lunes, 6 de octubre de 2014

Unicef.......Aborto ??????

septiembre 29, 2014 Cuando la mujer ejerce el ‘derecho’ a abortar.
La de Unicef es una posición esquizofrénica. Consideran una amplia gama de violencia contra los niños, incluyendo la violencia en el útero materno y post nacimiento, pero no incluyen como violencia el aborto cuando la madre decide abortar; ahí la violencia contra el niño se extingue por arte de magia.
 Unicef, la agencia de la ONU para la infancia, acaba de publicar un informe titulado “Oculto a plena luz. Un análisis estadístico sobre la violencia contra los niños”. Contiene los resultados de una encuesta realizada en 190 países: esta es la mayor cantidad de información que se haya reunido sobre el tema de la violencia en los niños. 
bebe simulando uteroEl informe tiene en cuenta todas las formas de violencia a la que están expuestos los niños, en diferentes etapas de su desarrollo hasta la edad de 18 años, incluyendo las impuestas legalmente y que se prescriben en ciertos contextos culturales y sociales, tales por ejemplo, el castigo físico.
Los investigadores distinguen cuatro tipos de violencia: violencia física, los castigos corporales la tortura y todas las formas de trato cruel, inhumano y degradante; sexual, que incluye todas las actividades sexuales impuestas a los niños por los adultos y otros niños; mental, que incluye el abuso psicológico, abuso mental, verbal y emocional; y, finalmente, la negligencia en la atención de las necesidades físicas y psicológicas de los niños y protegerlos de cualquier daño.
El informe trae algunos datos impactantes.
Casi mil millones de niños de dos a 14 años, alrededor de 6 de cada diez, reciben castigo físico regular por los adultos que están encargados. En 2012, aproximadamente 95.000 niños y adolescentes han muerto de forma violenta: una quinta parte de los homicidios que se produjeron ese año. En 2013, casi uno de cada tres estudiantes, de edades comprendidas entre los 13 y 15 años de edad, estuvo involucrado en una o más peleas físicas. En particular, en Europa y América del Norte, un adolescente cada tres, con edades comprendidas entre 11 y 15 años de edad, confesó haber participado en uno o más incidentes de intimidación en contra de compañeros de clase en los dos meses anteriores a las estadísticas de la encuesta.
120 millones de niñas menores de 20, una de cada diez, tarde o temprano han sufrido la violencia y el abuso sexual. Una adolescente en tres, de entre 15 y 19 años, más de 84 millones, ha sufrido algún tipo de violencia psicológica, física o sexual por parte de sus esposos o compañeros. Casi una cuarta parte de las niñas de entre 15 y 19 años, aproximadamente 70 millones, es víctima de violencia física desde la edad de 15 años.
Uno de los datos en los que el informe llama la atención es el número de adultos que creen que el castigo corporal es necesario para criar y educar a los niños: tres de cada diez.
Casi la mitad de las jóvenes de 15 a 19 años cree que, al menos en algunos casos, los maridos tienen derecho de golpear a sus esposas: 84% de los encuestados en Afganistán, el 79% en la República Centroafricana, 89% en Guinea Conakry, el 83% en Malí, el 81% en Timor del este, todos países en que sobreviven culturas patriarcales, en la que a hombres y mujeres se les enseña a considerar a las mujeres inferiores, con sujeción a los hombres que las poseen.
El informe de UNICEF también proporciona información sobre el tipo de violencia que sufren los niños en diferentes etapas de su desarrollo, divididos de la siguiente manera: prenatal y perinatal, la primera infancia, la niñez media, final de la infancia y la adolescencia.
Y aquí hay algo que deja sin palabras para decir lo menos.
“La violencia puede afectar al feto en el útero”, se lee en el comienzo del capítulo sobre la violencia prenatal e inmediatamente después del nacimiento. Es dado el ejemplo del cortisol (una hormona), que, si es excesiva, puede reducir el crecimiento fetal que favorece la aparición de enfermedad después del nacimiento.
El informe pasa a explicar que la violencia y el abuso, la falta de atención médica adecuada y la mala nutrición durante el embarazo puede tener serias consecuencias para los no nacidos: hasta el aborto y la muerte perinatal. En casos más extremos – concluye el informe – se llega al infanticidio selectivo en función del sexo, que afecta a las niñas, a menudo en las sociedades donde las mujeres son consideradas inferiores a los hombres.
Así UNICEF define la violencia a la infancia, incluso cuando los niños están en el útero de su madre, pero con una excepción: el aborto practicado por invocar el derecho de la mujer a decidir cuándo y si se convierte en madre. En estas condiciones el aborto no se incluye entre los abusos en la infancia.
Las personas que se adhieren cada año al Día Mundial por un aborto seguro y legal, que cae el 28 de septiembre, están convencidas de que cualquier impedimento al aborto constituye una violencia intolerable contra las mujeres. Muchas de esas personas, si no todas, condenan la barbarie de los abortos selectivos y el infanticidio, como los que se practican en la India para evitar la carga de la dote en el momento del matrimonio de sus hijas y en China, donde las niñas son abortadas y asesinadas al nacer debido a la ley de un solo niño.
Sin embargo, los redactores del informe de UNICEF no consideran el aborto querido por una mujer como violencia contra los niños, por el sólo argumento de que la madre prefirió abortar, ??claramente una posición esquizofrénica.
Fuentes: La Nuova Bussola Quotidiana

martes, 30 de septiembre de 2014

La batalla entre occidente y el mundo islámico es la aniquilación mundial.

coran y hombre con espadaLa batalla final será entre los musulmanes moderados y los terroristas islámicos
La batalla entre occidente y el mundo islámico es la aniquilación mundial.
Un misionero católico en un país musulmán ha confesado al padre Gheddo que las actitudes de los musulmanes comunes se han hecho más contestatarias contra los cristianos, sin embargo explica que la batalla decisiva debe ser entre los musulmanes moderados y los terroristas islámicos, porque una confrontación entre religiones sería una conflagración mundial sin ningún vencedor.
 Y esta batalla en el seno del Islam parece que está en marcha. Se ha lanzado una carta abierta a los “combatientes y seguidores” del Estado Islámico suscrita, entre otros, por el gran muftí de Egipto, Sheikh Shawaqi Allam, y por el muftí de Jerusalén y de toda Palestina, Sheijh Muahmmad Ahmad Hussein, para refutar la ideología fundamentalista del Estado Islámico.

