martes, 16 de julio de 2024

Nuestra Señora Del Carmen.....

 

"También yo llevo sobre mi corazón, desde hace tanto tiempo, el Escapulario del Carmen! Por ello, pido a la Virgen del Carmen que nos ayude a todos los religiosos y las religiosas del Carmelo y a los piadosos fieles que la veneran filialmente, para crecer en su amor e irradiar en el mundo la presencia de esta Mujer del silencio y de la oración, invocada como Madre de la misericordia, Madre de la esperanza y de la gracia". Juan Pablo II

El Carmelo era sin duda, el monte donde numerosos profetas rindieron culto a Dios. Los principales fueron Elías y su discípulo Eliseo, pero existían también diferentes personas que se retiraban en las cuevas de la montaña para seguir una vida eremítica. Esta forma de oración, de penitencia y de austeridad fue continuada siglos más tarde, concretamente en el III y IV, por hombres cristianos que siguieron el modelo de Jesucristo y que de alguna forma tuvieron al mismo Elías como patrón situándose en el valle llamado Wadi-es-Siah.

A mediados del siglo XII, un grupo de devotos de Tierra Santa procedentes de Occidente -algunos creen que venían de Italia-, decidieron instalarse en el mismo valle que sus antecesores y escogieron como patrona a la Virgen María. Allí construyeron la primera iglesia dedicada a Santa María del Monte Carmelo. Desde su monasterio no quisieron crear una nueva forma de culto mariano, ni tampoco, el título de la advocación, respondía a una imagen en especial.

Quisieron vivir bajo los aspectos marianos que salían reflejados en los textos evangélicos: maternidad divina, virginidad, inmaculada concepción y anunciación. Estos devotos que decidieron vivir en comunidad bajo la oración y la pobreza, fueron la cuna de la Orden de los Carmelitas, y su devoción a la Virgen permitió que naciera una nueva advocación: Nuestra Señora del Carmen.

El devoto de la Virgen del Carmen procurará cada día -cuando mejor pueda- hacer esta consagración a su Madre:

"¡Oh María, Reina y Madre del Carmelo! Vengo hoy a consagrarme a Ti, pues toda mi vida es como un pequeño tributo por tantas gracias y beneficios como he recibido de Dios a través de tus manos.

Y porque Tú miras con ojos de particular benevolencia a los que visten tu escapulario, te ruego que sostengas con tu fortaleza mi fragilidad, ilumines con tu sabiduría las tinieblas de mi mente y aumentes en mí la fe, la esperanza y la caridad, para que cada día pueda rendirle el tributo de mi humilde homenaje.

El santo escapulario atraiga sobre mí tus miradas misericordiosas, sea para mí prenda de tu particular protección en luchas de cada día y constantemente me recuerdes el deber de pensar en Ti y revestirme de tus virtudes.

De hoy en adelante me esforzaré por vivir en suave unión con tu espíritu, ofrecerlo todo a Jesús por tu medio y convertir mi vida en imagen de tu humildad, caridad, paciencia, mansedumbre y espíritu de oración.

¡Oh, Madre amabilísima! Sostenme con tu amor indefectible, a fin de que a mí, pecador indigno, me sea concedido un día cambiar tu escapulario por el eterno vestido nupcial y habitar contigo y con los santos del Carmelo en el reino de tu Hijo". Amén

ORACIÓN A LA VIRGEN DEL CARMEN

Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre también de los pecadores y especial Protectora de los que visten tu sagrado Escapulario, por lo que su Divina Majestad te engrandeció, escogiéndote para verdadera Madre suya, te suplico me alcances de tu querido Hijo, el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida, la salvación de mi alma, el remedio de mis necesidades, el consuelo de mis aflicciones y la gracia especial que te pido en esta Novena, si conviene para su mayor honra y gloria y bien de mi alma; que yo, Señora, para conseguirlo me valgo de vuestra intercesión poderosa.

Quisiera tener el espíritu de todos los ángeles, santos y justos a fin de poder alabarte dignamente y uniendo mi voz con sus afectos, te saludo una y mil veces diciendo: (Tres Avemarías).

Virgen Santísima del Carmen, yo deseo que todos sin excepción, se cobijen bajo tu sombra protectora de tu Santo Escapulario y que todos estén unidos a Ti Madre Mía, por los estrechos y amorosos lazos de ésta tu querida insignia.

¡Oh Hermosura del Carmelo! Míranos postrados reverentes ante su sagrada imagen y concédenos benigna tu amorosa protección. Te encomiendo las necesidades de nuestro Santísimo Padre el Papa y la Iglesia Católica, nuestra Madre, así como las de mi nación y las de todo el mundo, las mías propias y las de mis parientes y amigos.

Mira con ojos de compasión a tantos pobres pecadores, herejes y cismáticos, cómo ofenden a tu Divino Hijo y a tantos infieles cómo gimen en las tinieblas del paganismo. Que todos se conviertan y te amen, Madre Mía, como yo deseo amarte ahora y por toda la eternidad. Amén.

SÚPLICA PARA TIEMPOS DIFÍCILES

"Tengo mil dificultades: ayúdame.
De los enemigos del alma: sálvame.
En mis desaciertos: ilumíname.
En mis dudas y penas: confórtame.
En mis enfermedades: fortaléceme.
Cuando me desprecien: anímame.
En las tentaciones: defiéndeme.
En horas difíciles: consuélame.
Con tu corazón maternal: ámame.
Con tu inmenso poder: protégeme.
Y en tus brazos al expirar: recíbeme.
Virgen del Carmen, ruega por nosotros.
Amén."


ACCIÓN DE GRACIAS Y OFRECIMIENTO

¡Oh Virgen Santa del Carmen! Jamás podremos corresponder dignamente a los favores y gracias que nos has hecho al darnos tu santo Escapulario. Acepta nuestro sencillo, pero hondamente sentido, agradecimiento y, ya que nada te podemos dar que sea digno de Ti y de tus mercedes, ofrecemos nuestro corazón, con todo su amor, y toda nuestra vida, que queremos emplear en el amor y servicio de tu Hijo Señor nuestro, y en propagar tu dulce devoción, procurando que todos nuestros hermanos en la fe, con los cuales la divina Providencia nos hace convivir y relacionar, estimen y agradezcan tu gran don, vistiendo el santo Escapulario, y que todos podamos vivir y morir en tu amor y devoción. Amen.


GOZOS A LA VIRGEN DEL CARMEN

Prodigioso y admirable
Imán de nuestro desvelo;
Nubecilla del Carmelo,
Sednos protectora y Madre.Salve, Reina de los, cielos,
De misericordia Madre,
Vida y dulzura divina;
Esperanza nuestra, Salve;
Nubecilla etc.Dios te Salve, Templo hermoso
Del divino Verbo en carne,
Sálvete Dios, Madre Virgen,
Pues eres Virgen y Madre;
Nubecilla etc.Volvednos, Madre piadosa,
Vuestros ojos admirables,
Y mirad por vuestros hijos,
Pues que sois piadosa Madre;
Nubecilla etc.Socorrednos, pues escucha
Que en las penas y combates
A ti suspiramos todos
En este lloroso valle;
Nubecilla etc.Mostradnos a vuestro Hijo
De Josafat en el Valle,
Piadoso, pues que nació
De ese cristal admirable;
Nubecilla etc.Rogad por vuestros devotos
A la bondad inefable;
Pues murió para salvarnos,
Por su clemencia nos salve;
Nubecilla del Carmelo,
Sednos protectora y Madre.

