viernes, 1 de marzo de 2013

El Santo Padre Benedicto . todo lo tenia y lo tiene muy claro....


Ratzinger y el futuro de la Iglesia
 
Itaici, Brasil - A fines del año litúrgico, cuando la Iglesia celebra la esperanza en la vida eterna, podría ser útil releer el libro Fe y futuro (Petrópolis: Vozes, 1971), escrito a fines de los años ‘60 por el teólogo Joseph Ratzinger, actualmente Papa Benedicto XVI.El año 1968 fue un año emblemático, marcado por disturbios en las Universidades y por fuerte contestación dentro de la Iglesia. En ese contexto, el teólogo Joseph Ratzinger se cuestionaba acerca del futuro de la propia Iglesia.En el periodo del inmediato post-Concilio Vaticano II, la crisis eclesial que presenciaba, llevó a Ratzinger a acordarse de la gravísima situación vivida por la Iglesia en la segunda mitad del siglo XVIII, el llamado “Siglo de las Luces”. El racionalismo triunfante había declarado superados los viejos dogmas religiosos. El propio arzobispo católico de París abandonó la fe y rindió culto a la “diosa razón”, en la catedral de Notre-Dame. La crisis social y religiosa del siglo XVIII desembocó en la Revolución Francesa, en la cual el propio ex-arzobispo fue guillotinado, bajo el terror revolucionario.
Ratzinger en el tiempo del Concilio (1964)Frente a la crisis de los años ‘60, Ratzinger se preguntaba dónde podría surgir un futuro para la Iglesia. En su opinión, el futuro de la Iglesia no vendría de aquellos que, siguiendo eslóganes modernos, criticaban a los otros y declaraban falso y superado todo lo que les resultaba exigente e incómodo; no vendría de los que se acomodan en la dirección en que el viento sopla. El futuro de la Iglesia sólo podría venir de los hombres y mujeres de fe, capaces de renunciar a sí mismos y de entregarse al amor de Dios y del prójimo. El futuro de la Iglesia estaría marcado, una vez más, por los santos.En la visión del teólogo Ratzinger, la Iglesia del futuro (“la Iglesia del año 2000”) sería una Iglesia pequeña y pobre, que no llenaría los grandes templos, construidos en periodos de esplendor. Una Iglesia interiorizada y simplificada, que no prevalecería por sus antiguos privilegios, ni simpatizaría con las ideologías de moda, la izquierda o la derecha. Las pequeñas comunidades cristianas podrían ser presididas por una nueva figura de sacerdote, que ejercería otra profesión. El padre “empleado social” sería sustituido por los psicólogos y otros especialistas, pero el sacerdote dedicado por completo a la Iglesia seguiría siendo necesario y dedicaría una atención prioritaria a los más pobres y abandonados.El futuro predecía tiempos muy difíciles a la Iglesia. Los hombres y mujeres de un mundo planificado, donde Dios puede parecer superfluo, se sentirían muy solitarios. Entonces, podrían descubrir la novedad del Evangelio, en las pequeñas comunidades de los que aún creen. La Iglesia se volvería una patria que a todos ofrece vida y esperanza para después de la muerte.
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Luís  González-Quevedo, S.J.luisquevedosj@vilakostkaitaici.org.br .

Bajo qué aspecto se presentara la Iglesia en el año 2000? - Joseph Ratzinger

Hace poco más de cuarenta años y casi una década antes de ser nombrado obispo por Pablo VI, el entonces sacerdote y profesor de teología en Tubinga y luego Ratisbona, Dr. Joseph Ratzinger, emitía una serie de charlas en un programa radiofónico de su país. La editorial Kösel-Verlag de München las reunió en 1970 publicando con ellas un libro de cinco capítulos titulado “Glaube und Zukunft”, traducido al año siguiente al español como “Fe y futuro”. Gracias a una gentileza de Editorial Desclee de Brouwer, que ha reeditado “Fe y futuro” de Joseph Ratzinger, reproducimos para los lectores de Humanitas, por su riqueza y candente actualidad, el quinto capítulo del mencionado libro.

El teólogo no es un adivino. Tampoco es un futurólogo que, a partir de factores calculables del presente, hace cálculos sobre el futuro. Su oficio escapa en gran parte al cálculo; sólo mínimamente podría llegar a ser objeto de la futurología, que no es tampoco un arte adivinatoria, sino que establece lo que es calculable, y tiene que dejar pendiente lo que no es calculable. Dado que la fe y la Iglesia se adentran hasta esa profundidad del ser humano de la que surge siempre lo nuevo creativo, lo inesperado y no planificado, de ello se deduce que su futuro permanece escondido para nosotros, también en la época de la futurología. ¿Quién hubiera podido predecir, al morir Pío XII, el concilio Vaticano II o la evolución posconciliar? ¿O quién se hubiera atrevido a predecir el Vaticano I cuando Pío VI, secuestrado por las tropas de la joven república francesa, murió prisionero en Valence en 1799? Ya tres años antes uno de los dirigentes de la república había escrito: «Este viejo ídolo será destruido. Así lo quieren la libertad y la filosofía… Es de desear que Pío VI viva todavía dos años, para que la filosofía tenga tiempo de completar su obra y de dejar a este lama de Europa sin sucesor»(1). Y pareció que realmente era así, hasta tal punto que se hicieron oraciones fúnebres por el papado, que se daba ya por definitivamente extinguido.
Seamos, por consiguiente, prudentes con los pronósticos. Aún es válida la palabra de Agustín según la cual el ser humano es un abismo; nadie puede observar de antemano lo que se alza de ese abismo. Y quien cree que la Iglesia no está determinada sólo por ese abismo que es el ser humano, sino que se fundamenta en el abismo mayor e infinito de Dios, tiene motivos más que suficientes para abstenerse de unas predicciones cuya ingenuidad en el querer-tener-respuestas podría revelar sólo ignorancia histórica. Pero entonces ¿tiene algún sentido nuestro tema? Puede tenerlo si uno es consciente de sus límites. Precisamente en tiempos de violentas convulsiones históricas en las que parece desvanecerse lo que ha sucedido hasta ese momento, y abrirse algo que es completamente nuevo, el ser humano necesita reflexionar sobre la historia, que le hace ver en su justa medida el instante irrealmente agrandado, y enmarca de nuevo ese instante en un acontecer que nunca se repite, pero que tampoco pierde nunca su unidad y su contexto. Ahora podrían ustedes decir: «¿Hemos oído bien? ¿Reflexionar sobre la historia? Pero esto significa dirigir una mirada al pasado, cuando en realidad esperábamos poner la vista en el futuro». Sí, han oído bien, pero pienso que la reflexión sobre la historia, si es bien entendida, comprende ambas cosas: una mirada retrospectiva a lo anterior y, desde ahí, la reflexión sobre las posibilidades y las tareas de lo venidero, que sólo se pueden esclarecer si se abarca con la mirada un tramo mayor de camino y uno no se cierra ingenuamente en el hoy. La mirada retrospectiva no permite hacer predicciones del futuro, pero limita la ilusión de lo que se presenta como completamente único, y muestra cómo también en el pasado ha existido algo comparable, aunque no lo mismo. En lo que hay de desigual entre entonces y hoy se fundamenta la incertidumbre de nuestros enunciados y la novedad de nuestras tareas; en lo que es igual se fundamenta la posibilidad de una orientación y una corrección.