UNA LUCHA INTERNA ENTRE LOS PROPIOS MUSULMANES, ANTE LA RADICALIZACIÓN

Un reciente artículo del conocido misionero padre Piero Gheddo en su blog dice que “el verdadero enemigo de la humanidad es el terrorismo islámico”, parafraseando a monseñor Bruno Forte.
Gheddo se refiere a un misionero católico que vive en un país islámico en el Medio Oriente, que le habla de las reuniones frecuentes y fraternas que tiene con tres representantes del Islam en su ciudad, que condenan enérgicamente el terrorismo islámico, en privado, pero no en público. Y a estos amigos les preguntó: “¿La humanidad podrá ser una sólo familia?”. Y en la reunión del mes siguiente respondieron.
La primera respuesta que obtuvo fue muy fiel al Corán, pero cómo lo interpretan ellos. Dice:
“Ahora somos amigos, pero yo no podría darle mi mano, porque usted es un cristiano, un incrédulo. Y luego, no puede salvarse. Sólo Dios quiere a los creyentes en el Islam. Los otros están excluidos de la sociedad humana. La humanidad nunca va a ser una sola familia, el Corán lo prohíbe”.
La segunda, es de una mujer y un poco más abierta a aceptar el diálogo con otras culturas y religiones. Habla de las dificultades de vivir juntos, incluso dentro de su medio ambiente musulmán y en su propia familia. De hecho, observa un número creciente en los propios musulmanes, de espíritu de juicio y una mirada casi de control sobre la lealtad de las otras tradiciones y prácticas de la oración, el Ramadán, limosnas y regalos de culto, llevar el velo etc. Esto es debido a un cierto adoctrinamiento por personas procedentes de otros países.
El misionero añade:
“De hecho, veo el aumento del racismo contra las personas de diferente color y diferente religión, un secularismo creciente y el comportamiento de la hipocresía, incluso en la gente sencilla, que nunca han sido de esa manera.”
La señora respondió decididamente:
“Hoy en día es imposible que la humanidad se convierta en una familia, no estamos unidos, incluso nosotros los musulmanes y me temo que vamos a dividirnos más, viendo a dónde conduce esta manera de vivir radical y extremista del Islam”.
El tercero es un profesor  que mantiene el rol de escucha respetuosa y con frecuencia concilia las posiciones y enfoques divergentes. Lee mucho y le encanta aprender y ampliar sus conocimientos. Su respuesta es la siguiente:
“La cosa debe ser estudiada. Incluso dentro del Islam, hay personas que están comprometidas con la convivencia respetuosa con los no musulmanes, una actitud que provoca divisiones entre nosotros. Yo no lo hago, no me siento prediciendo el futuro, siempre está en manos de Alá”.
“Las tres respuestas – concluye el misionero – muestran que las diferencias en el seno del mundo musulmán pueden ayudar a una reflexión más profunda sobre el Islam, la relectura del mismo Corán y la escucha respetuosa de otras experiencias religiosas”.
El misionero, que vive en un país islámico, y también lee la prensa local y asiste a muchos musulmanes, incluso a personas que tienen autoridad en lo religioso-cultural, está convencido de que el terrorismo islámico es sin duda contra el Occidente cristiano, pero está convencido de que la batalla final será entre los musulmanes violentos e intolerantes, y los musulmanes realmente amantes de la paz y la convivencia entre los pueblos de diferentes religiones y culturas.
La solución del terrorismo islámico no será, según él, la guerra de Occidente contra el Islam y el rechazo de los musulmanes como tales, sino el diálogo y el apoyo y soporte de iniciativas que han nacido en el Islam, en contra de la “guerra por Dios”.
Una cosa es detener al agresor injusto, y otra es condenar a todos los musulmanes como enemigos de Occidente. Esta mentalidad, si se extiende incluso entre nosotros, los cristianos, inevitablemente, conduce a la guerra total mundial, donde usted no tendrá ni ganadores ni perdedores.

FUNDÁNDOSE EN EL CORÁN, 120 ESTUDIOSOS MUSULMANES IMPUGNAN LA IDEOLOGÍA DEL ESTADO ISLÁMICO

Lo que predice el misionero que habló con el Padre Gheddo ya está en marcha.
Más de 120 estudiosos musulmanes de todo el mundo han suscrito una carta abierta que contiene la refutación “punto por punto” de la filosofía del Estado islámico (EI). Religion News Service, precisa que las 18 páginas del documento, están dirigidas a los “combatientes y seguidores” del EI, y se basan en el Corán para contrarrestar a la ideología extremista de los militantes, que han dejado una huella de muerte y destrucción brutal en el intento de crear un Estado islámico en Irak y Siria.
Entre los autores de la carta figuran personalidades de primer plano del mundo musulmán, como el muftí de Egipto, el Sheikh Shwaqi Allam, y el muftí de Jerusalén y de toda Palestina, el Sheikh Muhammad Ahmad Hussein.
La carta está escrita en árabe y se basa en los textos clásicos y las reflexiones de estudiosos usadas por el EI para convencer a los jóvenes de unirse a sus fuerzas, explicó Nihad Awad, director del Council of American-Islamic Relations, que presentó el documento en Washington junto a otros 10 exponentes de los musulmanes americanos y del grupo por los derechos civiles.
Entre las afirmaciones contenidas en una síntesis de 24 puntos, traducida al inglés se lee que:
“En el Islam está prohibida la tortura”, “En el Islam está prohibido atribuir actos malvados a Dios” y “En el Islam está prohibido declarar a una persona atea hasta que él (o ella) se declare abiertamente tal”.
No es la primera vez que los estudiosos islámicos se expresan contra el EI, pero los firmantes de este nuevo documento – dirigido a Abu Bakr Al-Baghdadi, el autoproclamado líder del grupo y a los “combatientes y seguidores del “Estado Islámico”- sostienen que este documento contiene una refutación sin precedentes de la ideología del Estado islámico.

domingo, 28 de septiembre de 2014

El 27 de septiembre de 1821 fue el día mas feliz para este México nuestro;