V. Ruega por nos, santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo.


ORACIÓN

Oh Dios, que adornaste a la Orden de la Beatísima siempre Virgen y Madre tuya María con el singular título del Carmelo: concede propicio que escudados con los auxilios de aquella cuya conmemoración celebramos, seamos dignos de llegar a los gozos eternos. Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos. Así sea.

Concluir cada día con tres avemarías.

A los que viven y mueren llevando el Santo Escapulario.

El Santo Escapulario es el gran don que María, omnipotente ante su Hijo Dios, toda corazón para con sus hijos, los hombres tesorera de todas las gracias, nos trajo del cielo, haciéndonos en él las más preciosas promesas que pudiéramos desear. Muy bien ha sido llamado el SACRAMENTO DE MARIA.

"La creencia general del mundo católico, dice el sabio jesuita P. Clarke, la promulgación de la Iglesia doncente, la aceptación de la iglesia discente, o sea, los fieles, nada falta de lo que puede probar el origen sobrenatural del Escapulario".

"Su misma nobleza de origen, decía el Papa León XIII, su venerada antigüedad, su extraordinaria propagación, así como los saludables efectos de piedad por él obtenidos, y los insignes milagros obrados por su virtud, lo recomiendan con el mayor encarecimiento". A él ha vinculado la Virgen dos maravillosas promesas:

Primera promesa

Es la gran promesa, el privilegio de preservación o exención del infierno para cuantos mueren revestidos con el Escapulario Carmelitano. Orando con fervor a la Virgen S. Simón Stock, General de la Orden Carmelitana, apareciósele circundada de ángeles la Stma. Virgen (15 de Julio de 1251) y entregándole, como prenda de su amor maternal y de ilimitado poder, el Santo Escapulario, prometióle que cuantos murieren revestidos de él no se condenarían. Las palabras de la Virgen fueron éstas: "El que muriere con el Escapulario no padecerá el fuego del infierno".

Segunda promesa

Estando orando el Papa Juan XXIII, se le apareció la Virgen, vestida del hábito carmelitano, y le prometió sacar el purgatorio del sábado después de la muerte al que muriese con el Escapulario. María dijo al Papa: "Yo Madre de misericordia, libraré del purgatorio y llevaré al cielo, el sábado después de la muerte, a cuantos hubieses vestido mi Escapulario".

Tal es el privilegio Sabatino, otorgado por la Reina del Purgatorio, a favor de sus cofrades carmelitas, el Papa Juan XXII y promulgado por éste en la Bula Sabatina (3 de Marzo de 1322) aprobada después por más de veinte Sumos Pontifices.

Por él, el Sábado siguiente a la muerte de los cofrades carmelitas, o como lo interpreta la iglesia, cuanto antes, pero especialmente el sábado, según declaración del Paulo V, la Virgen del Carmen, con cariño maternal, los libra de la cárcel expiatoria y los introduce en el Paraíso. El Papa Paulo V expidió el 20 de enero de 1613 el Sgte. Decreto:

"Permítase a los Padre Carmelitas predicar que el pueblo cristiano puede piadosamente creer que la Bienaventurada Virgen María con sus intececiones continuas, piadosas sufragios y méritos y especial protección, ayudara después de la muerte, principalmente el sábado, día a ella dedicado, a las almas de sus cofrades que llevaren el habito carmelitano".

Condiciones para ganar estos privilegios

Para merecer la primera Promesa de la perseverancia final, se requiere haber recibido el Escapulario de manos de sacerdote, llevarlo siempre puesto, especialmente en la hora de la muerte, e inscribir el nombre en el libro de la cofradía.

Para ganar la segunda Promesa, el privilegio Sabatino, sobre los tres requisitos anteriores, se exige guardar castidad, según el propio estado, rezar siete padrenuestros, 7 avemarías y 7 glorias.

Guardar abstinencia (si pueden hacerlo) los miércoles y los sábados; esta obligación puede un confesor conmunitarla por otros rezos.

1. ¿Qué es?

El escapulario del Carmen es el signo externo de devoción mariana, que consiste en la consagración a la Santísima Virgen María por la inscripción en la Orden Carmelita, en la esperanza de su protección maternal.
El distintivo externo de esta inscripción o consagración es el pequeño escapulario marrón.

El escapulario del Carmen es un sacramental, es decir, según el Concilio Vaticano II, "un signo sagrado según el modelo de los sacramentos, por medio del cual se significan efectos, sobre todo espirituales, que se obtienen por la intercesión de la Iglesia". (S.C.60).

2.- Origen y propagación

A finales del siglo XII o principio del XIII nacía en el monte Carmelo, de Palestina, la Orden de los Carmelitas. Pronto se vieron obligados a emigrar a Occidente. En Europa, tampoco fueron muy bien recibidos por todos. Por ello el Superior General de la Orden, San Simón Stock, suplicaba con insistencia la ayuda de la Santísima Virgen con esta oración:

Flos Carmeli
Vitis Florigera
Splendor coeli
Virgo puerpera
Singularis y singular
Mater mitis
Sed viri nescia
Carmelitis
Sto. Propitia
Stella maris
Flor del Carmelo
viña florida
esplendor del Cielo
Virgen fecunda
¡Oh madre tierna!
intacta de hombre
a los carmelitas
proteja tu nombre
(da privilegios)
Estrella del mar.

 

En 1251, la Bienaventurada Virgen María, acompañada de una multitud de ángeles, se apareció a San Simón Stock, General de los Carmelitas, con el escapulario de la Orden en sus manos, y le dijo: "Tú y todos los Carmelitas tendréis el privilegio, que quien muera con él no padecerá el fuego eterno"; es decir, quien muera con él, se salvará.

Este relato lo encontramos ya en un santoral de fines del siglo XIV, que sin duda lo toma de códices más antiguos. En el mismo siglo XIII Guillermo de Sandwich O.C. menciona en su "Crónica", la aparición de la Virgen a San Simón Stock prometiéndole la ayuda del Papa.

La promesa del escapulario es de tal trascendencia, que precisamente por ello suscitó fuerte oposición.

3. Significado del Escapulario

Al vestir el escapulario, y durante toda la vida, es muy importante que sepamos apreciar su profundo y rico significado, como pertenencia a una Orden, a la del Carmen, con obligación de vivir según su rica espiritualidad y su propio carisma. Quien viste el escapulario debe procurar tener siempre presente a la Santísima Virgen y tratar de copiar sus virtudes, su vida y obrar como Ella, María, obró, según sus palabras: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra".

