domingo, 25 de julio de 2021

INDULGENCIA PLENARIA A LA HORA DE LA MUERTE...

 


INDULGENCIA PLENARIA A LA HORA DE LA MUERTE PARA IR AL CIELO SIN PASAR POR LAS DURAS PENAS DEL PURGATORIO

ES IMPORTANTE CONOCER ESTO, TANTO PARA NUESTROS FAMILIARES Y AMIGOS COMO PARA NOSOTROS MISMOS.



A lo largo de mi vida he visto como muchos buenos y piadosos católicos no conocen del precioso regalo, en forma de indulgencia plenaria, que nos ofrece la Iglesia a la hora de morir. Ciertamente, son muchos los que por ignorancia - tanto propia como del clero - llegan a morir sin recibir tan piadosa bendición. Este acto, realizado con fe, otorga la indulgencia plenaria a la hora de la muerte a los enfermos. Así pues, todo su dolor, sufrimiento, incomodidades, etc serán ofrecidas al buen Señor para expiar la culpa de nuestros pecados aún en vida, para así, a la hora de morir, evitar los horribles pero buenos tormentos del muy Santo Purgatorio. Así pues, si se muere en estado de gracia y luego de recibir la Indulgencia Plenaria In Articulo Mortis (que aplica a la hora de morir, y no a la hora en que se realiza la bendición) el alma de ese buen católico será prometida, al igual que el buen ladrón al lado de Cristo en el Calvario:

El ladrón dijo a Jesús: "Acuérdate de mi cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso" (Lc. 23:42,43).

Aquí os dejo, pues, el ritual intacto de la Indulgencia in Articulo Mortis.

¡Leedlo y meditadlo! ¡Dejad que Cristo, Dios mismo, os hable!

Tarea: Imprimir esta indulgencia y regalársela a al menos un sacerdote. También, deben dar a conocer esto a sus hermanos, en especial a los más piadosos y a aquellos que se encuentran en agonía. Realicen, además, alguna otra indulgencia por los benditas ánimas del Santo Purgatorio.
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El ritual se puede descargar e imprimir con más facilidad aquí.
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RITUAL DE LA BENDICIÓN APOSTÓLICA CON

INDULGENCIA PLENARIA "IN ARTICULO MORTIS"
(Ritual Romano, tít. VI, cap. 6) 
¡Señor, ten misericordia de nostros y del mundo entero!


I- Advertencias previas.
1. Cuando se da la Bendición Apostólica en seguida después de la Sagrada Unción o del Santo Viático, se comienza por la oración Clementissime, teniendo sin embargo en cuenta la rúbrica no. 4.

La Bendición Apostólica con indulgencia plenaria en el momento de la muerte suele darse después del Sacramento de la Penitencia, de la Eucaristía y de la Extremaunción a aquellos enfermos que la pidieron cuando estaban sanos de espíritu y en plena posesión de sus facultades, o que verosímilmente la hubieran pedido, o que dieron signos de contrición; debe darse a estas mismas personas, incluso si después se encuentran privados del uso de la lengua y de los otros sentidos, o si cayeron en delirio o demencia. En cambio debe negarse absolutamente a los excomulgados, a los impenitentes y a los que mueren manifiestamente en pecado mortal.

2. El Párroco o el Sacerdote que asiste al enfermo, revestido con la sobrepelliz y la estola morada, entra en la habitación donde se encuentra recostado el enfermo y dice: Pax huic dómui, etc. Luego rocía al enfermo, a la habitación y a los presentes con el agua bendita, diciendo la antífona: Aspérges me, etc.

3. Si el enfermo quiere confesarse, escuche su confesión y absuélvalo. Si no pide confesarse, indúzcalo a hacer un buen acto de contrición; si hay tiempo, instrúyalo brevemente sobre la virtud y eficacia de esta bendición; Luego enséñele y exhórtelo a invocar el santísimo nombre de Jesús, al menos en su corazón, a llevar de buen grado las molestias y dolores de la enfermedad en expiación de la vida pasada, y a ofrecerse a Dios, dispuesto a aceptar en adelante todo lo que le plazca, y a morir con paciencia en satisfacción de las penas que ha merecido pecando.

4. Instrucción y preces.

Luego consuélelo con palabras santas, despertando en él una esperanza firme, de que obtendrá, por efecto de la liberalidad divina, la remisión de las penas debidas y la vida eterna: con este fin podrá hablar al enfermo con las palabras siguientes u otras semejantes.