Nuestra situación eclesial actual es comparable ante todo al período del llamado modernismo, a finales del siglo XIX y principios del siglo XX y, en segundo lugar, al final del rococó, apertura definitiva de la época moderna con la Ilustración y la revolución francesa. La crisis del modernismo no se realizó por completo, sino que fue interrumpida por las medidas de Pío X y por el cambio de situación espiritual tras la primera guerra mundial; la crisis actual es sólo la reanudación, diferida durante mucho tiempo, de lo que empezó entonces. Así, queda la analogía con la historia de la Iglesia y de la teología en la Ilustración. Quien la analice más detenidamente se sorprenderá por el grado de semejanza entre lo que sucedió entonces y lo que sucede hoy. La «Ilustración» como época histórica no tiene hoy buena fama; incluso quien sigue tras sus huellas no quiere ser tenido por ilustrado, sino que se distancia del racionalismo de aquella época, demasiado simplista, a su juicio, si se toma la molestia de recordar una historia ya acontecida. Tendríamos ya aquí una primera analogía: el decidido rechazo de la historia, que sólo se considera válida como trastero de lo anterior, que no podría ser útil para un hoy completamente nuevo; la certeza, segura de su victoria, de que ahora no se debe actuar ya según la tradición, sino únicamente de modo racional; el papel en general de palabras como racional, transparente y otras semejantes… todo esto es sorprendentemente parecido entonces y hoy. Pero tal vez antes que estos datos, a mi juicio negativos, se debería contemplar esa extraña mezcla de unilateralidades e iniciativas positivas, que une a los ilustrados de entonces y de hoy y que ya no permite que el hoy aparezca como lo que es completamente nuevo y está fuera de toda comparación histórica.
La Ilustración tuvo su movimiento litúrgico, en el cual se intentó simplificar la liturgia, reduciéndola a sus estructuras fundamentales y originarias; había que eliminar los excesos del culto a las reliquias y a los santos y, sobre todo, había que introducir en la liturgia la lengua vernácula, especialmente el canto popular y la participación comunitaria. La Ilustración tuvo su movimiento episcopal, que quería subrayar, frente a una centralización unilateral de Roma, la importancia de los obispos; tuvo sus componentes democráticos como, por ejemplo, el caso del vicario general de Constanza, Wessenberg, que exigía sínodos diocesanos y provinciales democráticos. Quien lee sus obras cree encontrarse con un progresista de nuestros días: se pide la abolición del celibato, se admiten sólo formularios sacramentales en lengua vernácula, se bendicen matrimonios mixtos sin el compromiso de la educación de los hijos, etcétera. Que Wessenberg se preocupara de predicar con regularidad y de elevar el nivel de instrucción religiosa, que quisiera crear un movimiento bíblico y otras muchas iniciativas semejantes, esto sólo demuestra una vez más que en aquellas personas no actuaba sólo un racionalismo estrecho de miras. No obstante, la impresión sigue siendo que su figura es contradictoria, porque a fin de cuentas usa sólo la tijera de poda de la razón que construye, que puede hacer algunas cosas buenas pero no es la única herramienta de un jardinero(2). Una impresión semejante de incoherencia es la que produce la lectura del sínodo de Pistoya, un concilio de la Ilustración en el que participaron 234 obispos, que fue celebrado en el norte de Italia en 1786 y que trató de traducir las ideas de reforma de aquel tiempo a la realidad eclesial, pero fracasó –y no es ésta la razón menos importante– por una mezcla de auténtica reforma y racionalismo ingenuo. De nuevo cree uno que está leyendo un libro posconciliar cuando encuentra la tesis de que el ministerio sacerdotal no fue instituido directamente por Cristo, sino que procede únicamente del seno de la Iglesia, la cual es sacerdotal en su totalidad sin distinción alguna; o cuando oye que una misa sin comunión no tiene sentido, o cuando se describe el primado papal como algo puramente funcional o, a la inversa, cuando se hace hincapié en el derecho divino del episcopado(3). Ya en 1794 fueron condenadas por Pío VI una gran parte de las proposiciones de Pistoya; la unilateralidad de este sínodo había desacreditado también sus buenos planteamientos.

Para saber dónde se encuentran, y dónde no, los elementos portadores de futuro, me parece que lo más instructivo es reflexionar sobre las personas y sobre los grupos afines de aquella época. Sólo podemos elegir, claro está, algunos tipos característicos en los que se muestre la amplitud de posibilidades de entonces y, al mismo tiempo y una vez más, la asombrosa analogía con nuestro tiempo. En efecto, están los progresistas extremos, representados, por ejemplo, por la triste figura del arzobispo parisino Gobel, que siguió valientemente todos los pasos del progreso de su tiempo: primero, a favor de una Iglesia nacional constitucional; después, como si tampoco esto fuera ya suficiente, renunció solemnemente al sacerdocio, declarando que, desde el feliz inicio de la revolución, no había ya necesidad de más culto nacional que el de la libertad y la igualdad. Participó en la adoración de la diosa razón en Notre Dame, pero al final el progreso pasó también sobre él: bajo Robespierre, el ateísmo volvió a ser de pronto un delito y el ex arzobispo fue conducido a la guillotina como ateo, y ajusticiado(4).

