domingo, 26 de marzo de 2017

Profecías Realizadas en Nuestro Señor Jesucristo



Jesucristo ¿es el Mesías?
Si; Jesucristo es verdaderamente el Mesías.
El es el Salvador prometido en el Paraíso terrestre; El Enviado divino esperado por los patriarcas; El nuevo Legislador anunciado por Moisés; El Emmanuel predicho por los profetas; El Redentor deseado por las naciones.
El ha realizado en su persona todas las profecías del Antiguo Testamento relativas: 1º, al origen del Mesías; 2º, a la época de su llegada; 3º, a las diversas circunstancias de su vida.
Es, pues, Jesucristo el Mesías, el Enviado de Dios para establecer la religión nueva que debía suceder a la religión mosaica. Pero una religión establecida por un Enviado de Dios es necesariamente una religión divina; luego la religión cristiana, fundada por Jesucristo, es divina.
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SECCIÓN PRIMERA. PROFECÍAS CONCERNIENTES AL ORIGEN DEL MESÍAS
En el Paraíso terrenal, después de la caída, Dios promete un Salvador a nuestros primeros padres, los cuales trasmiten esta esperanza a sus descendientes, de tal manera, que ella se encuentra todos los pueblos.
Dios renueva esta promesa a los patriarcas Abrahám, Isaac y Jacob, prometiéndoles que todas las naciones serán bendecidas en Aquel que saldrá de su raza.
Jacob, iluminado por un espíritu profético, anuncia a Judá, su cuarto hijo, que el Libertador descenderá de él. En la tribu de Judá, Dios elige la familia de David. Él dice a este rey: “Yo pondré sobre tu trono a un hijo que saldrá de ti, pero cuyo reinado será eterno: Yo seré su Padre, y él será mi Hijo”. El Mesías, pues, debía ser, a la vez, Hijo de David e Hijo de Dios.
Estas condiciones sólo se hallan reunidas en Jesucristo, porque es descendiente de Abrahám, de la tribu de Judá, de la familia de David, como lo prueba su genealogía, y es el único cuyo reinado es eterno. Luego es el Mesías.
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SECCIÓN SEGUNDA. PROFECÍAS CONCERNIENTES A LA ÉPOCA DE LA VENIDA DEL MESÍAS
1º Profecía de Jacob.-En su lecho de muerte, este patriarca, al anunciar a cada uno de sus hijos la suerte que le estaba reservada, dijo a Judá: “El cetro no saldrá de Judá, ni el jefe de su raza, hasta que venga Aquel que debe ser enviado, y que será la expectación de todas las naciones” (Génesis, XLIX, 10). Según esta profecía, el Mesías debe llegar en la época en que la tribu de Judá perderá la autoridad, significada por el cetro. Ahora bien, cuando llegó Jesucristo, la autoridad acababa de pasar a manos de Herodes, príncipe idumeo, que gobernaba en nombre de los romanos: los propios judíos dejaron atestiguada la pérdida de su autoridad nacional, cuando dijeron a Pilatos: “No tenemos derecho para condenar a muerte…”. Luego es cierto que Jesucristo vino en el tiempo señalado por Jacob.
2º Profecía de Daniel.- Durante la cautividad en Babilonia, Daniel rogaba ardientemente al Señor que abreviara los sufrimientos de su pueblo y enviara el Mesías. El Arcángel Gabriel vino a decirle:
“El tiempo ha sido reducido a 70 semanas para tu pueblo y para tu santa ciudad. Después de lo cual será abolida la iniquidad y el pecado tendrá fin; la iniquidad será borrada y dará lugar a la justicia eterna; las visiones y las profecías tendrán su cumplimiento; el Santo de los santos recibirá la unción.
“Después de las sesenta y dos semanas, el Cristo será condenado a muerte; y el pueblo que habrá renegado de El dejará de ser su pueblo. Otro pueblo vendrá con su jefe, que destruirá la ciudad y su templo; esta ruina será el fin de Jerusalén: el fin de la guerra consumará la desolación anunciada.
“En una semana (la que queda), el Cristo sellará su alianza con muchos. A mitad de la semana, las víctimas y los sacrificios serán abolidos; la abominación de la desolación reinará en el templo, y la desolación no tendrá fin” (Daniel, IX, 24-27).
-Según esta célebre profecía, el objeto de la venida del Mesías es la remisión de los pecados y el reinado eterno de la justicia. En 70 semanas, todas las profecías debían cumplirse.
-Se trata de semanas de años, según la manera ordinaria de calcular de los judíos: las 70 semanas hacen un todo de 490 años.
-El profeta indica el punto en que empiezan las semanas: es la publicación del decreto para la reconstrucción de Jerusalén. Este edicto fue dado por Atajerjes Longímano, el vigésimo año de su reinado, 454 años antes de Jesucristo.
-El profeta divide las 70 semanas en tres periodos muy desiguales: siete, sesenta y dos y una:-
a) En el primero, que es de siete semanas, o cuarenta y nueve años, los muros de Jerusalén deben ser levantados con grandes dificultades. La historia prueba que así fue en efecto.
b) El segundo periodo, compuesto de 62 semanas, o 434 años, debe transcurrir antes que el Cristo sea condenado a muerte. Estos 434 años añadidos a los 49 del primer periodo, terminan el año veintinueve de la era cristiana, decimoquinto año del reinado de Tiberio, año de la predicación de San Juan Bautista.
c) El último periodo no comprende más que una semana, durante la cual el Mesías debe confirmar su alianza, es decir, establecer su ley, ser rechazado por su pueblo y condenado a muerte; las hostias y los sacrificios deben ser abolidos. Un pueblo extranjero debe venir a vengar ése crimen, dispersando a los judíos y destruyendo la ciudad y el templo.
Ahora bien, todo eso ha sucedido: al principio de la 70ª semana, el año treinta de nuestra era, Jesús comienza su predicación, que dura tres años y tres meses, a la mitad de la misma semana, el año 34, Jesús es condenado a muerte por los judíos, y los sacrificios de la Antigua Alianza son reemplazados por el sacrificio del Calvario. Unos 36 años después de la muerte de Jesucristo, el año 70, el ejército romano y su general Tito reducen a ruinas la ciudad de Jerusalén y su templo. Desde ese día reina la desolación sin fin del pueblo judío, porque renegó del Cristo. En Jesucristo, pues, y sólo en Él, tuvo cumplimiento, y cumplimiento exactísimo, la profecía de Daniel. Luego Jesús es el Santo de los santos anunciado por el profeta.