Por Oscar Lara Salazar*Cronista de Badiraguato. Fuente: La Voz del Norte


El 27 de septiembre de 1821 fue el día mas feliz para este México nuestro; cuando el ejército trigarante; esto es, el ejército de las tres garantías, Religión, Unión e Independencia, encabezado por don Agustín de Iturbide, entró a la capital de la República para jurar la carta de la independencia.
Don Juan de Dios Peza, escritor y poeta, logró el testimonio de un viejo militante que fue actor de aquella entrada triunfal. Confiesa que quedó en su memoria como el día más hermoso de su vida, y el más grande para México. Bien vale la pena exhumar esa revelación para volver a vivir aquel momento histórico de luz y de grandeza.
Relato
Me acuerdo de todo como si lo viera –dijo el viejo soldado masticando la colilla de un puro recortado que amenazaba quemarle las blancas y gruesas hebras del bigote– me parece que está sucediendo todavía lo que sucedió entonces.
Ya se sabía en México que iba a entrar por las calles el ejército de las tres garantías, y las gentes estaban ansiosas de ver por primera vez tremolando libre en las manos de los guerreros el pabellón verde, blanco y encarnado.
Se hacían grandes preparativos para recibir al ejército, y como el Ayuntamiento no tenía dinero, un español que era Alcalde, don Juan José de Acha, facilitó 20 mil pesos, sin ningún rédito, a fin de dar brillo a la fiesta.
No ha vuelto a ver regocijo más grande en esta tierra, ni he visto entrar un cuerpo de ejército más numeroso que aquel por estas calles de Dios.
—¿Tú eras de Iturbide?— le preguntó Peza, interrumpiéndolo.
—No, nunca fui de Iturbide: yo -agregó el inválido cuadrándose, dejando correr dos lágrimas y suspirando- fui soldado del gran Morelos y luego me incorporé a las fuerzas del Sur con mi general Guerrero, y con esas fuerzas, que formaron parte del Ejercito Trigarante, entré a México el 27 de septiembre de 1821.
Desde la víspera, obedeciendo la orden dada el día 25, nos habían reunido a todos los cuerpos en Chapultepec para venir en columnas mandados por don Agustín de Iturbide. Como veníamos muchos, sobre todo los verdaderos insurgentes, desnudos y descalzos, nos vistieron con unos uniformes que habían servido al Regimiento del Comercio, y que nos parecieron flamantes, aunque en realidad estaban muy usados.
Por cierto que nos consolábamos repitiendo de memoria las palabras de la proclamación del día 20, en que se nos recomendaba el orden y la compostura para entrar a la capital. “Soldados: no os aflija vuestra pobreza y desnudez: la ropa no da virtud ni esfuerzos, antes bien, así sois mas apreciables, porque tuvisteis más calamidades que vencer para conseguir la libertad de la patria”.
—Háblame de la entrada del ejército trigarante, dime ¿Cómo fue, cómo desfiló, cómo lo recibieron?–persistió Peza.
—Había un sol muy hermoso, era un día claro, brillante, limpio; parecía que los cielos y la tierra estaban tan alegres como nuestros corazones. Y era natural, todos teníamos fe en Iturbide y en el porvenir. No había todavía desengaños, ni tristezas, ni odios ¡ah! ¡Qué hermoso, qué hermoso día 27!…Al frente de la columna marchaba Iturbide, sin distintivo, montado en gran caballo negro, rodeado de su Estado Mayor, y arrogante como una estatua.
—¿Era muy querido Iturbide?
—¿El día 27 era idolatrado por todos, hasta por los soldados de Hidalgo y Morelos, y la verdad es que en el Plan de Iguala, en su proclama, nos había dicho:
“Esta misma voz que resonó en el pueblo de Dolores el año de 1810… Fijó también la opinión publica de que la unión general entre europeos y americanos, indios y criollos, es la única base sólida en que puede descansar nuestra felicidad”. Decir esto, y solicitar el concurso del general Guerrero, nos hizo a todos obedecerlo, y ¿por qué no decirlo?… ¡Venerarlo!…
Montaba muy bien a caballo y tenía distinción y garbo en sus movimientos. Entramos por la calzada de Chapultepec a la garita de la Piedad, tomando luego el paseo de Bucareli, la Avenida de Corpus Christi hasta la calle de San Francisco donde al frente al convento se levantó un arco de triunfo, debajo del cual esperaba el Ayuntamiento. Al llegar allí, el general Iturbide descendió del caballo y recibió en un azafate de plata y de manos del coronel don José Ignacio Ormaechea, Alcalde de primera elección, unas llaves de oro, que simbolizaban ser las llaves de la ciudad.
Un momento las tuvo entre sus manos Iturbide, y luego se las devolvió al coronel Ormaechea, diciéndole con voz robusta y clara:
Las llaves de la felicidad común cerradas para la irreligión…
—“Estas llaves, que le son de las puertas que únicamente deben de estar cerradas para la irreligión, la desunión y el despotismo, como abiertas a todo lo que puede hacer felicidad común, las devuelvo a vuestra excelencia, si ando de su celo que procurará el bien público al cual representa”.
Monto de nuevo a caballo, marchando seguido del ayuntamiento a pie, y de las parcialidades de indios de Santiago y San Juan, hasta el palacio sobre el cual ondeaba ya nuestra bandera.
Todas las casas estaban literalmente cubiertas de flores y colgaduras con los colores trigarantes. En los balcones despedían vivísimos rayos los platos y los jarrones de oro, de plata y de porcelana dura, pues las mejores piezas de cada vajilla se ostentaban como adornos distinguidos. Las señoras lucían en sus trajes y en sus peinados los colores verdes, blancos y rojos, y por donde pasaba el primer jefe atronaban el aire las vivas, los aplausos y las exclamaciones de la más intensa alegría.
Iturbide sonreía satisfecho; saludaba con afabilidad y con aristocrática atención a todos, hasta que se perdió de vista al entrar a palacio.
Apareció a pocos instantes en el balcón principal, y entonces desfiló en su presencia todo el ejército.
El viejo inválido dejó rodar de sus ojos otras dos lágrimas, cobrando su serenidad militar, prosiguió entusiasmado:
—Éramos en México más de 16 mil hombres. Después del desfile asistió el General Iturbide a un ”Te Deum” en la catedral, y enseguida escuchó el discurso que pronuncio el doctor Guridi y Alcocer orador de fácil palabra, que había sido diputado a las cortes de Cádiz.
Terminado todo esto, dirigióse el primer jefe del Ejército Trigarante al palacio, donde se efectuó un banquete de doscientos cubiertos.
Después del banquete fue Iturbide al paseo, donde le saludaron con nuevos vivas; volvió al palacio, y ahí el Ayuntamiento le obsequió un refresco. En la noche asistió al teatro. Toda la ciudad estaba profusamente iluminada. En cada corazón se abrigaban las más hermosas ilusiones para lo porvenir, y los verdaderos “Insurgentes”, los que volvíamos de una lucha larga y terrible, pensando en la desgraciada pero gloriosa muerte de nuestros caudillos, nos consolábamos exclamando:
—“Si se ve desde el cielo lo que pasa en la tierra, estarán ya tranquilos y satisfechos todos los mártires de la causa de 1810; ellos, sin más elementos que sus esfuerzos propios, sin más valuarte que sus convicciones, sin otra fuerza que la del derecho y la justicia, derramaron su sangre generosa y hoy

martes, 26 de agosto de 2014

La protección espiritual. especialmente importante en la noche
mujer orando sobre biblia
Cuando la mente divaga en la oscuridad.
La guerra espiritual es una cosa en el día. Pero otra cosa es durante la noche, en el sueño. Hay que protegerse con oraciones de liberación; véalas abajo del todo.

