domingo, 15 de noviembre de 2015

Ya hace 30 años la tragedia de Armero

30 años de ese episodio que parece mentira ; Permanecí seis meses en  Armero por practica en el ultimo año de Medicina Veterinaria -Universidad del Tolima.    Pueblo tranquilo , calentano,  y epicentro agrícola del Tolima... Tengo varios compañeros en mi ciudad que vivieron ese trauma de perder familia y bienes y aun no aterrizan de lo sucedido hace ya tanto tiempo .  

Esta fecha nos hace recordar  que donde menos  pensamos salta la muerte, pero  eso es lo de menos... lo material siempre esta de un hilo, pero la vida Eterna que es Eterna...     Estamos preparados.. para estar con Dios en su Reino  paraíso 5 estrellas  ? o hacemos curso  intensivo y sabroso en esta vida para ser a lo mejor "jefes de calderas ".

Están pasando tantas cosas  en el Mundo  fuera de los terremotos ,huracanes ,inundaciones etc y  últimamente en nuestra Colombia y: adopción gay,  el aborto es lo de menos , eutanasia,  el gobierno,  y las cortes toman determinaciones  Religiosas, morales y Familiares sin consultar el pueblo, corrupción en todos los niveles  ,injusticia y muerte por todos los lados con   total crisis en lo social, político, económico, moral, ambiental y hasta en lo religioso , que  viendo entonces como están las cosas  lo mejor es prepararnos para o peor ...Fácil  : Confesión ,Cercanía a Dios de la mano de María , Juiciosos ,vida familiar ,diversión sana , deporte   no es difícil .

Todos los homenajes , obras , vías , lamentaciones   por Armero Ya para que...  Oremos para que el castigo por tantas atrocidades actuales  no sea tan duro  .  

Dios nos Libre.   JAG

Armero es una ruina abandonada a la orilla de la carretera que de Ibagué conduce al norte del Tolima. Tras atravesar Alvarado, Venadillo y Lérida hay una estación de gasolina, y bajo la sombra de unos árboles, unos hombres venden DVD con la historia de la tragedia más brutal de la historia de Colombia: el deslave del volcán Nevado del Ruiz, que el 13 de noviembre de 1985 sumergió a la población en un mar de lodo y lava. El mismo que hoy, 30 años después, es el testimonio de la desmemoria y la desidia de un Estado que no ha hecho nada por preservar el recuerdo de un pueblo alguna vez considerado la capital blanca de Colombia, por sus cultivos de algodón.

Armero era una ciudad próspera de 50.000 habitantes cuando acaeció la tragedia en la que murieron alrededor de 25.000 personas. La avalancha alcanzó diez metros de alto, algo así como un edificio de cinco pisos, y arrasó con el pueblo entero. Tan es así que hoy quien camine por la maleza y el bosque que han crecido desordenadamente solo advertirá algunas cruces perdidas, algunas lápidas agrietadas, algunos rastros de que allí hubo una ciudad y el calor de 40 grados a la sombra.

Solo dos lugares en algo se mantienen: la plaza principal y una especie de santuario popular en el lugar donde murió Omayra Sánchez, la niña de 12 años que intentó mantenerse con vida tras quedar atrapada por una viga y cuya agonía fue transmitida a todo el mundo. A ese santuario van centenares de personas a poner exvotos pues la niña se ha convertido en un mito que, dicen quienes creen, ha hecho milagros. Eso es todo.

De Armero no queda nada más. Quizás el aire denso que se respira en el bosque y donde puede sentirse la energía de miles de personas de condiciones diversas, todas desaparecidas.


Un pueblo desaparece
La avalancha alcanzó diez metros de alto, algo así como un edificio de cinco pisos, y golpeó a Armero a más de 300 kilómetros por hora.

  A las 11 y 20 de la noche de ese miércoles 13 de noviembre, 90 millones de metros cúbicos se precipitaron sobre Armero. La actividad en el cráter Arenas se había iniciado meses antes, y aunque hubo advertencias nadie hizo nada para que la población se salvara.

Tres horas antes se había iniciado una explosión de gas dentro del cráter. A pesar del estruendo, solo Hernán Castrillón, en el noticiero TV Hoy de las nueve de la noche, cerró la emisión diciendo que había preocupación, pero que no se tenían más detalles de lo acontecido. La avalancha se deslizó 48 kilómetros, la distancia que separaba a la población del volcán, y dos horas después la impactó a más de 300 kilómetros por hora. En el lapso de dos horas sepultó el pueblo.

La tragedia de Armero es incomprensible sin tener en cuenta los hechos del 6 y 7 de noviembre de 1985, cuando un comando del M-19 se tomó por asalto el Palacio de Justicia. Como en todas las desgracias en Colombia, casi siempre hay hechos que vinculan una historia con otra.


Sálvese quien pueda
Ante los rumores de una nueva avalancha, la gente intenta subir desesperada a un helicóptero estadounidense la mañana después de la catástrofe.

  El alcalde Ramón Rodríguez había intentado alertar al gobernador de Tolima, quien se negó al teléfono pues estaba jugando billar. A pesar de que la Cruz Roja había sostenido varias reuniones esa noche, y de que a las 9 y 30 funcionarios de Ingeominas que la seguían desde el páramo de Letras habían detectado la actividad del volcán, Moncho, como era conocido, no pudo hacer nada.

Armero estaba atestado de gente en la calle que corría para todas partes. Unos creían que el punto de encuentro era una cruz blanca pintada en la sede de la Cruz Roja, pues el único temor del pueblo, según María Eugenia Caldas, quien ese día salió de Armero a una reunión en Cali y perdió para siempre a sus dos hijas y a sus padres, era que se lo tomara la guerrilla de las Farc, que estaba cerca de Ambalema. Muchos permanecieron en sus casas esperando que lo que comenzaba a ser un bramido furioso de la naturaleza fuera una inundación.

El médico cirujano Juan Antonio Gaitán había llegado a Armero a visitar a sus padres después de haber vivido en Alemania, en compañía de su esposa embarazada de siete meses. Estaba con su padre, su madre, su esposa y la empleada en la casa, y describe así el momento en que se precipitó la avalancha: “Sentí el bombazo. Un estallido tremendo. En ese momento yo no era consciente de dónde estaban ni mi mamá, ni mi esposa, ni la empleada del servicio. Mi papá, que ya tenía ochenta y pico de años, estaba a mi lado. De repente algo nos tumbó al suelo y nos empujó hacia el fondo. Nos empujó por un corredor hacia el cuarto. Nos empezó a meter y comenzó a subir de nivel. En Armero, los techos eran muchísimo más altos que las puertas; en ese momento sentí que algo pasó por el techo, y mi papá dijo: ‘Uy, carajo’. Ahí me di cuenta de que me había quedado con su brazo en mi mano. Se desprendió del cuerpo. Ese algo me estampó contra el techo. Como yo tenía la idea de que la puerta estaba por debajo, y de que eso era agua, intenté sumergirme y salir por el dintel de la puerta. Sin embargo, comencé a sentir una presión tremenda, y luego, ¡bum! Salí y cuando pude respirar oí a mi mamá buscándome:

–Juancho, Juancho.