3º Profecías de Ageo y de Malaquías.- De regreso de la cautividad de Babilonia, los ancianos de Israel, que habían visto la magnificencia de Salomón, lloraron al contemplar el nuevo templo construido por Nehemías. Para consolarlos, Ageo les anuncia que el Deseado de todas las naciones vendrá al nuevo templo y lo llenará de gloria (Ageo, II, 8).
Malaquías predice que el Mesías, el Dominador, el Ángel de la Alianza, vendrá a su templo tan pronto como su precursor le haya preparado el camino (Malaquías, III, 1).
Ahora bien, Jesús visitó frecuentemente este templo, destruido para siempre 37 años después de su muerte. Este templo no ha recibido, fuera de Jesucristo, la visita de ningún personaje ilustre. Juan Bautista fue su precursor, y lo presentó al pueblo diciendo: “He aquí el Cordero de Dios”. En Jesucristo, pues, y en El solo, se han realizado las profecías de Ageo y de Malaquías.
Las profecías de Jacob, de Daniel, de Ageo y de Malaquías son las que han puesto en mayor aprieto a los judíos, que no han reconocido en Jesucristo al Enviado de Dios. En su Talmud confiesan que todos los tiempos señalados para la venida del Mesías han pasado. Por eso, desesperados de su causa, han pronunciado esta maldición: ¡Malditos sean los que calculen el tiempo del Mesías! ¡Pobres ciegos!
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SECCIÓN TERCERA. PROFECÍAS CONCERNIENTES A LA VIDA DEL MESÍAS
1º Su nacimiento.- Isaías predijo que nacería de una Virgen: “He aquí que una Virgen concebirá y dará a luz un Hijo, que será llamado Emmanuel, es decir, Dios con nosotros” (Isaías, VII, 14; Mateo, I, 23). Y de la Virgen María nació Jesús, como nos lo dicen san Mateo y san Lucas al principio de sus Evangelios. San Mateo hasta tiene especial cuidado en hacer notar que esto era el cumplimiento de la profecía de Isaías. Esto, indudablemente, es un milagro; pero, como dijo Gabriel a María, para Dios no hay imposibles (Mateo, I, 22; Lucas, I, 37).
-Miqueas anuncia que el Mesías nacerá en Belén, y esta predicción es tan conocida del pueblo judío, que los Doctores de la Ley, preguntados por Herodes, designan a los Magos la ciudad de Belén como lugar de su nacimiento. Y en Belén, precisamente, nació Jesús.
-Balaam había dicho: “Una estrella saldrá de Jacob, un renuevo se levantará de Israel…” (Números, XXIV, 17). El recuerdo de esta profecía es el que mueve a los Magos de Oriente y los lleva a Jerusalén. Y los Magos, conducidos por una estrella milagrosa, vinieron a adorar a Jesús en su pesebre.
2º Caracteres del Mesías.- Isaías nos lo describe así: “Un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado; llevará sobre sus hombros la señal de su principado; será llamado el Admirable, el Consejero, el Dios fuerte, el Padre del siglo futuro, el Príncipe de la Paz. Su imperio se extenderá cada vez más, y la paz que establecerá no tendrá término. Ocupará el trono de David… y su reinado durará para siempre” (Isaías, IX, 6 y 7).
Por otra parte, el Arcángel Gabriel anuncia en estos términos el nacimiento de Jesucristo: “No temas, María, concebirás y darás a luz un Hijo y le llamarás Jesús. Él será grande y será llamado el Hijo del Altísimo, y Dios le dará el trono de David, su padre, y reinará en la casa de Jacob, por siempre, y su reino no tendrá fin” (Lucas, I, 30-33).
La comparación de estos dos textos muestra claramente que el niño Jesús de que habla Gabriel es el mismo Mesías de que hablaba Isaías. Sólo Jesucristo posee los caracteres predichos por el profeta. Él es el niño que nos ha sido dado por Dios; Él lleva sobre sus hombros la cruz, cetro de su imperio; Él es el Admirable en su nacimiento y en su vida; el Dios fuerte en sus milagros; el Consejero lleno de sabiduría en su doctrina; el Padre del siglo futuro por la vida sobrenatural que nos da; el Príncipe de la paz que El trae al mundo, y su reinado, la Iglesia, durará por siempre.
3º Milagros del Mesías.- Según la profecía de Isaías, el Cristo debía confirmar su doctrina con milagros: “Dios mismo vendrá y os salvará. Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, los sordos oirán, el cojo saltará como un ciervo, y la lengua de los mudos será desatada” (Isaías, XXXV, 4-6; XLII). Y tales fueron los milagros de Jesucristo.
4º La Pasión de Cristo.- Todos los pormenores de la Pasión habían sido anunciados con mucha anticipación: basta indicar las principales profecías.
-Zacarías predice la entrada triunfal del Mesías en Jerusalén, y los treinta dineros entregados al traidor (Zacarías, IX, 9; XI, 13).
-David, en el salmo 21, describe la pasión del Mesías, y le presenta oprimido de ultrajes, rodeado de un populacho que le insulta; tan deshecho por los golpes recibidos, que se le pueden contar los huesos todos; ve sus manos y sus pies traspasados, sus vestiduras repartidas, su túnica sorteada, etc..
-Isaías muestra al Mesías cubierto de oprobios, convertido en el varón de dolores, llevado al suplicio como un cordero sin exhalar una queja… El profeta tiene cuidado de afirmar hasta doce veces que el Cristo sufre por expiar los pecados de los hombres. Él es nuestro rescate, nuestra víctima, nuestro Redentor. El capítulo LIII de Isaías, como el salmo XXI, no pueden aplicarse más que nuestro Señor Jesucristo; luego El es el Redentor prometido.
5º La resurrección del Mesías es anunciada por David e Isaías: “Vos no permitiréis, Señor, que vuestro Santo esté sujeto a corrupción” (Salmo XV, 10). “El renuevo de Jesé, el Hijo de David, será dado como un signo a todos los pueblos. Las naciones le invocarán, y su sepulcro será glorioso” (Isaías, XI, 10).
6º Isaías, Jeremías y Daniel profetizan la reprobación del pueblo judío y la conversión de los gentiles destinados a formar el reino del Mesías.