Es posible que nos hayamos encontrado con “pesadillas”. Es posible que hayamos despertado con la sensación de una presencia. Tal vez nos hemos encontrado con sombras. Puede haber un golpe en la pared. Pensamientos oscuros pueden entrar en nuestra cabeza.
Dice una autora de liberación llamada Alisha Anderson,
“Es importante asegurarse que está protegido. No puedo insistir lo suficiente en su importancia. Una vez más, si usted está llevando a cabo una guerra espiritual debe rezar oraciones de protección sobre usted y su familia antes de ir a dormir. Usted debe asegurarse de que usted se cubre después de hablar con gente en el teléfono, antes de acostarse, rezos que paralicen las operaciones del enemigo y que cada flecha enviada a su camino no sea contraproducente”.
Rezar antes de dormir es de evidente importancia. Durante ese tiempo estamos en un estado de “zona gris o crepúsculo” en el que a menudo parece que la mente viaja más allá de lo físico. A veces, se siente como un tiempo especial de comunión – como si el alma necesita ser refrescada por el espíritu, así como el cuerpo que está en reposo también se refresca.
Muchos encuentran su sueño interrumpido alrededor de las 3 a.m., a veces en el buen sentido (con experiencias agradables) y, a veces en una forma que implica una mezcla con lo demoníaco (o lo que Alisha llama “invasores del sueño”).
“pero mientras la gente estaba durmiendo, vino su enemigo, sembró malas hierbas en medio del trigo, y se fue”, dice Mateo 13:25.
El enemigo planta semillas del mal – pensamientos – que pueden afectarnos al día siguiente, y para los días venideros.
Si estamos teniendo sueños recurrentes que son desagradables, o nos despertamos con ansiedad, o simplemente demasiado a menudo, tenemos que preguntarle al Espíritu Santo por qué es esto y orar para purgarlo – para cancelar cualquiera lastre y romper el ciclo.
Así también, rezar inmediatamente al levantarse.
Alabando a Dios y Jesús y dándoles las gracias cuando nos quedamos a dormidos y envían la oscuridad lejos.
Por la noche, la mente se abre a las realidades espirituales que nos rodean. Muchas veces podemos tener experiencias en hoteles u hospitales, lugares donde los espíritus abundan.
Durante el sueño, puede haber “terrores nocturnos”. Puede haber pensamientos o sueños lascivos. Debemos tener cuidado de no repetirlos. Puede haber lo que parecen ser visitas de seres queridos fallecidos (siempre tener cuidado con cualquier “visita”). Una estrategia directa del enemigo es provocar insomnio, minando nuestra energía.
Cuando estamos constantemente luchando contra la fatiga, debemos dar un paso atrás y orar para entender y resolver la causa. Despertar entre las 2 y las 4 a.m. a menudo nos devasta al día siguiente, ya que es durante este período que el cuerpo a menudo produce la hormona llamada melatonina, que regula el ciclo “circadiano” sueño / vigilia. (Los que tienen problemas para dormir pueden comprar melatonina en una farmacia, porque a medida que envejecemos, el cuerpo produce menos de lo que a menudo requerimos o somos más sensibles a la luz).
“Yo me acuesto y me duermo, y me levanto: el Señor me sostiene“, dice el Salmo 3:6.
Durante la noche, las maldiciones pueden volar. Podemos recibir telepatía de los demás. Podemos ser vulnerables. El diablo no duerme.
No hay necesidad de temer, sólo practicar la debida diligencia en todo lo que significa oración.
El ayuno, en particular, trae maravilloso sueño. El Agua Bendita nunca viene mal.
Puede leer aquí una serie de oraciones y herramientas para la liberación:
profesias y revelaciones  

Guerras Sucias del Mal





La barbarie desatada en Irak no es de este Mundo, sino de principados demoníacos de maldad que se mueven en los aires, esto recordando las palabras de revelación del Apóstol San Pablo a los Efesios --> Es posible que haya un vínculo entre los señores de la guerra del Estado Islámico y sus predecesores históricos, los beligerantes asirios. ¿Es posible que las fuerzas desatadas en el norte de Irak y Siria hoy sean las mismas fuerzas oscuras que infestaban aquella tierra hace miles de años? ¿Es el espíritu de la antigua Asiria demoníaca? ¿Están esos mismos demonios surgiendo hoy como lobos en el redil? ¿ El crimen en masa y organizado del ABORTO ha abierto las puertas del Infierno en la Tierra?
Posted: 24 Aug 2014 04:55 AM PDT

Dos civilizaciones antiguas competían por el poder en lo que hoy es la nación de Irak: Babilonia al sur y Asiria al norte.
El Imperio Asirio se centró en el territorio geográfico exacto que Estado Islámico afirma ahora: este de Siria y el norte de Irak.
Asiria surgió como un estado territorial en el siglo 14 aC. Su territorio comprendía alrededor de la parte norte del actual Irak. La primera capital de Asiria fue Assur, ubicada a unos 150 kilómetros al norte de la Bagdad moderna en la orilla oeste del río Tigris. La ciudad fue nombrada por su dios nacional, Assur, de la que también se deriva el nombre de Asiria.
Mientras que el Imperio Babilónico era conocido por sus logros en el aprendizaje, la arquitectura y las artes, los asirios eran conocidos como expertos en la guerra. Crueles, sanguinarios y orgullosos, se jactaban de sus victorias militares y la opresión despiadada de sus víctimas.
Un rey asirio temprano, Assurnarsipal escribió,
Construí un pilar frente a su puerta, y yo desollé a todos los príncipes de los hombres… y cubrí el pilar con sus pieles… a algunos yo empalé en el pilar sobre estacas. A muchos cautivos… los quemé en el fuego… De algunos corté las manos y los dedos, y de otros corté la nariz, las orejas… a muchos le saqué los ojos.
Otro relato histórico dice:
En luchas y conflictos yo he sitiado [y] conquistado la ciudad. Yo he talado a 3.000 de sus hombres de guerra con la espada… he capturado a muchos soldados vivos: le corté a algunos sus brazos [y] las manos; corté de otros sus narices, orejas, [y] las extremidades. Yo le he sacado los ojos a muchos soldados. Hice una pila con sus cabezas. Colgué las cabezas en los árboles alrededor de la ciudad.
Este sitio web informativo, nos informa que al igual que el Estado Islámico, los bárbaros asirios grababan su brutalidad, no con cámaras de teléfonos celulares y de vídeo, sino en los obeliscos de piedra:
Del reinado de Salmanasar III, el hijo de Asurbanipal II, también tenemos algunas bandas de bronce que decoraban un par de puertas de madera de un templo (y, posiblemente, un palacio) en Balawat, cerca de Mosul moderna. Estas bandas de bronce muestran inusualmente buenos ejemplos de repujado bronce. En un detalle, vemos un soldado asirio agarrar la mano y el brazo de un enemigo capturado cuya otra mano y ambos pies ya han sido cortados. Manos y pies desmembrados vuelan por la escena. Cabezas enemigas cuelgan de las paredes de la ciudad conquistada. Otro cautivo es empalado en una estaca, con las manos y los pies ya cortados. En otro detalle, vemos tres estacas, cada uno con ocho cabezas cortadas, fuera de la ciudad conquistada. Un tercer detalle muestra una fila de prisioneros empalados alineados en estacas colocada en una colina fuera de la ciudad capturada. En una inscripción del padre de Salmanasar III, Ashurnasirpal II, este último nos dice: Yo capturé soldados vivos [y] los puse en estacas ante sus ciudades.
Eran como los huargos en El Señor de los Anillos, perros endemoniados con el poder demoníaco.
¿Es posible que las fuerzas desatadas en el norte de Irak y Siria hoy sean las mismas fuerzas oscuras que infestaban aquella tierra hace miles de años? ¿Es el espíritu de la antigua Asiria demoníaca? ¿Están esos mismos demonios surgiendo hoy como lobos en el redil?
La antigua cultura asiria fue totalmente infestada de demonios como Pazuzu, y una tesis es que los viejos demonios están de vuelta y esto explica la furia sanguinaria
Los demonios particulares (principados) son conocidos por estar asociados con lugares, tribus y naciones. Y buscan la oportunidad de regresar haciéndolo con venganza.
Son el antiguo enemigo contra quien luchó el pueblo de Dios, los Judios, y entonces el Espíritu Santo conquistó la patria original de la fe, cuando los apóstoles trajeron la luz de Cristo a Mesopotamia, y ahora han encontrado una manera de volver e infestar los corazones y las mentes de estos modernos asirios, con la misma sed de sangre de sus antepasados.
Ciertamente, la violencia irracional emergente en este momento en el norte de Irak no puede tener otro origen.
Lo que los medios de comunicación seculares no pueden ver o entender es la verdadera dimensión espiritual del mal que ha aumentado en la Tierra. ¿Se imaginan que con tales fuerzas se puede razonar? ¿Creen que las Naciones Unidas dará lugar a una solución diplomática?
Más que nunca, debemos recordar las palabras del apóstol Pablo a los Gálatas
“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en altos lugares”.
El mal que está siendo manifestado es real. Es demoníaco y hierve con una irracional y sobrenatural rabia, es un silbido del infierno.
Si es así, entonces, ¿cómo se puede superar este mal? No con la fuerza de las armas solo, sino a través de la guerra espiritual.
Que el Señor tenga misericordia.
Fuentes: Fr. Dwight Longenecker, Signos de estos Tiempos