El escapulario del Carmen es un MEMORIAL de todas las virtudes de María. Así lo recordaba a todos: religiosos, terciarios, cofrades. "Que forman, por un especial vínculo de amor, una misma familia de la Santísima Madre", el Papa Pío XII, el 11.2.1950.

Reconozcan en este memorial de la Virgen un espejo de humildad y castidad.

  • Vean, en la forma sencilla de su hechura, un compendio de modestia y candor.

  • Vean, sobre todo, en esta librea que visten ida y noche, significada, con simbolismo elocuente, la oración con la cual invocan el auxilio divino.

  • Reconozcan, por fin, en ella su consagración al Sacratismo Corazón de la Virgen Inmaculada, s recientemente recomendada".

Cada escapulario tiene sus privilegios o gracias particulares, pero todos pueden sustituirse por la medalla-escapulario (cfr. Decreto de 16-XII-1910). Sería falta de fe en la autoridad suprema del Vicario de Cristo que confiere a esta medalla tal privilegio, creer que vale menos, para ganar las promesas, llevar la medalla que los trozos de paño (aunque en determinados casos, por otras razones externas de mayor visibilidad, etc., puede ser preferible el escapulario de paño).

La medalla-escapulario debe tener por una parte la imagen de Jesús con el Corazón, y por la otra una imagen de la Virgen bajo cualquier advocación. Lo mismo que los escapularios ha de estar bendecida por un sacerdote.

4. Valor de la promesa del Escapulario

Es doctrina católica, repetida por el Concilio Vaticano II: "El conjunto de los fieles, porque tiene la unción del Espíritu Santo (cfr. 1 Jn. 2, 20-27) no puede equivocarse cuando cree, y esta peculiar propiedad suya la manifiesta por el sentido sobrenatural de fe de todo el pueblo cuando, desde los Obispos hasta los últimos fieles, presta su consentimiento universal en lo referente a la fe y costumbres. Con este sentido de fe... y bajo la guía del sagrado Magisterio... se adhiere infaliblemente a ella, con certero juicio la penetra más profundamente y la aplica más plenamente a la vida" (L.G. 12).

Esta precisa y espléndida formulación conciliar no puede ser más explícita. Y es que la misma prerrogativa de infalibilidad concedida por Jesús a su Vicario mediante la asistencia del Espíritu Santo, tiene precisamente como finalidad que el conjunto del Pueblo de Dios, su Iglesia y Cuerpo místico, no se equivoque, por ejemplo, con una devoción aceptada por todos.

En consecuencia: Si la promesa del Escapulario aplicada a todos los fieles (proceda de la visión de San Simón Stock o de donde sea) no fuese verdadera, el Espíritu Santo no hubiera permitido que la Iglesia, el conjunto del Pueblo de Dios, la tuviese por cierta. Para muchos la prueba es irrefutable, ni para ello es necesaria una definición del Magisterio Supremo. Aunque sí hubo controversias y fueron dirimidas por la Santa Sede

5.- Privilegio sabatino

El Escapulario del Carmen además de la promesa de salvación para quienes mueran con él, lleva también consigo el llamado privilegio sabatino.

Según la tradición, a la muerte de Clemente V (1314), en el cónclave que duró dos años y tres meses, la Santísima Virgen se apareció al Cardenal Jaime Duesa, muy devoto de ella, y le anunció que sería Papa con el nombre de Juan XXII, y añadió: "Quiero que anuncies a los Carmelitas y a sus Cofrades: los que lleven puesto el Escapulario, guarden castidad conforme con su estado, y recen el oficio divino, - o los que no sepan leer se abstengan de comer carne los miércoles y sábados -, si van al purgatorio Yo haré que cuanto antes, especialmente el sábado siguiente a su muerte sean trasladadas sus almas al cielo".

Se ha escrito mucho sobre la "Bula sabatina", que en ese sentido publicó Juan XXII, pero no hay suficientes pruebas documentales de ella. Sin embargo en el siglo XV es muy citada, por ejemplo por el seudopapa Alejandro V (elegido por el Concilio de Pisa, después de haber éste destituido a Gregorio XII y Benedicto XIII, para acabar con el cisma; pero es claro que uno de ellos debía ser legítimo, y un concilio no puede destituirle, sin embargo algunos, como San Roberto Belarmino, consideran a Alejandro V Papa verdadero, y el próximo Alejandro se tituló VI); aunque su bula de 7-07-1409 confirmando el Escapulario no tenga valor magisterial, es interesante su testimonio de que conocía la de Juan XXII. Esta también fue citada por Sixto IV (1-04-1477), Clemente VII (1530) y San Pío V (1566) - quienes además citan y confirman la de Alejandro V -; etc.

En las citas de la "Bula sabatina" por los diversos autores, se encuentran diversas lecturas de ella (lo que prueba que no dependen de un solo documento inmediato). Por ejemplo, algunos en vez de ser "sábado" cuando la Virgen socorre a los cofrades del purgatorio leen "súbito" (cuanto antes), lo que parece una errata de transcripción, aunque así ha pasado a la liturgia y a las encíclicas de Pío XII.

El privilegio sabatino fue muy impugnado, no histórica, sino teológicamente, llegando el Inquisidor General de Portugal, en 1609, a prohibir a los Carmelitas el predicarlo. Estos apelaron al Romano Pontífice, quien confió la causa al Santo Oficio, y por fin, en 1613 dio un decreto renovado literalmente por Inocencio XI (1678), San Pío X (1908) y Pío XI (1922). En él se estableció: se permite a los PP. Carmelitas predicar que el pueblo cristiano puede creer... (sigue lo dicho antes).

Pío XII en su citada Carta Magna del Escapulario del Carmen de 1950, enseña: "A la verdad, no dejará la piadosísima Madre que sus hijos que expían sus culpas en el purgatorio, no consigan cuanto antes la vida eterna por su intervención delante de Dios, en conformidad con el privilegio sabatino".

En resumen: el privilegio sabatino consiste en que la Santísima Virgen sacará del purgatorio cuanto antes, especialmente el sábado después de su muerte, a quienes hayan muerto con el Escapulario y durante su vida hayan guardado castidad según su estado y rezado todos los días el oficio parvo. (Este se puede sustituir por la Liturgia de las Horas o por la abstinencia de carne los miércoles y sábados, o un sacerdote con facultad para ello, lo puede conmutar por otra obra piadosa, v.gr. el rezo diario del Rosario). Si uno peca contra la castidad o deja un día de hacer la obra prescrita, podrá recuperar el privilegio al confesarse y cumplir la penitencia (de manera semejante a como se recuperan los méritos perdidos por el pecado mortal, lo cual parece casi excesiva generosidad de Dios, pero es doctrina católica).

La certeza de este privilegio más que histórica, como decíamos del Escapulario, está fundada en la potestad de la Iglesia que así lo propone y recomienda. Sería temerario y ofensivo para la Iglesia, cuya Cabeza es Cristo y su alma vivificante el Espíritu Santo, creer que comete una equivocación secular y universal en algo que pertenece a la doctrina y vida cristiana.