Todos estos oráculos eran conservados, explicados y enseñados por los antiguos doctores de la sinagoga, como indicadores de los caracteres del futuro Mesías. Es así que todos ellos convienen perfectamente a Jesucristo forman un retrato tan parecido de toda su vida que es imposible no reconocerlo en el; luego Jesucristo es el verdadero Mesías descrito por los profetas.
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CONCLUSIÓN.– Dios, en el Antiguo Testamento, hablando sucesivamente por los patriarcas y profetas, desde Adán hasta Malaquías, prometió al mundo un Mesías, un Redentor. Este Mesías es siempre anunciado como el Enviados de Dios, investido de todos los poderes de Dios, y Dios mismo. Es así que todo lo que acabamos de decir prueba que este Mesías prometido no puede ser otro sino Jesucristo, porque en Jesucristo, y sólo en Él, se han realizado las notas características del Mesías. Luego Jesucristo es realmente el Mesías y, por consiguiente, el Enviados de Dios, investido de todos los poderes de Dios y Dios mismo.
Por eso todos los Padres y Doctores de la Iglesia han presentado la realización de las profecías en Jesucristo como una prueba decisiva de su misión divina.
Después de haber recordado las principales profecías que san Justino citaba al judío Trifón, Monseñor Freppel termina de esta manera:
“Contra los judíos esta argumentación es abrumadora; y no es menos decisiva contra los racionalistas.
“Es imposible negarlo: Israel esperaba un Mesías, Rey, Pontífice, Profeta; sus libros sagrados marcaban con antelación todos los rasgos de este Libertador prometido. Por otra parte, es cierto que sólo Jesús de Nazaret ha realizado el tipo mesiánico descrito en el Antiguo Testamento.
“Querer explicar este hecho por una coincidencia completamente casual, es imitar a aquellos que atribuyen a la casualidad la formación del mundo. ¿Se dirá que Jesucristo se ha aplicado las predicciones de la Escritura? -Pero no dependía del poder de un hombre elegir el lugar de su nacimiento, nacer en Belén más bien que en Roma, nacer de la raza de Abrahám, de la familia de David; aparecen en el tiempo señalado por Jacob, Daniel, Ageo; hacer milagros; resucitar después de muerto; ser glorificado como Dios todopoderoso y eterno, y eso porque había sido predicho… Solo Dios ha podido disponer la marcha de los acontecimientos para llegar a éste gran resultado, y su realización basta para demostrar la divinidad del cristianismo” (Extracto de Monseñor Freppel: san Justino).
Vamos a terminar esta cuestión con una página magnífica del P. LACORDAIRE. Después de haber recordado las principales profecías mesiánicas, exclama: “Ahora, señores, ¿qué pensáis? Aquí tenéis dos hechos paralelos y correspondientes, ambos ciertos, ambos de una proporción colosal: el uno, que duró 2000 años antes de Jesucristo; el otro, que dura desde hace 18 siglos después de Jesucristo; el uno que anuncia una revolución considerable imposible de prever; el otro que es su cumplimiento; ambos teniendo a Jesucristo por principio, por término, por lazo de unión.
“Una vez más, ¿qué pensáis de esto? ¿Optáis por negar? Pero ¿qué es lo que negáis? ¿Será la existencia de la idea mesiánica? Pero ella está en el pueblo judío que vive todavía, en toda la serie de los monumentos de su historia, en las tradiciones universales del género humano, en las confesiones más explícitas de la más profunda incredulidad.
“¿Será la anterioridad de los pormenores proféticos? Pero el pueblo judío, que crucificó a Jesucristo, y que tiene un interés nacional y secular en arrebatarle la prueba de su divinidad, os afirma que sus Escrituras eran antes lo que son hoy; y, para mayor seguridad, 250 años antes de Jesucristo, bajo Tolomeo Filadelfo, rey de Egipto, y por su orden, todo el Antiguo Testamento, traducido al griego, cayó en poder del mundo griego, del mundo romano, de todo el mundo civilizado.
“¿Os dirigiréis al otro polo de la cuestión y negaréis el cumplimiento de la idea mesiánica? Pero la Iglesia católica, hija de esta idea, está a vuestra vista: ella os ha bautizado.
“¿Será en la unión de estos dos formidables acontecimientos donde buscaréis vuestro punto de apoyo? ¿Negaréis que Jesucristo haya verificado en su persona la idea mesiánica, que Él sea judío de la tribu de Judá, de la familia de David, y el fundador de la Iglesia católica, sobre la doble ruina de la sinagoga y de la idolatría? Pero ambas partes interesadas y enemigas irreconciliables convienen en todo esto. El judío dice: sí, y el cristiano dice: sí.
“¿Diréis que este encuentro de acontecimientos prodigiosos en el punto preciso de Jesucristo es efecto de la casualidad? Pero la casualidad, si existe, no es más que un accidente breve y fortuito, su definición excluye la idea de serie; no hay casualidad de 2000 años y de 1800 años.
“Señores, cuando Dios obra, no hay nada que hacer contra Él. Jesucristo se nos muestra el móvil de lo pasado, así como el móvil de lo futuro, el alma de los tiempos anteriores a Él, y a la vez, el alma de los tiempos posteriores a Él.
“Se nos muestra en sus antepasados, apoyado en el pueblo judío, que es el monumento social y religioso más grande de todos los tiempos antiguos, y en su posteridad apoyado en la Iglesia católica, que es la obra social y religiosa más grande de los tiempos nuevos.
“Se nos muestra teniendo en su mano izquierda el Antiguos Testamento, el libro más grande de los tiempos que le han precedido, y en la mano derecha el Evangelio, el libro más grande de los tiempos que le han seguido. Y, sin embargo, así precedido y seguido, Él es todavía mayor que sus ascendientes y que su posteridad, que los patriarcas y que los profetas, que los apóstoles y que los mártires. Llevado por todo lo que hay de más ilustre después y antes que Él, su fisonomía personal se destaca todavía sobre ese fondo sublime, y nos revela al Dios que no tiene modelo y que no tiene igual” (Conferencia 41-1846- )
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sábado, 25 de febrero de 2017

