martes, 15 de marzo de 2011

R P. castellani # 7

EL ESPÍRITU SANTO SANTIFICA
LA GRACIA
Se atribuye al Espíritu Santo la Santificación y eso el mismo Cristo lo dijo. Los teólogos tienen como axioma esto: ''Todo lo que Dios obra "ad extra" (al exterior de El mismo) lo obran las tres divinas personas conjuntamente, porque resulta que las operaciones son de la naturaleza, decía Aristóteles, y en Dios hay una sola naturaleza.
De manera que las operaciones de Dios proceden de la naturaleza divina pero se atribuyen a algunas de las tres divinas personas a causa de razones históricas.
Sin embargo existe la "apropiación" o "atribución" por la cual atribuimos a una Persona en especial una actividad: al Padre la Creación, al Hijo la Redención, al Espíritu Santo la Santificación. Cristo mismo nos dio el ejemplo; y el Ángel de la Anunciación dijo a Nuestra Señora: "El Espíritu Santo vendrá sobre tí..." y así la Iglesia atribuye al Espíritu Santo la justificación o perdón de los pecados, las obras meritorias y en general todo lo que pertenece a la gracia. La "gracia" es el principio de la santificación.
La palabra "gracia" significa cuatro cosas por lo menos, o sea belleza, agrado, bien, don gratuito y don santificador producido en nosotros por la presencia en nosotros de las personas divinas; por ejemplo: "falaz es la gracia y vana la hermosura, la mujer que teme a Dios, ésa será alabada" (Libro de los Proverbios).
San Lucas dice: "María, has encontrado gracia delante del Señor", como rezamos todos los días. Don gratuito, dice San Pablo: “por él recibimos la "gracia y el apostolado" en este caso es un don gratuito porque significa la "gracia del apostolado". Y por último la palabra "gracia" propiamente, tal como la usamos, significa el medio de la santificación, o sea una cualidad adherida al alma (de la categoría del hábito, o sea cualidad permanente).
Han discurrido los teólogos que pertenecen a la categoría de Aristóteles que se llama el hábito, que tiene cuatro partes y una de ellas es la cualidad. La gracia es una cualidad del alma, no extrínseca sino intrínseca, procedente de la inhabitación de Dios en noso
tros. De esta cualidad habla San Pablo veinte veces lo menos —el cual es el Apóstol, de la Gracia, así como San Agustín es el teórico de la Gracia—.
Ella es invisible, benéfica y permanente (como decía mi amigo César Pico: "creo en la gracia porque no la veo" y tenía razón porque se cree lo que no se ve). Si es que la recibimos libremente y no la perdemos libremente, porque supone la aceptación por parte del alma y después la conservación de la gracia, es decir no hacer nada que la haga perder. Los Sacramentos son sus canales y la luz de la gloria es su efecto final. Para llegar a la visión beatífica, a la visión de Dios cara a cara la naturaleza humana es insuficiente, porque el entendimiento humano no está hecho para la visión intuitiva de Dios sino que está hecho para la visión de las cosas sensibles, de las cuales saca los conceptos, que no son intuitivos. La intuición de Dios necesita una ayuda especial, que le llaman "lumen gloriae" "la luz de la gloria" y que produce la gracia; la terminación de la gracia en el hombre es "la luz de la gloria".
Todo lo que hay de bueno en nosotros viene de la gracia, excepto la naturaleza, la cual tampoco es del todo buena, porque nacemos con la naturaleza deteriorada. "Gratia Dei sum id quod sum", dice San Pablo: "Por la gracia de Dios soy lo que soy".
Sabemos que nacemos con el pecado original, cometido por nuestros primeros padres, que habían sido creados en gracia elevante y en integridad natural por puro privilegio.
Por, eso hay una teoría sobre el pecado original, que es la más mansa de todas, digamos, que es la de Billot, que dice que Dios al castigar a Adán, no le quitó nada que le debiera, de manera que no hizo ninguna injusticia ni a él ni a nosotros, porque nosotros heredamos la naturaleza tal como la tienen nuestros padres. Si nuestro primer padre no tiene la naturaleza elevada no puede transmitirla elevada; Dios no la eleva tampoco; una vez que pecó Adán, a los descendientes no los elevó a un estado privilegiado como el de Adán que tenía la "justicia original" o sea el "estado de gracia" y la "integridad natural", es decir la no muerte, la no sujeción a la muerte y a las cosas que la muerte trae que son las enfermedades.
Billot defiende esa teoría: que el hombre si naciese naturalmente tendría lo mismo que tuvieron nuestros primeros padres. Ahora, ¿por qué el hombre está en una situación que nos parece miserable y nuestros primeros padres estaban en una situación muy elegida, muy hermosa, muy benigna? Porque estaban en el Paraíso. Ya les conté la comparación que hace Billot de que por qué ahora a nosotros nos es pesada la situación actual siendo así que es la situación que tendríamos naturalmente si Dios no nos hubiera ni castigado ni favorecido nada, sino creados en nuestra naturaleza.
Lo explica haciendo la comparación con un rey que pierde su trono y después el hijo del rey, el heredero, le parece que está enfermo porque tiene que trabajar como obrero, en cambio a los obreros no les hace nada trabajar como obreros porque es la situación natural de ellos, pero el otro había sido creado para otra cosa y por haber sido educado para otra cosa le resulta como una enfermedad estar sujeto a los trabajos de esta vida. Es muy combatida esta teoría de Billot, aunque a mí me gusta; lo tratan de pelagiano o semipelagiano, que equipara la gracia a la naturaleza.
Se dice que el ser humano puede hallarse en cuatro estados diferentes, de los cuales dos son históricos, los otros solo posibles y teóricos. A saber:
1. estado de natura pura (es solamente teórico porque nunca ha estado el hombre en estado de natura pura. Apenas lo creó Dios lo elevó).
2. estado de elevación sobrenatural (eso existió)
3. estado de natura caída no reparada (eso no ha existido nunca)
4. estado de natura caída y reparada (esto es histórico, después de la venida de Cristo N.S.)
De natura caída y no reparada no existió. Después que cayeron y Dios los castigó a Adán y Eva, en el mismo momento en que los castigó, les prometió la venida del Redentor, de manera que los reparó en promesa y todos los Santos del Antiguo Testamento fueron reparados por la esperanza en Cristo.
Pero el primer don de Dios o sea gracia es la verdad de las cosas: "omne ens est verum". Las cosas son verdaderas en sí mismas, antes de serlo para nuestro intelecto. Lo conocido está entre dos intelectos, el de Dios que lo causa y el del hombre que lo percibe.
El primer malpaso de la filosofía llamada moderna, que comienza con Descartes y se precipita con Spinoza es haber negado la verdad que es el ser de las cosas y depende del espíritu de Dios: y haberla aprisionado en el espíritu del hombre.
De allí lógicamente había que derivar al panteísmo, como derivó el judío impío Spinoza, y los "tres grandes sofistas", Fichte, Schelling y Hegel.
Fichte Hegel Schelling
La verdad de las cosas ("omne ens est unum, omne ens et verum, omne ens est bonum") es uno de los axiomas fundamentales de la filosofía aristotélica. Por supuesto que Aristóteles lo heredó de Platón y después lo legó a la teología de Sto. Tomás, modelando ambos la antigua y trascendental herencia de la filosofía griega.
La elevación a la Sobrenatura y la Reparación de la caída se efectúa por la gracia llamada "elevante". Pero Dios no renovó la gracia de la integridad de la naturaleza, sino solamente la gracia de la adopción del hombre como hijo de Dios para el cielo, para la gloria, pero nos dejó todos los castigos que tenemos ahora que son bastantes; nos dejó encima porque le fue mal la primera vez que puso a los hombres en un paraíso de delicias; y entonces dice, bueno, que aprendan...
Cristo nunca nombró la Gracia (con ese nombre) pero habló de ella varias veces; por ejemplo.
"Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. . ."
"Sin mí no podéis nada".
Jo.XIV,23 "Si quis diligit me, sermonem meum servahit, et Pater meus díliget eum, et ad eum venemus et mansionem apud eum faciemus". "El que me ama, cumplirá mis mandamientos; y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos nuestra morada en él..." La morada de Dios en nosotros es esa cualidad invisible, intrínseca, que es la gracia. También le dijo a Nicodemus que había que nacer de nuevo para entrar en el Reino de los Cielos.
La Escritura habla de la Gracia con variadísimos nombres: es un Don, una Vestidura, un Injerto, un Nacer, un Renovarse, una Fuente de agua viva, una Adopción, un Consorcio, un Sagrario, una Alianza, una Amistad, un Matrimonio.
Los teólogos y los herejes se han puesto a explicar y discutir la Gracia y han tramado un verdadero laberinto. Filtraré las cosas más principales y claras:
Hubo dos famosas discusiones sobre la Gracia, en la Historia de la teología.
Una la discusión llamada "de auxilius" entre los dominicos y los jesuitas en el siglo XVI en que el dominico Bañez, que era el jefe de la discusión los acusaba a los jesuitas de ser pelagianos porque no creían en la Gracia sino en el libre albedrío y el Jesuita Molina, autor de un tomo enorme sobre "De Auxilius Graciae".
El acusaba a los dominicos de calvinistas o sea exageradores de la Gracia. Discutieron casi con ferocidad mucho tiempo y hubo tres intervenciones de la Santa Sede que no logró apaciguarlos y al fin la Santa Sede mandó que no hablasen más de eso. Se acabó la discusión. No se podría acabar nunca la discusión porque, como Billot anotó después, estaban discutiendo sobre una cosa que es un misterio, sobre la presciencia divina, es decir cómo Dios sabe lo que nos va a pasar a nosotros siempre, incluso después de la muerte, sin suprimir nuestra libertad. Dios sabe si vamos a salvarnos o condenarnos, eso es la presciencia divina, aunque sabe que si nos salvamos nos salvaremos por su Gracia y si nos condenamos será por nuestro capricho. Los dominicos decían que Dios sabía eso por la predeterminación física, o sea que todo acto bueno nuestro era predeterminado físicamente por Dios, de tal manera que no se podía hacer otra cosa más que lo que Dios había predeterminado.
De modo que negaban el libre albedrío aunque hacían una cantidad de sutilezas para probar que no. Y los jesuitas con Molina a la cabeza, habían inventado la "ciencia media" que decían, también muy complicada, que era una ciencia por la cual Dios conocía todos los "futuribles", es decir las cosas que podían ser futuras, y entonces Dios elegía de esas cosas que podían ser futuras para el hombre una que El sabía que le iba a resultar bien, la gracia eficaz y entonces se la daba al hombre.
De cualquier manera no resolvían el enigma terrible de la "presciencia divina", cómo Dios sabe todo lo que va a ser de nosotros y sin embargo nosotros somos libres. No podían saberlo. Es un misterio tan grande, aunque es obvio que Dios sabe todo y sabe también lo futuro, que Cicerón dijo que Dios no conocía lo futuro, pero los cristianos dice que Dios sabe el futuro. Y ese misterio no se puede resolver con razones; no se puede escudriñar en el ser divino, qué es lo que hace que el ser divino sepa lo que va a pasar y sin embargo nos deje enteramente libres en manos de nuestro albedrío.
No se puede resolver, dice el Cardenal Billot y aduce a Santo Tomás que dijo "Al llegar aquí llegamos a un misterio". Es un misterio. Y se acabó. No podemos ir más adelante.
Adversarios de la Gracia: Nombremos a Pelagio, Lutero, y Jansenio.
Pelagio ya lo conocemos: atenuó y casi volatilizó la gracia de Dios: "No es mala cosa pero no es necesaria a no ser que ella sea el libre albedrío", decía—como "no es necesario el Bautismo ni la Penitencia", "ni Jesucristo en definitiva", dijeron sus alumnos; el cual en vida no fue tenido por hereje, pero después exageraron su doctrina y prácticamente anularon la Gracia los discípulos.
Cuando San Agustín vio eso, que Cristo ya no era necesario se puso tremendo y escribió tres ó cuatro opúsculos "De Natura et Gratia", "De la naturaleza y de la Gracia", contra los pelagianos. Después los hizo condenar en el Concilio de Cartago y después los condenaron en muchísimos otros concilios. No existe el pecado original, como lo entiende el Africano Agustino, decían éstos.
Lutero y Calvino negaron la gracia, de diferentes modos. Calvino: la gracia a quien Dios la ha dado no la puede perder y no se puede perder él tampoco: es un predestinado. A quien no la da, no se puede no perder.
Es decir, inventó una predestinación peor que la que achacaban a los dominicos los jesuitas.
Lutero cree a la natura corrompida de un modo insanable. Nos salvamos con los méritos de Cristo, el cual nos los atribuye si tenemos la Fe: la fe luterana, que es como una confianza desenfrenada. La gracia viene a ser como una vestidura externa consistente en los méritos de Cristo. Y entonces, el hombre necesariamente hace obras buenas.
Lutero dice: Yo no niego las obras buenas para entrar en el cielo pero yo se que son enteramente seguras cuando hay Fe y la Fe para Lutero, es una fe muy especial, no es la fe nuestra, la fe de los misterios, sino que es una especie de confianza en Cristo desenfrenada, ciega, que no puede doblegarse. A eso le llama Fe Lutero.
Los jansenistas, al revés, (Francia, siglo XVII), tenían una Ley muy rigurosa por un lado, es decir eran muy austeros pero no con ellos mismos sino, con los demás, eran hipócritas en el fondo. Inventaron la gracia suficiente y la gracia eficaz, la cual nos salva; la gracia suficiente sola de hecho nunca nos salva. "Entonces no es suficiente" decían los jesuitas o "molinistas", que fueron los grandes adversarios de los Jansenistas.
Pasaron todo el tiempo peleando ferozmente contra los jesuitas a quienes acusaban de laxos en moral, o sea "Casuistas". Casuistas significa los que se dedican a una ciencia que se inventó entonces: poner casos para ver si hay pecado o no hay pecado en cualquier caso. Los jesuitas adoptaron esa ciencia que San Alfonso M. de Ligorio autorizó, y que es para los confesores, para saber resolver los casos y la casuística se aplica en muchas otras ciencias, por ejemplo, la medicina.
La casuística es una cosa natural. Los jansenistas la reprobaron diciendo que era una cosa inventada por los jesuitas para aflojar la moral de la aristocracia francesa, para permitirle cualquier cosa. Y en parte pasó eso. No solamente los jesuitas sino todos los casuistas empezaron a aflojar, a resolver los casos por el lado benigno, por el lado laxo. Hicieron tres escuelas diciendo que había que resolver lo seguro, lo muy seguro y lo común: laxismo, tutismo y tuciorismo (tucior, lo más seguro). Ya no se usa eso. Se resuelven los casos conforme a lo que piensan tres buenos doctores o por lo menos un doctor eminente. San Alfonso María de Ligorio hizo prevalecer el "tutismo".
De hecho, algunos casuistas, jesuitas o no, tuvieron doctrina laxa, y fueron condenados por el Papa siguiente, Inocencio XI, 1679; como por ejemplo: el duelo, la mohatra (venta con engaño), matar a un ladrón por una sola moneda de plata... y otras 65 proposiciones.
El más maltratado de los casuistas fue el español Escobar, quien escribió un Tratado de Matrimonio. No era tanto como dijeron los jansenistas. Hoy día en la lengua francesa existe la palabra "escobarderíe" que significa "autorizar con manga ancha"; Boileau, dedicó a Escobar este epigrama:
"Si Bourdaloue vous dit severe:
"Craignez, craignez la volupté"
"Escobar vous dirá: "Ma chére:
"Je vous la permet pour la santé..."
Si Bourdaloue (el gran orador jesuita), os dice, severo, "temed, temed la voluptuosidad", Escobar os dirá: "Querida, yo te la permito por la salud".
Esa fue una tremenda discusión en la cual al final intervino el Rey y empezó a dar sablazos a diestra y siniestra y acabó con todos, incluso con la madre Angélica que era una de las jefas del Jansenismo. Abadesa de la Abadía de Port Royal, de la cual se decía que "era pura como un ángel y soberbia como Satanás".
Enrolaron a un gran matemático, Blas Pascal, muy devoto y muy ingenuo, el cual resultó un gran escritor y aplastó a los jesuitas con sus 18 "Cartas Provincianas" que fueron una de las causas de la expulsión en el Reinado siguiente. Son un movimiento clásico de la lengua francesa, aunque sean un movimiento tremendamente calumnioso y mentiroso pero la prosa de Pascal resultó estupenda. Dicen que es el creador de la prosa coloquial francesa. Las tres primeras cartas tratan de la disputada "gracia suficiente", o sea que los jesuitas decían que la "gracia suficiente" era suficiente y los jansenistas decían que la "gracia suficiente" no era suficiente, la eficaz tenía que ser una nueva gracia. La gracia suficiente de la cual Pascal no sabía nada.
Desde la cuarta carta se resuelve contra los "molinistas" y los deshace a burlas, sátiras y calumnias. Es notable que en la decimoquinta acusa a los jesuitas de haber borrado la calumnia del Decálogo y él los calumnió tremendamente; y en la decimosexta habla de "las calumnias horribles de los jesuitas contra los curas y las religiosas".
El material de todas estas cartas se lo aprestaba un jefe jansenista llamado Arnaldo, o sea "Arnauld". Pascal antes de morir se arrepintió, pues se dio cuenta que estaba haciendo un mal camino empujado por otros, y la decimonovena no la publicó; y la veinte quedó reducida a notas, en las cuales se metía hasta con el Papa. Voltaire mismo censuró las cartas tratándolas de mentirosas ("Lesiéde de Luis XIV"). Los fragmentos que tenemos de la carta veinte son enteramente contumeliosos, injuriosos y pretensiosos. Por ejemplo: "Yo estoy solo contra 30.000 personas" (Lo contrario era la verdad). "Atienden: ustedes son la impostura, yo la verdad; es toda mi fuerza; si la pierdo estoy perdido. Pero yo tengo la verdad, veremos quién gana".
Bueno, murió bien. Al menos se confesó. Hizo un gran mal a la Compañía de Jesús, pero también le hizo un bien, si se quiere, porque a causa de eso el general de los jesuitas Luís Martín, reprimió fuertemente la tendencia al laxismo que había entrado en la Compañía. Condenó el laxismo e impuso a los jesuitas la escuela más rigurosa de interpretar los casos que es el "tuciorismo", interpretar siempre lo más seguro.
Prueba La gracia nos hace:
1°) renacer (a Nicodemus) Jo. III
2°) hijos de Dios adoptivos Jo. IV 14.
3°) partícipes de su naturaleza Jo. XVI
"Yo soy la vida, vosotros los sarmientos"
Además, San Pablo dice: "participantes de la naturaleza divina".
4°) merecedores del cielo (por la adopción) Rom. VI, 23.
5°) unos con Dios en la vida eterna Jo. III 2
Y hay otros 35 textos de San Pablo en estos sentidos que he dicho. De manera que hay prueba de sobra de la existencia de la Gracia y de sus efectos.
Sin la Gracia el hombre no puede:
1° ) ni llegar a la fe (la gracia nos previene)
2°) ni prepararse a la gracia 3°) ni hacer ningún acto meritorio 4°) ni evitar largo tiempo el pecado grave 5°) ni perseverar. Es una gracia especial la perseverancia hasta el fin, que hay que pedir.
Con la Gracia el hombre puede:
1°) Evitar todos los pecados graves, aunque no todos los veniales.
2°) Orar pro auxilio contra toda tentación.
3°) Pedir la buena muerte, o sea la perseverancia.
Dios es la causa de la Gracia; y Dios no niega a nadie la gracia suficiente, que junto con nuestro albedrío, hace la gracia eficaz.

