miércoles, 9 de enero de 2019

Mama Maria.....



El historiador Jean Sévillia recuerda las muchas cosas que sabemos con certeza sobre la Virgen María


0
484


Jean Sévillia, historiador católico, recuerda el valor histórico de los Evangelios y la credibilidad de las fuentes que beben en la tradición.
Historiador y periodista, padre de seis hijos y abuelo de quince nietos, Jean Sévillia es colaborador habitual de diversas publicaciones católicas francesas y de las páginas culturales de Le Figaro, donde, con motivo de las fiestas navideñas, escribió un artículoque recoge todo lo que sabemos fehacientemente sobre su segunda gran protagonista: la Madre de Dios.
¿Quién fue verdaderamente la Virgen?
El nacimiento de Jesús, que se celebra a partir del siglo III el 25 de diciembre y que representa a Jesús en el pesebre, rodeado de José y María, es uno de los temas más representados en el arte religioso occidental. Sin embargo, paradójicamente, la Natividad es, por parte de los evangelistas, un relato escueto. Mateo se limita a decir que sucedió «en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes» y que, convocados por este, los magos fueron al lugar donde estaba «el niño con María, su madre» y, cayendo de rodillas, le adoraron (Mt 2, 1-12). Lucas, un poco más explícito, relata que el Niño vino al mundo durante un viaje que hizo José para empadronarse; al no encontrar alojamiento en Belén, María tuvo que dar a luz en condiciones precarias y recostar al niño «en un pesebre» (Lc 2, 1-7).
Miles de pinturas, dibujos y esculturas retratan, desde hace al menos dieciséis siglos, a María con su Hijo. Sin embargo, ignoramos el verdadero rostro de esta mujer, a pesar de que una tradición sostiene que el apóstol San Lucas pintó un icono de la Madre de Dios que, después, habría entregado a su discípulo Teófilo, y que la emperatriz Eudocia, viuda de Teodosio el Joven, en el siglo V, habría recuperado en Palestina: una copia de este icono se encuentra en la Basílica de Santa María la Mayor.
El icono Salus Populi Romani, al que guardan devoción todos los romanos, copia del que pudo pintar San Lucas.
Sin embargo, María no es un personaje de ficción: en el momento en que se demostró la existencia de Jesús, por definición, se demostró también la de su madre. Los hechos los conocemos por los Evangelios. Jesús nació en tiempos del rey Herodes el Grande, que murió en el 4 a.C. Dionisio El Exiguo (siglo V) fijó el inicio de nuestra era con un error de unos cuantos años con respecto a la cronología romana, por lo que la venida al mundo de Cristo tuvo lugar antes de esta fecha. Ocho días después de su  nacimiento se le impuso el nombre de Jesús y fue circuncidado, conforme a la ley judía. Después, José y María, para escapar a la persecución de Herodes, que había ordenado matar a todos los niños de menos de dos años de Belén, huyeron a Egipto antes de volver a Galilea después de la muerte del rey.
Sabemos poco sobre la infancia de Jesús
De la infancia de Jesús, recordada sólo por Mateo y Lucas, no sabemos casi nada. Los cuatro Evangelios, en cambio, hablan sobre Juan Bautista, predicador popular que, instalado a orillas del Jordán en el año 27 de nuestra era, anuncia la llegada inminente del reino de Dios y da por signo el bautismo por inmersión en el río. Jesús es bautizado por Juan, que le reconoce como el mesías anunciado por los profetas y esperado por los judíos.
Hacia el año 28, al final de su estancia en el desierto, Jesús empieza su ministerio predicando en Galilea y en Judea, multiplicando los milagros. Su primer viaje a Jerusalén puede fecharse en la Pascua del año 28 (expulsión de los mercaderes del Templo). La multiplicación de los panes, según los exegetas, tuvo lugar un año más tarde, en el transcurso de la Pascua del año 29. En ese momento, la multitud quiere proclamarle rey de Israel y desencadenar la revuelta contras los romanos, que ocupan el país. Ante esta petición, Jesús responde que su reino «no es de este mundo». En compañía de sus discípulos, sube otras cuatro veces a Jerusalén. Los historiadores están de acuerdo en el hecho de que fue arrestado, juzgado y condenado a muerte en Jerusalén, durante la Pascua del año 30, bajo el reinado del emperador Tiberio y la administración romana del prefecto Poncio Pilato. La vida pública de Jesús duró tres años.
«Soy la esclava del Señor, hágase en  mí según tu palabra»
Respecto a María, en cambio, los Evangelios son de una gran discreción. Lucas cita doce veces su nombre, Mateo cinco y Marcos una sola vez. Juan, por su parte, la llama la «madre de Jesús». María –Myriam en hebreo o en arameo, Mariam o Mariaen griego- aparece también en los Hechos de los Apóstoles, un libro del Nuevo Testamento atribuido generalmente a Lucas, como también en los apócrifos, escritos al inicio de la evangelización y a los que la Iglesia no les reconoce el estatuto canónico y cuyos autores no son reconocidos o realmente identificados, pero cuya antigüedad y autenticidad no son puestos en duda, lo que les da un valor histórico.