–¿Qué pasó, mami?

–¿Y su papá?

–Yo creo que murió.

–Juancho, tranquilo, valor, que de esta salimos”.


Un duelo interminable
Armero era considerada la capital blanca de Colombia, por sus cultivos de algodón. En cuestión de horas, la avalancha mató a casi la mitad de sus 50.000 habitantes.

  La aeronave que algunos vieron sobrevolar la zona fue una avioneta de fumigación al mando de Fernando Rivera, quien en esa época fumigaba cultivos. Miles de cuerpos comenzaban a aparecer con el lodo pegado a la piel, la mirada perdida y una sensación imposible de calificar. Yamid Amat hablaba atropelladamente con Leopoldo Guevara, voluntario de la Defensa Civil de Venadillo, y con el mismo Rivera. “Desapareció todo el mundo, yo creo que queda un 5 por ciento de lo que era Armero”. La conversación era inverosímil. Tanto que, años después, Guevara dijo que ni Amat, ni Juan Gossaín, ni el propio Belisario Betancur le creyeron cuando intentó avisarles. Pero a esa hora de la mañana ya la versión era casi oficial. Ni Guevara podía creer lo que veía: “Todo era silencio, silencio y barro. Armero es un playón”, dijo.

En el horizonte amanecía y se veía un mar de lodo. Quienes se encontraron con las primeras imágenes no lo podían creer. Hordas de gente con el barro seco pegado a la piel, exánimes, caminaban en hileras por la carretera. Cuerpos flotaban bajo el sol de un amanecer negro para la historia de Colombia. Agua no había. Algunos desesperados comenzaron a arrojarse a los pocos autos que encontraban para ser atropellados y dejar de vivir una pesadilla innombrable.

Esa mañana, todo fue caos. Los colombianos se encontraron con informes confusos de lo ocurrido. Periodistas de todo el país quisieron llegar a ver con sus propios ojos lo que nadie podía contar, porque era imposible.


La tragedia anunciada
Los cuerpos flotaban bajo el sol de un amanecer negro para la historia de Colombia. Pronto vinieron las dudas sobre si el Estado habría podido prepararse mejor.
Aunque Armero fue una tragedia anunciada, nadie alertó nunca a la gente, ni había planes para la evacuación. El Estado guardó silencio ante la evidencia.

Durante varias semanas, miles de armeritas desfilaron por los medios para contar su historia y buscar a sus familiares. Se creó un fondo muy cuestionado para manejar la millonaria ayuda internacional. Vino el papa Juan Pablo II un año después. Se quiso declarar camposanto el viejo pueblo sepultado por el barro. Y comenzó a pasar el tiempo, y todo fue quedándose como un cuento terrible, de los miles que hemos tenido que contarnos los colombianos.

El problema es que nadie pudo enterrar a sus muertos. Los símbolos quedaron reducidos a misas campales y peregrinaciones. Pero tanto la memoria como asuntos tan discutidos como el robo de niños han quedado en el olvido.

  El 13 de noviembre hubo fútbol profesional. Alguien dijo que, por la amenaza de la erupción del Ruiz, habían mandado a transmitir un partido entre Millonarios y Cali. Hacía dos días se había celebrado el reinado de belleza en Cartagena. Miles de armeritas se fueron a dormir después de una tarde en la que se comentó la desproporcionada manera en que caía la ceniza. Eran puñados. La gente pensaba que se trataba de un anuncio más del Ruiz, y pocos, muy pocos, quisieron partir.

¿Era fácil hacerlo cuando nadie les había mostrado el desastre que podía ocurrir? Seguramente no. Decenas de sobrevivientes aseguran que nadie les dijo nada. ¿Por qué la gente siguió en los cafés, hablando como si nada pasara, elucubrando sobre el porvenir como si no se hubiera enterado de que durante ese año varios medios habían dado versiones de que en Armero podía ocurrir una tragedia natural inmensa? ¿Por qué el gobierno hizo caso omiso de las peticiones del representante a la Cámara por Caldas Hernando Arango, quien advirtió el 24 de septiembre de ese año sobre el peligro que representaban las constantes emisiones de humo del nevado? ¿Por qué nadie escuchó las advertencias del representante Guillermo Alfonso Jaramillo en la misma sesión de la Cámara de Representantes?

La noche del 13 de noviembre muchos supieron que Colombia había vivido una tragedia anunciada. El presidente Belisario Betancur lo repitió en una de sus alocuciones televisadas de entonces: “Que dios nos tenga de su mano”.


Tomado de la Revista semana -Noviembre
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domingo, 8 de noviembre de 2015

Por que conviene ir vestido de Sacerdote ......

Historia de la Sotana
R.P Jose Antonio Fortea

El hábito eclesiástico es un signo de consagración para uno mismo, nos recuerda lo que somos, recuerda al mundo la existencia de Dios, hace bien a los creyentes que se alegran de ver ministros sagrados en la calle, supone una mortificación en tiempo caluroso

El sacerdote al mirarse en el espejo o en una foto, y verse revestido de un hábito eclesiástico piensa: tú eres de Dios.

Bajo la sotana, el sacerdote viste como el común de los hombres. Pero revestido con su traje talar, su naturaleza humana queda cubierta por la consagración.

El que viste su hábito eclesiástico es como si dijera: el lote de mi heredad es el Señor.

El color negro recuerda a todos que el que lo lleva ha muerto al mundo. Todas las vanidades del siglo han muerto para ese ser humano que ya sólo ha de vivir de Dios. El color blanco del alzacuellos simboliza la pureza del alma. Conociendo el simbolismo de estos dos colores es una cosa muy bella que todas las vestiduras del sacerdote, incluso las de debajo de la sotana, sean de esos dos colores: blanca camisa y alzacuellos, negro jersey, pantalones, calcetines y zapatos.

El hábito eclesiástico también es signo de pobreza que nos evita pensar en las modas del mundo. Es como si dijéramos al mundo: Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre.

La vestimenta propia del sacerdote es la sotana. Pero el clériman también es un signo adecuado de consagración, manifestando esa separación entre lo profano y lo sagrado. Aunque el hábito eclesiástico propio del presbítero sea por excelencia la túnica talar, el clériman es un hábitus ecclesiasticus y todo lo que aquí se dice a favor de la sotana, se puede aplicar al clériman. En caso de que estas hojas las lea un religioso, evidentemente, lo dicho aquí de la sotana valdrá para su propio hábito religioso.


Nos sorprenderíamos cuánta gente piensa en Dios, cuando en una ciudad populosa un sacerdote atraviesa las calles. Multiplicado por todos los días del año, el bien que hace vestir de clérigo es inmenso. Sin exagerar, al cabo de un año han reparado en él decenas de millares de personas. Y si un sacerdote anda por la calle recogido y en presencia de Dios, entonces se transforma en un instrumento para que los ángeles custodios les digan a sus protegidos: fijaos.

Un sacerdote con sotana por la calle es como un grito para los paganos. Un grito que les dice: ¡Dios existe! Ved aquí a uno de sus siervos. Por eso Satanás tiene tanto interés en que de la vía pública desaparezcan todos los signos que hacen referencia a Dios.

El amor reside en el corazón, no en el vestido. Pero el amor se desborda en multitud de detalles externos: uno de ellos es una vestidura de consagración.

Las vestiduras eclesiásticas son un constante recuerdo de la dignidad que nos ha sido conferida, del poder que ostentamos.

Alguien puede objetar que el hábito eclesiástico separa de los hermanos. Pero hay que recordar que el sacerdote es alguien segregado del resto de los hombres para el culto de Dios, para consagrarse a su servicio. Es la porción que Yahveh se ha separado para ejercer sus sagrados misterios.

Esos misterios sacrosantos son razón suficiente para que se te señale como en tiempos de Moisés se señaló un límite en torno al monte Sinaí porque era un monte santo. ¿Es acaso menos sagrado un sacerdote de Cristo que ese monte de la Antigua Ley?

El hábito eclesiástico ha sufrido modificaciones desde que comenzó a existir, pero siempre ha sido una tunica talaris a semejanza de aquellas que gloriosamente cubrieron a los doce primeros apóstoles.

Bien con un traje talar, bien con un clériman, vestimos como sacerdotes no porque nos apetezca o nos guste, sino porque nos lo pide la Iglesia. Ir vestidos como ministros de Dios es un modo de servirle.

Si eres un hombre que ha entregado su entera vida al Omnipotente como presbítero, ¿por qué no vestir como lo que eres?

Aunque en las tiendas diocesanas se vendan camisas de muy distintos colores, el color negro o el blanco (para lugares cálidos) son colores nobles y elegantes. Desgraciadamente son muchos los sacerdotes que visten combinaciones de prendas carentes de todo gusto. Van mal vestidos toda la vida y nadie se atreve a decírselo. Desde estas páginas, en nombre de Aquél a quien representan, les pido que vayan vestidos con dignidad y que no confundan el mal gusto con la pobreza.

¿Por qué el sacerdote no lleva una vestidura exactamente igual que la de Jesús? El que los sacerdotes no nos dejemos una barba y el pelo largo como el que la tradición atribuye a Jesús, y no llevemos una túnica y un manto como los que llevaban los judíos, creo que tiene una profunda razón teológica detrás. Llevamos un distintivo, un símbolo, que recuerda la túnica de nuestro Maestro. Pero esa túnica no trata de ser idéntica, ni lo intenta siquiera, para que se vea que nosotros somos meros continuadores suyos, pero que Él era único. Él era único, nosotros somos meros continuadores.

Algunas notas antes de proseguir


Antes de proseguir con la historia de las vestiduras eclesiásticas, algunos puntos menores:
Son muy bien venidas las sugerencias. Así que todo aquel que desee hacer alguna aclaración, corrección o sugerencia al autor de este sitio, puede escribirme a fortea@gmail.com

Aquel que quiera enviar alguna foto de especial belleza, puede enviar al mismo correo el link donde se encuentra en Internet esa foto.

Historia de la vestidura eclesiástica


Nota previa. A efectos de citación académica, cualquier parte de esta historia de la vestidura eclesiástica debe ser citada así: José Antonio Fortea, Manual de Obispos, Editorial Dos Latidos, Zaragoza 2010, pg 120-124. Si se necesitara la página exacta para alguna publicación se pueden poner en contacto con el autor fortea@gmail.com
Para citar en Internet, bastará con el poner el link de esta página.

La historia de las vestiduras eclesiásticas que aquí aparece, y cuyo autor soy yo, se ofrece sin las notas a pie de página y sin el aparato de referencias que sería lógico en un trabajo académico. Se ha preferido hacer así, para ofrecer la esencia de toda la historia del traje clerical, sin necesidad de ofrecer todos y cada uno de los elementos menores que hubieran hecho mucho más extensa esta historia además de tener que detenerla una y otra vez ponderando cada uno de los detalles.

Jesús no vistió ninguna vestidura especial. Entra dentro de lo posible el que los sacerdotes judíos sí que tuvieran vestiduras clericales, pues constituían una casta. Pero, de acuerdo a lo que nos dicen las dos genealogías de los Evangelios, Jesús pertenecía al linaje de los reyes de Judá, no al de los descendientes de Leví. El Mesías no era un sacerdote del Antiguo Testamento. Además, Él comienza un nuevo sacerdocio.

Los Apóstoles, por tanto, tampoco llevaron ninguna prenda distintiva, ni tampoco sus sucesores. Obrar de otra manera, en medio de una persecución, hubiera sido una temeridad.

En las generaciones siguientes a que la Iglesia obtuviera su libertad, los clérigos siguieron llevando ropas que no les distinguían de los laicos. Si bien, en las celebraciones litúrgicas sí que iban revestidos con vestiduras especiales. Muy probablemente, los monjes sí que llevaban ropas que les distinguían como monjes.

Aunque el clero seguía vistiendo sin ropas especiales, poco a poco, en algunos lugares sí que se fue desarrollando un modo distintivo de vestir. En el año 428, por una carta del Papa Celestino, sabemos dos cosas: que en Roma no existía una vestidura clerical, pero que en la Galia algunos obispos ya la usaban. La carta del Papa, curiosamente, exhorta a que los clérigos se distingan de los laicos no por las ropas, sino por sus virtudes. Pero ni siquiera esta opinión papal pudo detener el curso de la historia que ineludiblemente llevaba a mostrar externamente esa distinción.

Y así, este desarrollo lento de las vestiduras clericales, lleva a que en el 572, el Concilio de Braga ordene que los clérigos de esa zona de la península ibérica vistan la túnica talar.

A partir de entonces, los decretos sobre la ropa clerical se fueron haciendo más y más frecuentes, en el sentido de que los clérigos no vistieran las ropas seculares, ni siguieran sus modas.

Entre el siglo VI y el VIII, los testimonios escritos muestran que el uso de la vestidura clerical se hizo obligatorio. Al principio, los colores no estaban unificados. Dándose muchos colores y diversas tonalidades.

El color negro fue el que finalmente predominó por una razón esencial, se trata de un color muy solemne. Después, a posteriori, se le pudo dar sentidos simbólicos a ese color, como el de la muerte al mundo, pero la razón por la que prevaleció fue ésa: se trata de un color que expresa seriedad, solemnidad. Frente a la opción del negro, el blanco hubiera podido también predominar, es el color de la lana sin tintes, pero tenía un problema: cualquier mancha se ve con facilidad. Y, aunque se lave una y otra vez, el uso deja restos de las antiguas manchas. Por eso el blanco se reservó para las funciones litúrgicas desde el principio, y para la vida ordinaria el negro acabó prevaleciendo.

Sin embargo, las dos tendencias que hoy día existen entre los que prefieren vestir de laicos y los que prefieren vestir como clérigos, son dos tendencias que las encontramos no ya desde la Edad Media, sino que es posible rastrearla desde la Edad Antigua.

Desde que el hábito eclesiástico se hizo obligatorio, encontramos a sacerdotes y aun obispos que han vestido como laicos, en más o en menos ocasiones. Insisto, incluso en la Edad Media.

Al principio, el hábito eclesiástico era una túnica sin botones. Muy a menudo con cinturón de cuero con hebilla. Los botones que recorren la sotana de arriba abajo, predominaron a partir del siglo XIV y XV. Hasta el siglo XIV, en la vestidura clerical no existía el alzacuellos. Pero a partir de entonces, las camisas comenzaron a dejar ver su parte superior por encima del hábito. Al principio, sobresalía el cuello de la camisa blanca sin solapas. Después, cuando ya hubo solapas como las actuales, éstas o sobresalían verticales (cerradas por un botón) más allá de donde acaba el hábito, o bien caían hacia abajo por encima del hábito.

Las solapas que caían sobre el hábito, evolucionaron hasta el siglo XVII tomando la forma de lo que se llamaba el babero. Las solapas verticales evolucionaron hasta formar el alzacuellos. El alzacuellos se formó como prenda aparte, porque era mucho más fácil lavar la parte del cuello si ésta era una prenda independiente. Démonos cuenta de que en otras épocas las camisas no se lavaban diariamente, pues un clérigo humilde poseía pocas camisas. Un humilde párroco de pueblo en el siglo XVII podría tener cuatro camisas y una sola sotana. Un clérigo de baja posición no tenía tres o cuatro sotanas, sino uno sola que se remendaba las veces que hiciera falta.

Muchos consideran la capucha como privativa de los monjes. Pero lo específico de ellos era el escapulario o la cogulla. El escapulario es la prenda rectangular que cae por delante y por la espalda, hasta casi el borde de la túnica.

La capucha era habitual entre las ropas de los laicos, y por tanto también entre el clero secular. En el clero secular, la capucha se llevaba no en el hábito talar, sino en la muceta. La muceta sobre los hombros era una prenda de abrigo, la llevaba cualquier clérigo y solía tener una capucha. Esta costumbre de la capucha en el clero secular llegó hasta el siglo XX. La muceta de los cardenales tenía capucha, así como la de los Papas. Cardenales y Papas llevaban esa capucha en la muceta, aunque no pertenecieran al clero secular. Sin bien, más allá de la Edad Media, muchas mucetas muestran unas capuchas exiguas que ya no hubiera sido posible ponerlas sobre la cabeza.

Aunque el uso del hábito eclesiástico ha sido lo habitual desde el siglo VII más o menos, ya se ha dicho que siempre ha habido clérigos que han deseado vestir de un modo secular, casos así ha habido desde la Edad Media hasta nuestros días, siglo tras siglo. Pero, aunque normalmente, estos casos han sido excepcionales, lo que sí que ha sido más frecuente es el deseo de secularizar el hábito eclesiástico.

Y así, hay testimonios desde el siglo XVII reprobando el uso de sotanas cortas que llegaban sólo hasta la rodilla. Esta lucha entre la secularización del hábito eclesiástico y el mantenimiento de del estilo eclesiástico por encima de toda moda mundana, también se puede rastrear en toda época. Incluso en la Edad Media hay obispos que vestían más como caballeros que como prelados. Finalmente, en el siglo XIX se hizo frecuente el habito piano o hábito corto. La parte superior era igual que la de la sotana, con su alzacuellos o su babero. Pero la sotana había sido sustituida por una especie de chaleco que llegaba sólo hasta la cintura, a partir de la cual eran visibles unos pantalones cortos que acababan en calzas negras. Encima del chaleco, se llevaba una casaca. Este hábito corto fue desapareciendo, y a comienzos del siglo XX los curas llevaron sotana solamente. Hasta que en los años 70, apareció el clériman (también escrito clergyman). Una vez que hubo desaparecido el hábito corto, éste continuó entre los curas católicos de Estados Unidos, por influencia de los pastores de la iglesia episcopaliana que vestían así. Y de los curas católicos norteamericanos retornó al resto de países en los años 70.

Este deseo de que las vestiduras de los sacerdotes fueran enteramente clericales, conllevó que los sombreros tuvieran formas y hechuras propias. La forma de cubrirse la cabeza los eclesiásticos siempre había sido por antonomasia la capucha, entre el clero regular y secular. Pero ya en la Edad Media se abrieron paso los gorros académicos o los civiles entre los eclesiásticos, frente a la capucha que parecía demasiado monástica y demasiado primitiva. Pero siempre se luchó por parte de las diócesis para que los gorros eclesiásticos tuvieran una hechura propia y no fueran iguales que los de los laicos. Aunque siempre había clérigos a los que les gustaba ponerse gorros que fueran más con la moda civil porque les parecían más elegantes.

Los sombreros eclesiásticos evolucionaron a raíz de dos modelos diversos. Un modelo procedía de las gorras académicas, y de allí surgió la birreta, el birrete o bonete. Otro modelo procedía de tipos de sombreros más parecidos a los civiles, de ahí surgieron diversos tipos de sombreros con ala plana, redonda o rectangular: teja, saturno, galero.

El solideo es la evolución de un gorro que cubría la cabeza desde la frente a la nuca. La función era preservar del frío, pero poco a poco se hizo de él una prenda constante. Al llevarlo en toda estación, con el pasar de las generaciones, se fue haciendo más ligero para que no diera tanto calor, llevándolos de lana en invierno.

La vestidura de abrigo era la muceta sobre los hombros, pero si hacía más frío se llevaba la capa. Cuando los abrigos aparecieron, muchos fueron arrinconando la capa. Pero para que el abrigo no fuera igual que el de los laicos, se diseñó de forma que llegara hasta el borde de la sotana, llamándose este abrigo dulleta. Sin embargo, la capa y la dulleta coexistieron. En España, la capa daba una vuelta colocándose sobre el hombro. Esta capa más larga se designaba con el nombre de manteo.

En toda esta evolución de los trajes eclesiásticos, la costumbre era que cuando uno se ordenaba como clérigo, a partir de ese momento, todas sus vestiduras eran clericales. Manifestando de forma externa y visible la consagración total a Dios del propio ser, de la propia vida, de todos los pensamientos y deseos. Por eso, desde la recepción de la orden menor de la tonsura todas las vestiduras debían ser clericales. La tonsura era el signo de esta mentalidad. El sacerdote no sólo llevaba ropas sacerdotales, sino que incluso sus cabellos llevaban el signo de la consagración.

¿Es obligatorio para los clérigos la vestidura clerical?


Aunque aquí se manifiestan las razones para llevar los trajes clericales, el autor de estas líneas manifiesta la más completa comprensión hacia sus hermanos sacerdotes que no llevan esas vestiduras. Entiendo que mis ideas son difíciles de aceptar por todos aquellos que han sido formados desde el principio en seminarios en los que la idea esencial era de que lo importante es la cercanía con la gente y que, por tanto, todo signo de distinción conlleva separación, alejamiento y, por tanto, un mal cumplimiento del ministerio de ayuda al prójimo.

En este escrito, hablo de los argumentos a favor de los hábitos eclesiásticos, pero no me cuesta entender las razones contrarias a estos argumentos. Yo sostengo la postura aquí expuesta, simplemente porque que entre unas razones y otras, me convencen más las razones a favor del hábito eclesiástico. Pero no juzgo a los que portan ropas seculares habiendo tomado sobre sí un estado clerical. No juzgo, ni lo más mínimo, a los que se revisten de ropas laicales estando consagrados dentro del estado eclesiástico.

Creedme los que leéis estas líneas, no juzgo, no pienso mal, no digo en mi interior: qué sacerdote es éste tan mundano, qué secularizado está, que poco espiritual, qué desobediente. Si alguna vez he sentido la tentación de pensar eso –tentación-, me he contenido. Y si he consentido, me he arrepentido. Por el contrario, siempre pienso que cuando veo a alguien así, que ha sido formado en otra mentalidad. Ni juzgo, ni critico. Quede eso bien claro. He conocido a infinidad de buenos sacerdotes que no vestían de un modo clerical, sino como laicos. Y no sólo sacerdotes buenos, sino también inmejorables, verdaderos hombres de Dios, hombres santos que vistieron como laicos. Indudablemente, el modo en que hemos sido educados influye mucho el resto de nuestra vida.

Habiendo dejado claros mis pensamientos acerca de no juzgar, ante la pregunta si es obligatorio para los clérigos vestir de un modo eclesiástico: la respuesta es sí.

La ley de la Iglesia lo ordena. Y lo ordena con la autoridad recibida de Cristo. Cada clérigo debe vestir de acuerdo a las normas emanadas por su conferencia episcopal.

Pero independientemente de lo que diga la letra de las normas dados por cada conferencia episcopal, el espíritu de la ley universal, el espíritu de la norma dada desde hace más de un milenio, es que los clérigos vistan de un modo diferente al de los laicos.

La cuestión de cómo viste un clérigo no es una recomendación, sino que es una cuestión de obediencia al sentir de la Iglesia.

La razón esencial de esta norma, eso no hay que olvidarlo, es espiritual. Bueno también es recordar que, aun admitiéndose otras opciones aprobadas por la jerarquía, lo específico del traje clerical ha sido siempre el que se tratara de una túnica talar, en recuerdo de la túnica de Nuestro Señor Jesucristo y de sus Doce Apóstoles.

Detrás de las vestiduras hay toda una teología


La eterna cuestión acerca de cómo deben ir vestidos los clérigos, depende de qué consideramos que es el sacerdocio. En el fondo, detrás de esta cuestión sobre las vestiduras, hay todo un esquema teológico.

Unos consideran que el sacerdote debería ser un hombre normal, casado, con hijos y, preferiblemente, con un trabajo civil. De forma, que para ellos lo ideal sería que el sacerdote fuera un hombre normal con un trabajo secular, que se dedica a las cosas de la Iglesia en el fin de semana.

Frente a esta idea de un sacerdote del mundo, está la concepción del sacerdocio como consagración. El sacerdote que reza su breviario, que dedica tiempo generoso a la oración, que está dedicado al 100% a las cosas de Dios y de su Iglesia.

En el fondo, unos quieren un sacerdote que está en el mundo, es del mundo y es como todo el mundo, mientras que en la otra concepción el sacerdote está en el mundo sin ser del mundo.

Estas dos concepciones del sacerdocio son las que tienen su expresión en una u otra forma de vestir. Pero en el fondo, una visión del sacerdote es una visión bastante humana, en la que lo esencial es la caridad, la ayuda al prójimo. En la otra visión, el sacerdote ante todo es el hombre de Dios, el hombre que administra su gracia.

Aunque la raíz por la que unos defienden o atacan los trajes clericales, depende al final de qué es lo que consideramos que es la Iglesia, conviene considerar un detalle. Los protestantes, al principio, atacaron con saña todo tipo de vestidura que distinguiera a los pastores del resto de los creyentes. Durante muchas generaciones no hubo vestidura alguna entre sus pastores, pues se cargaron mucho las tintas en que esta costumbre era ajena a la Biblia. Pero hoy día, cuatro siglos después, la mayor parte de esas denominaciones han restaurado trajes eclesiásticos, al menos, para las ocasiones solemnes. Y, por supuesto, los trajes litúrgicos fueron restaurados mucho antes que los eclesiásticos.

La iglesia ortodoxa se separó y se mantuvo bastante incomunicada de la católica durante mil años. Y, sin embargo, el Espíritu Santo la llevó por el mismo camino que la Católica en este tema. Y no sólo eso, sino que incluso la hechura de sus vestiduras eclesiásticas es casi igual. Más sorprendente resulta que incluso en color coincida, y vayan de negro.

Algunas consideraciones antes de acabar


A la gente le gusta ver al policía vestido con su uniforme, al juez revestido con su toga, al médico con su bata. La autoridad de esas personas con autoridad no está conferida por las vestiduras. Pero las vestiduras, sin duda, son una gran ayuda. La realidad de este hecho va allá de lo que diga cualquier postura teológica.

La razón principal de que hayan de existir unas vestiduras clericales, radica en la necesidad de distinguir lo sagrado de lo profano. ¿Consideramos al sacerdote un hombre más, o un hombre sagrado? Si es un hombre más, aunque nos de buen ejemplo, aunque ayude a los demás, no es necesaria una vestidura clerical.

Si consideramos al sacerdote como el portador de unos poderes sacramentales dados por Jesucristo, como el portador de una autoridad sagrada sobre el Pueblo de Dios, como el hombre que se ha consagrado al 100% a Dios y que por tanto él mismo pasa a ser algo de Dios, entonces sí que es necesario distinguir a ese ser humano de lo profano.

Esta necesidad de distinguir entre lo sacrum y lo profanum es general. Por ejemplo, ¿cómo distinguimos una mesa normal de un altar? Por su hechura, por los materiales, por los signos distintivos que hemos colocado. ¿Cómo distinguimos una copa normal de un cáliz? ¿Cómo distinguimos una casa normal de la Casa de Dios? ¿Cómo distinguimos el aceite normal puesto en un envase, del Santo Crisma puesto en otro envase? En todos estos casos, lo sagrado de lo profano se distingue por los signos. Lo mismo sucede para distinguir entre la persona sagrada y el laico.

Otra cosa distinta es que no aceptemos que el sacerdote es una persona sagrada. Pero decir eso sería ir contra la enseñanza del mismo Dios en la Sagrada Escritura, donde en innumerables sitios indicó que los sacerdotes eran personas sagradas porque eran cosa suya. Y eso que hablaba del sacerdocio veterotestamentario que era inferior al del Nuevo Testamento. Pero, aun así, en el Antiguo Testamento indica con todo detalle cómo serán las vestiduras litúrgicas del sacerdote. Como se ve por la Biblia, a Dios no le da lo mismo el tema de las vestiduras.

¿Pero por qué no se indican vestiduras clericales para los levitas, sino sólo las cultuales? Eso se debe a que el levita fuera del Templo, era una persona normal con su familia, sus hijos y su trabajo. Del mismo modo que no vestimos con sotana a un diácono permanente, tampoco lo hizo Dios con los levitas. No tendría sentido que un diácono permanente trabajara como panadero y que llevara su sotana todo el día.

Pero hecha esta explicación, vemos que a Dios no sólo no le es indiferente el tema de las vestiduras eclesiásticas, sino que Él mismo determina todos y cada uno de los detalles de las vestiduras cultuales, incluso de los calzones: formas, colores, número de prendas, materiales de los que se harán. La idea de que todo esto le es indiferente a Dios, está directamente contradicha por la Palabra del Altísimo.

Pero, en definitiva, la pregunta de antes sigue resonando: ¿qué es el sacerdote? ¿Un mero animador de la comunidad? ¿Un mero trabajador de obras de caridad? ¿Un mero pastor en el sentido protestante? Si el poder del que dirige una comunidad, proviene de que ha sido elegido por votación por sus fieles, no es necesaria una distinción entre lo sagrado y lo profano. El párroco posee una autoridad sagrada que proviene no de sus fieles, sino de Cristo a través de su obispo.

Autoridad sagrada, porque por ejemplo un gobernante de una nación tiene un poder, una autoridad, pero no es sagrada. Se trata de una autoridad profana, secular, cuyos límites y condiciones vienen dadas por la voluntad popular y la Ley Natural.
(El señor con gafas que hay delante de la loba, soy yo. A mí, como a Hitchcock me gusta aparecer en mis películas una vez.)

A veces, las imágenes tienen una fuerza que no la tienen las palabras. Os aconsejo que entreis en este link
http://elcanonigorampante.blogspot.com/

Despedida


Y aquí acaba este sitio que sólo busca prestar un servicio a sus hermanos sacerdotes y a algún seminarista que se deje caer por aquí. Si eres sacerdote y las razones aquí expuestas no te han convencido, no seas duro conmigo. Durante años se han dicho muchas razones en contra de los trajes eclesiásticos, alguien tenía que decir algo a favor. Tú y yo buscamos servir a Dios. Es lógico que entre los seguidores de Jesús existan opiniones diversas, estilos distintos. Al final, nos encontraremos con Él y nos lo explicará todo. Mientras tanto, amémonos y ayudémonos.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Preocupacion de los Catolicos Europeos

blog del padre Fortea http://blogdelpadrefortea.blogspot.com

miércoles, octubre 21, 2015

La santidad del Nombre de Dios y la santidad de los lugares consagrados a Él


Hoy el Partido Socialista ha dado a conocer su programa. Tenía yo completa seguridad de lo que iba a suceder, y el programa no me ha defraudado. Su reclamación acerca de las inmatriculaciones eclesiásticas se convertirá a la postre en una verdadera nacionalización de las catedrales de España, de todas las catedrales.

Ésta es una verdadera tragedia. Los obispos van a quedar despojados de todos los templos catedralicios. Los cuales podrán ser usados para conciertos, exposiciones, actos culturales, políticos o bodas gays. Esto ya se veía venir desde hacía años.

Entre esto y la redefinición del matrimonio, el cristianismo ya no podrá seguir conviviendo en la sociedad actual como hasta ahora. Estamos a cuatro o seis años del comienzo de una verdadera persecución legal de la Iglesia en España. La Iglesia, tal cual la hemos conocido, va a desaparecer de este país. Nos espera una situación cada vez más hostil y agresiva en nombre de la Libertad.


Nuestro Señor Jesucristo se enfadó al ver a los vendedores en el Templo. Resulta evidente que Dios se enfadará ante semejante sacrilegio. Ya no espero más ayuda que la del Cielo. Pero no tengo la menor duda de que el Altísimo mira y calla. Mira y calla, pero cuando hable todos callarán.

jueves, 29 de octubre de 2015

La Familia otra piedra angular....

CARDENAL CAFARRA: "SOR LUCIA ME DIJO QUE LA BATALLA FINAL ENTRE DIOS Y SATANAS SERÁ SOBRE LA FAMILIA Y EL MATRIMONIO"

El 16 de Febrero del 2008 el Cardenal Carlo Caffara (Arzobispo de Bolonia) después de una misa celebrada en la tumba de San Pio de Pietrelcina dio una entrevista a la Tele Radio Padre Pio, la cual fue posteriormente reportada en la revista mensual “Voce di Padre Pio” del mes de Marzo del 2008. A continuación encontraran algunos extractos.
  • P: Su eminencia, recientemente en el Corriere della Sera usted comentó que siempre tuvo una gran  devoción al Padre Pio. Nos podría comentar el porqué de esta devoción.
He tenido una gran devoción a el desde el principio de mi sacerdocio como resultado de una experiencia única. Llevaba siendo sacerdote por algunos meses y un hermano sacerdote vino a verme. El era bastante mayor que yo y estaba pasando por una seria crisis de fe. Es difícil describir lo que una crisis de fe es para un sacerdote: una cosa terrible! Yo le dije “Hermano, yo soy muy pequeño y siento que no puedo con esa carga. Vaya con el Padre Pio.” Entonces fue con el y mientras estaba conversando con el Padre tuvo una gran experiencia mística siendo tocado profundamente por la misericordia de Dios. Ahora el es uno de los mejores sacerdotes que conozco. Ahí tienen, todo empezó así.
  • P: En alguna ocasión pudo conocer personalmente al Padre Pio?
No, no lo hice. No tuve nunca el valor para ir a el, pensando que estaría haciéndolo perder su tiempo […] Yo sostengo que el Padre Pio pertenece a una serie de grandes místicos que tienen esta característica: la mas profunda unión con la Cruz de Cristo, al cargar ellos mismos la gran tragedia de la humanidad de hoy en día – el ateísmo. El Padre Pio, Santa Gemma Galgani, Santa Teresa Benedicta de la Cruz, la Madre Teresa, El Santo Cura de Ars todos tuvieron la experiencia de sentarse alrededor de una mesa con pecadores, viviendo sus experiencia, cargando, en una forma diferente el peso de la agonía en el Getsemaní;  testimoniaron el amor de Cristo que toma sobre si mismo el dolor del Hombre que ha dejado la Casa de su Padre y que no quiere regresar, aunque sabe en su corazón que estaría mejor en la casa de su Padre en lugar de estar atendiendo a cerdos. El hombre hoy en día sigue imaginando que puede vivir como si Dios no existiera y podemos ver la devastación que esto ha causado.
  • P: Hay una profecía por Sor Lucia dos Santos, de Fátima que habla acerca de “La batalla final entre El Señor y el reino de Satanás”. El campo de batalla es la familia, la vida y la familia. Sabemos que Juan Pablo II le dio a usted la instrucción de planear y establecer el Instituto Pontificio para los Estudios del Matrimonio y la Familia
Así es. Al comienzo de este trabajo encomendado a mi por el Siervo de Dios Juan Pablo II yo le escribí una carta a Sor Lucia de Fátima a través de su obispo ya que no podía hacerlo directamente. Inexplicablemente, sin embargo, ya que no esperaba una respuesta, viendo que solo había pedido sus oraciones, recibí una larga carta con su firma – que ahora se encuentra en los archivos del Instituto. En ella encontramos escrito: La batalla final entre el Señor y el reino de Satanás será acerca del matrimonio y de la familia. No teman, añadió,  porque cualquiera que actúe a favor de la santidad del matrimonio y de la familia siempre será combatido y enfrentado en todas las formas, porque esta es la cuestión fundamental. Después concluyó: Sin embargo, Nuestra Señora ya ha aplastado su cabeza.
Hablando también con Juan Pablo II uno podía sentir que esta era el punto medular, ya que toca el fundamento de la creación, la verdad de la relación entre el hombre y la mujer entre las generaciones.  Si el pilar fundamental es trastocado todo el edificio se colapsa y ahora vemos esto, porque estamos justo en este punto y lo sabemos. Me conmuevo cuando leo las mejores biografías del Padre Pio, acerca de cómo este hombre estuvo tan atento a la santidad del matrimonio y a la santidad de los esposos incluso con justificable rigor en ocasiones.
http://www.adelantelafe.com/cardenal-sor-lucia-me-dijo-la-batalla-final-entre-el-senor-y-satanas-sera-sobre-la-familia-y-el-matrimonio/

miércoles, 28 de octubre de 2015

Nadie podra destruir La Obra de Dios...

"SE CIERNE SOBRE LA IGLESIA LA SOMBRA TENEBROSA" POR P. JUAN MANUEL RODRIGUEZ DE LA ROSA


Líbrame, Señor, del lazo que me han tendido, de las trampas de los que obran mal(Sal. 141, 9)
Si bajara un ángel del Cielo, dice San Pablo, y os anunciara un evangelio diferente del que os hemos predicado, ¡sea anatema! (Gal. 1, 8). Y añadimos nosotros, que si bajara un ángel del Cielo y procediera según todo lo que condena el Evangelio, bien haremos en guardarnos de ello; Dios nos libre de seguirle. No conocemos otro maestro y modelo que el único Maestro, Nuestro Señor Jesucristo.
Los malos ejemplos nunca podrán justificar nuestra actuación. Es por esta razón que el Señor no nos puso a los hombres como modelos. Nos dijo: sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto (Mt. 5, 48). Ni aún de los maestros que nos enseñan nos mandó que imitáramos sus ejemplos, antes expresamente nos previno de lo contrario:Haced y cumplid cuanto os digan, pero no obréis como ellos (Mt. 23, 3).
Llegará el día en que muchos querrán excusarse ante Dios de sus errores y pecados con los errores y pecados de los otros. ¡Qué confusión y arrepentimiento causará esto a muchos! Nunca podremos excusarnos ante Dios de nuestras propias faltas con el ejemplo de las faltas ajenas.
Si a quienes asisten las mismas obligaciones que a mí faltan a ellas, yo no tengo derecho a faltar a las mías sin incurrir en sentencia condenatoria. No me es lícito imitar a aquellos que me dan mal ejemplo.
El pecado es siempre pecado. Lo que no está permitido por el Magisterio de la Iglesia Católica, por la fe recibida, por la Palabra de Dios, aun cuando quienes tienen que dar ejemplo en la firmeza de la fe no lo dan, sigue siendo pecado.
¿Tiene algún mérito, acaso, que quien contradiga la Verdad de Dios sea obispo o cardenal? Sólo el mérito del escándalo. ¿Podremos excusarnos ante el tribunal de Dios diciendo que seguimos a tal o cual obispo o cardenal, cuando quebrantamos la Ley Divina? ¿A caso el Señor no nos dirá: conocíais la Verdad de mi Palabra contenida en la Tradición, en el depósito de la fe? ¿Por qué seguisteis los malos ejemplos? Se cierne sobre la Iglesia la sombra tenebrosa que llevará a muchos a la confusión moral más espantosa.
Vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que se rodearán de maestros a la medida de sus pasiones para halagarse el oído. Cerrarán sus oídos a la verdad y se volverán a los mitos. Pero tú sé sobrio en todo, sé recio en el sufrimiento, esfuérzate en la propagación del Evangelio, cumple perfectamente tu ministerio (2Tim. 4, 3-5).
Estamos en el tiempo en que pastores, traicionando la sana doctrina, ceden a las pasiones del mundo manchando con ellas la Verdad de Dios con el único fin de agradar al mundo, de congraciarse con él, porque han perdido el temor de Dios, y están atenazados por el temor al mundo. Estos falsos pastores han perdido totalmente la verdadera libertad, se han hecho esclavos de sus debilidades, han amordazado la Verdad de Dios para hablar la “verdad” del mundo. Han desechado la puerta estrecha de la santidad por la ancha de los placeres del mundo. Vuelven a vender al Señor por unas monedas.
Entre los oficios principales de los Obispos se destaca la predicación del Evangelio[…] son herederos de la autoridad de Cristo, que predican al pueblo que les ha sido encomendado la fe que ha de creerse y ha de aplicarse a la vida, la ilustran con la Luz del Espíritu Santo, extrayendo del tesoro de la Revelación las cosas nuevas y las cosas viejas, la hacen fructificar y con vigilancia apartan la grey de los errores que la amenazan (2 Tim. 4, 1-4).Lumen Gentium, 25.
Traicionando la Verdad de Dios a conciencia sólo les queda la tremenda espera del juicio y el ardor del fuego que va a devorar a los rebeldes (Heb. 10, 26-27).
Nunca prescribe el quebrantamiento de la Ley de Dios. No se puede cambiar lo que el Señor ya sentenció.
Líbranos, Dios nuestro, de los malos ejemplos de los que ya no son tus pastores. Danos fortaleza para no seguirlos y firmeza inquebrantable para permanecer en tu Verdad, que es la Verdad de la Iglesia que hemos recibido de la tradición.
Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa
http://www.adelantelafe.com/se-cierne-sobre-la-iglesia-la-sombra-tenebrosa

lunes, 26 de octubre de 2015

Con La Familia no se metan......

ENTREVISTA AL PADRE SANTIAGO MARTIN: "HAY RIESGO DE UN CISMA, LA IGLESIA ESTÁ DIVIDIDA"
Santiago Martín es uno de los periodistas de información religiosa con mejores fuentes. Sacerdote y comunicador es además el fundador de los Franciscanos de María, presentes en 27 países de tres continentes. Este madrileño, que dirigió durante 14 años la información religiosa en ABC y que actualmente colabora con distintos medios internacionales, exconsultor del Pontificio Consejo para la Familia.
De cara al Sínodo de la Familia, Santiago Martín ha mostrado su gran preocupación por un sector de la Iglesia que pretende desvirtuar la familia y romper con la doctrina católica en moral sexual y familiar. En una entrevista para Actuall hace un diagnóstico sobre la situación que se presenta en esta importante cita para los católicos.
¿Qué se juega la Iglesia en el próximo Sínodo de la Familia?
El Sínodo es una institución consultiva al servicio del Papa. Por lo tanto, sea lo que sea lo que se apruebe en el Sínodo, no se juega nada trascendental. Sin embargo, sería grave y haría mucho daño, porque crearía una gran confusión en la gente, si en el Sínodo se aprobara algo contrario a la doctrina de la Iglesia.
¿Hay peligro de un cisma en la Iglesia si algunos obispos alemanes no ceden en su empeño de que los divorciados vueltos a casar reciban la Eucaristía?
El cardenal Müller, alemán y prefecto para la Doctrina de la Fe, es quien ha dicho recientemente que ese riesgo de cisma existe en Alemania. Es decir, el peligro existe por desgracia.
¿Por qué se ha centrado el debate en torno a la posibilidad de dar la comunión a los divorciados vueltos a casar habiendo tantos problemas en la familia?
Es un error y una lástima que esto haya ocurrido así, pero ha ocurrido. Y una vez que esto ha sucedido, no había forma de rehuir un debate que nunca debería haberse producido.
Obispos y teólogos se están manifestando públicamente en libros, conferencias…, ¿hay dos bandos diferenciados de cara al Sínodo?
Sí, lo ha dicho el cardenal Napier. Por desgracia esto es así, pues significa que la Iglesia está dividida y esto no es bueno.
¿Cree que habrá cambios en la doctrina?
No creo y rezo por ello.
En muchos medios se está presentando a los que defienden la doctrina católica como enemigos del Papa. ¿Quién está detrás de estas maniobras?
El cardenal Burke dijo sobre esto que es algo diabólico. El demonio es quien está detrás. No sé si los que lo llevan cabo son conscientes o no de lo que están haciendo y de con quién están colaborando.
¿Cree que el tema de la comunión de los divorciados vueltos a casar es el pretexto para que haya barra libre en  el matrimonio homosexual?
Son muchos, entre ellos el cardenal Sarah, los que han dicho que la comunión de los divorciados no es más que la excusa para abrir una puerta que, una vez abierta, sería un coladero. También parecen opinar lo mismo los que reclaman una reforma profunda y radical de la moral sexual y familiar de la Iglesia que lleve a esta a aceptar todo lo que el mundo considera hoy como bueno.
Para muchos en el mundo actual, la Iglesia en materia de sexualidad parece una reliquia medieval.
Me gustan las reliquias medievales. Me emociona ver una catedral gótica o, más antigua aún, visitar ruinas de viejas ciudades como las de los mayas. No sé por qué las cosas antiguas deben ser consideradas como inservibles. En cualquier caso, la Iglesia es eterna, pues su sabiduría procede de Dios, que es eterno, y por eso no podemos ni debemos pensar que tiene que adaptar su dogma o su moral a los cambios introducidos por las modas.
Pero eso puede hacer que mucha gente se distancie de la Iglesia…
Es probable que esto haga que alguno se distancie, pero serían muchísimos más los que se distanciarían si se comportara de otro modo. La prueba de lo que digo es lo que les está pasando a las iglesias protestantes: cuanto más liberales y secularizadas, menos gente tienen.
Entrevista realizada a: Santiago Martín, sacerdote y periodista