LOS COROLARIOS
Hay Infierno.
Hay Purgatorio.
Habrá un Fin del Siglo.
Habrá una Parusía Habrá un Juicio Final.

HAY INFIERNO
Este es el Cuarto Misterio, acaso el más difícil de todos, que dice Leonardo Lesio, acaso a causa de nuestra sentimentalidad que nos hace repugnante él concepto y en realidad muchas veces no podemos entenderlo, esa es la verdad.
Con decir que nuestro último fin es Dios y que con nuestro libre albedrío podemos perderlo, está dicho que hay infierno; ese es precisamente el Infierno, perder el hombre su Ultimo Fin que como vimos en la clase anterior, no tiene otro Ultimo Fin. De manera que todos los últimos fines que nos ponemos en nuestra vida —salvo el verdadero— al morir se disipan todos, se hacen nada. Si no amamos a Dios en el tiempo que nos ha sido dado no hemos cumplido con nuestro Ultimo Fin, y cuando morimos, se acabó. Pese a lo que muchísimos saduceos que niegan que lo haya, incluso algunos cristianos que a semejanza de los que dicen "Yo creo en Dios pero no en los curas", dicen éstos "Yo creo en Dios pero no creo en el Infierno", que es una forma de no creer en Dios. E incluso se dejan decir con nuestro Borges "El que crea en el Infierno, no tiene religión" —cuando la verdad es exactamente lo contrario, empezando por él.
La causa de que muchos más de los que niegan el cielo sean los que dicen "eso del Infierno yo no lo trago", es el sentimentalismo. Algo típico es el caso del poeta Charles Peguy que no quería confesar ni comulgar porque decía no creer en el infierno (esto después de convertirse, porque antes había sido socialista) porque eso no se compadecía con la bondad de Dios, aunque la Iglesia enseña que eso se compadece con la Justicia, la Bondad y la Santidad de Dios.
Esto no lo creyó, hasta que la Gran Guerra del 14 lo persuadió que sí existía ese infierno terrestre que eran los "boches", es decir los alemanes, bien pudiera ser que hubiese un infierno, pero ultraterrestre. Apenas se hubo hecho bautizar y dar la Comunión, cayo muerto de un balazo en la cabeza en la batalla de Villeroy, la primera de la Gran Guerra, y sus últimas palabras fueron: " ¡Tiren, caracho!" ("Tirez, nom de Dieu").
Había sido ya católico de deseo muchos años. Había escrito la poesía religiosa más grande de Francia, a saber, la cadena de sonetos de Nuestra Señora de Chartres, las "Tapicerías" de Sta. Juana de Arco, de los Santos Inocentes y de Sta. Eva. Creía los dogmas de la Fe con toda el alma, pero el sentimiento le hacía no creer en el infierno, o creer que no creía.
Lo que hace que muchísima gente que cree en el cielo y no cree en el infierno, siendo así que son la misma cosa, pero al revés, es el sentimiento vuelto sensiblería, y lo difícil de concebir es la eternidad, de la cual no podemos tener una idea simple y directa sino solo ficticia; a lo más creemos que el "aionion" griego significa eterno, y no significa eterno, sino "sin fin", incluso algunos dicen que significa "muy largo, de mucho tiempo", de manera que la eternidad no la conocemos, la eternidad de Dios es incomprensible para nosotros. Y aún eso de que no termine nunca una cosa que ha empezado, como somos nosotros, no podemos comprenderlo. De manera que cuando algunos teólogos nos ponen el ejemplo de un pajarito que viniese y picase una piedra durante miles y miles de años y cuando recién había empezado a horadar la piedra, recién empezaba el infierno, es decir que no acababa nunca, eso no lo podemos concebir nosotros.
El sentimiento es enteramente necesario para nuestra vida pero está descompuesto y tiende a correrse sobre la razón volviéndose sensiblería, de la eternidad no tenemos experiencia ni podemos tener.
La única manera de poner en pretina el sentimiento deteriorado es el ejercicio vio
lento de la razón empujada por la Fe, o sea "la cautividad de nuestra razón en obsequio de Dios", que eso es la Fe, como dice San Pablo. Es decir, que hay que someter el entendimiento simplemente, como hay que hacerlo también con muchísimas cosas naturales que no podemos entender; por ejemplo es un hecho tal cosa porque el físico nos dice que lo es y yo someto mi entendimiento a lo que me dice el físico, a su mejor parecer.
Los adversarios de la tesis fuera de la Iglesia fueron los neoplatónicos y los albigenses, además de los saduceos que, como hemos visto negaban la resurrección de los cuerpos. Dentro de la Iglesia, San Agustín enumera seis clases de gente que él ha encontrado (De Civitate Dei — penúltimo libro — XXI) y son:
Primera Orígenes — (La Iglesia ha condenado muchas de sus proposiciones, pero ahora los estudiosos han encontrado que lo condenado no está en Orígenes, sino que pertenece a sus seguidores, los origenistas). Hay varias proposiciones condenadas, como p. ej. la de que un día Dios va a perdonar a todos los condenados, incluso al Diablo. (Los discípulos de Orígenes enseñaban la "anakefaleosis" o reducción de todo a su punto de partida, en latín "recapitulatio"). En nuestros días Giovanni Papini adoptó esa opinión como probable en "El Diablo". No hay que recordar al gran macanero de Víctor Hugo ni a Lamartine, sensiblero. Aquel escribió dos libros acerca de Satán, en los cuales al final lo liberta y lo hace un habitante del cielo, no sé cómo. En Orígenes se encuentran algunas proposiciones aventuradas o dudosas, pero ninguna heterodoxa, lo cual también es demostrado porque el oriente nunca lo condenó; pasaron unos 12 concilios ecuménicos, de los cuales unos 6 admiten los orientales y no hay ninguna condenación de Orígenes. Fue condenado en el Concilio de Trento, aunque en rigor no fue condenada ninguna proposición que se encontrara realmente en él.
Segunda — De los primeros cristianos que negaban el Infierno, según los encontrara San Agustín; decían que en el Juicio Universal triunfará la misericordia y Dios cambiará de opinión como con Nínive, que había prometido castigarla y después la perdonó; los condenados ya habrán hecho penitencia y hasta de sobra.
Tercera — Dios perdonará el Infierno a todos los bautizados.
Cuarta — A todos los católicos.
Quinta ~ A todos los fieles a la Fe, aunque hubieren tenido "vida rota".
Sexta — A todos los limosneros, porque Cristo dijo que en el Juicio Final exclamaría "Venid conmigo, benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer... etc.".
Como estos cristianos traían textos de la Escritura mal escogidos y peor entendidos el Santo se pone a refutarlos largamente a través del penúltimo libro — XXI — del "Civitate Dei", acribillándolos con otros textos y sobre todo con la razón contundente que corre a lo largo de todo el libro: "Se trata de una revelación de Dios debidamente comprobada; no podemos entrometer allí nuestras pobres preferencias y ocurrencias, más debemos adorarla de rodillas, pues es un gran beneficio de Dios a nuestro intelecto".
En particular responde con dieciséis siglos de anticipación a la ocurrencia de Borges en su libro Discusión de que es injusto un castigo eterno por un delito que se comete en diez minutos. Ni la justicia humana da castigos en proporción a la duración de la pena, a veces da una condena perpetua por ejemplo un homicidio cometido en cinco minutos. La duración no tiene nada que ver con este asunto.
San Agustín responde a todos los adversarios que quieren (dice) ser más buenos que Dios mismo y que el que niegue la eternidad del Infierno verá pronto que está engañado,
porque se irá al Infierno, puesto que negar un dogma debidamente revelado es pecado grave, y que el amontonar razones contra él como contra otro cualquier misterio, solo muestra la debilidad y presunción de nuestro entendimiento. De si ha sido conveniente que Dios nos revelara misterios, pregunta Sto. Tomás en la Summa, responde que sí, que ha sido conveniente para nosotros; es un bien cargoso, pero es un bien.
Dicho esto, veamos la prueba: catorce veces menciona Cristo el fuego eterno en el Evangelio — dejando aparte por superfluo el resto del Nuevo testamento (muchas veces los mencionan San Pablo, San Pedro y San Juan) y el Antiguo, ya que antes de Cristo también creían en el Infierno. Las tres menciones más importantes son la parábola del rico Epulón, la sentencia de los dañados: "Id de aquí, malditos, al fuego eterno" en la parábola del Juicio Final y la tremenda exhortación a cortarse un miembro del cuerpo antes de cometer un pecado grave.
"Si tu mano te escandaliza, córtala y échala de ti, pues vale más entrar manco en el Reino de los cielos que con las dos manos ser echado en la Gehenna del fuego" (Mc IX 42), donde el gusano dellos no muere; y el fuego nunca se apaga" y repite dos veces más, haciendo alusión "al pie" y "a un ojo" nombrando por tanto al infierno nueve veces.
La "Gehenna", nombre griego del Infierno tomado del hebreo, era un valle cerca de Jerusalén donde los israelitas habían quemado sus hijos en holocausto al ídolo Maloch y después echaban la basura prendiéndole fuego. Después de esa apostasía al dios asirio, que pedía sacrificios humanos y nada menos que niños y al que cayeron los israelitas en su idolatría (como cayeron tantas otras veces) el lugar quedó como maldito. Los que se arrepintieron temían a ese valle sobremanera y le echaban la basura incendiándola, de manera que estaba el lugar continuamente humeando.
Seis veces habla San Pablo del Infierno, el cual pone la "sentencia eterna" entre los fundamentos del Cristianismo en la Epístola a los Hebreos, VI 2 cuantas veces se encuentra.
En las palabras de Cristo se menciona lo irremisible (en la parábola del rico Epulón "ni una gota de agua") y "el fuego".
En el Apokalypsis, quién sabe No sabemos, nadie sabe, qué es ese fuego. Ciertamente no es nuestro fuego terrestre, que no quemaría al diablo. Tampoco es solamente la separación de Dios para siempre, que le llaman "pena de daño", contraponiéndola a la "pena de sentido" que es el fuego. Estas penas también se dan en el Purgatorio, como veremos más adelante. Es alguna cosa creada, que Cristo no halló nada mejor para denominar a que "el fuego", que viene a ser en realidad una metáfora. Sto. Tomás cree que pudiera ser "el orden de la creación pesando sobre el condenado que se ha puesto fuera de ese orden"
Pero ¿el orden puede atormentar? ¡Canastos! Pongan un loco o un borracho en un escuadrón marchando en orden, e imaginen la lluvia de puñetazos, patadas, empujones y gritos que cosechará al salirse del orden.
Esto lo expone Sertillanges en su libro "El Catecismo de los incrédulos". Yo no lo he encontrado en Sto. Tomás. Más aceptable me parece la opinión de que es el remordimiento, como el del Purgatorio sería el del arrepentimiento, porque esas dos cosas en las almas separadas, tienen que tener una fuerza muchísimo mayor que en nosotros; deben ser una especie de fuego. Esta es la tesis de Frank Dukesme, un exegeta judío, mejor dicho, su padre fue un rabino judío convertido y su hijo es uno de los mayores exégetas que hay hoy en día. Lástima que sea un poco oscuro, un poco nimio, un poco demasiado detallista.
En un libro muy importante que tiene, que se llama "Lo que te espera después de tu muerte", editado por Lohlé.
Lo sacó del Libro de Esdras, tomo IV, que es un apócrifo. Los libros primero y segundo de Esdras son legítimos, pero el Concilio de Trento sacó los otros dos libros diciendo que no estaban en el Canon, pero los recomendó muchísimo y mandó que se imprimiesen detrás del Apokalypsis, es decir, detrás de toda la Escritura. Hasta ahora se hacía así, pero últimamente ya no se editan al final de las Escrituras los dos últimos libros de Esdras. Son dos libros apocalípticos, exagerados, me parecen a mí, en cuanto a los detalles.
Así que el fuego representa un castigo adicional a la pena de daño (y proveniente della) como hay un gozo accidental a la visión de Dios, que va en aumento, hasta donde no sé, como la compañía de familiares o amigos o cuando sucede en la tierra la canonización. Hasta un punto irán creciendo los goces, hasta el Juicio Final.
ADVERSARIOS:
Fuera de todos los que niegan la otra vida, están los saduceos y los origenistas, no Orígenes. De los argumentos que aducen contra el Infierno he dicho lo necesario, pues nacen de la sensiblería, y entonces querer refutarlos es peor que querer disputar con una mujer caprichosa. La sensiblería es un vicio o defecto mental de la voluntad, y la otra raíz es que de la eternidad no tenemos experiencia y la del infierno nos causa terror, como decía San Agustín: "Hermanos míos, yo os aterro porque estoy aterrado".
Algunos, como el Cardenal Newman y el teólogo español Getino han supuesto una remisión o atenuación de la pena de los condenados. La razón es que está fuera de la capacidad de la natura humana padecer un dolor años y siglos sin interrupción, de donde suponen que hay períodos de mitigación, como de sueño o inconsciencia. Esta opinión no ha causado mucho entusiasmo en la Iglesia, que no la ha condenado pero ha sido seguida casi por nadie. Porque qué importa que haya una mitigación si no hay nunca fin.
EI Catecismo que me enseñaron a mí de chico (creo que era el de Astete) decía: ¿Qué se goza en el Cielo? En el Cielo se goza de todo bien sin mezcla de mal alguno. ¿Qué se padece en el Infierno? En el Infierno se padece la ausencia de Dios y todo mal sin mezcla de bien alguno. Eso de "sin mezcla de bien " no puede ser.
El Bien y el Ser son correlativos, recíprocos.
El Ser es Bien y el Bien es Ser. Entonces los condenados no existirían porque no tendrían ser y los sufrimientos no tendrían donde radicarse, serían como el mal. El mal es una privación pero no puede existir sin sujeto, no puede andar por el aire el mal. Es una privación de algo en alguien. Así también el bien no puede estar enteramente ausente de un ser cualquiera.
Quizás dirán: el bien está presente en los condenados por la existencia, pero es poco eso, porque si existe para sufrir solamente no es bien, el mal más bien. El mal no es una cosa positiva, sino que consiste en privación. Lo que sufren los condenados del Infierno es la privación de lo que tenían que tener por su Ultimo Fin. Cualquier mal que padecemos en la tierra no es una sustancia, como decían los maniqueos y le costó tanto trabajo refutar a Sto. Tomás. El mal es la falta de la cosa en quien la cosa es debida. Por ejemplo: la ceguera no es una cosa que anda por ahí sola y flotando, se da en un individuo que tenía que tener vista.
Dios no creó ni el Pecado ni el Infierno. Tenemos que corregir a un venerable y admirable poeta, que atribuye la creación del Infierno al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Per me si va nella citta dolente
Per me si va nel eterno dolore
Per me si va tra la perduta gente
Giustizia mosse il mio alto Fattore
Fécemi la divina Potestate
La somma Sapienza el Primo Amore
Dianzo a me non fur cosa create
Se non eterne, at io eterno duro . . .
Lasciate ogni speranza voi che'ntrate ...
En entrada del Infierno según el Dante.
Dice crearon el Infierno la Suma Potestad (es decir el Padre), la Summa Sapienza (o sea el Hijo) y el Divino Amore (el Espíritu Santo), pero no es así.
Tampoco es verdad que antes del infierno no hubiera ninguna cosa creada sino cosas eternas, porque antes del Infierno estuvieron los ángeles buenos creados antes de que se rebelaran y creasen el Infierno. Luzbel creó el Infierno, creatura excelentísima y libre, sin poder para crear, pero sí para destruir.
En el instante de poner su acto de desobediencia y quizás de odio a Dios estalló una inmensa llama brotada de su propio ser, que fue el Infierno —"preparada para el diablo y sus ángeles" dijo Cristo, que significa "proporcionada al diablo y sus ángeles", es decir, preparado no significa que existiera antes, sino adaptada a la naturaleza del Diablo y sus ángeles. "Antes de mí no existieron cosas creadas sino eternas", prosigue el Dante. Tampoco es exacto; antes del Infierno existieron los ángeles que, pecando, crearon de sí mismos el Infierno que es una destrucción, no una creación.
El mandato principal de Dios creador nuestro es amarlo sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo y no huir del Infierno, lo cual es una resultante de lo primero. La cloaca del Universo llama San Agustín al Infierno y "La cloaca de la Historia" es el título de un libro hecho por encargo, no muy excelente pero sí pasable, de Muñoz Alonso, un filósofo español, que fue muy amigo mío, que murió hace poco tiempo; tiene libros muy buenos y estuvo en la Argentina varias veces.
El Infierno está hecho para espoleamos a cumplir con su Ley, para arrastramos a mantenemos con Dios, ése es el fin para nosotros, porque para los condenados ya se acabó. Como hizo San Ignacio en los Ejercicios Espirituales: no pone primero el Infierno, sino tres meditaciones sobre el pecado (el pecado de los ángeles, el pecado de nuestros primeros padres y por último el pecado mortal único de un alma que se condenó por ese solo pecado, de lo cual no tenemos seguridad, pero probablemente alguno existirá. Lo cual muestra lo espantoso que es el pecado).
Después, San Ignacio hace una meditación de seis puntos en que se considera la maldad del pecado en sí mismo. Después suele hacer una meditación sobre el Hijo Pródigo. No hace primero la meditación del Infierno porque sea lo primero sino "para que si del amor del Señor Eterno me entibiare por mis faltas, a lo menos el temor de la pena me retraiga de caer en el pecado", o sea como una especie de "guarda locos" como dicen los franceses a esa especie de barandilla que se pone en los pisos altos para que ni un loco se pueda caer. Ese debe ser el papel que debe representar la creencia del Infierno para nosotros. No para aterramos sino para que sirva de espolín en nuestra vida espiritual
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lunes, 14 de marzo de 2011