El Protoevangelio de Santiago, que data del siglo II, retoma relatos populares que no pueden ser descartados, procedentes de una sociedad en la que el conocimiento se transmitía de manera oral. Este texto relata que María nació de dos padres ancianos, Ana y Joaquín. Jean-Christian Petitfils recuerda que estos pertenecían al mismo clan davídico de José, el carpintero de Nazaret, considerado el heredero directo de la dinastía y al que dieron a su hija en matrimonio. En esa época, entre los judíos, el compromiso tenía carácter definitivo y obligaba a la fidelidad: la cohabitación sólo se permitía al cabo de un año, después del matrimonio. Ahora bien, María, una joven de 14 ó 15 años, había hecho, por razones religiosas, un voto de virginidad perpetua, y no sabemos si este voto era secreto.
En la escena de la Anunciación, Lucas describe la llamada que María, ya comprometida, recibe en Nazaret. El ángel Gabriel le anuncia el nacimiento de Jesús: «Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre». María se asombra, puesto que es virgen; el ángel responde: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti […] El Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios». María, entonces, asiente: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 26-38). Más tarde, cuando va a visitar a su prima Isabel, embarazada del profeta Juan Bautista, su alegría estalla, en el episodio de la Visitación, en el canto del Magnificat: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humildad de su esclava» (Lc 1, 39-56).
José, mientras tanto, se entera del estado de su futura esposa, embarazada «antes de vivir juntos». Según el evangelista Mateo, este hombre «justo, que no quería difamarla, decidió repudiarla en privado». Sin embargo, José recibió la visita del ángel del Señor: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo» (Mt 1, 18-20). El humilde carpintero comprende así que el plan de Dios era que María tuviera un marido protector, y su hijo un padre que le alimentara.
El sueño de San José, de Giuseppe Bottani (1717-1784).
Lucas cuenta lo que sucede a continuación: el nacimiento de Juan Bautista, seguido, seis meses después, por el de Jesús y la llegada de los pastores, la circuncisión del niño en el octavo día, su presentación en el Templo cuarenta días después del parto y la profecía del anciano Simeón a María: «Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción -y a ti misma una espada te traspasará el alma-, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones» (Lc 2, 1-35).
María y Jesús en las bodas de Caná
En el silencio de Nazaret, María «conservaba todo esto en su corazón», escribe San Lucas (2, 51). Sólo de manera progresiva ella se dará cuenta del sentido de lo que custodiaba y meditaba, hasta llegar al Calvario, al que Simeón había aludido. Cuando Jesús crece, María comparte su vida con Él en Nazaret, en el taller de José. Cuando Él empieza su predicación, ella le acompaña en sus dos primeras subidas a Jerusalén. La invitan con Él a las bodas de Caná y es ella la que sugiere su primer signo, transformar el agua en vino. Ella está con Él en Jerusalén, durante la Pascua del año 30. Y está a los pies de la Cruz cuando su Hijo, antes de morir, la confía a su discípulo Juan (Jn 19, 26-27). En Pentecostés, María está en la habitación de arriba, donde los discípulos, que forman la Iglesia naciente, reciben la efusión del Espíritu. El Nuevo Testamento no precisa cuándo ni cómo ella abandona este mundo, pero la tradición relata que vive el resto de su vida con el apóstol Juan, en Éfeso(actual Turquía), según ciertas fuentes que contradicen los datos arqueológicos, o lo más seguramente en Jerusalén.
El único título que María se da a sí misma dos veces (Lc 1, 38 y 48) es el de «esclava» o «sierva». Con humildad y sencillez, esta mujer pobre aceptó su misión: dar una existencia humana al hijo de Dios. Pero la Iglesia primitiva no le rendía culto. Según René Laurentin, las razones son la exclusividad del culto dado a Cristo, los prejuicios del ambiente que limitaban la actitud renovadora del cristianismo que, por medio del bautismo, iguala a los hombres y las mujeres, y la voluntad de no equiparar a la Virgen con las diosas paganas.
Fue, por lo tanto, a través de un largo trabajo de estructuración teológica, efectuado a partir de las Escrituras y de la Tradición, que la madre de Cristo ocupará su lugar en la religión cristiana. Venerada desde el siglo II, María es denominada, a partir del siglo III, la Theotokos, del griego theos, «dios», y tokos, «concepción»: la que ha concebido a Dios. Pero en el año 428, Nestorio, el patriarca de Constantinopla, se opone a este nombre con el pretexto de separar en Jesús la persona divina de la persona humana: María, a partir de entonces, sólo puede ser madre de la persona humana. En el 431, el concilio de Éfeso condena la doctrina de Nestorio -el nestorianismo- y confirma el título de Theotokos de María. En el año 451, el concilio de Calcedonia define la doble naturaleza de Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, engendrado por el Padre en virtud de su naturaleza divina y engendrado por María Theotokos en virtud de su naturaleza humana.
Para la Iglesia católica, María ha nacido sin pecado original
