sábado, 20 de abril de 2019

 Lectio
Juan 20, 1-9
Ver en la noche y creer por el amor
Juan 20, 1-9

1. Pidamos el Espíritu Santo

¡Señor Jesucristo, hoy tu luz resplandece en nosotros, fuente de vida y de gozo! Danos tu Espíritu de amor y de verdad para que, como María Magdalena, Pedro y Juan, sepamos también nosotros descubrir e interpretar a la luz de la Palabra los signos de tu vida divina presente en nuestro mundo y acogerlos con fe para vivir siempre en el gozo de tu presencia junto a nosotros, aun cuando todo parezca rodeado de las tinieblas de la tristeza y del mal.

2. El Evangelio

a) Una clave de lectura:
Para el evangelista Juan, la resurrección de Jesús es el momento decisivo del proceso de su glorificación, con un nexo indisoluble con la primera fase de tal glorificación, a saber, con la pasión y muerte.
El acontecimiento de la resurrección no se describe con las formas espectaculares y apocalípticas de los evangelios sinópticos: para Juan la vida del Resucitado es una realidad que se impone sin ruido y se realiza en silencio, en la potencia discreta e irresistible del Espíritu.
El hecho de la fe de los discípulos se anuncia "cuando todavía estaba oscuro" y se inicia mediante la visión de los signos materiales que los remiten a la Palabra de Dios.
Jesús es el gran protagonista de la narración, pero no aparece ya como persona.
b) El texto:
1 El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro.
2 Echa a correr y llega a Simón Pedro y al otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.»
3 Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. 4 Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. 5 Se inclinó y vio los lienzos en el suelo; pero no entró.
6 Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve los lienzos en el suelo, 7 y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a los lienzos, sino plegado en un lugar aparte.
8 Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó, 9 pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos.
c) Subdivisión del texto, para su mejor comprensión:
vers. 1: la introducción, un hecho previo que delinea la situación;
vers. 2: la reacción de María y el primer anuncio del hecho apenas descubierto;
vers. 3-5: la reacción inmediata de los discípulos y la relación que transcurre entre ellos;
vers. 6-7: constatación del hecho anunciado por María;
vers. 8-9: la fe del otro discípulo y su relación con la Sagrada Escritura.

3. Un espacio de silencio interno y externo

para abrir el corazón y dar lugar dentro de mí a la Palabra de Dios:
- Vuelvo a leer lentamente todo el pasaje;
- También estoy yo en el jardín: el sepulcro vacío está delante de mis ojos;
- Dejo que resuene en mi las palabras de María Magdalena;
- Corro yo también con ella, Pedro y el otro discípulo;
- Me dejo sumergir en el estupor gozoso de la fe en Jesús resucitado, aunque, como ellos, no lo veo con mis ojos de carne.

4. La Palabra que se nos da

* El capítulo 20 de Juan: es un texto bastante fragmentado, en el que resulta evidente que el redactor ha intervenido muchas veces para poner de relieve algunos temas y para unir los varios textos recibidos de las fuentes precedentes, al menos tres relatos.
* En el día después del sábado: es "el primer día de la semana" y hereda en el ámbito sagrado la gran sacralidad del sábado hebraico. Para los cristianos es el primer día de la nueva semana, el inicio de un tiempo nuevo, el día memorial de la resurrección, llamado "día del Señor" (dies Domini, dominica, domingo).
El evangelista adopta aquí y en el vers. 19, una expresión que ya es tradicional para los Cristianos (ejem: Mc 16, 2 y 9; Act. 20, 7) y es más antigua de la que aparece enseguida como característica de la primera evangelización: " el tercer día" (ejem. Lc 24, 7 y 46; Act 10, 40; 1Cor 15,4).
* María Magdalena: es la misma mujer que estuvo presente a los pies de la cruz con otras (19, 25). Aquí parece que estuviera sola, pero la frase del vers. 2 ("no sabemos") revela que la narración original, sobre la que el evangelista ha trabajado, contaba con más mujeres, igual que los otros evangelios (cfr Mc 16, 1-3; Mt 28, 1; Lc 23, 55-24, 1).
De manera diversa con respecto a los sinópticos (cfr Mc 16,1; Lc 24,1), además, no se especifica el motivo de su visita al sepulcro, puesto que ha sido referido que las operaciones de la sepultura estaban ya completadas (19,40); quizás, la única cosa que falta es el lamento fúnebre (cfr Mc 5, 38). Sea como sea, el cuarto evangelista reduce al mínimo la narración del descubrimiento del sepulcro vacío, para enfocar la atención de sus lectores al resto.
* De madrugada cuando estaba todavía oscuro: Marcos (16, 2) habla de modo diverso, pero de ambos se deduce que se trata de las primerísimas horas de la mañana, cuando la luz todavía es tenue y pálida. Quizás Juan subraya la falta de luz para poner de relieve el contraste simbólico entre tinieblas = falta de de fe y luz = acogida del evangelio de la resurrección.
* Ve la piedra quitada del sepulcro: la palabra griega es genérica: la piedra estaba "quitada" o " removida" (diversamente: Mc 16, 3-4).
El verbo "quitar" nos remite a Jn 1,29: el Bautista señala a Jesús como el "Cordero que quita el pecado del mundo". ¿Quiere quizás el evangelista llamar la atención de que esta piedra "quitada", arrojada lejos del sepulcro, es el signo material de que la muerte y el pecado han sido "quitados" de la resurrección de Jesús?
* Echa a correr y llega a Simón Pedro y al otro discípulo: La Magdalena corre a ellos que comparten con ella el amor por Jesús y el sufrimiento por su muerte atroz, aumentada ahora con este descubrimiento. Se llega a ellos, quizás porque eran los únicos que no habían huido con los otros y estaban en contacto entre ellos (cfr 19, 15 y 26-27). Quiere al menos compartir con ellos el último dolor por el ultraje hecho al cadáver.
Notamos como Pedro, el "discípulo amado" y la Magdalena se caracterizan por su amor especial que los une a Jesús: es precisamente el amor, especialmente si es renovado, el que los vuelve capaces de intuir la presencia de la persona amada.
* El otro discípulo a quien Jesús quería: es un personaje que aparece sólo en este evangelio y sólo a partir del capítulo 13, cuando muestra una gran intimidad con Jesús y también un gran acuerdo con Pedro (13, 23-25). Aparece en todos los momentos decisivos de la pasión y de la resurrección de Jesús, pero permanece anónimo y sobre su identidad se han dado hipótesis bastantes diferentes. Probablemente se trata del discípulo anónimo del Bautista que sigue a Jesús junto con Andrés (1, 23-25). Puesto que el cuarto evangelio no habla nunca del apóstol Juan y considerando que este evangelio a menudo narra cosas particulares propias de un testigo ocular, el "discípulo" ha sido identificado con el apóstol Juan. El cuarto evangelio siempre se le ha atribuido a Juan, aunque él no lo haya compuesto materialmente, si bien es en el origen de la tradición particular al que se remonta este evangelio y otros escritos atribuidos a Juan. Esto explica también como él sea un personaje un tanto idealizado.
A quien Jesús quería: es evidentemente un añadido debido, no al apóstol, que no hubiera osado presumir de tanta confianza con el Señor, sino de sus discípulos, que han escrito materialmente el evangelio y han acuñado esta expresión reflexionando sobre el evidente amor privilegiado que concurre entre Jesús y este discípulo (cfr 13,25; 21, 4.7). Allí donde se usa la expresión más sencilla, "el otro discípulo" o "el discípulo", es que ha faltado, por tanto, el añadido de los redactores.
* Se han llevado del sepulcro al Señor: estas palabras, que se repiten también a continuación: vers. 13 y 15, revelan que María teme uno de los robos de cadáveres que sucedían a menudo en la época, de tal manera que obligó al emperador romano a dictar severos decretos para acabar con el fenómeno. A esta posibilidad recurre, en Mateo (28, 11-15), los jefes de los sacerdotes para difundir el descrédito sobre el acontecimiento de la resurrección de Jesús y ocasionalmente, justificar la falta de intervención de los soldados puestos de guardias en el sepulcro.
* El Señor: el título de "Señor" implica el reconocimiento de la divinidad y evoca la omnipotencia divina. Por esto, era utilizado por los Cristianos con referencia a Jesús Resucitado. El cuarto evangelista, de hecho, lo reserva sólo para sus relatos pascuales (también en 20-13).
No sabemos dónde lo han puesto: la frase recuerda cuanto sucedió a Moisés, cuyo lugar de sepultura era desconocido (Dt 34, 10). Otra probable referencia es a las mismas palabras de Jesús sobre la imposibilidad de conocer el lugar donde hubiera sido llevado.(7, 11.22; 8,14.28.42; 13, 33; 14, 1-5; 16,5).
*Corrían los dos juntos…pero el otro…llegó primero…pero no entró: La carrera revela el ansia que viven estos discípulos.
El pararse del "otro discípulo", es mucho más que un gesto de cortesía o de respeto hacia un anciano: es el reconocimiento tácito y pacífico, en su sencillez, de la preeminencia de Pedro dentro del grupo apostólico, aunque esta preeminencia no se subraye. Es, por tanto, un signo de comunión. Este gesto podría también ser un artificio literario para trasladar el acontecimiento de la fe en la resurrección al momento sucesivo y culminante de la narración.
* Los lienzos en el suelo y el sudario…plegado en un lugar aparte: ya el otro discípulo, sin siquiera entrar, había visto algo. Pedro, pasando la entrada del sepulcro, descubre la prueba de que no había habido ningún robo del cadáver: ¡ningún ladrón hubiera perdido el tiempo en desvendar el cadáver, extender ordenadamente los lienzos y las fajas (por tierra pudiera haber sido traducido mejor por "extendidas" o "colocadas en el suelo") y plegar aparte el sudario! La operación se hubiera complicado por el hecho de que los óleos con los que había sido ungido aquel cuerpo (especialmente la mirra) operaban como un pegamento, haciendo que se adhiriera perfecta y seguramente el lienzo al cuerpo, casi como sucedía con las momias. El sudario, además está plegado; la palabra griega puede decir también "enrollado", o más bien indicar que aquel paño de tejido ligero había conservado en gran parte las formas del rostro sobre el cual había estado puesto, casi como una máscara mortuoria. Las vendas son las mismas citadas en Jn 19, 40.
En el sepulcro, todo resulta en orden, aunque falta el cuerpo de Jesús y Pedro consigue ver bien en el interior, porque el día está clareando.
A diferencia de Lázaro (11,44), por tanto, Cristo ha resucitado abandonando todo los arreos funerarios: los comentadores antiguos hacen notar que, de hecho, Lázaro guardaría sus vendas para la definitiva sepultura, mientras que Cristo no tenía ya más necesidad de ellas, no debiendo ya jamás morir (cfr Rm 6,9).
* Pedro…vio…el otro discípulo…vio y creyó: también María, al comienzo de la narración, había "visto". Aunque la versión española traduzca todo con el mismo verbo, el texto original usa tres diversos (theorein para Pedro; blepein para el otro discípulo y la Magdalena; idein, aquí, para el otro discípulo), dejándonos entender un crecimiento de profundidad espiritual de este "ver" que , de hecho, culmina con la fe del otro discípulo.
El discípulo anónimo, ciertamente, no ha visto nada diverso de lo que ya había visto Pedro: quizás, él interpreta lo que ve de manera diversa de los otros, también por la especial sintonía de amor que había tenido con Jesús (la experiencia de Tomás es emblemática: 29, 24-29). Sin embargo, como se indica por el tiempo del verbo griego, su fe es todavía una fe inicial, tanto que él no encuentra el modo de compartirla con María o Pedro o cualquiera de los otros.
Para el cuarto evangelista, sin embargo, el binomio "ver y creer" es muy significativo y está referido exclusivamente a la fe en la resurrección del Señor (cfr 20, 29), porque era imposible creer verdaderamente antes que el Señor hubiese muerto y resucitado (cfr 14, 25-26; 16, 12-15). El binomio visión – fe, por tanto, caracteriza a todo este capítulo y " el discípulo amado" se presenta como un modelo de fe que consigue comprender la verdad de Dios a través de los acontecimientos materiales (cfr también 21, 7).
* No habían comprendido todavía la Escritura: se refiere evidentemente a todos los otros discípulos. También para aquéllos que habían vivido junto a Jesús, por tanto, ha sido difícil creer en Él y para ellos, como para nosotros, la única puerta que nos permite pasar el dintel de la fe auténtica es el conocimiento de la Escritura (cfr. Lc 24, 26-27; 1Cor 15, 34; Act 2, 27-31) a la luz de los hechos de la resurrección.