En Alemania la situación se presentó más tranquila. Habría que mencionar como progresista clásico, por ejemplo, al director del Georgianum de München, Matthias Fingerlos. En su obra Wozu sind Geistliche da? [Sacerdotes ¿para qué?] explica que el sacerdote debe ser ante todo un maestro del pueblo, que debe instruir al pueblo sobre la agricultura, la ganadería, el cultivo de la fruta, sobre los pararrayos, pero también sobre la música y el arte –hoy se diría: el sacerdote tiene que ser ante todo un trabajador social y debe ponerse al servicio de la construcción de una sociedad racional, purificada de los irracionalismos(5)–. En el centro, como progresista moderado, se podría situar la figura del ya mencionado vicario general de Constanza, Wessenberg, que de ningún modo habría participado en una simple reducción de la fe al trabajo social, pero que, por otro lado, mostraba muy poca comprensión por lo que es orgánico, lo vivo, lo que se sustrae a las puras construcciones de la razón. Un orden de valores completamente distinto lo encontramos en la figura del entonces obispo de Ratisbona, Johann Michael Sailer. Resulta difícil clasificarlo. Las categorías habituales de progresismo y conservadurismo fracasan ante él, como muestra ya el desarrollo de su vida: en 1794, acusado de racionalismo, le retiraron la cátedra de Dillingen; todavía en 1819 fracasó su nombramiento para obispo de Augsburgo, entre otras razones por la oposición de Clemens María Hofbauer, más tarde canonizado, que siempre lo tuvo por racionalista. Por otro lado, ya en 1806 su discípulo Zimmer fue alejado de la Universidad de Landshut, con el reproche de reaccionario; en esta universidad se hostigaba a Sailer y su círculo como auténticos enemigos de la Ilustración: el mismo hombre considerado siempre por Hofbauer como racionalista fue tenido por los verdaderos partidarios del racionalismo como su adversario más peligroso(6).

Tenían razón. De este hombre y del amplio círculo de sus amigos y discípulos surgió un movimiento que tenía en sí mucho más futuro que la arrogante presunción de los racionalistas puros. Sailer era un hombre abierto a todas las cuestiones de su tiempo. La anticuada escolástica jesuítica de Dillingen, en cuyo sistema bien estructurado hacía bastante tiempo que ya no podía penetrar la realidad, debió parecerle insuficiente. Kant, Jacobi, Schelling y Pestalozzi son sus interlocutores: para él, la fe no está ligada a un sistema de enunciados, y no se debe mantener mediante la huida a lo irracional, sino que debe subsistir en abierto contraste con el hoy. Pero el mismo Sailer conocía la gran tradición teológica y mística de la Edad Media con una profundidad insólita en su tiempo, porque no reducía al ser humano al instante presente, sino que sabía que éste sólo consigue adentrarse en sí mismo si se abre con profundo respeto y atención a toda la riqueza de su historia. Y, sobre todo, Sailer no sólo pensaba, sino que vivía. Si buscaba una teología del corazón, no lo hacía por un sentimentalismo barato, sino porque le importaba el ser humano total, que llega a la unidad de su ser por la compenetración de espíritu y cuerpo, de las profundidades ocultas del sentimiento y de la visible claridad del entendimiento. «Sólo se ve bien con el corazón», dijo Antoine de Saint-Exupéry. Si se compara el progresismo sin vida de Matthias Fingerlos con la riqueza y la profundidad de Sailer, se puede comprobar palpablemente hasta qué punto es esto verdad. Sólo se ve bien con el corazón: Sailer veía en profundidad porque tenía corazón. De él podía surgir algo nuevo, portador de futuro, porque vivía de lo permanente y porque ponía a disposición de este fin su vida y su propio ser. Y con esto hemos llegado al punto decisivo: sólo quien se da a sí mismo crea futuro. Quien sólo quiere enseñar, quien sólo desea cambiar a los otros, permanece estéril.

Mas así hemos llegado también a aquel otro hombre que fue adversario tanto de Sailer como de Wessenberg: Clemens Maria Hofbauer, el panadero bohemio que fue canonizado(7). Ciertamente este hombre era, en algunos aspectos, estrecho de miras e incluso un poco reaccionario. Pero era un hombre que amaba, que se ponía al servicio de los demás con toda su pasión intacta. Por un lado, pertenecieron a su círculo hombres como Schlegel, Brentano, Eichendorff; por otro, estaba incondicionalmente a disposición de los más pobres y abandonados, sin reservarse nada para sí, sino dispuesto a asumir cualquier ofensa si con ello podía ayudar a los demás. Y de este modo los otros podían descubrir a través de él de nuevo a Dios, como él mismo, desde Dios, había descubierto a los demás y sabía que necesitaban algo más que instrucción en el cultivo de la fruta y en la ganadería. En definitiva, la fe de este pobre panadero resultó ser más humanista y razonable que la racionalidad académica de los racionalistas puros. De hecho, lo que sobrevivió y lo que surgió como futuro de las ruinas de finales del siglo xviii fue algo completamente distinto de lo que habían supuesto Gobel o Fingerlos: fue una Iglesia que se había hecho más pequeña, que había perdido esplendor social, pero que al mismo tiempo se había hecho más fecunda por la nueva fuerza de su interioridad y que, a través de los grandes movimientos de laicos y en las numerosas y nuevas fundaciones de órdenes, que tuvieron lugar desde mediados del siglo xix, produjo nuevas fuerzas para la formación y la realidad social, hasta tal punto que no es posible imaginar nuestra historia más reciente sin ellas.