En 1950 recordaba Pío XII: "Ciertamente, la piadosa Madre no dejará de hacer que los hijos que expían en el Purgatorio sus culpas, alcancen lo antes posible la patria celestial por su intersección, según el llamado privilegio sabatino, que la tradición nos ha trasmitido" con estas palabras:

"Yo, su Madre de Gracia, bajaré el sábado después de su muerte y a cuantos - religiosos, terciarios y cofrades - hallaré en el Purgatorio los liberaré y los llevaré al monte santo de vida eterna".

6.- Protección maternal

Por su profundo simbolismo mariano, por los grandes privilegios y por el gran amor y privilegiada asistencia, que ha manifestado a través de los siglos la Santísima Virgen del Carmen a quienes visten devotamente su escapulario, es lo que tan prodigiosamente se ha extendido por doquier esta piadosa devoción de vestir su escapulario.

Sobre todo por su rico simbolismo: ser hijo de María, ver en él todas las virtudes de María, ser símbolo de nuestra consagración filial a la Madre Amable. Por Morir en gracia de Dios, quien lo vista piadosamente.

  • Por que saldrá del Purgatorio cuanto antes quien muera devotamente con él.

  • Por llegar su protección a todos los momentos de la vida, a la muerte y aún más alla". En la vida protejo; en la muerte ayudo, después de la muerte salvo, con sus credenciales.

  • Por los innumerables prodigios que ha obrado.

  • Por las relaciones con sus apariciones mas recientes en Lourdes y Fátima.

Por las muchas indulgencias que disfrutan quienes visten este escapulario.


7.- Indulgencias

He aquí las indulgencias plenarias y parciales para los que visten el escapulario.

A).- Indulgencias plenarias.-

1. El día que se viste el escapulario y el que es inscrito en la Tercera Orden o Cofradía.

2. En estas fiestas:

a) Virgen del Carmen (16 de Julio o cuando se celebre);
b) San Simón Stock (16 de mayo);
c) San Elías Profeta (20 de Julio);
d) Santa Teresa de Jesús (15 de Octubre),
e) Santa Teresa del Niño Jesús (1 de octubre);
f) San Juan de la Cruz (14 de Diciembre);
g) Todos los Santos Carmelitas (14 de Noviembre).

B).- Indulgencias Plenaria el día del Carmen.- El día del Carmen, 16 de Julio, o en la fecha que exactamente se celebre, tiene concebida una indulgencia plenaria.

C).- Indulgencia parcial.- Se gana indulgencia parcial por usar piadosamente el santo escapulario. Se puede ganar no sólo por besarlo, sino por cualquier otro acto de afecto y devoción. Y sólo al escapulario, sino también a la medalla-escapulario.


8.- Recomendación pontificia

Desde el siglo XVI -que es cuando se extiende por toda la cristiandad el uso del escapulario del Carmen- casi todos los Papas lo han vestido y propagado. El Papa Juan Pablo II, que es terciario carmelita, ha recordado en diversas ocasiones que viste con devoción, desde niño, el escapulario del Carmen.

El Escapulario y la Virgen de Fátima:

Es evidente que la Virgen María quiere revelarnos de manera especial el escapulario. Reporta Lucia (vidente de Fátima, hoy Hermana María del Inmaculado Corazón), que en la última aparición (Octubre, 1917, día del milagro del sol), la Virgen vino vestida con el hábito carmelita y con el escapulario en la mano y recordó que sus verdaderos hijos lo llevaran con reverencia.

También pidió que los que se consagraran a ella lo usaran como signo de dicha consagración.

El escapulario y los Papas

El Beato Papa Gregorio X fue enterrado con su escapulario solo 25 años después de la Visión del Escapulario. 600 años mas tarde cuando abrieron su tumba, su escapulario estaba intacto.

El Papa Pío XII habló frecuentemente del escapulario. En 1951, aniversario 700 de la aparición de Nuestra Señora a San Simón Stock, el Papa ante una numerosa audiencia en Roma exhortó a que se usara el escapulario como "Signo de Consagración al Inmaculado Corazón de María" (tal como pidió la Virgen en Fátima).

El escapulario también representa el dulce yugo de Jesús que María nos ayuda a sobrellevar. Y finalmente, el Papa continuó: el escapulario nos marca como hijos escogidos de María y se convierte para nosotros (como lo llaman los alemanes) en un 'Vestido de Gracia".

Juan Pablo II ha reconocido que él mismo lleva el escapulario desde sus años de juventud. "¡También yo llevo sobre mi corazón, desde hace mucho tiempo, el escapulario del Carmen!".

El escapulario y los Santos

El mismo día que S. Simón Stock recibió de María el escapulario y la promesa, el fue llamado a asistir a un moribundo que estaba desesperado. Cuando llegó puso el escapulario sobre el hombre, pidiéndole a la Virgen que mantuviera la promesa que le acababa de hacer. Inmediatamente el hombre se arrepintió, se confesó y murió en gracia de Dios"

San Alfonso Ligorio y S. Juan Bosco tenían una especial devoción a la Virgen del Carmen y usaban el escapulario. Cuando murieron los enterraron con sus vestiduras sacerdotales y con su escapulario. Muchos años después cuando abrieron sus tumbas encontraron que sus cuerpos y todas las vestimentas estaban hechas polvo, sin embargo sus escapularios estaban intactos. El escapulario de San Alfonso está en exhibición en su Monasterio en Roma.
San Alfonso Ligorio nos dice: "Herejes modernos se burlan del uso del Escapulario. Lo desacreditan como una insignificancia vana y absurda."

San Pedro Claver, se hizo esclavo de los esclavos por amor. Cada mes llegaba a Cartagena, Colombia un barco con esclavos. San Pedro se esforzaba por la salvación de cada uno. Organizaba catequistas, los preparaba para el bautismo y los investía con el escapulario. Algunos clérigos acusaron al santo de celo indiscreto. Sin embargo él continuó su obra hasta tener mas de 300,000 conversos.

San Claudio de Colombiere (director de St. Margarita María)

«Yo quería saber si María en realidad se había interesado en mí, y en el escapulario Ella me ha dado la seguridad más palpable. Sólo necesito abrir mis ojos, Ella ha otorgado su protección a este escapulario: 'Quien muera vestido en él no sufrirá el fuego eterno`.»

Dijo también: "Debido a que todas las formas de amar a la Santísima Virgen y las diversas maneras de expresar ese amor no pueden ser igualmente agradables a ella y por consiguiente no nos ayudan en el mismo grado para alcanzar el cielo, lo digo sin vacilar ni un momento, ¡El Escapulario Carmelita es su predilecto!" y agrega "Ninguna devoción ha sido confirmada con mayor número de milagros auténticos que el Escapulario Carmelita".