5. Algunas preguntas para orientar la reflexión y la actuación

a) ¿Qué quiere decir concretamente, para nosotros, "creer en Jesús Resucitado"? ¿Qué dificultades encontramos? ¿La resurrección es sólo propia de Jesús o es verdaderamente el fundamento de nuestra fe?
b) La relación que vemos entre Pedro, el otro discípulo y María Magdalena es evidentemente de gran comunión en torno a Jesús. ¿En qué personas, realidades, instituciones encontramos hoy la misma alianza de amor y la misma "común unión" fundada en Jesús? ¿Dónde conseguimos leer los signos concretos del gran amor por el Señor y por los "suyos" que mueve a todos los discípulos?
c) Cuando observamos nuestra vida y la realidad que nos circunda de cerca o de lejos ¿tenemos la mirada de Pedro (ve los hechos, pero permanece firme en ellos: a la muerte y a la sepultura de Jesús), o más bien, la del otro discípulo (ve los hechos y descubre en ellos los signos de una vida nueva)?

6. Oremos invocando gracia y alabando a Dios

con un himno extraído de la carta de Pablo a los Efesios (paráfrasis 1, 17-23)
El Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria,
os conceda espíritu de sabiduría y de revelación
para conocerle perfectamente;
iluminando los ojos de vuestro corazón
para que conozcáis cuál es la esperanza a que habéis sido llamados por él;
cuál la riqueza de la gloria otorgada por él en herencia a los santos,
y cuál la soberana grandeza de su poder
para con nosotros, los creyentes, conforme a la eficacia de su fuerza poderosa,
que desplegó en Cristo, resucitándole de entre los muertos
y sentándole a su diestra en los cielos,
por encima de todo principado, potestad,
virtud, dominación
y de todo cuanto tiene nombre
no sólo en este mundo sino también en el venidero.
Sometió todo bajo sus pies
y le constituyó cabeza suprema de la Iglesia,
que es su cuerpo,
la plenitud del que lo llena todo en todo.

7. Oración final

El contexto litúrgico no es indiferente para orar este evangelio y el acontecimiento de la resurrección de Jesús, en torno al cual gira nuestra fe y vida cristiana. La secuencia que caracteriza la liturgia eucarística de este día y de la semana que sigue (la octava) nos guía en la alabanza al Padre y al Señor Jesús:
Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.
Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza
Lucharon vida y muerte
en singular batalla
y, muerto el que es Vida,
triunfante se levanta.
¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?
- A mi Señor glorioso
la tumba abandonada,
los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!
Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua
Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.
Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa
Nuestra oración puede también concluirse con esta vibrante invocación de un poeta contemporáneo, Marco Guzzi:
¡Amor, Amor, Amor!
Quiero sentir, vivir y expresar todo este Amor
que es empeño gozoso en el mundo
y contacto feliz con los otros.
Sólo tú me libras, sólo tu me sueltas.
Y los hielos descienden para regar
el valle más verde de la creación
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Lectio Divina

To see in the night and believe for love
John 20, 1-9

1. Let us invoke the Holy Spirit

Lord Jesus Christ, today Your light shines in us, source of life and joy. Send the Spirit of love and truth, so that, like Mary Magdalene, Peter, and John, we too may discover and interpret the light of the Word,
the signs of Your divine presence in our world. May we welcome these signs in faith that we may always live in the joy of Your presence among us, even when all seems to be shrouded in the darkness of sadness and evil.

2. The Gospel

a) A key to the reading:
For John the Evangelist, the resurrection of Jesus is the decisive moment in the process of His glorification, indissolubly linked with the first phase of this glorification, namely His passion and death.
The event of the resurrection is not described in the spectacular and apocalyptic details of the synoptic Gospels. For John, the life of the Risen One is a reality that asserts itself silently, in the discreet and irresistible power of the Spirit.
The faith of the disciples is announced, "While it was still dark" and begins through the vision of the material signs that recall the Word of God. Jesus is the great protagonist of the story, but He does not appear personally.
John 20, 1-9
b) The text:
On the first day of the week, Mary of Magdala came to the tomb early in the morning, while it was still dark, and saw the stone removed from the tomb. So she ran and went to Simon Peter and to the other disciple whom Jesus loved, and told them, “They have taken the Lord from the tomb, and we don’t know where they put him.” So Peter and the other disciple went out and came to the tomb. They both ran, but the other disciple ran faster than Peter and arrived at the tomb first; he bent down and saw the burial cloths there, but did not go in. When Simon Peter arrived after him, he went into the tomb and saw the burial cloths there, and the cloth that had covered his head, not with the burial cloths but rolled up in a separate place. Then the other disciple also went in, the one who had arrived at the tomb first, and he saw and believed. For they did not yet understand the Scripture that he had to rise from the dead.
c) A subdivision of the text for a better understanding:
Verse 1: introduction and events prior to the description of the situation;
Verse 2: Mary’s reaction and the first announcement of the newly discovered fact;
Verses 3-5: the immediate reaction of the disciples and the interaction among them.
Verses 6-7: verification of the event announced by Mary;
Verses 8-9: the faith of the other disciple and its relationship with the Sacred Scriptures.