El padre Santiago Martín rechaza el error del superior de los jesuitas

El padre Santiago Martín rechaza el error del superior de los jesuitas

El padre Santiago Martín rechaza el error del superior de los jesuitas
Luego de que el superior de los Jesuitas, Arturo Sosa Abascal, pusiera en duda las palabras de Jesús sobre la indisolubilidad del matrimonio respecto a que «lo que Dios unió, no lo separe el hombre».

(InfoCatólica) En un programa titulado «Bultmann sigue vivo» de «Magnificat TV» el conocido sacerdote y predicador Santiago Martín ha explicado en detalle el origen del error que ha llevado al superior de los Jesuitas, Arturo Sosa Abascal, a poner en duda las palabras de Jesús sobre la indisolubilidad del matrimonio.
A continuación, una transcripción de su explicación, pero puede también escuchar el programa a través del siguiente enlace.

Origen del Bultmannianismo

El final del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX es considerada en filosofía la época de los llamados «padres de la sospecha». Filósofos de gran peso que pusieron en entredicho algunos de los principios en los que se basaba la sociedad anterior y que marcaron realmente su época. Gente como Hegel, Marx,  Feuerbach, Nietzsche, Freud, quienes generaron dudas, sospechas e incertidumbre, y también, en el conjunto de las iglesias, más que todo en las iglesias protestantes, sobre todo en Alemania, se dejaron influir por este sentimiento de sospecha sobre aquellas cosas que habían sido las certezas y seguridades precedentes.
Sobre todo, se dedicaron a investigar la autenticidad de los evangelios y llegaron a investigar si realmente Jesucristo existió, y si el que existió es aquel que reflejan los Evangelios.

Distinción entre el «Jesús histórico» y el «Cristo de la fe»

Se empezó a hablar entonces de la diferencia entre el llamado «Jesús histórico» y el «Cristo de la fe». Una diferencia que cada vez se fue acentuando más, y llegaron a la conclusión de que los Evangelios eran «mitificaciones» de un personaje originario del cual prácticamente no podíamos saber nada.
A finales del siglo XIX Strauss (David Friedrich Strauss) concluyó que el «colmo» de la mitificación era el Evangelio de San Juan, y que este no tenía que ser tenido en cuenta en absoluto.
Posteriormente se «cargaron» el Evangelio de San Mateo y el de San Lucas, y después el único que quedaba que era el Evangelio de San Marcos lo desprestigiaron también.

Rudolf Bultmann

En este contexto, aparece una de las grandes figuras «desmitificadoras», Rudolf Bultmann, que no es tan antiguo en el tiempo. Bultmann muere en el año 1976, no estamos hablando de un personaje que se remota a la noche de los tiempos, sino que es relativamente reciente.
Es Bultmann quien concluye que «no hay nada que hacer». Es decir, que tenemos que «olvidarnos» del Jesús histórico, y que tenemos que acercarnos a los Evangelios como un relato «mítico» elaborado posteriormente, y sobre todo elaborado a raíz de la «invención» del cristianismo, que va  a «hacer San Pablo». Según esta óptica ese «Cristo de la fe» no tiene nada que ver con la realidad. Que el «Cristo de la fe» es alguien que «nos han contado» pero que no existió realmente.  Es decir, que el que existió, no es aquel que cuentan los Evangelios, que son libros simplemente «míticos» e «inventados» sobre todo por San Pablo.