A partir del siglo XI, con el apelativo de «Nuestra Señora», la figura de María se impone en la Iglesia de Occidente. La mariología, disciplina teológica de pleno derecho, llena las bibliotecas con tratados llenos de sabiduría. En 1854, el Papa Pío IX proclama el dogma de la Inmaculada Concepción. Este, contrariamente al error que se comete habitualmente, no tiene nada que ver con el nacimiento de Jesús, sino que afirma que la Virgen, por una gracia única, ha sido preservada del pecado original. Madre de Cristo, Virgen y Santa, María, por medio de su fiat, signo espontáneo de obediencia a Dios, ejerce un papel en la economía de la salvación, porque es por medio de ella que el Salvador vino a estar entre los hombres. Los escritos de los Padres de la Iglesia, los textos litúrgicos, los documentos pontificios o la devoción popular le atribuyen cientos de títulos y dignidades: Templo de Dios y Puerta del Cielo, Arca que ha llevado a Dios en ella, Hija de Sión, Reina de los apóstoles, Reina de los cielos, Reina de prodigios, Nueva Eva, Madre de Dios, Santa Madre, etc.
Según la Iglesia, María, madre de Cristo, permaneció virgen en razón de la dignidad de su misión y de su lugar cerca de su Hijo en la obra de la Redención. ¿Cómo habría podido tener otros hijos? Los «hermanos de Jesús» nombrados por el Evangelio son, en realidad, primos, parientes cuyas madres no se confunden, por cierto, con María de Nazaret. Los primeros cristianos, en consecuencia, nunca dudaron que María de Nazaret fuera la madre de Dios, y tampoco dudaron de su virginidad. Siguiendo su ejemplo, la Iglesia nunca ha dejado de afirmar que María era virgen antes y después del nacimiento de Cristo, porque esta mujer «muy santa y muy pura carnal y espiritualmente, fue concebida por Dios para que diera a luz a un solo hijo, el suyo», observa Jean-Christian Petitfils, hablando aquí como cristiano. Pero, hablando como historiador, subraya que no sólo «la concepción virginal era tan poco creíble ayer como hoy», sino que además «iba contracorriente con el contexto cultural del Antiguo Testamento, en el que la virginidad era percibida de manera negativa». Y Petitfils añade: «Mateo y Lucas, lejos de haber inventado la idea de la concepción original, la heredaron de relatos anteriores, orales o escritos», lo que demuestra la fuerza de esta versión de los hechos, «más bochornosa que alentadora en el contexto judío del momento».
La concepción virginal de Jesús, ¿mito o verdad histórica? Respondiendo a esta pregunta, Joseph Ratzinger observa que el parto de la Virgen y la resurrección de Jesús son ambos «un escándalo para el espíritu moderno» porque se le permite a Dios actuar «en las ideas y los pensamientos, en la esfera espiritual, pero no en la materia». Ahora bien, añade el Papa teólogo, «si Dios no tiene poder también sobre la materia, entonces no es Dios», observación que le permite concluir que «la concepción y el nacimiento de Jesús de la Virgen María son un elemento fundamental de nuestra fe» (La infancia de Jesús, págs. 62-63).
La muerte de María es un misterio
Otro misterio para el espíritu moderno: no sabemos nada del final de María, que pudo ser enterrada en Getsemaní, en el valle de Cedrón, en Jerusalén. Para recordar su final glorioso y su paso a la vida celeste los católicos hablan de Asunción, los ortodoxos de Dormición. Ambas fórmulas tienen significados teológicos cercanos, que implican que el cuerpo de María, preservado de la corrupción, fue elevado al cielo. Citada desde el siglo II, erigida en dogma por Pío XII en 1950, la tradición de la Asunción se vincula a este hecho histórico: en ningún momento, ni siquiera en la Edad Media cristiana, que produjo miles de falsas reliquias, se ha venerado una reliquia corporal de María.
La Dormición de la Virgen, en la catedral de Valencia. 
Sin duda alguna, la madre de Jesús suscitó pronto un fervor y unos excesos que llevaron a un discernimiento crítico. En reacción a estos excesos, el protestantismo tuvo un enfoque más reservado hacia María, aunque tanto Lutero como Calvino reconocen en ella «la que engendró a Dios». En el siglo XX el teólogo Karl Barth se esforzó en rehabilitar a María en el contexto de la Reforma. En el islam, en cambio, la veneración hacia María no es hacia la madre de Dios, sino hacia la madre de Issa (Jesús), que es un simple profeta.
De las 2400 apariciones de la Virgen documentadas por los historiadores, sólo una pequeñísima parte ha sido oficialmente reconocida por la Iglesia. Entre ella, destacan Guadalupe en México, Lourdes en Francia, Fátima en Portugal, Zeitoun en Egipto o Kibeho en Ruanda. Las apariciones marianas no son un dogma de fe -ningún cristiano está obligado a creer en ellas-, pero alimentan de hecho una piedad popular que atraviesa los siglos y las fronteras.
La atracción de María es tal que está presente no sólo en la oración de los cristianos, sino a veces en la de quienes han perdido la fe, como nos recuerda el poeta, muerto hace cien años, Guillaume Apollinaire (1880-1918, “Prière”, en Le Guetteur mélancolique):
Cuando era un niño pequeño
mi madre solo me vestía de azul y blanco.
Oh, Santa Virgen,
¿me amas todavía?
Yo estoy seguro de que te amaré
hasta la muerte.
Pero ahora todo ha acabado.
No creo ni en el cielo ni en el infierno.
Ya no creo, ya no creo.
El marinero que se salvó
por no haberse olvidado nunca
de decir cada día un Avemaría
se parecía a mí, se parecía a mí.
Traducción de Elena Faccia Serrano

