viernes, 7 de marzo de 2025

Los 10 Mandamientos y El Pecado...

 

Los 10 Mandamientos y El Pecado

🧭 Formación Básica del Cristiano

Los diez mandamientos de la ley de Dios, o «el Decálogo»  

Querido Ejército Remanente:

Hoy vamos a aprender a no ofender a Dios. En otras palabras, a elegir la vida, a ser felices. El camino ya nos lo enseñó Dios mismo. Repasémoslo:

El primero de los mandamientos: No tendrás otro Dios más que a Mí.  

El segundo: No tomar el nombre de Dios en vano.  

El tercero: Acuérdate de santificar las fiestas.  

El cuarto: Honra al padre y a la madre.  

El quinto: No matar.  

El sexto: No fornicar.  

El séptimo: No hurtar.  

El octavo: No levantar falso testimonio.  

El noveno: No desear la mujer (o esposo) de tu prójimo.  

El décimo: No codiciar los bienes ajenos.  

El decálogo contiene explícita o implícitamente todos los deberes del hombre en relación a Dios, al prójimo y consigo mismo. Ya veremos uno por uno en las próximas lecciones.

Dios en sus mandamientos manda que hagamos el bien y evitemos el mal; por esto cada mandamiento contiene un precepto y una prohibición. 

Dios ha impreso estos mandamientos en el corazón del hombre y los dio a Moisés en el Monte Sinaí, escritos en dos tablas de piedra, para que no nos lo olvidemos.

Los tres primeros, contenidos en la primera tabla, tienen por fin directo el honor de Dios

Los otros siete, contenidos en la segunda tabla, tienen por fin directo el bien del prójimo

Nuestro Señor Jesucristo confirmó los diez mandamientos y los perfeccionó con los consejos evangélicos. Podemos, debemos, y es absolutamente necesario, cumplir con los divinos mandamientos para salvarnos.   

Podemos: Dios conoce nuestras fuerzas y si Él manda el cumplimiento de los mandamientos, es porque sabe que podemos cumplirlos. Si encontramos alguna dificultad en cumplirlos, pidamos a Dios su gracia, e infaliblemente Él nos ayudará y nos hará fácil lo que para nosotros nos resulta difícil y aún imposible. 

Debemos: porque Dios lo quiere, lo manda, y nadie como Él tiene más, ni tanto derecho a ser obedecido. Lo exige el bien común y la sana razón. El código de todos los países civilizados está basado en la ley de Dios. 

Es absolutamente necesario cumplir los mandamientos: porque sólo cumpliéndolos nos libraremos del infierno y conseguiremos el cielo. Basta quebrantar un solo mandamiento en cosa grave para merecer la eterna condenación. 

El pecado 

Pecado es faltar a la ley de Dios. 

El pecado es original y actual.  

Pecado original es aquel con que todos nacemos, heredado de nuestros primeros padres. Se borra con el santo bautismo.

Pecado actual es el que comete voluntariamente quien tiene uso de razón.

El pecado puede cometerse con pensamiento, deseo, palabra, obra y omisión. Omisión quiere decir dejar de hacer aquello a que uno está obligado. 

No todos los pecados son iguales; como entre amigos pueden surgir disgustos pequeños y graves, así también sucede entre Dios y el hombre. 

Los disgustos pequeños no rompen la amistad, pero sí los graves. 

El pecado actual puede ser mortal y venial

Pecado mortal es faltar a la ley de Dios en materia grave, con plena advertencia y pleno consentimiento. 

Materia grave significa cosa de importancia. 

Plena advertencia significa que el entendimiento se dé cuenta claramente de que la cosa es mala. No peca, por falta de advertencia, quien come carne en día prohibido, porque no sabe o no recuerda que es día de abstinencia.  

Pleno consentimiento significa que la voluntad sea del todo libre. Un sueño malo, de por sí, no es pecado, porque cuando uno duerme no es libre para hacer el bien o el mal. En donde no hay libre voluntad, no hay pecado. No peca quien hace algo malo sin querer. Es imposible pecar sin querer.

Sin embargo, pecaría quien, por encontrarse amenazado de muerte u otro mal grave, cometiera una acción mala por su naturaleza, como insultar a Dios, abandonar la verdadera religión, etc. 