NOTA: DONDE SE OFRECE LA TRADUCCIÓN LATÍN-ESPAÑOL, EL SACERDOTE PUEDE ELEGIR CUAL DE LAS DOS TRADUCCIONES UTILIZAR.

II – Instrucción
Voy a darte, hermano mío, la Bendición Papal. Es una gracia más que el Señor te concede en tu enfermedad. Es también una demostración del amor y solicitud de la Iglesia por el bien de tu alma.

La Bendición Papal es una bendición extraordinaria, que el Santo Padre hace llegar a los enfermos por intermedio de los Sacerdotes. Por la Bendición Apostólica se perdona toda la pena temporal debida por los pecados. El efecto de esa absolución se aplica en el momento de la muerte, pero el derecho a recibir tan extraordinario beneficio se adquiere desde el momento en que se da la Bendición. En nombre del Papa vengo, pues, a darte este regalo espiritual.

Ofrece a Dios, con toda resignación, los sufrimientos e incomodidades de tu enfermedad, en expiación de tus pecados; entrégate en sus manos para que disponga de ti y de todas tus cosas, inclusive de tu propia vida, como le agradare.

Invoca ahora el nombre de Jesús con todo tu corazón para que te dispongas a ganar esta indulgencia, y continúa repitiendo este nombre de salvación durante toda tu enfermedad.

Repite interiormente:
III - Preces

V. Para que mis sufrimientos y enfermedades sean aceptados en expiación de mis culpas. R. ¡Óyeme, Jesús!

V. Para que en todo me conforme con tu voluntad. R. ¡Óyeme Jesús!

V. Para que no se pierda en mi alma el mérito de tu pasión R. ¡Óyeme, Jesús!

V. Para que me seas propicio en el día del juicio. R. ¡Óyeme, Jesús!

V. Para que mi esperanza no desfallezca.
R. ¡Óyeme, Jesús!

V. Para que no sea confundido eternamente. 
R. ¡Óyeme, Jesús!

V. Para que mi alma alcance la gloria de la compañía. de los santos. 
R. ¡Óyeme, Jesús!
IV- Breve acto de contrición.

¡Jesús, mi Señor y Redentor! Yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos ofendí a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por tu infinita misericordia, me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén.
V - Versículos y oraciones.

Luego se dicen las preces, que sin embargo podrán omitirse.

V. Nuestro auxilio está en el nombre del Señor. R. Adjutórium nostrum in nómine Dómini.
R. Que hizo el cielo y la tierra. R. Qui fécit caelum et terram.
 
Antífona. No te acuerdes, Señor, de las culpas de tu siervo (sierva) ni tomes venganza de sus pecados.
Antíphona. Ne reminiscáris, Dómine, delícta fámuli tui (fámulas tuae): neque vindíctam sumas de pecátis ejus .

V Señor, ten piedad de nosotros.
R. Señor, ten piedad de nosotros.
V Kyrie, eléison.
R. Kyrie, eléison.

V Cristo, ten piedad de nosotros.
R. Cristo, ten piedad de nosotros.
V. Christe, eléison,
R. Christe, eléison.

V Señor, ten piedad de nosotros.
R. Señor, ten piedad de nosotros.
V Kyrie, eléison.
R. Kyrie, eléison. 

Sacerdote. Padre Nuestro...
Sacerdos. Pater noster...

V Y no nos dejes caer en la tentación.
R. Mas líbranos del mal.
V Et ne nos indúcas in tentatiónem.
R. Sed líbera nos a malo.

V. Salva a tu siervo (sierva) Señor.
R. Dios mío, porque espera en ti.
V. Salvum (-am) fac servum tuum (ancíllam tuam)
R. Deus meus, sperántem in te.

V. Señor, escucha mi oración.
R. Y llegue a Ti mi clamor.
V. Dómine, exáudi oratiónem meam.
R. Et clamor meus ad te véniat.

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Dóminis vobíscum.
R. Et cum spítitu tuo.

V Nuestro auxilio está en el nombre del Señor. V Adjutórium nostrum in nómine Dómini.