Aquellos primeros monjes instalados en el valle del Wadi-es-Siah del Monte Carmelo, convivieron bajo una primera regla que obtuvo en 1226 la aprobación del patriarca de Jerusalén, que se llamaba Alberto, y del Papa Honorio III. La regla subrayaba vigorosamente el carácter de soledad y de huída del mundo del modelo de vida monástica: los monjes debían vivir en celdas separadas, bajo obediencia, castidad y pobreza, en silencio, oración, ayuno ... Un planteamiento que se ha mantenido en los rasgos fundamentales de la espiritualidad de la orden.

En el mismo siglo XIII muchos monjes huyeron a Chipre, Sicilia, Francia e Inglaterra a causa de los crecientes peligros de la invasión musulmana, mientras otros, intentaban sobrevivir en Tierra Santa.

Sin embargo, muy pronto, se formó una corriente en Inglaterra y en otras partes de Occidente que deseaba adaptar la orden a la realidad occidental, siguiendo el modelo de otras congregaciones religiosas como los franciscanos y los dominicos. De esta forma, se pretendía que los carmelitas pudieran abrir conventos en las ciudades y realizar trabajos pastorales.

En 1247 el Papa Inocencio IV aprobó este cambio de estilo de vida, aunque se abstenían de comer carne y continuaban guardando silencio, llevando un estilo de pobreza y sobretodo, una gran devoción a la Virgen María. Este amor mariano les valió a los carmelitas el aprecio de todos los pueblos donde estaban instalados y el reconocimiento oficial de la Iglesia Católica en 1286 por el Papa Honorio IV.

En el mismo siglo XIII, uno de los monjes carmelitas, San Simón Stock, recibe de manos de la mismísima Virgen María el escapulario, el símbolo de dicha congregación. Es a partir de entonces cuando nace la imagen de la advocación de Nuestra Señora del Carmen: el Niño y la Madre aguantando el escapulario, la figura típica de dicha devoción mariana.

En los años 1434-1435, la regla sufrió una serie de cambios que fueron aprobados por el Papa Eugenio IV y que no gustaron a ciertos sectores de la orden. Para ellos, la nueva regla suavizaba la observancia más antigua y forzó a que en el siglo XV, Juan Sorteh (1451-1471) empezara a movilizar un nuevo movimiento que llevaría en 1593 a la ruptura de la orden carmelitana en dos bandos.

Los principales miembros de esta reforma en España fueron Santa Teresa de Jesús (1515-1582) y San Juan de la Cruz (1542-1591), dos de los más grandes ejemplos de la mística cristiana. Para constituir su regla, se apoyaron básicamente en la que ya fuera aprobada en 1247 sin incluir las posteriores atenuaciones de 1434-1435. A esta nueva congregación se la llamó Orden de los Carmelitas Descalzos, mientras que los anteriores, fueron conocidos por la Orden de los Carmelitas Calzados o de la Antigua Observancia.

Desde siempre, los hermanos carmelitas, "calzados o sin calzar" han estado al servicio de la sociedad desde los más diversos servicios caritativos, pastorales y misioneros junto a su dimensión espiritual y contemplativa. Visten hábito marrón con el escapulario y capucha y, en ocasiones solemnes, capa y capucha de color blanco.

Según el libro "La Vida Religiosa de la A a la Z" de George Schwaiger publicado por Editorial San Pablo en 1998, la situación en 1996 era la siguiente: los Carmelitas Calzados tenían 361 conventos en todo el mundo con 2.197 miembros, 1434 de ellos sacerdotes, mientras que los Carmelitas Descalzos poseían 525 conventos con 3.809 miembros, 2.422 de los cuales eran sacerdotes.

La orden femenina

No podemos olvidar aquí la rama femenina: las carmelitas. La orden nació en los siglos XIII y XIV, pero no se organizaron como comunidad hasta el 1450 cuando fundaron en Florencia (Italia) el Monasterio de Santa María de los Ángeles.

Santa Teresa de Jesús impulsó en España una reforma en la congregación para llevar a cabo una vida de clausura estricta y de oración profunda.

El 7 de febrero de 1562, la santa obtuvo autorización para la erección del Monasterio de San José de Ávila, que se abrió el 24 de agosto de 1562. En él, se siguió la observancia de la regla que ella consideraba "primitiva" y que fue aprobada por Inocencio IV en 1247. En la obra "Camino", escrita por Santa Teresa de Jesús, se destaca la forma de vivir de estas monjas:

"Deben ser capaces de vivir en soledad y estar abiertas a la intimidad con Cristo, buscando en la oración y en la mortificación", como participación activa en su pasión redentora".

Santa Teresa fundó 16 monasterios: Medina del Campo, Malagón, Valladolid, Toledo, Salamanca y Alba de Tormes de entre otros. A parte de San Juan de la Cruz, el Padre Gracián fue junto a Santa Teresa los impulsores de esta reforma femenina conocida también bajo el nombre de "carmelitas descalzas". El espíritu de Santa Teresa fue difundido fuera de España y se abrieron muchos conventos en diferentes países de Europa. De entre muchas monjas que formaron parte de las carmelitas descalzas cabe señalar a Santa Teresa del Niño Jesús, también conocida como Teresa de Lisieux (1873-1897) y a Santa Edith Stein (1891-1942).

En 1996, existían 64 conventos con 823 monjas de la antigua observancia de la orden (carmelitas calzadas), mientras que la fundada por Santa Teresa (carmelitas descalzas) contaba con 877 conventos y 12.278 monjas.

Otras congregaciones: hay un gran repertorio en todo el mundo de grupos religiosos que siguen el espíritu carmelitano que realizan diferentes servicios en los pueblos donde residen, casi todo ellos dedicados a la educación, a los enfermos y a los marginados. Todas estas órdenes fueron fundadas por monjas, sacerdotes o religiosos.

Aquí están: Carmelitas de la Caridad (conocidas también como "las Vedrunas" porqué las fundó Santa Joaquina de Vedruna), Carmelitas Misioneras Teresianas, Carmelitas Terciarios Misioneros, Carmelitas de San José, Carmelitas Teresas de San José, Hermanas de la Virgen María del Monte Carmelo y Carmelitas del Sagrado Corazón de Jesús.

El escudo carmelitano

El Escudo Carmelitano es un emblema verdaderamente bello por su sencillez, celebre por su antigüedad y sagrado significado.

Esta compuesto de fondo blanco en la parte superior y marrón la inferior, representa el vestido que la Stma. Virgen llevo en vida y el habito de los carmelitas.

Así mismo la parte inferior marrón indica el Monte Carmelo donde vivió la Stma. Virgen durante su vida mortal, la Cruz fue agregada por San Juan de la Cruz en la época de la reforma, representado a Nuestro Señor Jesucristo.

En el centro de color marrón (Monte Carmelo), se encuentra una estrella plateada, que representa a la Stma. Virgen María.
El fondo blanco de la parte superior significa que el profeta Elias contemplo a la Stma. Virgen María en una nubecilla blanca, en el mismo fondo se posan dos estrellas, doradas las cuales representan a dos grandes profetas N.N.P.P. Elias y Elíseo.

En la parte superior del escudo se encuentran doce estrellas las cuales significan la corona de la Stma. Virgen María, simbolizan los doce grandes favores y gracias que concedió a su orden y de manera especial, los doce privilegios y gracias singulares con el que el Señor ensalzo a María.