Para que haya pecado no es necesario querer directamente ofender a Dios. Sólo el demonio u hombres semejantes al demonio pueden querer directamente ofender a Dios. Lo que se intenta, al pecar, es sólo satisfacer la pasión, el capricho. Para que haya pecado, ni siquiera es necesario pensar que se ofende a Dios; basta hacer libremente algo ilícito, dándose cuenta que aquello no se debe hacer, porque es malo. 

Quien hace mal sin saberlo por ignorancia culpable, peca; por ejemplo, un médico que «ignore» la malicia del aborto. Hoy en día, con tanta información a nuestro alcance, es difícil encontrarse en «ignorancia invencible» o inculpable, puesto que cada vez es más fácil conocer. Pensemos en la obviedad de la malicia del aborto. Sólo aquellas personas que realmente están incapacitadas de obtener un conocimiento concreto sobre algo, estarían excusadas. Quizás alguna enfermedad mental, o una clara imposibilidad de información.

Quien ejecuta un acto, dudando si es lícito, peca. El que duda si un acto es lícito o ilícito debe averiguar antes; y no puede efectuarlo sin saber que es lícito. El medio más práctico para averiguar si un acto es lícito, es preguntar al confesor. (Confesores buenos, que defiendan la sana doctrina de la Iglesia Católica, y no los «curas modernistas»)

Quien hace algo lícito, pero creyendo por error que es ilícito, peca. 

El pecado mortal se perdona de dos maneras:  

1º- Confesándose.  

2º- Haciendo un acto de contrición perfecta con el propósito de confesarse.  

El pecado grave se llama mortal, porque quita al alma la vida sobrenatural de la gracia santificante. 

Pecado venial es faltar a la ley de Dios de materia leve; o en cosa grave, pero sin plena advertencia o pleno consentimiento.

Se llama pecado venial, esto es, perdonable, porque no quita la gracia de Dios, y se perdona fácilmente. El pecado venial se perdona arrepintiéndose de haberlo cometido.   

EL PECADO ES EL MAYOR DE TODOS LOS MALES    

Debemos temer todo pecado como el mayor de todos los males. El pecado es el mal contra Dios; porque le quita la obediencia y el honor que le son debidos. 

Si Dios fuera capaz de pena, el pecado se la causaría. 

El pecado, el mal contra Dios, es un mal infinito, por ser infinita la dignidad de Dios ofendido. Todos los demás males son males de las criaturas; mas todas las criaturas, comparadas con Dios, son como nada; por consiguiente, todos sus males son como nada comparados con el mal contra Dios. 

Por esto, aun para librar de la peste al mundo entero, (como con las supuestas vacunas «salvadoras», pero que contienen células de fetos abortados), jamás sería lícito cometer el más mínimo pecado. Nunca puede ser lícito cometer un pecado; pues si alguna vez fuera lícito, ya no sería pecado. De hecho: ¿en qué quedamos? ¿Estamos en contra del aborto, pero a favor de vacunas con células de abortos? Jamás se puede ir en contra de la Santa Ley de Dios sin pecar. Y jamás un fin bueno puede permitir un medio malo, como en este caso, el medio del aborto, que es sumamente grave. Lo dicho, contradice la «doctrina» de la Iglesia modernista, pero no la doctrina de Dios.


Y más recientemente, Monseñor Strickland, no tuvo ningún reparo en afirmar algo semejante:

“No extenderé mi vida utilizando niños asesinados».


El pecado es un mal para el hombre mismo, porque le quita la eterna felicidad, que es su último fin. Ningún otro mal causa más fatales consecuencias. 

MALICIA DEL PECADO MORTAL 

El pecado mortal es una ofensa grave al Dios de Majestad infinita; por consiguiente, es una injuria infinita. El hombre que comete pecado mortal se rebela contra Dios: si no con palabra, con sus obras, dice: «No quiero servir a Dios; no quiero hacer lo que Él manda». 

El hombre, si se le compara con Dios, es infinitamente menos que un gusano comparado con todo el universo. ¿Un ser tan vil se atreve a rebelarse contra Dios? ¿Por qué? Por una pasión baja que no quiere dominar y, muchas veces, por cosas de ningún valor. 