martes, 8 de enero de 2019

Por que me haces daño ????

Un médico abortero escuchó en la basílica de Guadalupe una voz que le dijo: «¿Por qué me haces daño?»


De matar niños a salvarlos, este es el cambio de vida que se produjo en este médico gracias a la Virgen
Mientras, por primera vez desde los años 80, el imperio de los abortorios siente temblar sus cimientos sacudido por los escándalos y con la nueva Administración Trump, se va expandiendo una de las joyas de la corona de la respuesta cristiana a la maternidad. Ha crecido pacientemente, y no por las subvenciones ni por la publicidad, sino por la gracia y el sacrificio de algunas personas. Dotada de sala de parto, de habitaciones para la parturienta y su familia y de un hospital perinatal, esta clínica de la maternidad invierte la tendencia de la medicina moderna a patologizar el parto hospitalario (al tiempo que, paradójicamente, relega el aborto al ámbito privado) y a tratar el embarazo como un asunto que afecta solo a la mujer, dejándola sola ante uno de los acontecimientos más perturbadores de la vida.
Pero, ¿quién es ese hombre que ha creado la clínica Tepeyac Ob/Gyn de Virginia, que recientemente inauguró un amplio hospital perinatal (dotado de capilla) capaz de ofrecer “una gama completa de servicios de obstetricia y ginecología” y que cree “en una medicina misericordiosa, en la justicia de las Sagradas Escrituras y en las relaciones centradas en Cristo”? Su nombre es John Bruchalski, un médico que tras haber practicado abortos durante años, se convirtió y lo ha sacrificado todo para salvar a los niños del homicidio materno, ofreciendo a la Virgen toda su obra asistencial.
Católico de origen, cuando estudiaba Medicina en los años 80 Bruchalski comenzó a creer que “el aborto y la anticoncepción eran cosas buenas para la mujer”. Muchos otros católicos le explicaban que las enseñanzas de la Iglesia sobre la familia, la vida y la sexualidad cambiarían al unísono con la cultura: solo era cuestión de tiempo. Esa fue la trampa en la Bruchalski decidió caer.
La voz que escuchó en Guadalupe
Y así, con el fórceps en la mano empezó a descuartizar a los niños en el útero de la siguiente manera: “Lo giraba” y luego lo aspiraba con “la cánula, que mide unos 20 centímetros de largo. Esa es la pequeña distancia que te separa del niño cuando le quitas la vida. Y pasaba de la cánula, de mis dedos, de mis brazos, hasta mi corazón. Y mi corazón se hacía cada vez más duro”. De hecho, fueron pasando los años hasta la indiferencia más absoluta: la vida del médico proseguía como si nada pasase, como si el homicidio de cientos de inocentes no tuviese consecuencias ni para él ni para sus madres. Mucho menos para el mundo. Sin embargo, “no había ni felicidad ni alegría en mis clínicas”, confiesa. Además, la difusión de la anticoncepción, considerada como panacea, más que resolver el problema del aborto o de las enfermedades de transmisión sexual, lo aumentaba: “Cada vez más relaciones se rompían, había más infecciones”. Sin embargo Bruchalski se justificaba así, como sus colegas: “Esto pasa porque la anticoncepción no está aún lo bastante extendida ni es lo bastante segura”.
Su vida empezó a cambiar tras un viaje a Guadalupe
Pero no había previsto la oración incesante de su madre: “Me salvó”. Cierto día, visitando el santuario de la Virgen de Guadalupe, oyó de repente oyó una voz de mujer que le decía (al principio pensó que estaba soñando): “¿Por qué me haces daño?” Pensó que tal vez era la voz de María, pero sea como fuere, Bruchalski volvió luego a su vida de siempre.