lunes, 11 de agosto de 2014

La casa de La Santisima Virgen Maria en Efeso.....

La casa en Éfeso y la Asunción de María,
visiones de Ana Catalina Emmerich     

LA CASA DONDE MARÍA VIVÓ SUS ÚLTIMOS AÑOS EN EFESO

( Tomado de : Foros de La Virgen Maria )
En base a esta visión es que se descubrió la Casa de María en Éfeso, Ver…
María no moraba en Éfeso, sino en las cercanías, donde se habían establecido ya varias mujeres. Su casa estaba situada a tres leguas y media de ahí, en la montaña que se veía a la izquierda viniendo de Jerusalén, y que descendía en pendiente hacia la ciudad. Cuando se viene del Sur-Este, Éfeso parece reunida al pié de la montaña; pero a medida que se avanza, se la ve desplegarse todo alrededor. Ante Éfeso se ven hileras de arboles bajo los cuales frutos amarillos se encuentran por el suelo. Un poco hacia el mediodía estrechos senderos conducen sobre la montaña, cubierta de un verdor agreste. La cumbre presenta una planicie ondulada y fértil de una media legua de contorno: es ahí donde se estableció la Santa Virgen. Es un lugar muy solitario, con muchas colinas agradables y fértiles, y algunas grutas excavadas en la roca, en medio de pequeños lugares arenosos. El país es agreste, sin ser estéril; hay por aquí y por allí muchos árboles en forma piramidal, cuyo tronco es liso y cuyas ramas dan una amplia sombra.
Antes de conducir a la santa Virgen a Éfeso, Juan había hecho construir para ella una casa en ese lugar, donde ya muchas santas mujeres y varias familias cristianas se habían establecido, antes incluso de que la gran persecución estallara. Permanecían en tiendas o en grutas, hechas habitables con la ayuda de algunos entablados. Como se habían utilizado las grutas y otros emplazamientos tal y como la naturaleza los ofrecía, sus habitáculos estaban aislados, y a menudo alejadas un cuarto de legua unas de otras; esta especie de colonia presentaba el aspecto de una villa cuyas casas estuvieran dispersas a grandes intervalos. Tras la casa de María, la única que era de piedra, la montaña no ofrecía hasta la cumbre, más que una masa de rocas desde donde se veía, más allá de las copas de los arboles, la villa de Éfeso y el mar con sus numerosas islas (…). El lugar estaba más cercano al mar que Éfeso mismo, que estaba a una cierta distancia. El entorno era solitario y poco frecuentado. Había en las cercanías un castillo donde residía un personaje que era, si no me equivoco, un rey desposeído. San Juan lo visitaba a menudo, y él le convirtió. Este lugar fue más tarde un obispado. Entre esta residencia de la Virgen y Éfeso, serpenteaba un río que hacía innumerables meandros.
La casa de María era cuadrada; la parte posterior se terminaba en redondo o en ángulo; las ventanas estaban hechas a una gran altura; el tejado era plano. Estaba separada en dos partes por el hogar que se situaba en medio. Se encendía el fuego frente a la puerta, en la excavación de un muro, terminado por los dos lados por una especie de escalones que se elevaban hasta el tejado de la casa. En el centro de este muro, corría, a partir del hogar hasta arriba, una excavación semejante a un medio cañón de chimenea, donde el humo subía y se escapaba después por una apertura practicada en el tejado. Encima de esta apertura, vi y tubo de cobre oblicuo que sobrepasaba el tejado.
Esta parte anterior de la casa estaba separada de la parte que estaba tras el hogar por cortinas ligeras en encañado. En esta parte, cuyos muros estaban bastante groseramente construidos y un poco ennegrecidos por el humo, vi a los dos lados pequeñas celdas formadas por tabiques hechos de ramas entrelazadas (cuando se quería hacer una gran habitación, se deshacían estos tabiques que eran poco elevados y se los ponía a un lado. Era en esas celdas en cuestión donde dormían la sierva de María y otras mujeres que le visitaban.
A derecha y a izquierda del hogar, pequeñas puertas conducían a la parte posterior de la casa, que estaba poco iluminada, terminada circularmente o en ángulo, estaba muy limpia y agradablemente dispuesta. Todos los muros estaban revestidos de madera, y el techo formaba una bóveda. Las vigas que la sostenían, unidas entre ellas por otros solivos y recubiertas de follaje, tenían una apariencia simple y decente.
La extremidad de esta pieza, separada del resto por una cortina, formaba la habitación de dormir de María. En el centro de la pared se encontraba, en un nicho, una especie de tabernáculo que se hacía girar sobre si mismo por medio de un cordón, según se quisiera abrir o cerrar. Había una cruz de la largura aproximada de un brazo, con la forma de una Y, así he visto yo siempre la cruz de Nuestro señor Jesucristo. No tenía ornamentos particulares, y a penas estaba entallada, como las cruces que vienen hoy en día de Tierra Santa. Creo que san Juan y María la habían dispuesto ellos mismos. Ella estaba hecha de diferentes especies de madera. Se me dijo que el tronco, de color blanquecino era ciprés; uno de los brazos, de color oscuro, en cedro; el otro brazo tirando a amarillo, en palmera; finalmente, la extremidad, con la tablilla, en madera de olivo amarilla y pulida. La cruz estaba plantada en un soporte de tierra o en piedra, como la cruz de Jesús en la roca del Calvario. A sus pies se encontraba un escrito en pergamino donde estaba escrito algo: eran, creo yo, palabras de Nuestro Señor. Sobre la cruz misma, estaba la imagen del Salvador, trazada simplemente con líneas de color oscuro, con el fin de que se la pudiera distinguir bien. Tuve también conocimiento de las meditaciones de María sobre las diferentes especies de madera de la cual estaba hecha esta cruz. Desgraciadamente, he olvidado estas bellas explicaciones. No se tampoco si la cruz de Cristo estaba realmente hecha de estas diversas especies de madera; o si esta cruz de María había sido hecha así para proveer un alimento a la meditación. Estaba situada entre dos vasos llenos de flores naturales.
Vi también un paño posado cerca de la cruz, y tuve la sensación de que era aquel con el que la Virgen, tras el descendimiento de la cruz, había limpiado la sangre que cubría el sagrado cuerpo del Salvador. Tuve esta impresión, porque a la vista de ese paño, este acto de santo amor maternal me fue presentado ante mis ojos. Sentí, al mismo tiempo, que era como el paño con el que los sacerdotes purifican el cáliz cuando han bebido la sangre del Redentor en el santo sacrificio; María, limpiando las heridas de su Hijo, me pareció que hacía algo semejante; y, por lo demás, en esta circunstancia ella había tomado y plegado de la misma manera el paño con el que se servía. Tuve la misma impresión viendo este paño cerca de la cruz.
A la derecha de este oratorio, estaba la celda donde reposaba la santa Virgen y, frente a esta, a la izquierda del oratorio, otro pequeño reducto donde estaban dispuestos sus vestidos y sus enseres. De una a otra de las celdas, se había extendido una cortina que ocultaba el oratorio situado entre ellas. Era ante esta cortina donde María tenía la costumbre de sentarse cuando leía o trabajaba.
La celda de la santa Virgen se apoyaba por detrás en un muro recubierto de un tapiz; los tabiques laterales eran de encañado ligero, que semejaba a una obra de marquetería. En medio del tabique anterior, que estaba cubierto de una tapicería, se encontraba una puerta liviana, con dos batientes, que se abrían hacia el interior. El techo de esta celda era también un encañado que formaba como una bóveda en el centro de la cual se hallaba suspendida un lámpara con varios brazos. La cama de María era una especie de cofre vacío, de un pie y medio de altura, de la largura y anchura de una cama ordinaria de pequeñas dimensiones. Los lados estaban cubiertos de telas que descendían hasta el suelo y que estaban bordadas con franjas y borlas. Un cojín redondo servía de almohada, y un paño marrón con cuadros de cubierta. La casita estaba al lado de un bosque y rodeada de árboles con forma piramidal. Era un lugar solitario y tranquilo. Los habitáculos de otras familias se encontraban a alguna distancia. Estaban dispersados y formaban como un pueblo.