Demolición durante el post-concilio

Con esta actitud de fondo, nos hemos enfrentado no solo al Concilio Vaticano II [que reafirma la historicidad de los Evangelios en su Constitución Dogmática Dei Verbum], sino al post-concilio, que es en el cual todavía estamos viviendo.
Naturalmente esta «demolición» de las raíces de nuestra fe y de la Palabra de Dios, esta demolición del cristianismo, no se ha hecho sin consecuencias. Las consecuencias han sido muy graves.

Religión del supermercado

Es lo que alguno denominó la «religión del supermercado». Tu vas con tu carrito de supermercado, y ves las estanterías más o menos repletas de productos, y vas eligiendo lo que a ti te conviene, en función de tus gustos, o en función de simplemente de que aquella marca te resulte más económica o esa otra marca, según tu opinión, te da mejor resultado.
Llegas con tu carrito a la caja, pero si en el camino a la caja te encuentras con alguien que te dice: «¿Cómo ha comprado usted ese detergente?, Ese no es bueno, mejor compre este otro», pues no hay ningún problema. Dejas ese producto, lo sacas de tu carrito, y vas y eliges otro o no eliges ninguno.
Es la religión del supermercado, en la que estábamos y por desgracia todavía estamos. Y esta religión del supermercado no es una religión solo para ti. Es decir, tu coges tu carrito y vas poniendo tus productos, quitas y pones tu antojo, ya sea quizá por la influencia que hacen en ti en el último momento o a lo largo de tu compra. Pero lo mismo está haciendo otro.

Ejemplos varios

Pongamos un ejemplo. A ti te parece muy importante y esencial insistir en que el Señor dijo «lo que hagas al más pequeño a mí me lo hicieron», el compromiso social, la ayuda a los pobres, y a ti te parece eso muy importante, muy bien. Pero a ti no te parece importante en cambio, que el Señor haya dicho «lo que Dios unió que no lo separe el hombre», que «el que se divorcia de su mujer y se casa con otra comete adulterio contra la primera», eso no te parece importante, entonces lo segundo, que no te parece importante, lo pones en duda, y dices: «¿Lo dijo Cristo?», primera cuestión, «no había grabadoras».
En el caso de que dijera algo parecido, «¿en qué contexto?, «¿quién lo escuchó?, ¿cómo lo entendió y cómo lo contó?, ¿cómo lo escribió el que años después lo escribió?» No merece la pena hacer un problema por eso.
Luego otro, con los mismos derechos que tu, con su carrito de supermercado, ha elegido otro producto y ha dicho «a mí eso sí me parece muy importante, pero no me parece importante que el Señor dijera «Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia», o que el Señor dijera «Tomad y comed que esto es mi cuerpo», o que Cristo resucitara, o que Cristo en la cruz nos dijera que es importante pedir ayuda para perdonar como Él estaba perdonando cuando exclamó «Padre, perdónales que no saben lo que hacen».
Es decir, la religión del supermercado es muy cómoda, pues es una religión a tu manera y a tu gusto, para que no te moleste, pero eso que tú haces lo puede hacer exactamente igual cualquier otro,  y naturalmente eligiendo productos que a ti no te gustan nada pero que aquel alega que tiene el mismo derecho a hacerlo.
De esto se dieron cuenta, gracias a Dios, muchos, entre ellos, el profesor Joseph Ratzinger, después arzobispo Ratzinger, luego Cardenal Ratzinger, y después Papa Benedicto XVI.
Fue precisamente él quien denominó a este tipo de «religión» la «religión del supermercado» y el escribe unos de los mejores libros que se han escrito que son la trilogía sobre Jesús de Nazaret, y que yo recomiendo a todos que al menos lean el prólogo, o la introducción del primero de los libros, porque sitúa perfectamente el problema.
Es decir, nos dice cómo está la Iglesia en ese momento y las consecuencias terribles que tiene para todos, no solamente para los de izquierda o para los de derecha, la llamada «desmitificación» de Jesucristo, de decir que Jesucristo no existió, o que el que existió no tiene nada que ver con el que nos cuentan, o que el que nos cuentan hay que ver lo que dijo, si es que realmente nos dijo algo.

Sobre las palabras del Superior de la Compañía de Jesús

Por qué hablo de todo esto, porque eso es adonde estamos llegando. Poner en duda la Palabra del Señor, a propósito del divorcio, decir que hay que «reinterpretar a Cristo» porque «en aquella época no había grabadoras» abre la puerta sí o sí, sin ninguna duda, a poner en duda la palabra del Señor en otras cosas. No puedes pretender que lo que a ti te conviene poner en duda, sea lo único que se ponga en duda.
A ti te conviene poner eso en duda, por la razón que sea. Quizá porque tienes un concepto de la misericordia que te lleva a decir que hay que dar la comunión a todo el mundo. Pero tienes que ser consciente de que si tu pones en duda eso, estás permitiendo, con los mismos derechos, que otro ponga en duda otra cosa.
Para finalizar solo quisiera hacer una pregunta: ¿De verdad nadie se da cuenta de a dónde nos conduce todo esto?, ¿De verdad nadie se da cuenta del tipo de «demolición» de nuestra fe al cual estamos yendo?, es decir, a ese nihilismo, a esa falta absoluta de certezas, porque destrozando una parte del mensaje, porque nos «conviene» destrozarla, estamos empezando a destrozar el conjunto del mensaje.
Solo quiero hacer esta pregunta porque el tiempo presente es tan serio, que merece la pena que antes de seguir «destrozando» el cristianismo, nos paremos a pensar en qué es lo que estamos haciendo.
 http://infocatolica.com

sábado, 18 de febrero de 2017

Ser adicto al lujo es una forma de esclavitud


Ser adicto al lujo es una forma de esclavitudBlog del Padre Fortea


Aunque las fortunas de los más millonarios del mundo son increíbles, eso no evita un gran problema de difícil solución: ¿en qué gastarse en dinero? Si uno decide no gastarlo en bien del prójimo, si uno decirle gastarlo en uno mismo, eso es un problema.