De la corona que se encuentra en la parte superior del Escudo sale un brazo que sujeta una espada, se le atribuye al Santo Patriarca Elias, termina en un punta en llama de fuego con esta dio muerte a los falsos profetas de Baal en el Torrente de Gison, por la honra de Nuestro Señor Dios Padre.

A la vuelta de la espada hay una inscripción en latín que dice: ZELO ZELATUS SUM PRO DOMINO DEO EXERCITUUM, me abrazo, me consumo de celo por el Señor Dios de los Ejércitos.

ACIPRENSA...


miércoles, 12 de junio de 2024

Vida de Jesus......


3°Año Vida Pública: Jesús Será el Justo -María Valtorta

Pero, escuchadme atentamente: habéis de saber que, si en el primero fui el Hombre-Maestro, el Sabio que llama a la Sabiduría con humanidad perfecta e intelectual perfección, y en el segundo fui el Salvador y Amigo, el Misericordioso que pasa acogiendo, perdonando, compadeciéndose, soportando, en el tercero seré el Dios Redentor y Rey, el Justo.

El Evangelio como me ha sido revelado o Poema de El Hombre Dios.

Esta obra es un compendio de visiones que María Valtorta tuvo de la vida de Jesús hace dos mil años, caminando junto a los apóstoles, junto a Su Madre. En fin, una verdadera maravilla de la revelación privada en la que no estamos obligados a creer, pero que sin duda enriquece el alma.

4) Tercer año de la vida pública de Jesús

Preparativos para salir de Nazaret, después de la visita de Simón de Alfeo con su familia. Durante el tercer año, Jesús será el Justo

Juan, Santiago, Mateo y Andrés han llegado ya a Nazaret, y. mientras esperan a Pedro, pasean por el huerto de Nazaret, jugando con Margziam o hablando entre ellos. No veo a ningún otro, como si Jesús faltara en este momento de casa y María estuviera ocupada en algunas labores (por el humo del horno, yo diría que está allí dentro, haciendo el pan).

A los cuatro apóstoles se les ve contentos de estar en casa del Maestro, y lo exteriorizan. Hasta tres veces les dice Margziam:

-¡Pero no os riáis de esa forma!

Y, la tercera vez, Mateo nota la recomendación y pregunta:
-¿Por qué, chico? ¿No es justo sentirse contentos de estar aquí? Tú has disfrutado de este sitio, ¿no? Pues ahora nosotros -y le da afablemente un cachetito. Margziam lo mira muy serio. Pero sabe callar.

Regresa Jesús con sus primos Judas y Santiago, los cuales saludan efusivamente a los compañeros, de los que han estado separados muchos días. María de Alfeo asoma la cabeza desde el interior del horno, toda colorada y llena de harina, y sonríe a sus hijotes.

El último en regresar es el Zelote, que dice:
-He hecho todo, Maestro. Dentro de poco, Simón estará aquí.
-¿Qué Simón? ¿Mi hermano o Simón de Jonás?

-Tu hermano, Santiago. Viene a saludarte con toda la familia.

Efectivamente, pasados pocos minutos, unos golpes en la puerta y una densa parlería anuncian la llegada de la familia de Simón de Alfeo, que es el primero en entrar, llevando de la mano a un niñito de unos ocho años; tras él, Salomé, rodeada por su nidada. María de Alfeo se apresura a salir del cuarto del horno y besa a sus nietos, contenta de verlos ahí.

-¿Te marchas, entonces, otra vez? -pregunta Simón, mientras sus hijos estrechan amistad con Margziam, el cual, me parece, conoce bien sólo a Alfeo, el curado.
-Sí, es hora.

-Tendrás todavía días lluviosos.
-No importa. Los días nos van acercando a la primavera.
-¿Vas a Cafarnaúm?

-Sí, iré también allí. Pero no enseguida. Ahora atravesaré la Galilea e iré allende sus confines.
-Cuando estés en Cafarnaúm y yo lo sepa, iré a verte. Te llevaré a tu Madre y a la mía.

-Te quedaré agradecido. Entretanto no la desatiendas. Se queda completamente sola. Tráele a los niños. Aquí puedes estar seguro de que no se vician…
Simón se pone como la brasa por la alusión de Jesús a sus pensamientos pasados y por la ojeada que le ha lanzado su mujer como diciendo: «¿Has oído? Te está bien empleado». Y Simón cambia de tema diciendo:

-¿Dónde está tu Madre?
-Está haciendo el pan. Ahora vendrá…
Pero los hijos de Simón no esperan y van al horno detrás de su abuela. Y una niñita, poco mayor que el curado Alfeo, sale casi inmediatamente, diciendo:

-María está llorando. ¿Por qué? ¡Eh, Jesús!, ¿por qué llora tu Madre?

-¿Está llorando? ¡Oh, querida mía! Voy con ella -dice Salomé solícita.

Y Jesús explica:

-Llora porque me marcho… Pero vendrás a hacerle compañía, ¿no? Te enseñará a bordar y tú alegrarás sus días. ¿Me lo prometes?

-Vendré también yo, ahora que mi padre me deja -dice Alfeo mientras se come un bollito caliente que le acaban de dar.

Pero, aunque el bollo esté tan caliente que casi no puede ser sujetado con los dedos, creo que está helado respecto al calor de vergüenza que asalta a Simón de Alfeo por las palabras de su hijito. A pesar de ser una mañana de invierno más bien fresca (debido a un ligero cierzo que barre las nubes del cielo pero raspa la piel), Simón se cubre de abundante sudor, como si fuera pleno verano…

Jesús hace como que no se da cuenta y los apóstoles aparentan un gran interés por lo que están contando los hijos de Simón; así se concluye el incidente, y Simón puede reponerse y preguntar a Jesús que por qué no están todos los apóstoles.

-Simón de Jonás está para llegar. Los demás me alcanzarán en el momento oportuno. Ya está determinado.

-¿Todos?
-Todos.

-¿También Judas de Keriot?
-También él…
-Jesús, ven un momento conmigo -le solicita su primo Simón. Y, separados ya hacia el fondo del huerto, Simón pregunta:

-¿Pero sabien quién es Judas de Simón?   
-Es un hombre de Israel. Nada más. Nada menos.
-¡No querrás decirme que es…!
Ya está para acalorarse y levantar la voz.
Pero Jesús lo calma interrumpiéndole y poniéndole una mano en un hombro mientras le dice:

-Es como lo hacen las ideas imperantes y los que entran en contacto con él. Porque, por ejemplo, si aquí (y recalca mucho las palabras) hubiera encontrado solamente corazones justos y mentes inteligentes, no habría sentido interés en pecar. Pero no los ha encontrado. Por el contrario, ha encontrado un elemento totalmente humano, y en él ha asentado sin ninguna dificultad su yo muy humano, que me sueña, me ve, trabaja por mí, como rey de Israel, en el sentido humano del término; de la misma forma que me sueñas y me quisieras ver tú, y estarías dispuesto a trabajar tú, y contigo José, tu hermano, y, con vosotros dos, Leví, arquisinagogo de Nazaret, y Matatías y Simeón y Matías y Benjamín, y Jacob, y, menos tres o cuatro, todos vosotros de Nazaret.