R.P Castellani # 6

ENTRA SAN PABLO
"Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni mente humana pudo saber lo que Dios tiene preparado para los que le sirven".
II Corintios XII, 4 — "Si elegimos gloriamos (aunque no conviene) vendré a las visiones y revelaciones del Señor. Conozco en Cristo a un hombre, (se refiere a él mismo) que hace menos 14 años (si estaba en su cuerpo no sé, si fuera de él no lo sé. Dios lo sabe) que fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y sé que tal hombre (si en el cuerpo o fuera de él no lo sé, Dios lo sabe) que fue arrebatado hasta el Paraíso, oyó allí palabras arcanas, que no es permitido decir al hombre. . .". También Sta. Teresa, refiriéndose a la séptima morada, afirma que no se puede describir, que es inefable.
En el mismo San Pablo es frecuentadísima la mención de la Resurrección de Cristo "en quien todos hemos resucitado". Es el centro de la Revelación de Cristo y provoca en el apóstol un entusiasmo delirante (si me es lícito decirlo así). En nuestro bautismo, según él, hemos sido sumergidos en la muerte y en la Resurrección del Salvador, que hace a nuestro cuerpo superior no sólo al mineral, a la planta y al animal, sino también a los cuerpos no bautizados; es una semilla de la Resurrección que el Apóstol no vacila en llamar "cuerpo celestial".
Veintidós veces nombra San Pablo la Resurrección en sus Epístolas, conectando la nuestra con la de Cristo y la de Cristo con la Parusía o "resurrección de la carne", la cual el Apóstol no llama como nosotros "segunda venida" o Retorno de Cristo.
Un teólogo actual, un filósofo más bien, Adolfo Muñoz Alonso, en un libro que escribió sobre el Infierno que se llama "La cloaca de la Historia", toma de San Agustín esa idea; dice que no debemos decir "retorno de Cristo" porque Cristo no retorna; somos nosotros los que subimos a Cristo. Cristo no baja a la tierra por segunda vez. Somos arrebatados hacia El.
Copiaré uno de los textos principales (I Cor. XV 35). Todo el final de la I Epístola a los Corintios cap. XV— trata de la Resurrección; desde el versículo 35 dice acerca del MODO: "Dirá alguien ¿cómo resurgen los muertos y con qué cuerpo vendrán? "Ignorante, lo que tú siembras no revive sin morir pri mero. Y lo que siembras no es el cuerpo que vendrá sino un desnudo grano, como de trigo o de otros cereales. Dios le da a ello un cuerpo como le place, y a cada semilla su propio cuerpo.
"No toda carne es igual; una de los hombres, otra de los animales, otra de las aves, otra de los peces. Y cuerpos celestes y cuerpos terrestres, y una es la gloria de los celestes, otra de los terrestres. Pues una es la claridad del sol, otra de la luna y otra la de las estrellas; pues de una estrella a otra difiere la claridad; así en la resurrección de los cuerpos".
"Se siembran en corrupción (griego Fthora, podre) resurgirán en incorrupción. Se siembran en ignominia, resurgen en nobleza. Se siembran en debilidad, resurgen en virtud. Se siembra cuerpo animal, resurgirá cuerpo espiritual".
"Si hay cuerpo animal hay también espiritual, como está escrito: "Y fue hecho Adán .en psiquis viviente, mas el nuevo Adán en espíritu vivifica. Pero no primero lo que es espiritual, sino lo animal y después lo espiritual. El primer hombre de la tierra, terrestre; el segundo hombre, del cielo, celeste. Así pues, como hemos llevado la imagen del terrenal, llevemos también la imagen del celestial..." y sigue el arrebato y la gloriosa transformación de los resucitados.
Hay un pasaje difícil acá que no es necesario tomar literalmente o como una manera de decir de San Pablo. Dice que al venir Cristo resucitarán los muertos, no todos juntos, sino que los primeros que resucitarán será una tanda de muertos que son los martirizados por el Anticristo y que han sido constantes en la persecución al mismo tiempo, dice San Pablo, los que vivimos, los que estemos en la tierra, saldremos al encuentro de Cristo Glorificado en el aire. Ahora qué quiere decir eso, no lo sabemos. San Pablo creía que la Parusía estaba cerca, como lo creían todos los primitivos cristianos. Entonces creía que iba a vivir cuando se produjese la venida de Jesucristo. Entonces dice que resucitaremos después de morir un instante, porq;ue nadie se escapa de la muerte. Para resucitar es necesario morir primero. Y saldremos al encuentro de Cristo por los aires. Algunos dicen que eso es una manera de decir, en tanto otros sostienen que es literal.
La filosofía griega, desde Pitágoras hasta Plotino, había deducido la inmortalidad del alma, de que ella era inmaterial y simple, como ella se manifestaba a la conciencia. Analizando el acto intelectual del hombre veían que era simple e inmaterial, que no estaba sujeto al espacio y que no estaba compuesto de partes. Por lo que decían que el alma que lo produce no podía descomponerse porque para descomponerse hay que tener partes. Pero los hebreos no hablaban nunca del alma; siempre hablaban del hombre entero, hablaban de la resurrección de la carne, como decimos nosotros. No creían que el cuerpo, solo, materialmente, iba a resucitar. Naturalmente, el hombre solo no podía hacerlo. Por eso Jesucristo les dijo a los saduceos cuando vinieron y le pusieron una dificultad referente a quién pertenecía la mujer viuda que había casado con varios hermanos sucesivamente: "Insensatos, erráis porque ignoráis la Escritura y el Poder de Dios..." La secta de los saduceos negaba la resurrección como los incrédulos actuales que son ambos los adversarios deste dogma, el final y la cúspide del Credo.
Después de San Pablo remata nuestra tesis la Epístola I de San Juan (III 2)
"Carísimos, nosotros somos ya ahora
Hijos de Dios;
Pero lo que seremos algún día
No aparece todavía
Sabemos sí que cuando se manifieste
Seremos semejantes a El
Porque lo veremos como El es..."
Por la visión beatífica seremos unidos al Ser de Dios y seremos como dioses, es decir semejantes a El. Esta es la promesa falsa que hizo el diablo a Eva. No se puede decir cosa mayor que esa. Seremos unidos íntimamente porque los espíritus se unen por el intelecto y el nuestro, confortado con una ayuda especial llamada el "lumen gloriae" o luz de la gloria, se fusionará con el Creador con una fusión espiritual que no solamente no hemos visto nunca, sino que no podemos imaginar siquiera, como dice San Pablo. San Pablo dice que no se puede contar lo que le pasó cuando estuvo en el tercer cielo. Sta. Teresa habla de seis o siete maneras de oración extraordinaria. Hubo muchos místicos que no supieron explicar el grado de oración extraordinaria, pero Sta. Teresa lo explicó magníficamente. Primero de recogimiento, después de quietud, tercero de unión (que tiene tres o cuatro grados, el arrobamiento, el desposorio espiritual, el matrimonio espiritual). La sétima morada renuncia a explicarla como imposible, pero tiene una comparación: que hay tres maneras de unión con Dios, como por ejemplo dos velas que se pueden unir por las llamas, después hay otra unión más nítida que es juntando las dos velas y la tercera es la más subida, es decir, fundiendo las dos velas sin que desaparezcan las dos llamitas, sin que la personalidad humana sea aniquilada o deshecha por la personalidad de Dios, sino que las dos personas permanecen cada una ella misma, pero lo que se siente y lo que se ve se funde en Dios de tal manera que no se puede separar.
¿Pero, me ha dado Dios vestigios o ejemplos de ese sublime y divino estado a que estamos destinados? Sí, en el mismo San Pablo, cuando fue arrebatado al tercer cielo. Una antiquísima tradición o doctrina teológica enseña que Moisés (como está escrito en el Antiguo Testamento) y San Pablo, (como este mismo dice) vieron a Dios cara a cara, o sea en su propio ser y no por espejos o enigmas como nosotros. A esto se oponía lo que dijo el mismo Dios: "Nadie puede ver a Dios en esta vida y seguir viviendo". Se abrió una discusión interminable sobre este punto, desde San Agustín, cuya opinión varía desde la juvenil a la de la madurez. Habían aparecido dos nuevos candidatos a la visión de Dios en esta vida, San Benito y ¡abajo los sombreros! la Santísima Virgen María. Sto. Tomás instituye un análisis profundo y minucioso en varias obras, sobre todo las dos Summas, cuyas conclusiones últimas parecen ser:
1 —Milagrosamente. Dios puede conceder un cachito de la visión beatífica en esta: vida, como sin duda concedió a San Pablo.
2 — Esta visión es fugaz como un relámpago, imperfecta y rarísima.
3 — Solamente puede darse en un rapto, o sea medio fuera de la vida ("si estaba en mi cuerpo no lo sé, si fuera de mi cuerpo no lo sé, Dios lo sabe"). De María Santísima no dijo nada Sto. Tomás, no quiso meterla en cuestiones a la Reina de Cielos y Tierra, pero antes había dicho en la Summa (III qu, 27, a, 5) que Ella recibió toda la plenitud de gracias que pueden caber en una criatura, lo cual ya había indicado el Ángel ("llena de gracia").
Pero después surgieron otros candidatos: Adán, los fundadores de las órdenes religiosas como San Ignacio (que dicen tuvo en Manresa un rapto de siete días) es dudoso esto; un rapto debe haber tenido, pero de siete días ya es mucho decir. Y como no tenemos más testimonios que los de los vecinos de Manresa que lo dieron por muerto, no es tan seguro como el testimonio de Sta. Catalina de Siena, que estuvo tres días como muerta, de tal manera que la iban a enterrar y cuando despertó se encontró con que le habían puesto ya la cera en los ojos para enterrarla.
Dijo que había tenido un rapto y dictó —porque no sabía escribir— su obra principal que se llama "El diálogo". Este rapto sí lo creo. También tuvieron raptos San Juan de la Cruz y la postrera pero no la última (last but not least) Sta. Teresa de Ávila, la que también habla de un rapto y dice que incluso el cuerpo pierde calor y queda como muerto.
Dios hizo para nosotros un milagro que debe faltar poco para no ser igual a la creación del mundo. Una santa que era a la vez una gran escritora, capaz de analizar su interior mejor que Sto. Tomás, la cual hizo el análisis de la "oración extraordinaria", como ya he dicho, hasta llegar a la Séptima Morada o Cumbre de Contemplación (o Muerte Mística para Sta. Catalina de Siena).
Y desta cumiare Sta. Teresa dice lo mismo que San Pablo, que no es posible decirla ni describirla, ni explicarla, ni entenderla, y que ella cree que es descubrir en un relámpago fugitivo alguito de lo que ha de ser nuestro destino eternal. En cuanto a la excelencia deste favor extraordinario y momentáneo no tiene palabras para ponderarlo, ni yo tengo palabras para recordar lo que han dicho de él algunos demoníacos contemporáneos, como Pierre Janet, Leuba y los argentinos Ingenieros y el Dr. Ombra Bella, que desprecian todos los fenómenos místicos de los santos y lo atribuyen a cualquier cosa, como Freud a la sexualidad.
Sin embaído, por grande y pasmosa que sea esta rarísima y excepcional experiencia que se da solamente "per modus actus, no per modus habitus", es decir que se da en un acto momentáneo y no queda luego como hábito, es mayor lo que dice San Juan que seremos "semejantes a Dios" y fundidos y asimilados a El como si fuésemos El mismo.
Y llegamos por fin al Apokalypsis, que al fin y al cabo tiene por asunto la resurrección de los muertos y todo lo que la precede. Y todo lo que nos describe del cielo son los cuatro animales, los veinticuatro ancianos y millares de ángeles que están rodeando el trono de Dios con cítaras canta que te canta; que nos hacen acordar lo que dijo el chico a la madre que le explicaba la gloria del cielo; "mamá, y si nos portamos bien toda la semana; ¿el domingo podemos ir al infierno a divertirnos un poco?".
En efecto, cuando llega el momento de mostrarnos el mundo de los resucitados, el Vidente no describe gran cosa, describe una gran casa o palacio que baja del cielo y asienta en el Monte Sión, edificada "ex vivis et electis lapídibus" que dijo San Pedro, de electos y vivientes sillares. Cada una de las almas en su lugar, componiendo una armonía perfecta. Pero la ve como una casa o palacio, que no dice nada. Si va a bajar realmente del cielo una ciudad de 16.000 millas cuadradas, de medidas inverosímiles, 12.000 estadios de anchura, longura y altura —o sea en forma de cubo— no lo sé ni me importa mucho. En realidad es un símbolo que a algunos no les gusta mucho por ser "una ciudad mineral, una ciudad fría y metálica", como dijo el Canónigo Viñas; un símbolo del mundo nuevo de los resucitados, pues dice la Voz Magna —Velay la morada— De Dios con los hombres — y ellos serán su pueblo — Y El con ellos su Dios. Y los ladrillos desa casa son todos piedras preciosas y oro.
Las basas, que son doce, son de jaspe, zafiro, jalcedón, esmeralda, cornalina, sardón, crisólito, berilo, topacio, crisópaso, jacinto, amatista. Y las 12 puertas ¡cada una perla! Menos mal que hay también un río de Aguas de vida, y del río aquende y allende el Árbol de la Vida que da doce frutos, cada mes un fruto y las hijas del árbol medicina para las gentes.
Pero lo que a mí más me contenta es que "no entrará nada manchado en ella" —en la Nueva Jerusalén— ni los que hacen asquerosidad y mentira y lo que es más, en esta "morada de Dios con los hombres" no habrá más enfermedades, "pues la muerte ya no será". Y secará Dios las lágrimas de sus ojos. Ni el grito ni el luto ni la pena, ya no serán. Porque lo de antes pasó. Con esto, aunque sea negativo, a mí me basta. Si hay más ya lo veremos.
El gaucho uruguayo Salaberry —mi maestro de filosofía de quinto año— decía que lo que más le contentaba era el dote de agilidad.