Con esto hemos llegado a nuestro hoy y a la reflexión sobre el mañana. El futuro de la Iglesia puede venir y vendrá también hoy sólo de la fuerza de quienes tienen raíces profundas y viven de la plenitud pura de su fe. El futuro no vendrá de quienes sólo dan recetas. No vendrá de quienes sólo se adaptan al instante actual. No vendrá de quienes sólo critican a los demás y se toman a sí mismos como medida infalible. Tampoco vendrá de quienes eligen sólo el camino más cómodo, de quienes evitan la pasión de la fe y declaran falso y superado, tiranía y legalismo, todo lo que es exigente para el ser humano, lo que le causa dolor y le obliga a renunciar a sí mismo. Digámoslo de forma positiva: el futuro de la Iglesia, también en esta ocasión, como siempre, quedará marcado de nuevo con el sello de los santos. Y, por tanto, por seres humanos que perciben más que las frases que son precisamente modernas.

Por quienes pueden ver más que los otros, porque su vida abarca espacios más amplios. La gratuidad que libera a las personas se alcanza sólo en la paciencia de las pequeñas renuncias cotidianas a uno mismo. En esta pasión cotidiana, la única que permite al ser humano experimentar de cuántas formas diferentes lo ata su propio yo, en esta pasión cotidiana y sólo en ella, se abre el ser humano poco a poco. Él solamente ve en la medida en que ha vivido y sufrido. Si hoy apenas podemos percibir aún a Dios, se debe a que nos resulta muy fácil evitarnos a nosotros mismos y huir de la profundidad de nuestra existencia, anestesiados por cualquier comodidad. Así, lo más profundo en nosotros sigue sin ser explorado. Si es verdad que sólo se ve bien con el corazón, ¡qué ciegos estamos todos!(8).
¿Qué significa esto para nuestra pregunta? Significa que las grandes palabras de quienes nos profetizan una Iglesia sin Dios y sin fe son palabras vanas. No necesitamos una Iglesia que celebre el culto de la acción en «oraciones» políticas. Es completamente superflua y por eso desaparecerá por sí misma. Permanecerá la Iglesia de Jesucristo, la Iglesia que cree en el Dios que se ha hecho ser humano y que nos promete la vida más allá de la muerte. De la misma manera, el sacerdote que sólo sea un funcionario social puede ser reemplazado por psicoterapeutas y otros especialistas. Pero seguirá siendo aún necesario el sacerdote que no es especialista, que no se queda al margen cuando aconseja en el ejercicio de su ministerio, sino que en nombre de Dios se pone a disposición de los demás y se entrega a ellos en sus tristezas, sus alegrías, su esperanza y su angustia.
Demos un paso más. También en esta ocasión, de la crisis de hoy surgirá mañana una Iglesia que habrá perdido mucho. Se hará pequeña, tendrá que empezar todo desde el principio. Ya no podrá llenar muchos de los edificios construidos en una coyuntura más favorable. Perderá adeptos, y con ellos muchos de sus privilegios en la sociedad. Se presentará, de un modo mucho más intenso que hasta ahora, como la comunidad de la libre voluntad, a la que sólo se puede acceder a través de una decisión. Como pequeña comunidad, reclamará con mucha más fuerza la iniciativa de cada uno de sus miembros. Ciertamente conocerá también nuevas formas ministeriales y ordenará sacerdotes a cristianos probados que sigan ejerciendo su profesión: en muchas comunidades más pequeñas y en grupos sociales homogéneos la pastoral se ejercerá normalmente de este modo. Junto a estas formas seguirá siendo indispensable el sacerdote dedicado por entero al ejercicio del ministerio como hasta ahora. Pero en estos cambios que se pueden suponer, la Iglesia encontrará de nuevo y con toda la determinación lo que es esencial para ella, lo que siempre ha sido su centro: la fe en el Dios trinitario, en Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, la ayuda del Espíritu que durará hasta el fin. La Iglesia reconocerá de nuevo en la fe y en la oración su verdadero centro y experimentará nuevamente los sacramentos como celebración y no como un problema de estructura litúrgica.

Será una Iglesia interiorizada, que no suspira por su mandato político y no flirtea con la izquierda ni con la derecha. Le resultará muy difícil. En efecto, el proceso de la cristalización y la clarificación le costará también muchas fuerzas preciosas. La hará pobre, la convertirá en una Iglesia de los pequeños. El proceso resultará aún más difícil porque habrá que eliminar tanto la estrechez de miras sectaria como la voluntariedad envalentonada. Se puede prever que todo esto requerirá tiempo. El proceso será largo y laborioso, al igual que también fue muy largo el camino que llevó de los falsos progresismos, en vísperas de la revolución francesa –cuando también entre los obispos estaba de moda ridiculizar los dogmas y tal vez incluso dar a entender que ni siquiera la existencia de Dios era en modo alguno segura(9)– hasta la renovación del siglo xix. Pero tras la prueba de estas divisiones surgirá, de una Iglesia interiorizada y simplificada, una gran fuerza, porque los seres humanos serán indeciblemente solitarios en un mundo plenamente planificado. Experimentarán, cuando Dios haya desaparecido totalmente para ellos, su absoluta y horrible pobreza. Y entonces descubrirán la pequeña comunidad de los creyentes como algo totalmente nuevo. Como una esperanza importante para ellos, como una respuesta que siempre han buscado a tientas. A mí me parece seguro que a la Iglesia le aguardan tiempos muy difíciles. Su verdadera crisis apenas ha comenzado todavía. Hay que contar con fuertes sacudidas. Pero yo estoy también totalmente seguro de lo que permanecerá al final: no la Iglesia del culto político, que fracasó ya en Gobel, sino la Iglesia de la fe. Ciertamente ya no será nunca más la fuerza dominante en la sociedad en la medida en que lo era hasta hace poco tiempo. Pero florecerá de nuevo y se hará visible a los seres humanos como la patria que les da vida y esperanza más allá de la muerte.

No sé de que nos extrañamos, ya lo dijo Ratzinger hace casi 40 Años

by "abrazados a la VERDAD"

«De la Iglesia de hoy saldrá una Iglesia que ha perdido mucho. Se hará pequeña, deberá empezar completamente de nuevo. No podrá ya llenar muchos de los edificios construidos en la coyuntura más propicia. Al disminuir el número de sus adeptos, perderá muchos de sus privilegios en la sociedad. Se habrá de presentar a sí misma, de forma mucho más acentuada que hasta ahora, como comunidad voluntaria, a la que sólo se llega por una decisión libre [...] Así que me parece seguro que para la Iglesia vienen tiempos muy difíciles. Su auténtica crisis aún no ha comenzado. Hay que contar con graves sacudidas».