Y no sólo los de Nazaret… Encuentra dificultades para formarse porque todos vosotros contribuís a deformarlo.

Cada vez más. Es el más débil de mis apóstoles. Pero, por ahora, no es sino un débil. Tiene impulsos buenos, deseos rectos, amor por mí (desviado en cuanto a la forma, pero amor en todo caso). Vosotros no le ayudáis a separar estas partes buenas de las partes no buenas que forman suyo; antes al contrario, agraváis éstas cada vez más añadiendo vuestras incredulidades y limitaciones humanas. Pero vamos a casa. Los demás han entrado ya…

Simón lo sigue un poco apesadumbrado. Están ya casi en la puerta, cuando para a Jesús y dice:

-Hermano mío, ¿estás airado conmigo?

-No. Es que intento formarte también a ti, como formo a todos los demás discípulos. ¿No has dicho que quieres ser discípulo?

-Sí, Jesús. Pero las otras veces no hablabas así, ni siquiera cuando corregías. Eras más dulce…
-¿Y para qué ha servido? Antes lo era. Hace dos años que lo soy… Unos, a costa de mi paciencia y bondad, os habéis emperezado, otros habéis afilado colmillos y garras. El amor os ha servido para dañarme. ¿No es así?…

-Es así. Es verdad. Pero, ¿vas a seguir siendo bueno?
-Seré justo. Y aun así seré como no merecéis, vosotros de Israel que no queréis reconocer en mí al Mesías prometido.

Entran en la pequeña habitación, tan abarrotada de personas, que muchos han terminado en la cocina o en el taller de José. Y éstos son los apóstoles, menos los dos hijos de Alfeo, que se han quedado con su madre y su cuñada. A ellas ahora se añade María, que entra llevando de la mano al pequeño Alfeo. El rostro de María presenta claros signos de haber llorado.

Pero, mientras María está para responder a Simón, que le asegura que irá a su casa todos los días, por la callejuela serena avanza un carrito, con tanto sonido de cascabeles, que llama la atención de los hijos de Zebedeo por la bulla que hace, y… mientras afuera llaman, -contemporáneamente, dentro abren. Aparece el rostro alegre de Simón Pedro, que ha llamado con el mango de la tralla y está todavía sentado en el carro… A su lado, tímida pero sonriente, Porfiria, sentada encima de cajas de tamaño decreciente como si fuera un trono.

Margziam sale corriendo y trepa al carro para saludar a su madre adoptiva. Salen también los demás, entre los cuales Jesús.

-Maestro, aquí estoy. He traído a mi mujer; con este vehículo, porque es una mujer que resiste poco caminando. María, el Señor esté contigo. También contigo, María de Alfeo. Mira a todos, mientras baja de su vehículo y ayuda a bajar a su mujer, y saluda conjuntamente al grupo.

Quisieran ayudarle a descargar el carrito, pero él se opone enérgicamente. «Después, después» dice. Y, ni corto ni perezoso, se acerca a la ancha puerta del taller de José y la abre de par en par, tratando de hacer entrar el carrito como está. No pasa, naturalmente. Pero la maniobra sirve para atraer la atención de los que han venido de visita y hacer comprender que sobra gente…

Efectivamente, Simón de Alfeo se despide con toda su familia…

-Oh, ahora que estamos solos, vamos a preocuparnos de nosotros…-dice Simón de Jonás haciendo retroceder al burrito, que, cubierto como está de cascabeles, hace bulla por diez; tanto que Santiago de Zebedeo no puede contenerse de preguntar, riendo: «¿Y dónde lo has encontrado tan enjaezado?».

Pero Pedro está concentrado en coger las cajas que había en el carro y pasárselas a Juan y Andrés, que se quedan asombrados, pues creían que iban a sentir peso y, sin embargo, las cajas son ligeras; y lo comentan… -¡Venga, id para el huerto y no os quedéis ahí como chorlitos! -ordena Pedro, mientras, a su vez, baja con una cajita que sí que pesa, para colocarla en un rincón de la habitación.

-Y ahora el burro y el carro. ¿El burro y el carro? ¿El burro y el carro!… ¡Esto es lo difícil!… Y tiene que entrar todo en casa…

-Por el huerto, Simón -dice en voz baja María -Hay una valla en el seto del fondo. No lo parece, porque está cubierta de ramajes… Pero está. Sigue el sendero que va bordeando la casa, entre esta casa y el huerto vecino. Yo voy a mostrarte dónde está la valla… ¿Quién viene a apartar las matas que la cubren?
-Yo. Yo.

Todos se dirigen presurosos hacia el fondo del huerto. Entretanto, Pedro se marcha con su rumoroso cargamento y María de Alfeo cierra la puerta… Trabajando con un hocino, queda libre el rústico vallado y abren un paso por el que entran burro y carro.

-¡Bueno, bien! Y ahora quitamos todo esto. Me han roto los oídos -y Pedro se apresura a cortar los lazos que mantienen sujetos los cascabeles a los jaeces.
-¿Y por qué los has tenido, entonces? -pregunta Andrés.
-Para que toda Nazaret me oyera llegar. Y lo he conseguido… Ahora los quito para que nadie de Nazaret nos oiga partir. Lo mismo, he metido vacías las cajas…

Nos marcharemos con las cajas llenas, y nadie, si es que alguien nos ve, se sorprenderá de ver a una mujer sentada a mi lado en las cajas. El que ahora está lejos se las da de tener tino y sentido práctico. Bueno, pues, cuando quiero, también lo tengo yo…  

-Perdona, hermano. ¿Para qué es necesario todo esto? -pregunta Andrés, que ha dado de beber al burro y lo ha llevado al lado de la tosca leñera que hay junto al horno.
-¿Para qué? ¡No sabes nada!… ¡Maestro, no saben todavía nada!

-No, Simón. Estaba esperándote a ti para hablar. Venid todos al taller. Las mujeres están bien donde están. Lo que has hecho ha estado bien hecho, Simón de Jonás.
Van al taller. Porfiria con el niño y las dos Marías se han quedado en casa.

-He querido que vinierais porque tenéis que ayudarme a mandar fuera de aquí, muy lejos, a Juan y a Síntica. Lo tengo decidido desde los Tabernáculos. Como habéis podido constatar, no era posible tenerlos con nosotros, ni siquiera aquí, sin poner en peligro su paz. Como siempre, Lázaro de Betania me ayuda en esta obra. Ellos ya lo saben. Simón Pedro lo sabe desde hace pocos días. Vosotros lo sabéis ahora. Esta noche dejaremos Nazaret. Aunque en lugar de la primera luna tuviéramos agua y viento. Ya deberíamos haber partido, pero supongo que es que Simón de Jonás habrá tenido dificultades para encontrar el medio de transporte…

-¡No lo sabes bien! Ya perdía la esperanza de encontrarlo. Pero, al final, lo he podido conseguir de un ruin griego… Será útil…
-Sí. Será útil, especialmente para Juan de Endor.
-¿Dónde está, que no se le ve? -pregunta Pedro.