La agilidad es la posibilidad de moverse instantáneamente de un lado a otro. También los resucitados tendremos las cuatro dotes que mostró Cristo Resucitado a saber: impasibilidad (no poder sufrir, ni enfermarse, ni morir) agilidad, que ya lo dije, sutileza, poder pasar por los cuerpos sólidos como pasaba Cristo en el Cenáculo, y claridad o belleza. Con el don de agilidad podremos viajar por todos los astros desta galaxia y las demás y comprar un lotecito, digamos en Júpiter, con una casita para recibir visitas de compinches; pues en todo el Universo sí que habrá espacio para los miles de millonadas de salvados.
Mark Twain hace una sátira bastante estúpida de la Resurrección, diciendo que no cabrán todos los resucitados en esta tierra. Pero quién le dice a él que vamos a estar todos en esta tierra. Podremos estar en todas partes, donde queramos. Este escritor, con ese cuento que se llama "La Visión del Capitán Ringless" o algo así, cree postrar a la Iglesia diciendo estupideces. Lo cierto es que en la Nueva Jerusalén del Apolaketa, simplemente no cabe ni la millonésima parte de los resucitados, dicho con todo respeto. La Resurrección es más verdadera que el triste, hecho que todos habernos de morir. De modo que podemos morir tranquilos.
LA SANTIFICACIÓN
El Espíritu Santo es Vero Dios.
En Dios hay tres Personas.
El Espíritu Santo Santifica.
EL espíritu santo ES VERO DIOS.
El Espíritu Santo es Dios:
Hay que probarlo, pues ha sido un desconocido durante mucho tiempo. Recién al final de su vida Cristo comenzó a afirmar que el Espíritu Santo era Dios, y que provenía de El y del Padre, lo cual trajo después un tremendo cisma, el cisma griego, que no quería saber nada con que el Espíritu Santo procediera también del Hijo: tenía que proceder solamente del Padre.
Que Jesucristo es Dios ("el Hijo de Dios") lo hemos probado en la primera tesis. Que el Padre es Dios nadie lo duda, ni los judíos con su estrictísimo monoteísmo, ni Jesús que lo llama Dios de continuo, ni hereje ninguno, sino sólo los ateos.
Los adversarios de esta tesis son Macedonia (año 360) que fue un arzobispo usurpador de Constantinopla, puesto fraudulentamente por el Emperador arriano Constancio, hijo de Constantino, el último de los hijos que sobrevivió. Fue precedido por Arrio y seguido por muchos arríanos y semiarrianos a quienes San Atanasio llamó "Pneumatómajos" que significa los que matan el espíritu. Arrio había dicho que el Espíritu Santo había sido creado de la nada por el Hijo, siendo así que Dios no puede delegar el poder de creación en nadie. Dios no puede comunicar a una criatura el poder de crear y el Hijo, según Arrio, era una criatura del Padre.
Por supuesto, todos los que niegan la Trinidad niegan el Espíritu Santo. Estos son: 1°) los monarquianos (que dicen que hay una sola persona); los racionahstas (que también niegan la Trinidad) y los sabellianos (Salebio dijo que las tres personas eran tres modos de Dios, como tres nombres y eso lo dijo entre nosotros Leopoldo Lugones mucho tiempo; casi hasta el fin de su vida afirmaba que en Dios había tres cualidades que eran Verdad, Bondad y Beldad.
Yo lo visité mucho al hermano mayor Santiago Lugones antes de morir, porque la señora me llamaba y al final terminé por confesarlo dificultosamente y después la familia hizo venir el viático. Había hecho una poesía en que decía que Dios era, como he dicho. Verdad, Bondad y Beldad. Pese al error la poesía era hermosa). 2°) Los que niegan la divinidad del Espíritu Santo (Pneumatómajos) y 3°) Los que niegan la unidad (los triteistas que creen que hay como tres dioses).
Y en nuestra imaginación todos los somos un poco, pues en nuestra imaginación los representamos no sólo como tres personas distintas sino también como tres sustancias diferentes. Y no podemos hacerlo de otro modo, es imposible para nosotros imaginamos una sustancia o naturaleza con tres personas. No podemos ni siquiera tragarlo eso. Más aún los que nos hemos formado en la filosofía griega. Se enumera al Gran Rosmini Serbate, como uno de los adversarios del Espíritu Santo, pero es una calumnia.
El misterio de la Unidad y Trinidad de Dios ha sido objeto de una especulación complicadísima, mayor que ningún otro. Hay que leer los libros que he conservado yo de mis estudios, para ver lo" difícil que son, aún hoy, después de haberlos estudiado y releído. Toda esta complicación se debe 1°) Al enjambre de herejías de los cinco primeros siglos; 2°) Al cisma griego del siglo IX; 3°) Al racionalismo y al modernismo actual. Yo, si me preguntan cuál es el esquema o quisicosa diría: En Dios hay UNA natura, DOS procesiones, TRES personas, CUATRO relaciones y CINCO nociones y podría explicarlas mal que bien, pero si me preguntan qué es la "Circumincesión" o la "perijosis" no lo sé; y nunca lo he sabido, salvo dos horas antes del examen.
LAS CINCO NOCIONES SON:
1°) la inmacibilidad que es propia del Padre,
2°) la paternidad,
3°) la filiación, que son propias del Padre y del Hijo respectivamente,
4°) la expiración común, que es la relación del Padre y el Hijo con el Espíritu Santo y
5°) La procesión que es la aparición del Espíritu Santo, su nacimiento o como quieran llamarlo, aunque propiamente no es eso pero lo conciben como una expiración, como si fuere soplado.
La prueba de que el Espíritu Santo es Dios, es que, después de aparecerse dos veces visiblemente, en el Bautismo de Cristo y en Pentecostés, (lo cual no probaría que es Dios) Cristo habla del Espíritu del Padre y suyo como una persona distinta a la que atribuye atributos divinos. Los Apóstoles lo llaman Dios explícitamente. Cristo le atribuye al Espíritu Santo, poco a poco, especialmente en sus últimos sermones, en la Ultima Cena, atributos divinos: que inspiró a los profetas, que inspiró también a los libros sagrados; el Ángel le atribuyó el nacimiento del Hijo de Dios. Hablaremos más tarde de una cosa curiosa que es la apropiación. Todos dicen que las obras de Dios "ad extra", hacia el exterior, es decir hacia nosotros, proceden de las tres divinas personas a la vez, sin embarco se ha hecho la costumbre en la Iglesia, de apropiar una obra al Padre que es la Creación, otra obra al Hijo, que es la Redención y otra el Espíritu Santo qué es la justificación, siendo así que todas las obras proceden de las tres personas a la vez, de un solo Dios.
San Juan XV —26— "Cuando viniere el Paráclito Consolador —dice Jesús— que yo os mandaré desde mi Padre, el Espíritu de Verdad, que procede del Padre, El prestará testimonio de mi..." Aquí Jesús indica de paso que el Consolador procede del Padre y del Hijo, como creemos nosotros y negaban los cismáticos griegos (“Filioque").
"Id y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. . ." El "nombre" está en singular y los tres apelativos son un plural; y no dice "en los nombres". San Agustín dice: "Fíjate en el "nombre" y fíjate en el "somos'. "Estos dos textos principales bastan para probar la divinidad del Espíritu Santo".
"Et in Spiritum Sanctum dominum et vivificantem, qui ex Patre Filióque procedit. . ."(Y en el Espíritu Santo, señor y vivificador, “que procede del Padre y del Hijo" —Credo de Nicea). Esta palabra "y el Hijo" (Filioque) sirvió para separar de la Iglesia millones y millones de fieles. El "que" es una preposición copulativa, que se pone detrás de las palabras en lugar de ponerlas entremedio de ellas.
Primero Focio, obispo usurpador de Constantinopla, noble y erudito, pero ambicioso, pérfido y cruel; y después de su muerte Miguel Cerulario, separaron de Roma toda la Iglesia de Oriente inventando una iglesia independiente que se llamó "la religión ortodoxa". Digo que se llamó porque ya no existe, los bolcheviques la han disuelto. El pretexto fue que Roma había caído en herejía, diciendo que el Papa enseñaba que el Espíritu Santo procedía del Padre y del Hijo y no del Padre solo; y la prueba era que en España habían añadido el "Filioque" (y del Hijo) que no estaba antes. Por esa palabrita negaban la obediencia a la Santa Sede. Pero eso es un pretexto. No sabemos nada de la realidad de Dios; repetimos lo que hemos leído en los Evangelios.
La verdadera causa no era esa palabrita o pedacito de palabra, la verdadera razón era la rivalidad mortal que existía entre Roma y Constantinopla, las dos capitales del Imperio. Roma había sido la Capital y estaba arruinada por los bárbaros, pero seguía siendo la capital de la religión.
Entraron otras herejías y también aberraciones morales en la Iglesia griega, después rusa. Hubo un gran escritor español, que ha estudiado el estado del cisma griego hasta
hace unos diez años, señalando que se corrompió de una manera extraña, terrible. Esas aberraciones se pueden encontrar por ejemplo en Dostoiewsky. El sacerdocio —los popes— echaron a perder la iglesia griega y el pueblo siguiéndolos se corrompió también. Se hicieron dos grandes tentativas para reunir a las dos grandes Iglesias; una por parte de San Buenaventura, compañero de Santo Tomás, estuvo a punto de tener éxito, en el siglo XIII en el Concilio de Lyon y la otra en el siglo XV en el Concilio Florentino, pero fracasaron ambas. El "Filioque" se había perdido ya de vista.
En realidad, como ya dije, el "Filioque" fue un pretexto que tapaba los profundos motivos de política y ambición; de la rivalidad profunda entre la Capital del Imperio, la suntuosa Constantinopla y la mísera y arruinada Roma, Capital de la religión: De manera que cuando el Emperador Miguel II el Beodo escribió al Papa Nicolás I protestando contra algunas decisiones enérgicas que tomó en el larguísimo pleito con Oriente, dice:
1) Que los Emperadores habían usado siempre con el Papa la palabra "mandamos".
2) Que la lengua latina era una lengua bárbara.
3) Que la Nueva Roma (así llamaban a Constantinopla) no era inferior a la sede de los Papas, sino superior si acaso.
4) Que el Patriarca Ignacio había sido depuesto con todo derecho por Focio, Lo había depuesto de mala manera para ponerse él. El Patriarca Ignacio fue un gran sacerdote que soportó la deposición y el destierro todo el tiempo que pudo pero Focio le quitó la sede.
La cama donde se echó Focio, que tuvo dos triunfos y fue Patriarca dos veces, porque vino un emperador bizantino que lo echó en un momento dado y volvió a poner a San Ignacio y después volvió a triunfar Focio y se metió de Patriarca y se portaba como si fuera un Papa; era una corte corrompida, un gobierno acostumbrado a meterse en el gobierno eclesiástico y un clero presuntuoso envidioso y al final también corrupto. El Papa envió dos legados para tratar de arreglar las cosas y tratar con esa gente tan difícil, pero eran embaucados o corrompidos, a veces los engañaban y a veces los corrompían con dinero. Cuatro Papas lucharon contra esta situación enredadísima, Nicolás I el Grande, Adriano II, Juan VIII y Formoso I.
El cisma cesó provisoriamente para fijarse definitivamente en el siglo siguiente con Miguel Cerulario.
Focio fue un hombre gigantesco, como Lutero, aunque fuera para mal. Murió olvidado y encerrado por León VI, hijo adulterino de Miguel III el Beodo y la mujer del Basileus Basilio (Mejor es llamar al Emperador Basileus y a Constantinopla Bizancio, aunque se pierde aquello de
"Al Arzobispo de Constantinopolis
Lo quieren desarzobisconstantinopolizar,. .")
Siguió un período de poca amistad entre Roma y Bizancio, con Basileus ejerciendo el cesaropapismo; o sea, metiéndose en el gobierno eclesiástico y con excomuniones (cada Iglesia se la pasaba excomulgando a la otra), con los árabes por un lado y los visigodos por otro invadiendo las fronteras, hasta que llegó el Patriarca Miguel Cerulario en 1402, el responsable de la ruptura definitiva.
Era muy diferente de Focio; era iletrado, violento y ferozmente antilatino. Para qué contar la serie de choques y rencillas con el Papa. Baste decir que al fin amotinó al pueblo contra los legados del Papa que tuvieron que huir y reunió un "sínodo" que excomulgó al Papa y a su Iglesia, acusándola de no venerar a San Basilio ya San Juan Crisóstomo, de afeitarse la barba, guardar el celibato y no casarse como sus sacerdotes, tomar leche los miércoles y comer huevos los viernes en vez de ayunar; y sobre otras cosas así, la tremenda herejía del Filioque, que nadie sabía lo que era pero todos le tenían horror.
Le habían infundido al pueblo horror a esta palabra aunque no sabían qué quería significar, ni lo supieron, ni les importaba nada que procediese el Espíritu Santo del Padre y del Hijo. Solamente la Iglesia de la Nueva Roma mantenía la fe, según este sínodo, la cual se convirtió en la Religión autodenominada "ortodoxa" o sea "que piensa bien". Ortodoxia significa opinar rectamente. Murió en 1058, dejando una religión nueva que duró 10 siglos y pronto se llenó de basura y perros muertos; hasta que la hicieron trizas los bolcheviques. Los bolcheviques no nacieron de Carlos Marx sino de esa pésima situación de la Iglesia Rusa. No les importaba nada Carlos Marx, lo que les importaba era mandar, gobernar, tiranizar e independizarse.
¿Qué hay de verdad en el "Filioque"?
Un Concilio, el ecuménico II de Constantinopla, no nombró al Hijo por un casual, pero desde siglos antes los Padres Orientales, lo mismo que los occidentales, enseñaban en los concilios y en sus textos que el Espíritu Santo procedía del Padre y del Hijo, con esta fórmula: "procede del Padre por el Hijo" y esa forma han querido renovarla varias veces, por ejemplo algunos rusos como Soloviev, que quiso juntar la Iglesia Rusa con la Romana: un gran filósofo, el único filósofo que han tenido los rusos, muy devoto, un santito, que toda la vida luchó para unir las dos iglesias diciendo que la de Roma era la verdadera, que ellos estaban mal.
Soloviev
Luchó muchísimo y lo único que consiguió fue que sus compatriotas lo persiguieran; de todas maneras no pudo parar en Rusia ni pudo editar un solo libro suyo en ese país, debió editarlos en Francia.
En Roma tampoco le hicieron caso. Resulta que el Cardenal Merry Del Val lo desdeñó.