Fue entonces cuando una mañana falló el aborto que estaba practicando y el pequeño nació vivo: “Pesaba poco más de medio kilo. Llegó el médico de Neonatología, que me miró directo a los ojos y me dijo: Déjalo… es mejor así”. El pequeño respiraba.
La Virgen y la joven provida
Pocos días después la madre de Bruchalski le dijo que la acompañase en peregrinación a Medjugorje (donde desde 1981 se aparece la Virgen a seis videntes). Allí, por una gracia, se despertó en él el amor que tenía a María y Jesús cuando era niño. “Fue la simplicidad de los mensajes de la Virgen lo que me llevó a la conversión”, explica el médico: “Y también una joven belga”. Se trata de una mujer convertida a la causa provida que le dijo que sabía que la Virgen María quería comunicarse con él: “Y comenzó a decirme cosas sobre mi vida que me cambiaron”.
Al volver a casa, el médico explicó a sus superiores que nunca más volvería a practicar abortos. Bruchalski quiso hacer algo más: arrancar de sí la mentira en la que había creído y comprender de dónde venía comenzando a estudiar el magisterio de San Juan Pablo II, especialmente la “teología del cuerpo”. De hecho, la gracia recibida durante la peregrinación no fue solo la de reconocer todos sus pecados, sino también la de “comprender que había un modo auténtico de ser médico… opuesto a aquel que sostenía Planned Parenthood. La Virgen me mostró mi papel”.
En la actualidad, este doctor ayuda a las mujeres embarazadas
Ahora dirige un centro de ayuda a la maternidad
Y así, desde 1994 el médico comenzó a dirigir una centro de ayuda a la maternidad donde “estamos convencidos de que la salud depende de las relaciones de comunidad” y de que, “si amamos lo suficiente cuando practicamos la medicina, podemos crear ambientes en los que el aborto se haga impensable”. La clínica Tepeyac nunca ha tenido ánimo de lucro, porque “la Virgen dice que debemos ver a los pobres en nuestra vida cotidiana, dado que una cosa es ser un médico provida, y otra que en tu propia vida como médico llegues a ver a los pobres”. El centro ha ido creciendo en servicios y calidad. Sobre todo, dada su experiencia como abortero, Bruchalski está convencido de que, más que concentrase en soluciones como fomentar la adopción o mostrar a la madre imágenes del feto (puesto que la mujer en ese momento percibe a su hijo como un enemigo), hay que ofrecer un sentido y una esperanza, que es Cristo.
Ahora este médico da la vuelta al mundo hablando a otros profesionales y jóvenes, porque “tenemos necesidad de inspirar a los médicos a profesar su fe y a convertirse en los hombres y mujeres que Dios les ha llamado a ser”. Su experiencia de conversión demuestra que “nadie está fuera del alcance de la misericordia de Dios, nadie, nadie… La misericordia de Dios es lo que verdaderamente penetró en mi corazón”. Por eso  Bruchalski anima a la oración incluso fuera de los abortorios: “Debemos ayudarnos unos a otros, rezar unos por otros, sacrificarnos unos por otros”, seguros de que “la conversión llega, aunque no sea según nuestros tiempos”.
Artículo traducido de la Nuova Bussola Quotidiana por Carmelo López-Arias

viernes, 4 de enero de 2019

la espiritualidad sana al cuerpo.....

Diversos estudios han demostrado que la espiritualidad sana al cuerpo.

Creer en el mundo espiritual como una realidad supra material y en la eficacia de las oraciones, hace que las personas enfermen menos.

También que tengan mejores evoluciones cuando caigan en enfermedades.

mundo-mas-religioso

Los estudios también han demostrado que hay algo más general aún.
.
Quienes están aferrados al materialismo viven de forma peor los acontecimientos malos de su vida que quienes tienen mayor espiritualidad.
.
Y es así que obtienen peores consecuencias en su salud.