Un yate. ¿Para qué quiero un yate? Yo, concretamente, me mareo con solo pensar en montarme en uno de ellos. ¿Para qué quiero encerrarme en un pequeño barco, cuando puedo pasear por el campo, por un bosque, por un pueblo? Sí, no soy un amante del mar, lo reconozco. Para mí, hasta estar encerrado en una prisión estatal tiene más alicientes y diversiones que un aburrido yate.

Ropa lujosa. Creo que esta modalidad de gasto de dinero no merece ni una palabra al respecto.

Viajes. Viajar está muy bien. ¿Pero para qué voy a ir al otro lado del mundo, cuando todavía no conozco ni las capitales de provincia de mi país al que puedo ir en coche?

El millonario en la plaza con una cokctail en la mano. No me gusta el alcohol. Estar al sol en la playa es una forma de aburrirse como cualquier otra.

Manjares en la mesa. Cualquiera que haya visto a Arguiñano durante años se sabe cocinar lo que desee. Es cuestión de ir al supermercado y elegir. El placer de cocinar lo que uno va a comer es una de las grandes diversiones de la vida. Lo digo totalmente en serio, normalmente los alimentos más deliciosos son los más baratos. Los otros, para una vez… bien.

Joyas. La afición a los metales brillantes de tantos seres humanos es llamativa. ¿Cuál es el placer que produce colocarse metales brillantes encima de uno mismo? La única cosa que llevo encima es una medalla. Nunca nada más. Dejé de llevar reloj en la muñeca hace más de diez años. No sé por qué, pero me molestaba mucho llevar reloj en la muñeca. En cuanto llegaba a casa, lo primero que hacía era sacarme los zapatos y el reloj.

Mansiones. Lo único que necesito es un salón de estar para mi sillón, una cocina y un dormitorio. Y yo no tendría ningún inconveniente en dormir en mi salón de estar. ¿Para qué una casa grande si sólo necesito esas tres piezas? Un huertecito adosado sí que me sería para mí un deleite digno de un emperador romano.

Obras de arte. Las puedo ver en un museo. No quiero ni una sola ni regalada. Lo digo totalmente en serio.

El gran placer de un ser humano, impagable pero supremo, sería una casita sencilla con un huerto al lado y un bosque cerca por el que pasear. Ah, y poder ir andando a todas partes sin tener que coger el coche
https://www.blogger.com/blogger.g?blogID=13408129#editor/target=post;postID=3954377056613797815

miércoles, 15 de febrero de 2017

Honrar a Dios como nación

Honrar a Dios como nación


Me gustó mucho y vi con el rabillo del ojo, mientras trabajaba, la ceremonia religiosa a la que asistió el presidente Trump el primer día de su presidencia. Una ceremonia en la esplendorosa e impresionante Catedral Nacional. La foto es de esa ceremonia. 27 confesiones religiosas oraron por el Presidente. La catedral es episcopaliana, pero allí estaba en primera fila el cardenal de Washington DC, como se ve en la foto.

Muchas naciones deberían aprender de Estados Unidos. Es tradición que el Presidente-electo y su familia, la mañana que va a asumir el cargo, asista a un oficio religioso en una iglesia. Se trata de un acto familiar, privado, sin cámaras. Sólo se graba su ingreso y salida. De allí va al Capitolio a jurar su cargo. Y al día siguiente, ya Presidente, asiste a un servicio religioso interconfesional en la catedral. Un servicio grandioso, público, que tiene carácter de acto de Estado. Estados Unidos (aun tan secularizado) sigue siendo un gran país del que tenemos mucho que aprender.
http://blogdelpadrefortea.blogspot.com.co/search?updated-max=2017-01-29T01:50:00%2B01:00&max-results=50

miércoles, 1 de febrero de 2017

WI-FI: la muerte invisible que está destruyendo a la generación más joven en todo el mundo - Ecoportal.net

WI-FI: la muerte invisible que está destruyendo a la generación más joven en todo el mundo - Ecoportal.net: Con el auge de la conexión inalámbrica, las redes wifi nos invaden: están en los hoteles, restaurantes, bares de copas, centros comerciales, colegios, oficinas y un largo etcétera. ¿Perosuponen un riesgo para la salud?

viernes, 28 de octubre de 2016

Los iluminati en la Casa Blanca y en la Iglesia

Los iluminati en la Casa Blanca y en la Iglesia


DATOS PERSONALES

Mi foto
José Antonio Fortea Cucurull, nacido en Barbastro, España, en 1968, es sacerdote y teólogo especializado en el campo relativo al demonio, el exorcismo, la posesión y el infierno. En 1991 finalizó sus estudios de Teología para el sacerdocio en la Universidad de Navarra. En 1998 se licenció en la especialidad de Historia de la Iglesia en la Facultad de Teología de Comillas. Ese año defendió la tesis de licenciatura El exorcismo en la época actual. En 2015 se doctoró en el Ateneo Regina Apostolorum de Roma con la tesis Problemas teológicos de la práctica del exorcismo. Pertenece al presbiterio de la diócesis de Alcalá de Henares (España). Ha escrito distintos títulos sobre el tema del demonio, pero su obra abarca otros campos de la Teología. Sus libros han sido publicados en ocho lenguas.
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Hay algo muy profundo en la psicología del ser humano que siente un gran gusto por las historias de conspiraciones por parte de oscuros grupos secretos que dominarían el mundo entero. Grupos en la sombra que tendrían en sus manos el verdadero poder mundial.