Todo el que comete pecado mortal ama más a sí mismo y a las criaturas que a Dios; pues disgusta gravemente a Dios, para complacerse a sí mismo o a otros. 

¡Pecar!… ¡Ofender a Dios en su misma presencia!… ¡es el colmo del atrevimiento! A lo menos para pecar, buscad un lugar donde Dios no esté. ¡Pero ese lugar no existe! 

Quien comete un pecado mortal es el ser más ingrato: Todo lo que el hombre tiene, Dios se lo ha dado y se lo conserva, y sin embargo, el pecador lo emplea para ofenderle. 

El que comete pecado mortal se hace esclavo de las pasiones y apetitos contrarios a la razón. 

N. S. Jesucristo, para librarnos de los pecados, aceptó los males de pena, y muy grandes, pero no el mal de culpa. Jesús NO FUE CULPABLE. El pecado mortal ha sido la causa de que Jesús sufriera los más crueles tormentos en su pasión santísima. 

Un solo pecado mortal cambió a unos Ángeles hermosísimos en demonios feísimos. 

Un solo pecado mortal, el de Adán, cambió el mundo, de un paraíso de delicias y goces, en un valle de lágrimas y dolores.

CONSECUENCIAS DEL PECADO MORTAL 

El pecado mortal: 

1º- Nos aparta de Dios y nos priva de su amor y amistad. 

2º- Nos quita los méritos y el derecho a la gloria. 

3º- Nos hace merecedores de la eterna condenación. 

CONSECUENCIAS DEL PECADO VENIAL  

Debemos evitar también los pecados veniales, porque: 

1º- El pecado venial es una ofensa que se hace a Dios. 

2º- Impide muchas gracias que el Señor nos concedería. 

3º- Todo pecado venial atrae varios castigos de Dios en esta vida y en la otra. 

4º- Poco a poco conduce al pecado mortal. 

Por lo tanto: ¡JAMÁS PECAR! 

Sólo el pecado es el verdadero mal, pues los demás males pueden traernos grandes bienes, porque nos ayudan a conseguir mayores premios para el cielo. Sólo el pecado, si es grave, nos separa de Dios, nuestro Sumo Bien; y si es leve, retarda nuestra entrada en el cielo y nos priva de muchas gracias. 

Evitemos, pues, todo pecado, cueste lo que cueste. Digamos a menudo: primero morir que pecar.  


Si por cada vez que el hombre cometiera un pecado, tuviera que pagar una gran multa o recibir un gran castigo corporal ¿no es verdad que todos tendrían un cuidado sumo en no cometer pecados? Con mayor razón debemos abstenernos del pecado por no ofender a Dios, por no perder el cielo, por no merecer los castigos temporales y eternos. 

MEDIOS PARA EVITAR EL PECADO 

1º- En las tentaciones, acudir a Dios y a la Santísima Virgen con fervorosas oraciones jaculatorias, pensando que Dios está presente en todo lugar. 

2º- Leer algún libro bueno y hacer unos minutos de meditación cada día. 

3º- Acordarse a menudo de la muerte, juicio, infierno y gloria.

4º- Cada noche, al acostarse, hacer examen de conciencia, y pedir a Dios perdón de las faltas cometidas durante el día. 

5º- Frecuentar los Santos Sacramentos.

Conclusión:

Con estas reflexiones tan profundas tenemos suficiente material como para decidirnos a no pecar más. ¿Cuántos argumentos más necesitaremos para convencernos?

En esta lección hemos aprendido a no ofender a Dios, como decíamos, que en términos más positivos, sería lo mismo que «ser felices», ya que estaríamos eligiendo al Sumo Bien, única fuente verdadera de felicidad. Es muy simple, es muy claro. Ahora, es el turno de la voluntad.

Que Dios os bendiga y os ilumine

Formación con Luis Maria

Ejército Remanente...

jueves, 6 de marzo de 2025

LaConfesion...

El Beneficio de la Confesión -P. Loring

 Importante vídeo (Ahora que los sacerdotes ya no nos hablan de la confesión en las homilías). La confesión es el primer paso para recuperar la Gracia. Si no estamos en Gracia seremos unos desgraciados y Dios no podrá desplegar al completo su plan sobre nosotros. No esperéis a que sea demasiado tarde.