CLEMENTÍSIMO Señor, Padre misericordioso y Dios de todo consuelo, Tú que no quieres que perezca ninguno de cuantos creen en Ti, conforme a la inmensidad de tu misericordia mira propicio a tu siervo (sierva) N., a quien recomiendan la verdadera fe y la esperanza cristiana. Vísitalo (visítala) para que lo (la) salves y concédele benignamente el perdón de todos sus pecados, por los méritos de la pasión y muerte de tu Hijo Jesucristo. Que cuando salga el alma de su cuerpo, encuentre en Ti un Juez indulgente, y que, purificada de toda mancha en la sangre de tu mismo Hijo, merezca pasar a la vida eterna. Por el mismo Cristo Nuestro Señor. R. Amen .

CLEMENTÍSSIME Deus, Pater misericordiárum, et Deus totíus consolatiónis, qui néminem vis períre in te credéntem, atque sperántem; secúndum multitúdinem miseratiónum tuárum réspice propítius fámulum tuum N., que m (fámulam tuam N., quam) tibi vera fides, et spes christiána comméndant. Vísita eum (eam) in salutári tuo, et per Unigé niti tui passiónem et mortem, ómnium ei delictórum suórum remissiónem, et véniam cleménter indúlge: ut ejus ánima in hora éxitus sui te júdicem propitiátum invéniat, et in sánguine ejúsdem Fílii tui ab omni mácula ablúta, transíre ad vitam mereátur perpétuam. Per eúmdem Christum Dóminum nostrum. R. Amen .
VI - Confesión general.

Se hace la confesión general, que podrá omitirse si ya se ha rezado.

Yo, pecador ...

Confíteor Deo …
Hecha la confesión general del modo habitual, en latín o en lengua vulgar, el sacerdote dice en singular: 

Misereátur tui, etc., Indulgéntiam ... tuórum tríbuat tibi, etc.

Sacerdote. Dios omnipotente tenga misericordia de ti, y, perdonados tus pecados, te lleve a la vida eterna. R. Amén. Sacerdos. Misereátur tui, omnípotens Deus, et dimíssis peccátis tuis, perdúcat te ad vitam aeternam. R. Amén.

El Señor omnipotente y misericordioso te conceda indulgencia, absolución y remisión de tus pecados. R. Amén. Indulgéntiam, absolutiónem et remissiónem peccatórum tuórum tríbuat tibi omnípotens et miséricors Dóminus. R. Amén.

VII - Bendición Apostólica.
Luego, elevando la mano derecha hacia el enfermo, da la Bendición:

Dóminus noster Jesus Christus, Fílius Dei vivi, qui beáto Petro Apóstolo suo dedit potestátem ligándi, atque sol di, per suam piísimam misericórdiam recípiat confesiónem tuam, et restítuat tibi stolam primam, quam in Baptísmate recepísti: et ego facultáte mihi ab Apostólica Sede tribúta, indulgéntiam plenáriam et remissiónem ómnium peccatórum tibi concédo. In nómine Patris, et Fílii, ╬ et Spíritus Sancti. R. Amén.

VIII - Conclusión.
Per sacrosáncta humánre reparatiónis mystéria remíttat tibi omnípotens Deus omnes prteséntis et futúrae vitae poenas, paradísi portas apériat, et ad gáudia sempitérna perdúcat. R. Amen.

Benedícat te omnípotens Deus, Pater, et Fílius, ╬ et Spíritus Sanctus. R. Amen.


IX - En los casos de cierta urgencia.

En caso de necesidad es suficiente decir:


Ego, facultáte mihi ab Apostólica Sede tribúta, indulgéntiam plenáriam et remissiónem ómnium peccatórum tibi concédo, et benedíco te. In nómine Patris, et Fílius, ╬ et Spíritus Sanctus.
R. Amen.
X - Rúbricas.

Cuando esta Bendición Apostólica se imparte a varios enfermos a la vez, se dice todo lo anterior una sola vez, cambiando solamente el singular por el plural.

Luego rece el sacerdote las oraciones de la Recomendación del alma con la mayor devoción posible, y exhorte a los familiares y presentes que recen al mismo tiempo por el moribundo.

Catecismo Tradicional.

viernes, 23 de julio de 2021

Sta María Magdalena...