3. A moment of interior and exterior silence

to open our hearts and make room within for the Word of God:
- A slow re-reading the whole passage;
- I  am in the garden: the empty sepulcher is before my eyes;
- I allow Mary Magdalene’s words to echo within me;
- I  run with her, Peter and the other disciple;
- I allow myself to be immersed in the joyful wonder of the faith in Jesus Christ, even though, like them, I do not see Him with my bodily eyes.

4. The gift of the Word to us

* Chapter 20 in John: this is quite a fragmented text where it is clear that the editor has intervened several times to put the stress on some themes and to unify the various texts received previously from preceding sources, at least three sources.
* The day after the Sabbath: it is "the first day of the week" and, in Christian circles, inherits the sacredness of the Jewish Sabbath. For Christians it is the first day of the new week, the beginning of the new time, the memorial day of the resurrection called "the day of the Lord" (dies Domini).
Here and in verse 19, the Evangelist adopts an expression that is already traditional for Christians (e.g.: Mk 16:2, 9; Acts 20:7) and is older than the expression that later became characteristic of the first evangelization: "the third day" (e.g.: Lk 24:7,  46; Acts 10:40; 1Cor 15:4).
* Mary Magdalene: This is the same woman as the one present at the foot of the cross with other women (19:25). Here she seems to be alone, but the words in verse 2 ("we do not know") show that the original story, worked on by the Evangelist, told of more women, as is true of the other Gospels (cf. Mk 16:1-3; Mt 28:1; Lk 23:55-24,1).
The synoptic gospels (cf. Mk 16:1; Lk 24:1) do not specify the reason for her visit to the sepulcher, seeing that it inferred that the rite of burial had already been carried out (19:40); perhaps, the only thing missing is the funereal lamentation (cf. Mk 5:38). In any case, the fourth Evangelist reduces to a minimum the story of the discovery of the empty sepulcher so as to focus the attention of the reader on what comes after.
* Early, while it was still dark: Mark (16:2) says something different, but from both we understand that it was the very early hours of the morning, when the light is very weak and still pale. Perhaps John stresses the lack of light in order to contrast symbolically the darkness-lack of faith and light-welcoming of the Gospel of the resurrection.
* The stone had been taken away from the tomb: the Greek work is generic: the stone had been "taken away" or "removed" (different from Mk 16:3-4).
The verb to "take away" recalls Jn 1:29: the Baptist points Jesus out as " Lamb who takes away the sin of the world". Perhaps the Evangelist wishes to recall the fact that this stone "taken away", flung away from the sepulcher is the material sign that death and sin have been "taken away" by the resurrection of Jesus? It also describes a larger event, the moving of the stone, which would otherwise be lost on the reader. For anyone who has moved even landscape stones in the garden, it is obvious that stone is heavy and takes more than one person to move a stone of any real size, especially one that would cover a sepulcher. The moved stone signifies something important has happened here, even before entering. 
* So she ran and went to Peter and the other disciple: Mary Magdalene runs to those who share her love for Jesus and her suffering for His atrocious death, now made worse by this new discovery. She turns to them, perhaps because they were the only ones who had not run away with the others and had remained in contact with each other  (cf. 19:15,  26-27 ). She wants to at least share with them this final pain of the outrage committed against the body.
We see how Peter and the "beloved disciple" and Magdalene are characterized by a special love that unites them with Jesus: it is indeed reciprocal love that makes them capable of sensing the presence of the loved person.
* The other disciple, the one whom Jesus loved: is someone who appears only in this Gospel and only beginning with chapter 13, when he exhibits great intimacy with Jesus and deep understanding with Peter (13:23-25). He appears at every decisive moment of the passion and of the resurrection of Jesus, but remains anonymous and many theories have been advanced on his identity. He is probably the anonymous disciple of the Baptist who follows Jesus together with Andrew (1:35.40). Since the fourth Gospel never speaks of John the apostle, and keeping in mind that this Gospel  recounts details clearly known to an eyewitness, the "disciple" has been identified with John the apostle. The fourth Gospel has always been attributed to him even though he may not have materially written it, yet the origin of this particular tradition is that this Gospel and other writings are attributed to John. This also explains why he is someone who is somewhat idealized.
"The one whom Jesus loved": It is clear that this is an addition not from the apostle, who would not have dared boast of having such a close relationship with the Lord, but from his disciples who wrote most of the Gospel and who coined this expression after reflection on the clearly privileged love between Jesus and him (cf. 13:25; 21:4,7). Where we read the simpler expression "the other disciple" or "the disciple", obviously the editors did not make the addition.
* They have taken the Lord out of the tomb: these words, which recur in verses 13 and 15, show that Mary was afraid that body-snatchers had taken the body, a thing common then, so much so that the Roman Emperor had to promulgate severe decrees to check this phenomenon. In Matthew (28:11-15), the chief priests use this possibility to discredit the fact of the resurrection of Jesus and, eventually, to justify the lack of intervention on the part of the soldiers who guarded the tomb.
* The Lord: the title "Lord" implies an acknowledgment of divinity and evokes divine omnipotence. That is why this term was used by Christians for the risen Jesus. Indeed, the fourth Evangelist uses this term only in Paschal stories (see also 20:13).
* We do not know where they have laid Him: these words recall what happened to Moses, whose place of burial was unknown (Deut 34:10). Another implicit reference is to the words of Jesus Himself when He says that it is impossible to know where He was going (7:11, 22; 8:14, 28, 42; 13:33; 14:1-5; 16:5).
* They both ran, but the other disciple outran Peter…but he did not go in: This passage shows the anxiety that these disciples were living through.
The fact that the "other disciple" stopped, is more than just a gesture of politeness or respect towards someone older, it is the tacit acknowledgment that Peter, within the apostolic group, held a place of pre-eminence, even though this is not stressed. It is, therefore, a sign of communion. This gesture could also be a literary device to move from the event in terms of faith in the resurrection to the following and peak moment in the story.
* The linen cloths lying and the napkin…rolled up in a place by itself: although the other disciple did not go in, he had already seen something. Peter, crossing the entrance of the sepulcher, discovers the proof that no theft of the body took place: no thief would have wasted time to unfold the body, spread the cloths in an orderly fashion (on the ground would be translated better by "spread out" or "laid carefully on the floor") and then to roll up the napkin in a place by itself. Such an operation would have also been complicated because the oils with which the body had been anointed (especially myrrh) acted like glue, causing the cloths to stick perfectly and solidly to the body, similar to what happened to mummies. Besides, the napkin is folded; the Greek verb can also mean "rolled", or it could indicate that that piece of light cloth had, in large part, preserved the form of the face over which it had been placed, almost like a mortuary mask. The cloths are the same as those cited in Jn 19:40.
Everything is in order in the sepulcher, even though the body of Jesus is not there, and Peter was well able to see inside the sepulcher because the day was breaking. Different from Lazarus (11:44) then, Christ rises, completely abandoning his funerary trappings. Ancient commentators note that, in fact, Lazarus had to use the cloths again for his definitive burial, while Christ had no further use of them because he was not to die again (cf. Rom 6:9).
* Peter…saw…the other disciple…saw and believed: at the beginning of the story, Mary also "saw". Although some translations use the same verb, the original text uses three different verbs (theorein for Peter; blepein for the other disciple and Mary Magdalene; idein, here, for the other disciple), allowing us to understand that there is a growth in the spiritual depth of this "seeing" that, in fact, culminates in the faith of the other disciple.
The anonymous disciple had certainly not seen anything other than what Peter had observed. Perhaps he interprets what he sees differently from others because of the special relationship of love he had with Jesus (Thomas’ experience is emblematic, 29: 24-29). In any case, as indicated by the tense of the Greek verb, his is still an initial faith, so much so that he cannot find ways of sharing this experience with Mary or Peter or any of the other disciples.  (There is no further reference to this).
However, for the fourth Evangelist, the double "see and believe" is quite meaningful and refers exclusively to faith in the resurrection (cf. 20:29), because it was impossible to truly believe before the Lord had died and rose (cf. 14:25-26; 16:12-15). The double vision-faith, then, characterizes the whole of this chapter and "the beloved disciple" is presented as a model of faith who succeeds in understanding the truth about God through material (cf.  21:7).
* As yet they did not know the Scripture: this obviously refers to all the other disciples. Even for those who had lived close to Jesus, then, it was difficult to believe in Him, and for them, as for us also, the only gateway that allows us to cross the threshold of authentic faith is knowledge of the Scriptures (cf. Lk 24:26-27; 1Cor 15:34; Acts 2: 27-31) in the light of the events of the resurrection.