Murió en 1900 justo y entró en la Iglesia Católica antes de morir, haciéndose dar los sacramentos por un sacerdote católico aunque él creía que los sacerdotes rusos también consagraban válidamente, lo cual es muy probable.
En fin, al pueblo no le importaba esta disputa, de si el Espíritu Santo procede del Padre por el Hijo, etc., porque "al fin y al cabo nosotros no tenemos que darles de comer".
Los españoles, siempre vehementes, ya desde el año 380 en el "De fide Dámaso” decían "del Padre y del Hijo", lo cual se dijo en todas partes menos en Roma, donde Carlomagno lo prohibió, por no indisponerse con los orientales; pero después León III, Papa, lo hizo grabar por todas partes en latín y en griego; hasta que Focio en el año 867 reunió un Concilio en Santa Sofía y excomulgó al Papa. El Papa a su vez reaccionó, juntando a los
Obispos de Germania que le levantaron la excomunión y aprobó el Filioque y ahí está todavía en nuestro Credo "Qui ex Patre Filioque procedit".
¿Cómo se prueba el Filioque?
En la Escritura tenemos que es "el Espíritu del Hijo", el cual lo "envía", lo "recibe" y lo "oye".
Primera Epístola de San Pedro, Primer Capítulo: "De la cual salud han exultado los profetas, que significaba en ellos en aquel tiempo el espíritu de Cristo".
San Juan, Capítulo 16: "Cuando viniere el Espíritu de Verdad no hablará de suyo sino que lo que oye lo hablará de Mi. El me calificará, porque recibirá de Mí y os anunciará a vosotros. Yo lo que oí a mi Padre eso lo anuncio en el mundo". De manera que aquí aparece como el Espíritu del Padre.
Y si en vez de proceder del Padre y del Hijo procediera tan sólo del Padre ¿Qué pasa? A mí nada. A Focio tampoco. Lo que le interesaba era ser Patriarca, como a Miguel II el Beodo, mandar en su tierra más que el Papa.
Tremenda es la justicia de Dios porque esta gente que hizo el gran crimen de separar millones de personas de la Iglesia Romana y con eso romper a una gran nación, acabó en lo que hemos visto, ahora es una morada de Satanás.
Para terminar recordemos los nombres espléndidos que la Iglesia prodiga al Espíritu Santo en los dos hermosos himnos latinos que se cantan en su Misa:
􀂾 Padre de los pobres
􀂾 Dador de dones
􀂾 Luz del corazón
􀂾 Consolador Optimo
􀂾 Dulce huésped del alma
􀂾 Dulce refrigerio
􀂾 Descanso en el trabajo
􀂾 Templanza en los ardores
􀂾 Consuelo en el llanto...
􀂾 Tu llamado el Paráclito
􀂾 Don del Dios Altísimo
􀂾 Fuente viva, fuego amor.
􀂾 Unción Espiritual.
􀂾 Dedo de da diestra del Padre.
􀂾 Y su promesa segura.
EN DIOS HAY TRES PERSONAS
El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no son una sola persona, son una sola sustancia o hipóstasis.
Hemos encontrado tres personas divinas, que son Dios en el más estricto sentido de la palabra y ahora nos dicen que las tres son una sola cosa. Nos abocamos al misterio, un misterio inmenso. En cierto modo es más difícil que el misterio de la eternidad de Dios, porque al fin y al cabo esta idea los griegos la profesaban, pero la unidad de Dios en tres personas no fue concebida por nadie. Si Santo Tomás siguió a Aristóteles, fue separándose de él en la noción de hipóstasis y persona.
Aristóteles, llamado "El Filósofo" por antonomasia, había enseñado en Grecia primero, después en Europa por medio de los árabes y de los grandes italianos medievales la teoría de la "personalidá", como dice el uruguayo; y he aquí que viene la religión cristiana a chocarlo:
¿Puede haber tres personas que poseen una misma natura?
—No —dice el Filósofo— Persona es una sustancia individua de natura racional. Donde quiera haya una natura racional completa allí hay una persona y viceversa.
Esta sería la respuesta de Aristóteles si uno le hablara.
—¿Y si yo te dijera que hay tres personas en una sola natura?
—No es posible.
—¿Y si yo te dijera que estoy seguro de eso?
En la tierra nunca se ha visto —diría Aristóteles.
— Yo no digo en la tierra. ¿Es enteramente idéntico, en la cosa y en el concepto, la natura y la persona?
—No. La persona añade algo sobre la natura.
—¿No podría haber tres hipóstasis o supuestos participantes de una sola naturaleza común?
—No lo sé, diría Aristóteles. No puedo creerlo. Y no lo puede saber. Porque es cosa de Revelación.
Este es el atolladero con que nos encontramos hace 20 siglos, más los filósofos que el vulgo. Al vulgo no le importa mucho. Generalmente procede como si fuesen tres dioses y nada más.
LOS FILÓSOFOS ADVERSARIOS DEL MISTERIO DE LA TRINIDAD SON PRINCIPALMENTE:
1°) Los que niegan las personas, convirtiéndolas en "modos" o aspectos de la Divinidad: son los "modalistas" o "sabelianos" de los que ya hablamos.
2°) Los que niegan la unidad, poniendo tres dioses, que son los Triteistas, que existieron también.
3°) Algunos más curiosos, los que niegan el misterio, creen que eso puede entenderse con humanas entendederas, por lo menos después de haberlo revelado Dios. Creen que se puede probar con la razón una vez que lo sabemos. Aquí hallamos dos hombres muy excelsos, casi santos: el mallorquín Raimún Lull, (beato Raimundo Lulio) en el siglo XIII y en nuestros tiempos el Venerable Antonio de Rosmini Serbati; marqués, fundador de órdenes y muy gran filósofo.
Otro sabio como ellos pero no santo ni de lejos es citado junto a ellos por la historia de la Filosofía, el famoso Pedro Abelardo, del Siglo XII, espíritu agudo, aventuroso y travieso, pero en sus obras mayores, que tengo, es del todo correcto acerca del misterio trinitario. Debe haber sido una de tantas escapadas o corbetas, nacidas de su manía por la dialéctica; era un maravilloso dialéctico, es decir disputador, con la cual empero inventó la solución del famoso "problema de los universales", que más tarde recibiera Santo Tomás.
El problema de los universales ocupó muchísimo a los medievales, problema que había sido resuelto por Aristóteles en forma oscura y somera. Consiste en cómo se forman los conceptos universales, siendo así que nosotros no vemos más que cosas singulares, no vemos ningún universal. Y el que vio un universal y muchos universales, que fue Platón, era recusado por Aristóteles y por todos los medievales.
Negaban las ideas puras de Platón, que eran universales pero que subsistían como sustancias. La vida de Pedro Abelardo fue un torbellino, no solamente la castigó con ferocidad el canónigo tío de Eloísa, sino que ha tenido un castigo póstumo en la Argentina, Arturo Capdevila le escribió una biografía de cachivache con el nombre "Del infinito amor". No sabía nada, ni de Abelardo, ni de lo que escribió Abelardo, ni de la filosofía, ni de nada. Escribió algo así como un reguero de miel o de agua con azúcar.
Los "modalistas" afirman que esos tres nombres son eso solo, "nombres" o aspectos de un solo Dios. Tuvimos entre nosotros, como ya dije, al pobre Lugones, Leopoldo, y mucho más acérrimo a su hermano mayor Santiago, para quien la Trinidad era la Bondad, la Verdad y la Beldad o Belleza. "La Belleza es el resplandor de Dios en la armonía de lo creado", repetía el poeta. Y su hermano mayor escribió un poema breve y muy hermoso sobre esta idea. Claro que es más fácil
Los "modalistas" antiguos o sabelianos o negaban la distinción de personas (Sabelio, los patripasianos) o negaban la divinidad de dos personas (Arrio) o la de una (Macedonio).
Los trieteistas, tres dioses, eliminaron también el misterio suprimiendo la unidad de Dios como los antiguos paganos; los principales fueron Philopón, Roscellín el adversario de Abelardo, el Abad Joaquín de Floris en la Edad Media y Gunther en nuestros días.
El concepto de la unidad está inserto en el Credo Niceno y en todos los credos.
PRUEBA:
El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son nombrados por Jesucristo y después interminablemente por los Apóstoles y toda la Tradición, son:
1) Personas, porque viven, entienden, quieren y obran.
2) Diversas, porque se oponen entre sí por la procedencia; el Hijo procede del Padre, el Espíritu procede del Padre y del Hijo, "es el amor del Padre y del Hijo" decimos.
3) Son un Dios, porque así son explícitamente llamadas y decoradas de atributos divinos.
4) Son uno porque Dios infinito es uno solo, como profesaba el férreo monoteísmo judío que Cristo afirmó y no negó; y porque parecía negarlo al afirmarse como Dios, fue llamado blasfemo y condenado a muerte. "Ego et Pater unum sumus" "oye el Unum y oye el sumus, y huirás de Scilla y Caribdis", dice Agustín. Es decir, que aunque a Pilatos le dijeran otra cosa, en el Tribunal del Sanedrín lo condenaron por blasfemo.
San Mateo. "Bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo".
Efesios, III, 14, "Dobla la rodilla al Padre y a nuestro Señor Jesucristo en el cual toda la paternidad en el Cielo y en la tierra es nombrada".
Juan V. "Ut simus in vero Filio ejus".
LA RAZÓN TEOLÓGICA
1°) Es imposible que Dios no conozca y no ame.
2°) Conociendo y amando es imposible no se conozca y ame a sí mismo.
3°) Su conocer y su amor son sustancia, son personas, no pueden ser accidentes o meras potencias, como en nosotros. Son su misma naturaleza y sin embargo son entre sí distintos, como en nosotros, esas dos potencias (o sea accidentes) el intelecto y la voluntad que son distintos entre sí, no son sustancias, son accidentes, son potencias, facultades.
4°) La mejor imagen análoga que podemos hacemos de la Trinidad es nuestra alma. El Yo se siente ser y así es nuestro verbo o auto conocimiento (La Conciencia de los psicólogos). El yo ama a ese Verbo o retrato propio, y ese es nuestro Querer Vital del que dependen todos nuestros quereres (o sea la Tendencia de los psicólogos).
Esta es la famosa comparación de San Agustín. Este advertía que no es más que una analogía pero se parece mucho al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Objeciones: Hay muchísimas porque es un misterio, de manera que pueden inventarse objeciones hasta cansarse.
Por ejemplo ésta que ha tenido mucho éxito, porque lo ha acobardado al gran filósofo Francisco Suárez. "Dos cosas iguales a una tercera son iguales entre sí. Más el Padre y el Hijo son iguales al Espíritu Santo. Luego son iguales entre sí. . .".
Los tres son iguales hay que decir. Aquí dio un tropezón Suárez: dijo que ese axioma vale en lo natural pero no vale en lo sobrenatural.
Pero un axioma metafísico tiene que valer siempre y en todo lugar, no puede tener excepciones. Un axioma metafísico es enteramente ínexceptuable. No puede dejar de valer en este mundo ni en el otro. Los axiomas metafísicos, como por ejemplo todo lo que procede es de otro", porque no hay efecto sin causa, como decimos, no puede tener excepción ninguna. Estos axiomas metafísicos son la base de la filosofía y también de muchas otras ciencias como las matemáticas, se perciben inmediatamente con la sola lectura de sus términos, no tienen demostración, no necesitan demostración, basta que a uno le anuncien bien los términos de un axioma metafísico para que uno vea que eso tiene que ser así.
Mejor es decir: pero yo digo que los tres son iguales, no solamente el Padre y el Hijo son iguales, los dos son iguales en cuanto a la naturaleza pero difieren en cuanto a las personas. Para igualar dos cosas a una tercera hay que igualarlas en el mismo plano o concepto. Si Usted me dice: "El Padre y el Hijo son iguales al Espíritu en cuanto personas..." niego.
Son personas diferentes, en cuanto concepto.
— ¿Y en qué se diferencian?
—En la relación. Las personas en Dios constan de relaciones.
Esta es la parte más, sólida de la teología de la Trinidad. El mismo Jesús la indicó al llamarse con respecto a su Padre el Hijo, lo cual es una relación. Ser hijo es una relación. Las relaciones se basan en un hecho o en una cosa, pero ellas en sí mismas no son sustancia. Por ejemplo el orden de una biblioteca es una relación. Todos los órdenes que existen son relaciones. Una vez que está hecho el orden, existe, pero no hay sustancia. Es una categoría relación.
— ¿Y de dónde sacan que el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo están constituidos por una relación sustancial y no accidental?
—Diré buscando lo más sencillo: de las diez categorías de Aristóteles, una, la Sustancia y abajo de ella nueve Accidentes, la única que no repugna a Dios es la categoría "Relación"; todas las demás no pueden existir en Dios (los nueve accidentes son:
1. Calidad,
2. Cantidad,
3. Acción,
4. Pasión,
5. Relación,
6. Tiempo,
7. Movimiento,
8. Situación y
9. Hábito).
Ninguna puede convenir a Dios, porque son todos accidentes puros, pero la relación es un accidente que tiene referencia a otros, y eso puede ser sustancia en Dios.
La relación es ESSEAD, ser hacia, o sea algo que existe por referencia a otro; como por ejemplo la Paternidad y Filiación, el orden de una biblioteca, de un regimiento o cualquier orden.
Así en Dios existen las cuatro relaciones de Paternidad, Filiación y la doble de la procesión del Espíritu Santo (procesión significa procedencia, viene del verbo proceder en latín). La procesión no tiene nombre propio y le dicen espiración activa y pasiva. La espiración pasiva, que proviene de la doble espiración activa del Padre y del Hijo, es el Espíritu Santo.
Aquí comienzan a disputar los teólogos: Gregorio de Rimini por un lado, Duns Escoto por otro, Alejandro Hales, San Buenaventura, etc., se presentan cada uno con una sutileza. Basta que notemos a Santo Tomás: las tres divinas hipóstasis se distinguen por las relaciones que las originan.
En el Seminario en mi tiempo había un profesor muy sencillote, que enseñaba todo lo que le pusieran por delante. No sabía casi nada, ya ha muerto el pobre. Le dieron a enseñar el Tratado "De Deo Trino", y el primer día de clase nos dijo: "Miren, esto que vamos a aprender no sirve para nada; pero sirve para aguzar la inteligencia...". Servía para fatigar la inteligencia.