 

Sta María Magdalena nos enseña a buscar a Jesús



Al cabo de veinte siglos resultan conmovedores la delicadeza, la fidelidad y el amor de María Magdalena por Jesús. San Juan nos narra en el Evangelio de la Misa cómo esta mujer se dirigió al sepulcro en cuanto se lo permitió el descanso sabático, cuando todavía estaba oscuro, en busca del Cuerpo muerto de su Señor. Él la había librado del Maligno y la gracia fructificó en su corazón, siguió fielmente al Maestro en algunos de sus viajes apostólicos y le sirvió generosamente con sus bienes. En los momentos terribles de la crucifixión permaneció en el Calvario, cerca de quien la había curado de sus males. Es más, cuando depositaron a Jesús en el sepulcro, ella permaneció cerca haciéndole compañía, como hemos hecho nosotros quizá junto al cadáver de una persona amada. Lo consigna San Mateo: Estaban allí María Magdalena y la otra María sentadas frente al sepulcro.

Pasado el sábado, al alborear el día primero de la semana, se dirigió con otras santas mujeres al lugar donde se encontraba el Cuerpo de Jesús, para embalsamarlo. Pero el Señor ya no está allí: ¡ha resucitado! Ve la piedra corrida y el sepulcro vacío; entonces echó a correr, fue a Simón y al otro discípulo al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto. Pedro y Juan salieron corriendo hacia el sepulcro vacío. San Juan nos cuenta que aquel momento fue definitivo en su vida: vio y creyó. Ambos Apóstoles se volvieron de nuevo a casa, pero María se quedó allí, llorando por la ausencia del Cuerpo del Maestro. Con una tristeza indefinible, sin creer aún en la Resurrección, persevera, no se quiere separar del lugar donde vio por última vez el Cuerpo adorable del Maestro.

Nosotros consideramos hoy «la intensidad del amor que ardía en el corazón de aquella mujer, que no se apartaba del sepulcro, aunque los discípulos se habían marchado de allí. Buscaba al que no había hallado, lo buscaba llorando y, encendida en el fuego de su amor, ardía en deseos de aquel de quien pensaba que se habían llevado. Por esto ella fue la única en verlo entonces, porque se había quedado buscándolo, pues lo que da fuerza a las buenas obras es la perseverancia en ellas». No dejemos nosotros de buscar siempre a Jesús; también en los momentos en los que, si el Señor lo permite, el desaliento o la oscuridad penetren en el alma. No olvidemos nunca que Él siempre está muy cerca de nuestra vida, aunque no lo veamos. Siempre está cercano, porque, como dice el Apóstol, «“Dominus prope est”! - el Señor me sigue de cerca. Caminaré con Él, por tanto, bien seguro, ya que el Señor es mi Padre..., y con su ayuda cumpliré su amable Voluntad, aunque me cueste».

https://www.hablarcondios.org/meditaciondiaria.aspx

jueves, 22 de julio de 2021

el verdadero rostro de Cristo...

 

Cómo dar a conocer el verdadero rostro de Cristo




El cristiano en medio del mundo es como una ciudad puesta en lo alto de un monte, como la luz sobre el candelero. Y lo humano es lo primero que se ve; el ejemplo de personas íntegras, leales, honradas, valientes..., es lo que arrastra. Por eso, las virtudes propias de la persona –todas las condiciones naturales buenas– se convierten en instrumento de la gracia para acercar a otros a Dios: el prestigio profesional, la amistad, la sencillez, la cordialidad..., pueden disponer a las almas para oír con atención el mensaje de Cristo. Las virtudes humanas son necesarias en el apostolado, porque si nuestros amigos no ven estas, difícilmente entenderán las sobrenaturales. Si un cristiano no fuera veraz, ¿cómo podrían confiar en él sus amigos? ¿Cómo daríamos a conocer el verdadero rostro de Cristo, si falláramos en lo elemental, en lo humano? Las virtudes humanas han de ser como el monte en el que está puesta la ciudad, como el candelero en el que se coloca la luz de Cristo. Muchos apreciarán la vida sobrenatural cuando la vean hecha realidad en una conducta plenamente humana.

Hemos de dar a conocer que Cristo vive, con la alegría habitual, a través de la serenidad en circunstancias quizá difíciles y penosas, en el trabajo bien acabado, en la sobriedad y la templanza, en una amistad siempre abierta a todos. Una vocación cristiana vivida en su integridad debe informar todos los aspectos de la existencia. Todos aquellos que de alguna manera nos tratan y nos conocen han de percibir, la mayoría de las veces solo por el comportamiento, la alegría de la gracia que late en el corazón. «Hemos de conducirnos de tal manera, que los demás puedan decir, al vernos: este es cristiano, porque no odia, porque sabe comprender, porque no es fanático, porque está por encima de los instintos, porque es sacrificado, porque manifiesta sentimientos de paz, porque ama»12, porque es generoso con su tiempo, porque no se queja, porque sabe prescindir de lo superfluo...

