que se ordena al perdón del que se declara culpable. «¡Mira qué entrañas de misericordia tiene la justicia de Dios! —Porque en los juicios humanos, se castiga al que confiesa su culpa: y, en el divino, se perdona.

»¡Bendito sea el santo Sacramento de la Penitencia!»

El sacerdote no podría absolver a quien no está arrepentido de su pecado; a los que, pudiendo, se niegan a restituir lo robado; a quienes no se deciden a abandonar la ocasión próxima de pecado; y, en general, a quienes no se proponen seriamente apartarse de los pecados y enmendar su vida. Ellos mismos se excluyen de esta fuente de misericordia.


El juicio del sacramento de la Penitencia es, en cierto modo, adelanto y preparación del juicio definitivo, que tendrá lugar al final de la vida. Entonces comprenderemos en toda su profundidad la gracia y la misericordia divina en el momento en que se nos perdonaron los pecados. 

Nuestro agradecimiento no tendrá entonces límites, y se manifestará en dar gloria a Dios eternamente por su gran misericordia. Pero el Señor nos quiere también agradecidos en esta vida. Demos gracias a Dios y pidamos que nunca falten en su Iglesia sacerdotes santos, dispuestos a impartir este sacramento con amor y dedicación.


El incomparable bien que el Señor nos otorgó al instituir el sacramento de la Penitencia se desprende de muchas razones, que nos mueven a ser agradecidos con Él y a amar cada vez más este sacramento. Su consideración nos ayudará también a cuidar mejor la frecuencia con la que lo recibimos.

En primer lugar, la Confesión no es un mero remedio espiritual que el sacerdote posee para sanar el alma enferma o incluso muerta a la vida de la gracia. Esto es mucho, pero a nuestro Padre Dios le pareció poco. Y lo mismo que el padre de la parábola no concedió el perdón a su hijo a través de un emisario, sino que corrió él en persona a su encuentro, así el Señor, que anda buscando al pecador, se hace presente en la persona del confesor y nos acoge. Cristo mismo, por medio del sacerdote, nos absuelve, porque cada sacramento es acción de Cristo.


En la Confesión encontramos a Jesús, como le encontró el buen ladrón, o la mujer pecadora, o la samaritana, y tantos otros...; como el mismo Pedro, después de sus negaciones. Por ser la remisión de los pecados una acción de Cristo, es a la vez una acción de su Cuerpo Místico inseparable, que es la Iglesia.


También hemos de dar gracias por la universalidad de este poder otorgado a la Iglesia, en la persona de los Apóstoles y de sus sucesores. El Señor está dispuesto a perdonarlo todo, de todos y siempre, si encuentra las debidas disposiciones. «La omnipotencia de Dios –dice Santo Tomás– se manifiesta, sobre todo, en el hecho de perdonar y usar de misericordia, porque la manera de demostrar que Dios tiene el poder supremo es perdonar libremente».


Jesús nos dice: he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia. En la Confesión nos da la oportunidad de vaciar el alma de toda inmundicia, de limpiarla bien: «Imagina que Dios te quiere hacer rebosar de miel: si estás lleno de vinagre, ¿dónde va a depositar la miel?, pregunta San Agustín. Primero hay que vaciar lo que contenía el recipiente (...): hay que limpiarlo aunque sea con esfuerzo, a fuerza de frotarlo, para que sea capaz de recibir esta realidad misteriosa». De este modo, con ese pequeño esfuerzo que supone la delicada recepción frecuente del sacramento, el examen diligente, el dolor y el propósito bien hechos, el Espíritu Santo va logrando en nuestra alma la delicadeza de conciencia: no la conciencia escrupulosa, que ve pecado donde no lo hay, sino la finura interior que afianza una fuerte decisión de tener horror al pecado mortal y de huir de las ocasiones de cometerlo, a la vez que hace crecer el empeño sincero de detestar el pecado venial. De este modo, la Confesión nos llena de confianza en la lucha, y quienes la practican experimentan que es ciertamente «el sacramento de la alegría». ¿Cómo no agradecer al Señor esa muestra patente de su misericordia? ¿Cómo no valorar –y dar a conocer a otros– cada vez más este sacramento?


Con la eficacia silenciosa de su acción incesante, en el sacramento de la Penitencia el Espíritu Santo nos va dando el «sentido del pecado», nos enseña a dolernos más, a valorar con más profundidad la ofensa a Dios, e infunde en nosotros un espíritu filial de desagravio y de reparación. Por eso, la Confesión puntual, contrita, bien preparada, es manifestación inequívoca de espíritu de penitencia. Agradezcamos al Espíritu Santo haber inspirado a los Pastores de la Iglesia el fomento de la Confesión frecuente: con ella progresamos en la humildad, combatimos con eficacia las malas costumbres –hasta desarraigarlas–, podemos hacer frente a la tibieza, robustecemos nuestra voluntad y aumenta en nosotros la gracia santificante, en virtud del sacramento mismo. ¡Cuántos beneficios nos concede el Señor a través de este sacramento!