No obstante,

«En todos estos cambios que se pueden conjeturar, la Iglesia habrá de encontrar de nuevo y con toda decisión lo que es esencial suyo, lo que siempre ha sido su centro: la fe en el Dios trinitario [...] Será una Iglesia interiorizada, sin reclamar su mandato político y coqueteando tan poco con la izquierda como con la derecha. Será una situación difícil. Porque este proceso de cristalización y aclaración le costará muchas fuerzas valiosas. La empobrecerá, la transformará en una Iglesia de los pequeños. El proceso será tanto más difícil porque habrán de suprimirse tanto la cerrada parcialidad sectaria como la obstinación jactanciosa. Se puede predecir que todo esto necesitará tiempo. El proceso habrá de ser largo y penoso».

(Joseph Ratzinger, Fe y futuro, 1973)

 

miércoles, 13 de febrero de 2013

A proposito curioso de la noticia del Santo Padre

PROFECÍAS PRIVADAS ¿PRÓXIMAS A CUMPLIRSE TRAS LA ABDICACIÓN DE BENEDICTO XVI?
http://catolicidad-catolicidad.blogspot.com/
La agencia EFE informó que un relámpago
golpeó la cúpula de la Básilica del Vaticano
la misma fecha que Benedicto XVI anunció
su abdicación. La fotografía es real y mues-

tra este suceso. Curiosamente el cardenal
Angelo Sodano, había contestado ese día
al Papa: "Su mensaje ha caído entre noso-
tros como un rayo en el cielo sereno".
Horas después se registraba el fenómeno
meteorológico.
Si bien las profecías privadas (esto es, las que no están en la Biblia) no exigen un asentimiento de fe para el católico, es importante considerarlas y conocerlas siempre que estén sustentadas por la autoridad moral de quien las realiza y tengan congruencia con el dogma católico o al menos no vayan contra él. Así, si bien es lamentable que muchos se conviertan en crédulos seguidores de cuanto vidente -generalmente falso- diga recibir mensajes del Cielo, también es erróneo despreciar las profecías de personas a las que la Iglesia ha elevado a los altares y gozan de credibilidad, tanto porque sus mensajes no contravienen el dogma católico, como por ser verosímiles y porque se vislumbra o se ha comprobado, en parte, su cumplimiento.
Entre éstas, ofrecemos al lector algunas profecías privadas cuyo cumplimiento pudiera estar próximo ante los acontecimientos que se derivarán de la renuncia al Pontificado por parte del papa Benedicto XVI. Ciertamente la interpretación de ellas y del cómo, cuándo y dónde son asuntos opinables, sin embargo es importante señalar la congruencia que guardan entre sí. No pretendemos establecer un juicio definitivo de interpretación, sino dar a conocer al lector su existencia a fin de estar prevenidos y alertas para cuando todo esto pueda llegar a suceder.
DIVERSAS PROFECÍAS PRIVADAS:
desicion
“En la persecución final contra la Santa Iglesia Romana reinará Pedro Romano, quien pastoreará a su grey en medio de muchas tribulaciones. Después de esto, la ciudad de las siete colinas será destruida y el Juez justo volverá para juzgar a su pueblo”.

Profecía atribuida a San Malaquías(1), obispo irlandés que tuvo una revelación sobre la sucesión de romanos pontífices desde Celestino II hasta el último Papa de los tiempos actuales. La profecía está compuesta de lemas descriptivos correspondientes a cada uno de esos 112 Papas. El nombre de Pedro Romano corresponde al Pontífice posterior a Benedicto XVI. A Roma se le conoce como la ciudad de las siete colinas. Algunos consideran que el Papado podría volver a ser ejercido desde Jerusalén, como lo fue en los inicios.

San Francisco de Asís: “Habrá un Papa electo no canónicamente que causará un gran cisma. Se predicarán diversas formas de pensar que causarán que muchos duden, aún aquellos en las distintas órdenes religiosas, hasta estar de acuerdo con aquellos herejes que causarán que mi Iglesia se divida. Entonces habrá tales disensiones y persecuciones a nivel universal que si esos días no se acortaran, aún los elegidos se perderían”*.

La beata Ana Catalina Emmerick, religiosa Agustina, en 1820: “Vi una fuerte oposición entre dos Papas (NOTA DE CATOLICIDAD: Naturalmente uno de ellos sería un falso Papa, es decir: un Antipapa), y vi cuan funestas serán las consecuencias de la falsa iglesia, vi que la Iglesia de Pedro será socavada por el plan de una secta. Cuando esté cerca el reino del Anticristo, aparecerá una religión falsa que estará contra la unidad de Dios y de su Iglesia. Esto causará el cisma más grande que se haya visto en el mundo”.

Lo anterior recuerda mucho las declaraciones de Mons. Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, contrarias a la unidad de Dios con su única Iglesia, así como los actos de falso ecumenismo.

Papa San Pío X: “He tenido una visión terrible: no sé si seré yo o uno de mis sucesores, pero vi a un Papa huyendo de Roma entre los cadáveres de sus hermanos. Él se refugiará incógnito en alguna parte y después de breve tiempo morirá una muerte cruel”**.

Sor Lucía dos Santos, revelando el tercer secreto de Fátima: "...el Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, iba orando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la Cruz había dos Angeles cada uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los Mártires y con ella regaban las almas que se aproximaban a Dios".

(1) NOTA DE CATOLICIDAD: San Malaquías, existió. Lo que ha sido discutible es si esas profecías son realmente de él. Existen muchas opiniones a favor y también en contra. Por ello, nuestro post señala que es una "profecía ATRIBUIDA a San Malaquías", pues no hay absoluta seguridad de ella y hay criterios diversos sobre su autenticidad. Fue hecha pública en el Lignum vitæ, ornamentum, & decus Ecclesiae (‘El árbol de la vida, el ornamento y la gloria de la Iglesia’),1 en 1595, publicado por el monje benedictino belga Arnoldo Wion (quien era historiador de su orden). Wion dedicó este libro al rey de España Felipe II. El Lignum vitae es una biografía colectiva de los benedictinos elevados a la dignidad episcopal. Lo curioso es que coincide con otras profecías privadas en cuanto a la destrucción de Roma.* Culleton, Gerald, El Reino del Anticristo.
**Thompson, Damian, Das Ende der Zeiten, Hildesheim, 1997, p. 240. Y Vacquié, Jean, Benedictions et Maledicions, Paris, 1987.
Citas tomadas del Mensaje de Fátima y de Petrus Romanus by Thomas Horn and Cris Putnam

miércoles, 12 de diciembre de 2012

EL YUGO EREMITICO


Peregrinos dominicales


Cuando Uno ha estado aunque sea un momento en la Montaña De Dios, queda ya con la semilla sembrada sobre la existencia del Gran Dios Todopoderoso ,y se extraña de haber visto tantas Mujeres y Hombres jóvenes de todos los matices posibles dedicados a la Oración y sacrificio por nosotros, por la conversión y paz que tanto necesitamos acá en Nuestra Colombia.
Se le pasa muy rápido el día participando en : Retiro, Eucaristía, charlas, cánticos, Confesión, Consejería, rica comida, mecato de panecillos y refrescos elaborados por Ellos mismos y a las 5 ½ tener que regresar a la congestión y ruido de las ciudades.

Existe una manera de sentirse uno cerca de Ellos y aportar como Laico y Ermitaño de Corazón a sus peticiones, es teniendo el Librito de oraciones que Ellos siguen todo el Día Y todos los días con la Oraciones establecidas para todas las comunidades de Opus Patris en cualquier lugar del Mundo donde se encuentren.
Uno sabe entonces que a esas horas precisas estará con Ellos, además por supuesto lo de Ley para las Comunidades Religiosas de Convento como Liturgia de Las Horas, RosarioMariano ,Rosario de La Misericordia, lecturas silencio Etc.
Algunas de estas Oraciones bellísimas son :
.
Oración al levantarse

A sor María de la Trinidad , clarisa de Belén, El Señor le reveló que quien rezara con fe esta oración, Él le daría la gracia de que lo que se pide en ella se haría una realidad en la cotidianidad de su día)
Señor mío Jesús he aquí el esclavo (a) del Señor…hágase en mí según tu Palabra
He aquí mi lengua, guárdala; que sólo exprese lo que a Ti te gusta y que mi silencio te hable.
He aquí mis oídos; que no escuchen sino la voz del deber y tu voz oh Jesús.

He aquí mis ojos; que te contemplen a Ti en todas las caras y en todo trabajo.

He aquí mis manos y mis pies hazlos ágiles, que sólo se muevan a tu servicio ejecutando tus deseos.

He aquí mi corazón, que lo inunde tu Amor y allí descanse.

He aquí todo mi ser, sufre en él cuanto necesitas para que se salven todas las almas por las cuales Tú cuentas hoy conmigo.       Así sea.

Las 5 visitas

Gracias PADRE,  por haberme creado.
Si existo es porque Tú, Padre Bueno me soñaste y quieres tenerme un día contigo en el cielo.
como hijo tuyo que soy,  quiero esforzarme hoy al máximo por ser tierno y fiel, hacer siempre lo que te agrada para que estés siempre conmigo y no causarte nunca un disgusto.
   
Gracias HIJO,    por haber muerto en la cruz por mis pecados.

Por ofrecerte a mí, como la verdad sobre el camino hacia la Vida,  por brindarme Tu Cuerpo y tu Sangre y por esperar, oh divino Prisionero de Amor; una visita mía en cada Sagrario donde estás abandonado. 
Prometo acatar tus enseñanzas y aprovechar tus Sacramentos, mostrarte; oh Médico Divino mis llagas y aceptar tu yugo. 
Quiero ofrecerte hoy las flores de mis pequeños sacrificios para que revivas en mi cuerpo tu pasión, y nadie se pierda de aquellos que Tú me has confiado.
 Y tú María, Madre dolorosa del Hijo, enséñame a sufrir con un corazón generoso, manso y humilde.

Gracias ESPÍRITU SANTO,    por vivir dentro de mí desde el día de mi Bautismo, haciéndome templo de Dios; y por no cansarte nunca en querer hacer de mí un santo.      Quiero hoy irradiar tu luz, tu fuerza, tu Amor sobre todos aquellos que me pondrás en el camino.     Pero, reconociendo mi impotencia, te pido oh María, Esposa del Espíritu Santo, que me enseñes a amar como tú, de modo que mi vida esparza su fragancia dondequiera que yo vaya.

Gracias MAMÁ DEL CIELO, 
 por haberme aceptado como hijo (a) al pie de la cruz. Que nunca tengas que llorar por mi culpa. Quiero más bien hacerte llorar de alegría. Seas hoy y siempre mi dulce madre Espiritual, dando a luz a Jesús en mí.

Gracias ÁNGEL DE LA GUARDA , por custodiarme y defenderme tan asiduamente.    Prometo oír tu voz, acatar tus indicaciones que me enseñarán la voluntad Divina y dejarme guiar por ti.    Porque sé que escuchando tu voz no me equivocaré. Mantenme asiduo en la oración, que con tu ayuda, mi trabajo rinda. Inspírame siempre propósitos e ideales santos y generosos.
Oración para rezar la liturgia ...Señor, abre mis labios para alabar tu Santo Nombre.Limpia mi corazón de pensamientos vanos,malos o distraídos.    Dame la sabiduría y el amornecesario para rezar la liturgia de las horascon reverencia y devoción, para que mi oraciónsea escuchada en tu divina presencia, porque es ofrecida por Jesucristo nuestro Señor Amén.

Veni Creador Spiritus    antes de iniar la Santa Misa(6:00 a.m)

Veni, Créator Spiritus, mentes tuórum vísita
imple superna grátia quae tu creásti, péctora.
Ven, ¡Oh Espíritu Creador!,Visita las almas de los tuyos
Llena de tu gracia divinaCorazones que Tú creaste.

Qui díceris paráclitus, Altíssim dónum Déi 
Fons vivus, ignis, cáritas et spiritális únctio.
Tu que eres llamado Paráclito,don del Altísimo Dios
fuente viva, fuego, amory unción del Espíritu.

Tu septifórmis múnere, dígitus paténae déxterae
Tu rite promíssum Pátris,sermóne ditans gúttura
Tú, el de los siete dones,el dedo de la diestra del Padre
la promesa solemne del Padre,que dotas de palabras las gargantas.

Accendé lúmen sénsibus,infúnde amórem córdibus
infirma nóstri córporis virtúte firmans pérpetis.
Enciende la luz en nuestrosespíritus
infunde amor ennuestros corazones,
Confortando con tu auxilio continuo laflaqueza de nuestra carne.

Hóstem repéllas lónginus, pacénque dónes prótinus
ductóre sic te praévio,vitémus ómne nóxium.
Aleja más y más a nuestroenemigo
y danos pronto la paz;para que así
guiándonos Tú, evitemos todo mal.

Per te sciámus ad Pátrem, noscámus atque Filium  
téque utriúsque Spiritum credámus ómni témpore.
Haz que por Ti conozcamos al Padre,y conozcamos al Hijo
y que creamos siempre en Ti,¡oh Espíritu que procedes de ambos

Déo Pátri sit glória, et Fílio, qui a mórtu is surréxit,
ac Paráclito,in Saeculórum saécula. Amen.
Gloria sea dada a Dios Padre,
y al Hijo, que resucitó de entrelos muertos
y al Paráclito, porlos siglos de los siglos. Amén.

Oración después de la comunión.

Oh Jesús ayúdame a esparcir tu fragancia donde quiera que yo vaya; inunda mi alma con tu Espíritu y tu vida; invade todo mi ser y toma de él posesión, de tal manera que mi vida no sea en adelante sino una irradiación de la tuya.   
Quédate en mí corazón con una unión tan íntima que las almas que tengan contacto con la mía puedan sentir en mí tu presencia y que al mirarme olviden que yo existo y no piensen sino en Ti.     
Quédate conmigo, así podré convertirme en luz para los demás.       Esa luz, oh Jesús, vendrá toda de Ti, ni uno sólo de sus rayos será mío yo te serviré apenas de instrumento para que Tú ilumines a las almas a través de mí.  
 Déjame alabarte en la forma que te es más agradable, llevando mi lámpara encendida para disipar las sombras en el camino de otras almas.  

Déjame predicar tu Nombre con palabras y sin palabras, con mi ejemplo, con la fuerza de tu atracción, con la fuerza evidente del amor que mi corazón siente por Ti. Amén


San Miguel Arcángel, defiéndenos en la pelea 
sé nuestro amparo contra la maldad y asechanzas del demonio
Reprímele oh Dios, como rendidamente te lo suplicamos
y Tú ¡oh Príncipe Celestial! armado del poder divino
precipita al infierno a Satanás y a todos los espíritus malignos
que para la perdición de las almas andan por el mundo. Amén.

Minuto de María (0.9 ,am)

Oh señora mía,  oh Madre mía
yo me entrego enteramente a vos
y en prueba de mi filial afecto os consagro en este día
mis ojos, mis oídos, mi lengua
 mi Corazón
en un palabra de todo mi ser.
Ya que soy toda vuestro (a) oh Madre de bondad,
guardadme y defendedme
Como cosa y posesión vuestra.  Amén

Ángelus (e reza a las 12:00 del día antes del Santo Rosario)


V. El ángel del Señor anunció a María
R. Y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo.Dios te salve María…

V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra.Dios te salve María…

V. El Verbo de Dios se hizo Hombre
R. Habitó entre nosotros.Dios te salve María…

V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios
R. Para que seamos dignos de alcanzar
las promesas Y gracias de Nuestro Señor Jesucristo.  Amén 


Oremos

Infunde, Señor, tu gracia en nuestras almas,
a fin de que los que hemos conocido
Por la voz del ángel la encarnación de tu Hijo Jesucristo
por los méritos de su Pasión y Cruz;
lleguemos a la gloría de la Resurrección.
Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.

Ave, Maris Stella (2:30 p.m.)

Ave Maris Stella, dei Mater alma,
At que semper Virgo, felix caeli porta Salve,
estrella del mar, Santa Madre de Dios
y siempre Virgen, puerta dichosa del cielo.

Sumens illud “Ave” Gabriélis ore,
Funda nos in pace, mutans Evae nomen.
Al escuchar el “Ave” de boca de Gabriel,
asegúranos en la paz, cambiando el nombre de Eva

Solve vincla reis, Profer lumen caecis,
Mala nostra pelle, Bona cuncta posce
Desata las cadenas de los pecadores
procura a los ciegos la luz
ahuyenta nuestros males, y alcánzanos todo bien.

Mostra te esse matrem,
sumat per tepreces qui pro nobis natus tulisesse tuus
Muestra que eres nuestra Madre
y Aquel que por nosotros quiso ser Hijo tuyo
reciba por tu mediación, nuestra súplica.

Virgo singuláris, inter omnes mitis
os culpis solútos mites fac et castos.
¡Oh Virgen sin igual, más pura que todas!
haznos, libres ya de las culpas, mansos y puros.

Vital praesta puram, inter para tutum,
Ut vidéntes Jesum Semper collaetémur.
Haz que sea nuestra vida pura, prepáranos un camino seguro
para que viendo a Jesús,Gocemos contigo eternamente.

Sit laus Deo Patri, Summo Cristo decus
Spiritui Sancto Tribus honor unus. Amén.
Alabanzas sean dadas a Dios Padre
Gloria a Cristo Rey
y al Espíritu Santo honor igual a los Tres. Amén.

Salve Regina (6:00 p.m.)

Salve, Regína, Máter misericórdiae
Vita, dulcédo, et spes nostra sálve.
Ad te clamámus, éxsules filii Hevea.
Ad te suspirámus, geméntes et flentes,In hac lacrimárum válle.

Dios te salve, Reina y Madre, Madre de Misericordia
vida y dulzura y esperanza nuestra.
Dios te salve, a ti clamamos los desterrados hijos de Eva
a ti suspiramos gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas.

Eia ergo, Advocáta nóstra
illos tuos misericórdes óculosad nos convérte.
Ea, pues Señora Abogada nuestra
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos

Et Jesum, benedictus frúctum véntrisTúis
nobis post hoc exilium ostende
Oh Pia, Oh dulcis,Virgo María!
Y después de este destierro, muéstranos a Jesús
fruto bendito de tu vientre.

¡Oh clemente, oh piadosa
oh dulce Virgen María!.

Acto penitencial.

Oh, Jesús mío, que conocéis mi miseria, antes de fijar en mí vuestros ojos, lejos de hacerlos apartar, ha hecho que me amarais con más ternura y delicadeza, os pido perdón por lo mal que he correspondido hoy a vuestro Amor y os suplico me perdonéis y purifiquéis mis acciones en vuestra Sangre divina.Me arrepiento con toda mi alma de haberos ofendido, porque eres infinitamente Santo y bueno; y prometo hacer cuanto me sea posible para no caer más en las mismas faltas.


Acto de reparación

(Dios permitió que una clarisa difunta se apareciere a su Superiora, en la misma noche en que murió asegurándole: “Estoy ya en el cielo.” ¿Cómo es eso?, exclamó asombrada la Superiora. “Es que cada noche, recé con arrepentimiento, fe, confianza y amor esta oración que Jesús me había inspirado. Así se expió a diario mi cuota de purgatorio”.


“Padre Celestial, os ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el alma y la Divinidad de Jesús
y las lágrimas de María Santísima, en expiación de todo mal que hice hoy
y en toda mi vida pasada. Gloría al Padre......

Padre Celestial, os ofrezco el Cuerpo, la Sangre,
el alma y la Divinidad de Jesús
y las lágrimas de María Santísima,
en expiación de todo el bien que no hice hoy y en toda mi vida pasada.
Gloría al Padre......

“Padre Celestial, os ofrezco el Cuerpo
la Sangre, el alma y la Divinidad de Jesús
y las lágrimas de María Santísima
en expiación del bien que hice mal que hice hoy
y en toda mi vida pasada. Gloría al Padre....

Última visita a Jesús sacramentado (antes de acostarse)

“Quédate con nosotros, señor, esta noche, quédate para adorar, alabar y dar gracias por nosotros mientras que dormimos, para hacer que baje del cielo tu Misericordia sobre el mundo, para socorrer desde los Tabernáculos de la tierra a las almas que padecen en el Purgatorio su prolongada noche de sufrimientos y penas.
Quédate con nosotros Señor Jesús, para apartar la justa ira divina en nuestras populosas ciudades, cuyas densísimas nubes de vicios y crímenes claman venganza en el cielo.

Quédate con nosotros para guardar a los inocentes, para sostener a los atribulados, para levantar a los caídos, par subyugar el poder del demonio para impedir el pecado.

Quédate con nosotros Señor para confortar a los que sufren, para bendecir a los que yacen en el lecho del dolor, para dar contrición a los que mueren, para recibir las miles de almas que se presentarán ante Ti para ser juzgadas.¡Oh buen Pastor!

Quédate con tus ovejas, defiéndelas de los peligros que las amenazan. Sé nuestro Jesús Misericordioso hasta lo último, para que sin temor podamos aparece un día delante de Ti, como nuestro justo y divino Juez”. Así sea.

A Maria

Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea
pues todo un Dios se recrea en tan grandiosa belleza,
a ti celestial princesa ¡Oh Virgen Sagrada María!,
yo te ofrezco en este día, alma, vida y corazón
miradnos con compasión no nos dejes madre mía.

Tamtum Ergo Sacramentum

A tan alto Sacramento demos pues adoración:
ceda el viejo testamento a la nueva institución
al sentido suplemento de la fe y la adoración
Gloría al Padre Omnipotente gloría al Hijo Redentor
y al que de ambos procedente en el vínculo de Amor
tributemos igualmente gloria, alabanza y honor. Amén

Preces-

Bendito sea Dios-
Bendito sea su santo Nombre-
Bendito sea Jesucristo verdadero Dios y verdadero Hombre-
Bendito sea el Nombre de Jesús-
Bendita sea su preciosísima Sangre-
Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar-
Bendito sea el Espíritu Santo Consolador.-
Bendita sea la excelsa Madre e Dios María Santísima-
Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción-
Bendita sea su gloriosa Asunción-
Bendito sea el nombre de María Virgen y Madre-
Bendito sea San José su castísimo esposo
Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos .

Oración por los sacerdotes

Omnipotente y Sempiterno Dios, mirad benignamente Cristo, el eterno y soberano Sacerdote y, por Amor a Él, ten piedad de tus sacerdotes. Oh Dios infinitamente compasivo, recordad que, a pesar de su altísima dignidad no son más que débiles criaturas y ten piedad de su debilidad. Renueva sin cesar en tus ministros, la gracia de su ordenación sacerdotal y guárdalos en tu Corazón, a fin de que el espíritu del mal no prevalezca contra ellos y mancille el brillo de su santa vocación. Oh Jesús te ruego por tus sacerdotes fieles y fervientes, por los que son asaltados por la tentación, el tedio y la tristeza; por los que trabajan en la salvación de nuestras almas, y por los que trabajan en la salvación de nuestras almas, y por los que luchan por establecer tu Reino en las misiones lejanas; por tus sacerdotes jóvenes y por tus sacerdotes ancianos; por tus sacerdotes enfermos y por los que se debaten en las agonías de la muerte; por los que están padeciendo en el purgatorio.Además, muy particularmente te recomiendo los sacerdotes de mis afectos: a saber, el sacerdote que me bautizó y los que me han perdonado los pecados; los sacerdotes cuyas Misas he oído y que me han dado la Santa Comunión; los sacerdotes que me han instruido o me han sostenido con su ayuda y su estímulo: en fin, por todos aquellos por los cuales he contraído alguna deuda de gratitud. Oh Jesús, guárdalos a todos en tu corazón, y dales la abundancia de tus bendiciones y gracias, en el tiempo y en la eternidad. Así sea.
Siempre que podamos Oremos : mentalmente, oralmente, cantando.... como queramos y en cualquier lugar ,no necesitamos sino ofrecer y disponer todo al Padre de Cielo.

J .A .G .