Este tipo de historias son muy entretenidas para una película en la que el protagonista salve el mundo a través de persecuciones callejeras, algún disparo y otro tipo de pruebas que culminan en una gran lucha final entre el villano-jefe y el bueno del guión.
Esta suspensión de la credulidad no tendría mayor importancia que el divertimento si no fuera porque este tipo de fantasías van infiltrándose, cada vez con más frecuencia, en los documentales que podríamos llamar serios.
Los grandes canales de documentales (como History Channel) hace ya mucho que sucumbieron al encanto de la falsedad. El problema es que las conspiraciones jesuitas, los grupos templarios secretos, los masones y los iluminati cada vez van asomándose más y más (con apariencia de verosimilitud) en documentales de apariencia más seria.
Al pueblo fiel, los pastores debemos decirles que se dejen de cuentos infantiles: ni hay un grupo secreto infiltrado en el Vaticano ni el mundo está en manos de diez o veinte supervillanos. El párroco de su parroquia quizá sea un villano, pero lo será a nivel personal. No es el delegado territorial de los illuminati-templarios de la rama escocesa reconocida y reformada de los jesuitas ocultos presbiluteranos.
El presidente de su nación quizá sea un poquito inútil, pero no es un iluminati. Tal vez sea masón, eso sí. Pero puede estar seguro de que su logia no tiene control sobre él, más allá de lograr alguna concesión de obras o de meter en algún ministerio al sobrino tonto del masón-jefe.
Si usted cree que le han introducido un chip en la muñeca, vaya al dermatólogo a que le vean eso de la muñeca. Pero siempre cabe que el dermatólogo esté en el ajo. 

Además, la que sí que es posible que sea una masona de alto grado y muy peligrosa es su suegra: vigílela. Observe sus preguntas en las cenas de familia. La suegra, bajo la apariencia de preguntas inocentes, no da puntada sin hilo: ¡ojo!http://blogdelpadrefortea.blogspot.com.co/

miércoles, 26 de octubre de 2016

El proceso de la paz de Colombia...R.P Fortea ...que claridad y vision . tiene

El proceso de la paz de Colombia


El padre Fortea desenmascara y aclara sabiamente la realidad  de este embuchado venenoso por donde lo miremos ,para el País y Los Colombianos...  no hay nada que agregarle Gracias Padre fortea .... lo adoptamos como Colombiano de Corazon.
J.A.G

Nota previa: He borrado varias partes de este artículo, porque considero que fue un error escribir un artículo que diera la impresión (verdadera o falsa) de que me decantaba hacia algún lado en las cuestiones políticas del país. Mi intención fue escribir sólo y exclusivamente acerca de un asunto en el que confluye la política, la moral y la justicia. Pero reconozco que cuando la política divide a la población, cualquier consideración acerca de la moralidad de las decisiones de los gobernantes, siempre van a ser entendidas como una intervención política. Fue un error escribir este artículo y pensé incluso en borrarlo enteramente y dejar esta nota. Nadie del clero me ha hecho ningún comentario acerca de este artículo. Ha sido una conclusión a la que he llegado yo mismo. Reconozco que me influyó no poco en mis comentarios acerca del Presidente Santos el hecho de que estaba algo enfadado con él por toda la cuestión de la ideología de género. Al final, he optado por expurgar de las partes más duras al artículo. Como dice el refrán: Hasta el mejor escriba echa un borrón de vez en cuando.

Artículo: Llevaba varios días conteniéndome para no decir nada acerca del proceso de paz en Colombia. Pero hoy ya no puedo más. Da la sensación de que todos los periodistas ignorantes de Europa tienen que decir algo acerca de un proceso del que no conocen más que unos cuantos titulares.

Vaya por delante que Colombia es el tercer país que mejor conozco del mundo. Dejé de contar los viajes a esa gran nación después de mi séptimo viaje. Realmente, no sé cuántos he hecho. Normalmente he viajado una vez al año. En esos viajes iba de un lado a otro de ese extenso país, del norte al sur, del este al oeste, de las grandes ciudades de las tierras frías a las costeñas, de sus islas a las selvas. He hablado allí con políticos, con secuestrados, con soldados que lucharon con la guerrilla. Una de las personas con la que más amistad tengo allí estuvo totalmente decidida a unirse a la lucha armada clandestina. Otra persona me contaba cómo colocaban las cabezas de los soldados delante de la puerta de su cuartel. Me ahorro relatar las violaciones y barbaridades que esos marxistas hicieron. Es triste escuchar, como lo hice durante un almuerzo, cómo los guerrilleros jugaban al fútbol con la cabeza de uno de los asesinados en el pueblo al que habían llegado. Llegado para disfrutar de todo sin límite, matando a maestros y párrocos.
La guerrilla colombiana es el mal en estado puro. Son fuerzas del infierno. Si los que entraban en ella lo hacían con algún ideal, eso no les duraba ni una semana. Una vez dentro (y sin poder salir ya) se encontraban con la pragmática realidad de una muy lucrativa industria del secuestro y de las drogas. Los ideales marxistas sólo servían para atrapar moscas incautas en la red. Una mera red de mentira.
El poder de la guerrilla hasta algunos años después del 2002 fue algo impresionante. Yo fui testigo de eso. Lo vi con mis propios ojos. Colombia fue un país bajo el yugo del miedo, un país secuestrado. Un país de 48 millones de habitantes que cuando caía la noche debía recluirse en sus casas y no transitar los caminos. Desde los pequeños pueblos hasta la capital. Pues la capital era terreno de los secuestradores exactamente igual que las ciudades lejanas. Recuerdo lo que me impresionó la primera vez que fui al centro histórico de Bogotá, no ver ni un solo turista por las calles. Ni uno solo. Podías andar una hora entera y sólo veías colombianos.