 QUIENES DESARROLLAN UN PENSAMIENTO RELIGIOSO TIENEN MEJORES RESULTADOS EN TRATAMIENTOS
Este no es un tema muy estudiado por el prejuicio de muchos científicos, de que todo lo relacionado con la religión es un cuentito y una manipulación de las instituciones religiosas.

Pero hay varios estudios que muestran las ventajas para la salud de creer, por lo menos, en algo espiritual, que está por encima de nuestros cuerpos; o sea en la trascendencia.

Un reciente estudio halló que la oración y la creencia de que Dios tiene un plan, dan lugar a mejores resultados para los pacientes con enfermedades psiquiátricas que reciben tratamiento a corto plazo.

Los investigadores encontraron que las estrategias religiosas se asocian con la mejora del resultado del tratamiento.
.
En comparación con aquellos que no utilizan este tipo de estrategia para afrontarlo.

El estudio, publicado en la revista Psychiatry Research, mostró también que los aspectos religiosos eran muy comunes entre las personas que reciben tratamiento psiquiátrico a corto plazo, con un 80 por ciento que usaban la espiritualidad como un mecanismo de supervivencia.
Sin embargo, este número era mucho mayor que el número de los que realmente se consideraban religiosos – 20 por ciento – o muy religiosos – 8 por ciento.
“Nos sorprendió encontrar que las estrategias religiosas fueran tan comunes en nuestra muestra, incluso entre aquellos que no son en sí mismos religiosos en ninguna forma”, dijo el investigador del estudio David H. Rosmarin, Ph.D., clínico en el Hospital McLean e instructor en el Departamento de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de Harvard.
“Este es uno de los primeros estudios que analizan los aspectos religiosos de los pacientes psiquiátricos y tenemos la esperanza de que esto conduzca a un mayor estudio de la religión y la espiritualidad con muestras más grandes.
El aprovechamiento de los recursos espirituales en el tratamiento puede llevar a tasas de suicidio más bajas y mejores resultados del tratamiento en esta población”, añadió Rosmarin.

Rosmarin llevó a cabo un estudio anterior en el Journal of Affective Disorders, mostrando resultados similares.
.
Fueron que la creencia en Dios se asocia con mayores posibilidades de responder al tratamiento psiquiátrico – incluso para las personas que no están afiliadas religiosamente.

PERO PENSAR EN EL CASTIGO DE DIOS ES NEGATIVO

Pero el nuevo estudio demostró que no todos los tipos de estrategias religiosas son iguales. 

Descubrió que había un mayor riesgo de suicidio entre las personas que participaban de una estrategia negativa religiosa, antes de recibir tratamiento.
.
Esto es por ejemplo pensar que Dios los estaba castigando con la enfermedad. 

Este hallazgo particular, está en consonancia con un estudio publicado también recientemente en el Journal of Religion & Health.
El que demuestra que la creencia en un ser superior enfadado o vengativo está vinculada con un mayor riesgo de problemas emocionales, como la ansiedad social y paranoia. 
Sin embargo, los expertos se guardaron de sacar conclusiones causales de ese estudio.
“No sabemos si fue la peor salud mental (ansiedad, paranoia) la que causó en los sujetos la percepción de Dios como castigando, o si se trataba de que la idea de Dios como castigador causó el mal estado de salud mental”, dijo el Dr. Robert Koenig, profesor de psiquiatría de la Universidad de Duke, quien no participó en el estudio

“Mi sospecha, sin embargo, es que la gente con problemas emocionales ven todo su mundo en una luz negativa.
.
Y a menudo sienten la necesidad de culpar a alguien – y Dios es a menudo el blanco“

escaneo-del-cerebro

  LA ESPIRITUALIDAD PROTEGE DE LA DEPRESIÓN

Un estudio además confirma la relación entre la espiritualidad y la depresión.
.
La religiosidad influiría en la corteza cerebral, lo que reduce el riesgo de depresión.

Se han realizado muchos estudios sobre la influencia de la oración y la espiritualidad en la salud.
La investigación más reciente es de la Universidad de Columbia en los Estados Unidos.
Uno publicado en la revista JAMA Psychiatry, muestra cómo la anatomía del cerebro puede indicar el riesgo de una persona a tener depresión.
Esa membrana que recubre el cerebro es demostrablemente más delgada en las personas con mayores probabilidades de tener la enfermedad.

El nuevo estudio de Columbia indica que las personas religiosas tienen una tendencia a poseer una corteza cerebral más gruesa.
.
Por lo tanto, tienen un menor riesgo de depresión.