5. A few questions to direct our reflection and its practice

a) What, in the concrete, does it mean for us "to believe in Jesus the Risen One"? What difficulties do we encounter? Does the resurrection solely concern Jesus or is it really the foundation of our faith?
b) The relationship that we see among Peter, the other disciple and Mary Magdalene is clearly one of great communion in Jesus. In what persons, realities, institutions do we find this same understanding of love and the same "common union" founded on Jesus today? Where can we read the concrete signs of the great love for the Lord and "His own" that inspired all the disciples?
c) When we look at our lives and the reality that surrounds them, both near and far, do we see as Peter saw (he saw reality, but holds on to them to the death and burial of Jesus) or do we see as the other disciple saw (he saw facts and discovers in them signs of new life)?

6. Let us pray asking for grace and praising God

With a hymn taken from the letter of Paul to the Ephesians (paraphrase of 1:17-23).
The God of our Lord Jesus Christ, the Father of glory,
may give you a spirit of wisdom and of revelation
in the knowledge of Him,
having the eyes of your hearts enlightened,
that you may know what is the hope to which He has called you,
what are the riches of His glorious inheritance in the saints,
and what is the immeasurable greatness of His power
in us who believe, according to the working of His great might
which He accomplished in Christ when He raised Him from the dead
and made Him sit at His right hand in the heavenly places,
far above all rule and authority and power and dominion,
and above every name that is named,
not only in this age but also in that which is to come;
and He has put all things under His feet
and has made Him the head over all things for the church,
which is His body,
the fullness of Him who fills all in all.

7. Closing prayer

The liturgical context is of great importance in praying this Gospel and the event of the resurrection of Jesus, which is the hub of our faith and of our Christian life. The sequence that characterizes the Eucharistic liturgy of today and of the whole week leads us to praise the Father and the Lord Jesus.
Christians, to the Paschal Victim
Offer sacrifice and praise.
The sheep are ransomed by the Lamb;
and Christ, the undefiled
has sinners to His Father reconciled.
Death with life contended:
Combat strangely ended!
Life’s own Champion, slain,
Yet lives to reign.
Tell us Mary;
say what you see upon the way.
The tomb the living did enclose;
I saw Christ’s glory as He rose!
The angels there attesting;
Shroud with grave-clothes resting.
Christ, my hope, has risen:
He goes before you into Galilee.
That Christ is truly risen from the dead
we know.
Victorious King,
Your mercy show.
We may conclude our prayer also with this lively invocation by a contemporary poet, Marco Guzzi:
Love, Love, Love!
I wish to feel, live and express all this Love,
Which is a joyful commitment in the world
and a happy contact with others.
Only You free me, only You release me.
And the snows fall to water
the greenest of valleys in creation
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Lectio Divina: Pasqua di Risurrezione del Signore

Lectio
Vedere nella notte e credere per l’amore 
Giovanni 20, 1-9

1. Invochiamo lo Spirito santo

Signore Gesù Cristo, oggi la tua luce splende in noi, fonte di vita e di gioia! Donaci il tuo Spirito d’amore e di verità, perché, come Maria Maddalena, Pietro e Giovanni, sappiamo anche noi scoprire e interpretare alla luce della Parola i segni della tua vita divina presenti nel nostro mondo e accoglierli nella fede per vivere sempre nella gioia della tua presenza accanto a noi, anche quando tutto sembra avvolto dalle tenebre della tristezza e del male.

2. Il Vangelo

a) Una chiave di lettura:
Per l’evangelista Giovanni, la resurrezione di Gesù è il momento decisivo del processo della sua glorificazione, con un nesso inscindibile con la prima fase di tale glorificazione, cioè con la passione e morte. 
L’evento della resurrezione non è descritto con i particolari spettacolari e apocalittici dei vangeli sinottici: per Giovanni la vita del Risorto è una realtà che si impone senza chiasso e si fa avanti in silenzio, nella potenza discreta e irresistibile dello Spirito. 
Il fatto della fede dei discepoli si annuncia "quando era ancora buio" e s’inizia mediante la visione di segni materiali che rimandano alla Parola di Dio. 
Gesù è il grande protagonista della narrazione, ma non compare mai di persona.
Giovanni 20, 1-9
b) Il testo:
1 Nel giorno dopo il sabato, Maria di Magdala si recò al sepolcro di buon mattino, quando era ancora buio, e vide che la pietra era stata ribaltata dal sepolcro. 
2 Corse allora e andò da Simon Pietro e dall’altro discepolo, quello che Gesù amava, e disse loro: "Hanno portato via il Signore dal sepolcro e non sappiamo dove l’hanno posto!" 
3 Uscì allora Simon Pietro insieme all’altro discepolo e si recarono al sepolcro. 4 Correvano insieme tutti e due, ma l’altro discepolo corse più veloce di Pietro e giunse per primo al sepolcro. 5 Chinatosi, vide le bende per terra, ma non entrò. 
6 Giunse intanto anche Simon Pietro che lo seguiva ed entrò nel sepolcro e vide le bende per terra, 7 e il sudario, che gli era stato posto sul capo, non per terra con le bende, ma piegato in un luogo a parte. 
8 Allora entrò anche l’altro discepolo, che era giunto per primo al sepolcro, e vide e credette. 9 Non avevano infatti ancora compreso la Scrittura, che egli cioè doveva risuscitare dai morti.
c) Suddivisione del testo, per comprenderlo meglio:
vers. 1: l’introduzione, un antefatto che tratteggia la situazione; 
vers. 2: la reazione di Maria e il primo annuncio del fatto appena scoperto; 
verss. 3-5: la reazione immediata dei discepoli e la relazione che intercorre fra loro; 
verss. 6-7: constatazione del fatto annunziato da Maria; 
verss. 8-9: la fede dell’altro discepolo e la relazione di essa con la sacra Scrittura.

3. Uno spazio di silenzio interno ed esterno

per aprire il cuore e dare spazio dentro di me alla Parola di Dio: 
- Rileggo lentamente l’intero brano; 
- Sono anch’io in quel giardino: il sepolcro vuoto è davanti ai miei occhi; 
- Lascio riecheggiare dentro di me le parole di Maria di Magdala; 
- Corro anch’io con lei, Pietro e l’altro discepolo; 
- Mi lascio immergere nello stupore gioioso della fede in Gesù risorto, anche se, come loro, non lo vedo con i miei occhi di carne.

