sábado, 19 de mayo de 2012

Promesa del Espíritu Santo. El odio del mundo. Sermón de Leonardo Castellani

La persecución del mundo moderno a los verdaderos cristianos, ya no será por “cristianos” en sí, al menos eso es lo que se verá públicamente; sino que serán perseguidos por no adecuarse al sistema, a las reglas del “nuevo orden”, y serán perseguidos por “retrógrados”, “medievales”, “nazis”, “fachos”, etc. Epítetos que ya se vienen utilizando y que, mediante la presión psicológica de los medios, irá entrando en las mentes de las masas descreídas. Y la misma persecución, se verificará tanto desde fuera como desde dentro de la Iglesia. Falsos hermanos perseguirán a los buenos cristianos.
Las dos formas más terríficas de la persecución son la de adentro y la de afuera; primero la de adentro: “seréis excomulgados”, como si dijéra­mos... (“exsynagogis facient vos-apossynagogéesete”) seréis echados de la si­nagoga o reunión de los creyentes, que equivale a nuestra “excomunión”. Y después la de afuera, “os matarán”, y en los últimos tiempos, “os ma­tarán y creerán con eso hacer un servicio a Dios”; es decir, os matarán como a criminales, como a perros rabiosos. Los mártires de los últimos tiempos, dice San Agustín, ni siquiera parecerán ser mártires.
(Castellani, “El Evangelio de Jesucristo”)
Y la cultura mediática seguirá desacreditando cada vez más al católico (entiéndase al católico tradicional, no al “mistongo” comprometido con lo “políticamente correcto”). Tapando así a los buenos cristianos, y enalteciendo y premiando a aquellos que (cristianos otrora o no) siguen las máximas de lo “políticamente correcto” que el mundo propone para poder convivir con él. Leamos esta excelente prédica del R.P. Leonardo Castellani, quién ha sido perseguido en contadas ocasiones por lo que realmente fue, un buen y profundo sacerdote católico
Promesa del Espíritu Santo. El odio del mundo. (1963)
“Entonces el Señor dijo a los discípulos: "Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testi­monio, porque estáis conmigo desde el principio. Os he dicho esto para que no os escandalicéis. Os expul­sarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho. No os dije esto desde el principio porque estaba yo con vosotros”. (Jn. 15,26 - 16,4)
El Evangelio es una partecita del final del Sermón Despedida o Sermón Testamento de Cristo, dicho en la Ultima Cena; y quizás una parte en el camino del Cenáculo al monte Oliveto: trata de la Per­secución.
Después de prometerles de nuevo, por tercera o cuarta vez, la venida y la asistencia del Espíritu Santo a fin de que pudieran dar testimonio de Él, Cristo predice a sus Apóstoles, también por tercera o cuarta vez, la Persecución. Ya durante su vida les había dicho:
“Si a Mí me han perseguido,
a vosotros os perseguirán:
no es el siervo mayor que el Señor
ni el discípulo mayor que el Maestro”[1].
La Persecución es la ley de la Iglesia: es la carga que debemos llevar, y debemos hoy mirarla de frente. Ella muestra que la Iglesia es una cosa sobrenatural, supramundana; de otro modo no se enten­dería que hombres honrados, buenos y aun santos, lo mejor que hay en la Humanidad, sean odiados con tan extraña saña, a veces hasta el asesinato, a veces de adentro de la Iglesia y no solamente de afuera, como vemos en el curso de veinte siglos. La historia de la Iglesia hace buenas estas palabras de Cristo, y ellas indican tanto la persecución de dentro como la de fuera: “Os echarán de las sinagogas —o sea, os excomulgarán—; y llegará la hora en que todo el que os dé muerte creerá hacer un servicio a Dios”.
La historia nos muestra la persecución a los buenos cristianos vigente siempre; no a todos los cristianos, por cierto; no a los cris­tianos solamente de nombre, los cuales no sufren e incluso a veces sirven de idiotas útiles a los impíos. San Pablo dijo: “Todo aquél que quiera vivir fielmente conforme a Cristo Jesús, sufrirá persecución”[2]. No dijo: “Todos los bautizados”; dijo: “Todos los piadosos”[3].
Apenas resucitado Jesucristo, se desencadena la persecución en Jerusalén: el protomártir San Esteban[4] y los dos Santiagos fueron muertos cruelmente por los judíos: Santiago el Menor, que fue primo de Jesús[5], y Santiago el Mayor, hermano mayor de Juan Evangelista, el Santiago de los españoles. Muchos españoles creen fue martirizado en España, pero es inexacto, pues por las Escrituras consta que lo hizo degollar Herodes en Jerusalén[6]. La tradición cuenta que estuvo en España, y eso puede ser —y que su cuerpo reposa en Galicia; y esto último es seguro: hay allí en la capital de Galicia un santuario inmemorial, adonde toda Europa concurría en peregrinación durante la Edad Media, atraída por los frecuentes milagros: de donde toda­vía a la Vía Láctea llamamos “el Camino de Santiago”. Los demás Apóstoles no tuvieron mejor (o peor) suerte: todos fueron martirizados en diferentes partes del mundo: San Juan Evangelista murió en su cama a los 100 años de edad, pero fue martirizado en vida dos veces casi hasta la muerte. Los fieles de Jerusalén fueron despojados de sus bienes, muchos dellos encarcelados y azotados, como San Pablo dos veces; los Apóstoles tuvieron que salir y disper­sarse por todo el mundo —para bien del mundo.
Poco después suceden las diez sangrientas y satánicas persecucio­nes romanas, donde fueron muertos, casi siempre con exquisitas torturas, millones de fieles; no miles sino millones; los mismos im­píos modernos, que quieren rebajar el número de los mártires (como Gibbon, por ejemplo), no se animan a bajar del millón; y hoy día existe en el mundo la persecución más grande que ha existido nunca, por lo menos en extensión: no solamente en la inmensa extensión “detrás del Muro de Acero”, sino también en países católicos, como Cuba, Haití y Méjico. En Méjico las leyes de Calles están vigentes, aunque no urgidas del todo, por miedo al pueblo; pero si la policía encuentra una beba que va a la escuela de las monjas con un catecis­mo en la valijita, el padre es multado; si un sacerdote anda de sotana, es multado; si uno edifica una iglesia, es multado; y las iglesias pertenecen al Gobierno (Padre Raúl Entraigas).
La persecución de adentro consiste sobre todo en los cismas y en las herejías, y también en los “falsi fratres” o falsos hermanos, de cuya persecución solapada y traidora se queja San Pablo[7]; o sea, los católicos fingidos, que ya existían en tiempo de San Pablo. Hace unos días, estando yo en San Juan, un párroco pronunció un vehe­mente sermón contra el diario Tribuna y contra mí en presencia de las delegadas de la Acción Católica de toda la Provincia; incluso de la dueña del diario, que salió de la Asamblea medio muerta.
El joven franciscano español dijo prácticamente que era un peca­do para un católico leer el diario Tribuna y que al tal Castellani había que encerrarlo, porque estaba haciendo mucho daño. La causa fue un artículo titulado “La Decadencia de España”, que está lleno de amor y respeto a España y habla de la decadencia del siglo XVIII, que es un hecho histórico, y del actual resurgimiento; pero el buen fraile no leyó más que el título[8]. Yo le presenté mis excusas en el mismo diario, diciendo que el artículo quizás era inoportuno en San Juan; pero él siguió en sus trece: “Me ratifico en todo lo que he dicho: dígaselo Ud. a su esposo y dígaselo al Obispo”. Se hizo una tormen­ta en un vaso de agua; la cual paró el Arzobispo Audino[9], que es muy honrado hombre.
Yo no digo que éste sea un falso hermano ni que ésta sea “per­secución”; fue más bien una equivocación; pero al que recibe el chumbo de la equivocación, no le hace mucha gracia; y de no haber habido un Obispo muy sensato, podía haberme costado caro. Lo traigo solamente como ejemplo cómico de lo que puede suceder dentro de la vida cristiana.
En los países católico-liberales, como el nuestro, la persecución está velada, pero existe: y aunque no sea sangrienta, es muy perni­ciosa, porque ataca las almas. La Masonería trabaja asiduamente (¡y con qué éxito!) en tapar a los escritores católicos[10], en silenciar a los buenos sacerdotes y hacer fiestas a los tarambanas, en desacreditar y derribar a los gobernantes católicos (recuerden a Lonardi) y en impedir se enseñe la Religión en las escuelas, aunque la mayoría de los padres lo desee: ésta es persecución de la peor especie; y esta persecución hipócrita puede traer la otra, la persecución abierta —de la cual hemos visto un ejemplito en 1955.
Así que hemos de mirar de frente nuestro destino: todos los que quieran ser buenos cristianos, toparán contrastes y dificultades en el mundo por el hecho de ser cristianos; porque van a contracorriente de la correntada del mundo. “Este amigo nuestro, o compañero de oficina, o de cuartel (o de lo que sea) es un poco raro. ¡Cuidado con él! Comulga cada semana, se aparta de todas las ‘farras’, da limosnas que no pegan con lo poco que gana, anda mucho con los curas; es un hombre secreto; lleva un secreto consigo. ¡Cuidado con él! No es como nosotros...” Esto es lo menos que puede pasarle a un cristiano hoy día.
“Secretum meum mihi”[11]. Mi secreto para mí. Pero todo secreto es sospechoso. Mi secreto es mi fe, mi vida interior; a nadie se la puedo contar del todo —a Dios solamente y Jesucristo. “Et vita vestra est abscondita cum Christo in Deo”: Y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios[12].
R.P. Leonardo Castellani, Sermón en la infra-octava de la Ascensión del Señor, “Domingueras prédicas II”, Ediciones Jauja, 1998.

[1] Juan 15, 20; Mateo 10, 24.
[2] II Timoteo 3, 12.
[3] El gran exégeta Erik Peterson observó que ciertos espíritus filantrópicos pretenden reducir a puros malentendidos todo lo que sucede en este mundo. Según ellos, Jesucristo fue crucificado y los Apóstoles condenados a muerte por un simple equívoco. Estos mismos hombres, en la hora en que el martirio retorna para la Iglesia, tienden a reducir todo a un juego de incomprensiones.
Así, por ejemplo, el jesuíta Ignacio Pérez del Viso aprueba calurosamente a quienes buscan “tender puentes entre la Iglesia y aquellas logias masónicas (que trabajan por) las causas de la humanidad, como la paz mundial y la defensa de los derechos del hombre”, y recuerda que tales diálogos comenzaron al fin de la Primera Guerra Mundial (“Católicos y Masones”, en “La Nación”, 26-VIII-98, p. 18).
La supuesta amplitud de espíritu hace que estos “cristianos” consideren triunfos las derrotas de quienes defienden la fe y así se levanten como profetas del Gran Amanecer Rosado, “un amanecer que, generalmente, parece más rosado la noche antes que la mañana siguiente” (G. K. Chesterton, “Las Fiestas y el Asceta”, en “The Thing”).
[4] Hechos 7, 55-60.
[5] En el año 62 y por orden del Sumo Sacerdote Anán, Santiago fue arrojado del pináculo del Templo de Jerusalén, y luego lapidado y apaleado.
[6] Hechos 12, 2.
[7] I Corintios 11, 26; Gálatas 2, 4.
[8] En el artículo mencionado Castellani señala el influjo del “barroquismo religioso” -la exterioridad religiosa, la fe sustituida en parte por la Propaganda, una moral a veces más pagana que cristiana- en la decadencia española, que se hizo visible en los siglos XVII y XVIII: “Releyendo durante esta ‘gripe’ los dramas de Calderón, ese decaimiento salta a los ojos: supuesto que Calderón no fantasea sino que retrata. La moral de Cristo está en el fondo, pero falseada por bárbaros prejuicios godos. Y la responsable última es la religión entiesada y esclerótica. Basta ver las ‘aprobaciones’ de sus obras, dadas por eclesiásticos a veces eminentes, como el poeta Josef de Valdivieso”.
“Las vidas de santos teatralizadas muestran otro gran desvío; como ‘El Príncipe Constante’, ‘El Mágico’ y tantas otras. No son santos reales, por decirlo de una vez: están compuestos cerebralmente con conceptos y lugares comunes de libros piadosos. Ellas hormiguean de milagros. A veces pueriles; y más bien que cristianismo evangélico, muestran en sus héroes una especie de estoicismo fanfarrón revestido de beaterías”. (“La Decadencia de España”. Abreviado)
“No se niega con esto la admirable grandeza de la España del Siglo de Oro: el que tuvo, retuvo” (“La Argentina Bolchevique”, en “Nueva Crítica Literaria”, Dictio, Bs. As., 1976, p. 369).
[9] Mons. Audino Rodríguez Olmos.
[10] Ver “Domingueras Prédicas”, Homilía del Domingo Noveno después de Pentecostés.
[11] Isaías 24, 16 (Vulgata).
[12] Colosenses 3, 3.

sábado, 5 de mayo de 2012

El Latin ha muerto.....(El Santo Padre dice).... Viva el Latin

BENEDICTO XVI
“Sobre la Lengua latina”
(Exhortación Apostólica Postsinodal, Sacrametum Caritatis, sobre la Eucaristía:
fuente y culmen de la vida y la misión de la Iglesia)
2007
Para expresar mejor la unidad y universalidad de la Iglesia, quisiera recomendar lo que ha sugerido el Sínodo de los Obispos, en sintonía con las normas del Concilio Vaticano II: exceptuadas las lecturas, la homilía y la oración de los fieles, sería bueno que dichas celebraciones fueran en latín; también se podrían rezar en latín las oraciones más conocidas de la tradición de la Iglesia y, eventualmente, cantar algunas partes en canto gregoriano.
Más en general, pido que los futuros sacerdotes, desde el tiempo del seminario, se preparen para comprender y celebrar la santa Misa en latín, además de utilizar textos latinos y cantar en gregoriano; y se ha de procurar que los mismos fieles conozcan las oraciones más comunes en latín y que canten en gregoriano algunas partes de la liturgia”

Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la Sagrada Liturgia
“Se conservará el uso de la lengua latina en los ritos latinos, salvo derecho particular.”

Papa Juan XXIII
 Constitución Apostólica Veterum Sapientia: “Renacimiento, estudio y uso del latín” (1962)
Excelencia y méritos de la lengua latina
La antigua sabiduría encerrada en la literatura de los griegos y de los romanos, así como las preclaras enseñanzas de los pueblos antiguos, deben considerarse como una aurora preanunciadora del Evangelio que el Hijo de Dios, árbitro y maestro de la gracia y de la doctrina, luz y guía de la humanidad, ha anunciado en la tierra.
En efecto, los padres y los Doctores de la Iglesia reconocieron en esos antiquísimos e importantísimos monumentos literarios, cierta preparación de los espíritus para recibir las riquezas divinas, que Jesucristo en la economía de la plenitud de los tiempos comunicó a los hombres; por consiguiente, con la introducción del cristianismo en el mundo, nada se perdió de cuanto los siglos precedentes habían producido de verdadero, de justo, de noble y de bello.
 Es una herencia preciosa transmitida a la Iglesia
 Por tanto, la Iglesia rindió siempre sumo honor a estos venerables documentos de sabiduría, y sobre todo a las lenguas griega y latina, que de la sabiduría misma son como el áureo ropaje; y acogió asimismo el uso de otras venerables lenguas, florecidas en Oriente, que mucho contribuyeron al progreso humano y a la civilización y que, usadas en los sagrados ritos y en las versiones de las Sagradas Escrituras, se encuentran aún en vigor en algunas naciones, como expresión de un antiguo uso, ininterrumpido y vivo.
 En esta variedad de lenguas se destaca sin duda la que, nacida en el Lacio, llegó a ser más tarde admirable instrumento para la propagación del cristianismo en Occidente.
 Ya que, ciertamente no sin especial providencia de Dios, esta lengua, que durante muchos siglos unió a muchas gentes bajo la autoridad del Imperio; llegó a ser la lengua propia de la Sede Apostólica y, conservada para la posteridad, unió entre sí con estrecho vínculo de unidad a los pueblos cristianos de Europa.
 Las dotes del latín corresponden a la naturaleza y la misión de la Iglesia.
 En efecto, la lengua latina es por su naturaleza perfectamente adecuada para promover cualquier forma de cultura en cualquier pueblo: no suscita celos, se muestra imparcial con todos, no es privilegio de nadie y es bien aceptada por todos.

Y no cabe olvidar que la lengua latina tiene una conformación propia, noble y característica: un estilo conciso, variado, armonioso, lleno de majestad y de dignidad que conviene de modo singular a la claridad y a la gravedad.
 Por estos motivos la Sede Apostólica se ha preocupado siempre de conservar con celo y amor la lengua latina, y la ha estimado digna de usarla ella misma, como espléndido ropaje de la doctrina celestial y de las santísimas leyes,en el ejercicio de su sagrado ministerio, así como de que la usaran sus ministros.
 Donde quiera que éstos se encuentren, pueden, con el conocimiento y el uso del latín, llegar a saber más rápidamente todo lo que procede de la Sede Romana, así como comunicarse más libremente con ella y entre sí.
 Por lo tanto, el pleno conocimiento y el fácil uso de esta lengua, tan íntimamente ligada a la vida de la Iglesia, interesan más a la religión que a la cultura y a las letras, como dijo Nuestro Predecesor de inmortal memoria, Pío XI, el cual indagando científicamente sus razones, indicó tres dotes de esta lengua, en admirable consonancia con la naturaleza de la Iglesia.
 En efecto, la Iglesia, al abrazar en su seno a todas las naciones y al estar destinada a durar hasta la consumación de los siglos, exige por su misma naturaleza una lengua universal, inmutable, no popular.
 Lengua universal

Dado que toda la Iglesia tiene que depender de la Iglesia Romana y que los Sumos Pontífices tienen verdadera potestad episcopal, ordinaria e inmediata, no solamente sobre todas y cada una de las iglesias, sino también sobre todos y cada uno de los Pastores y fieles de todos los ritos, pueblos y lenguas, resulta como consecuencia que el instrumento de mutua comunicación debe ser universal y uniforme sobre todo entre la Santa Sede y las diferentes Iglesias del mismo rito latino.
 Por lo tanto, los Romanos Pontífices cuando quieren instruir a los pueblos católicos, lo mismo que los Ministerios de la Curia Romana en la resolución de asuntos y en la redacción de decretos que afectan a toda la comunidad de los fieles, usan siempre la lengua latina, por ser ésta aceptada y grata a todos los pueblos como voz de la madre común.
 Lengua inmutable
 No tan sólo universal sino también inmutable debe ser la lengua usada por la Iglesia. Porque si las verdades de la Iglesia Católica fueran encomendadas a algunas o muchas de las mudables lenguas modernas, ninguna de las cuales tuviera autoridad sobre las demás, acontecería que, varias como son, no a muchos sería manifiesto con suficiente precisión y claridad el sentido de tales verdades, y por otra parte no habría ninguna lengua que sirviera de norma común y constante, sobre la cual tener que regular el exacto sentido de las demás lenguas.
 Pues bien, la lengua latina, ya desde hace siglos sustraída a las variaciones de significado que el uso cotidiano suele introducir en los vocablos, debe considerarse fija e invariable, ya que los nuevos significados de algunas palabras latinas, exigidos por el desarrollo, por la explicación y defensa de las verdades cristianas, han sido desde hace tiempo determinados en forma estable.
 Tesoro incomparable y clave de la tradición
  Además, la lengua latina, a la que podemos verdaderamente llamar católica por estar consagrada por el constante uso que de ella ha hecho la Sede Apostólica, madre y maestra de todas las Iglesias, debe considerarse un tesoro … de valor incomparable, una puerta que pone en contacto directo con las verdades cristianas transmitidas por la tradición y con los documentos de la enseñanza de la Iglesia ; y, en fin, un vínculo eficacísimo que une en admirable e inalterable continuidad a la Iglesia de hoy con la de ayer y de mañana.
 Eficacia formativa

 Además, no hay nadie que pueda poner en duda toda la eficacia especial que tienen tanto la lengua latina como, en general, la cultura humanística, en el desarrollo y formación de las tiernas mentes de los jóvenes.
 En efecto, cultiva, madura y perfecciona las mejores facultades del espíritu; da destreza de mente y fineza de juicio; ensancha y consolida a las jóvenes inteligencias para que puedan abrazar y apreciar justamente todas las cosas y, por último, enseña a pensar y a hablar con orden sumo.
 Por estos méritos la Iglesia la ha sostenido siempre y la sostiene
 Si se ponderan, en efecto, estos méritos, se comprenderá fácilmente por qué tan frecuentemente los Romanos Pontífices no solamente, han exaltado tanto la importancia y la excelencia de la lengua latina sino que incluso han prescrito su estudio y su uso a los sagrados ministerios del clero secular y regular, denunciando claramente los peligros que se derivan de su abandono.
 También Nos, por lo tanto, impulsados por los mismos gravísimos motivos que ya movieron a Nuestros Predecesores y a los Sínodos Provinciales, deseamos con firme voluntad que el estudio de esta lengua, restituida a su dignidad, sea cada vez más fomentado y ejercitado.
 Y como el uso de latín se pone durante nuestros días en discusión en algunos lugares y muchos preguntan cuál es a este propósito el pensamiento de la Sede Apostólica, hemos decidido proveer con normas oportunas, enunciadas en este solemne documento para que el antiguo e ininterrumpido uso de la lengua latina sea mantenido y donde hubiera caído casi en abandono, sea absolutamente restablecido.
 Por lo demás, creemos que Nuestro pensamiento sobre esta cuestión ha sido ya por Nos con suficiente claridad expresado con estas palabras dichas a ilustres estudiosos de latín: “Por desgracia, hay muchos que extrañamente deslumbrados por el maravilloso progreso de las ciencias, pretenden excluir o reducir el estudio del latín y de otras disciplinas semejantes… Nos, en cambio, precisamente por esta impelente necesidad, pensamos que debe seguirse un camino diferente.
 Del mismo modo que en el espíritu penetra y se fija lo que más corresponde a la naturaleza y dignidad humana, con más ardor hay que adquirir cuanto forma y ennoblece el espíritu, con el fin de que los pobres mortales no lleguen a ser, como las maquinas que construyen, fríos, duros y carentes de amor”.
 Papa Pio XII Encíclica Mediator Dei: Sobre la Sagrada Liturgia. (1947)
 “El empleo de la lengua latina, vigente en una gran parte de la Iglesia, es un claro y noble signo de unidad y un eficaz antídoto contra toda corrupción de la pura doctrina.”

martes, 1 de mayo de 2012

impresionante lo actual de la profesia de San Nilo.....

San Nilo el Viejo, del Sinaí (murió alrededor del año 430), fue uno de los muchos discípulos y fervientes defensores de San Juan Crisóstomo. Lo conocemos primero como laico, casado, con dos hijos. En esa época trabajaba en la Corte de Constantinopla, y se dice que fue uno de los Prefectos Pretorianos que, según el acuerdo de Diocleciano y Constantino, eran los funcionarios principales y jefes de todos los demás gobernadores para las cuatro divisiones principales del imperio. La autoridad de ellos, sin embargo, ya había empezado a declinar hacia el final del siglo IV.
Mientras que San Juan Crisóstomo fue patriarca, antes de su primer exilio (398-403), él dirigía a Nilo en el estudio de las Escrituras y en works of piety (Nikephoros Kallistos, "hist. Eccl.", XIV, 53, 54). Aproximadamente por el año 390 (Tillemont, "Mémoires", XIV, 190-91) o quizás el 404 (Leo Allatius, "De Nilis", 11-14), Nilo dejó a su esposa con uno de sus hijos y llevó consigo al otro, Teódulo, hasta el Monte Sinaí para convertirse en monjes. Vivieron allí hasta cerca del año 410 (Tillemont, ib., p. 405) cuando los Sarracenos, invadiendo el monasterio, hicieron prisionero a Teódulo. Los Sarracenos pretendían sacrificarlo a sus dioses, pero eventualmente lo vendieron como esclavo, que fue la manera cómo se convirtió en posesión del Obispo de Eleusa en Palestina. El Obispo recibió a Teódulo en su clero y lo hizo portero de la iglesia. Mientras tanto, Nilo, habiendo salido de su monasterio para buscar a su hijo, finalmente lo encontró en Eleusa. El obispo los ordenó sacerdotes a ambos y les permitió regresar a Sinaí. La madre y el otro hijo también habían abrazado la vida religiosa sen Egipto. Ciertamente que San Nilo aún vivía en el año 430. No se sabe cuánto tiempo después falleció. Algunos escritores creen que él vivió hasta el año 451 (Leo Allatius, op. cit., 8-14). La Byzantine Menology para su festividad (12 de Noviembre) supone eso. De otro lado, ninguna de sus obras menciona el Concilio de Éfeso (431) y parece que él conociera sólo el comienzo de los problemas Nestorianos; por lo que no tenemos evidencia de su vida más allá del año 430.

Desde su monasterio en el Sinaí, Nilo era una persona muy conocida a través de la Iglesia Oriental; por sus escritos y su correspondencia, él jugó un rol importante en la historia de su época. Era conocido como teólogo, erudito bíblico y un escritor asceta, por lo que gente de toda clase, desde el emperador hacia abajo, le escribían para consultarle. Sus numerosas obras, incluyendo una multitud de cartas, consisten en denuncias de herejía, paganismo, abusos de disciplina y delitos, de reglas y principios de ascetismo, especialmente máximas sobre la vida religiosa. Él advierte y amenaza, sin temor alguno, a personas de alto rango, abades y obispos, gobernadores y príncipes, incluso al mismísimo emperador. Mantuvo correspondencia con Gaina, un líder de los Godos, esforzándose por convertirlo del Arrianismo (Libro I de sus cartas, nos. 70, 79, 114, 115, 116, 205, 206, 286); denunció enérgicamente la persecución de San Juan Crisóstomo, tanto al Emperador Arcadio (ib., II, 265; III, 279) como a sus cortesanos (I, 309; III, 199).

A Nilo se le debe considerar como uno de los principales escritores ascéticos del siglo V. Su festividad se mantiene el 12 de Noviembre en el Calendario Bizantino; en el martirologio Romano se le conmemora también en la misma fecha. Los armenios le recuerdan, con otros padres egipcios, el jueves posterior al tercer domingo de su Adviento (Nilles, "Kalendarium Manuale", Innsbruck, 1897, II, 624).
Los escritos de San Nilo del Sinaí fueron editados por primera vez por Possinus (París, 1639); en 1673, Suárez publicó un suplemento en Roma; sus cartas fueron recopiladas por Possinus (París, 1657), una recopilación de mayor alcance fue hecha por Leo Allatius (Rome, 1668). Todas estas ediciones son utilizadas en P. G., LXXIX. Fessler-Jungmann ha dividido las obras en cuatro clases:

• (1) Obras acerca de las virtudes y los vicios en general: — "Peristeria" (P. G., LXXIX, 811-968), un tratado en tres partes dirigido a un monje Agathios; "Acerca de la Oración" (peri proseuches, ib., 1165-1200); "Acerca de los ocho espíritus de la maldad" (peri ton th'pneumaton tes ponerias, ib., 1145-64); "Acerca del vicio opuesto a las virtudes" (peri tes antizygous ton areton kakias, ib., 1140-44); "Acerca de diversos malos pensamientos" (peri diapsoron poneron logismon, ib., 1200-1234); "Acerca de la palabra del Evangelio de Lucas", xxii, 36 (ib., 1263-1280).

• (2) "Obras acerca de la vida monástica": — Respecto a la matanza de monjes en el Monte Sinaí, en siete partes, narrando la vida del autor en el Sinaí, la invasión de los Sarracenos, el cautiverio de su hijo, etc. (ib., 590-694); Respecto de Albianos, un monje Nitrian cuya vida se presenta como un ejemplo (ib., 695-712); "Acerca del Ascetismo" (Logos asketikos, referente al ideal monástico, ib., 719-810); "Acerca de la pobreza voluntaria" (peri aktemosynes, ib., 968-1060); "Acerca de la superioridad de los monjes" (ib., 1061-1094); "Para Eulogios el monje" (ib., 1093-1140).

• (3) "Advertencias" (Gnomai) o "Chapters" (kephalaia), respecto a 200 preceptos resumidos en máximas cortas (ib., 1239-62). Posiblemente preparados por sus discípulos a partir de sus discursos.

• (4) "Cartas": — Possinus publicó 355, Allatius 1061 cartas, divididas en cuatro libros (P. G., LXXIX, 81-585). Muchas están incompletas, varias están sobrepuestas, o no son realmente cartas, sino extractos de las obras de Nilo; algunas son falsas. Fessler-Jungmann las divide en clases, tales como dogmáticas, exegéticas, morales, y ascéticas. En Fessler-Jungmann se mencionan ciertas obras atribuidas equivocadamente a Nilo, pp. 125-6.

NIKEPHOROS KALLISTOS, Hist. Eccl., XIV, xliv; LEO ALLATIUS, Diatriba de Nilis et eorum scriptis in his edition of the letters (Rome, 1668); TILLEMONT, Mémoires pour servir à l'histoire ecclésiastique, XIV (Paris, 1693-1713), 189-218; FABRICIUS-HARLES, Bibliotheca grœca, X (Hamburg, 1790-1809), 3-17; CEILLIER, Histoire générale des auteurs sacrés, XIII (Paris, 1729-1763), iii; FESSLER-JUNGMANN, Institutiones Patrologiœ, II (Innsbruck, 1896), ii, 108-128.
NILO, Abad y fundador del monasterio de Grota Ferrata (Italia), siglo V. Calabrés versado en todas las ciencias. Enviudó, se encerró a hacer oración y penitencia. Se le unieron muchos discípulos y levantó un monasterio famoso, murió a los noventa y cinco años. En su biblioteca encontraron numerosos escritos espirituales y la famosa profecía “San Nilo, el Ermitaño”, acerca de los tiempos del Anticristo.
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He aquí algunos pasajes:
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“Hacia la mitad del siglo XX la gente será muy distinta y a medida que se aproxime la llegada del Anticristo la perversidad irá creciendo.
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Los deseos y las pasiones carnales crecerán y el deshonor y la ilegalidad se fortalecerán.
El mundo será irreconocible por la maldad. La apariencia de las personas cambiará hasta el punto de que será casi imposible reconocer a veces entre los hombres y las mujeres por la forma desvergonzada de vestir y los estilos provocativos del cabello.
Esclavos de las costumbres imperantes serán despectivos, indiferentes y autosuficientes y no pocas veces se comportarán como bestias salvajes por las tentaciones del Anticristo.
Se perderá el debido respeto a los ancianos, y a los progenitores.
El verdadero amor desaparecerá de la mayoría; se exaltará la voluptuosidad y el sexo con un desenfreno nunca visto, haciendo gala de sus perversiones.
Pastores y obispos, así como sacerdotes y muchas almas consagradas se volverán presuntuosos y arrogantes, llenos de vanidad y soberbia con su humana sabiduría y serán inútiles o incapaces de discernir entre el camino recto y el camino del mal.
Las normas morales, la veneración a las tradiciones de los mayores y de la propia iglesia católica, cambiarán de manera asombrosa.
El pueblo, confuso y desorientado por las prédicas de pastores incrédulos o relativistas, abandonará la modestia y reinará por todas partes la disipación.
La falsedad, la mentira, el engaño y la avaricia alcanzarán grandes proporciones; desgraciados de los que sólo piensan en acumular tesoros materiales olvidándose de los tesoros espirituales.
La codicia, el adulterio, la homosexualidad, las acciones secretas sembrarán el terror por casi todos los lugares, asesinatos, atracos, secuestros, intimidaciones, etc., reinarán sobre la sociedad de ese tiempo.
A causa de la indiferencia, la tibieza, la incredulidad y la perversidad de muchos, el pueblo en general se verá privado de la gracia del Espíritu Santo, recibida en el bautismo, y el remordimiento martirizará su conciencia.
Las Iglesias de Dios serán despojadas de toda veneración y escasearán los verdaderos sacerdotes piadosos, por la indiferencia con respecto a la debida veneración del Señor en sus Iglesias, ya que cambiarán el culto verdadero.
Desgraciados los cristianos fieles de ese tiempo porque serán víctimas de las burlas y vejaciones de los incrédulos; necesitarán mucha fe y fortaleza para soportar el ambiente reinante.
Los cristianos, viéndose acosados, se refugiarán en lugares apartados en busca de un poco de luz ante tanta oscuridad, pero encontrarán obstáculos y contrariedades a causa de su fidelidad a la Fe verdadera. Este es el resultado del reinado del Anticristo que quiere ser Dios de todas las cosas como Jefe del universo.
Por eso habrá signos visibles extraordinarios que asombrarán a muchos inclusive a creyentes.
El dará sabiduría a algunas inteligencias para que descubran muchas cosas, pues el hombre podrá comunicarse de una parte a otra de la tierra.
En ese tiempo, el hombre podrá volar por los aires y también sumergirse en el mar como los peces... Y cuando hayan logrado descubrir otras cosas por el avance de la ciencia, el pueblo gastará toda su energía o propia vida, en lograr comodidades y disfrutar en olvido de Dios con todas sus geniosidades.
Las pobres almas con todos sus inventos y logros creerán no necesitar para nada de Dios, olvidando que todas esas cosas o logros no son más que ilusiones o engaños del Anticristo.
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Entonces la Bondad Divina caerá sobre la faz de la tierra contra la raza humana y acortando sus días -a causa de los pocos elegidos- porque el Maligno buscará acabar también con los elegidos de Dios, haciéndolos caer en la tentación – si Dios lo permite- la espada de la justicia divina aparecerá de repente y acabará con el Pervertidor y sus Secuaces”.

domingo, 15 de abril de 2012

Por fin se dio cuenta que es un ser comun y corriente


Avanza su enfermedad y Chávez siente que es un ser mortal  




 




El Presidente de Venezuela ha rogado a Dios que le de vida, que no se lo lleve todavía, aduciendo que tiene cosas por terminar. No tiene cabida en nuestra cultura desear la muerte a nadie. No importa cuán malo haya sido o siga siendo un individuo. No puedo querer que muera una persona y no me alegra el sufrimiento que produce esta terrible enfermedad de la que nadie está a salvo. Pero hay también otras razones por las que deseo que Dios le conceda su pedido.
El no está arrepentido de nada de lo que hizo, sigue firme en sus convicciones autoritarias, aunque la cercanía de la muerte lo haya afectado sobremanera. Al fin se dio cuenta que no es más que un mortal, no un ser superior, un elegido como ha querido mostrarse en sus discursos y arengas. Creo que en Venezuela vienen tiempos de cambio. Al menos sus ciudadanos tendrán opciones para no seguir en este camino que lo conduce hacia el abismo. El debería ver que su obra maléfica no culminará como lo pensó y está bien que viva al menos hasta que esto suceda. Su fanatismo le ha hecho creer que su gobierno es para siempre, que podrá mantener bajo su tutela a todo el pueblo venezolano, aceitando con beneficios a sus partidarios y aplastando con sus armas y sus decretos presidenciales a sus oponentes.
Cuando su gobierno deje de cerrar medios de prensa para dominar la opinión y acallar a los opositores puede ser que Venezuela vuelva a ser el país democrático que conocimos antes de la era de este presidente autoritario acostumbrado a extorsionar e imponer.
Hace unos días vi un video en el que Chávez extorsionaba telefónicamente en un show mediático preparado con anticipación al dueño de un banco, ante una asamblea partidaria y bajo los aplausos de su público. Repetía una y otra vez… “usted sabe que puedo quedarme con su Banco, expropiárselo”. Pero póngale precio que yo se lo compro… (Como si se tratara de un negocio privado y fuera a utilizar dinero propio). Cuando el supuesto interlocutor le dijo que el Banco no estaba en venta, le repitió socarronamente y a tono de amenaza: “Usted sabe bien que puedo hacerlo, que puedo expropiar su Banco ahora mismo” y sin mediar siquiera un minuto le cortó la comunicación dejando en el aire toda su soberbia, su fanfarronería, y su falta de ética. No sé ni quien es el banquero, cual es su nombre, si hizo algo malo, si es honesto o un delincuente. Pero eso no viene al caso ahora.
El presidente disfrutó de su obra de teatro, gozó de demostrar, a la vista de todos, su poder absoluto. Fue realmente desagradable. Si ante la posibilidad de la muerte y los ruegos del involucrado pude sentir un minuto de lástima, luego de ver éste y otros videos que lo muestran llevándose todo por delante, reconfirmé en mi interior que se trata de un individuo que ha hecho mucho mal a muchísima gente y al mundo civilizado, mediante su prepotencia y sus acuerdos con lo peor que habita en este planeta. No le deseo la muerte, ni es digno de lástima.
De la soberbia al ruego
No es lindo ver rogar a alguien por su vida. Parece que al grandilocuente Chávez ha cambiado al sentir la posibilidad de una muerte cercana. La muerte no hará distinciones cuando llegue. Todo su dinero, todo su poder, todo eso de lo que él ha presumido, no valdrá de nada.
Su soberbia habitual se ha convertido en ruego en una misa que lo muestra casi como un ser humano común. Cuenta en una entrevista que lloró frente al espejo al saber de su enfermedad y su situación. Sería algo normal en una persona común. Justifico la caída de algunas lágrimas en misa, algo que no haría falta si el mismo no pensara que está mal llorar para un todopoderoso como él.
La cercanía de sus padres, sus caricias que el mismo confiesa no haber recibido durante mucho tiempo, hablan de que la situación de su salud es complicada. No me alegra verlo rogando, pero me alegra no verlo insultando, agrediendo y con fuerza para seguir atacando a quienes se opongan o enfrenten a sus amigos de Irán y Siria. Es hora también de que deje de insultar y arremeter contra Israel como un caballito de batalla para su política interna y externa.
Las elecciones, cada día más cerca
Es impredecible saber cómo afectará en los electores la salud de Chávez. Esa imagen humana que muestra en estas horas puede arrimarle más de un voto, aunque los venezolanos saben que estarían eligiendo a alguien que no va a estar realmente en su cargo. Aun que pueda zafar de la muerte los electores estarían votando por un fantasma, para que otro allegado tome el poder. Por otra parte las peleas internas por la sucesión han comenzado y sin su figura aglutinante el oficialismo puede fraccionarse y perder fuerza.
Por ese motivo hasta ahora, Chávez ha tratado de demostrar que está mejor, que pronto volverá a sus funciones, declara en las entrevistas que estuvo revisando con sus ministros diferentes asuntos de Estado, y todos hacen como que aquí no ha pasado nada. Lo que desean que pase es el tiempo. Que las elecciones vengan de una vez antes de que un desenlace fatal pueda cambiar el panorama.
Por ahora las encuestan lo favorecen pero ya no tendría una mayoría tal que le permita hacer lo que le venga en ganas. Dependerá de los próximos acontecimientos la posibilidad de que la oposición liderada por Henrique Capriles Radonski suba en la intención de voto lo suficiente como para aspirar a una victoria. De producirse, no creo que los chavistas se retiren fácilmente de mando. Aman el poder y saben que con otro gobierno, muchos de ellos serán juzgados por la ley. Tanto la continuidad sin Chávez como un cambio a favor de la oposición traerán nuevos enfrentamientos en los que cada uno va a querer imponer espacios de poder, esos que por la fuerza o los cargos públicos los hagan casi inimputables. Pero es parte de la historia que le ha tocado a la nación sudamericana, una historia que se escribe cada día y está lejos de terminar. El presidente ha dicho en sus ruegos “No me lleves todavía, tengo muchas cosas que terminar”. Podríamos afianzar el pedido y sumarnos al suyo. “No te vayas todavía, hay muchas cosas que tendrías que ver”.
Chávez tendría que ver a su pueblo gozar de la libertad y la democracia que su gobierno ha distorsionado. Debería ver a sus amigos de Irán sucumbir en sus intentos por construir bombas nucleares. Ojalá pueda ver que la destrucción de Israel solo está en su cabeza, en la de Ahmadinejad y en la de sus discípulos, pero que nunca se hará realidad. Ojalá pueda ver a su amigo el Presidente de Siria, juzgado y preso por las masacre de sus propios ciudadanos. Tienes demasiado para ver. No te vayas todavía

Dios se apiade de El  de Venezuela ,su familia y sus seguidores......

miércoles, 4 de abril de 2012

No juguemos con candela..sobre todo si sera eterna....


Ahora que nos acercamos a La Semana Santa
y que de alguna manera por obra de Dios  reflexionamos, nos sentimos catolicos verdaderos aunque sea  por Jueves,Viernes, Sabado y Domingo Santos , vamos a las Iglesias aveces de turismo  como se ve en muchos casos especialmente la visita de monumentos, y el Jueves y Viernes sentimos algo por dentro que  como los  31 de Diciembres nos mueven a hacer muchas promesas y propositos de enmienda que se olvidan a los 4 o 5 dias , es bueno leer este articulo.... el infierno si existe  asi lo esten negando muchos Sacerdotes en cantidad de sermones y escritos , y a la candela por lo menos... si le tenemos miedo .
Nuestro Dios es compasivo y Misericordioso , pero es Justo y  en el libro de las cuentas nos guarda y nos cobrara si no nos arrepentimos y confesamos nuestras culpas.
Sin ninguna duda  todos nosotros  asi nos sintamos convertidos, pasaremos una larga temporada en tierra caliente ......muy caliente pero nada comparada con las calderas del articulo ; lo mejor del Purgatorio es saber que al final de la purga  estaremos gozando de la presencia Eterna Del Padre, El Hijo y del Espiritu Santo  bajo la mirada Maternal de Mama Maria.

JAG

I- Los negadores del Infierno
No existe el Infierno, dicen: Los librepensadores: ¡Usted injuria la razón humana!...¡En nuestro siglo creer en el infierno !
Los escépticos: ¡Invenciones! ¡Historias de terror!
Los modernistas y liberales: ¡No hablamos de eso!...¡Se van a vaciar nuestras iglesias!...¡Atacan al espíritu moderno!
Los optimistas y sentimentales: ¡Dios es demasiado bueno!...¿Por un pecado de un momento?...
No se trata de saber si creen o no, de si les gusta o no, de si les acomoda o no a los intelectuales modernos. Se trata de saber si el infierno existe... Pues bien... ¡Existe el infierno! “De Dios nadie se burla” nos repite con frecuencia la Sagrada Escritura.
¿Cómo estar seguros de que el infierno existe?
Por Nuestro Señor Jesucristo... Quien no puede equivocarse ni engañarnos...porque El es Dios y ha manifestado su divinidad por sus milagros porque Dios nos ha revelado que existe verdaderamente un Infierno.

II- Lo que dice la Biblia
a) En el Antiguo Testamento:
Recorred los Salmos, los Profetas, etc. Frecuentemente refiriéndose a los impíos, hablan de “gusano que roe y no muere, fuego que no se apaga, fuego que los devorará”, “¿quién de vosotros podrá soportar este fuego que devora?”, “¿quién de vosotros podrá vivir en medio de los fuegos eternos”, etc.
b) En el Nuevo Testamento:
¡Cuántas veces el Evangelio nos recuerda esta verdad! He aquí el resumen de la predicación de San Juan Bautista: “Haced penitencia, porque ya el hacha está puesta a la raíz del árbol”. “Todo árbol que no da buen fruto será cortado y arrojado al fuego” (San Lucas 3, 9). “El alma cenará su trigo en su granero, mientras que la paja la quemará con fuego inextinguible” (San Mateo 3, 10-12).
Cristo habla del InfiernoAún si no hubiera hablado más que una sola vez, sería suficiente. Bajo pena de renunciar a ser sus discípulos y bajo pena de ser rechazado por El, deberíamos creer en su divina palabra que no puede engañar.
Pero ¿Nuestro Señor Jesucristo habló del Infierno una sola vez? ¿Nos puso en guardia Nuestro Señor “que venía a salvar lo que estaba perdido”? Cuántas veces habla de las “tinieblas exteriores”, del lugar donde habrá “lágrimas y rechinar de dientes”, de la “Gehenna”.
“Nada temáis a los que pueden matar el cuerpo y no pueden matar el alma: temed más bien al que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehenna” (San Mateo 10, 28).
¿Se dice que pensar en el Infierno es inútil? Lean las actas de los mártires: ¿no es cierto que con esta última frase respondían a sus jueces en medio de sus torturas?
¿Nuestro Señor Jesucristo no tuvo miedo de insistir? Escuchen lo que nos dice para no titubear ante ningún sacrificio: “Si tu mano te escandaliza, córtatela: mejor te será entrar manco en la vida que con ambas manos ir a la Gehenna, al fuego inextinguible, donde ni el gusano muere ni el fuego se apaga”.
Y el buen Maestro insiste: “Si tu pie te escandaliza córtatelo: mejor te es entrar en la vida cojo que con ambos pies ser arrojado a la Gehenna, donde ni el gusano muere ni el fuego se apaga”.
Pero no se insistirá jamás demasiado para salvar a estos pobres locos que se dejan seducir por la vanidad del mundo que nos deslumbra tanto. Y continúa:“Si tu ojo te escandaliza, sácatelo: mejor te es entrar tuerto en el reino de los cielos que con ambos ojos ser arrojado a la Gehenna, donde ni el gusano muere ni el fuego se apaga”.
Y este discurso en donde el Hijo de Dios insiste tanto lo repitió frecuentemente, porque nos lo reporta San Marcos (9, 43-48). Los Evangelios son sólo un resumen de su vida, está claro que el mismo Señor recordó frecuentemente esta misma verdad.
El discurso sobre el juicio final“Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno, preparado para el Diablo y sus ángeles” (San Mateo 25).
Los que temen saber si hay fuego en el Infierno, lean estas palabras y las del final del mismo discurso “Y estos irán al suplicio eterno”.
Los sentimentales que se imaginan que se pueden burlar impunemente de Dios, mediten esta advertencia de la Verdad Eterna, así como éstas expresiones de la historia del Rico Epulón. Es Jesús mismo quien las ha escogido para hacernos comprender: “Este lugar de tormentos”. “Estoy atormentado en las llamas”. “Hijo, acuérdate de que ya recibiste tus bienes en vida, y Lázaro recibió males, y ahora él es consolado y tú eres atormentado”. “Entre nosotros hay un gran abismo, de manera que los que quieran pasar de aquí a vosotros no pueden, ni tampoco pasar de ahí a nosotros”...“Padre, te lo ruego, envía a Lázaro a casa de mi Padre, por que tengo cinco hermanos, para que les advierta, a fin de que no vengan también ellos a este lugar de tormentos”.
Y dijo Abrahám: - Tienen a Moisés y a los Profetas: que los escuchen. -No, Padre Abrahám, dijo él (el rico malo), pero si alguno de los muertos fuese a ellos, harían penitencia. Y le dijo: Si no oyen a Moisés y a los Profetas, tampoco creerán si un muerto resucita”.
¿Y los Apóstoles?
San Pedro: “Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que, los precipitó en el abismo de las tinieblas al fondo del Tártaro para ser allí atormentados”. (II Pedro 2, 4)
San Pablo: “El Señor castigará con las llamas de fuego a los que desconocen a Dios y no obedecen al Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo”. “Sufrirán penas eternas en la muerte, lejos de la faz del Señor” (II Tesalonicenses 1, 8 Gálatas 5 y Efesios 5, 5). Y este grito de pavor: “Es terrible caer en las manos de Dios vivo”. Además, a pesar de sus milagros y de las conversaciones que Dios le había concedido hacer, San Pablo dice:“castigo mi cuerpo y lo esclavizo” “no sea que, habiendo predicado a otros, resulte yo mismo reprobado”.
Y San Juan: “Si alguno adora a la bestia... será atormentado con el fuego y el azufre delante de los santos ángeles y delante del Cordero. Y el humo de sus tormentos subirá por los siglos de los siglos y no tendrá reposo ni de día ni de noche” (Apocalipsis 14, 10). “Y todo el que no fue hallado en el libro de la vida fue arrojado al estanque de fuego” (Apocalipsis 20, 15). “Los cobardes, los infieles, los abominables, los homicidas, los fornicarios, los hechiceros, los idólatras y todos los embusteros, tendrán su parte en el estanque que arde con fuego y con azufre, que es la segunda muerte” (Apocalipsis 21, 8 y 13,18).

III- La Iglesia católica y el Infierno¡Sí! Existe un infierno...y un infierno eterno. Es de fe. Lo sabemos con certeza por que Dios mismo nos lo ha advertido. El nos ha dicho: “Yo soy el Señor y no cambio” (Malaquías 3, 6).
La Iglesia nos lo advierte por el Símbolo de San Atanasio y el IV Concilio de Letrán y por su enseñanza continua. El que no lo quisiera creer, quedará fuera del Arca de Salvación.
Conclusión
¿IRA USTED AL INFIERNO?
Sí,...si usted no cree. “El que no crea será condenado” (San Marcos 16, 16).
Sí,...si desprecia a Dios y a sus mandamientos. No piense poder actuar impunemente: “De Dios nadie se burla”. Es El quien tiene la última palabra...piénselo.
Sí,...si no teme a Dios, usted que se resiste a creer en su palabra a pesar de las pruebas que El le ha dado, usted que acepta las malas doctrinas, usted que se esfuerza en ganar un poco de dinero o prolongar su salud y no hace nada por su salvación eterna, usted que se deja arrastrar por el respeto humano, usted que hace confesiones y comuniones sacrílegas, usted que no santifica el día del Señor, que no quiere perdonar o restituir el mal adquirido o romper con esta compañía peligrosa, o que no quiere aceptar el deber de tener hijos en el matrimonio, o que no quiere huir de la impureza, etc.
Sí,...muy probablemente...si deja para mañana su conversión. “Aquel que ha prometido el perdón al pecador arrepentido, no le ha prometido el día siguiente” dice San Gregorio. La regla general es ésta: “Se muere como se vive”. Entonces ¿dónde se irá usted? ¿a dónde hubiese ido si hubiese muerto tal día? ¿Y esta mañana? ¿No son preguntas que todo hombre de juicio y razón debe hacerse?
Pero, ¿y la bondad de Dios? ¿No la ve usted? Mire el crucifijo “Dios amó tanto a los hombres que les dio a su Hijo Unigénito, para que el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eterna” (San Juan 3, 16). “El se anonadó por nosotros”, “me ha amado, se ha entregado a Si mismo por mí” (Filipenses 2, 16).
¡Cuántas veces Él vino a llamar a la puerta de su corazón! Y el tiempo tan precioso que le dio, ¡no es acaso fruto de su Misericordia para que lo emplee en su salvación? ¿Qué espera? Arrójese a sus pies. Pídale perdón. Póngase resueltamente a practicar sus mandamientos. ¡Con su ayuda es fácil y dulce!
¿Quiere usted asegurar su salvación? Tome el mejor medio. Venga a hacer los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. Quien quiere el fin pone los medios. ¡No hay nada mejor que la salvación!
Pero si usted continúa haciendo poco caso de los deberes para con Dios y pecando en su presencia, sépalo, no lo olvide jamás: ¡DE DIOS NADIE SE BURLA! (San Pablo a los Gálatas 6.7).
Un sacerdote católico
La Porte Latine

martes, 3 de abril de 2012

Anselm Gum....... y su vision de la homosexualidad

Anselm Grün: “Debemos evitar ver la homosexualidad como un pecado

Una conversación con el monje benedictino y escritor Anselm Grün sobre las disensiones en la Iglesia Católica, el diálogo con el Islam y una globalización humana
ENTREVISTA
por Christian Lindner                                    Traducción: Luis González Vayá
                             
Alejado del ruido de las grandes ciudades, en medio de campos de cultivo y pueblos tranquilos, se alza majestuoso el monasterio de Münsterschwarzach. El que este sitio sea hoy un centro de peregrinación espiritual en la región histórica de Franconia se debe sobre todo a una persona: el padre Anselm Grün, el humilde religioso que con su característica barba se ha convertido en una especie de estrella del pop para la Iglesia Católica en Alemania. Sus obras esotérico-piadosas como Para encontrar el equilibrio interior y Paz del corazón son bestsellers, y se han traducido a 28 lenguas. De esta forma, el monje benedictino se cuenta entre los más importantes autores espirituales del mundo contemporáneo.
El padre Grün me recibe una fresca mañana de sábado en la puerta del monasterio y me conduce –a petición mía- a la cafetería del convento, el lugar adecuado para un brunch. Rodeado de damas en busca de tranquilidad espiritual, pronto nos parece más adecuado retirarnos: con una taza de café nos refugiamos en una tranquila habitación vecina, donde Anselm Grün comienza a relatar su vida.
Nada más acabar las pruebas de acceso a los estudios universitarios, este sesentón se decidió por una vida de ascesis monástica y entró en la comunidad de los Benedictinos de Münsterschwarzach. No sin escepticismo: “Por supuesto, al principio hubo dudas sobre si esta rígida vida en la Orden no sería demasiado estrecha para mí. ¿Y es el celibato realmente posible, o tendré que reprimir mi sexualidad?” Aunque hoy considere su elección de una vida espiritual como “el camino acertado para mí”, aún tiene momentos de remordimiento: “siento a veces como un dolor al no haberme casado ni tenido hijos”.
Grün habla tranquilo y despacio, sorbiendo de vez en cuando su capuchino, mientras relata los años de estudio en Roma. Sus estudios de Teología coincidieron con la época de los cambios sociales de finales de los años sesenta, cuando los movimientos estudiantiles protestaban en muchos Estados europeos por un mundo mejor: “También entre nosotros se notó entonces un cambio. Nos rebelamos contra las costumbres anticuadas y los rituales polvorientos”. Para lograr una Iglesia que predicase más cerca del sentir de los tiempos y que pusiese el acento en el hombre.

Mística cristiana y psicología moderna

Esta cercanía a la gente es la que impregna las obras de Anselm Grün y explica su éxito. Une la mística cristiana con la psicología moderna y la filosofía oriental. “Tengo un lenguaje simple que no prejuzga”, cita como un factor importante de su celebridad. Un lenguaje que también encuentra críticas: sobre todo en el sector conservador de la Iglesia, algunos temen que se diluyan los principios católicos mediante la apertura espiritual y las posiciones liberales de la filosofía de Anselm Grün. “Tengo un lenguaje diferente del de muchos conservadores y por eso me atacan desde algunos círculos”, señala un poco turbado.
¿Es Anselm Grün un renovador, un precursor de una pequeña revolución eclesiástica? El padre Anselm lo niega: “Me veo en general en concordancia con la tradición católica”. Sobre el papa Benedicto XVI, al que aún no ha conocido personalmente, dice palabras conciliadoras: “Bajo el nuevo Papa ha tenido lugar una apertura. No creo que tenga nada contra mi teología”.
Hablamos sobre la creciente atracción que tiene la Iglesia Católica actual sobre muchos jóvenes europeos. “En este tiempo cambiante, los jóvenes buscan reposo y claridad. La juventud de hoy a menudo no está relacionada con la Iglesia y siente curiosidad. De ahí que la gran baza de la Iglesia consista en que es auténtica y ofrece orientación al mismo tiempo que una sana espiritualidad”, explica.

Búsqueda del corazón amplio

La búsqueda de una espiritualidad sana es un aspecto central de su trabajo teológico. Ve con preocupación las actuales tendencias al fanatismo religioso. “Hay formas de religiosidad que crean enfermos y fanáticos, no solo en el Cristianismo, sino también en otras religiones”. La llave para una forma curativa, no fanática de la Fe la ha encontrado el Padre Anselm en el fundador de la Orden de los Benedictinos. “Para Benito de Nursia es un rasgo de espiritualidad sana el corazón amplio”. Tras esta formulación se oculta una búsqueda de la apertura, la tolerancia y la empatía.
A mi pregunta sobre las relaciones entre la Iglesia Católica y el Islam, Anselm Grün vacila: “Por una parte es importante mantener un diálogo adecuado con el Islam, que esté impregnado del respeto a las tradiciones del otro. Pero aún así debemos ser críticos con la intolerancia que vemos en algunos países en los que está arraigado el Islam. Lo que necesitamos es un diálogo crítico”. Al mismo tiempo, el benedictino nos aconseja no proyectar solo imágenes negativas del Islam. En lugar de eso, “deberíamos preguntarnos qué podemos aprender”, dice refiriéndose a la abierta tradición sufí.
Tampoco su Iglesia está libre de corrientes intolerantes, admite el Padre Anselm tras ser preguntado. Hablamos sobre la posición de la Iglesia Católica respecto a la homosexualidad. “Aquí hay sombras aún, por supuesto”, subraya el teólogo reflexivo. Esto es especialmente problemático cuando la fe católica sirve para justificar políticas de discriminación respecto a los homosexuales, como sucede en algunos países de Europa del Este. “Debemos evitar ver la homosexualidad como un pecado”, dice Anselm Grün.
Durante la conversación, el Padre vuelve a menudo a su principio del “corazón amplio”. Plantea con esta metáfora la filosofía de una globalización humana: “Cuando la globalización solo beneficia los derechos de los más fuertes, se convierte en maldición”. Apela a la responsabilidad de la economía mundial, y propone “crear valores apreciando valores”. En seminarios regulares de Dirección de Empresas, Anselm Grün enseña a dirigirlas “con corazón amplio”, que tiene como principios la tolerancia hacia el personal y la empatía con él. “El objetivo no es juzgar, sino comprender”, reza uno de los mandamientos del benedictino.

Viacrucis tradicional.... no dejemos de hacerlo






Via Crucis
por Plinio Corrêa de Oliveira
* * *
I Estación
Jesús es condenado a muerte

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
*
El juez que cometió el crimen profesional más monstruoso de toda la historia, no fue impulsado a ello por el tumulto de ninguna pasión ardiente. No lo cegó el odio ideológico, ni la ambición de nuevas riquezas, ni el deseo de complacer a ninguna Salomé. Lo movió a condenar al Justo, el recelo de perder el cargo pareciendo poco celoso de las prerrogativas del César; el miedo de crearse para sí complicaciones políticas, desagradando al populacho judío; el miedo instintivo de decir “no”, de hacer lo contrario de lo que se pide, de enfrentar al ambiente con actitudes y opiniones diferentes de las que en él imperan.
*
Vos, Señor, lo mirasteis por largo tiempo con aquella mirada que, en un segundo, obró la salvación de Pedro. Era una mirada en la que se transparentaba vuestra suprema perfección moral, vuestra infinita inocencia y, sin embargo él, Os condenó.
*
Oh Señor, ¡cuántas veces imité a Pilatos! ¡Cuántas veces por amor a mi carrera, dejé que en mi presencia la ortodoxia fuese perseguida y me callé! ¡Cuántas veces presencié de brazos cruzados la lucha y el martirio de los que defienden vuestra Iglesia! Y no tuve siquiera el coraje de darles una palabra de apoyo, por la abominable pereza de enfrentar a los que me rodean, de decir “no” a los que forman mi ambiente, por el miedo de “ser diferente de los otros”. Como si me hubieseis creado, Señor, no para imitaros, sino para imitar servilmente a mis compañeros.
*
En aquel instante doloroso de la condenación, Vos sufristeis por todos los cobardes, por todos los débiles, por todos los tibios... por mí, Señor.
*
¡Jesús mío!, perdón y misericordia. Por la fortaleza de que me disteis ejemplo desafiando la impopularidad y enfrentando la sentencia del magistrado romano, ¡curad en mi la alma la llaga de la molicie!
*
Padre Nuestro, Ave María, Gloria
V. Ten piedad de nosotros, Señor.
R. Ten piedad de nosotros.
V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia
de Dios, descansen en paz.
R. Amén.
* * *
II Estación
Jesús lleva la Cruz a cuestas

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
*
Se inicia así, mi adorado Señor, vuestra peregrinación hacia el lugar de la inmolación. No quiso el Padre Celestial que fueseis muerto de un golpe fulminante. Vos habríais de enseñarnos en vuestra Pasión, no sólo a morir, sino a enfrentar la muerte. Enfrentarla con serenidad, sin dudas ni flaquezas, caminando hacia ella con el paso resuelto del guerrero que avanza hacia el combate; he ahí la admirable lección que me dais.
*
Frente al dolor, Dios mío, cuánta es mi cobardía. Ora contemporizo antes de tomar mi cruz; ora retrocedo, traicionando el deber; ora, por fin, lo acepto, mas con tanto tedio, tanta molicie, que parezco odiar el fardo que vuestra voluntad me pone sobre los hombros.
*
En otras ocasiones, cuántas veces cierro los ojos para no ver el dolor. Me ciego voluntariamente con un optimismo estúpido, porque no tengo el coraje de enfrentar la prueba, y por eso me miento a mí mismo: “no es verdad que la renuncia a aquel placer se me impone para que no caiga en pecado; no es verdad que debo vencer aquel hábito que favorece mis más arraigadas pasiones; no es verdad que debo abandonar aquel ambiente, aquella amistad, que minan y arruinan toda mi vida espiritual; no, nada de esto es verdad...”, cierro los ojos y tiro a un lado mi cruz.
*
Jesús mío, perdonadme tanta pereza, y por la llaga que la Cruz abrió en vuestros hombros, curad, Padre de las Misericordias, la llaga horrible que en mi alma abrí con años enteros vividos en el relajamiento interior y en la condescendencia para conmigo.
*
Padre Nuestro, Ave María, Gloria
V. Ten piedad de nosotros, Señor.
R. Ten piedad de nosotros.
V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia
de Dios, descansen en paz.
R. Amén.
* * *
III Estación
Jesús cae por primera vez

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
*
¿Entonces, Señor? ¿No Os era lícito abandonar vuestra Cruz? Pues si la cargasteis hasta que todas vuestras fuerzas se agotaran, hasta que el peso insoportable del madero Os lanzara por tierra, ¿no estaba bien probado que Os era imposible proseguir? Estaba cumplido vuestro deber.
*
Que los ángeles del Cielo llevasen ahora por Vos la Cruz . Vos habíais sufrido en toda la medida de lo posible. ¿Qué más habríais de dar?
*
Sin embargo, actuasteis de otro modo y disteis a mi cobardía una alta lección. Agotadas vuestras fuerzas, no renunciasteis al fardo, sino que pedisteis más fuerzas aún, para cargar nuevamente la Cruz. Y las obtuvisteis.
*
Es difícil hoy la vida del cristiano. Obligado a luchar sin tregua contra sí mismo para mantenerse en la línea de los Mandamientos, parece una excepción extravagante en un mundo que se ufana en la lujuria, en la opulencia y en la alegría de vivir. Pesa en nuestros hombros la cruz de la fidelidad a vuestra ley, Señor. Y a veces las fuerzas parecen faltarnos.
*
En estos instantes de prueba, comenzamos a hacer sofismas: ya hicimos cuanto estaba en nosotros. Al final, ¡son tan limitadas las fuerzas del hombre! Dios tendrá esto en cuenta... Dejemos caer la cruz a la vera del camino y hundámonos suavemente en la vida del placer. ¡Ah, cuántas cruces abandonadas a la vera de nuestros caminos, quizá a la vera de mis caminos!
*
Dadme, Jesús, la gracia de quedar abrazado a mi cruz, aun cuando yo desfallezca bajo el peso de ella. Dadme la gracia de erguirme de nuevo siempre que hubiese desfallecido. Dadme, Señor, la gracia suprema de nunca salir del camino por donde debo llegar a lo alto de mi propio calvario.
*
Padre Nuestro, Ave María, Gloria ...........
* * *
IV Estación
Encuentro de Jesús con su Santa Madre

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
*
¿Quién, Señora, viéndoos en llanto, osaría preguntar por qué lloráis? Ni la tierra, ni el mar, ni todo el firmamento, podrían servir de término de comparación a vuestro dolor. Dadme, Madre mía, un poco por lo menos de ese dolor. Dadme la gracia de llorar a Jesús con las lágrimas de una compunción sincera y profunda.
*
Sufrís en unión a Jesús. Dadme la gracia de sufrir como Vos y como Él. Vuestro mayor dolor no fue el contemplar los inexpresables padecimientos corporales de vuestro Divino Hijo. ¿Qué son los males del cuerpo en comparación con los del alma? ¡Si Jesús sufriera todos aquellos tormentos, pero a su lado hubiera corazones compasivos! ¡Si el odio más estúpido, más injusto, más necio, no hiriese al Sagrado Corazón enormemente más de lo que el peso de la Cruz y los malos tratos herían el Cuerpo de Nuestro Señor! Pero la manifestación tumultuosa del odio y de la ingratitud de aquellos a quienes Él había amado... A dos pasos, estaba un leproso a quien había curado... más lejos un ciego a quien había restituido la vista... poco más allá un alma sufriente a quien había devuelto la paz. Y todos pedían su muerte, todos lo odiaban, todos lo injuriaban. Todo esto hacía sufrir a Jesús inmensamente más que los inexpresables dolores que pesaban sobre su Cuerpo.
*
Y existía algo peor, existía el peor de los males. Había el pecado, el pecado declarado, el pecado protuberante, el pecado atroz. ¡Si todas aquellas ingratitudes fuesen hechas al mejor de los hombres, pero, por absurdo, no ofendiesen a Dios! Más eran hechas al Hombre Dios y constituían contra toda la Trinidad Santísima un pecado supremo. He ahí el mal mayor de la injusticia y de la ingratitud.
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Este mal no está tanto en herir los derechos del bienhechor, sino en ofender a Dios. Y de tantas y tantas causas de dolor, la que más Os hacía sufrir, Madre Santísima, Redentor Divino, era por cierto el pecado.
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¿Y yo? ¿Me acuerdo de mis pecados? ¿Me acuerdo por ejemplo de mi primer pecado, o de mi pecado más reciente? ¿De la hora en que lo cometí, del lugar, de las personas que me rodeaban, de los motivos que me llevaron a pecar? Si yo hubiese pensado en toda la ofensa que Os causa un pecado ¿habría osado desobedeceros, Señor?
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Oh, Madre mía, por el dolor del santo encuentro, obtenedme la gracia de tener siempre delante de los ojos a Jesús sufriente y llagado, precisamente como lo visteis en este paso de la Pasión.
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Padre Nuestro, Ave María, Gloria ........
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V Estación
Jesús es ayudado por el Cireneo a llevar la Cruz

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
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¿Quién era este Simón? ¿Qué se sabe de él, sino que era de Cirene? ¿Y qué sabe la generalidad de los hombres sobre Cirene, sino que era la tierra de Simón? Tanto el hombre como la ciudad emergieron de la oscuridad para la gloria y para la más alta de las glorias, que es la gloria sagrada, en un momento en que muy otros eran los pensamientos del Cireneo.
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Él venía despreocupado por la calle. Pensaba tan sólo en los pequeños problemas y en los pequeños intereses de los que se compone la vida corriente de la mayor parte de los hombres. Mas Vos, Señor, atravesasteis su camino con vuestras Llagas, vuestra Cruz, vuestro inmenso dolor. Y a este Simón le tocó tomar posición ante Vos. Lo forzaron a cargar la Cruz con Vos. O él la cargaría malhumorado, indiferente a Vos, intentando volverse simpático al pueblo por medio de algún nuevo modo de aumentar vuestros tormentos de alma y cuerpo; o la cargaría con amor, con compasión, desdeñoso del populacho, procurando aliviaros, procurando sufrir en sí un poco de vuestro dolor, para que sufrierais un poco menos. El Cireneo prefirió padecer con Vos. Y por esto su nombre es repetido con amor, con gratitud, con santa envidia, desde hace dos mil años, por todos los hombres de fe, en toda la faz de la tierra y así continuará siendo hasta la consumación de los siglos.
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También por mis caminos Vos pasasteis, mi Jesús. Pasasteis cuando me llamasteis de las tinieblas del paganismo al seno de vuestra Iglesia, con el santo Bautismo. Pasasteis cuando mis padres me enseñaron a rezar. Pasasteis cuando en el curso del catecismo comencé a abrir mi alma a la verdadera doctrina católica y ortodoxa. Pasasteis en mi primera Confesión, en mi Primera Comunión, en todos los momentos en que vacilé y me amparasteis, en todos los momentos en que caí y me erguisteis, en todos los momentos en que pedí y me atendisteis.
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¿Y yo, Señor? Aún ahora pasáis por mí en este ejercicio del vía crucis. ¿Qué hago cuando Vos pasáis por mí?
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Padre Nuestro, Ave María, Gloria ..........
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VI Estación
La Verónica enjuga el rostro de Jesús

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
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Diríase a primera vista, que jamás hubo mayor premio en la historia. En efecto, ¿qué rey tuvo en las manos tejido más precioso que aquel Velo? ¿Qué general tuvo bandera más augusta? ¿Qué gesto de coraje y dedicación fue recompensado con favor más extraordinario?
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Sin embargo, hay una gracia que vale mucho más que la de poseer milagrosamente estampada en un velo la Santa Faz del Salvador. En el velo, la representación de la Faz divina fue hecha como en un cuadro. En la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana es hecha como en un espejo.
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En sus instituciones, en su doctrina, en sus leyes, en su unidad, en su universalidad, en su insuperable catolicidad,
la Iglesia es un verdadero espejo en el cual se refleja nuestro Divino Salvador. Más aún, Ella es el propio Cuerpo Místico de Cristo.
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¡Y nosotros, todos nosotros, tenemos la gracia de pertenecer a la Iglesia, de ser piedras vivas de la Iglesia!
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¡Cómo debemos agradecer este favor! No nos olvidemos, sin embargo, de que “nobleza obliga”. Pertenecer a la Iglesia es cosa muy alta y muy ardua. Debemos pensar como la Iglesia piensa, sentir como la Iglesia siente, actuar como la Iglesia quiere que procedamos en todas las circunstancias de nuestra vida. Esto supone un sentido católico real, una pureza de costumbres auténtica y completa, una piedad profunda y sincera. En otros términos, supone el sacrificio de una existencia entera.
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¿Y cuál es el premio? “Christianus alter Christus”. Yo seré de modo eximio una reproducción del propio Cristo. La semejanza de Cristo se imprimirá, viva y sagrada, en mi propia alma.
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Ah, Señor, si es grande la gracia concedida a la Verónica, cuánto mayor es el favor que a mí me prometéis.
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Os pido fuerza y resolución para, por medio de una fidelidad a toda prueba, alcanzarlo verdaderamente.
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Padre Nuestro, Ave María, Gloria ...........
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VII Estación
Jesús cae por segunda vez

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
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Caer, estar tirado en el suelo, quedar a los pies de todos, dar pública manifestación de ya no tener fuerzas, son estas las humillaciones a que Vos Os quisisteis sujetar, Señor, para mi lección. De Vos nadie se compadeció. Redoblaron las injurias y los malos tratos. Y mientras tanto, Vuestra gracia solicitaba en vano, en lo íntimo de aquellos corazones empedernidos, un movimiento de piedad.
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Aún en ese momento, quisisteis continuar vuestra Pasión para salvar a los hombres. ¿Qué hombres? Todos. Inclusive los que allí estaban aumentado de todas las formas vuestro dolor.
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En mi apostolado, Señor, deberé continuar aun cuando todas mis obras estuviesen por el suelo, aun cuando todos se unieren para atacarme, aun cuando la ingratitud y la perversidad de aquellos a quienes quise hacer el bien se vuelvan contra mí.
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No tendré la flaqueza de cambiar de camino para agradarlos. Mis vías sólo pueden las vuestras, esto es, las vías de la ortodoxia, de la pureza, de la austeridad. Mas, en vuestros caminos, sufriré por ellos. Y unidos mis dolores imperfectos a vuestro dolor perfecto, a vuestro dolor infinitamente precioso, continuaré haciéndoles el bien. Para que se salven o para que las gracias rechazadas se acumulen sobre ellos como brasas ardientes, clamando por castigo. Fue lo que hicisteis con el pueblo deicida y con todos aquellos que hasta el fin Os rechazaron.
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Padre Nuestro, Ave María, Gloria ..........
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VIII Estación
Jesús consuela a las hijas de Jerusalén

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
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No faltaron entonces almas buenas que percibían la enormidad del pecado que se practicaba y temían la justicia divina.
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¿No presencio yo algún pecado así? Hoy en día, ¿no es verdad que el Vicario de Cristo es desobedecido, abandonado, traicionado? ¿No es verdad que las leyes, las instituciones, las costumbres son cada vez más hostiles a Jesucristo? ¿No es verdad que se construye todo un mundo, toda una civilización basada en la negación de Jesucristo? ¿No es verdad que Nuestra Señora habló en Fátima señalando todos estos pecados y pidiendo penitencia?
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Sin embargo, ¿dónde está esa penitencia? ¿Cuántos son los que realmente ven el pecado y procuran señalarlo, denunciarlo, combatirlo, disputarle paso a paso el terreno, levantar contra él toda una cruzada de ideas y de actos, de viva fuerza si fuera necesario? ¿Cuántos son capaces de desplegar el estandarte de la ortodoxia absoluta y sin mancha, en los propios lugares donde impera la impiedad o la piedad falsa? ¿Cuántos son los que viven en unión con la Iglesia este momento que es trágico, como trágica fue la Pasión, este momento crucial de la historia, en que una humanidad entera está optando por Cristo o contra Cristo?
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¡Ah, Dios mío, cuántos miopes que prefieren no ver ni presentir la realidad que les entra por los ojos! ¡Cuánta calma, cuánto bienestar menudo, cuánta pequeña delicia rutinaria! ¡Cuánto sabroso plato de lentejas para comer!
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Dadme, Jesús, la gracia de no ser de este número. La gracia de seguir vuestro consejo, esto es, de llorar por nosotros y por los nuestros. No con un llanto estéril, sino con un llanto que se vierte a vuestros pies y que, fecundado por Vos, se transforma para nosotros en perdón, en energías de apostolado, de lucha y de intrepidez.
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Padre Nuestro, Ave María, Gloria ........
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IX Estación
Jesús cae por tercera vez

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
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Estáis, Señor mío, más cansado, más débil, más llagado, más exangüe que nunca. ¿Qué Os espera? ¿Llegasteis al término? No, precisamente lo peor está por suceder. El crimen más atroz aún está por ser cometido. Los dolores mayores aún están por ser sufridos. Estáis por tierra por tercera vez y, sin embargo, todo esto que quedó atrás no es sino un prefacio. Y he aquí que Os veo nuevamente moviendo ese Cuerpo que es todo él una llaga. Lo que parecía imposible se opera y una vez más Os ponéis de pie lentamente, aunque cada movimiento sea para Vos un dolor más. Estáis, Señor, de pie, una vez más... con vuestra Cruz. Supisteis encontrar nuevas fuerzas, nuevas energías y continuáis. Tres caídas, tres lecciones iguales de perseverancia, cada una más pungente y más expresiva que la otra.
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¿Por qué tanta insistencia? Porque es insistente nuestra cobardía. Nos resolvemos a tomar nuestra cruz, pero la cobardía vuelve siempre a la carga. Y para que ella quedase sin pretextos en nuestra flaqueza, quisisteis Vos mismo repetir tres veces la lección.
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Sí, nuestra flaqueza no puede servirnos de pretexto. La gracia, que Dios nunca niega, puede lo que las fuerzas meramente naturales no podrían.
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Dios quiere ser servido hasta el último aliento, hasta la extenuación de la última energía y multiplica nuestra capacidad de sufrir y de actuar, para que nuestra dedicación llegue a los extremos de lo imprevisible, de lo inverosímil, de lo milagroso. La medida de amar a Dios consiste en amarlo sin medida, dice San Francisco de Sales. La medida de luchar por Dios consiste en luchar sin medida, diríamos nosotros.
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Yo, sin embargo, ¡cómo me canso de prisa! En mis obras de apostolado, el menor sacrificio me detiene, el menor esfuerzo me causa horror, la menor lucha me pone en fuga. Me gusta el apostolado, sí. Un apostolado enteramente conforme con mis preferencias y fantasías, al que me entrego cuando quiero, como quiero y porque quiero. Y después juzgo haber dado a Dios una inmensa limosna.
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Pero Dios no se contenta con esto. Para la Iglesia, Él quiere toda mi vida, quiere organización, quiere sagacidad, quiere intrepidez, quiere la inocencia de la paloma, mas también la astucia de la serpiente; la dulzura de la oveja, mas la cólera irresistible y avasalladora del león. Si fuera necesario sacrificar carrera, amistades, vínculos familiares, vanidades mezquinas, hábitos inveterados, para servir a Nuestro Señor, debo hacerlo. Pues este paso de la Pasión me enseña que a Dios debemos darle todo, absolutamente todo y después de haberle dado todo, aún debemos dar nuestra propia vida.
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Padre Nuestro, Ave María, Gloria ..........
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X Estación
Jesús es despojado de sus vestiduras

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
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Todo, sí, absolutamente todo! Hasta vergüenza debemos sufrir por amor a Dios y por la salvación de las almas.
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Ahí está la prueba. El puro por excelencia fue desnudado y los impuros Lo escarnecieron en su pureza. Y Nuestro Señor resistió a las burlas de la impureza.
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¿No parece insignificante que resista a la burla, quien ya resistió a tantos tormentos? Sin embargo, esta otra lección nos era necesaria. Por el desprecio de una criada, San Pedro Lo negó. ¡Cuántos hombres habrán abandonado a Nuestro Señor por miedo al ridículo! Pues si hay gente que va a la guerra a exponerse a las balas y a la muerte para no ser escarnecida como cobarde, ¿no es cierto que hay hombres que tienen más miedo a una risa que a cualquier otra cosa?
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El Divino Maestro enfrentó el ridículo. Y nos enseñó que nada es ridículo cuando está en la línea de la virtud y del bien.
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Enseñadme, Señor, a reflejar en mí la majestad de vuestro Semblante y la fuerza de vuestra perseverancia, cuando los impíos quieran manejar contra mí el arma del ridículo.
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Padre Nuestro, Ave María, Gloria ...........
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XI Estación
Jesús es clavado en la Cruz

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
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La impiedad escogió para Vos, Señor mío, el peor de los tormentos finales. El peor, sí, pues es el que hace morir lentamente, el que produce sufrimientos mayores, el que más infamaba porque estaba reservado a los criminales más abyectos. Todo fue aparejado por el infierno para haceros sufrir, tanto en el alma como en el cuerpo. Este odio inmenso, ¿no contiene para mí alguna lección? ¡Ay de mí, que jamás la comprenderé suficientemente, si no llegare a ser santo! Entre Vos y el demonio, entre el bien y el mal, entre la verdad y el error, hay un odio profundo, irreconciliable, eterno. Las tinieblas odian a la luz, los hijos de las tinieblas odian a los hijos de la luz, la lucha entre unos y otros durará hasta la consumación de los siglos y jamás habrá paz entre la raza de la Mujer y la raza de la serpiente... Para que se comprenda la extensión inconmensurable, la inmensidad de este odio, contémplese todo cuanto este odio osó hacer. Es el Hijo de Dios que allí está, transformado, según la frase de la Escritura, en un leproso en el cual nada existe de sano, en un ente que se retuerce como un gusano bajo la acción del dolor, detestado, abandonado, clavado en una cruz entre dos vulgares ladrones. ¡El Hijo de Dios! ¡Qué grandeza infinita, inimaginable, absoluta, se encierra en estas palabras! ¡He ahí, sin embargo, lo que el odio osó contra el Hijo de Dios!
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Y toda la historia del mundo, toda la historia de la Iglesia, no es sino esta lucha inexorable entre los que son de Dios y los que son del demonio, entre los que son de la Virgen y los que son de la serpiente. Lucha en la cual no hay apenas equívoco de la inteligencia, ni sólo flaqueza, sino también maldad, maldad deliberada, culpable, pecaminosa, en las huestes angélicas y humanas que siguen a Satanás.
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He ahí lo que es necesario que sea dicho, comentado, recordado, acentuado, proclamado y, una vez más, recordado a los pies de la Cruz. Pues somos tales y el liberalismo a tal punto nos desfiguró que estamos siempre propensos a olvidar este aspecto imprescindible de la Pasión.
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Conocíalo bien la Virgen de las Vírgenes, la Madre de todos los dolores, quien junto a su Hijo participaba de la Pasión. Conocíalo bien el Apóstol virgen que a los pies de la Cruz recibió a María como Madre, y con esto tuvo el mayor legado que jamás fue dado a un hombre recibir. Porque hay ciertas verdades que Dios reservó para los puros, y niega a los impuros.
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Madre mía, en el momento en que hasta el buen ladrón mereció perdón, pedid que Jesús me perdone toda la ceguera con que he considerado la obra de las tinieblas que se trama a mi alrededor.
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Padre Nuestro, Ave María, Gloria ......
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XII Estación
Jesús muere en la Cruz

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
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Llegó por el fin el ápice de todos los dolores. Es un ápice tan alto, que se envuelve en las nubes del misterio. Los padecimientos físicos alcanzaron su extremo. Los sufrimientos morales alcanzaron su auge. Otro sufrimiento debería ser la cumbre de tan inexpresable dolor: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me abandonasteis?” De un cierto modo misterioso, el propio Verbo Encarnado fue afligido por la tortura espiritual del abandono en que el alma no tiene consolaciones de Dios. Y tal fue ese tormento, que Él, de quien los evangelistas no registraron ni una sola palabra de dolor, profirió aquel grito lacerante: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.
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Sí, ¿por qué? ¿Por qué, si Él era la propia inocencia? Abandono terrible seguido de la muerte y de la perturbación de toda la naturaleza. El sol se veló. El cielo perdió su esplendor. La tierra se estremeció. El velo del templo se rasgó. La desolación cubrió todo el universo.
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¿Por qué? Para redimir al hombre. Para destruir el pecado. Para abrir las puertas del Cielo. El ápice del sufrimiento fue el ápice de la victoria. Estaba muerta la muerte. La tierra purificada era como un gran campo devastado para que sobre ella se edificase la Iglesia.
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Todo esto fue, pues, para salvar. Salvar a los hombres. Salvar a este hombre que soy yo. Mi salvación costó todo este precio. Y yo no regatearé más sacrificio alguno para asegurar salvación tan preciosa. Por el Agua y por la Sangre que vertieron de vuestro divino Costado, por los dolores de María Santísima, Jesús, dadme fuerzas para desapegarme de las personas, de las cosas que me pueden apartar de Vos.
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Mueran hoy, clavados en la Cruz, todas las amistades, todos los afectos, todas las ambiciones, todos los deleites que de Vos me separaban.
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Padre Nuestro, Ave María, Gloria ...........
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XIII Estación
Jesús es bajado de la Cruz

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
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El reposo del Sepulcro Os aguarda, Señor. En las sombras de la muerte, abrís el Cielo a los justos del limbo, mientras en la tierra, en torno de vuestra Madre, se reúnen unos pocos fieles para tributaros honras fúnebres. Hay en el silencio de estos instantes una primera claridad de esperanza que nace. Estos primeros homenajes que Os son prestados son el marco inaugural de una serie de actos de amor de la humanidad redimida, que se prolongarán hasta el fin de los siglos.
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Cuadro de dolor, de desolación, mas de mucha paz. Cuadro en que se presagia algo de triunfal en los cuidados indecibles con que Vuestro Divino Cuerpo es tratado.
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Sí, aquellas almas piadosas se condolían, pero algo en ellas les hacía presentir en Vos al Triunfador glorioso.
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Pueda yo también, Señor, en las grandes desolaciones de la Iglesia, ser siempre fiel, estar presente en las horas más tristes, conservando inquebrantable la certeza de que vuestra Esposa triunfará por la fidelidad de los buenos, puesto que la asiste vuestra protección.
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Padre Nuestro, Ave María, Gloria ..........
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XIV Estación
Jesús es puesto en el sepulcro

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
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Se corrió la piedra. Parece todo acabado. Es el momento en que todo comienza. Es el reagrupamiento de los Apóstoles. Es el renacer de las dedicaciones, de las esperanzas. La Pascua se aproxima.
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Y al mismo tiempo, el odio de los enemigos ronda en torno del Sepulcro, de María Santísima y de los Apóstoles.
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Pero ellos no temen. Y dentro de poco tiempo rayará la mañana de la Resurrección. Pueda yo también, Señor Jesús, no temer. No temer cuando todo parezca irremediablemente perdido. No temer cuando todas las fuerzas de la tierra parecieran puestas en manos de vuestros enemigos. No temer, porque estoy a los pies de Nuestra Señora, junto a la cual se reagruparán siempre, y siempre una vez más, para nuevas victorias, los verdaderos seguidores de vuestra Iglesia.
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Padre Nuestro, Ave María, Gloria .......
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Escrito por el Dr Plinio Corrêa de Oliveira (1908-1995) y traducido de la revista Catolicismo, editora Padre Belchior de Pontes, marzo de 1951, São Paulo, Brasil. Visto en
Cruzada Reparadora del Santo Rosario