Los datos compilados sin embargo no pueden demostrar cómo la espiritualidad más desarrollada aumenta más el espesor de la corteza cerebral. 
Sin embargo, estudios previos han demostrado que dentro de las personas con una predisposición genética a la depresión, las que son religiosas, corren un riesgo hasta 90% menor de pasar por eso, que las no religiosas.
Los investigadores seleccionaron a personas de entre 18 y 54 años que fueron seguidas durante cinco años.
Sólo una parte de ellas tenía una predisposición genética a la depresión.
Durante el estudio, los investigadores llevaron a cabo entrevistas para determinar la importancia de la religión en sus vidas, así como la frecuencia con que iban a las iglesias.
Los voluntarios también se sometieron a la resonancia magnética, haciendo un seguimiento de su anatomía cerebral.
Entre los hallazgos, los investigadores muestran que las personas que estaban más preocupados por los asuntos espirituales, de hecho tenían una corteza más gruesa en algunas zonas del cerebro.
La asociación entre la religiosidad y el espesor de la corteza se confirmó en todos los sujetos, siendo más fuerte en aquellos con un historial de depresión en la familia.

EL MATERIALISMO CONVIERTE LOS MALOS ACONTECIMIENTOS, EN AÚN PEORES

Otro reciente estudio ha hallado que la gente materialista que sobrelleva el estrés postraumático, derivado de sucesos traumáticos, a través de mecanismos materialistas, le cuesta más reponerse, que a la gente menos materialista.

Además, el consumismo compulsivo, que es un recurso típico materialista, es peligroso para la economía personal.
Porque una tarde desenfrenada de compras superfluas por estar bajo los efectos del estrés postraumático y de los citados mecanismos de compensación materialista, puede acarrear dilapidar sumas elevadas de dinero, que luego ya no se podrán emplear para atender necesidades más vitales.
  LAS CONSECUENCIAS DE LAS EXPERIENCIAS TRAUMÁTICAS
Las experiencias traumáticas pueden, por supuesto, ser de muy variados tipos: atentados terroristas, enfermedades graves, un accidente o una catástrofe natural.
Por lo tanto, la población potencialmente vulnerable a esos efectos psicológicos adicionales por ser personas materialistas, es bastante grande.
Además de sus efectos directos negativos ya bien documentados sobre el bienestar de una persona, el materialismo también ejerce un efecto negativo indirecto al hacer los malos acontecimientos aún peores.
El materialismo hace que los resultados negativos experimentados sean aún peores, según un estudio co-escrito por Aric Rindfleisch, profesor de marketing en la Escuela de Negocios John M. Jones.

El profesor de Negocios Aric Rindfleisch dice que no sólo es el materialismo la antítesis de bienestar individual, sino que también tiene un efecto secundario de ampliar los eventos traumáticos.
.
Todo lo que va desde el terrorismo hasta los accidentes de tráfico y la enfermedad que amenaza la vida, los hace parecer mucho peores.

“Si usted es una persona materialista y la vida de repente toma un giro equivocado, usted va a tener un tiempo más difícil para recuperarse de ese revés que alguien que es menos materialista”, dijo Rindfleisch
guerra-en-siria1
“La investigación es novedosa porque indica que un evento que no tiene relación con el materialismo tendrá un impacto más fuerte en una persona debido a sus valores materialistas. 
En otras palabras, el materialismo tiene un efecto multiplicador. 
Es un descubrimiento que me parece especialmente interesante dada nuestra economía impulsada por el consumidor”.
La investigación, llevada a cabo por Rindfleisch y los co-autores Ayalla Ruvio, de la Universidad Estatal de Michigan, y Eli Somer, de la Universidad de Haifa, estudió la experiencia del estrés postraumático y mala adaptación del consumo a través de un estudio de campo israelí y una encuesta nacional de EE.UU.
   EL TRAUMA DE UN ATAQUE TERRORISTA
Cuando nos enfrentamos a una amenaza mortal de un ataque terrorista, los investigadores encontraron que los individuos altamente materialistas en Israel reportaron mayores niveles de estrés post-traumático, consumo compulsivo y compra impulsiva, que sus pares menos materialistas.
“Las personas materialistas hacen frente a acontecimientos negativos a través de mecanismos materialistas”, dijo Rindfleisch, quien también es el director del departamento de Administración de Empresas en Illinois.
“Cuando hay un ataque terrorista en Israel, las personas que son materialistas sufren mayores niveles de angustia y son más propensos a compensarlo a través de los niveles más altos de compra compulsiva e impulsiva”.
  LA AUTOESTIMA

Los resultados de la parte estadounidense del estudio indican que estos efectos se deben probablemente a que las personas materialistas exhiben niveles más bajos de autoestima.
.
Lo que disminuye la capacidad del individuo para hacer frente a sucesos traumáticos, según el estudio.