El mundo que nos rodea está necesitado del testimonio de hombres y mujeres que, llevando a Cristo en su corazón, sean ejemplares. Quizá nunca se ha hablado tanto de los derechos del hombre y de logros humanos. Pocas veces la humanidad ha sido tan consciente de sus propias fuerzas. Pero quizá nunca se han dejado más claramente de lado los valores propios de la persona, que son aquellos que posee en cuanto imagen de Dios.

De los cristianos espera el mundo esta enseñanza fundamental: que todos hemos sido llamados a ser hijos de Dios. Y para alcanzar esta meta, hemos de vivir en primer lugar como hombres y mujeres cabales, desarrollando todos los valores naturales que el Señor nos ha dado. Así, con sencillez, mostramos que, para imitar a Cristo, es necesario ser muy humanos; y que, siendo plenamente humanos, llevamos camino –porque la gracia nunca falta– de ser plenamepol.nte hijos de Dios.

meditaciondiaria.aspx

miércoles, 21 de julio de 2021

El Demonio odia el latín..

 

El Demonio odia el latín los enemigos de Dios tambien ????


 
El diablo odia el latín, dice un exorcista


Acabo de asistir a una charla del exorcista de la diócesis de San José, el padre Gary Thomas. Es el protagonista de un libro y de una película llamada El Rito, protagonizada por Anthony Hopkins. (La charla fue organizada por un grupo llamado Catholics at Work).

En primer lugar, fue un gran orador. Describió cómo casi por accidente, y después de 20 años como párroco, se encontró con que le enviaron a Roma para aprender a realizar el Rito del Exorcismo. Fue muy claro al decir que, en su opinión, el reciente aumento del interés por el paganismo de la Nueva Era ha abierto la puerta a la adhesión al ocultismo a un mayor número de personas que antes, lo que a su vez abre el camino a la posesión diabólica. Siempre ha sido inundado con peticiones, incluso antes de la publicidad. 

Quería transmitir un pequeño comentario que hizo casi de pasada. No sé cuál es su posición litúrgica con respecto a la misa; no hubo nada en lo que dijo que me hiciera pensar que celebra la misa en latín, por ejemplo. Sin embargo, sí explicó que el Rito del Exorcismo sólo se dice en latín. Una de las razones es práctica: todavía no hay una traducción aprobada en inglés. Pero también dio otra razón por la que estaba tan a favor del uso del latín en el Rito del Exorcismo: "El diablo odia el latín, es la lengua universal de la Iglesia". Le pregunté después sobre esto, y lo repitió, diciendo que sus experiencias personales como exorcista que ha realizado muchísimos exorcismos le han convencido de ello. Me dijo que había oído de exorcistas que hacían exorcismos en italiano, español y portugués (las únicas lenguas vernáculas aprobadas para este rito) que el latín era la lengua más eficaz.


https://www.newliturgicalmovement.org/2016/02/the-devil-hates-latin-says-exorcist.html

martes, 20 de julio de 2021

Vacunita..

 

Se disparan los contagios en los países más vacunados



En la gráfica superior, 3 países altamente vacunados desde casi el 70% al 84% (Holanda, Malta y R Unido, en marrón)  tienen disparados los casos de Covid. En cambio, el grupo inferior de 15 países menos vacunados (40% de la población) no tienen apenas contagios



el Motu proprio es maligno, ilegítimo, prepotente y abusivo...

 

De Mattei: el Motu proprio es maligno, ilegítimo, prepotente y abusivo


 
Traditionis custodes: una guerra al borde del abismo


              La intención del motu proprio Traditionis custodes del Papa Francisco, del 16 de julio de 2021, es reprimir cualquier expresión de fidelidad a la liturgia tradicional, pero el resultado será desencadenar una guerra que terminará inevitablemente con el triunfo de la Tradición de la Iglesia.

              Cuando, el 3 de abril de 1969, Pablo VI promulgó el Novus Ordo Missae (NOM), su idea básica era que en pocos años la misa tradicional sería sólo un recuerdo. El encuentro de la Iglesia con el mundo moderno, que Pablo VI pretendía en nombre de un "humanismo integral", preveía la desaparición de todas las herencias de la Iglesia "constantiniana". Y el antiguo rito romano, que San Pío V había restaurado en 1570, tras la devastación litúrgica protestante, parecía destinado a desaparecer.

              Nunca una predicción se ha mostrado más equivocada. Hoy los seminarios están desprovistos de vocaciones y las parroquias se vacían, a veces abandonadas por sacerdotes que anuncian su matrimonio y vuelven a la vida civil. Por el contrario, los lugares donde se celebra la liturgia tradicional y se predica la fe y la moral de siempre están repletos de fieles y son incubadoras de vocaciones. La misa tradicional se celebra regularmente en 90 países de todos los continentes, y el número de fieles que participan en ella ha ido creciendo año tras año, reforzando tanto la Fraternidad de San Pío X como los institutos Ecclesia Dei creados después de 1988. El coronavirus contribuyó a este crecimiento después de que, tras la imposición de la comunión en la mano, muchos fieles disgustados por la profanación abandonaran sus parroquias para ir a recibir la Sagrada Eucaristía en lugares donde se sigue administrando en la lengua.

              Este movimiento de almas nació como reacción a esa "ausencia de forma" de la nueva liturgia de la que bien escribió Martin Mosebach en su ensayo Herejía de lo informe (It. tr. Cantagalli, 2009). Si autores progresistas como Andrea Riccardi, de la Comunidad de Sant'Egidio, se quejan de la desaparición social de la Iglesia (La Iglesia arde. Crisis y futuro del cristianismo, Tempi nuovi, 2021), una de las causas es precisamente la incapacidad de la nueva liturgia para atraer y no expresar el sentido de lo sagrado y de la trascendencia. Sólo en la absoluta trascendencia divina se expresa la extrema cercanía de Dios al hombre, observaba el cardenal Ratzinger en el libro que, antes de su elección al pontificado, dedicó a la Introducción al espíritu de la liturgia (San Paolo, Milán 2001). El entonces Prefecto de la Congregación para la Fe, que siempre había colocado la liturgia en el centro de sus intereses, tras convertirse en el Papa Benedicto XVI promulgó el 7 de julio de 2007 el motu proprio Summorum Pontificum con el que restablecía el pleno derecho de ciudadanía al antiguo Rito Romano (desgraciadamente definido como "forma extraordinaria"), que nunca había sido derogado legalmente pero que de facto había estado prohibido durante cuarenta años.  

              Summorum Pontificum contribuyó a la proliferación de centros de misa tradicional y al florecimiento de un rico conjunto de estudios de alto nivel sobre la antigua y la nueva liturgia. El movimiento de redescubrimiento de la liturgia tradicional por parte de los jóvenes ha ido acompañado de una literatura tan abundante que no es posible dar cuenta de ella aquí. Entre las obras más recientes debe bastar recordar los escritos del abate Claude Barthe, Histoire du missel tridentin et de ses origines (Via Romana 2016, It. tr. Solfanelli 2018) y La Messe de Vatican II. Dossier histórico (Via Romana, 2018); de Michael Fiedrowicz, La misa tradicional: History, Form, and Theology of the Classical Roman Rite (Angelico Press, 2020) y de Peter Kwasniewski, Noble Beauty, Transcendent Holiness: Por qué la Edad Moderna necesita la Misa de las Edades (Angelico 2017, It. tr. Fe y Cultura, 2021). No se han producido estudios de igual valor en el ámbito progresista.   
    
              Ante este movimiento de renacimiento cultural y espiritual, el Papa Francisco reaccionó encargando a la Congregación para la Doctrina de la Fe que enviara a los obispos un cuestionario sobre la aplicación del motu proprio de Benedicto XVI. La encuesta era sociológica, pero las conclusiones que Francisco sacó de ella son ideológicas. No hace falta una encuesta para ver cómo las iglesias a las que acuden los fieles apegados a la tradición litúrgica están siempre llenas y las parroquias ordinarias están cada vez más despobladas. Pero en la carta a los obispos que acompaña al motu proprio del 16 de julio, el Papa Francisco afirma: "Las respuestas revelan una situación que me preocupa y entristece, y me persuade de la necesidad de intervenir. Lamentablemente, el objetivo pastoral de mis predecesores, que se proponían "hacer todo lo posible para que todos los que tuvieran verdaderamente el deseo de la unidad encontraran la posibilidad de permanecer en ella o de redescubrirla de nuevo" ' ha sido a menudo gravemente despreciada". "Me entristece -añade Francisco- que el uso instrumental del Missale Romanum de 1962 se caracterice a menudo por un rechazo no sólo de la reforma litúrgica, sino del mismo Concilio Vaticano II, afirmando, con afirmaciones infundadas e insostenibles, que traicionó la Tradición y la "verdadera Iglesia"."  Por ello "tomo la firme decisión de derogar todas las normas, instrucciones, permisos y costumbres que preceden al presente Motu proprio."


              El Papa Francisco no ha considerado oportuno intervenir ante la laceración de la unidad producida por los obispos alemanes, que muchas veces cayeron en la herejía en nombre del Concilio Vaticano II, pero parece convencido de que las únicas amenazas a la unidad de la Iglesia provienen de quienes han planteado dudas sobre el Vaticano II, como se han planteado dudas sobre Amoris Laetitia, sin recibir nunca una respuesta. De ahí el art. 1 del motu proprio Traditionis custodes, según el cual "los libros litúrgicos promulgados por los santos Pontífices Pablo VI y Juan Pablo II, en conformidad con los decretos del Concilio Vaticano II, constituyen la única expresión de la lex orandi del Rito Romano".

              En el plano del derecho, la revocación del libre ejercicio del sacerdote individual de celebrar según los libros litúrgicos de antes de la reforma de Pablo VI es un acto claramente ilegítimo. De hecho, el Summorum Pontificum de Benedicto XVI reiteró que el rito tradicional nunca ha sido derogado y que todo sacerdote tiene pleno derecho a celebrarlo en cualquier parte del mundo. La Traditionis custodes interpreta ese derecho como un privilegio que, como tal, es retirado por el Supremo Legislador. Este modus procedendi, sin embargo, es completamente arbitrario, porque la licitud de la misa tradicional no surge de un privilegio, sino del reconocimiento de un derecho subjetivo de los fieles individuales, ya sean laicos, clérigos o religiosos. De hecho, Benedicto XVI nunca "concedió" nada, sino que se limitó a reconocer el derecho a utilizar el Misal de 1962, "nunca derogado", y a disfrutar de él espiritualmente.

              El principio que Summorum Pontificum reconoce es la inmutabilidad de la bula Quo primum de San Pío V del 14 de julio de 1570. Como señala un eminente canonista, el abate Raymond Dulac (Le droit de la Messe romaine, Courrier de Rome, 2018), el propio Pío V no introdujo nada nuevo, sino que restauró una liturgia antigua, concediendo a todo sacerdote el privilegio de celebrarla a perpetuidad. Ningún papa tiene derecho a derogar o cambiar un rito que se remonta a la Tradición Apostólica y que se ha ido formando a lo largo de los siglos, como la llamada Misa de San Pío V, como confirma el gran liturgista monseñor Klaus Gamber en el volumen que, en la edición francesa, lleva un prefacio del cardenal Ratzinger (La Réforme liturgique en question, Editions Sainte-Madeleine, 1992).

              En este sentido, el motu proprio Traditionis custodes puede considerarse un acto más serio que la exhortación Amoris laetitia. No sólo el motu proprio tiene aplicaciones canónicas de las que carece la exhortación postsinodal, sino que mientras Amoris laetitia parece conceder el acceso a la Eucaristía a quienes no tienen derecho, Traditionis custodes priva del bien espiritual de la Misa perenne a quienes tienen derecho a este bien inalienable y lo necesitan para perseverar en la fe.

              También es evidente el marco ideológico de considerar a priori como sectarios a los grupos de fieles adscritos a la tradición litúrgica de la Iglesia. Se habla de ellos como si fueran subversivos que deben ser puestos en observación sin criterio de juicio (cf. nn. 1, 5 y 6), se limita su derecho de asociación y se prohíbe al obispo aprobar a otros, limitando el derecho propio del ordinario (cf. Código de Derecho Canónico, can. 321, §2). Los grupos de fieles, de hecho, han surgido hasta ahora de forma espontánea y se han convertido en representantes de ciertas peticiones ante las autoridades legítimas, pero nunca han sido "autorizados". Considerar la autorización como necesaria para el nacimiento de un grupo constituye un grave vulnus a la libertad de asociación de los fieles que el propio Vaticano II propugnaba, del mismo modo que, por lo demás, hay una violación del Concilio en la disposición que convierte a los obispos en meros ejecutores de la voluntad papal.


              Traditionis custodes confirma el proceso de centralización del poder del Papa Francisco, en contradicción con sus constantes referencias a la "sinodalidad" en la Iglesia. Según el libro, corresponde "exclusivamente" al obispo regular la Forma Extraordinaria en su diócesis, pero de hecho el motu proprio (cf. art. 4) limita la discrecionalidad y la autonomía del obispo cuando decreta que no basta su autorización para la celebración de la misa solicitada por un sacerdote diocesano, sino que debe solicitarse en todo caso un placet de la Sede Apostólica. 

Esto significa que el obispo no puede conceder esa autorización (que nunca se define como una facultad y, por tanto, parece ser más que nada un privilegio) de forma autónoma, sino que su decisión debe ser examinada por los "superiores". Como observa el padre Raymond de Souza, "los reglamentos más permisivos están prohibidos; los más restrictivos, fomentados". (https://www.ncregister.com/commentaries/pope-francis-traditionis-custodes). 
              El objetivo es claro: eliminar con el tiempo la presencia del rito tradicional para imponer el Novus Ordo de Pablo VI como único rito de la Iglesia. Alcanzar este objetivo requiere una paciente reeducación de los díscolos. Por eso, como dice la carta a los obispos, "las indicaciones sobre el modo de proceder en vuestras diócesis están dictadas principalmente por dos principios: por un lado, prever el bien de quienes están arraigados en la forma anterior de celebración (el antiguo rito romano - Ed. ) y necesitan volver a su debido tiempo al Rito Romano promulgado por los santos Pablo VI y Juan Pablo II (el nuevo Rito Romano o Novus Ordo Missae - Ed.), y, por otro lado, suspender la erección de nuevas parroquias personales ligadas más al deseo y a los deseos de los sacerdotes individuales que a la necesidad real del "santo Pueblo de Dios"."
              Tim Stanley no se equivoca cuando, en el Spectator del 17 de julio, define esto como una "guerra despiadada contra el rito antiguo".   Benedicto XVI, con Summorum Pontificum, reconoció públicamente la existencia de una lex orandi inmutable de la Iglesia que ningún papa puede derogar. Francisco, en cambio, manifiesta su rechazo a la lex orandi tradicional e, implícitamente, a la lex credendi que expresa el antiguo Rito. La paz que el motu proprio de Benedicto XVI había intentado asegurar en la Iglesia se ha terminado, y Joseph Ratzinger, ocho años después de su renuncia al pontificado, está condenado a asistir a la guerra que su sucesor ha desatado, como en el epílogo de una tragedia griega. 

              La lucha se desarrolla al borde del abismo del cisma. El Papa Francisco quiere arrojar allí a sus críticos, empujándolos a establecer, de hecho si no de principio, una "verdadera Iglesia" opuesta a él, pero él mismo corre el riesgo de hundirse en el abismo si insiste en oponer la Iglesia del Concilio a la de la Tradición. El motu proprio Traditionis custodes es un paso en esta dirección. ¿Cómo es posible no advertir la malicia y la hipocresía de quien pretende destruir la Tradición mientras se autodenomina "guardián de la Tradición" (Traditionis custodes)? ¿Y cómo no observar que esto sucede precisamente en un momento en que las herejías y los errores de todo tipo están devastando la Iglesia?

              Si la violencia es el uso ilegítimo de la fuerza, el motu proprio del Papa Francisco es un acto objetivamente violento porque es prepotente y abusivo. Pero sería un error responder a la ilegitimidad de la violencia con formas ilegítimas (?) de disidencia.

              La única resistencia legítima es la de quienes no ignoran el derecho canónico y creen firmemente en la visibilidad de la Iglesia; la de quienes no ceden al protestantismo y no presumen de convertirse en papa contra el papa; la de quienes moderan su lenguaje y reprimen las pasiones desordenadas que pueden llevarles a gestos precipitados; la de quienes no se deslizan hacia fantasías apocalípticas y mantienen un firme equilibrio en la tormenta; finalmente, la de quienes lo basan todo en la oración, en la convicción de que sólo Jesucristo y nadie más salvará a su Iglesia