4. La Parola che ci è donata

* Il capitolo 20 di Giovanni: è un testo abbastanza frammentario, in cui risulta evidente che il redattore è intervenuto più volte per evidenziare alcuni temi e per unire i vari testi ricevuti dalle fonti precedenti, almeno tre racconti.
* Nel giorno dopo il sabato: è "il primo giorno della settimana" ed eredita in ambito cristiano la grande sacralità del sabato ebraico. Per i Cristiani è il primo giorno della nuova settimana, l’ inizio del nuovo tempo, il giorno memoriale della resurrezione, chiamato "giorno del Signore" (dies Domini, domenica). 
L’evangelista adotta qui e al vers. 19 un’espressione che è già tradizionale per i Cristiani (es.: Mc 16, 2 e 9; At 20, 7) ed è più antica di quella divenuta in seguito caratteristica della prima evangelizzazione: "il terzo giorno" (es.: Lc 24, 7 e 46; At 10, 40;1Cor 15, 4).
* Maria di Magdala: è la stessa donna già presente ai piedi della croce con altre (19, 25). Qui sembrerebbe sola, ma la frase del vers. 2 ("non sappiamo") rivela che il racconto originario, sul quale l’evangelista ha lavorato, narrava di più donne, al pari degli altri vangeli (cfr Mc 16, 1-3; Mt 28, 1; Lc 23, 55-24, 1). 
Diversamente rispetto ai sinottici (cfr Mc 16, 1; Lc 24, 1), inoltre, non si specifica il motivo della sua visita al sepolcro, visto che è stato riferito che le operazioni di sepoltura erano state già completate (19, 40); forse, l’unica cosa che manca è il lamento funebre (cfr Mc 5, 38). Comunque, il quarto evangelista riduce al minimo la narrazione della scoperta del sepolcro vuoto, per puntare l’attenzione dei lettori sul resto.
* Di buon mattino, quando era ancora buio: Marco (16, 2) parla in modo diverso, ma da entrambi si comprende che si tratta delle primissime ore del mattino, quando la luce è molto tenue e ancora livida. Forse Giovanni sottolinea la mancanza di luce per evidenziare il contrasto simbolico fra tenebre-mancanza di fede eluce–accoglienza del vangelo della resurrezione.
* La pietra era stata ribaltata dal sepolcro: la parola greca è generica: la pietra era stata "tolta" o "rimossa" (diversamente: Mc16, 3-4). 
Il verbo "togliere" ci rimanda a Gv 1, 29: il Battista indica Gesù come "l’Agnello che toglie il peccato del mondo". Forse l’evangelista vuole richiamare il fatto che questa pietra "tolta", sbalzata via dal sepolcro è il segno materiale che la morte e il peccato sono stati "tolti" dalla resurrezione di Gesù?
* Corse allora e andò da Pietro e dall’altro discepolo: la Maddalena corre da coloro che condividono con lei l’amore per Gesù e la sofferenza per la sua morte atroce, ora accresciuta da questa scoperta. Si reca da loro, forse perché erano gli unici che non erano fuggiti con gli altri e si erano tenuti in contatto fra loro (cfr 19, 15 e 26-27). Vuole almeno condividere con loro l’ulteriore dolore per l’oltraggio al cadavere. 
Notiamo come Pietro, il "discepolo amato" e Maddalena si caratterizzino per l’amore speciale che li lega a Gesù: è proprio l’amore, specie se ricambiato, che rende capaci di intuire la presenza della persona amata.
* L’altro discepolo, quello che Gesù amava: è un personaggio che compare solo in questo vangelo e solo a partire dal cap. 13, quando mostra una grande intimità con Gesù e anche una profonda intesa con Pietro (13, 23-25). Compare in tutti i momenti decisivi della passione e della resurrezione di Gesù, ma rimane anonimo e sulla sua identità sono state fatte ipotesi abbastanza varie. Probabilmente si tratta del discepolo anonimo del Battista che segue Gesù assieme ad Andrea (1, 35.40). Poiché il quarto vangelo non parla mai dell’apostolo Giovanni e considerando che questo vangelo riporta spesso particolari evidentemente risalenti a un testimone oculare, il "discepolo" è stato identificato con l’apostolo Giovanni. Il quarto vangelo gli è stato sempre attribuito, anche se egli non l’ha composto materialmente, bensì è all’origine della tradizione particolare cui risale questo vangelo e gli altri scritti attribuiti a Giovanni. Ciò spiega anche come egli sia un personaggio alquanto idealizzato. 
"Quello che Gesù amava": è evidentemente un’aggiunta dovuta non all’apostolo, che non avrebbe osato vantare tanta confidenza col Signore, ma ai suoi discepoli, che hanno scritto materialmente il vangelo e hanno coniato quest’espressione riflettendo sull’evidente amore privilegiato che intercorre fra Gesù e questo discepolo (cfr 13, 25; 21, 4. 7). Laddove si usa l’espressione più semplice, "l’altro discepolo" o "il discepolo", è mancata, dunque, l’aggiunta dei redattori.
* Hanno portato via il Signore dal sepolcro: queste parole, che ricorrono anche in seguito: vers. 13 e 15, rivelano che Maria teme uno dei furti di cadavere che avvenivano spesso all’ epoca, tanto da costringere l’imperatore romano a emanare severi decreti per arginare il fenomeno. A questa stessa possibilità ricorrono, in Matteo (28, 11-15), i capi dei sacerdoti per diffondere discredito sull’evento della resurrezione di Gesù ed, eventualmente, giustificare il mancato intervento dei soldati posti a guardia del sepolcro.
* Il Signore: il titolo di "Signore" implica il riconoscimento della divinità ed evoca l’onnipotenza divina. Era, perciò, utilizzato dai Cristiani per Gesù risorto. Il quarto evangelista, infatti, lo riserva ai soli racconti pasquali (anche in 20, 13).
* Non sappiamo dove l’hanno posto: la frase rimanda a quanto successe a Mosè, il cui luogo di sepoltura era sconosciuto (Dt 34, 10). Un altro probabile rimando implicito è alle stesse parole di Gesù sull’impossibilità di conoscere il luogo dove si sarebbe recato (7, 11. 22; 8, 14. 28. 42; 13, 33; 14, 1-5; 16, 5).
* Correvano insieme … ma l’altro … giunse per primo … ma non entrò: La corsa rivela l’ansia che vivono questi discepoli. 
Il fermarsi dell’ "altro discepolo" è più che un gesto di cortesia o di rispetto verso un anziano: è il riconoscimento tacito e pacifico, nella sua semplicità, della preminenza di Pietro all’interno del gruppo apostolico, sebbene questa non vada enfatizzata. È, dunque, un segno di comunione. Questo gesto potrebbe anche essere un artificio letterario per spostare l’evento della fede nella resurrezione al momento successivo e culminante del racconto.
* Le bende per terra e il sudario … piegato in un luogo a parte: già l’altro discepolo, pur senza entrare,ne aveva visto qualcosa. Pietro, varcando la soglia del sepolcro, scopre la prova che non vi era stato alcun furto del cadavere: nessun ladro avrebbe perso tempo a sbendare il cadavere, distendere ordinatamente le fasce e il lenzuolo (per terra potrebbe essere tradotto meglio con "stese" o "adagiate sul piano") e anche arrotolare a parte il sudario! L’operazione sarebbe stata complicata anche dal fatto che gli olii con cui era stato unto quel corpo (specialmente la mirra) agivano quasi come un collante, facendo aderire perfettamente e saldamente il lenzuolo al corpo, quasi come avveniva per le mummie. Il sudario, inoltre, è piegato; il verbo greco può voler dire anche "arrotolato", oppure indicare che quel drappo di stoffa leggera aveva conservato in gran parte le forme del volto sul quale era stato posto, quasi come una maschera mortuaria. Le bende sono le stesse citate in Gv 19, 40. 
Nel sepolcro, tutto risulta in ordine, anche se manca il corpo di Gesù e Pietro riesce a vedere bene all’interno , perché il giorno sta salendo. 
A differenza di Lazzaro (11, 44), dunque, il Cristo è risorto abbandonando del tutto il proprio corredo funerario: i commentatori antichi fanno notare che, infatti, Lazzaro dovette poi usare quelle bende per la propria definitiva sepoltura, mentre il Cristo non aveva più alcun bisogno di esse, non dovendo mai più morire (cfr Rm 6, 9).
* Pietro … vide … l’altro discepolo … vide e credette: anche Maria, all’inizio del racconto, aveva "visto". Nonostante la versione italiana traduca tutto con lo stesso verbo, il testo originale ne usa tre diversi (theorein per Pietro; blepein per l’altro discepolo e Maddalena; idein, qui, per l’altro discepolo), lasciandoci intendere un accrescimento della profondità spirituale di questo "vedere" che, infatti, culmina con la fede dell’altro discepolo. 
Il discepolo anonimo, di certo, non ha visto nulla di diverso da quanto aveva già osservato Pietro; forse, egli interpreta ciò che vede diversamente dagli altri anche per la particolare sintonia d’amore che aveva avuto con Gesù (l’esperienza di Tommaso è emblematica: 29, 24-29). Tuttavia, come indicato dal tempo del verbo greco, la sua è una fede ancora solo iniziale, tanto che egli non trova il modo di condividerla con Maria o Pietro o qualcun altro dei discepoli (non vi si accenna più in seguito). 
Per il quarto evangelista, tuttavia, il binomio "vedere e credere" è molto significativo ed è riferito esclusivamente alla fede nella resurrezione del Signore (cfr 20, 29), perché era impossibile credere davvero prima che il Signore fosse morto e risorto (cfr 14, 25-26; 16, 12-15). Il binomio visione – fede, quindi, caratterizza tutto questo capitolo e "il discepolo amato" è presentato come un modello di fede che riesce a comprendere la verità di Dio attraverso gli avvenimenti materiali (cfr anche 21, 7).
* Non avevano infatti ancora compreso la Scrittura: si riferisce evidentemente a tutti gli altri discepoli. Anche per coloro che avevano vissuto accanto a Gesù, dunque, è stato difficile credere in Lui e per loro, come per noi, l’unica porta che ci permette di varcare la soglia della fede autentica è la conoscenza della Scrittura (cfr Lc 24, 26-27; 1Cor 15, 34; At 2, 27-31) alla luce dei fatti della resurrezione.

5. Alcune domande per orientare la riflessione e l’attuazione

a) Cosa vuol dire concretamente, per noi, "credere in Gesù il Risorto"? Quali difficoltà incontriamo? La resurrezione riguarda solo Gesù o è veramente il fondamento della nostra fede? 
b) Il rapporto che vediamo fra Pietro, l’altro discepolo e Maria di Magdala è evidentemente di grande comunione attorno a Gesù. In quali persone, realtà, istituzioni oggi ritroviamo la stessa intesa d’amore e la stessa "comune unione" fondata su Gesù? Dove riusciamo a leggere i segni concreti del grande amore per il Signore e per i "suoi" che mosse tutti i discepoli? 
c) Quando osserviamo la nostra vita e la realtà che ci circonda a breve e a lungo raggio abbiamo lo sguardo di Pietro (vede i fatti, ma rimane fermo ad essi: alla morte e sepoltura di Gesù) oppure quello dell’altro discepolo (vede i fatti e scopre in essi i segni della vita nuova)?

6. Preghiamo invocando grazia e lodando Dio

con un inno tratto dalla lettera di Paolo agli Efesini (parafrasi di 1, 17-23).
Il Dio del Signore nostro Gesù Cristo, il Padre della gloria, 
ci dia uno spirito di sapienza e di rivelazione 
per una più profonda conoscenza di lui. 
Possa egli davvero illuminare gli occhi della nostra mente 
per farci comprendere a quale speranza ci ha chiamati, 
quale tesoro di gloria racchiude la sua eredità fra i santi 
e qual è la straordinaria grandezza della sua potenza 
verso di noi credenti secondo l'efficacia della sua forza 
che egli manifestò in Cristo, quando lo risuscitò dai morti 
e lo fece sedere alla sua destra nei cieli, 
al di sopra di ogni principato e autorità, 
di ogni potenza e dominazione 
e di ogni altro nome che si possa nominare 
non solo nel secolo presente ma anche in quello futuro. 
Tutto infatti ha sottomesso ai suoi piedi 
e lo ha costituito su tutte le cose a capo della Chiesa, 
la quale è il suo corpo, 
la pienezza di colui che si realizza interamente in tutte le cose.

7. Orazione Finale

Il contesto liturgico non è indifferente per pregare questo Vangelo e l’evento della resurrezione di Gesù, attorno al quale ruota tutta la nostra fede e vita cristiana. La sequenza che caratterizza la liturgia eucaristica di questo giorno e della settimana che segue (l’ "ottava") ci guida nel lodare il Padre e il Signore Gesù:
Alla vittima pasquale 
s’innalzi oggi il sacrificio di lode. 
L’agnello ha redento il suo gregge, 
l’Innocente ha riconciliato 
noi peccatori col Padre. 
Morte e Vita si sono affrontate 
In un prodigioso duello. 
Il Signore della vita era morto, 
ma ora - vivo - trionfa. 
"Raccontaci, Maria, 
che hai visto sulla via?" 
"La tomba del Cristo vivente, 
la gloria del Cristo risorto 
e gli angeli suoi testimoni, 
il sudario e le sue vesti. 
Cristo, mia speranza, è risorto 
e vi precede in Galilea". 
Sì, ne siamo certi: 
Cristo è davvero risorto. 
Tu, Re vittorioso, 
portaci la tua salvezza.
La nostra preghiera può anche concludersi con questa vibrante invocazione di un poeta contemporaneo, Marco Guzzi: 
Amore, Amore, Amore! 
Voglio sentire, vivere ed esprimere tutto questo Amore 
che è impegno gioioso nel mondo 
e contatto felice con gli altri. 
Solo tu mi liberi, solo tu mi sciogli. 
E i ghiacci scendono a irrigare 
La valle più verde del creato

jueves, 18 de abril de 2019

Notre Dame es una señal poderosa de Dios a Su Iglesia


Notre Dame es una señal poderosa de Dios a Su Iglesia. Es un ‘grito del corazón’ para la conversión, especialmente de sus Pastores: Mons. A. Schneider


“Os digo que no, y que, si no hiciereis penitencia, todos igualmente pereceréis” (Lc. 13, 4-5).

Mons. A. Schneider: “La discriminación y el ridículo que la Fe católica ha sufrido a manos del establishment político francés y el panorama de los medios de comunicación franceses, los cuales, ambos están firmemente en manos de los actuales poderes anticristianos y masónicos en Francia.
El incendio de Notre Dame es sin duda una señal poderosa y conmovedora que Dios está dando a su Iglesia en nuestros días. Es un ‘cri de coeur’ [grito del corazón] para la conversión auténtica, ante todo entre los pastores de la Iglesia.

Esta es una representación simbólica y altamente evocadora de lo que ha sucedido en la vida de la Iglesia durante los últimos cincuenta años, mientras el pueblo ha sido testigo del incendio de las obras maestras espirituales más preciosas de la Iglesia, es decir, la integridad y la belleza de la fe católica, la liturgia católica, y la vida moral católica, especialmente entre los sacerdotes.

Si los Pastores de la Iglesia se niegan a hacer penitencia por el incendio espiritual de los últimos cincuenta años y por la traición del mandato universal de Cristo de evangelizar, no debemos temer entonces que Dios envíe otra señal y más sorprendente como ¿una conflagración devastadora o un terremoto que destruiría la basílica de San Pedro en Roma?”.
Algunas consideraciones sobre el incendio de la Catedral de Notre Dame en París.
Por Mons. Athanasius Schneider. Dominus Est. 18 de abril de 2019.








La vehemencia del rayo con que el fuego envolvió la Catedral de Notre Dame en París lo deja a uno con la impresión de que un evento inesperado había llegado como un rayo de la nada. Y, sin embargo, visto como un fenómeno, esta tragedia se produjo después de una serie de cientos de ataques incendiarios sistemáticos contra varios objetos sagrados pertenecientes a la Iglesia Católica en Francia durante el año pasado.

Es también significativo que el incendio en Notre Dame ocurrió al comienzo de la Semana Santa, que es el corazón del año litúrgico para todos los católicos. Como los hechos en el caso aún se desconocen, no tenemos pruebas en las que basar las acusaciones de un complot para destruir la catedral. Sin embargo, uno se queda con una sensación de intranquilidad en el interior, especialmente cuando se considera la cadena de eventos sistemáticos anticatólicos, la marginación, la discriminación y el ridículo que la Fe católica ha sufrido a manos del establishment político francés y el panorama de los medios de comunicación franceses, los cuales, ambos están firmemente en manos de los actuales poderes anticristianos y masónicos en Francia.

Notre Dame no es solo el signo cultural y religioso más simbólico de la Iglesia Católica en Francia. Dado que Francia lleva el título de “hija primogénita de la Iglesia”, su catedral principal también tiene un profundo significado cultural y religioso para todo el mundo católico.

La destrucción de un signo visible de una vasta proporción como la Catedral de Notre Dame en París también contiene un inconfundible mensaje espiritual. El incendio de Notre Dame es sin duda una señal poderosa y conmovedora que Dios está dando a su Iglesia en nuestros días. Es un cri de coeur [grito del corazón] para la conversión auténtica, ante todo entre los pastores de la Iglesia. El fuego ha destruido en gran medida a Notre Dame, una obra maestra de la fe católica que data de siglos. Esta es una representación simbólica y altamente evocadora de lo que ha sucedido en la vida de la Iglesia durante los últimos cincuenta años, mientras el pueblo ha sido testigo del incendio de las obras maestras espirituales más preciosas de la Iglesia, es decir, la integridad y la belleza de la fe católica, la liturgia católica, y la vida moral católica, especialmente entre los sacerdotes.

El clímax de este incendio espiritual de décadas se ha manifestado en los escándalos de abuso sexual clerical que han sacudido profundamente a toda la Iglesia. Tristemente, debemos decir que el manejo del escándalo de abuso sexual clerical se ha mantenido más o menos en el nivel de consternación emocional. Las verdaderas raíces de esta crisis no se han revelado de manera transparente, ni, en consecuencia, se ha aplicado una medicina espiritual efectiva, ni se han aplicado normas canónicas perentorias. En un ensayo reciente y detallado, el antiguo Papa Benedicto XVI identificó una de las raíces más importantes de la crisis del abuso, es decir, la pérdida de la Fe verdadera, la prevalencia del relativismo moral, y la formación heterodoxa y no espiritual de los seminaristas. En reacción a la declaración del antiguo Papa Benedicto XVI, uno puede observar un silencio embarazoso – e incluso algunas protestas indignadas – retumbando a lo largo de las filas del establishment de los teólogos y clero liberales, que hoy son los verdaderos incendiarios espirituales en la Iglesia. Ellos ahora consideran que el antiguo Papa Benedicto XVI es un alborotador cuyas contundentes observaciones obstruyen su trabajo incendiario.