Transcribo una buena reflexión de Raúl Rodríguez del canal Raúl Rodríguez News

ACUDIR A CONFESARSE

Llevo meses diciendo a los que me llaman o me escriben para consultarme problemas suyos personales, que por favor se confiesen, que acudan cuantos antes a recibir el sacramento de la confesión. “Es que yo me confieso ante Dios, no necesito intermediarios”, dicen algunos. Eso no vale amigos, es necesario acudir a confesarse con un sacerdote. Cuando lo digo la mayoría se extrañan, pero cuando se lo explico ven que tiene toda la lógica y muchos se animan y lo hacen. La confesión es el primer paso para recuperar la Gracia. Si no estamos en Gracia seremos unos desgraciados. Cuando no estamos en Gracia, Dios no puede desplegar al completo su plan sobre nosotros.

Yo no atosigo a nadie, yo no ando persiguiendo a la gente para ver si ya se confesaron o no, tampoco les borro de la lista de mis amigos si no lo hacen, faltaría más, yo tengo con muchos de vosotros la misma paciencia que tuvo Dios conmigo en su día, sin embargo me veo en la obligación de decíroslo porque ahora lo más importante es la salvación de las almas. ¿Y por qué es lo más importante? Porque estamos ya en la batalla final, en todo momento nuestra alma ha de permanecer limpia. Más claro no lo puedo decir. Aprovechad que estamos en Cuaresma y llegad resplandecientes a la Semana Santa. El tiempo se agota, no lo olvidéis por favor.

Tengo bastantes testimonios de un buen montón de amigos que acudieron ya a confesarse, os digo que daría casi para un libro contar la dicha infinita que sintieron después de hacerlo. Sus vidas han cambiado desde ese día. El sacerdote no es un psicoanalista, el sacerdote tan sólo es el testigo ya que en realidad nosotros nos confesamos con Dios, sin embargo es necesario arrodillarse ante un hombre que es igual de pecador que nosotros pero que ha sido revestido con el poder de perdonar los pecados. “Todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo”, dijo Jesús.

Pensad en esto que ahora os voy a decir; tantísima gente vacunada incluidos jóvenes y niños, por si esto fuera poco nos están friendo con radiación y con venenos lanzados desde el aire, la comida está a reventar de químicos, ¿es que no os dais cuenta de que nadie sabemos la vida que nos queda por delante? ¿No veis la extraordinaria urgencia de este momento?

Cuando no estamos en Gracia los designios de Dios no se corresponden con los nuestros, es como si los caminos de Dios y nuestros caminos no fueran coincidentes. Sólo se puede caminar por los caminos de Dios si tenemos limpio el corazón. Es necesaria la conversión. Es urgente. No esperéis a que sea demasiado tarde.

UNA BUENA CONFESIÓN

La Iglesia nos propone cinco pasos a seguir para hacer una buena confesión y aprovechar así al máximo las gracias de este maravilloso sacramento.

Estos pasos expresan simplemente un camino hacia la conversión, que va desde el análisis de nuestros actos, hasta la acción que demuestra el cambio que se ha realizado en nosotros.

Oración para antes de la Confesión

Señor, ilumíname para verme tal como Vos me veis y dadme la gracia de arrepentirme, verdadera y efectivamente de mis pecados. Oh Virgen Santísima ayudadme a hacer una buena confesión.

Consideraciones preliminares:

  • ¿Alguna vez dejé de confesar un pecado grave o conscientemente disfracé o escondí el tal pecado?

Nota: Esconder deliberadamente un pecado mortal, invalida la confesión y es igualmente pecado mortal. Recuérdese que la confesión es privada y sujeta a Sigilo Sacramental, lo que quiere decir es pecado mortal que un sacerdote revele a quien quiera que sea, la materia de una confesión y si, cualquier sacerdote hiciere esto, este delito es castigado por la Iglesia, con la excomunión de este sacerdote.

  • ¿Alguna vez fui irreverente con este Sacramento, no examinando mi conciencia con el debido cuidado?
  • ¿Alguna vez dejé de cumplir la penitencia que el sacerdote me impuso?
  • ¿Tengo cualesquiera hábitos de pecado grave que deba confesar pronto en el inicio (por ejemplo impureza, alcoholismo, etc.)?

1. Examen de Conciencia

Ponernos ante Dios que nos ama y quiere ayudarnos. Analizar nuestra vida y abrir nuestro corazón sin engaños. Puedes ayudarte de una Guía para el exámen de Conciencia ADULTOS.

2. Arrepentimiento. Sentir un dolor verdadero de haber pecado porque hemos lastimado al que más nos quiere: Dios.

3. Propósito de no volver a pecar. Si verdaderamente amo, no puedo seguir lastimando al amado. De nada sirve confesarnos si no queremos mejorar. Podemos caer de nuevo por debilidad, pero lo importante es la lucha, no la caída.

4. Decir los pecados al confesor. El Sacerdote es un instrumento de Dios. Hagamos a un lado la “vergüenza” o el “orgullo” y abramos nuestra alma, seguros de que es Dios quien nos escucha.

5. Recibir la absolución y cumplir la penitencia. Es el momento más hermoso, pues recibimos el perdón de Dios. La penitencia es un acto sencillo que representa nuestra reparación por la falta que cometimos.

Leer más: https://www.elgranaviso-mensajes.com/news/una-buena-confesion/

sábado, 15 de febrero de 2025

La admirable Ascencion...



 


LA ASCENSIÓN DE CRISTO A LOS CIELOS: ALGUNAS REFLEXIONES

Hermanos en la fe,

feliz día de la Ascensión de Jesús a los Cielos, solemnidad de la Iglesia.

Querría hacer unas breves reflexiones sobre este dogma, recogido en el Credo de los apóstoles (el credo corto, el más antiguo). Se trata de la Ascensión de Cristo al Cielo en cuerpo y alma. Un dogma que nos asombra, una vez más, por lo que muestra de exceso de Amor de Dios hacia los hombres.

Cristo, después de su Resurrección, se apareció varias veces a sus apóstoles y a otras muchas personas, con su cuerpo resucitado y glorioso. Ese cuerpo tenía características bien conocidas por la teología, que se explican en los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles:

– 1. Impasibilidad: es decir, la propiedad de no poder sufrir, ni padecer enfermedad o muerte. Definiéndola con mayor precisión, es «la imposibilidad de sufrir y morir».

– 2. Sutilidad, sutileza o penetrabilidad: es la propiedad por la cual el cuerpo adquiere una facultad semejante a la de los espíritus en cuanto puede penetrar los cuerpos sólidos sin lesionarse ni lesionar, es decir, poder atravesar otros cuerpos y materia.

– 3. Agilidad: es la capacidad del cuerpo para obedecer al espíritu en todos sus movimientos con suma facilidad y rapidez, pudiendo, por ejemplo, trasladarse a la distancia deseada en forma instantánea.

– 4. Claridad: es el estar libre de todo lo inicuo y rebosar exterior e interiormente hermosura y esplendor.

Así serán los cuerpos de los hombres que resuciten en la Parusía del Señor, porque Cristo es, en todo, modelo y primicia para los hombres. Porque por donde pasó la Cabeza que es Cristo ha de pasar su Cuerpo, que es la Iglesia:
“Así también en la resurrección de los muertos: se siembra corrupción, resucita incorrupción; se siembra vileza, resucita gloria; se siembra debilidad, resucita fortaleza; se siembra un cuerpo natural, resucita un cuerpo espiritual. Pues si hay un cuerpo natural, hay también un cuerpo espiritual” (1 Cor. 15, 42-44).

La segunda persona de la Santísima Trinidad, el Hijo, siendo espíritu divino, bajó del Cielo y se encarnó de María la Virgen, recibiendo un cuerpo y naturaleza humanos, naturaleza que se unía de manera perfecta a la
naturaleza divina, formando una única persona divina. Perfecto Dios, perfecto Hombre.

Dios Padre le preparó un cuerpo a su Hijo para que pudiera sufrir en sus carnes una dolorosísima Pasión, para que pudiera pagar con sus heridas y su sufrimiento la deuda acumulada desde Adán: “Por eso, al entrar en este mundo, dice: Sacrificio y oblación no quisiste; pero me has formado un cuerpo” (Hebreos 10, 5).

Al morir, la deuda queda cancelada y, tras su resurrección, Dios-Hijo sube de nuevo al Cielo, ya sin la carga del pecado, pero llevando algo consigo maravilloso: la naturaleza humana, su cuerpo y alma humanos. Porque también la carne está llamada a ser glorificada y habitar en el Cielo, como tantas veces nos recuerda San Ireneo.

Cristo bien podría haber “usado” temporalmente el cuerpo que le dieron Dios y su Madre María Santísima para sufrir la Pasión, abandonándolo en el sepulcro y subiendo al Cielo tal y como vino, con su espíritu divino. Pero no es ésa la lógica del Amor. Puesto que el Hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, con altísima dignidad, Cristo se lleva consigo lo que tanto ama, este cuerpo nuestro frágil y hecho de barro, glorificado por la Resurrección.
No quiso dejar atrás las llagas y heridas de su Pasión, que son también las nuestras, las que nos causa el pecado, el mundo y la concupiscencia. Y lo hizo así para recordarle al Padre su Amor infinito hacia los hombres. El Hombre, por así decirlo, entra en el Cielo, unido a la naturaleza divina de Cristo. En la idea de bajar desde el Cielo y subir portando consigo la naturaleza humana hay una preciosa idea de rescate del Hombre. Podríamos decir, parafraseando las bellísimas palabras del Padre al hijo pródigo: “Porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; se había perdido y lo hemos encontrado”.

“¡Ecce Homo!», dice Pilato: he ahí al Hombre, llagado y herido de muerte por el pecado, resumido todo él en Cristo, torturado hasta la muerte. Pero no podía acabar ahí, porque ese Hombre machacado por el pecado es luego sanado en la Resurrección y asciende también al Cielo, precioso, perfecto y bello, unido a Cristo.

En resumidas cuentas, podemos decir que Cristo asciende al Cielo en cuerpo y alma, fundamentalmente, por tres razones:

– Primero, para tomar posesión del Reino: Dios Padre le pone por encima de todo nombre, de toda potestad y trono o dominación.

– Segundo: porque sólo desde el Cielo, en unión con su Padre, pudo enviar su Espíritu Santo a los apóstoles y discípulos, y comenzar la labor de evangelización de todo el orbe.

– Tercero, para ser intercesor y mediador entre Dios y los hombres. Porque para Dios Padre son irresistibles las peticiones de su Hijo cuando le muestra las heridas, agujeros y llagas de su Pasión, ya que le recuerdan el Amor que siente por nosotros.

“El castigo de nuestra paz cayó sobre él, y por sus llagas fuimos nosotros curados” (Is. 53, 5).

Fijémonos que Cristo asciende al Cielo a los 40 días, número no casual, que recuerda a los 40 años que Israel vagó por el desierto hasta entrar en la Tierra prometida.

Y es que la ascensión de Cristo es el modelo de lo que será el hombre resucitado, cuando nuestro cuerpo, ya glorioso, se una a nuestra alma en el Cielo. La Ascensión y la carne gloriosa de Cristo nos recuerdan el feliz destino de aquellos bienaventurados que, tras su muerte, sean hallados justos y dignos de salvarse.

Cristo sube solo, por su propio poder (asciende), mientras que María Santísima, pocos años más tarde, le sigue al Cielo, pero ascendida por medio de los ángeles (asunción), ya que Ella es creatura. En esto vemos también cómo María Santísima sigue siempre a su Hijo en todo, también en llevarse su cuerpo al Cielo. Porque sólo hay dos personas en el Cielo con cuerpo: Jesús y María. Dios restituye en ellos la imagen de Adán y Eva, caídos tras el pecado original. Jesús y María son los nuevos Adán y Eva, recreados para salvar al mundo del pecado original y de la muerte.

Cuando Cristo asciende, una nube oculta la vista del Señor a los apóstoles. No es que desaparezca, sino que es un “hasta luego”, un ocultarse a la vista, en algo parecido a como queda su presencia real y sustancial en la hostia consagrada, velada por los accidentes del pan.

Antes de subir, Cristo les dice a los apóstoles que sean sus testigos en el mundo. Ese encargo sólo será posible cuando el Padre cumpla su promesa de enviarles el Paráclito, que procede del Padre y del Hijo, diez días más tarde, en Pentecostés.

Y, finalmente, otra idea: tal y como subió al Cielo Cristo así bajará en su Parusía, dicen los dos ángeles a los apóstoles, al final de los últimos tiempos. Bajará entre nubes, en gloria y majestad, al son de trompetas, como ascendió. Y no falta mucho. Y los mismos pocos que le despidieron serán los pocos que le reciban. ¿Acaso habrá fe sobre la Tierra cuando venga el Hijo del Hombre? (Lc. 18, 8). Sí, en el resto fiel que le espera, los que no hayan apostatado, consagrados al Inmaculado Corazón de María.

Hermanos, espero que estas breves líneas os hayan ayudado a comprender la profundidad maravillosa de este dogma de la Iglesia.

Como vara de almendro...


martes, 28 de enero de 2025

Miedo al Santo Rosario...

Policía! Miedo al Rosario y no a mofarse de la Virgen ¿Masón como su jefe?

El neo cardenal bergogliano Castillo, que DEFENDIÓ la blasfemia a la Virgen María siendo «gran canciller» de la universidad en donde se cometía la inmundicia de «María Maricón», acude a la policía porque hay gente REZANDO el rosario (poderosa arma católica), frente a su casa.

¿Qué os parece?
El recién cardenal bergogliano Castillo, que DEFENDIÓ la blasfemia a la Virgen María siendo «gran canciller» de la universidad en donde se cometía tal inmundicia, acude a la policía porque hay gente REZANDO el rosario (poderosa arma católica), frente a su casa.

Un grupo de católicos se congregó pacíficamente frente a la casa del arzobispo de Lima para rezar un rosario en reparación al Inmaculado Corazón de María, tras la controversia generada por la blasfema obra teatral «María Maricón».

La ‘obra’, programada en la Universidad Pontificia Católica del Perú (PUCP), había sido acusada de ofender símbolos religiosos y de faltar al respeto a la Virgen María.

Tras la cobarde posición del arzobispo de Lima, una veintena de católicos se congregaron a las puertas de la casa del cardenal Castillo para rezar el Rosario como acto de reparación. La situación se tornó polémica cuando el cardenal Carlos Castillo, arzobispo de Lima, respondió a esta manifestación espiritual solicitando la intervención de la policía para disuadir el acto pacífico de oración. Según los asistentes, la acción del prelado generó desconcierto e indignación entre los fieles, quienes afirmaron estar ejerciendo su derecho a la expresión religiosa de manera respetuosa.

El incidente se suma al clima de tensión que ha rodeado la programación de la obra teatral. Inicialmente, la PUCP emitió disculpas públicas y suspendió el evento tras las críticas de la Conferencia Episcopal Peruana, diversos políticos y el Ministerio de Cultura. Sin embargo, la postura del cardenal Castillo, quien afirmó que no existió intención de ofender y defendió la continuación de la obra tras la corrección del cartel considerado blasfemo, exacerbó las divisiones entre los fieles.

«Esa eminencia debe irse de nuestra patria urgentemente, nadie lo quiere por permitir semejante ofensa contra Nuestra Madre», ha afirmado el coordinador del Rosario de Hombres de Perú.

El rezo del rosario fue interpretado por muchos como un acto de reparación y defensa de los valores católicos frente a lo que consideraron un agravio, mientras que la reacción del cardenal ha avivado el debate sobre la relación entre la Iglesia y los fieles en temas de libertad de expresión y respeto a los símbolos religiosos.

Monseñor quiere hacer una Iglesia desacralizada, sin jerarquías ni estructuras, igualitaria y al servicio del comunismo. Lo que en los años 70 otros grupos infiltrados en la Iglesia querían hacer. Esto se llama autodemolición de la Iglesia llevada a cabo por el mismo pastor.

Quiere que los laicos hagan de Párrocos y los curas a estudiar…. Según él son formas más igualitarias para demoler la Iglesia.

Mirad como maltrata a los fieles. ¿Habría que llamar también a la policía?

Hoy día en la Misa celebrada en la Catedral de Lima, el Arzobispo Carlos Castillo le negó la Comunión a dos fieles quienes de forma respetuosa y reverencial quisieron recibir la Sagrada Eucaristía en la boca y de rodillas.

EL MISMO PERSONAJE EN AMBOS VIDEOS… nombrado cardenal por el antipapa Francisco.

Infovaticana

El Templario

EJÉRCITO REMANENTE...