LA ASUNCIÓN DE MARÍA

Después de la Muerte, Resurrección y Ascensión de Nuestro Señor, María vivió algunos años en Jerusalén, tres en Betania y nueve en Éfeso. En esta última ciudad, la Virgen habitaba sola y con una mujer más joven que la servía y que iba a buscar los escasos alimentos que necesitaban.
Vivían en el silencio y en una paz profunda. No había hombres en la casa y a veces algún discípulo que andaba de viaje, venía a visitarla. Vi entrar y salir frecuentemente a un hombre, que siempre he creído que era San Juan; mas ni en Jerusalén ni en Éfeso demoraba mucho en la vecindad; iba y venía.
La Sma. Virgen se hallaba más silenciosa y ensimismada en los últimos años de su vida; ya casi no tomaba alimento, parecía que solo su cuerpo estaba en la Tierra y que su Espíritu se hallaba en otra parte. Desde la Ascensión de Jesús todo su ser expresaba un anhelo siempre creciente y que la consumía más y más.
En cierta ocasión Juan y la Virgen se retiraron al Oratorio, ésta tiró un cordón y el Tabernáculo giró y se mostró la Cruz; después de haber orado los dos cierto tiempo de rodillas, Juan se levantó, extrajo de su pecho una caja de metal, la abrió por un lado, tomó un envoltorio de lana finísima sin teñir y de éste un lienzo blanco doblado y sacó el Santísimo Sacramento en forma de una partícula blanca cuadrada. Enseguida pronunció ciertas palabras en tono grave y solemne, entonces dio la Eucaristía a la Santa Virgen.
A alguna distancia detrás de la casa, en el camino que lleva a la cumbre de la montaña, la Santa Virgen había dispuesto una especie de Camino de la Cruz o Vía Crucis. Cuando habitaba en Jerusalén, jamás había cesado de andar la Vía Dolorosa y de regar con sus lágrimas los sitios donde El había sufrido. Tenía medido paso por paso todos los intervalos y su amor se alimentaba con la contemplación incesante de aquella marcha tan penosa.
Poco tiempo después de llegar a Éfeso la vi a entregarse diariamente a meditar la Pasión, siguiendo el camino que iba a la cúspide de la montaña. Al principio hacía sola esta marcha y según el número de pasos tantas veces contados por Ella, medía las distancias entre los diversos lugares en que se había verificado algún especial incidente de la Pasión del Salvador. En cada uno de los sitios, erigía una piedra o si se encontraba allí un árbol, hacía en él una señal. El camino conducía a un bosque donde un montecillo representaba el Calvario, lugar del sacrificio y una pequeña gruta el Santo Sepulcro. Cuando María hubo dividido en doce Estaciones el Camino de la Cruz, lo recorrió con su sirvienta sumida en contemplación. Separaba en cada lugar que recordaba un episodio de la Pasión, meditaba sobre él, daba gracias al Señor por su amor y la Virgen derramaba lágrimas de compasión.
Después de tres años de residencia en Éfeso, María tuvo gran deseo de volver a Jerusalén; la acompañaron Juan y Pedro y creo que muchos apóstoles se hallaban allí reunidos. A la llegada de María y de los apóstoles en Jerusalén, los vi que antes de entrar en la ciudad, visitaron el Huerto de los Olivos, el Monte Calvario, el Santo Sepulcro y todos los Santos Lugares en torno a Jerusalén. La madre de Dios se hallaba tan enternecida y llena de compasión, que apenas podía ponerse de pié, Juan y Pedro la conducían sosteniéndola de los brazos. Pasado algún tiempo, María regresó a su morada de Éfeso en compañía de San Juan.
A pesar de su avanzada edad, la Santa Virgen no manifestaba otras señales de vejez que la expresión del ardiente deseo que la consumía y la impulsaba en cierto modo a su transfiguración. Tenía una gravedad inefable, jamás la vi reírse, únicamente sonreírse con cierto aire arrebatador. Mientras más avanzada en años, su rostro se ponía más blanco y diáfano. Estaba flaca pero sin arrugas, ni otro signo de decrepitud, había llegado a ser un puro Espíritu.
Por último llegó para la Madre de Jesús, la hora de abandonar este mundo y unirse a su Divino Hijo. En su alcoba encortinada de blanco, la vi tendida sobre una cama baja y estrecha; su cabeza reposaba sobre un cojín redondo. Se hallaba pálida y devorada por un deseo vehemente. Un largo lienzo cubría su cabeza y todo su cuerpo, y encima había un cobertor de lana obscura.
Pasado algún tiempo, vi también mucha tristeza e inquietud en casa de la Santa Virgen. La sirvienta estaba en extremo afligida, se arrodillaba con frecuencia en diversos lugares de la casa y oraba con los brazos extendidos y sus ojos inundados de lágrimas. La Santa Virgen reposaba tranquila en su camastro, parecía ya llegado el momento de su muerte. Estaba envuelta en un vestido de noche y su velo se hallaba recogido en cuadro sobre su frente, solo lo bajaba sobre su rostro cuando hablaba con los hombres. Nada le vi tomar en los últimos días, sino de tiempo en tiempo una cucharada de un jugo que la sirvienta exprimía de ciertas frutas amarillas dispuestas en racimos.
Cuando la Virgen conoció que se acercaba la hora, quiso conforme a la Voluntad de Dios, bendecir a los que se hallaban presentes y despedirse de ellos. Su dormitorio estaba descubierto y Ella se sentó en la cama, su rostro se mostraba blanco, resplandeciente y como enteramente iluminado. Todos los amigos asistentes se hallaban en la parte anterior de la sala. Primero entraron los Apóstoles, se aproximaron uno en pos del otro al dormitorio de María y se arrodillaron junto a su cama. Ella bendijo a cada uno de ellos, cruzando las manos sobre sus cabezas y tocándoles ligeramente las frentes. A todos habló e hizo cuanto Jesús le hubo ordenado. Ella habló a Juan de las disposiciones que debería de tomar para su sepultura, y le encargó que diese sus vestidos a su sirvienta y a otra mujer pobre que solía venir a servirla. Tras de los Apóstoles, se acercaron los discípulos al lecho de María y recibieron de ésta su bendición, lo mismo hicieron las mujeres. Vi que una de ellas se inclinó sobre María y que la Virgen la abrazó.
Los Apóstoles habían formado un altar en el Oratorio que estaba cerca del lecho de Santa Virgen. La sirvienta había traído una mesa cubierta de blanco y de rojo, sobre la cual brillaban lámparas y cirios encendidos. María, pálida y silenciosa, miraba fijamente el cielo, a nadie hablaba y parecía arrobada en éxtasis. Estaba iluminada por el deseo, yo también me sentí impelida de aquel anhelo que la sacaba de sí. ¡Ah! Mi corazón quería volar a Dios juntamente con el de Ella. Pedro se acercó a Ella y le administró la Extremaunción, poco más o menos como se hace en el presente, enseguida le presentó el Santísimo Sacramento. La Madre de Dios se enderezó para recibirlo y después cayó sobre su almohada. Los Apóstoles oraron por algún tiempo, María se volvió a enderezar y recibió la sangre del Cáliz que le presentó Juan. En el momento en que la Virgen recibió la Sagrada Eucaristía, vi que una luz resplandeciente entraba en Ella y que la sumergía en éxtasis profundo. El rostro de María estaba fresco y risueño como en su edad florida. Sus ojos llenos de alegría miraban al Cielo.
Entonces vi un cuadro conmovedor; el techo de la alcoba de María había desaparecido y a través del cielo abierto, vi la Jerusalén Celestial. De allí bajaban dos nubes brillantes en la que se veían innumerables ángeles, entre los cuales llegaban hasta la Sma. Virgen una vía luminosa. La Santa Virgen extendió los brazos hacia ella con un deseo inmenso, y su cuerpo elevado en el aire, se mecía sobre la cama de manera que se divisaba espacio entre el cuerpo y el lecho. Desde María vi algo como una montaña esplendorosa elevarse hasta la Jerusalén Celestial; creo que era su Alma porque vi más claro entonces una figura brillante infinitamente pura que salía de su cuerpo y se elevaba por la Vía Luminosa que iba hasta el Cielo. Los dos coros de ángeles que estaban en las nubes, se reunieron más abajo de su Alma y la separaron de su cuerpo, el cual en el momento de la separación, cayó sobre la cama con los brazos cruzados sobre el pecho.
Mis abiertos ojos que seguían el Alma purísima e inmaculada de María, la vieron entrar en la Jerusalén Celestial y llegar al Trono de la Santísima Trinidad. Vi un gran número de almas entre las cuales reconocí a los Santos Joaquín y Ana, José, Isabel, Zacarías y Juan Bautista venir al encuentro de María con un júbilo respetuoso. Ella tomó su vuelo a través de ellos hasta el Trono de Dios y de su Hijo, quien haciendo brillar sobre todo lo demás la Luz que salía de sus llagas, la recibió con un Amor todo Divino, la presentó como un cetro y le mostró la Tierra bajo sus pies como si confiriese sobre Ella algún Poder Celestial. Así la vi entrar en la Gloria y olvidé todo lo que pasaba en torno de María sobre la Tierra.
Después de ésta visión, cuando miré otra vez a la Tierra, vi resplandeciente el cuerpo de la Sma. Virgen. Reposaba sobre el lecho, con el rostro luminoso, los ojos cerrados y los brazos cruzados sobre su pecho. Los Apóstoles, discípulos y santas mujeres, estaban arrodillados y oraban en derredor del cuerpo. Después vi que las santas mujeres extendieron un lienzo sobre el Santo Cuerpo y los Apóstoles con los discípulos se retiraron en la parte anterior de la casa. Las mujeres se cubrieron con sus vestidos y sus velos, se sentaron en el suelo y ya arrodilladas o sentadas, cantaban fúnebres lamentaciones. Los Apóstoles y los discípulos se taparon la cabeza con la banda de tela que llevaban alrededor del cuello y celebraron un oficio funerario; dos de ellos oraban siempre alternativamente a la cabeza y a los pies del Santo Cuerpo.
Luego las mujeres quitaron de la cama el Santo Cuerpo con todos sus vestidos y lo pusieron en una larga canasta llena de gruesas coberturas y de esteras, de suerte que estaba como levantado sobre la canasta. Entonces dos de ellas pusieron un gran paño extendido sobre el cuerpo y otras dos la desnudaron bajo el lienzo, dejándole solo su larga túnica de lana. Cortaron también los bellos bucles de los cabellos de la Santa Virgen y los conservaron como recuerdo. Enseguida el santo Cuerpo fue revestido de un nuevo ropaje abierto y después por medio de lienzos puestos debajo, fue depositado respetuosamente sobre una mesa y sobre la cual se habían colocado ya los paños mortuorios y las bandas que se debían de usar. Envolvieron entonces el Santo Cuerpo con los lienzos desde los tobillos hasta el pecho y lo apretaron fuertemente con las fajas. La cabeza, las manos y los pies, no fueron envueltos de esa manera; enseguida depositaron el Cuerpo Santo en el ataúd y lo colocaron sobre el pecho una Corona de flores blancas, encarnadas y celestes como emblema de su Virginidad.
Entonces los Apóstoles, los discípulos y todos los asistentes, entraron para ver otra vez antes de ser cubierto el Santo Rostro que les era tan amado. Se arrodillaron y lloraron alrededor del Santo Cuerpo, todos tocaron las manos atadas de Nuestra Madre María como para despedirse y se retiraron. Las mujeres le dieron también los últimos adioses, le cubrieron el rostro, pusieron la tapa en el ataúd y le clavaron fajas de tela gris en el centro y en las extremidades. Enseguida colocaron el ataúd en unas andas, Pedro y Juan lo condujeron en hombros fuera de la casa. Creo que se relevaban sucesivamente, porque más tarde vi que el féretro era llevado por seis Apóstoles. Llegados a la sepultura, pusieron el Santo Cuerpo en tierra y cuatro de ellos, lo llevaron a la caverna y lo depositaron en la excavación que debía de servirle de lecho sepulcral. Todos los asistentes entraron allí uno por uno, esparcieron aromas y flores en contorno, se arrodillaron orando y vertiendo lágrimas y luego se retiraron.
Por la noche muchos Apóstoles y santas mujeres, oraban y cantaban cánticos en el jardincito delante de la tumba. Entonces me fue mostrado un cuadro maravillosamente conmovedor: Vi que una muy ancha vía luminosa bajaba del cielo hacia el sepulcro y que allí se movía un resplandor formado de tres esferas llenas de ángeles y de almas bienaventuradas que rodeaban a Nuestro Señor y el Alma resplandeciente de María. La figura de Jesucristo con sus rayos que salían de sus cicatrices, ondeaban delante de la Virgen. En torno del Alma de María, vi en la esfera interior, pequeñas figuras de niños, en la segunda, había niños como de seis años y en la tercera exterior, adolescentes o jóvenes; no vi distintamente más que sus rostros; todo lo demás se me presentó como figuras luminosas resplandecientes.
Cuando ésta visión que se me hacía cada vez más y más distinta hubo llegado a la tumba, vi una vía luminosa que se extendía desde allí hasta la Jerusalén Celestial. Entonces el Alma de la Santísima Virgen que seguía a Jesús, descendió a la tumba a través de la roca y luego uniéndose a su Cuerpo que se había transfigurado, clara y brillante se elevó María acompañado de su Divino Hijo y el coro de los Espíritus Bienaventurados hacia la Celestial Jerusalén. Toda esa Luz se perdió allí, ya no vi sobre la Tierra más que la bóveda silenciosa del estrellado Cielo.
Como Santo Tomás no llegó a tiempo a despedirse de la Madre y tampoco pudo asistir al Santo Entierro; él tenía en su mente y corazón, llegar a tiempo. Pero al enterarse del desenlace por medio de los demás Apóstoles, él se puso triste y lloroso y se lamentaba no haber llegado a tiempo. El, interiormente tenía el deseo vehemente de verla por última vez y así se los hizo saber a los demás. Ya habían pasado varios días de lo del entierro; todos querían volver al Sepulcro y acceder a la petición de Tomás. Tomaron una resolución y al día siguiente muy de mañana, emprendieron el camino al Sepulcro de Nuestra Santa Madre. Estando enfrente del Sepulcro, quitaron la piedra-sello de la entrada y ¡Oh! Maravilla de Maravillas, de la bóveda salía un suave aroma de perfume de Rosas frescas; todos al sentir ese perfume, se sintieron conmovidos y perplejos; se miraron unos a otros preguntándose en silencio, con la mirada y con señas en las manos: “¿Entramos?” y aún mirándose entre ellos, todos asintieron con la cabeza y traspasando la bóveda, entraron al Santo Sepulcro hacia el sitio donde depositaron el ataúd que contenía el Cuerpo Santísimo de la Virgen María y más enorme fue la emoción y sorpresa entre ellos al ver que en el sitio solo habían Rosas frescas, fragantes y olorosas y significaban que el Señor había venido a buscar a su Santísima Madre para llevarla a su Gloria Celestial y Su Cuerpo no sufra la corrupción

viernes, 25 de julio de 2014

Gloria al Padre al Hijo y al EspirituSanto.........

LA SANTÍSIMA TRINIDAD
"Todo el que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo tiene también al Padre".(1ª Jn. 2, 23) "El que REHÚSA creer en el Hijo no verá la vida, sino que está sobre él la cólera de Dios" (Jn 3, 36).Ciertamente la Santísima Trinidad es un grande y verdadero misterio. Dios lo ha revelado a los hombres y por venir de quien viene esa enseñanza es digna de crédito. No lo podemos comprender con el limitado alcance de nuestra razón, pero no se opone a ella. Sabemos que, hasta la plenitud de los tiempos, la Sabiduría misma lo reveló al hombre: cuando el Hijo de Dios apareció sobre la tierra. Es algo sobrenatural que no es contrario a la razón, pero que es un misterio, porque excede a nuestra capacidad de comprensión.

Un solo Dios verdadero en tres personas distintas. NO tres manifestaciones de una sola persona. Tres personas distintas, un Dios único. "Veneramos un solo Dios en la Trinidad y a la Trinidad en la unidad sin confundir las personas ni separar las sustancias" (1). No son tres dioses, es un Dios único. La unicidad de Dios no es más importante que la Trinidad, ni la Trinidad más importante que la unicidad.

Como expresa el Concilio de Toledo (447): "Que el Padre no es el mismo que el Hijo, sino que tiene un Hijo que no es Padre. Que el Hijo no es el Padre, sino que es el Hijo de Dios por naturaleza, que es de la naturaleza del Padre. Que existe también el Espíritu Paráclito, que no es el Padre mismo ni el Hijo, sino que procede del Padre y del Hijo...Si alguno dijere y (o) creyere que Dios Padre es el mismo Hijo o el Paráclito, sea anatema. Si alguno dijere y (o) creyere que Dios Hijo (el Hijo de Dios) es el mismo Padre o el Paráclito, sea anatema. Si alguno dijere y (o) creyere que el Espíritu Paráclito es el Padre o el Hijo, sea anatema"(Denz. 19 a 24).
Luego en Dios NO SE DA la trinidad, sino que un sólo Dios ES la Trinidad, como enseña en el año 675 el IX Concilio de Toledo (Denz. 278). El Concilio de Reims proclama en el año 1148:"Cuando hablamos de las tres personas...confesamos que son un solo Dios, UNA SOLA DIVINA SUSTANCIA...el mismo solo Dios y la sola sustancia ES tres personas". Las tres personas son consustanciales, son una sola sustancia, pero a la vez son tres personas distintas. Las tres personas son UNA esencia y UNA sustancia. La divinidad no sufre mengua en cada una ni aumenta en las tres.

En el Trisagio manifestamos nuestra fe en las distintas personas de la Trinidad cuando rezamos: "Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos...". En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo fuimos bautizados, en su nombre fuimos confirmados y también en su nombre se nos perdonan los pecados. En el Credo proclamamos nuestra fe en el Dios UNO Y TRINO. No solo UNO y no solo TRINO, sino a la vez TRINO Y UNO.

Dice la Sagrada Escritura: "Todo el que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo tiene también al Padre".(1ª Jn. 2, 23) "El que REHÚSA creer en el Hijo no verá la vida, sino que está sobre él la cólera de Dios" (Jn 3, 36). Ésta es la palabra de Dios, del Dios uno y trino.
(1) "Símbolo Atanasiano" (Denz. 39
Catolicidad