Si los Pastores de la Iglesia no reconocen en el incendio de Notre Dame una advertencia Divina, se estarán comportando como el pueblo en la Historia de la Salvación que no reconoció las advertencias que Dios les dio a menudo a través de las palabras incómodas e inmutables de los profetas, a través de catástrofes naturales y diversos eventos. La tragedia de Notre Dame me trajo a la mente de manera espontánea las siguientes palabras de Nuestro Señor: “Aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre de Siloé y los mató, ¿creéis que eran más culpables que todos los hombres que moran en Jerusalén? Os digo que no, y que, si no hiciereis penitencia, todos igualmente pereceréis” (Lc. 13, 4-5).

El trágico incendio de la Catedral de Notre Dame en París es también una ocasión propicia para que todos los miembros de la Iglesia hagan penitencia por los actos de traición cometidos contra Cristo y sus divinas enseñanzas en la vida de la Iglesia durante los últimos cincuenta años. Penitencia y reparación, deben hacerse, especialmente por la traición al mandamiento de Dios Padre de que toda la humanidad debería creer en Su Divino Hijo, el único Salvador de la humanidad. Pues Dios desea positivamente sólo la única y exclusiva religión que cree que Su Hijo Encarnado es Dios y el único Salvador de la humanidad. Penitencia y reparación, deben hacerse también por la traición del mandato explícito de Cristo de evangelizar a todas las naciones sin excepción, primera entre ellas, el pueblo judío. Pues fue a ellos a quienes Cristo envió primero a sus Apóstoles, para traerlos a la fe en Él y a la Alianza Nueva y Eterna por la cual se estableció el Pacto antiguo y temporal.

Si los Pastores de la Iglesia se niegan a hacer penitencia por el incendio espiritual de los últimos cincuenta años y por la traición del mandato universal de Cristo de evangelizar, no debemos temer entonces que Dios envíe otra señal y más sorprendente como ¿una conflagración devastadora o un terremoto que destruiría la basílica de San Pedro en Roma? De Dios no se burlarán de manera indefinida y descarada tantos Pastores de la Iglesia de nuestros días, a través de su traición a la Fe, su servicio al mundo y la adoración neopagana de las realidades temporales y terrenales. A ellos se les dirigen también estas palabras de Cristo: Os digo que si no hiciereis penitencia, todos igualmente pereceréis” (Lc. 13, 4-5).

Que el fuego en la Catedral de Notre Dame en París, por triste y deplorable que sea, reavive – especialmente en los Pastores de la Iglesia – un amor y celo por la verdadera fe católica y por la ardiente evangelización de todos aquellos que aún no creen en Cristo. Y que tengan presente no marginar y excluir cobardemente al pueblo judío y musulmán de esta excepcional forma de caridad. Que el fuego en Notre Dame también sirva como un medio para inflamar en los Pastores de la Iglesia un espíritu de verdadero arrepentimiento, para que Dios pueda conceder a todos la gracia de una renovación en la verdadera Fe y en el verdadero amor por Cristo, Nuestro Señor. , Nuestro Dios y Nuestro Salvador.

Cuando la Catedral de Notre Dame en París comenzó a arder, había un grupo de fieles, con niños y jóvenes entre ellos, que se arrodillaron en el suelo y cantaron el Avemaría. Este fue uno de los signos más conmovedores y espiritualmente poderosos en medio de una gran tragedia. Que Nuestra Señora, Auxilio de los Cristianos, interceda por nosotros, que los Pastores de la Iglesia puedan comenzar, con la ayuda de los fieles laicos, a reconstruir las ruinas espirituales en la vida de la Iglesia en nuestros días. En la Iglesia, como en París, un proceso de reparación y reconstrucción es un signo de esperanza.

17 de abril de 2019

+ Athanasius Schneider, Obispo Auxiliar de la Archidiócesis de Santa María en Astana.

domingo, 10 de marzo de 2019

Guía imprescindible para un católico tradicional

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La mortificación y los enemigos del alma

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Ayuno y abstinencia cuaresmales

In Nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen.
La lectura del Evangelio del primer domingo de Cuaresma dice que Nuestro Señor y Dios, Jesucristo, ayunó durante cuarenta días y cuarenta noches, tras lo cual sintió hambre. Tradicionalmente, se entiende que al estar en el desierto Jesús estuvo sin comer o beber durante cuarenta días. El término en latín para ‘ayuno’ es jejunium, el cual denota un intestino que está siempre vacío. El término en latín asociado a ‘Cuaresma’ es quadragesima, refiriéndose a ‘cuarenta’ días.
A imitación de Cristo, la Iglesia Católica también tiene un período penitencial de cuarenta días en cada tiempo sagrado de Cuaresma. Comenzando en el Miércoles de Ceniza, y hasta el Sábado Santo inclusive, hay exactamente cuarenta días sin contarse los domingos. El domingo, día de la resurrección de Nuestro Señor, no cuenta como día penitencial de Cuaresma.
A diferencia de Nuestro Señor, que pasó cuarenta días sin comer ni beber, la Iglesia nos permite comer y beber durante el sagrado tiempo de Cuaresma, pero con algunas restricciones a las que llamaremos Leyes Cuaresmales de Ayuno y Abstinencia.
En general, las Leyes Cuaresmales de Ayuno y Abstinencia son más severas bajo la disciplina de 1962 para la misa tradicional en latín, que bajo la Iglesia actual. Si bien ya no estamos obligados a cumplir con las normas de 1962 bajo pena de pecado, la comunidad tradicional aún intenta seguir las prácticas tradicionales con un espíritu de penitencia, mortificación y reparación.
La Ley Cuaresmal de Ayuno, como la de 1962, permite una sola comida completa y otras dos que, de combinarse, no llegan a ser una comida completa. Hoy, como en 1962, la Ley Cuaresmal de Ayuno deja de ser obligatoria bajo pena de pecado cuando uno alcanza los 60 años. Actualmente, la Ley de Ayuno bajo pena de pecado solo incluye el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. Las normas tradicionales de ayuno de 1962 incluyen cada uno de los 40 días, desde el Miércoles de Ceniza hasta el Sábado Santo inclusive. Al ayunar, no se permite comer entre comidas, pero sí se permiten los líquidos, incluyendo leche o jugos de frutas. La edad para la Ley de Ayuno fue reducida de los 21 a los 18 años de edad en los Estados Unidos.
La Ley de Abstinencia actual, que exige abstenerse de comer carne, comienza a los 14 años y solo aplica para el Miércoles de Ceniza y los viernes de Cuaresma. La Ley de Abstinencia de 1962, que la comunidad tradicional aún promueve, comienza cumplidos los 7 años de edad. Tanto bajo las directivas de hoy como las de 1962, la Ley de Abstinencia es obligatoria hasta el día de nuestra muerte – no hay excepciones por edad avanzada. Sin embargo, si la salud o la capacidad para trabajar se vieran seriamente afectadas, las Leyes de Ayuno y Abstinencia no son obligatorias.
La ley actual no prohíbe sopas o salsas hechas de carne. Sin embargo, la Ley Cuaresmal de 1962 requiere completa abstinencia de carne, así como de sopas o salsas hechas con carne tanto el Miércoles de Ceniza como todos los viernes de Cuaresma y el Sábado Santo. Todos los demás días de Cuaresma requieren abstinencia parcial bajo la ley de 1962, lo que significa que se permite carne y sopa o salsa hecha de carne en la comida principal del día – de nuevo, solo una vez por día. Las Leyes de Abstinencia no incluyen productos lácteos, huevos, o condimentos y extractos realizados con grasa animal.
Recuerden que si bien estamos obligados, bajo pena de pecado, a las leyes generales más relajadas de Ayuno y Abstinencia de la Iglesia de hoy; la comunidad tradicional promueve la adhesión a las normas más estrictas de 1962, en un espíritu de penitencia, mortificación, y reparación.
El sagrado tiempo de Cuaresma es tiempo para purificar nuestras almas y fortalecer nuestras voluntades. Seguimos las Leyes de Ayuno y Abstinencia católicas tradicionales porque reconocemos, así como lo hicieron los santos que nos precedieron, que cuantos más actos realicemos de penitencia, mortificación y reparación, más fuertes seremos para resistir a la tentación.
Además de la Cuaresma, la disciplina tradicional de 1962 también promueve otros días de ayuno y abstinencia durante el año. Estos días incluyen: la vigilia de Pentecostés, la vigilia de la Asunción, la vigilia de Navidad, y los tres días de las Cuatro Témporas (miércoles, viernes y sábado) siguiendo Pentecostés; las témporas de la tercera semana de septiembre; y las témporas tras el tercer domingo de Adviento. No es obligatorio el ayuno y la abstinencia en un día sagrado obligatorio (1962: Solemnidades/Fiesta I Clase).
Después de sus cuarenta días y cuarenta noches de ayuno en el desierto, Jesús rechazó todas las tentaciones de Satanás. Nuestro Señor nos dio un ejemplo a seguir para fortalecernos en el combate espiritual contra el maligno. El prefacio de Cuaresma para la misa tradicional en latín nos enseña:
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque con el ayuno corporal, refrenas nuestras pasiones, elevas nuestro espíritu, nos fortaleces y recompensas, por Cristo nuestro Señor.
Las Leyes de Ayuno y Abstinencia tradicionales pueden alcanzarnos la victoria ante las tentaciones, paz para esta vida, y conducirnos a la felicidad eterna en la vida del mundo futuro.
In Nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen.
Padre Ladis J. Cizik

sábado, 9 de marzo de 2019

Obispos financian homosexualismo/aborto (EEUU)


Obispos financian homosexualismo/aborto (EEUU)


Los obispos de EEUU donaron $ 130,000 a un grupo de Nebraska que promueve la homosexualidad
La Campaña Católica para el Desarrollo Humano (CCHD, por sus siglas en inglés), una agencia de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB, por sus siglas en inglés), proporciona anualmente de $ 9 millones a $ 15 millones a grupos de agitación política todos los años. 

Para el año fiscal 2017-2018, la CCHD emitió un total de $ 10,418,500 en subvenciones a dichas organizaciones.El problema es que todos los años, a pesar de las constantes negaciones y promesas, la CCHD financia a organizaciones que promueven directamente el aborto, la homosexualidad, el marxismo o la herejía; o son miembros de coaliciones que hacen estas cosas o su liderazgo está involucrado en ellas. 

Y este último ciclo de concesión no es diferente. Desde 2015, la CCHD ha proporcionado un total de $ 130,000 a una organización que ayudó a fundar y continúa liderando una coalición que promueve la homosexualidad y el aborto, incluidos los eventos organizados por Planned Parenthood. Además, el liderazgo en esta organización promueve activamente la homosexualidad y el aborto. Y  su liderazgo promueve activamente lo mismo.

El Centro de Trabajadores de Heartland (HWC) recibió las siguientes subvenciones:$ 35,000 (2015–2016)$ 45,000 (2016-2017)$ 50,000 (2017-2018)
Es importante tener en cuenta que este dinero fue proporcionado por todas las diócesis de los Estados Unidos que participan en la recolección de la CCHD. Cada vez que una diócesis toma la colección de CCHD (generalmente el tercer domingo de noviembre), el 25 por ciento de ese financiamiento permanece en la diócesis mientras que el otro 75 por ciento va a la CCHD nacional y se redistribuye a grupos como este.

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viernes, 22 de febrero de 2019

ANA CATALINA EMMERICK RETRATA EL MOMENTO QUE VIVE BENEDICTO XVI

ANA CATALINA EMMERICK RETRATA EL MOMENTO QUE VIVE BENEDICTO XVI

Antonio José Sánchez Sáez
“He visto muy afligido al Padre Santo. Vive en otro palacio y solo se deja ver de muy pocos amigos de confianza. Si el partido malo conociera de su propia fuerza habría ya estallado la revolución. Temo que el Papa tenga que padecer mucho antes de morir. Veo la negra iglesia de Satanás prosperar y ejercitar su pernicioso influjo. La angustiosa situación de la Iglesia y del Papa es tan triste que debemos pedir a Dios incesantemente que acuda en su auxilio. Yo recibí encargo de orar mucho por la Iglesia y por el Papa. Esta noche fui conducida a Roma, donde el Papa vive todavía oculto con el fin de evitar exigencias injustas. Está muy débil y consumido a causa de la tristeza, de la inquietud y de la continua oración. Se ha ocultado sobre todo porque no puede fiarse de muchos de los que le rodeaban. Junto a él está un sacerdote anciano muy sencillo y piadoso, amigo suyo, al cual no han creído necesario alejarlo de su lado. Este hombre tiene mucha gracia y favor de Dios. Mira y ve muchas cosas y todo se lo dice fielmente al Papa. A él descubrí en la oración muchas cosas acerca de algunos traidores y personas mal intencionadas que hay entre los altos empleados con quienes más confianza tiene el Papa; todo lo cual debía él comunicar al mismo Pontífice. Así está prevenido y se guardará de aquel que hasta ahora lo hacía todo y ahora ya no podrá hacer nada. El Papa está tan débil que no puede andar solo”.

“No sé cómo he venido a Roma esta noche; lo cierto es que me encontré en la Iglesia de Santa María La Mayor, y vi que se acercaban muchos fieles, pobres y piadosos, en grande angustia y aflicción a causa de estar escondido el Papa y de las noticias que corrían en la ciudad… que pidieran sobre todo que la Iglesia de las tinieblas se alejara de Roma; que los soldados que se acercaban no traían la salud, sino miserias y desolación”  
SCHMOEGER, C.E., Vida y Visiones de Ana Catalina Emmerich, Ediciones Sol de Fátima, Madrid, 2010, págs. 349-351.
“<<La Iglesia>>, decía, <<está en gran peligro. Yo he recibido el encargo de rogar a todos los que vienen a visitarme, que recen un Padrenuestro con esta intención. Se debe pedir que el Papa no salga de Roma, pues si saliera, se seguirían de aquí gravísimos males. Debemos pedir también que reciba el Espíritu Santo. Ahora quieren exigirle nuevas concesiones. Las doctrinas protestantes y griegas amenazan propagarse por todas partes. Si el papa saliera de Roma, los enemigos de la Iglesia adquirirían preponderancia. Veo que en este lugar se mina y se ahoga a la religión tan hábilmente que apenas quedan cien eclesiásticos fieles. No puedo decir cómo es esto, pero veo cada vez más tinieblas y oscuridad”.
SCHMOEGER, C.E., Vida y Visiones de Ana Catalina Emmerich, Ediciones Sol de Fátima, Madrid, 2010, pág. 352.
“Cuando atravesé a Roma con Francisca Romana y aquel Santo, vimos un gran palacio ardiendo todo él (el Vaticano). Temí que los moradores del palacio fueran abrasados por aquel incendio, pues nadie lo apagaba.; pero cuando nos acercamos, se extinguieron las llamas y vimos el palacio ennegrecido y ahumado. Recorrimos magníficas salas y llegamos al lugar en donde se hablaba el Papa. Estaba a oscuras, durmiendo en un sillón; enflaquecido por los males, no tenía poder para andar. Por delante de la puerta pasaban y cruzaban personajes ilustres. Los sacerdotes que vivían cerca de su persona no me agradaban; me parecían falsos y tibios. Los piadosos y sencillos que veo algunas veces con él, vivían en lo más apartado de la casa. Hablé largo tiempo con su Santidad, pero no puedo declarar el modo como me parecían  estar allí, pues me hallaba en extremo débil y los que allí había tenían que sostenerme siempre. Le hablé de los obispos que iban a ser nombrados. También le dije que no saliera de Roma, que de esta salida se originaría gran confusión en todas las cosas. Pero el Sumo Pontífice decía que no le era dado conjurar el peligro y que al fin tendría que salir para salvar su persona y muchas cosas. Estaba, pues, inclinado a dejar la ciudad…. El estado de cosas es espantoso. He rogado a Dios que tenga misericordia. ¡Oh ciudad, ciudad (Roma), qué gran calamidad te amenaza! La tempestad está próxima; ¡prepárate, pues.”
SCHMOEGER, C.E., Vida y Visiones de Ana Catalina Emmerich, Ediciones Sol de Fátima, Madrid, 2010, págs. 355-356.
Las visiones citadas se refieren al momento actual, o a dentro de pocos meses. Pero recordemos también que justo antes de que la masonería eclesiástica le quitara de en medio en 2013, Ana Catalina Emmerick vio esto: “Vi al Papa en oración; estaba rodeado de falsos amigos que a menudo hacían lo contrario de lo que decía. (AA.II.203). Vi al santo Padre en una gran tribulación y una gran angustia que afectaba a la Iglesia. Le vi muy rodeado de traiciones. (AA.II.414). ¡Ellos quieren quitar al pastor el prado que le es propio! ¡Quieren imponer otro que deja todo en manos de los enemigos! Entonces, tomada por la cólera, ella elevaba el puño cerrado diciendo: ¡Alemanes Bribones! ¡Escuchad! ¡no lo conseguiréis! ¡El pastor está en una rocalla! ¡Ustedes, sacerdotes, no se mueven! ¡Dormís y la granja arde por todos los lados! ¡no hacéis nada! ¡como lloraréis por eso un día! (AA.III.184). Vi que, en ciertos casos de extrema desdicha, el Papa tiene visiones y apariciones (AA.II.414).”
Hermanos. Quien quiera entender, que entienda