El poder de los terroristas era tal que años antes (en 1985) llegaron a tomar el Palacio de Justicia que hay en pleno centro de la ciudad, a poca distancia del Palacio Presidencial.  Los marxistas pudieron ir matando a los jueces en las mismas dependencias judiciales, el sueño de todo delincuente asesino.

Aunque ese hecho estaba lejano en el tiempo cuando Pastrana llegó al poder, el ambiente de derrotismo no había hecho más que crecer desde aquella muestra de poder terrorista. Y cuando más fuertes eran los guerrilleros, el presidente Pastrana, incomprensiblemente, pactó con ellos. Pactó con aquellos que no tenían otro interés que apoderarse de toda la nación sin reparar qué baño de sangre tuvieran que causar para ello. El presidente Pastrana ¡les entregó varias provincias! Allí podían hacer lo que quisieran, que las fuerzas militares no les iban a perseguir. El pacto se redujo a concederles refugio, a comprometerse a no perseguirles mucho.

La única cuestión era ¿qué ganaba la nación con no perseguir a las fuerzas del caos, con otorgarles dos provincias como refugio oficialmente reconocido por aquél que se suponía que debía hacer valer la Ley? A día de hoy nadie puede responder a esta pregunta. Pastrana les otorgó refugio frente a las fuerzas del orden, ¿pero a cambio de qué?

(Parte borrada por el autor.) Lo dejo a la imaginación de cada uno. Con Pastrana la guerrilla estuvo más cerca que nunca de lograr hacerse con la nación. El botín hubiera sido una nación entera de más de 40 millones de habitantes.

(Parte borrada por el autor.) Entonces, llegó a la presidencia de la nación Álvaro Uribe. Su programa fue muy claro: guerra sin cuartel a la guerrilla, guerra a muerte.

La guerrilla entonces luchó por su supervivencia con todas las armas sin importarle el daño que hiciera a la sociedad. Cuanto más daño, cuanto más caos, mejor. Las lágrimas y la sangre que tuvo que pagar el pueblo colombiano no se pueden expresar con palabras. Pero Uribe... ganó.

Uribe tenía traidores, infiltrados, extorsionados, corruptos en todos los niveles del Estado. Pero, ¡increíblemente!, ganó. Aquí yo sí que veo la intervención de la Virgen María para evitar que todo un país como Colombia, inmenso, rico y muy religioso, cayera bajo un yugo de oscuridad del que no sabemos cuándo hubiera sido liberado. Colombia hubiera se hubiera convertido en un foco de terror para toda esa región. Sus ramificaciones hubieran llegado hasta México.

La guerrilla retrocedió en todos los frentes, perdió fuerzas cada año: nunca volvió a ser la misma. Quedó reducida a un grupo narcotraficante de tamaño medio sin posibilidades de poner de rodillas al Estado. Difícil de erradicar dada la orografía del una nación como Colombia, pero que dejó de ser el gran problema de la nación, para convertirse en algo menor.

(Parte borrada por el autor.) 

Hay que entender que la guerrilla, hoy día, en el año 2016, no hace más actos terroristas porque no puede hacerlos en unos casos y porque no le conviene en otros. La guerrilla siempre ha provocado todo el daño que ha podido. Pero ha llegado un momento en que el barco de la guerrilla está haciendo aguas de forma tan ostensible que sus dirigentes (cuyas fortunas no conocemos) ya prefieren reintegrarse a la vida civil sin temor a acabar ante un tribunal.

(Parte borrada por el autor.) Lo que tienen que entender los periodistas europeos que se llenan la boca de paz, paz y qué bonita es la paz es que ahora a la cúpula de los narcotraficantes les interesa un indulto general. Eso es todo. El resto es puro discurso, pura retórica vacía.

Todo está pensado y muy pensado por parte de los millonarios de la guerrilla: Los que quieran seguir con el negocio del narcotráfico podrán seguir haciendo lo mismo que ahora. Sólo que ya no serán “guerrilla”, sino narcotraficantes independientes. Los que ya desean retirarse a sus casas y vivir tranquilos sin rendir cuentas esos son los que han impulsado la firma de este acuerdo.
Dicho de otro modo, los jefes no tienen nada que perder: el que quiera seguir con el negocio de la droga, puede hacerlo; el que quiera disfrutar de lo ya ganado, tiene esa segunda opción.
(Parte borrada por el autor.) Pero aquí están los periodistas para escribir preciosos artículos sobre la nobleza de la paz y lo bonita que es la primavera y todas esas cosas. 
(Parte borrada por el autor.)  La pobre gente que sale entrevistada y pidiendo que quieren la paz, no se dan cuenta de que los que quieren seguir en el “negocio” van a seguir, que es un acuerdo sólo para los dirigentes. 

Y después están los del Premio Nóbel que no han puesto sus pies nunca en Colombia salvo en algún hotel de cinco estrellas. De ellos no voy a decir nada, porque ese Nóbel de la Paz ya está tan desprestigiado que resulta imposible decir nada que no se haya dicho antes. Probablemente el próximo año se lo otorgaránex aequo a Putin o a Gadafi a título póstumo.

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