-En su habitación, con Síntica.
-Y… ¿cómo ha recibido la cosa? -pregunta otra vez Pedro.
-Con mucho dolor. También la mujer…
-Y también Tú, Maestro. En tu frente hay una arruga que no tenías. Y tienes mirada grave y triste -observa Juan.
-Es verdad. Estoy muy apenado… Pero, hablemos de lo que tenemos que hacer. Escuchadme bien, porque luego nos tendremos que separar. Partimos esta noche, a mitad de la primera vigilia.

Nos marcharemos como quien huye… porque son culpables. Sin embargo, nosotros no vamos con intención de hacer ningún mal, ni huimos por haberlo hecho; nos vamos para impedir que algún otro lo haga a quien no tendría la fuerza para soportarlo. Partiremos pues… Iremos por el camino de Sefori…

Haremos un alto a mitad de camino, en una casa, para partir al alba. Es una casa que tiene muchos pórticos para los animales. En ella hay pastores amigos de Isaac. Los conozco. Me darán hospedaje sin pedir nada. Luego tenemos que llegar a Yiftael, necesariamente ese mismo día aunque sea de noche; allí pernoctaremos. ¿Crees que podrá el animal?

-¡Y mucho más! Ese griego deshonesto me lo ha hecho pagar, pero me ha dado un animal bueno y fuerte.
-Está bien. Al día siguiente por la mañana iremos a Tolemaida y nos separaremos. Vosotros, guiados por Pedro, que es vuestro jefe, y al cual debéis obedecer ciegamente, iréis por mar hasta Tiro. Allí encontraréis una nave preparada para zarpar en dirección a Antioquía.

Subiréis y daréis esta carta al patrón de la nave para que la vea. Es de Lázaro de Teófilo. Vosotros pasáis por dependientes suyos enviados a sus tierras de Antioquía, o mejor, a sus jardines de Antigonio. Esto sois para todos. Sabed mostraos atentos, serios, prudentes y silenciosos. Cuando lleguéis a Antioquía, id enseguida a ver a Felipe, el administrador de Lázaro, y le dais esta carta…
-Maestro, él me conoce -dice el Zelote.
-Muy bien.

-¿Cómo va a creer que soy un subordinado?
-Para Felipe no hace falta. Sabe que debe recibir y hospedar a dos amigos de Lázaro y ayudarlos en todo. Así está escrito. Vosotros los habéis acompañado. Nada más. Él os llama: «sus queridos amigos de Palestina». Y es lo que sois, congregados por la fe y por la acción que lleváis a cabo. Descansaréis hasta que la nave, acabadas sus operaciones de descarga y carga, vuelva para Tiro. De Tiro, con la barca, vendréis a Tolemaida y desde allí vendréis a reuniros conmigo a Akzib…

-¡Por qué no vienes con nosotros? -suspira Juan.
-Porque me quedo a orar por vosotros, y especialmente por estos dos pobres. Me quedo para orar. Así empieza mi tercer año de vida pública. Empieza con una partida bien triste; como el primero y el segundo. Empieza con una intensa oración y penitencia, como el primero… Porque éste tiene las dificultades dolorosas del primero, y más aún. Entonces me preparaba para convertir al mundo. Ahora me preparo para una obra sin duda más vasta y potente.

Pero, escuchadme atentamente: habéis de saber que, si en el primero fui el Hombre-Maestro, el Sabio que llama a la Sabiduría con humanidad perfecta e intelectual perfección, y en el segundo fui el Salvador y Amigo, el Misericordioso que pasa acogiendo, perdonando, compadeciéndose, soportando, en el tercero seré el Dios Redentor y Rey, el Justo. No os asombréis, pues, si veis en mí formas nuevas, si en el Cordero veis el súbito fulgor del Fuerte. ¿Qué ha respondido Israel a mi invitación de amor? ¿Qué ha respondido ante mis brazos abiertos a él y mis palabras:

«Ven, Yo amo y perdono»? Ha respondido con embotamiento y dureza de corazón voluntarios y cada vez mayores, con el embuste, con la insidia. Pues bien, así sea. Lo había llamado -sin excluir clase alguna al hacerlo ­plegando mi frente hasta el polvo: Israel ha escupido encima de la Santidad que se humillaba. Le había invitado a santificarse: me ha respondido entregándose al demonio. He cumplido mi deber en todo: ha llamado «pecado» a mi deber. He callado: ha llamado «prueba de culpabilidad» mi silencio. He hablado: ha llamado «blasfemia» mi palabra.


¡Basta ya! No me ha dado respiro, no me ha concedido una sola alegría. Y la alegría para mí era nutrir y formar en la vida del espíritu a los recién nacidos a la Gracia. Les tienden insidias y debo arrancármelos de mi pecho, produciendo en ellos y en mí el espasmo de padres e hijos arrancados el uno al otro, para ponerlos a salvo del maligno Israel. Los poderosos de Israel, que se llaman a sí mismos «santificadores» haciendo alarde de serlo, me impiden, quisieran impedirme, salvar y gozar de mis salvados. Hace ya muchos meses que tengo a un Leví publicano como amigo y a mi servicio: el mundo puede constatar si Mateo es motivo de escándalo o de emulación.

Pero la acusación no cesa. Como no cesará tampoco para María de Lázaro ni para los otros muchos a quienes salvaré. ¡Basta ya! Yo recorro mi camino, cada vez más áspero y regado de llanto… Yo camino… Ninguna de mis lágrimas caerá inútilmente. Elevan su grito a mi Padre…

Después elevará su grito otro humor mucho más poderoso. Yo camino. El que me ame que me siga y se haga viril, porque llega la hora severa. No me detengo. Nada me detiene.

Tampoco ellos se detendrán… Pero, ¡ay de ellos! ¡Ay de ellos! ¡Ay de aquellos para quienes el Amor se hace Justicia!… El signo del nuevo tiempo será una Justicia severa para todos los que se obstinan en su pecado contra las palabras del Señor y la acción del Verbo del Señor…

Jesús parece un arcángel castigador. Yo diría que tanto resplandecen sus ojos, que lanza fuego contra la pared humosa… Hasta su voz, que tiene tonos agudos de bronce y plata golpeados con violencia, parece resplandecer.
Los ocho apóstoles se han puesto pálidos y están casi encogidos de temor. Jesús los mira… con piedad y amor. Dice:

-No os lo digo a vosotros, amigos míos. No son para vosotros estas amenazas. Vosotros sois mis apóstoles, Yo os he elegido. La voz es ahora dulce y profunda. Termina:

-Vamos allí. Hagámosles ver a los dos perseguidos -y os recuerdo que piensan que parten para prepararme el camino a Antioquía -que los amamos más que a nosotros mismos. Venid…

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