sábado, 12 de marzo de 2011

R P Castellani # 5

LA IGLESIA ES ESE REINO
El reino fundado por Cristo ha durado hasta nosotros y su nombre es la Una Santa Católica y Apostólica Iglesia Romana, o sea el Papismo.
Aunque el alabarse a sí mismo sea poco elegante, gracias a la gran fantasma protestante de la Iglesia Invisible tenemos que probar ahora que el Reino Visible de Cristo somos nosotros ni más ni menos, o sea la Una Santa Católica y Apostólica Iglesia que nombramos en el Credo de Nicea, que según los Santos Padres, antes de Nicea y después de Nicea son las cuatro "notas" (o propiedades "distintivas") de la verdadera Iglesia.
Esas cuatro notas las incluyeron los Padres Nicenos en su Credo que rezamos ahora; fueron usadas por San Agustín contra Donatistas y Montañistas y explicadas por el Cardenal Bellarmino y después de él por muchos, Billot el principal. En lengua moderna podemos decir que la Iglesia es intolerante, heroica, comprehensiva y jerárquica. Ver Isaías II 2.
Sucederá en días futuros Que el monte de la casa de Yaveh Será asentado en la cima de los montes
Y se alzará por encima de las colinas. Confluirán a él todas las naciones
Y acudirán numerosos pueblos
Dirán: Venid, subamos al monte de Yaveh
A la casa del Dios de Jacob
Para que él nos enseñe sus caminos
Y nosotros sigamos sus senderos
Pues de Dios saldrá la Ley
De Jerusalén la palabra de Yaveh.
Esta profecía se cumplió manifiestamente, porque no se puede ocultar una ciudad puesta sobre un monte, dió Jesucristo aludiendo a esta profecía. Y así la Iglesia no se ha podido ocultar nunca en el mundo sino que ha ido creciendo por todas partes, hasta ahora. Ahora no sé qué va a pasar, porque ha parado el acrecentamiento continuo. Pero probar que nosotros somos unos, santos, católicos y apostólicos es embrollado, porque eso es un hecho y necesita historia; o bien llamar de testigo a Mistress Elizabeth Ann Seton, la santa yanqui que han canonizado estos días; o los santos Nobbe y Contardo Ferrini del año pasado; o bien llamar a declarar a los tres santos argentinos, Mamerto Esquiú, Gabriel Brochero y Ceferino Namuncurá; los cuales no son ni serán nimca canonizados, porque no tienen plata y una canonización pide plata; por lo cual los que tienen chance de canonizarse son los fundadores o fundadoras de Ordenes Femeninas; y el P. Bustamante, fundador de las Esclavas Argentinas tiene más chance de llegar a lo que llaman "el honor de los altares" que el indiecito Namuncurá.
Una. Jo XVII 20 — "Pero no ruego solamente por estos sino también por todos los que han de creer en Mí por medio de ellos". De nianeía que Cristo ya preveía el crecimiento de la Iglesia y la unidad de la Iglesia detrás de la doctrina apostólica.
Santa. "Observad todo lo que Yo os he mandado. Sed perfectos como mi Padre del cielo es perfecto. La voluntad de Dios es vuestra santificación."
Católica. Jo XXVIII "Instruid a todas las gentes, bautizándolas, . . y enseñándoles a obseivar todo lo que Yo os he mandado. . ."
Apostólica. ROM. X 18 Han oído: "Cierto, su voz ha resonado por toda la tiena y hemos oído su palabra hasta los extremos del mundo." Esto dice San Pablo hablando a los romanos. Ya en tiempos de él en todas partes del mundo, es decir, del Imperio Romano que era el mundo conocido y civilizado, había llegado la noticia de la doctrina apostólica.
De estas cuatro notas, que San Agustín manejaba ferozmente contra Donatistas y Montañistas, la más fácil es la Apostolicidad y la más difícil la Santidad. Para la Apostolicidad basta tomar el "Dictionary of the Popes" de Donald Arwater con las vidas de los 260 Papas hasta Paulo VI; o mirar los medallones de los Papas (algunos conjeturales por supuesto) en la cornisa de la Iglesia de San Pablo Extramuros. (Entre paréntesis, los romanos dicen que en Roma hay solamente una catedral, una iglesia y un altar, a saber, San Pablo, la iglesia de San Ignacio en Via del Seminario, y el altar de San Ignacio en el Gesú de Piazza Gesú, porque San Pedro dicen es un circo, no una catedral.
Un gran crítico italiano, Silvio D'Amico, dijo que la iglesia de San Pedro no le ha dado ninguna devoción porque era una especie de una gran sala de espectáculos y no propiamente una catedral).
La Santidad. Yo no soy muy santo y en toda mi vida no he topado un solo santo verdadero e indudable. Cierto, he encontrado gente que tenía fama de santa pero santos indudables para mí no he encontrado. He encontrado muchísima gente buena, por supuesto, o gente que estaba en el camino de la santidad o casi en la santidad, pero propiamente en la santidad no he encontrado. Pero no quiere decir nada. Que la Iglesia Papista o Romana es una pura corrupción es el argumentó apologético de los "Hermanos Separados" desde Lutero hasta nuestros días.
Si entran en la Tate Gallery o Pinacoteca Moderna de Londres hallarán este único argumento protestante puesto en pintura en tres, cuadros, (uno de ellos de John Sargent nada menos) que representan a frailes españoles o italianos en plena juerga y en mala compañía; y lo mismo pintó con palabras el gran Kipling, el mayor cuentista del mundo después de Selma Lagerlof, en una colección que ahora no encuentro. Pero los italianos y españoles se han contentado con hacer chistes sobre los curas concubinarios o simoníacos. Por ejemplo aquel chiste de "a duro, el perdón para un alma del purgatorio": dicen en España que había en una aldea un cura párroco que puso una mesita fuera de la Iglesia y se sentó al lado con un gran letrero que decía: "A duro el perdón para un alma del purgatorio", y abajo decía; "Duro entrado, alma salida".
Entonces apareció un baturro y le dijo: Pá mi padre —y pone un duro—. ¿Salió mi –
padre? Sí, claro —dice el cura ya salió. Entonces el baturro agarró el duro y le dijo —Bueno, si ya salió que no sea tan estúpido que vuelva a entrar.
Justifican lo que dijo Chesterton del Protestantismo, que sus dos raíces son el "nacionalismo" (o sea el patrioterismo) y el anticlericalismo (o sea el odio al sacerdocio). Sin embargo algunos dellos pretendían tener su sacerdocio propio —presbiteriano y anglicano—; hasta que León XIII hizo hacer una investigación sobre la "validez de las ordenaciones anglicanas"; y con los resultados proclamó solemnemente que a los protestantes no les queda ya un solo sacerdote válido.
No hemos de gastar como en Cardenal Billot 200 páginas para acabar de probar que las cuatro notas que Cristo mismo asignó a la Iglesia por El fundada pertenecen a la Iglesia Romana; porque no hay lugar y él ya lo ha hecho. Baste decir que en la página 184 de su Tractatus De Ecclesia dice que de sus propios principios esa Iglesia fluye honradez; y que los héroes de virtud que ostensiblemente existen ella los vindica como hijos suyos a la faz del mundo, (tesis V) y que los malos hijos que también existen, pertenecen a la Cizaña que anunció Jesucristo, que no anulan al Trigo; y que si algún día la Cizaña crece tanto que tape y haga desaparecer casi al Trigo, ese será el día que marque el fin esperado de la Iglesia Militante y el surgimiento eterno de la Iglesia Triunfante. Como saben la Iglesia tiene como tres estratos; uno el terreno que es la Iglesia Militante, otro el del Purgatorio que es la Iglesia Purgante y el tercero que es la Iglesia Triunfante, que es la Iglesia del cielo, a la cual están destinadas estas dos.
O sea, que los que dentro de la Iglesia han sido malos y aún malísimos, no lo han sido por seguir a la Iglesia sino por no seguirla. Y encima hay que saber que algunos de los malísimos, no era para tanto como cuentan los historiadores. Alejandro VI por ejemplo (o sea Rodrigo Borja, español viudo) después de elegido Papa fue un excelente gobernante, aunque demasiado guerrero; pero hay que ver si la culpa no la tuvo Carlos VIII de Francia, que era más guerrero que él. Sobre él existen horripilantes novelas, como sobre su hija natural Lucrecia (tuvo cuatro hijos naturales antes, no adulterinos y un hijo malísimo César). Y es posible que haya subido a Papa con coimas —es decir, simonía.
Pero la Lucrecia la Envenenadora, que fue su secretaria, lo único criminoso que tuvo fue casarse 3 veces por política, muerto el otro marido; pero después del tercer matrimonio con el Duque de Ferrara fue una mujer recogida y muy respetable y respetada, menos por los enemigos de su padre y su familia, los Róvere, quienes han escrito biografías venenosas de Lucrecia y Alejandro Borgia porque fueron siempre vencidos por estos dos. Por lo menos Alejandro Borgia los venció siempre. Eran una facción o un Partido Peronista Auténtico que había en Roma. Hoy día esas críticas no tienen valor histórico alguno. Al contrario, la biografía que tengo yo que es de hace unos veinticinco años; después de esa biografía de At Water han progresado muchísimo los estudios sobre la familia Borgia y ellos han sido más justificados todavía, hasta que un diplomático centroamericano escribió un libro sobre los Borgia que casi, casi, los hace santos; los limpia tanto que casi los deja sin ninguna acusación.
Las otras dos notas de unidad y catolicidad no dan mucha dificultad. Que la Iglesia Romana es una y no se ha desmigajado en sectas como todas las otras Pseudos que han existido, es obvio.
Que ella es Católica y está esparcida por todo el mundo; y San Agustín en una carta a un donatista le dice simplemente que cuando un extranjero llega preguntando por la Iglesia Católica, todos le señalan hacia la Iglesia de Roma y ninguno hacia las "partes Donati" o sea la fracción de Obispo de Numidia Donato, que enseñó que solo eran válidos los sacramentos hechos por un justo; y dio mucho que hacer tanto al Estado Romano (pues al fin se dedicaron al bandolerismo) como a San Agustín, pues cayó en él el gran Tertuliano,eminentísimo escritor cristiano, y le obligó a escribir innúmeros folletos, "Contra Petilianum Donatistam", "Contra Cresconium Donatistam", etc.; y entre ellos, uno muy curioso en verso con rimas, para que lo aprendieran de memoria los chicos del Catecismo "Psaimus contra partes Donati".
Para terminar, copiaré lo que dice el diario de hoy (sábado 20) acerca de Paulo VI, un Papa que se lo merienda cada día el Abate Jorge de Nantes y del cual Lutero hubiera hecho un banquete, porque es un Papa que tiene la esperanza de llegar a ser un Papa malo si gobiernan los diarios; la historia se hace a base de diarios y los diarios dicen lo que quieren. Si llegan a hacer la biografía de Paulo VI sobre todo si se guían por Jorge de Nantes lo van a hacer un Papa malo. Dice así el "Clarín":
"El Papa ha explicado a altos dignatarios de su amistad que no acepta rendirse a las enfermedades. Tengo una misión que cumplir y la cumpliré ha dicho—. Lo está haciendo en una de las épocas más turbulentas que ha vivido la Iglesia en sus veinte siglos de existencia, por el vértigo de cambios que afecta al mundo". (20975)
LA IGLESIA TERMINA EN EL PARAÍSO:
Es muy notable que en una sociedad tan admirable como la Iglesia, según hemos visto, cuando llega el momento de la salvación desaparece y se convierte en un instrumento. Porque la Iglesia no tiene misión fuera de la tierra. Las almas se salvan individualmente, una tras otra y la vieja institución permanece como instrumento de la salvación.
Estas dos tesis son las dos fases de una misma cosa, el "ULTIMO FIN" del hombre, o adquirido o perdido; de modo que es lo mismo pero al revés, como dijo Perogrullo. Pero la Sagrada Escritura trata diferente las dos cosas: el Paraíso en forma indirecta y apagada, el Infierno en forma abrupta y muy explícita. Jesucristo en su predicación explica poco del Paraíso; en cambio habló del Infierno explícitamente y cuando lo hizo, lo hizo fieramente.
Quizá la razón sea la que observó el gran teólogo belga Leonardo Lesio: "Cuatro misterios hay dificilísimos para nuestra mente: Trinidad de Dios Eucaristía Encarnación Infierno. Por eso, innumero de herejías existen acerca de ellos. Por eso también Dios se cuidó de confirmarlos tan fuertemente. Por eso trataré ambos seguidos pero separadamente, en esta clase uno y en la siguiente el restante.
EL PARAISO:
Jesucristo habló de él con alusiones, no de propósito, aunque está siempre presente en su predicación con el nombre de "Reino de los Cielos" que expresa que su Reino Terrenal ("Y le dará Dios el Trono de David, su padre") no es un final sino un principio, y que su Reino completo está después ("Y su reino no tendrá fin").
Por eso decimos que hay dos Iglesias —la Militante y la Triunfante— y que respecto de la segunda la primera es sólo un comienzo, menos aún, un instrumento. Es decir que la salvación de un alma individual es más importante que esa creación admirable que es la Iglesia Militante, ya que para eso se hizo. Si no hubiera más que una sola alma que salvar, hubiera hecho lo mismo.
Lo que hoy sabemos y enseñamos acerca de "la Gloria" (ver el tremendo discurso de Fray Luís de Granada en "La Guía de Pecadores", muy retórico pero muy completo) es una serie de fragmentos ensamblados. Para hacer ese ensamble el teólogo debe recurrir a la Filosofía Antigua, a la Filosofía Medieval, a los Cuatro Evangelios, a San Pablo, a San Juan y a todos los Santos Padres, o sea los Intérpretes, De ahí sacó Fray Luis de Granada su largo estudio sobre la gloria.

1° Pitágoras, Platón y Aristóteles sostenían que el alma es inmortal. La fiiosofía griega llegó a esta conclusión. Platón expuso esta tesis en el diálogo Fedón que narra la muerte de Sócrates, en la última conversación de éste con sus discípulos.
2° El hombre tiene un último Fin, un Bien Supremo, que es amado por sí y no por otro. Esto es de Aristóteles.
3° El Ultimo Fin del hombre, subjetivo, es la felicidad; objetivo, es Dios. Esto es de Sto. Tomás.
4° La felicidad la da la contemplación: que es el conocimiento de Dios intuitivo o cuasi intuitivo, o sea el conocimiento mejor, del objeto mejor, de la manera mejor. Ese es el fin del hombre y lo que da la felicidad, según Aristóteles. Pero él no sabía muchas cosas acerca de la contemplación, que trajo la Revelación de Cristo.
Porque la contemplación que Aristóteles propone como último fin del hombre es muy pobre y crea muchísimas dificultades. Porque uno se dice "Bueno —¿y ésta va a ser la contemplación mía?. Prefiero ir a China antes que hacer esa contemplación". Pero Aristóteles creía que poquísimos eran capaces de la contemplación en esta vida; pero en la otra vida, no sabía nada.
La Iglesia, hablando de la gracia de Dios que es un Don de Dios especial y de la contemplación sobrenatural, que es la contemplación de Cristo a la luz de la fe, amplió enormemente el círculo de la gente que es capaz de contemplación. Incluso Aristóteles niega terminantemente que los esclavos sean capaces de la contemplación porque él estaba pensando en la contemplación que tenia él, es decir, en la contemplación filosófica, contemplaba a Dios con los dones que le daba la filosofía y nada más.
5° — Por lo dicho más arriba sostenía Aristóteles que no todos los hombre eran capaces de contemplación.
6° — Tremenda aporía en Aristóteles (aporía significa dificultad, obstáculo que no se puede salvar). Esta aporía era pensar que aquello para lo cual fue creado el hombre no puede ser conseguido por todos los hombres. Esto es una especie de contradicción.
Entra Sto. Tomás — Primero recibe y confirma todos los aportes de la Filosofía Antigua, en el principio de la Segunda Parte de la Summa Teológica (la Summa tiene dos partes: segunda primera y segunda) a saber:
1° De si es propio del hombre obrar por un fin.
2° De si esto es propio de toda natura racional.
3° De si todos los actos del hombre reciben su especie del fin.
4° De si hay algún último fin de toda la vida humana. A todas estas cuestiones responde que sí y las razona.
5° De si puede haber varios últimos fines de un solo hombre. Lo niega.
6° De si el hombre lo ordena todo al último fin. Esto lo afirma.
7° De si hay un solo Ultimo Fin de todos los hombres. Dice que sí.
8° De si a este solo Ultimo Fin convengan todas las criaturas. También lo afirma.
Esto lo saca de la Filosofía Antigua. Luego él añade:
1° Sólo Dios puede ser el Ultimo Fin del hombre; y todos deben poder alcanzarlo (la. Has.).
2° Eliminación de todos los falsos fines últimos. Se pone a eliminar todo lo que los hombres tienen como bien supremo, todo lo que los hombres siguen aquí en la vida, equivocadamente muchas veces. P. ej.:

a No son las riquezas
b No son los honores
c No es la fama o renombre
d No es el poder
e No es la salud o algún bien del cuerpo
f No es el deleite
g No es algún bien del alma (como la ciencia por ejemplo).
h No es ningún bien creado
Termina allí la cuestión segunda antes de entrar al fin verdadero en particular, que es Dios alcanzado imperfectamente en esta vida y perfectamente en la otra.
Después se pregunta en qué consiste la felicidad (Ultimo Fin subjetivo). Si le preguntan a un hombre por qué hace todo lo que hace, diré que para ser feliz. Este es el último fin subjetivo pues hay una tendencia invencible en el hombre a la felicidad.
El niño, dice Aristóteles, hace todo en vistas al placer, a la mayor felicidad posible. Llega Sto. Tomás a la conclusión rigurosa de que debe haber una operación. 1° — no puede ser un hábito sino un acto. 2° — del intelecto. 3° — especulativo, no práctico. No de todas las ciencias, ni de alguna ciencia y tampoco de los ángeles (contemplar los. ángeles como decían los mahometanos. Algunos filósofos musulmanes habían dicho que la contemplación de un ángel era el último fin del hombre).
Debe ser la visión de Dios por esencia. Hasta aquí dice "Conforme" el filósofo.
Después dice lo que se requiere para la felicidad en esta vida, que son ocho cosas. Se requiere el deleite, el cuerpo, algunos bienes exteriores, la sociedad de amigos, etc. Está pensando en la felicidad comenzada en esta vida, porque sostiene que en ella existe una felicidad imperfecta o incoada. Esta felicidad hay que definirla y estudiarla. No tiene el pesimismo de muchísimos modernos que piensan que no puede haber felicidad en esta vida.
Continúa el Angélico poniendo con su análisis meticuloso, sólido y completo las bases psicológicas y metafísicas de su maravillosa Moral. Después que tiene definido el Ultimo Fin, empieza a ocuparse de los medios por los que se llega al Ultimo Fin y así llega a su Moral, de la cual vive hasta hoy el mundo occidental, incluso algunos que se creen o dicen antitomistas. Pero nosotros, debemos saltar a la ''Contra Gentiles", libro III, Cap. 48, donde dice: "Que la última felicidad del hombre no es en esta vida. . ." donde el hombre no puede ver la esencia divina. Pero el hombre está elevado a un estado sobrenatural por la gracia, la cual trae o suscita al morir los agraciados o salvados, el "lumen gloris" que los habilita a ver a Dios cara a cara, a todos, incluso a los esclavos —a los cuales el Filósofo (Aristóteles) negaba capacidad para la contemplación, o sea la Felicidad. Porque no vemos a Dios en esta vida sino por medio de conceptos. Como dice San Pablo: lo vemos como por espejos y adivinanzas. Porque los conceptos no pueden dar la visión directa de Dios. Cuando en la muerte el alma queda libre de sus ligaduras y se enfrenta con Dios tiene la visión directa de EL
Cae entonces la tesis de Aristóteles de que no todos los hombres pueden alcanzar la contemplación y por ende la felicidad, porque todos los hombres son capaces, con la ayuda de la gracia, del "lumen gloriae", que según dicen los teólogos es una especie de añadidura o luz especial que necesitamos para ver a Dios cara a cara, lo cual es una cosa sobreañadida a la naturaleza humana. Esta por sí sola no podría hacerlo, entonces la gracia suscita un auxilio especial que llama la luz de la gloria. ¡Caput la aporía de Aristóteles!
La visión beatífica no puede tenerse en esta vida si no es por una fugaz e imperfecta participación en algunos santos. Es una discusión larguísima entre los teólogos saber si
algunos santos pueden tener en esta vida la visión beatífica. Algunos santos hablan como si la hubiesen tenido. Muy pocos. Sta. Teresa en la "Séptima Morada" y en las "Bodas Espirituales". Santa Catalina de Siena en la "Muerte Mística". La visión beatífica llena por ella misma todo deseo posible del hombre, no se puede perder y tiene diversos grados. Hasta aquí Sto. Tomás.
ENTRA JESUCRISTO
Solamente hace escasas alusiones: "Tendrá un tesoro en el cielo", al muchacho que quiere convertir. "El ciento por uno en esta vida y después la vida eterna", a los Apóstoles. "Hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso", al Buen Ladrón. "Venid benditos de mi Padre al Reino que os tiene preparado", en la Parábola del Juicio Final. "Mejor te es entrar manco en el Reino de los Cielos..."
Después vienen las alusiones al cielo en varias Parábolas, bajo la metáfora de un convite de bodas, como en día de los Invitados, y en la de las Vírgenes Prudentes... Finalmente, la continua referencia en la denominación del "Reino de los Cielos" y la Vida Eterna —sobre todo en las Bienaventuranzas—. Multitud de menciones también de la Resurrección. "Entonces serán como ángeles del cielo". Cuando hablaba de la Resurrección, hablaba de la propia y de la nuestra. Solamente en San Juan hay 15 alusiones al Paraíso:
III 5 — "Para que no perezca sino que tenga vida eterna".
III 36 — "El que cree en el Hijo tiene la vida eterna".
IV 14 — "Se hará en él una fuente de agua viva que salta hasta la vida eterna".
IV 36 "Y junta fruto de vida"
V 24 — "El que cree en el que me mandó tiene vida eterna"
V 40 — "Si queréis venir a Mí para tener la vida eterna".
VI 27 33 40 — "Buscad no tanto el manjar que se consume sino el que dura hasta la vida eterna". . . (y repite dos veces más en el recitado de la Eucaristía en Cafamaún)
VI 54 — "Si no coméis Mi cuerpo no tendréis vida en vosotros",
X 10 — "Vine para que tengan vida y vida más abundante"
X 28 — "Y Yo les doy la vida eterna y no perecerán".
XVII — "Y la vida eterna consiste en conocerte a Ti, Dios solo verdadero y a quien enviaste".
XX 37 "Para que creyendo tengáis la vida en su nombre. . ."
Ninguna alusión al amor humano ni cita vez alguna al Cantar de los Cantares, que es un epitalamio bien atrevido, que según los intérpretes significa de la manera más eficaz y aproximada posible la unión de Dios y el alma. El Cantar de los Cantares los hebreos lo prohibían a los jóvenes, para los menores de 30 años y también las profecías de Daniel hasta esa edad estaba vedado leer; yo no sé bien ésta por qué. Quizá porque habla del Anticristo de una manera muy fuerte que podía traer desesperación si la leyeran los jóvenes.

viernes, 11 de marzo de 2011

R.P Castellani # 4

LA REDENCIÓN
Cristo murió por nosotros.
Cristo fundó un Reino Visible.
La Iglesia es ese Reino.
La Iglesia termina en el Paraíso.
CRISTO MURIÓ POR NOSOTROS
Hemos visto someramente el misterio de la Encarnación en tres tesis: Jesús es verdadero Dios — Jesús es verdadero hombre — Esas dos naturas se unen en una sola persona. En la Encamación surgen varios misterios, que pueden condensarse en realidad en uno solo que es el de la unión hipostática, el cual ha traído muchas dificultades. Si se suprime a Dios o se suprime al hombre, como dijeron en un principio los herejes, no hay ninguna dificultad. Pero si se admite que hay verdadero Dios y verdadero hombre, con sus naturalezas enteras que se han unido, la cosa es complicada y ha dado lugar a muchas discusiones. Más o menos lo zanjó Sto. Tomás hace mucho tiempo pero su solución más o menos ya estaba en la tradición de la Iglesia.
Hemos visto también el enjambre de opositores a esas tesis, o sea la resistencia de la razón humana ensoberbecida a cautivarse a Dios. Ahora pasamos al fin de esa Encarnación, que es la Redención, un misterio más grande si cabe. "Una religión sin misterios, no puede ser una religión verdadera", dijo Pascal.
Lo que pide la fe es que se cautive el entendimiento del hombre, es decir, que en algunos casos renuncie a él y eso le cuesta mucho a la razón humana, sobre todo cuando es soberbia. Es obvio que tiene que ser así pues si la inventa el hombre sabe poco de Dios, si la revelación se limita a lo que el hombre puede saber de Dios. Quedamos en que el hombre no puede saber nada de Dios y nos ocurriría lo que le pasó al deísmo inglés, que quería amoldarse a la consigna de Kant: "La religión dentro de los confines de la razón pura".
Así salió el deísmo que es una religión apagada, que no sabe nada, que en el fondo acaba en el ateísmo, porque un Dios que cabe en la cabeza del hombre no es Dios.
El misterio no es ni contradicción ni oscuridad: es no entender. La contradicción es absurda; el trabajo de los teólogos ha sido liberar del absurdo a los misterios de la fe. Tampoco es oscuridad solamente porque no son oscuros los términos de los misterios que creemos, son enteramente obvios o vulgares; no hay oscuridad, lo que ocurre es que no entendemos, no podemos entender. Por ejemplo, con respecto a mí, el binomio de Newton. Entiendo los términos (a + b)2 = a2 + 2 a b + b2, pero no entiendo la demostración del mismo hasta que alguien me la enseñe.
Pero en la Revelación creemos a Dios y no a otros hombres. Pero pasa como en "La Prensa" diario del 29875, donde creen o quieren creamos a un inglés Lovell que con un telescopio electrónico pudo captar la explosión que dio origen al Universo —dice él—. Una cosa pasadísima, una gran masa que explotó y dio origen nada menos que al Universo.
En la Redención podemos notar tres misterios
1° el Pecado Original por el cual se hizo —
2° la inmensidad de los dolores de la Pasión de Cristo —
3° por qué ha de seguir siendo castigado en nosotros el Pecado Original, después de haber sido redimidos y bautizados.
La respuesta a estas tres objeciones es una sola: la inmensidad del pecado que es "en alguna manera infinito", porque es una relación en uno de cuyos extremos está el hombre, en el otro la infinitud de Dios. Sto. Tomás dijo que todas las cosas que tienen algún contacto con Dios son en alguna manera infinitas. Pone como ejemplo justamente al pecado. También pone el ejemplo de la humanidad de Cristo, la persona de la Sma. Virgen, el Infierno, el Cielo. Dice que son cosas en cierta manera infinitas porque se relacionan con Dios.
Adversarios: los principales de la Redención uno por carta de más y otro por carta de
menos son: Lutero y su hijo Freud, y Pelagio y su hijo Ruso (o Roseau).
Lutero (y otros muchos) consideró la Redención como ineficaz porque el pecado corrompe de manera irremediable la natura humana, de modo que para que Dios Padre nos acepte. Cristo echa sobre nosotros como un manto sus méritos, lo mismo que Jacob se puso guantes velludos de cabrito para hacerse pasar por hermano de Esaú. El Padre Celestial nos hace entrar en el Cielo con suciedad y engañado con el capote de los propios méritos de Cristo. Estaría, según Lutero, más ciego que Isaac cuando fue engañado por Jacob.
Es curioso que esta idea de los luteranos de la perversión absoluta e irremediable de la natura humana haya rebotado en nuestros días en la Cosmovisión o "WeltAnschaung" del ateo Freud.
Para Freud nuestra natura está afectada irremediablemente por la "concupiscencia" (en sentido más restringido que San Agustín) y de eso no la redime ni Mongo. La concupiscencia, hoy día, se refiere a la lujuria, a lo sexual, pero no era así en los Santos Padres. San Agustín dijo que por el Pecado Original se soltó la concupiscencia, pero él entiende por concupiscencia a todos los deseos malos contra cualquiera de los siete pecados capitales: la soberbia, la lujuria, etc.
Para Freud, la concupiscencia es la líbido que llama él (o libido como dicen aquí). Por supuesto que Freud no dice ni Pecado original ni Redención, sino que habla de los tres estratos que hay en el hombre el Ello, el Yo y el SuperYo.
El ello o sea el inconsciente es una especie de animal fiero e inmundo cuyos atributos son: escondido, insaciable, sexual, indomable e incorregible.
En el otro extremo está la sempiterna herejía de Pelagio Angélico que niega el Pecado Original y por tanto la necesidad de la Redención: el hombre se salva o se condena por su libre albedrío. La gracia de Dios y la Pasión de Cristo que la mereció sirven pero no "ad esse" sino solo "ad bene esse" (no para ser sino para ser bien) es decir son como añadiduras muy útiles pero no necesarias, porque la gracia para Pelagio no era nada más que el espléndido don que Dios hizo a la naturaleza humana dándole el libre albedrío.
Pelagio fue un monje inglés cuando los Anglos eran la raza más recia y hermosa del mundo (non Angli sed Angueli). El Papa Gregorio I el Grande, que mandó misioneros a Inglaterra, los mandó porque le trajeron dos prisioneros ingleses jóvenes y él se quedó espantado de la belleza de los dos ingleses y entonces dijo aquella frase: "No anglos sino ángeles".
Entonces mandó a San Agustín de Cantorbery a misionar a Inglaterra. El mismo quiso ser misionero e ir a la Ultima Thule, como le decían a Inglaterra. Esto ocurrió antes de que fuera Papa.
Pelagio no era sacerdote, sino lo que llamaban entonces "asceta" o "cenobita". Una especie de monje laico o doctor laico. Era elocuentísimo, muy diserto, con gran don de gentes y muy austero; más aún, rigorista.
Fue a Roma e hizo muchos prosélitos, el principal el Obispo Juliano de Enclasum y otros 17 Obispos (no todos de golpe sino durante el curso de su predicación). La herejía que él predicaba era en el fondo nada más que naturalismo. Naturalismo que ha rebotado hasta hoy, que dice el historiador de las herejías, el Canónigo Cristiani que es la última de las herejías porque después de ella no puede haber nada más malo. Pero se equivoca porque hay todavía un paso que dar en la línea de la maldad, que lo va a dar el Anticristo. El paso es hacer adorar al hombre como si fuera Dios.
También tuvo como discípulo al Papa Zózimo y hasta al mismo San Agustín cuando –
se encontró con él en Cartago como refugiado de la gran catástrofe de los visigodos y Alarico, que saquearon a Roma.
Allí lo "engatusó" a San Agustín. Quedó muy entusiasmado con Pelagio porque su vida era enteramente correcta y edificante. Luego viajó a Efeso y se hizo ordenar sacerdote. Algunos creen que predicaba de buena fe que la gracia no era más que el espléndido don divino del libre albedrío. Pero cuando San Agustín se dio cuenta que los pelagianos predicaban en realidad la inutilidad de Cristo, reaccionó con violencia, quizá demasiada, y escribió 4 libros “De natura et gracia" el principal— e hizo condenar a Pelagio en el Concilio de Cartago, en el año 411.
Pelagio había nacido en el año 354, el mismo que su acérrimo enemigo San Agustín.
Cuando fue condenado tenía 57 años. El pelagianismo se propagó mucho y repentinamente, pero también se acabó pronto al golpe de varios concilios locales. Sin embargo dejó su huella: el semipelagianismo, al cual se adscribió el gran Padre de la Iglesia o escritor eclesiástico Casiano. Este famosísimo Abad Casiano de Marsella, autor de las "Collatíones" (en el que relataba la vida de los padres del desierto o eremitas) fue llamado la atención varias veces, pero no hacía caso. Defendió tan sólo que "el inicio de la fe parte de nosotros, lo mismo que la perseverancia final".
Los teólogos ortodoxos dicen que el comienzo de la fe es de Dios. Dios manda una moción para que tengamos la fe y la perseverancia final, es decir, perseverar toda la vida hasta la hora de la muerte es un don de Dios que hay que pedir.
Pelagio, a los 14 siglos, tuvo un hijo no parecido a su padre en hermosura y austeridad, sino feo, inmoral y demente: Juan Jacobo Ruso o Roseau, que sabía escribir en francés (es lo único bueno que tenía) y con sus obras propagó como quemazón, en la corrompida aristocracia francesa del siglo XVIII, el "naturalismo", que es pelagismo agravado y que ha llegado hasta nuestros días, cuya peor variedad es el modernismo, que en el fondo es naturalismo.
LA PRUEBA
Escogeremos a Jesús mismo, a la Carta a los Hebreos y al Sacrificio de la Misa. Se puede decir, además, que todos los Santos Padres enseñan concordantemente la tesis de la redención por Cristo.
Jesús, en la Consagración del Cáliz dijo: "Hic est calix sanguinis meí. . .". Este es el Cáliz de mi Sangre, Sangre de la Alianza nueva y eterna que será derramada en remisión de los pecados". Esta fórmula está compuesta con la de Lucas XXII y 1 Corintios XI y el Concilio de Trento le agregó "misterio de la fe".
Cristo indicó que Su Sangre era una especie de precio por los pecados de todos los hombres. Hay una palabra cambiada en la traducción castellana que dice "que por vosotros y por todos" y Cristo dijo: "Que por vosotros y por muchos".
No se anula con esto la validez de la fórmula, pero no es muy agradable que cambien la fórmula del Sacramento. Es decir que Cristo dijo o dio a entender que no todos se iban a aprovechar de Su Sangre para la remisión de los pecados. Pero su intención en cuanto a El tocaba era que todos se salvaran.
San Pablo, en la Epístola a los Hebreos, poco leída, escrita por un secretario en hebreo, con estilo mucho más hebraico que todas las otras por lo que es difícil de leer, con muchísimos textos de la Escritura y con una manera de escribir que no es la empleada por San Pablo en las otras cartas, que las hizo el mismo en griego. Por lo tanto, es admitido hoy día que esa carta la escribió un secretario. Recuerda a los judíos convertidos lo siguiente;
1° La Encamación o sea la Divinidad de Cristo.
2° El Sacerdocio de Cristo "según el orden de Melquisedec".
3° El Sumo Pontificado de Cristo.
4° El Sacrificio en la Cruz, Sacerdote y víctima a la vez.
5° El resultado: la Redención.
6° La necesidad de la fe.
7° La Nueva Alianza. Digamos "el Nuevo Plan de Dios".
LAS DIFICULTADES
1° — "El Pecado Original es oscuro pero suprimido él se vuelve todo lo demás oscuro" (Pascal)
¿Por qué tengo que pagar yo el delito de un lejanísimo tatarabuelísimo mío? Es injusto, se objeta, y es una dificultad realmente.
Respóndase: Dios no fue injusto con Adán pues le había puesto un precepto con la promesa del castigo si no lo cumplían. El castigo fue quitarles los dones gratuítos que les había otorgado, a saber: la Justicia Original, la Integridad Corporal y la Comunicación íntima con El.
En una palabra: "la Elevación Sobrenatural". Elevó a la naturaleza humana a un plano que no le tocaba de suyo, como un don gratuito. Ahora se nos devuelve uno de los dones: la gracia. Pero no la Integridad Corporal. Quedaron las enfermedades, quedó la muerte, quedaron los demás males. Ya veremos por qué.
La natura humana puede hallarse en 5 estadios diferentes:
1° Natural,
2° Elevada y no caída,
3° Elevada y caída,
4° Caída y no redimida y
5° Caída y redimida.
Dios podría habernos creado en estado natural. Con naturaleza elevada y no caída estuvieron nuestros primeros padres en el Paraíso no sabemos por cuánto tiempo. Elevada y caída es nuestra condición actual. Hay dos estados en los cuales el hombre nunca ha existido que son irreales: el natural y con su naturaleza caída y no redimida. Los otros tres son reales. Dios, en el mismo momento de castigar a Adán y Eva les prometió la Redención y la esperanza en esa Redención se mantuvo en el pueblo judío; la fidelidad a Dios, la fidelidad a la Ley de Moisés, toda la vida espiritual que se acabó por arruinar al final pero no del todo, cuando vino Cristo.
2° El abuelo Adán me transmite a mí a través de millones de intermediarios la natura humana tal como la tiene: averiada, porque nadie da lo que no tiene. "En él todos pecamos". No pecamos con la voluntad pero pecamos con la naturaleza. Dios hizo otro nuevo plan. Le falló el plan de salvar al hombre por medio de delicias y favores en el Paraíso; pero cuando en realidad le fallaron los hombres hizo otro plan que es salvarlos por el rigor.
Primero de todo por el rigor con Cristo. El misterio de por qué el Padre Celestial hizo sufrir tanto a Cristo es simplemente para mostrar el rigor de la justicia divina que merecíamos todos. Mostró en alguien que era hombre al mismo tiempo que Dios lo enorme e infinito que es el pecado. Lo que padeció Cristo es lo máximo que puede padecer un hombre, dicen los Santos Padres. Que no hubo nadie que haya padecido lo que padeció Cristo.
3° En el dicho teológico que el pecado de Adán dejó la natura humana "spoliata gratuitis vulnerata naturalibus", "lastimada en lo natural" se ha de entender "lastimada en el hecho de tener que existir ahora en tierra que da abrojos y espinas" como le dijo Dios a Adán y no en un Jardín de Delicias, o sea el Paraíso.
Según Billot la naturaleza nuestra actual no es diferente de lo que habría sido si Dios nos hubiera dejado en el estado natural. Que no lastimó más de lo que la naturaleza trae de consigo. Lo que pasa es que ha perdido su residencia gratuita, es decir, el Paraíso. Dice que por ejemplo el enfermarse y el morir le hubiere pasado en su estado natural como a todos los animales les pasa.
La naturaleza animal del hombre no hubiese tenido privilegio alguno sobre los puramente animales. De manera que los grandes pecados actuales del mundo aumentan las calamidades del mundo y, en segundo lugar, la residencia natural y gratuita que el hombre había recibido de Dios ya no la tiene, lo que hace que nos sea más pesado nuestro vivir.
Alguien me decía que Dios se equivocó en la creación. Que la hizo mal. Lo que pasa es que los que la echamos a perder somos nosotros porque si no hubiese pecados actuales, si Adán y Eva hubieran perseverado en la gracia, sus hijos hubieran tenido también sus dones pero no se hubiesen librado de la tentación de ofender a Dios y entonces podían pecar y condenarse, pero cada uno en particular y no a sus descendientes.
No pasó así. Adán fue echado del Paraíso, perdió sus privilegios y los que le seguimos tenemos su misma condición porque no podría ser de otra manera. Dios no puede hacer un milagro para libramos de la condición que nos dan nuestros padres que descienden de Adán y no nos pueden dar una naturaleza sana y santa. Así que Billot, en su teoría del Pecado Original, nos da esta comparación: Supongamos que hay un Rey que es destronado con toda su familia y su hijo mayor, el príncipe heredero, tiene que trabajar como obrero. No lo han lastimado en nada. Pero la vida que a los otros obreros es como si nada, en él es como una lastimadura porque no lo habían criado para eso. Eso nos pasa a nosotros que estamos hechos para el Paraíso.
La teoría de Billot fue contradecida fuertemente por Arintero y Marín Sola (dos teólogos españoles) que lo hallaron casi pelagiano.
4° No olvidemos que los males que soportamos no todos vienen del Pecado Original sino además de muchísimos pecados actuales que le han sucedido en el mundo. Simplemente el primer pecado abrió la puerta a las siete concupiscencias. Al salir del Paraíso ya Caín mata a Abel y es castigado por Dios.
5° A Dios le fracasó el primer plan que hizo para el hombre y formó un segundo plan que no le va a fracasar. En el primer plan quería salvar al hombre y llevarlo al cielo por medio de delicias. En el segundo lo lleva por el rigor. Pero antes de aplicar el rigor de la justicia al hombre se la aplicó a Sí mismo haciéndose hombre. "Tanto amó Dios al mundo que le dio su Hijo Unigénito no para juzgar al mundo sino para salvar al mundo", dice San Juan Evangelista.
6° El segundo plan es mejor que el primero, digan lo que digan. . . "Oh feliz culpa que mereció tener tal y tan grade Redentor" como se canta en Pascua—. Allí repite dos o tres veces que el pecado de Adán ha redituado un mayor bien para nosotros. Parece que no pero así es.
7° Los que hoy se van al Infierno por su voluntad se hubieran ido lo mismo si Adán no hubiera pecado. Se hubieran ido si hubieran desobedecido a Dios como desobedeció Adán. Los teólogos piensan que en definitiva Adán y Eva se salvaron y están en el Cielo y la Iglesia oriental los venera como santos. Ni siquiera los chicos que mueren sin Bautismo se van al Infierno. Ni tampoco aquellos que no se han bautizado sino a un lugar delicioso, donde según los teólogos antiguos, el Dante por ejemplo, están todos los paganos que fueron íntegros pero que no adoraron a Dios. Como Virgilio que lo acompaña a Dante y lo lleva a una especie de limbo, donde se encuentran con todos los paganos antiguos famosos. Como Aristóteles, Platón, Séneca, que no llegaron a hacer un acto de fe sobrenatural. Lo cual está al alcance de todo hombre.
Entonces no se salvaron, no se regeneraron. Ahora, quien no ha tenido conocimiento de Cristo ¿puede haber un acto de fe sobrenatural con sus propias facultades? Sí. Esto viene a ser el Bautismo de deseo según los teólogos, por el cual irían al Cielo, pero de ésos no sé si hay muchos.
Billot tiene un libro precioso que no se ha vuelto a editar y que se llama "La Providencia de Dios y el gran número de hombres fuera del camino de la salvación". Lo publicó la revista francesa "Estudios". No lo quiso imprimir en libro por la gritería que se levantó en contra.
Allí dice que no sólo los salvajes no tienen conocimiento de Dios sino que entre la plebe de las grandes ciudades hay muchos que son como salvajes, que no han llegado a conocer a Dios y sí no han cometido pecados graves no se condenan y tiene que haber un limbo para ellos.
Billot anduvo investigando en todos los etnógrafos, lingüistas y exploradores y comprobó que existen salvajes que no tienen conocimiento alguno de Dios. Los antiguos decían que no, que todo hombre cuando llega al uso de la razón puede tener conocimiento de Dios y cometer pecados mortales. Hay muchísimos que quedan en el estado de niños. Dice él que si falla la educación, en el misino estado de esos salvajes tiene que estar muchísima gente de las grandes ciudades. El novelista Jean Luis Philipe escribió uha novela que se llama "Bubú de Montparnasse", la cual parece hecha a propósito para confirmar la teoría de Billot, en la cual aparecen varios personajes (de mala vida incluso) que no tienen la menor idea de la existencia de Dios.
Sin embargo, entran a veces a la Iglesia, se arrodillan, pero no tienen la menor idea de la existencia "justa" de Dios. Adorarán a Hitler o a Mussolini o a quien sea, pero no tienen idea alguna del Dios verdadero.
Para las dificultades segunda y tercera quedan patentes las respuestas:
Para la 2a.: Cristo padeció más que hombre alguno en el mundo (Billot) ¿Para qué? Baudelaire ha hecho un poema blasfemo sobre eso:
"Ah, Jesús, souviens tu du Jardins des Olives!
Dans ta simplicité tu priais á genoux
Celui qui dans son ciel riait au bruit des clous
Que d'ignobles bourreaux plantarent dans tes chairs vives
Y termina diciendo
Saint Pierre a renie Jésus. ..Ha bien fait.
Ah. Jesús, del Jardín Oliveto acuérdate
en tu simplicidad rezabas de rodillas
al que reía en su cielo al ruido de los clavos
que verdugos infames plantaban en tus carnes
San Pedro ha renegado a Jesús. . . ha hecho bien.
Es una de las piezas condenadas de Baudelaire que era católico pero escribió una especie de parodia de las blasfemias que los tribunales franceses le obligaron a quitar. Pero él mismo dijo que eso era una ironía de lo que dicen los impíos.
Una sola oración del HombreDios hubiera bastado para redimir al humano, porque tenía un valor infinito por la persona divina de Cristo. Pero el Padre quería que desencadenara la Justicia Divina, como si Cristo fuese Adán. A Adán lo perdonó por los méritos infinitos de la Pasión, pero a Cristo no le perdonó. Leemos en la oración del Huerto que le pidió al Padre que si era posible no lo hiciera padecer a El. Así tuvo que decir "Hágase Tu Voluntad y no la mía".
Así que la Pasión de Cristo fue por la Voluntad del Padre. Esto pertenece al segundo plan. Lo otro hubiera sido una gracia. Dios tenía que enseñamos, en cuanto es posible, el trascendente mal del pecado y el amor suyo. Sto. Tomás dice que Dios nos podría haber salvado por gracia, pero que nos salvó por justicia, que cayó sobre Cristo.
¿Por qué tenemos que llevar nosotros, ya bautizados, el peso del castigo de Adán?
Porque parecería que si el Bautismo nos vuelve a la gracia de Dios tendrían que desaparecer todas las consecuencias del Pecado Original y, sin embargo, no desaparecen. Lo mismo para aprender por las malas la cuasi infinitud del pecado. Ver por ejemplo la "Meditación sobre los Tres Pecados" de San Ignacio.
Este, al comienzo de los Ejercicios Espirituales, pone una cosa que no es meditación sino consideración —dice él— que es el último fin del hombre. El hombre ha sido creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios Nuestro Señor.
Una vez que el ejercitante se ha preparado con esa consideración que es puramente filosófica y no teológica, hace la meditación de los tres pecados para hacemos ver la importancia del pecado. Hace considerar primeramente el pecado de los ángeles, que los hizo demonios y las consecuencias de ese pecado.
Pondera mucho cómo eran seres purísimos, bellísimos y amados por Dios y por un pecado se convirtieron en horrores, en los diablos.
En segundo lugar trata del pecado de nuestros primeros padres que atrajeron sobre la humanidad una cantidad enorme de males. Un solo pecado trajo consecuencias tan malas y por esas consecuencias podemos conocer nosotros la íntima maldad del pecado, por ser desobediencia al Ser infinito.
En tercer lugar, considera el pecado de cualquier hombre en particular que con un solo pecado esté en el Infierno ahora. Esto no lo sabemos seguro, pero bien puede ser, pues entre tantos hombres que pecan bien puede ser que alguno muera después del primer pecado y esté en el Infierno. Es una cosa tremenda pensar que un hombre se haya perdido para siempre por un solo pecado mortal.
El segundo plan es mejor que el primero porque por él Dios mismo se incorporó a la Humanidad y fuimos hechos hermanos del Verbo en carne y hueso, en cuerpo y alma.
Ave, verum Corpus natum Ex Maria Virgine Vere passum, inmolatum In Cruce pro homines Cujus latus perforatum Fluxit unda et sanguine Esto nobis proegustatum Mortis in discrimine
Ave, vero cuerpo nacido
de María Santísima
Veramente deshecho y tundido
En la Cruz por los hombres
Cuyo lado perforado
Manó agua con sangre
Sé para mí pregustado
De la muerte en el discrimen
(Se atribuye a Sto. Tomás y está en el mismo metro que los dos himnos al Santísimo Sacramento de Sto, Tomás sin duda.
La rima había entrado en la poesía latina; y los versos esdrújulos que se conservan en la poesía italiana actual). En suma, el mundo cristiano ha creído esos tres increíbles:

1° que ha caído sobre él un "pecado hereditario" lo cual parece contradictorio.
2° que un ser humano que era Dios al mismo tiempo ha sufrido lo que no hay idea
3° que con todas nuestras miserias nosotros estamos mejor que Adán y Eva.

CRISTO FUNDO UN REINO VISIBLE
Hay dos tesis que son gemelas: Cristo fundó bien deliberadamente una Sociedad Visible; y esa Sociedad ha llegado hasta nosotros con el nombre de Iglesia Católica y con las notas esenciales de la fundada por Cristo.
A inicios del siglo XVI aconteció en esta sociedad una catástrofe que quiso llamarse "la Reforma" y quedó con el nombre de Protestantismo. Esta Reforma o Protesta inventó la "Iglesia Invisible", de la cual durante 1615 años nadie supo nada. Grosso modo, pueden distinguirse en ella tres matices:
􀂾 Lutero y Calvino: ninguna sociedad
􀂾 Restantes sectas en general: sociedad invisible
􀂾 Anglicanos "Hight Church": reciente: una sociedad con tres ramas, por tanto bastante indeterminada: Anglocatólicos, Romancatólicos y Rusocatólicos.
Los adversarios de estas dos tesis, que comenzaron por la segunda son todas las "iglesias protestantes" en general, que ahora las llaman "denominaciones" y cuyo nombre verdadero es "sectas". ¿Cuántas son? Nadie lo sabe. Hace unos 30 años se hizo un catálogo de "Iglesias" en Yanquilandia que dio la existencia de 263 sectas de las cuales 10 con más de un millón de adictos pero divididas dentro de sí en 5, 10 y hasta 20 sectas; y después una verdadera nube de sectitas, hasta llegár a la "Iglesia de Dios vivo" que contaba 120 miembros, divididos en 6 "asambleas" que dicen ellos. Este es el resultado del "Libro Examen" que fue predicho por Bossuet en 1688, 171 años despues de la catástrofe protestante, como inevitable, en su libro "Historia de las Variaciones de las Iglesias protestantes".
Esta no fue una herejía como las otras, sino una verdadera revolución religiosa que se convirtió en poco tiempo en una verdadera catástrofe; de la cual Lutero no fue la causa sino la chispa. Por diversas causas el terreno religioso estaba cargado de pólvora, y no la única ni mucho menos fue la "corrupción" de la Iglesia Romana (o el Papismo) como pretenden ellos.
La cuestión es que se propagó como un incendio por toda Europa menos España, la cual gracias a la Santa Inquisición se salvó de las tremendas guerras de religión que asolaron el resto; de las cuales la última duró 30 años y dejó diezmadas a las Germanias, acabando en la Paz de Westfalia (1648) a más de un siglo de matanzas, que no fue paz sino un empate por cansancio. Esta guerra fue de Austria o sea el Sacro Romano Imperio Germánico contra diversas coaliciones de Príncipes Protestantes ayudados por el ciego Cardenal Richelieu.
Los resultados fueron, como dije, catastróficos: la mitad de Europa separada de la Iglesia Católica con un odio inextinguible; la formación de una cultura disidente, en donde nació el capitalismo, el liberalismo y al fin la Revolución Permanente y el Comunismo; la extinción total del catolicismo en varias naciones, Inglaterra, Escandinavia, Dinamarca y Suiza por ejemplo; la guerra intermitente de esas naciones con las católicas, la salvación parcial de Francia por medio de las armas y la violencia, y el estado actual de nuestro mundo lleno de guerras y rumores de guerras; en medio de las cuales el Papa coreado por todos nosotros gritamos: "paz, paz" y no hay paz.
LA PRUEBA
Es tan evidente que Cristo quiso fundar y fundó un "Reino" visible, que casi es superfluo probarlo: desde ser concebido en la anunciación del Ángel: "y le dará Dios el trono de David su padre, y su Reino no tendrá fin"; hasta antes de morir, en que aprueba la petición del Buen Ladrón: "Acuérdate de mí cuando estés en tu Reino". La primera palabra de su prédica es la misma de su Anunciador el Bautista: "Convertíos, porque está cerca el Reino".
Convertíos, es decir, cambiad de mente.
Metanóete es el cambio de mente hacia arriba. Cambio de mente o sea la conversión; no se trata de cualquier penitencia, sino de la penitencia que consiste en cambiar la mente del estado deficiente o deteriorado en que está y entrar en un estado nuevo o mayor, más alto. Todos los Profetas que al llamarlo "Mesías" lo llamaban Rey porque eso significa "Mesías"; Daniel, que contrapone su Reino a las Cuatro Bestias o sea los cuatro imperios históricos que precedieron al Cristianismo, y así sucesivamente.
Lo que dijo lo hizo: "cepit Jésus faceré et docere": empezó Cristo "a hacer y a predicar" dice el Evangelio.
O sea,
1° reunió multitud,
2° formuló una legislación,
3° estableció autoridad.
Los tres elementos que forman una sociedad.
1° Mt. IV 17. "Desde entonces (o sea después de su bautismo) comenzó Jesús a predicar y decir: "Convertíos (metanóete) porque está cerca el Reino de los cielos".
Mt 28 18. "Id y enseñad a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, haciéndolas observar todas las cosas que Yo os he mandado...
2° Una nueva Ley. no contraria a la de Moisés, pero por encima de ella; es decir, todas las cosas que Yo os he mandado. Habéis oído que se dijo a vuestros padres. . . Yo empero os digo... Mt 28 18. Interiorizó la ley de Moisés y la perfeccionó y El declaró expresamente: "Yo no he venido a quitar la Ley sino a cumplirla".
3° Autoridad: "Y a ti te daré las llaves del Reino; y todo lo que atares sobre la tierra. . ." —Jo 20 21— "Como mi Padre me envió así os envío. . ." —Jo 21 15— "Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas. . ."—. Dos veces lo nombra jefe a San Pedro que ya naturalmente era tenido como jefe por los Apóstoles que instintivamente lo seguían y hacían lo que él decía.
Todo esto lo confirman ocho Parábolas en Mateo: el Sembrador (XIII 3) el grano de Mostaza (XIII 34) la Cizaña (XIII 24) la red (XIII 47) la viña (XXI 33) las vírgenes (XXV 1), etc. Todas tratan del Reino de Cristo.

LAS OBJECIONES
Parece increíble que una cosa que "revienta los ojos" (eréve les yeux) sea negada por millares y millanares de gentes, algunos muy doctos, que son los que siguen al inventor de la "iglesia invisible" y rehúsan admitir que Cristo fundó una sociedad como las otras.
Los tres hombres que han odiado más la religión después de Voltaire, a saber, el pagano Celso, el ateo Gibbons E. y el hipócrita Renán E, han admitido tranquilamente la Iglesia Visible.
E. Renán
Pero la razón de los protestantes es lógica pura; Cristo no vino a fundarlos a ellos en 1517; luego no fundó a nadie. El haber comenzado 16 siglos después de Cristo, si realmente Cristo fundó realmente una sociedad visible, y pretender que ellos representan a Cristo, los revienta inevitablemente. ¿Dónde está la fundación de Cristo dicha por ellos y que comenzó por ellos?
La alternativa es pretender que Jesucristo fue un gran filósofo, corno Platón, un gran moralista como Marco Aurelio, o un gran poeta como Virgilio; y no un Mesías, o sea un rey.
Sobre ese filo de cuchillo tienen que bailar y hacer equilibrios. Pero no solamente bailan sino que vienen a Sud América, con dólares en el bolsillo a enseñarnos a bailar. Oigan por Radio "La voz de la Profecía", "Los vistazos sobre nuestro siglo" y las "Meditaciones cristianas" de Sanguinetti, la "Cruzada" de Luis Palau, Cas. Correo 4949, o vean uno de los sesenta templos metodistas que hay en nuestro país —según dicen—; aunque aquí se llaman "evangélicos".
Cuando vienen a evangelizar a Sudamérica disimulan la división de sectas y a veces la enemistad de unas sectas con otras y todos se ponen el nombre de "evangélicos". Por ejemplo al lado de mi casa hay una Iglesia que, según mi sobrino arquitecto, es muy fea, pero según lo que ven los ojos es muy lujosa y tiene el título de "Iglesia Nueva Apostólica de Sudamérica" y son Christian Science. Se llama Christian Science a una secta que hay en Norteamérica, que cura las enfermedades con oraciones, porque dicen que todas las enfermedades son pecados, entonces hay que arrepentirse y hacer oración. La cuestión es que a veces curan porque algunas enfermedades se curan por sugestión. La Christian Science es una de las sectas más ricas de N.América. La fundó Mary Baker, una curandera, y son propietarios del diario más grande que existe allí. Aquí se han puesto el nombre de Iglesia Nueva Apostólica de Sudamérica. Pero si es nueva no es apostólica y si es apostólica no es nueva. Los Apóstoles no son nada nuevo. –

Pero a esa fundación de un Reino Visible de hace 19 siglos, hay un hecho que la hace patente en este siglo, y disipa esa fantasmagoría de la "Iglesia Invisible"; y es la dinastía de Monarcas seguidos que llamamos Pontífices Romanos.
Es una cadena asombrosa que no se había roto cuando los Protestadores decidían arrancarse della el siglo XVI; ni tampoco en los 3 siglos hasta nosotros, ni parece que haya de romperse nunca. Esa dinastía de Obispos de Roma investidos del poder supremo viene desde San Pedro ¿qué digo? desde Cristo mismo (que solemnemente proclamó a Pedro dos veces) hasta nosotros en 260 Pontífices; nunca se rompió: hubo alguna vez dos Papas (Papa y Antipapa) y hasta tres en una ocasión, pero vacío nunca; y Roma pasó dos saqueos y una destrucción y los Papas pasaron destierros muchas veces; y ni por esas. Los diez primeros fueron mártires.
Lord Tomás B. Macaulay, gran crítico y pensador, una de las devociones de Menéndez Pelayo, escribió dos o tres páginas maravillosas sobre la dinastía de Roma, la más perdurable del mundo, más larga que otra cualquiera del mundo, adjudicándole una comparación poética, que es asombrosa por ser él protestante. La traduciré para la clase próxima
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