“Se puede pensar en los ataques terroristas como una amenaza mortal para la vida”, dijo Rindfleisch.
“Para replicar el estudio en los EE.UU., como corolario, pedimos a la gente que nos diga acerca de su nivel de ansiedad ante la muerte. 
Los que tenían más ansiedad ante la muerte eran muy similares a los grupos que estaban bajo ataques terroristas en Israel”.
Ambos componentes del estudio proporcionan pruebas convergentes que en tiempos de estrés extremo, personas muy materialistas buscan consuelo en el consumo compulsivo e impulsivo, dijo Rindfleisch.

“En su esencia, el materialismo es una respuesta basada en el valor de la inseguridad en la vida de uno”, dijo.
.
“Nuestra investigación sugiere que más ampliamente se trata también de la inseguridad existencial.
.
Esta idea de que todos somos conscientes de nuestra mortalidad y centrarse en eso puede ser debilitante”.

Las experiencias traumáticas no necesitan sólo limitarse a los eventos relacionados con el terrorismo, dijo Rindfleisch.
“Podrían ser sobre una amplia gama de eventos estresantes de la vida, incluida una enfermedad grave, un accidente automovilístico o un desastre natural”, dijo.
“Así que el alcance es más amplio que un ataque terrorista. 
Es más como un evento traumático que conduce a este sentido inseguro de sí mismo. 
Por lo tanto, nuestra investigación descubre un dominio aún potencialmente expansivo de consecuencias que han pasado casi desapercibidas en la investigación previa”.
  UN ESTUDIO CON MORALEJA
Según Rindfleisch,
“En momentos de estrés, las personas a menudo buscan consuelo a través de compras”, dijo.
“La idea aquí es que necesitamos algún tipo de mecanismo de afrontamiento cultural, porque la investigación sugiere que no hay realmente una solución de corto plazo con la terapia de compras. 
Poco después de la compra de algo, hay una reducción de la ansiedad. 
Pero no dura mucho tiempo. Es fugaz. 
Los materialistas lo buscan como uno de sus mecanismos de supervivencia. 
Y el Viernes Negro y la temporada de compras navideñas juegan a eso”.

  CÓMO ENFRENTAR EN UNA PARROQUIA LOS DESASTRES QUE LLEGAN
Sacerdotes y religiosos tienen la necesidad de saber cómo detectar y tratar a personas con el trastorno de estrés post-traumático y otros problemas.

Algunas de estas situaciones pueden significar hacer frente a la ira de la gente y a la frustración, al terror y, a veces a la fe.

“Tenemos que animar a la gente a ir por el camino de fe”, Mons. dijo Rossetti. “Si usted tienen que enojarse con Dios, si es necesario preguntarse por qué, haga eso. Llévelo a la oración”.
“El hecho de que usted sea un sacerdote o una hermana (religiosa) o un hermano no quiere decir que tenga el entrenamiento para hacer frente a estos desastres a gran escala”, dijo Mons.Stephen Rossetti.
En medio de la tragedia, cuestionar la fe de uno le puede pasar a cualquiera, dijo, y agregó que “le pasa a sacerdotes,… realmente puede afectar fuertemente su fe, y enojarse con Dios, cuestionando la providencia de Dios y todas las cosas”, es normal.
Lo que el Padre González aprendió en el Seminario lo pudo aplicar cuando recibió una llamada telefónica urgente para ayudar a las familias de habla hispana después de un tiroteo nocturno en Orlando que dejó 49 muertos y más de 50 heridos.
Él sabía que en lugar de encontrar las palabras adecuadas, era más importante estar cerca de los que están esperando que se les diga si sus parientes estaban vivos, para hacerles saber que no estaban solos.

Él sabía que pequeños gestos, como ir a buscar agua para los que estaban en estado de shock y dolor, eran importantes, así como estar al lado de aquellos que estaban sufriendo, cuestionaban a Dios y estaban enojados.

Incluso sabía que tenía que encontrar momentos para “descomprimir” y dar un paso atrás en la situación para que pudiera seguir ayudando.
El Padre González dijo que le ayudó a escuchar lo que se puede esperar de los que habían estado pasando por ello.
“La gente entiende los desastres naturales, huracanes, inundaciones, ese tipo de cosas, pero cuando se hace intencionalmente por personas, conlleva un nivel adicional de terror”
“Usted está siendo enfrentado con un tal mal, un mal devastador, que deja una huella en la gente”.
Fuentes: